CAPÍTULO 46
Sus manos estaban teñidas de rojo, un rojo oscuro que parecía venir de sus entrañas; no era brillante, como cuando te cortas un dedo o te raspas al caer. El cuerpo lo sentía caliente y entumecido, con el dolor propagándose lentamente en cada fibra de sus músculos, desde la punta del pie hasta la cabeza.
No podía respirar, le faltaba el aire, por más que intentaba inhalar el oxígeno parecía como si no pudiera llenar sus pulmones. La visión poco a poco fue nublándose, oscureciendo todavía más aquel abismo negro que se extendía hasta la nada.
Sintió más sangre escurrir entre sus piernas y fue ahí donde no pudo sostener más su adolorido cuerpo.
Cuánta desesperación y no había nada que pudiera hacer al respecto. Jadeaba angustiada, intentando que el oxígeno corriera por sus venas. La sangre seguía brotando y no sabía el motivo.
"Por favor…"
Su voz suplicante,desesperada, escapó de su garganta como un susurro sordo, dolido, agonizante.
Y ahí, en la penumbra, una luz plumbago comenzó a iluminar cada vez más cerca de ella. No disipaba el dolor, sin embargo, el aura era tranquilizadora. Vio aquella ave revolotear, como si la oscuridad fuese un río con el que pudiera bañarse plácidamente.
Con todo el dolor apoderándose de ella, extendió la mano con el afán de alcanzar aquel rayo de esperanza, no obstante, otra mano, una suave y delicada, apretó la suya.
Lo primero que vio fue el techo de su departamento, uno que apenas estaba acostumbrándose a ver. Estaba empapada en sudor y su respiración parecía como si hubiera corrido un largo maratón.
Se llevó las manos a la cara y se echó el cabello negro atrás. Estaba en su cama; en su habitación, la luz tenue entraba por la cortina y el sonido de los pájaros cantando sobre los árboles de la acera era tan alto como si los tuviera al lado.
"Que horrible sueño", se dijo Utahime. Miró la hora en el reloj de su mesa de noche, eran las 6:27 de la mañana.
Al borde de la cama, con los pies en el suelo, se cuestionó la sensación que aún permanecía en su cuerpo. Sentía las piernas entumecidas.
Gojo le había dicho que si seguía así debía avisarle, pero ¿Cuál era la necesidad? Solo eran sueños, sueños que no podían hacerle daño más allá de incomodarla.
…...
No sabía que esperaba encontrar revisando aquellos libros, hojeaba aquellas páginas esperando hallar la respuesta a sus dudas. Una parte de ella creía que lo de la posesión podría ser algo plausible por más ridículo que sonara.
—Tenemos que irnos —la interrumpió Tanabe al tocar la puerta de la biblioteca.
—¿Nishimiya ya llegó?
—Está esperando en el auto.
—Vamos.
La misión sería en Fushimi, muy cerca de Kioto. Debían hacerse cargo de un burdel el cual aparentemente había sido poseído por alguna maldición. Nishimiya no estaba muy contenta con el lugar, pero entendía que era su trabajo independientemente de la clase de personas que estuvieran involucradas.
El sitio se promocionaba como un host club, pero todos sabían que sucedía realmente ahí.
—Deberíamos denunciarlos, es lo mejor —bramó Nishimiya, molesta.
—Ese no es nuestro trabajo —le recordó Utahime.
—Imagina cuanto resentimiento debe haber ahí como para que naciera una maldición.
—Es lógico.
—El ambiente hostil se esparció por la zona y ahora son varios los sitios afectados —dijo Tanabe. quien iba al volante, conduciendo.
—¿Estoy mal por no sentir lástima si asesinan a un hombre? —comentó Momo, encogida en el asiento. Tenía suficiente con el machismo dentro de la hechicería y verlo fuera de ella le parecía repulsivo también.
—No somos quien para juzgar sus estilos de vida. No lo pienses mucho y solo dedícate a exorcizar —volvió a llamarle la atención Utahime.
—Sí, claro —refunfuñó.
—Llegaremos pronto —anunció Tanabe.
No tenían siquiera que decirlo, podía sentirse desde metros antes la emanación repugnante que despedía toda la calle. El aire era fétido para los hechiceros, los humanos normales podían sentir la pesadez en sus cuerpos y síntomas como si respirara aire pestilente haciéndoles vomitar.
¿Qué había pasado? ¿Por qué de pronto un lugar que llevaba tanto tiempo ofreciendo servicios de dudosa legalidad de pronto se volvía foco de tanta maldad?
—¿Ustedes son las que se van a encargar de este asunto?
Fue lo que dijo la mujer que recibió a Uta y Momo. Llevaba un trapo con el que cubría su nariz, por sus ropas podía notarse la exuberancia de su cuerpo.
—¿Podría contarme más detalles sobre qué está pasando?
—Bueno, probablemente comenzó cuando una chica fue asesinada —dijo con reserva la mujer.
—¿Un cliente? —obvió Momo.
—Tal vez, no lo sabemos. La policía no hizo un gran esfuerzo por averiguar al culpable.
—Imagino que eso creó resentimiento entre las otras mujeres —agregó Utahime. Estaba pendiente del entorno, sentía el peligro solo por estar ahí.
—Empeoró cuando…
La mujer no quería atreverse a decirlo, incluso para alguien como ella, lo sucedido era algo extremadamente horrible. Un acto imperdonable.
—¿Qué sucedió?
—Asesinaron a la hija de una de las chicas —confesó con pesar—. Tenía tan solo tres años.
Ambas hechiceras se quedaron mudas, sin saber cómo responder. Nishimiya apretó con fuerza su escoba, tanto que la escuchó crujir como si fuera a quebrarse.
—Culparon a la madre de negligencia por traerla aquí. Ella fue arrestada, sin nada que pudiéramos hacer.
—El odio y resentimiento de todas debió crear este ambiente —dijo Utahime, con obvia tristeza en sus palabras.
—¿Qué clase de maldición habrá nacido? —se preguntó Momo.
—Solo queremos volver a estar tranquilas. Ha habido ataques tanto a mujeres como hombres desde entonces. Al principio pensamos que era una persona, sin embargo, cosas extrañas comenzaron a suceder y…
—Nos encargaremos de asegurar la zona, pero si siguen albergando esta clase de sentimientos, es probable que suceda de nuevo —le advirtió Utahime.
—Intentaremos reponernos…—aseguró la mujer, con voz temblorosa.
—Por ahora váyase de aquí. La profesora y yo nos encargaremos.
—Buena suerte —dijo, ofreciéndoles una corta reverencia.
Una vez que aseguraron que la zona estaba despejada de civiles, Utahime misma bajó la cortina. De inmediato el ambiente rancio se intensificó, sin embargo, no había una presencia fija en algún punto. Estaba ahí, en algún lugar de esa calle, escondida entre los locales, esperando a atacar, podían sentirlo: el vilo de la muerte.
—Puede ser un categoría uno, estoy casi segura —advirtió Momo.
—Es mejor que permanezcamos juntas.
—No puedo asegurar si solo es una o varias maldiciones.
—Vayamos con precaución. Cuando se sientan seguras nos atacarán.
La casa de hostes era bastante amplia, casi tanto como los edificios de los karaokes, con varias habitaciones privadas y otros espacios más amplios que recordaban un club nocturno. Ambas hechiceras revisaron con cuidado en cada cuarto, les parecía curioso que pudieran sentir el hedor de la maldición, pero no encontrarla.
La parte trasera en la planta baja eran los vestuarios de las chicas, había prendas colgadas de todo lo que pudieran imaginar, desde las más recatadas y formales hasta las más exhibicionistas y extrañas, todo dependía del gusto del cliente en cuestión. Nishimiya vio con desagrado las ropas mientras las movía por el riel tubular.
—He estado impregnando mi energía maldita en varios objetos del lugar. Si detecto algo sospechoso lo sabré —comentó Momo.
—Es de gran ayuda, muchas gracias.
—¿Deberíamos ir a otro edificio? Aquí no parece que haya algo.
—Los últimos ataques fueron aquí —dijo Utahime, extrañada de que no encontraran nada—. Tal vez debamos ir a donde ocurrió la muerte de la trabajadora.
Dicho esto, ambas salieron rumbo a otro edificio situado dos casas más adelante. Al ingresar notaron que su estructura era muy similar al que previamente habían revisado.
—¿Cree que pueda ser obra de un Usuario Maldito? —preguntó la rubia.
—Lo dudo mucho. Esto se siente completamente como sentimientos negativos. Además, si fuera un usuario habría rastros de su técnica.
—¿Podría haber arrastrado a las maldiciones hasta aquí?
—Ha habido casos —recordó Utahime de su misión de los gusanos—, pero mover a una maldición poderosa dentro de la ciudad hubiera alertado a nuestras ventanas desde un principio.
—En eso tiene razón. Entonces si nacieron aquí…
—Todo indica que sí.
Fue muy obvio cuando llegaron al lugar donde se había cometido el delito, lo sabían porque aún seguían pegadas las cintas amarillas que decía "Keep Out", estaban por toda la puerta. Utahime entró y vio una cama deshecha, sobre el colchón había manchas de sangre de color marrón, señalando la antigüedad del agravio.
Era un simple cuarto, no había muchos lugares donde una maldición poderosa pudiera esconderse, claro, a menos de que hubiera convertido toda la zona en un área innata de su ritual, no obstante, no parecía ser el caso.
—Este ambiente hace que me sienta muy asqueada —comentó Momo mientras se recargaba en la pared.
—Se siente tan denso, casi como si estuviera aquí mismo.
—Revisemos el resto del edificio.
—De acuerdo.
Ambas nuevamente se enfrascaron en la meticulosa tarea de revisar sala por sala, hasta cierto punto era fastidioso puesto que no encontraban nada. Todo era muy frustrante.
—La siguiente locación es donde… Asesinaron a la niña —dijo Utahime sintiendo el nudo en la garganta.
—Mis objetos no han presentado anomalías, así que, tal vez si está ahí.
—Ya de por sí es horrible saber que las maldiciones cometen actos escalofriantes, esto es todavía un nivel más de ser siniestro —comentó Utahime, llevaba el rostro afligido. Había aprendido a sobrellevar esos momentos amargos del trabajo, sin embargo, cuando eran niños inocentes le resultaba difícil ser frívola.
—Debió atacar al más indefenso de todos, a quien no los alimentaba con su energía maldita.
—La niña era la menos culpable, me duele pensar en su sufrimiento.
—Para eso estamos aquí —Nishimiya le tomó la mano, quiso poner su mejor cara para animar a su colega—, para evitar que alguien más tenga que sufrir ese destino.
—Hagamos un buen trabajo.
Al entrar a la edificación fue inmediata la pesadez de la energía maldita concentrada. Les pareció extraño, puesto que con ese grado de emanación deberían haber sido capaces de percibirla desde el exterior al bajar la cortina, más no fue así. Sin temor a equivocarse, debía tratase de una especie de técnica de barrera.
—Se siente por todo el lugar, es como si cayera sobre mí —dijo Utahime.
—Moveré la esfera por la casa y así podré…
—No creo que sea necesario. Debe estar en la habitación del incidente.
—Pero no es una maldición anclada ¿cierto?
—No debería, después de todo ha habido varios ataques en otros edificios.
—Entonces, este es su nicho.
—Hay incienso al pie de la escalera —le señaló Utahime—. Probablemente las mujeres del barrio vienen aquí a dejar sus plegarias y sus resentimientos, eso hace al lugar una concentración masiva de energía maldita que alimenta esta maldición.
—Supongo que no puede evitarse…
La risa siniestra fue lo primero que notaron al subir al segundo piso, era una "kikikikikiki" que resonaba sobre todo el largo corredor, parecía que estaban burlándose de ellas, sin embargo, cuando miraron con detenimiento no había nada que delataba la presencia de la maldición.
No fue hasta que abrieron la puerta de la habitación del atentado cuando pudieron apreciarla con claridad gracias a la tenue luz qué se colaba por la ventana: era la maldición que aquejaba al barrio. A simple vista parecía una mujer muy alta y pálida, de cabello lacio largo y negro, vestía un yukata blanco sin ningún adorno. Por la forma en que su pelo negro caía sobre la cara, era imposible apreciar las facciones, pero conforme los segundos fueron pasado notaron como el cuello de aquella maldición que parecía una ordinaria mujer, se fue alargando como si se tratase de una gran serpiente, se enroscó en bucle imitando un resorte; los dedos se volvieron más huesudos y las uñas se tornaron garras puntiagudas y afiladas.
De nuevo la risa "kikikikiki" se hizo presente una vez que su transformación se hubo completado.
—¿Deberíamos pelear afuera? El espacio es reducido —dijo Nishimiya.
—Sería una buena opción, si bien no está anclada a la habitación tampoco irá lejos del barrio.
—Entonces…
Antes de que pudieran llevar a cabo sus planes, la maldición se abalanzó a gran velocidad hacia ellas. El cuello largo le sirvió para acercarse en un instante, apenas lograron esquivarlo saltando hacia a los lados, las había obligado a entrar en la habitación, justo lo que no querían.
El cuello regresó al cuerpo principal y siguió riéndose de forma siniestra. Uta dio la señal, no les quedaba más que atacar en esas circunstancias.
Podría pensarse qué sería sencillo, sin embargo, aquella maldición era fuerte y se movía con agilidad. El cuello era pesado y cada vez que chocaba con algo dentro del cuarto terminaba hecho pedazos. Utahime pudo asestar varios golpes al cuerpo, más eso no parecía querer debilitarla.
Sin aviso previo, emergiendo desde otro punto de la habitación, una segunda maldición hizo acto de presencia, compartía exactamente las mismas características que la otra. La nueva maldición tomó por sorpresa a las hechiceras y fue Nishimiya quien pagó las consecuencias.
El poderoso cuello la golpeó por la espalda, arrojándola contra la pared, la había noqueado al instante, dejándola inmóvil en el piso. Utahime corrió a donde ella, pero en su preocupación no se percató de que la primera maldición se fue contra suyo, encontrando la oportunidad perfecta para aprisionarla.
La maldición tenía enroscado su largo cuello en el cuerpo de Utahime, sin permitirle la oportunidad de moverse. Cada vez apretaban más y más, quería quebrar sus huesos y hacerlos polvo, si no fuera por la energía maldita que cubría su cuerpo, entonces probablemente ya estaría muerta.
Nishimiya seguía inconsciente al otro lado de la habitación y veía como la otra mujer se acercaba a ella. Si pudiera escapar podría ayudarla, pero estaba inmóvil y solo veía con desesperación el cuerpo de su alumna desmayado.
—Nishi…miya…, levan…tate.
A penas y podía hablar, era tan fuerte como una boa enroscándose para tragar una presa. Gritó de dolor al sentir más presión sobre su cuerpo. La otra maldición tomó a la rubia por los pies y la dejó colgando para observarla, cómo decidiendo por que parte ir primero.
Utahime logró sacar una mano con fuerzas que no sabía que poseía. Le dio un puñetazo lleno de energía maldita al cuerpo, que si bien logró que dejara de ejercer más presión no fue suficiente para librarse de todo. La maldición torció el cuello y debido a la posición del brazo de la pelinegra consiguió dislocarle el hombro.
Estaba perdiendo toda esperanza. Por el rabillo del ojo notó el cuello de la mujer enroscándose en el pequeño cuerpo de su alumna. La maldición abrió la boca tan grande y deforme que de pronto tenía el tamaño adecuado para engullir de un bocado a Nishimiya.
Lo que sucedió a continuación no tenía razón de ser.
Entró velozmente por la ventana, tanto que nadie tuvo tiempo de reaccionar para defenderse. El mordisco de las fauces de ese animal era tan poderoso que consiguió de inmediato hacer lo que Utahime no pudo. Al dejar de ejercer presión, Iori cayó al piso.
Su pelaje era blanco, tan blanco como la nieve, era tan altos como un perro de raza grande, las orejas puntiagudas y la cola elegantemente hacía arriba, llevaba además una pañoleta roja atada al cuello, por los rasgos tan definidos de su cara, estaba segura de que se trataba de un zorro Inari, que en el folclore de la región eran considerados yokai mensajeros y protectores del Dios Inari.
Al principio pensó que solo había sido uno, sin embargo, eran dos animales quienes se enfrentaban a las maldiciones.
El zorro blanco que salvó a Utahime se interpuso con fiereza entre ella y la maldición, lanzó su gañido ronco como advertencia para la amenaza. Estaba protegiéndola y ella no comprendía el motivo por el que algo como eso estaba presente en ese momento. Podía confirmar que no había nadie más como para haberlos invocado, además, no sentía ese tipo de energía maldita circulando en los zorros. ¿De dónde habían salido?
Del lado de Nishimiya las cosas pintaban similar. Utahime se levantó para ir en auxilio de su compañera y en el trayecto hasta ella, el zorro jamás dejó de servir como obstáculo. Los dos zorros y las dos maldiciones se internaron en un nuevo duelo.
Utahime sacó a Nishimiya del edificio a como pudo debido a sus lesiones. Intentó ocultarla en la casa de enseguida, ella debía volver y hacerse cargo de la situación, aun con aquella ayuda inesperada y desconocida.
…
Cuando Momo recobró la conciencia, el director asistente Tanabe la llevaba en brazos. Despertó asustada, con el último recuerdo de haber sido azotada contra la pared.
—¡Profesora Iori! —gritó de inmediato con angustia.
—Está bien —Tanabe se apresuró a calmarla, seguía en cama después de todo—. Solo un brazo maltrecho.
—¿Qué pasó?
—Ganaron, no te preocupes. Hiciste un buen trabajo.
—No hice nada —Momo apartó la mirada del director asistente, inconforme con su desempeño.
—Claro que sí.
Después de descansar toda la noche, lo primero que hizo a la mañana siguiente fue buscar a su profesora. Tanabe no le había dado muchos detalles del término de la misión, así que, esperaba esclarecer dudas con Utahime.
Ella estaba en la sala de profesores, llevaba el brazo recogido con un cabestrillo, fuera de eso parecía encontrarse bastante bien.
—Profesora Utahime…
—Nishimiya, ya despertaste ¿cómo estás?
—Yo estoy bien ¿qué hay de usted?
—Solo un brazo lesionado, no hay de que preocuparse.
—¿Qué fue lo que sucedió? No recuerdo nada después de que me desmayé.
—Lo importante es que pudimos exorcizar a esas maldiciones. Fue complicado, pero lo logramos.
—Más bien usted pudo…
—¿De qué hablas? También hiciste tu parte. No menosprecies tu trabajo.
—¿Cómo pudo derrotarlas usted sola? Eran poderosas.
—No fue tan fácil como ves —señaló el cabestrillo.
—¡Me esforzaré mucho más en la próxima ocasión!
—Seguro que sí. Cuento contigo Nishimiya.
No quería tener que mentirle, pero mentir era más sencillo que intentar explicar lo que había sucedido.
Volvió para pelear contra esas maldiciones y pese a que parecía todo bajo control, luchó al lado de aquellos zorros blancos, zorros que recordaba eran los mismos Inari de los santuarios.
Cuando al fin vencieron, exhaustos los tres, los dos zorros le lamieron las heridas a Utahime y antes de irse, juraría que los vio agacharse para ella. ¿Por qué? ¿Por qué entidades desconocidas se presentaban en su auxilio?
No tenía sentido alguno, tal vez solo era una coincidencia. Tal vez, las maldiciones habían molestado a los espíritus del poblado y actuaron en consecuencia.
Tal vez…
Había sido por ella.
NOTAS:
Ojalá hubiera coincidido más en tiempo con el cumpleaños de Utahime, pero de todos modos vamos a festejarla con un capítulo exclusivo de nuestra profesora favorita haciendo su trabajo!
Por cierto, Nishimiya me encanta, creo que es el personaje (tal vez incluso más que Nobara) que despide fuerte Girl Power! Se siente orgullosa de ser mujer y ¿cómo no? Eso no le impide sabrosearse a sus actores masculinos favoritos, grande Nishimiya Momo.
La parte de la misión surgió de la nada, no estaba planificada hacer un capítulo exclusivo para ella, sin embargo, al momento de pensar en ciertos detalles a futuro consideré que era lo muy apropiado darle una exclusividad a esta misión.
Ya sé, que van dos caps sin mis papás juntos, pero don't worry! se vienen cosas lindas y divertidas.
¡Gracias por continuar leyendo! Cada vez estamos más cerquita del final. Si todo va tal cual, para el verano de este año damos por terminado este fic.
