Sentencia

Inuyasha

Manejé hasta la casa de mi padre casi que por inercia. Mi cabeza se sentía adormecida, sólo teniendo el deseo de apagarse. Por momentos pensaba que estaba en un sueño, que todo era irreal, que nunca había sucedido. Estacioné detrás del auto de mi hermano y descendí, después de todo, ya no tenía otra posibilidad.

Ingresé a la casa y estaba en completo silencio, silencio que en algún otro momento me hubiese alarmado, pero en ese instante no me importaba. Caminé hasta el comedor y los vi, estaban sentados, uno frente al otro. Sabía que mi lugar era al lado de mi hermano, por ende, tomé mi posición.

- Te estábamos esperando. - pronunció mi padre con seriedad.

- Estaba con Midoriko. - Sesshomaru giró su cabeza, fijando sus ojos en mi.

- ¿De que estas hablando? - preguntó.

- De lo que escuchaste, idiota. - lo miré seriamente. - Le acaban de devolver la memoria a Kahori. - estaba soltando todo sin más, sin ningún tipo de filtro o intención de amortiguar los golpes.

- Inuyasha. - ambos llevamos nuestros ojos a nuestro padre. - ¿Quieres hablar como si tuvieses alma?

Créeme, querido padre, que en este momento siento que no la tengo.

- Al parecer no soy sólo yo el que tiene mucho para decir. Dime, ¿Quién comienza?

- Me da igual.

- Sesshomaru, tú eliges.

- Yo ya conozco tu historia, padre. - sentí el peso de su mirada. - Te escuchamos.

Me quedé callado unos segundos, buscando las palabras correctas y comencé. Les relaté todo lo relacionado a Midoriko, Kahori y lo que sabía de Magatsuhi. Sólo obvie un detalle que no sabía si era importante o no: Kagome.

- Vaya. - meneó la cabeza mi padre. - Si que has tenido días agitados.

- Quizás si hubieses estado aquí... - arqueé una ceja.

- Bueno, la realidad es que mi estadía no fue de placer precisamente. - comenzó a comer. - Fueron largos días hasta que pude dar con el paradero de Zero.

- ¿Qué? - susurré, mirando a mi hermano, quien no perdía su seria expresión. - ¿Cómo...? ¿Dónde está?

- Debo decir que mi búsqueda hubiese terminado mucho más temprano, si se me hubiese ocurrido recurrir al gran oyente al llegar a la época feudal.

- ¿Y por qué no se te ocurrió?

- Por eso. - sonrió. - Ni siquiera me acordaba de él.

- Nunca entenderé tu carácter. - acotó el mayor, comenzando a comer.

- No puedo creer que voy a decir esto... - repliqué su acción. - Pero tiene razón.

- ¿Hubiese ganado algo cayendo en la desesperación?

- Te recuerdo, padre, que varias vidas se perdieron mientras tú estabas allá.

- Y yo lamento decirte... - su semblante se ensombreció. - Qué más gente morirá, al menos hasta que logremos rescatarla.

- ¿Y donde se encuentra? - pregunté finalmente.

- En la frontera de este mundo con el siguiente.

- ¿Qué? - murmuré. - Pero... ¿Cómo...?

- Yo tampoco se como llegaron hasta ahí. - hizo una pausa. - Pero conozco una manera en la que nosotros podemos ir allí. - miró a Sesshomaru y sonrió. - ¿Hace cuanto no ves a tu madre?

- Desde que decidió permanecer en aquella época.

- Esperen. - intervine, tratando de procesar toda la información. - De acuerdo, Zero está allí, pero... ¿Quién la llevó?

- Magatsushi.

Mis ojos se abrieron ampliamente al escuchar su nombre. ¿Entonces él era quien había causado todo esto? Pero, ¿Por qué? ¿Cuál era su finalidad?

- ¿Estas seguro de lo que dices? - pregunté, aún incrédulo.

- Mimisenri nunca se equivoca y todos lo sabemos.

Era verdad, era imposible que existiera, aunque fuese un murmuro, que pudiese escapar a los oídos de aquel yokai, sin embargo, en mi mente no cabía siquiera la posibilidad de que Magatsuhi hubiese traicionado a su familia, sobre todo por los riesgo que aquello implicaba.

- Pero... ¿Por qué arriesgarse de esa manera? - pasé mis ojos por los dos. - Kirinmaru...

- Tú también lo piensas, ¿verdad, Inuyasha? - me quedé en silencio mientras él posaba sus ojos en mi hermano. - Porque Sesshomaru no está muy convencido.

- ¿Qué? - mi mirada se sumó a la de mi padre. - ¿Acaso estas loco? Kirinmaru es el más peligroso de los Sakana.

- Sigue teniendo un corazón blando. - respondió con desdén. - Y acabo de confirmarlo al escuchar lo que dijiste sobre como él y esa mujer, que era tu novia, se besaron.

Maldición, ¿Por qué tuve que hablar de más?

Entrecerré mis ojos, sintiendo una molestia bastante grande ante sus palabras.

- ¿Qué harás con eso?

- ¿Qué? - miré a mi padre.

- La chica está aquí y ha recuperado su memoria. - sonrió. - En mi estadía en aquella época, pude ver lo enamorado que estabas, de hecho... encontré muchas respuestas a las desapariciones repentinas.

- ¿Ah si? - fue lo único que pude responder, sintiéndome enormemente incómodo.

- ¿Acaso no es obvio? - intervino el imbécil. - Va a salir corriendo detrás de ella, mucho más ahora que vio que alguien más está interesado en esa mujer. ¿O acaso hay alguien más?

Mi cuerpo se tensó en ese mismo instante y me pregunté si él se había percatado de lo que sucedía entre Kagome y yo, después de todo, mi interés debió ser evidente para este punto.

- No hay nadie. - respondí con seriedad, intentando demostrar lo mucho que ya me estaba molestando el tema.

- Haya o no haya nadie, lo cierto es que, si es verdad lo que Midoriko te dijo, entonces no debería sorprenderte que él quiera ir por ella. - pronunció mi padre, haciendo referencia al hecho de reactivar la Shikon No Tama.

- Por supuesto que voy a protegerla de él y de quién sea. - fui firme, sin embargo, no podía negar que sus palabras me asustaban un poco.

- ¿Por qué crees que Magatsuhi quiere reactivar la perla? - internamente le agradecí al idiota el que haya cambiado el tema de conversación.

- Simple, para destruirlo todo. - pronunció, dando uno de sus últimos bocados. - A nosotros, a su clan y, ¿Por qué no? A todos los que vivimos aquí.

- Ya no estamos en la época feudal. - intervine. - Ya no hay guerra de poderes y esas cosas.

- Te equivocas, hijo... la guerra por el poder es algo que jamás terminará, sólo que los métodos son diferentes. Pero... Magatsuhi no dudará en recurrir a las viejas técnicas de ser necesario.

Y aquello significaba la muerte, de eso no tenía dudas.

Kagome

Me desperté y lo primero que noté fue que mi cuerpo se sentía demasiado pesado, casi como si hubiese recibido una paliza la noche anterior.

Que, de hecho, si recibí, sólo que fue emocional.

Salí de la cama y me metí en la ducha, dejando que el agua helada azotara mi cara, quizás esperando que el ardor en mi pecho desapareciera un poco. Por supuesto que no resultó, sin embargo, mi vida debía continuar.

Antes de salir, me miré en el espejo, practicando un poco mi sonrisa y diferentes gestos faciales que me ayudarían a mantener la compostura en el trabajo, o al menos serviría para que Sango y Rin no se dieran cuenta. Mis pensamientos viajaban una y otra vez hacía él, pero tan rápido como llegaban, trataba de que se marcharan.

Estaba sólo a unas calles del edificio cuando la llamada de Sango me tomó por sorpresa.

- Buenos días, Sango. - traté de sonar lo más tranquila posible. - ¿Qué sucede?

- ¡Kag, que bueno que respondiste! - pude percibir un profundo alivio en sus palabras.

- ¿Está todo bien?

- Si, bueno, no... ¡Oish, no lo sé!

- Tranquila... respira y dime lo que sucede.

- Los Taisho están aquí.

Tuve que sostener mi móvil con fuerza, ya que pude sentir como mis manos estuvieron a punto de flaquear. No podía, no debía ser verdad, ¿Qué hacía Inuyasha ahí?, se suponía que ese día no tenía que ir a la oficina.

- ¿Por qué...?

- Vinieron con su padre. - intervino, cortando mi pregunta.

Pude sentir como mis labios se separaban ligeramente al mismo tiempo en que mi corazón se paralizaba. Me quedé completamente muda y mi cuerpo simplemente dejó de responder.

- Señorita.

- ¿He? - miré al chofer del Uber, quien me observaba por sobre su hombro.

- Ya llegamos.

Giré mi rostro, encontrándome con la entrada a la oficina y, segundos después, por fin pude reaccionar. Corté la llamada, pagué el viaje y descendí. Me quedé observando la puerta unos momentos, juntando valor para poder enfrentar a aquella familia.

No olvides que Sango está sola ahí, no puedes abandonarla.

Suspiré ligeramente, buscando algún tipo de alivio y seguridad e ingresé. El trayecto en el ascensor se sintió eterno en cierto punto, sin embargo, cuando las puertas se abrieron, deseé tener la posibilidad de seguir subiendo. Di un pequeño respingo y di mis primeros pasos a través del mismo pasillo por lo que caminaba todas las mañanas.

- Oh, ahí viene. - mi corazón amenazaba con salirse de mi pecho. Pude oír sus pasos y, segundos después, estaba frente a mi. - ¡¿Por qué tardaste tanto?! - pronunció entre dientes.

- Lo siento. - respondí en un murmuro. - Tu llamada me puso demasiado nerviosa.

- ¡¿Y cómo crees que estoy yo?!

Aclaró su garganta y colocó su mejor cara, fijando sus ojos al frente. Sólo momentos después, mi mirada se encontró con la de Inuyasha y fue imposible que aquella corriente eléctrica no me atravesara.

- Buenos días. - dije, tratando de demostrar una tranquilidad que no tenía. - Lamento la tardanza.

- Buenos días, ¿señorita...? - aquel hombre sonrió, extendiendo su mano.

- Higurashi... - estreché su mano.

- Kagome Higurashi. - terminó por mi. - Inuyasha me repitió varias veces su nombre, pero no soy bueno con ellos, me disculpo por eso.

- No se preocupe. - le devolví la sonrisa. - Nuevamente me disculpo por hacerlos esperar.

- Oh no, no se disculpe, yo lo lamento por haber llegado demasiado temprano. - miró a Sango. - Por fortuna la señorita Saoto se dio a la tarea de recibirnos.

- Es mi trabajo. - hizo una pequeña reverencia. - Ahora sólo falta una de nosotras.

- Si. - acoté. - Rin, Rin Hitachi.

- ¿Ven lo que les digo? - rio levemente, mirando a sus hijos. - Sesshomaru también me la había nombrado y ya la había olvidado.

No podía negarlo, verdaderamente estaba sorprendida de la personalidad del señor Taisho, ya que contrastaba enormemente con la imagen que me había hecho de él, sobre todo teniendo en cuenta todos los rumores que circulaban en torno a su empresa y el porqué de su misteriosa forma de trabajar y tratar a los empleados.

Además... se parecía demasiado a Inuyasha y era todo lo opuesto a Sesshomaru, quien siempre se mostró serio y de pocas palabras.

- Padre, ¿Por qué no comienzas hablando con la señorita Higurashi? - bien, al parecer el hombre de pocas palabras, había decidió hablar finalmente. - Yo me quedaré aquí, junto a Saoto, esperando a Hitachi.

Espera un momento... ¿Sesshomaru quedándose con Sango? Eso para nada era normal en él y no me daba buena espina, ¿Acaso quería hablar con ella sobre algo?

- Bueno, si ella no tiene problema con ello. - me miró, provocando que los nervios regresaran de inmediato.

- Podemos esperar a la otra joven, padre. - intervino Inuyasha.

- No. - respondí, mirándolo. - No hay problema por eso, pueden venir a mi oficina.

Pasé por su lado mientras sentía el peso de su mirada sorprendida. Ingresé y él fue el último, por lo que se encargó de cerrar la puerta. Nuestras miradas se encontraron brevemente, pero terminé por desviarla hacía su padre.

- Dígame, señor Taisho, ¿Qué le gustaría saber?

- Bueno, pude hablar un poco con mis hijos e Inuyasha me dijo que usted ya sabe todo lo relacionado al mundo de los yokais, Magatsushi y demás.

Vaya, verdaderamente no perdieron el tiempo.

- Bueno, eso supongo. - volví a mirar a Inuyasha. - Aunque... algo me dice que no lo sé todo al fin del día. - y él desvió la mirada, casi como confirmando mis palabras.

- Me sorprende que no se haya alejado de mi hijo al saber la verdad. - ahora fui yo quien desvió la mirada. - ¿Puedo preguntarle el por qué?

- ¿Disculpe?

- Si, es decir... cualquier humano normal hubiese salido corriendo frente a tal revelación, sin embargo, usted se mantuvo inmutable, ¿Cómo es eso posible?

- Crecí en un templo. - respondí, sonriendo. - Las historias de yokais y demás formaron parte de mi día a día desde niña y... no se porqué, pero... siempre se sintieron más que simples leyendas.

- Vaya, casi como si fueras la persona indicada. - mi rostro se contrajo en una notable expresión de sorpresa. - Digo, no puede ser casualidad que alguien como tú, que no le teme ni rechaza a los demonios, haya conocido a uno, ¿verdad?

Si debía ser sincera, no comprendía el porqué de lo que me decía.

- Bueno, supongo... - me quedé pensativa. - ¿Usted cree que hubo un motivo para todo esto? El hecho de haber conocido a Inuyasha, el haberme involucrado en este proyecto... - me detuve, a sabiendas de que, quizás, estaba hablando de más.

- Tal vez. - se encogió de hombros. - Kagome, ¿puedo tutearte?

- Si, si... no hay problema en eso.

- Muchas gracias. Bien, Kagome, supongo que ya debes saber que fui yo quien acepto esta absurda propuesta de trabajo. - asentí. - Y lo hice porque siempre supe que había algo extraño en ella.

- ¿Algo extraño?

- Al principio, cuando leí el planteo general y los objetivos de este proyecto... pensé que sólo se trataba de una broma de pésimo gusto, ya que, como habrás notado, no tiene sentido ni sustancia, ¿no lo crees?

- Bueno, extender la morgue quizás podría ser algo serio, pero...

- La capilla tiene menos sentido que esa expansión. - sonreí ante su respuesta. - Pero... algo sucedió en ese instante. - su semblante se ensombreció. - Días después, Zero desapareció y supe que no había sido casualidad que me ofrecieran este trabajo.

- Vaya, tiene una gran intuición, señor Taisho. - pronuncié con genuina admiración.

- Gracias, querida. Dime, ¿sabes quién es Zero?

- Sé de su existencia. - volví a posar mis ojos en Inuyasha. - Pero no tuvimos tiempo de hablar más. - aclaré mi garganta, sintiendo incomodidad al pronunciar aquello.

- Comprendo. - pasó la mirada por los dos y esperaba que no notara o percibiera nada extraño. - En la época feudal, el clan Taisho... - lo señaló a él y a si mismo. - Era uno de los más grandes y respetados de la región, ¿verdad? - miró a su hijo.

- Si. - murmuró.

- Inuyasha manejaba una gran espada llamada Tessaiga, o Colmillo de acero, y Sesshomaru portaba dos armas, Tenseiga, o Colmillo sagrado, y Bakusaiga, o Colmillo explosivo.

- Vaya, esos son demasiados colmillos. - bromeé, verdaderamente sorprendida.

- Bueno, Tessaiga y Tenseiga fueron creados a partir de mis colmillos y Bakusaiga a partir del colmillo de Sesshomaru, por eso sus apodos.

- Entiendo.

No podía evitar el mirar disimuladamente a Inuyasha y es que, por un momento, el hecho de imaginarlo vestido con alguna especie de armadura y portando un arma, se me hizo más atractivo de lo normal.

- Sin embargo, también existía otro clan... el de los Sakana. - hizo una pausa. - Mi buen oponente, Rida Sakana, era el padre de Magatsuhi, Kirinmaru y Zero.

- ¿Kirinmaru?

Quizás estaba enloqueciendo, pero podía jurar que el cuerpo de Inuyasha se tensó y apretó sus manos al escuchar aquel nombre.

- ¿No pudieron hablar sobre él, hijo? - lo miró.

- No, no tuve tiempo de decirle todo.

Bien, más Secretos.

- Kirinmaru es el mayor de los tres hermanos Sakana, y el más tranquilo por decirlo de alguna forma.

- Déjeme adivinar... ¿Magatsuhi es el más peligroso de los tres?

- Eres muy perspicaz, eso me agrada. - sonrió. - Así es, él es más impredecible e indescifrable de los tres, siempre lo fue. - suspiró. - ¿Han hablado sobre el motivo por el que Magatsuhi está haciendo todo esto?

- No. - desvié mis ojos, un poco avergonzada al darme cuenta de que nuestros últimos encuentros habían sido más peleas que conversaciones.

- Bueno... entonces eso lo dejaremos para otro momento, creo que ya he dado demasiada información, no quiero agobiarte. - en el fondo agradecí aquel gesto, ya que la simple presencia de Inuyasha era suficiente para desestabilizarme. - Díganme, ¿pudieron avanzar en el proyecto?

Y me tensé de inmediato, recordando lo que había hecho el día anterior.

- Si, de hecho, estábamos buscando la manera de retrasarlo un poco y no sabíamos como. - respondió su hijo.

- ¿Pueden mostrarme lo que hicieron?

No puede ser.

- Bueno, ahora supongo que deberé asumir las consecuencias por mis acciones. - suspiré y ambos me miraron con confusión. - Inuyasha tiene razón, estábamos buscando la manera de retrasar el proyecto y... me tomé las atribuciones de hacer algo al respecto. - caminé hacía el archivero y tomé la carpeta correspondiente, entregándosela.

- Oh... el viejo truco del café. - río, leyendo los documentos manchados. - Ya imagino que los archivos del computador desaparecieron misteriosamente.

- Bueno... - reí nerviosa, pasando mi mano por mi nuca.

- No te preocupes. - cerró la carpeta. - Yo me haré cargo de esto.

- ¿Qué? Pero...

- Tranquila, ahora que he regresado, mi deber es acercarme a hablar con las personas del hospital, después de todo, mis hijos sólo estaban cubriendo mi lugar.

Sentí una pequeña punzada ante sus palabras, ¿acaso eso significaba que comenzaría a trabajar con él en lugar de Inuyasha?

- Aunque, por otro lado, he notado que ustedes se llevaban bien juntos. - contuve mi respiración. - ¿Sería un problema que siguieran trabajando juntos?

Instantáneamente nos miramos y supe que estábamos en la misma línea. Sus ojos me dieron la respuesta y estaba segura de que los míos también estaban despejando sus dudas.

- No. - murmuró. - No sería problema para mi.

A pesar de todo, sonreí internamente al confirmar su respuesta.

- Para mi tampoco. - respondí en el mismo tono.

- Perfecto. - colocó la carpeta debajo del brazo. - Kagome, ha sido un placer poder intercambiar unas palabras contigo. - sonrió. - ¿Podemos tener una reunión un poco más extensa la semana siguiente?

- Para mi también ha sido un placer, señor Taisho. - le devolví la sonrisa, estrechando su mano. - Por supuesto, usted sólo dígame el día.

- Genial, el lunes de la próxima semana, en mi oficina.

Mi sonrisa estuvo al borde de borrarse, ya que si me daba un poco de temor el ir hacía aquel edificio enorme e imponente, pero mantuve mi compostura.

- Ahí estaré.

- Bien, Inuyasha regresará en unos días para poder arreglar este percance. - señaló la carpeta.

- De acuerdo. Un gusto.

- Lo mismo digo.

Volvió a asentir y pasó por mi lado en dirección a la salida. Intenté no volver a mirar a Inuyasha, sobre todo cuando noté que no salió detrás de su padre, quién no dudó en cerrar la puerta. Sentí mi cuerpo estremecerse al notar su intensa mirada sobre mi, pero me mantuve firme en mi posición.

Fueron los segundos más eternos que he recordado, sin embargo, la tensión no disminuyó cuando pasó por mi lado. Cerré mis ojos al sentir como abría la puerta, y volvieron a abrirse cuando habló.

- ¿Cómo estas?

- Mal. - fui honesta. - ¿Y tú?

- Igual. - nos mantuvimos en silencio. - No soporto no poder acercarme a ti.

- No hagas esto.

- Quiero abrazarte, besarte, quedarme contigo.

- Inuyasha. - murmuré, cerrando mis ojos.

- Lo se, vendré en la semana... Adiós.

El sonido de la puerta cerrándose acompañó la primera lágrima que cayó a través de mis mejillas.

- Adiós. - susurré.

Inuyasha

Salí del lugar sintiendo una mezcla enorme de emociones. Por un lado, estaba feliz por haber observado lo bien que interactuó Kagome con mi padre, pero, al mismo tiempo, el estar cerca y no poder si quiera mantener una conversación amena, me destruía. Si, sabia que íbamos a tener que vernos para seguir con la farsa del proyecto, pero, aún así, aquello no lo volvía menos doloroso.

Llegué al hall en donde mi padre estaba charlando con Sango y me sorprendió no ver a mi hermano por ningún lado.

- ¿Y Sesshomaru?

- Él y Rin están en la oficina. - respondió Sango con una cara un tanto extraña, demasiado seria para lo que yo sabía que era ella. - Pueden pasar si lo desean.

- No. - respondió mi padre, sorprendiéndome levemente. - Creo que lo mejor será que dejemos todo lo demás para la semana siguiente en mi oficina.

- ¿Su oficina? - su sorpresa y nerviosismo fueron evidentes.

- Si, Kagome aceptó y creo que lo mejor será que estén las tres presentes.

- Bueno, si ella ya dijo que si...

- De acuerdo. - sonrió. - Nosotros regresaremos a la empresa, mientras tanto que Sesshomaru siga con su trabajo. Fue un placer conocerlas, señorita Saoto.

- Muchas gracias, señor Taisho, lo mismo digo. - sonrió, estrechando su mano.

- Las espero el lunes por la mañana.

- Ahí estaremos.

Asintió y ambos salimos, yo, por mi parte, me despedí de Sango con un amague de cabeza y ella respondió de la misma manera.

El camino hacía el auto fue silencioso, en parte porque yo no podía dejar de pensar en Kagome y todo lo sucedido la noche anterior, sin embargo, aquel silencio finalizó cuando ingresamos al carro.

- Higurashi. - pronunció, llamando mi atención. - ¿Qué relación tienes con ella?

- ¿Qué? - me sorprendí.

- Ni se te ocurra decirme que nada porque no soy tonto y lo sabes.

- Quisiera saber porqué preguntas por ella en primer lugar.

- Porque fue demasiado evidente que evitaban mirarse y que, cuando lo hacían, la tensión iba en aumento, además de que no interactuaron más que un par de palabras. - me miró y yo desvié mis ojos. - Y sólo haces eso cuando tienes algún Secreto que no quieres revelar.

- Si sabes que no quiero revelar nada, entonces no preguntes.

- No me digas que estas enamorado de esa mujer. - sonrió.

- ¿Y qué si lo estoy? - respondí, desafiante.

- Nada. - se encogió de hombros. - Parece una buena chica, además de bonita, claro esta.

- No digas esas cosas.

- ¿No quieres que halague a mi nuera?

- No es tu nuera, porque no tengo nada con ella... ya no.

- Entonces si hubo algo entre ustedes.

- ¿Acaso no te das cuenta de que no quiero hablar de eso ahora?

- De acuerdo. - llevó sus ojos a la ventanilla. - No digas nada entonces.

El resto del camino volvió a realizarse en completo silencio. Alrededor de quince minutos después, llegamos a la empresa y descendimos.

- ¿Qué sucede? - pregunté al ver como mi padre fruncía el entrecejo, como si estuviese percibiendo algo en el ambiente.

- Inuyasha. - pronunció seriamente, mirándome fijamente. - ¿Cuántos Secretos estás escondiéndome?

- ¿De que demonios hablas? - no me respondió, simplemente comenzó a caminar a toda velocidad hacía el interior y por supuesto que lo seguí. Ni siquiera tomó el ascensor para llegar a mi oficina, por el contrario, subió por escaleras. - ¡¿Qué sucede?! - grité, pero no me escuchó.

Llegamos al piso donde estaba mi oficina y mi respiración se detuvo en el mismo instante en que ambos nos asomamos por el pasillo y fijamos nuestros ojos en la puerta.

- Kikyo. - murmuré, observándola apoyada en la pared, con su móvil en mano.

- ¿Quién es esa mujer? - el tono en el que realizó aquella pregunta provocó que mis vellos se erizaran.

- Sólo alguien con quién tuve una aventura.

- ¿Una aventura? - murmuró, tomándome fuertemente del brazo y alejándonos, saliendo de cualquier rango de visión que ella pudiese tener. - ¿Qué demonios hiciste? - gritó sigilosamente.

- ¡Suéltame! - quité mi brazo con brusquedad. - No se de que demonios hablas.

- ¡Esa mujer está embarazada! - por un instante, aquel destello rojizo en su mirada provocó que el temor inmovilizara mi cuerpo. - ¡Y es tú hijo! ¡Tú bendito aroma esta entremezclado con el de ella!

- Ya... ya lo se. - murmuré.

- Esa mujer es humana.

- Si. - cerré mis ojos en el mismo instante en el que vi que su mano se elevó, pero el golpe nunca llegó. Los abrí y lo vi de espaldas a mi, con esa misma mano en su cabello, intentando controlar su ira.

- ¿Acaso tienes una bendita idea de lo que eso significa para ella?

- Se que es riesgoso, pero...

- ¿Riesgoso? - rio con ironía. - Es fatal, Inuyasha. Es fatal para ella, para el bebé y para ti, ya que le has regalado a Magatsuhi el mayor premio para que te destruya.

- No lo hará, no me destruirá ni a mi ni a mi hijo, eso tenlo por seguro.

Se quedó en silencio y lo que dijo después, simplemente fue mi sentencia.

- Te vas a casar con ella.

- ¿Qué?

- No te lo estoy preguntando, y tampoco te lo estoy sugiriendo. - me señaló. - Vas a regresar allí, me la vas a presentar como si nada y, cuando se queden solos, le pedirás que sea tu esposa.

- ¡¿Acaso estás demente?! ¡Yo no estoy enamorado de ella!

- ¡Lo hubieras pensado antes de embarazarla! - sus garras emergieron en ese momento. - Pusiste dos vidas inocentes en peligro y deberás corresponderles con la tuya.

- No puedes estar hablando enserio...

- No te crie para que hagas lo que te plazca sin tener consecuencias, lo hice para que seas un hombre responsable y actuarás como tal.

- Padre...

- No tienes más nada que hablar conmigo, Inuyasha. - regresó al inicio del pasillo. - Compórtate por una vez en tu vida.

Aquellas palabras me dolieron un poco y sentí que la vida se me venía encima. Definitivamente, ahora si, lo había perdido todo para siempre.