Su piel en mi piel
Kagome
- Inuyasha... - mis ojos se habían llenado de lágrimas al escuchar su relato y es que, a pesar de haber leído en internet cual había sido su triste final, no era ni de cerca similar a lo que él había visto y oído.
- Nunca pude saber quién fue... no pude percibir ningún rastro ni en su cuerpo ni en la zona. - su semblante se había ensombrecido notablemente. - Y la Perla de Shikon jamás apareció.
¿Jamás apareció? Pero... el artículo decía otra cosa.
- ¿Ella era la protectora de la Perla? - decidí ignorar, momentáneamente, aquello que había leído.
- ¿Cómo lo sabes?
Me sentí profundamente avergonzada y culpable, pero no podía ocultarle la verdad.
- Yo... bueno. - aclaré mi garganta. - La otra mañana, al regresar a mi departamento... lo siento. - suspiré. - Pero... quise saber un poco más sobre la Perla de Shikon y...
- Y te topaste con su nombre.
- Si. - desvié mi mirada. - Perdón... no era mi intención husmear, pero...
- No tienes que disculparte, Kag. - me sonrió y el alivio se reflejó en mi rostro. - Es normal que sintieras curiosidad y, si he de ser honesto, tengo mucha suerte de que hayas crecido rodeada de historias místicas, de lo contrario...
- Te diría que eres un demente. - ambos reímos levemente y el silencio que siguió marcaba el hecho de que ninguno de los dos sabía como continuar con la platica, o eso creí.
- Hay algo más... que no te he dicho.
- ¿Sobre Kahori? - asintió.
- Veo que conoces la leyenda de la perla, entonces sabrás que ella es capaz de concederte un deseo. - asentí. - Y también, habrás leído que Kahori era una humana...
- Una sacerdotisa.
- Así es... bueno, yo... había decidido usar la perla para convertirme en un humano.
- ¿Qué?
- Si. - sonrió. - Estaba tan enamorado de Kahori y deseaba tanto pasar el resto de mis días a su lado, que no soportaba la idea de saber que ella envejecería y moriría antes que yo... y, a pesar de que podía convertirse en demonio...
¿Convertirse en demonio?
Aquella parte me sorprendió.
- Era muy peligroso... entonces decidí que renunciaría a mi naturaleza para estar con ella.
- ¿Y ella que pensaba sobre eso?
Si, definitivamente en otro momento preguntaré sobre eso de "convertirse en demonio"
- A ella le daba igual que fuese demonio o humano... también deseaba estar conmigo, pero como te dije... el tiempo para nosotros corre de maneras diferentes.
- Comprendo... - en mi mente se había quedado aquella frase.
- Y sólo dos personas sabían de mi decisión... y una de esas personas era Bankotsu.
- ¿Qué?
- ¿Recuerdas a Miroku? - asentí. - Él y el imbécil de tu ex... sólo ellos sabían de lo mío con Kahori. Ni siquiera mi hermano o mi padre estaban enterados, o hubiesen enloquecido.
No me esta mintiendo... verdaderamente él estaba dispuesto a cambiar su mundo por esa mujer. Eso es... impresionante.
- Y... no debería decirte esto pero, ¿ya que? Yo he pensado toda mi vida que Bankotsu fue quien nos entregó.
- ¿Entregarlos?
- La noche en la que ella fue asesinada... fue la noche previa al amanecer que habíamos pactado para usar la perla.
- Y sólo ellos dos lo sabían... - murmuré.
- Así es.
No puede ser... ¿Por qué haría algo como eso?. Para estas alturas me espero cualquier cosa de Bankotsu, pero...
- También he pensado que él había sido quien la asesinó, pero en el fondo creo más en la primera opción que en esta. - dio su último bocado. - ¿Ahora entiendes el porque necesitaba que habláramos?
- Claro... por supuesto que lo entiendo, pero...
Esto es mucho más enredado de lo que jamás hubiera pensado.
Mi mente estaba tratando de procesar decenas de palabras en sólo segundos y estaba segura de que iba a necesitar más que un par de horas para comprender finalmente todo lo que había escuchado.
- Kagome. - nuestras miradas se cruzaron y la intensidad de sus ojos me generaba una mezcla de emociones en el pecho. - Bankotsu es un bastardo, estoy seguro de que eso te ha quedado muy claro, ¿verdad? - asentí. - Y se que él no dudará en lastimarte en cuanto tenga la más mínima oportunidad.
- Lo se, pero si hubiese querido asesinarme... lo hubiese hecho hace mucho, ¿verdad?
- Tienes que estar loca. - se quejó. - No pude proteger a Kahori, pero si puedo protegerte a ti.
- ¿De que hablas? - me reí nerviosamente. - Ella es ella y yo...
- No te lo estoy preguntando, Kagome. - extendió su mano, tomando la mía. - Yo quiero protegerte... con mi vida si es necesario.
- Inuyasha, no me conoces, no digas estupideces.
- Tu vida no es una estupidez para mi. - la seriedad en su tono de voz reflejaba la seriedad de lo que significaba esto para él. - Y si, es verdad, no te conozco aún... pero me encantaría hacerlo.
¿Qué cosas esta diciendo?
- ¿Qué piensas sobre lo que Kahori te dijo? - desvié el tema de inmediato, aunque caí en un terreno más complicado del que deseaba salir.
- ¿Sobre que?
- Por lo que dijiste... ella dijo que quería que fueras feliz.
- Oh... te refieres a lo de que continuara con mi vida, me casara y eso...
- Si... nunca lo hiciste, ¿por qué?
- Porque nunca volví a conocer a alguien que despertara las mismas emociones que ella logró despertar en mi.
- Pero... Inuyasha... pasaron cientos de años.
- No voy a involucrarme con cualquiera, Kagome. - un leve silencio le siguió, mientras nos quedábamos observándonos. - Y ya que estoy siendo más honesto que nunca... eres la primera persona con la que he hablado sobre mi vida.
- ¿De verdad? - me sorprendí realmente.
- Miroku me conoce de toda la vida, pero fuera de él o mi familia... no había nadie más, hasta esta noche.
- Inuyasha. - murmuré. - ¿De verdad... confiaste de esta manera en mi?
- Puedo notar que eres una buena persona, Kag. - sonrió. - Pero... sólo espero que esto quede entre nosotros y me refiero a tus amigas.
- No te preocupes. - le devolví la sonrisa. - Será nuestro Secreto.
Inuyasha.
Sabía que ella estaba hablando enserio y realmente no me arrepentía de haberle contado todo. Kagome era una mujer diferente al resto ante mis ojos y aún no entendía muy bien el porque. Tenía una expresión que deseaba guardar en mi memoria para siempre, sin embargo se desvaneció al desviar sus ojos y, segundos después, comprendí el motivo.
- Disculpe la molestia, señor. - la joven camarera regresó y colocó su mano sobre mi hombro. - ¿Desea que le traiga la cuenta?
- ¿He? - me sorprendió su acción, pero no hice nada. - Si, si por favor. - ella asintió y se marchó.
Regresé mis ojos a Kagome y sonreí de inmediato al notar la furia en su mirada.
- Oye, si tus ojos fueran armas, ya la hubieras asesinado.
- ¿Y quien te dijo que no deseo hacerlo?
- Y yo me pregunto, ¿por qué eres tan celosa? después de todo, tú y yo no somos más que compañeros de trabajo o, ¿amigos quizás?.
- Lo se. - volvió a desviar su mirar y supe que la jovencita se acercaba nuevamente. - Ya veremos...
Lo que sucedió después, me dejó sin palabras. De repente y sin previo aviso, ella se puso de pie, acercándose a mi y, colocando una pierna a cada lado de mi regazo, se sentó sobre mi, besándome de una manera extremadamente apasionada.
Instintivamente, llevé mis manos a sus caderas, apretándolas con fuerza mientras mi lengua se introducía en su boca y mi entrepierna crecía bajo su falda.
Al apartar nuestros rostros, ambos giramos, encontrándonos con la seria expresión de la camarera, quien sostenía la cuenta y nos miraba fijamente. Todo atisbo de ilusión o brillo que poseían aquellos ojos verdes, cuando llegamos aquí, había desaparecido completamente al ver a la hermosa mujer que me estaba abrazando.
Como si fuese de su propiedad. No podía mentir, eso me encantaba.
- Muchas gracias. - extendí mi mano, tomando aquel trozo de papel y ella se marchó sin decir nada.
Volví mis ojos a Kagome y sonreí ante su sonrisa cargada de malicia y de victoria.
- ¿Qué? - se hizo la desentendida.
- Eso fue muy cruel de tu parte, ¿lo sabes?
- ¿Por qué lo dices? - comenzó a jugar de manera sugestiva con mi cabello.
- ¿Todavía nos está mirando?
- Ella no, pero otras personas del lugar si.
- ¿Y eso no te importa? - meneó la cabeza. - Eres increíble, preciosa. - mordí sutilmente sus labios, apretando su trasero con una mano. - Pero debemos irnos antes de que nos echen por mal comportamiento.
Tomó la cuenta, observándola con detenimiento.
- Vaya, te anotó su número de teléfono... realmente tenía expectativas contigo.
- Pero... al parecer... - se lo quité de las manos, colocándolo sobre la mesa. - Alguien marcó su territorio antes de que tuviese oportunidad.
- Ella se lo ganó. No debió insinuársele a mi cita.
- ¿Tu cita? - sus palabras me sorprendieron gratamente. - Pensé que sólo era una reunión normal entre dos conocidos.
- Bueno... si tú deseas eso...
- Shhh. - apoyé mis labios sobre los de ella suavemente. - No dije que no quería que lo fueras.
Ella sonrió y se puso de pie, extendiéndome su mano, la cuál yo tomé, poniéndome de pie. Dejé el dinero sobre la cuenta y, sin soltarla, nos dirigimos a la salida.
Kagome.
No sabía de donde había sacado el coraje para hacer lo que hice, ni en que momento había perdido la vergüenza o habíamos dejado de hablar cosas serias para pasar a una situación completamente loca, pero si que se sentía bien.
La firmeza con la que su mano sostenía la mía me brindaba una confianza muy reconfortante, sin embargo esta se esfumó cuando llegamos al estacionamiento.
¿A donde vamos a ir ahora? ¿En que momento...?
- Inuyasha. - pronuncié, deteniéndome a unos metros de su auto. - ¿A donde vamos?
- ¿Qué sucedió? - me soltó, volteando y sonriendo. - No me digas que toda esa seguridad era solo para esa chica y no para mi.
- Bueno... no puedo negar que me pones un poco nerviosa.
- ¿Yo te pongo nerviosa? - rio, acercándose. - ¿Y todas esas personas observando como me besabas con hambre no te pusieron nerviosa?
Sus manos entraron en contacto con mi cuerpo e, instintivamente, mordí mis labios en el momento en que nuestros ojos se encontraron, separados por la distancia de su altura.
- No me hagas esa cara, Kag...
- ¿Por qué?
- Porque te follaré aquí mismo. - susurró, inclinando levemente su rostro hacia el mío.
- ¿Eso quieres? - coloqué mi dedo índice sobre sus labios.
¡¿Qué demonios estaba haciendo?!
Deslizó su mano por mi trasero, acariciándolo con suavidad antes de llevar su mano al interior de mi falda, deteniéndose a escasos centímetros de mi entrepierna.
- ¿Eso responde tu pregunta?
Tomé su mano libre, retomando la caminata en dirección a su auto.
- Entonces ya se a donde iremos.
- Te escucho.
Ambos ingresamos al vehículo.
- A mi departamento. - pronuncié y él sonrió, seguramente pensando lo mismo que yo.
Inuyasha.
¿Será que por fin decidió sucumbir al deseo que nos estaba consumiendo? Si la respuesta era afirmativa, no pensaba oponerme.
- Vas a tener que indicarme el camino. - pronuncié mientras salíamos del lugar. - Pero aún estas a tiempo de arrepentirte, si lo deseas.
Por mucho que quisiera terminar la noche con ella, no iba a obligarla si la duda reinaba en su mente.
- ¿Te di alguna señal de arrepentimiento? - pronunció la dirección.
- Bueno... te detuviste y pude notar como los nervios comenzaban a ganarte. - sonreí, observándola mientras ella ponía sus ojos en blanco. - Tranquila... no seré rudo, a menos que me lo pidas.
Nos mantuvimos en silencio lo que quedaba del trayecto, sin embargo no podía apartar de mi mente aquel primer encuentro, el mismo en el que había comprobado que el sabor de esta mujer me fascinaba y me odiaba internamente al saber que jamás estaría entre mis brazos como algo más que una clienta.
Y que equivocado estaba en ese momento.
Recordaba sus gemidos y la manera en la que pronunciaba mi nombre mientras la llevaba a la locura y me vi en la obligación de sostener con mayor fuerza el volante, reprimiendo mis más bajos deseos.
La miré un par de veces, sin que lo notara y me intrigaba demasiado el saber que estaba pensando, pero decidí mantener el silencio.
Cuando finalmente llegamos a la dirección que me había dicho, estacioné el auto frente a su edificio y ambos descendimos. Nuestras miradas se encontraron y sonreí.
- Aún estás a tiempo de decirme que no.
Sin apartar sus ojos de los míos, rodeó el auto y me tomó de la mano, llevándome al interior de su hogar.
Kagome.
Estaba demasiado nerviosa, pero no pensaba desistir, mi decisión ya estaba tomada.
Sin soltar su mano, llegamos a mi departamento. Ingresamos y cerré la puerta detrás de mi sin siquiera prender la luz. Me quedé apoyada en ella, contemplándolo. Él estaba de espaldas, sin embargo, cuando giró y sus ojos dorados se encontraron con los míos, sentí como si el lugar se iluminara por completo.
Literalmente, sus ojos resplandecían sobre la oscuridad, ¿acaso aquello tenía algún significado?.
Me acerqué lentamente, deteniéndome a unos centímetros de él, observándolo desde mi altura mientras tomaba su saco, deslizándolo por sus brazos hasta que cayó al suelo.
- ¿Vienes decidida?
- Shhhh. - fijé mis ojos en su abdomen, desabotonando con calma uno a uno, los botones de su camisa. Mordí mis labios al entrar en contacto con la piel de su pecho.
- ¿Te gusta lo que ves?
Lo miré, llevando mi mano a su mejilla, acariciándola con suavidad. Si debía ser honesta, poseía una mezcla de emociones que eran difíciles de explicar. Y es muy probable que él lo haya notado, ya que el brillo en sus ojos cambió, bajando un poco su intensidad.
- ¿Estas bien? - imitó mi acción, llevando su palma a mi rostro.
- ¿Qué significa esto para ti?
- ¿Qué? - se sorprendió y no lo culpaba.
- Sólo será esto, ¿verdad? Sólo un encuentro casual.
Tomó mi rostro y me besó con suavidad, provocando que mis ojos se llenaran de lágrimas, sin embargo cerré mi mirada antes de que él lo notara.
¿Qué me sucede? ¿Por qué me importa tanto si sólo será una vez? Sólo... tengo que disfrutarlo.
Sin dejar de besarnos, comenzamos a avanzar, hasta que él cayó sentado sobre una de las sillas y yo me senté sobre él.
- ¿Vas a terminar lo que comenzaste en el restaurante? - murmuró, rozando su nariz con la mía.
- Sólo si lo deseas.
A modo de respuesta, ahora fue él quien comenzó a desabotonar mi camisa, liberando mis pechos.
- ¿Te gusta lo que ves? - bromeé al notar como sus ojos se posicionaban en aquella zona.
Sonrió, elevando su mano y, para mi sorpresa, con un simple movimiento, sus garras aparecieron. El pequeño brillo que reflejaban era hipnótico, sin embargo no me causaban temor ni mucho menos. El sonido de la tela de mi sostén rasgándose se oyó amplificado debido al silencio que musicalizaba el ambiente.
Una de de sus garras comenzó a deslizarse por la piel desnuda de mi pecho, haciendo que esta se erizara y un escalofrío, completamente placentero, recorriera mi cuerpo entero. Su dedo se detuvo en mi pezón, casi inspeccionándolo con su tacto.
- La manera en la que tu piel reacciona, es increíble.
- Lo dices como si fuese algo que nunca viste en nadie más.
- No lo se. - relamió sus labios. - Pero es la primera vez que le presto atención a algo como esto.
- No es la primera vez que me ves de esta manera...
- Pero ahora no tengo restricciones.
Acercó su boca, comenzando a jugar con su lengua sobre mi pezón, arrancándome un suspiro. Me abrazó fuertemente, haciéndome sentir todo el calor de sus besos contra mi piel, los cuales la recorrieron en toda su extensión, deteniéndose levemente para morderla, casi como si deseara dejar su marca sobre ella.
Comencé a removerme sobre él, deleitándome con el roce de su crecida entrepierna contra mi centro y, fue evidente que él también notó aquella acción, ya que profesó un pequeño gruñido, sin apartar su rostro de mis pechos.
Ascendió, dejando estelas de saliva hasta llegar a mi cuello, el cual mordió con sutileza. Mis manos acariciaban con firmeza su espalda, mientras él hacia lo mismo, intercalando sus caricias entre mis muslos y mi trasero.
- ¿Te gusta? - jadee, sin dejar de moverme.
- ¿Tienes dudas? - elevó mi falda hasta la altura de mi abdomen, apretando más fuerte el agarre sobre mis piernas.
Sus garras destrozaron los laterales de mis bragas, generando mi sonrisa.
- ¿Quién te autorizó a romper mi ropa?
Se elevó sutilmente, profundizando el roce de su entrepierna con la mía, provocando un nuevo gemido de mi parte.
- Dime que no te gusta.
Llevé mis manos al botón de su pantalón, desabotonándolo torpemente. Obviamente él me ayudó, elevándose nuevamente para deslizar su pantalón, el cual terminó a la altura de sus rodillas.
Ambos suspiramos al sentir mucho más cercano el contacto de nuestras zonas intimas. Tomé su rostro entre mis manos, besándolo con profundidad mientras me removía sin parar, deleitándome de placer.
Supe que se encontraba al límite en el mismo momento en que clavó sutilmente sus garras en mis caderas, elevándome lo suficiente como para que yo liberara su miembro, el cual posicionó en mi entrada.
- Estas mojada. - murmuró contra mis labios.
Y sin esperar más, me penetró de un solo movimiento.
Inuyasha.
El sonoro gemido que salió de su boca fue música para mis oídos. Me quedé quieto, abrazándola y con mis labios fijos en su hombro, sintiendo completamente el calor de su humedad, el cual me abrazaba de una manera exquisita.
Por un momento sentí que estaba soñando, quizás por eso sentía el falso miedo de que al comenzar a moverme, despertaría y ella se esfumaría, dejándome con el deseo de hacerla mía.
- ¿Estas bien? - el sonido de su voz me corroboró que esto era real.
Realmente está pasando.
- Eres deliciosa. - comencé a moverme lentamente, dejando pequeños besos en su cuello.
- Inuyasha... - suspiró, arqueando su espalda.
- ¿Te gusta?
- Me encanta. - susurró.
Sus uñas se clavaron sobre mis hombros, sirviendo de apoyo para que comenzara a saltar sobre mi, acelerando sus movimientos. Mis ojos viajaron a la zona en la que nos habíamos convertido en uno los dos y, a pesar de que la habitación estaba a oscuras, mi vista era demasiado aguda y podía distinguir todo a la perfección. Mordí mis labios al notar como su humedad había bañado mi entrepierna y me fue imposible no recordar el momento en el que la había probado con mi boca.
Sus gemidos estaban haciendo estragos en mi interior y, si esto seguía de esta manera, terminaría más rápido de lo que quería.
- Para. - mis dientes se clavaron en su piel.
- ¿Qué? - noté que se sorprendió. - ¿No te gusta?
Me elevé sin salir de su interior y, sin pedir permiso, la recosté en el suelo con toda la delicadeza del mundo.
- ¿Cómo puedes preguntar eso? - la embestí, con mi mirada fija en el vaivén de sus pechos. - ¿Tienes idea de cuanto esperé por esto? - tomé su falda, quitándosela por encima de su torso, como si de una playera se tratara.
- ¿Me deseabas demasiado? - mordió sus labios, llevándome a la locura en ese momento.
- Te dije que no hicieras eso. - separé sus muslos lo máximo que podía, penetrándola con todo el deseo y la intensidad que había profesado por ella desde aquel primer encuentro.
- Amo... la manera en que me posees. - susurró con aquella voz entre cortada.
- Y yo amo poseerte. - respondí en el mismo tono.
Me incliné sobre ella sin desacelerar mis movimientos, aplastando mi torso sobre sus pechos, sintiendo el roce de ellos sobre mi piel al ritmo de mis estocadas.
- No es sólo sexo. - susurré en su oído, respondiendo la pregunta que hizo al llegar.
- ¿Entonces que es?
Me detuve, elevando mi rostro, fijando mis ojos en los de ella.
¿Qué es si no es sólo sexo?
- No lo se... - mi mano buscó la suya y, luego de entrelazarla, elevé su brazo, colocándolo a la altura de su cabeza. - Pero podemos descubrirlo juntos si lo deseas.
- Inuyasha... - murmuró.
No soportaba estar lejos de su boca, por lo que volví a unir mis labios con los suyos de inmediato, sin embargo algo había cambiado.
Esto que estoy sintiendo... la manera en la que deseo detener toda la intensidad y hacerle el amor suavemente... acariciar su cuerpo... dejar besos sanadores sobre su piel... hacerla sentir, ¿querida?
¿Cómo es posible? ¿Cómo puedo pensar en "querer" con alguien que...? ¿No conozco?
