Buenas les hago entrega de este nuevo capítulo el cual es el último del año.
Estamos a 4 capítulos de terminar la historia, que como siempre, espero esté siendo de su agrado.
Sin más que decir, les deseo felices fiestas y un excelente inicio de año.
-Yo se que prometí llevarte, pero no es tan sencillo, Dia. Hay que ir a recojer a Maki y ambas están en el mismo hospital- Nico hablaba con la menor de la casa Nishikino. Dia estaba algo molesta e impaciente, pues si bien había enfocado su atención en Maki la última semana, ahora que la pelirroja ya estaba mucho mejor y sería dada de alta, quería ver a su madre Eli.
-Ya lo sé, pero no quiero que mamá Eli piense que dejé de quererla o preocuparme por ella- Dia decía mientras baja un momento la mirada. -Yo realmente deseo verla...- y su voz pareció más suave y dolida.
Nico suspiró, sabía que Dia no cedería y por supuesto, estaba en pie la promesa que le hizo a ambas sobre frecuentarse.
Sin embargo, no deseaba que Dia se sintiera abrumada por el estado de Eli, ella misma, la última vez que vio a la artista rubia, experimentó la sensación más dolorosa y triste al ver a Eli, pues comenzaba a notarse de verdad la decadencia en ella.
No quería que Dia tuviera esa imagen de alguien que amaba.
-Escucha, hagamos algo, llamaré a Eli, y llegaremos a un acuerdo ¿Está bien? Si ella dice que puedes ir, entonces te llevaré sin replicar- Nico decía aquello, ganándose una mirada algo insatisfecha de la menor.
-¿Por qué quieres evitar que vaya?-Dia de verdad estaba intrigada, por lo que cuestionó rápidamente a la pelinegra.
-Sabes que Eli no lleva ningún tratamiento, así que... Realmente su estado no es el mejor. No quiero que resultes lastimada por lo que vayas a ver- Nico era completamente sincera con la adolescente, quien pareció pensarlo un poco y después miró con firmeza a la adulta.
-¿Crees que no sé lo crudo que puede ser ver a mamá? Ya sé que tiene cáncer terminal y se lo que le hace el cáncer terminal a las personas... No me importa como se vea, Nico; lo único que me importa es poder ver a mi madre y ya- y con la determinación en su rostro y voz, dejaba claro si deseo.
Podía entender a Dia, la forma en la que se aferraba a sus sentimientos. Ella misma lo había experimentado infinidad de veces, por lo que simplemente asintio, acercándose a Dia y colocando su mano sobre el hombro de la menor, llamando su atención.
-Comprendo lo que quieres decir y como te sientes ¿De acuerdo? Llamare a Eli para preguntarle si podemos ir a verla- Nico le dedicaba una cariñosa sonrisa a Día, cosa que la menor correspondió.
Nico simplemente saco su teléfono celular y busco el número de Eli, comenzó a sonar el timbre de espera, para que la artista tomara la llamada; y aunque tardo un poco, pudo contestar.
-Hola Nico, ¿Cómo va todo?- se escuchó desde el otro lado de la línea, aquella era una voz dificultosa, que hacía breves pausas para hablar.
-Hola Eli, me encuentro mucho mejor, ya puedo movilizarme con más tranquilidad. ¿Que hay de ti?- Nico respondia algo nerviosa a la llamada, intentaba encontrar el momento oportuno de preguntar a la artista sobre su visita.
-Pues... Yo no importo, solo quiero que esto termine ya- fue lo que respondió Eli, provocando un pequeño dolor en el pecho de Nico.
-Entiendo... Sabes, quería ir a verte porque tengo muy buenas noticias que darte- comenzaba tentando el camino.
-Oh, me parece bien, estaré gustosa con tu visita- Eli ya sospechaba que era lo que iba a decirle Nico. No hacía falta, después de todo, ella escuchó la confesión de Nico y la repuesta de Maki.
-Grandioso... Y también, Dia quiere ir a verte...- y por fin, después de que no se negara a su visita, echó por delante la presencia de Día también.
La pelinegra se inquieto al no escuchar una respuesta pronta de Eli, pues parecía vacilar en si aceptar o no la visita de su amada hija.
Por su parte, Eli realmente estaba indecisa; por supuesto que deseaba ver a Dia y saber cómo se encontraba, pero por otra parte, le daba vergüenza y la angustiaba, pues su estado realmente era malo ya. No había día en el que Eli no tuviera que tener una máscarilla con reservorio puesta, la cual se quitaba únicamente para beber algo de agua y comer un poco. Los oscuros círculos adornando bajó sus ojos y la delgadez de su débil cuerpo tampoco eran algo lindo de ver.
Nico estaba sumamente nerviosa, esperando respuesta mientras Dia la observaba detenidamente. Tenia que hacer algo.
-Eli... Yo sé que quizá no te sientes del todo lista, pero... Dia quiere verte sin importar qué. A ella no le importa nada, solo poder tomar tu mano...- Nico trataba de persuadir a la artista.
Eli tras las palabras de la otra adulta, tomó un momento para pasar saliva dificultosamente, y después, con dificultad por fin dijo algo.
-No quiero que vea mi cuerpo decadente... No quiero que lo último que ella vea de mi sea esto...- confesaba la rubia, conteniendo las lágrimas.
-Y ella no quiere desperdiciar ni un solo día, ahora que aún puede verte- Nico respondía con total seguridad, notando cómo los ojos de Dia se rosaban, en un intento de contener las lágrimas.
Eli entonces se sorprendió de lo que la otra mujer acababa de decirle, realmente estaba conmovida por el deseo de Día y la voluntad de Nico.
Quizá ser un poco egoísta en sus últimos días no estaría mal, quizá era mejor permitírselo, porque moría de ganas de ver a su amada hija.
-Nico... Estoy ansiosa por recibirlas a ambas hoy. Reglamente lo deseo con todo mi corazón- Eli decía por fin, haciendo que Nico soltara un suspiro de alivio y sonriera.
-Allá estaremos, ambas emocionadas por verte- y con eso último, Nico colgaba la llamada.
Dia parecía realmente emocionada.
-¿Dijo que si?- preguntó sin mesura.
Nico solo le sonrió y posó su mano sobre el hombro de Dia.
-Ve por lo que necesites, vamos a ver a tus madres- aclaró.
Día sin más, asintio enérgica y subió las escaleras a su habitación, parecía que iba por algo en especial para Eli.
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Después de un breve viaje en el auto de Maki, Nico por fin estacionaba y bajaban ella y la adolescente, esto en busca de la habitación de Eli. Mientras caminaban por los pasillos del hospital, ambas conversaban sobre las flores que llevaban tanto para Eli cómo para Maki, alardeando que la elección de ellas era la mejor.
-Te lo digo, Maki ama los tulipanes, es claro que le gustará más mi ramo- Nico decía aquello, bromeando con la menor.
-Pues también le gustan las rosas, así que en definitiva amara más la mia- contraatacó.
-¿Que dices niña? Si ella y yo nos conocemos más años de los que tú has vivido- su voz sonaba retadora.
-Ya veremos- se limito a aquello Dia, haciendo reír a la mayor.
Finalmente llegaron a la habitación de Eli, quien se encontraba en el área de oncología y evidentemente en aislamiento por su nulo manejo de la enfermedad.
Nico permanecía quieta, dudando de si realmente seria una buena idea, tampoco quería que Dia saliera lastimada, porque la quería y le importaban sus sentimientos, pero no había más que hacer, solo respetar los deseos de ambas.
Finalmente, tocó con suavidad la puerta, para después abrir con cuidado e ingresar primero.
Fue lento y con cuidado, notando que Día hacía lo mismo tras de ella.
Finalmente a paso cuidadoso, por fin hacia contacto visual con la figura en la camilla de esa habitación.
Nico se tensó al ver el estado de Eli y casi por un instante hace retroceder a Dia y cubre sus ojos, pero fue tarde, pues Dia también había ingresado lo suficiente a la habitación como para mirar a su madre Eli.
-Mamá...- Susurró al ver a la artista postrada en la cama.
La toma burbujeante de oxigeno resonaba, la mirada de Eli parecía cansada y adornada de cuencas oscuras bajo sus ojos, la delgadez de su cuerpo, Día al verla pensó que si no trataba con cuidado a la rubia, rompería alguna de sus extremidades. Eli realmente estaba decadente.
El corazón de ambas visitas se estrujó.
-Bienvenidas... Realmente me da gusto verlas- se escuchó aquella voz letárgica saludandolas.
Nico deseaba ser la primera en hablar, esto para darle los ánimos suficientes a Dia, pero no era lo apropiado, quería que Dia tomara la iniciativa, así como dijo que lo haría, esto para hacer sentir a Eli amada por sobre todas las cosas.
Y como si hubiera conectado su pensamiento con el de Dia, la adolescente por fin dió un paso al frente, caminando hasta llegar a la orilla de la camilla y con cuidado tomo su mano.
Eli siente aquella calidez, la pequeña mano de su pequeña e instintivamente sonríe, el toque de Día era de los más valiosos para ella, tan reconfortante y bello.
Miró a la pelinegra menor, cómo corresponde a su débil sonrisa y finalmente, tomando el aire suficiente para no tener un ataque de tos, por fin habla.
-Mi pequeña ¿Cómo está mi dulce Dia?- preguntaba primeramente, notando cómo los ojos de Dia volvían a enrojecerse.
-Feliz de poder verte nuevamente, Mamá...- contestó mientras con su pulgar se permitía acariciar la tibia piel de la rubia. -Desde que ocurrió lo del juicio he deseado tanto verte, estaba preocupada por mamá Maki y preocupada por ti- continuaba mientras su voz parecía quebrarse.
Y sin previo aviso, Dia se inclina cerca de Eli, para poder abrazarla; finalmente las lágrimas cayeron.
-Tenia tanto miedo... No paraba de pensar que podría perder a Mamá Maki, no cuando sé que voy a perderte pronto a ti... Me aterraba tanto- confesaba, logrando que Eli logrará soltar un par de lágrimas también y que Nico ocultara su mirada, pues le dolía ver así a Dia y por supuesto, pensar en que Eli no tenía mucho tiempo ya.
Eli correspondió el abrazo con la poca fuerza que tenía, acariciando la espalda de la menor y, haciendo a un lado la mascarilla un breve momento, se permitía besar la frente de su hija.
-Jamás estarás sola otra vez, Maki está mejor y no soltara tu mano nunca. Y yo... Yo siempre estaré contigo, aunque no puedas verme, siempre estaré contigo aquí- dijo Eli, señalando en la frente de Dia, confundiendo un poco a la menor. -estaré en tu memoria y tus recuerdos- finalizaba.
Dia entonces, simplemente sonrió más ampliamente, limpiando las lágrimas que había dejado escapar, para finalmente asentir, creyendo fielmente en que Eli decía la verdad.
-Por eso, quiero estar aquí cada día, mientras aún te tenga, mientras aún pueda verte y tocarte- Eli se sorprendía de las palabras de Dia, la adolescente quería estar con ella pese a su apariencia.
Por supuesto que sí, aquel día en que se conocieron, Maki y ella se encargaron de darle la confianza a Dia de que era una niña hermosa, que todos esos niños crueles del orfanato mentían al llamarla fea. Ahora era el turno de Dia de asegurarse de que Eli supiera que sin importar nada, seguía siendo una hermosa persona que merecía ser igual de amada, sin importar como se viera.
-Pero... ¿Estás dispuesta a ver toda esta decadencia? Cariño, no quiero que lo último que veas de mi sea esto- Eli dejaba a flote su inseguridad frente a su hija, quien simplemente le sonrió y depósito un casto beso en la mano libre de la artista.
-Mamá Eli siempre será la mamá más bella y dulce, no hay nada en el mundo que me haga cambiar de opinión- contestó con seguridad. -Yo lo único que quiero, es poder quedarme a tu lado hasta el último momento...- y con eso dicho, Dia buscaba en su mochila algo, aquello era sumamente especial para ambas.
Eli miró sorprendida lo que Día había sacado de aquella mochila, sus lágrimas está vez fueron inevitables y simplemente esperó a que hablara.
-En cada momento me acompañó una parte de ti, cómo cuando prometiste que Mamá Maki y tú volverían por mí, aquel día en que las conocí... Ahora yo quiero que, cuando el momento en que te vayas llegue, una parte de mi esté contigo, sin importar nada- Dia hablaba, extendiendo el objeto hacia Eli y que ella pudiera tomarlo.
Nici no lo sabía, pero había visto a Dia con aquel peluche de perro Golden con regularidad, aquel era sumamente significativo y valioso para Dia y Eli.
La artista simplemente lo tomó y lo envolvió entre sus brazos, apreciando el gesto de Dia y que decidiera darle una parte de ella.
-Te sentiré más cerca de mi ahora- decía Eli, sonriéndole en medio de sus lágrimas a su hija.
-Me alegra mucho, espero me sigas recibiendo con el mismo entusiasmo, mamá Eli- Día contestaba gustosa.
Nici solo permaneció un poco atrás, dejando que madre e hija interactuar como tanto lo deseaban. Ambas se pusieron al día en lo último que había pasado con sus vidas, la escuela, la estancia en el hospital, algún nuevo amigo, muchas cosas, esto mientras Nico solo era una espectadora.
Finalmente, después de un momento, Eli llamó su atención, para que pudiera acercarse también.
-Gracias por traerla... Me alegro de que me dieras el valor para hacerlo- La artista le agradecía a Nico al respecto, por lo que la chica solo asintio con una sonrisa.
-Se que ambas serían felices al respecto- Nico decía, mientras se quedaba al lado de Eli también.
Estaba nerviosa, sabía que tenía que hablar con Eli respecto a Maki, sobre todo lo que había pasado. Y aunque era un trato mutuo, no dejaba de sentir nervios por como reaccionaria Eli, pues, estaba a punto de romper su corazón...
Y Eli, ella no era tonta, sabía que Nico luchaba por decirle algo que ya sabía; esto debido a la expresión nerviosa de la pelinegra y el como parecía mover sus dedos inquieta.
-Gracias Nico, de verdad, se que te estás esforzando mucho por mi y por Maki...- poco a poco, Eli conducía a la otra adulta a aquello que la tenía tan nerviosa.
Y Nico, ella sabía que no podría evitarlo, por eso estaba ahí, era el momento...
-Si... Sobre eso, yo he cumplido tu último deseo, Eli- soltó en un arrebato de valentía, desviando un breve momento la mirada de la mujer en la cama. -Ella... Aceptó mis sentimientos- agregaba.
Nico espero cualquier reacción de Eli, y le aliviaba que lo primero que hiciera la rubia fuera sonreír tras un suspiro, permaneciendo con los ojos cerrados un breve momento, lo cual parecía eterno para Nico.
-Me siento realmente feliz Nico, mi amada Maki por fin está amando de nuevo- contestó primeramente, aún sin abrir sus ojos. -¿Estás bien con eso, Dia?- preguntó a su hija, quien solo acaricio su mano con cariño.
-Lo estoy, mamá- contestaba.
Nuevamente, Eli sonreía nuevamente, y abriendo lentamente los ojos, miraba a Nico directamente, dedicándole una sonrisa aún más amplia y cariñosa.
-Gracias Nico... Por hacer mi último deseo realidad. Puedo marcharme en paz, sabiendo que mi familia está en manos de alguien como tú. Lo único que queda en mi corazón ahora, son buenos deseos para ti y mi amada familia, que ahora será tu familia.- comenzaba a decir Eli, su voz era tan tranquila y pacífica. -Cuida con todo nuestro amor de ellas. Amalas tanto como yo, y si puedes amarlas más, entonces házlo- continuaba.
Nico podía sentir el creciente nudo en su garganta formándose, aquello sonaba como una despedida, como si Eli estuviera totalmente segura de que esa sería la última vez que la verían con vida.
-Eli...-
-Gracias por hacerlo, Nico... Amiga mía...-
Y aquello fue todo lo que Nico necesito para acercarse a la camilla y abrazar a Eli, tomándola por completa sorpresa. La artista no espero jamás eso, se sentía tan sorprendida que no supo cómo reaccionar, pero finalmente, después de unos segundos, correspondió el abrazo de Nici, sonriendo a su amiga.
-Te quiero mucho Eli. Te has ganado mi corazón de una forma tan incierta, he llegado a apreciar te tanto que el simple hecho de saber que vas a partir me duele mucho... No habrá nunca forma de agradecerte por todo esto- Nico se sincera a con la chica a la que abrazaba.
Estaba tan agradecida con ella que simplemente no encontraba mejores palabras para hacérselo saber a la rubia, quien simplemente sonreía ante el arrebató de sentimientos de Nico.
-Yo también te quiero mucho, Nico. No sé en qué momento te convertiste en una amiga tan importante- Eli contestaba igual de cariñosa que siempre.
¿Cómo no apreciar de aquella forma a la persona que Maki amaba? La misma persona que ella eligió como la persona que más podría amar a Maki en su ausencia. Eli la quería de forma sincera y Nico a ella. Eran una hermosa amistad surgida de una inesperada manera, ambas unidas por el amor que tenían hacia Maki.
Su sentimiento más fuerte era uno solo.
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Cuando Día y Nico abandonaron la habitación, Eli se quedó sola en aquella habitación nuevamente, mirando de vuelta a la ventana con aquel peluche entre sus brazos, abrazándolo.
La paz que sentía por dentro le agradaba, estaba contenta y ansiaba la muerte por fin, sin inquietud ni presiones, sin remordimientos y ataduras...
-Por fin, mi amada estará en las manos correctas cuando me vaya- susurraba aquello mientras sonreía.
Por un momento creyó que por fin todo había terminado pero, había algo en su pecho, algo que por alguna razón le decía que aún no era el momento, que aún tenía que hacer algo más, pero no sabía que cosa era.
Simplemente su deseo más grande para aquella noche, era poder dormir, y con mucha suerte, ya no despertar.
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Nici y Dia ingresaban a la habitación de Maki, dónde la abogada ya las esperaba en compañía de Umi, quien cargaba las pertenencias de Maki.
-Hola preciosa ¿Lista para volver a casa?- Nico preguntaba a la pelirroja mientras le ofrecía el ramo que había elegido para ella.
Maki se ruborizo ligeramente ante el cariñoso cumplido de Nico que le ofrecía un bello arreglo de tulipanes.
-Estoy ansiosa, no me gusta la comida de aquí- contestaba Maki, tomando con cariño el ramo, Dia no tardó en acercarse también.
-Veremos una película juntas ¿Verdad? Elegí una que seguro te gustará- Dia decía mientras le entregaba también las rosas que eligió para su amada madre.
-Tienes buen gusto, así que estoy segura que estará buena esa película- aseguraba la mayor, dedicándole una gran sonrisa a Dia.
-¿Tia Umi se quedará con nosotras?- preguntó a la abogada, quien solo sonrió cariñosamente.
-¿Habrá palomitas?- preguntó
-De queso, tus favoritas- respondió Dia.
-Entonces cuenten conmigo- la chica parecía orgullosa.
-Bien, entonces vamos saliendo de aquí de una buena vez- y con eso último dicho por Nico, se comenzaron a mover para salir del lugar, agradecidas de que Maki pudiera salir de ahí con bien y deseando no volver.
Umi manejó está vez, con Día de copiloto y permitiendo que la pareja se quedara en la parte de atrás, dónde Maki, con toda la confianza, se acercó a Nico y se aferró a su brazo, para después descansar su cabeza en el hombro de la pelinegra, quien en respuesta, dejó descansar su propia cabeza sobre la de Maki.
La plática era amena, Día le hablaba a Umi sobre sus clases de canto en las cuales había mejorado mucho gracias a los consejos de Nico, también comentaban sobre las ocurrencias un poco infantiles de Maki dentro del hospital.
No pasó mucho tiempo cuando por fin llegaron a la casa Nishikino i, Maki estaba realmente contenta de poder volver a casa y se veía en su expresión sonriente.
Umi aparcó y bajo primero, para poder ayudar a Maki a bajar del auto, seguida de Nico quien también le echaba una mano mientras Dia se adelantaba y abría las puertas.
-Oh dios, cuánto extrañaba mi casa- Maki dijo mientras aspiraba el aroma de su hogar.
-Solo fue una semana- Umi se burlaba.
-Si, una semana en ese hospital con comida pésima- se quejaba.
-¿Ves? Escuchaba eso todo el día cuando la iba a ver- Umi está vez se dirigió a Dia diciéndole aquello.
-Si, nosotras igual, intento convencernos de meter algo de contrabando, obviamente no lo hicimos- respondía la adolescente, logrando que todas rieran.
-Las estoy escuchando- replicó Maki, ganándose una mirada despreocupada de Umi.
-¿Y que?- bromeó. -mejor coopera un poco para ayudarte a subir las escaleras-
Maki simplemente suspiró y se dejó guiar por Nici y Umi para subir las escaleras hasta su habitación, cuando por fin llegaron ahí, la pelirroja descanso sobre su cama con aún más pereza.
-Según el médico, la herida aún no cierra del todo por dentro, por lo que no puedes cargar nada pesado, ni hacer mucho esfuerzo físico, puedes deambular todo lo que quieras en casa. Debes llevar una buena dieta para favorecer tu recuperación y beber muchos líquidos, te recuerdo que perdiste mucha sangre. ¡Oh! y sobre todo, cuida bien tu higiene- explicaba Umi a su mejor amiga y esperando que Día y Nico también pusieran atención.
-Si, ya lo sé... Vamos Umi, déjame disfrutar mi regreso a casa- la voz de Maki no se hizo esperar.
Nico simplemente se acercó y depósito un beso sobre la cabeza de su amada, para después tomar las flores que ella y Dia le compraron.
-Bueno, iré a buscar un poco de agua para tus flores, ya vuelvo- dijo, dispuesta a marcharse un momento.
-Te acompañaré, necesito refrescarme también- dijo Umi mientras se acercaba a una confundida Nico. -vamos-
Y con eso último, Nico y Umi salían de la habitación. La mayor estaba algo nerviosa, era la primera vez que estaba a solas con la abogada, al menos desde que formalizó su relación con Maki, y estaba segura que Umi ya lo sabía todo.
-Creo que sabes que vine contigo para hablar un momento mientras Maki y Dia están arriba ¿Verdad?- y sin tardar mucho, Umi fue la primera en hablar.
-Si, pensé de inmediato que sería así- Nico respondió con una tímida sonrisa. -Lo sabes todo, estuviste ahí cuando Maki y sus padres discutieron por nuestra relación- completó Nico.
Umi simplemente suspiró y asintio, tarde o temprano tenía que hablar con Nico sobre todo porque sabía todo lo que Nico había provocado en Maki desde que la conoció.
-Digamos que estás acertada más allá de lo que imaginas. Conocí a una linda y triste pelirroja cuando entramos a la universidad... Yo fui quien la ayudo a dejar de llorar por esa persona que rompió su corazón el día de su graduación- Umi comenzaba a explicar, logrando que Nico bajara la mirada. -Claro que también sé lo que causó en ella que esa persona apareciera de la nada en su vida después de 8 largos años, y el mar de emociones que es Maki desde entonces. Tu eres esa persona Nico, la que puso a mi sensata y recatada Maki de cabeza, al grado de recibir una bala que puso en peligro su vida, por ti- la abogada hablaba con seriedad, pero también con serenidad.
Por su parte, Nico estaba nerviosa de que Umi planteara las cosas de aquella forma, no sabía si estaba siendo regañada, reprochada o algo similar.
-A lo que voy Nico, es que, pese al daño que le hiciste, eres la persona que Maki ama, no sé si seas a quien más ama o amó, porque fui testigo de todo lo que ocurrió con su ex esposa, estuve con Maki las dos veces que rompieron su corazón- Umi siguió hablando. -No quiero ver a mi mejor amiga y casi hermana, destrozada por amor otra vez. Ahora incluso está Dia; el corazón de Maki y Día es algo que yo aprecio con todas mis fuerzas- y con eso último, le dedicó una mirada a Nici que le dejo ver la verdadera intensión de sus palabras.
Nico podía ver a una mujer preocupada e intrigada por su menor amiga, alguien que era sumamente importante en su vida.
Por supuesto, no podía esperar menos de alguien a quien Maki se negó a abandonar en un caso tan complicado, era claro que el sentimiento entre Umi y Maki era mutuo.
Por ello, Nico se plantó firme a Umi, y con una sonrisa decidida, habló.
-No sé a qué grado confíes en alguien como yo; solo quiero que sepas que, así como Maki estuvo tan dispuesta a darlo todo y protegernos, yo también lo estoy. Ahora Maki y Dia son como mi familia y daré todo de mi por ellas las veces que sea necesario- aseguraba con aquella clásica energía entusiasta.
Umi no estaba segura de que tan confiable podía ser Nico, pero creía firmemente en qué alguien que estuvo dispuesto a dar la vida por Dia, era alguien que tenía un corazón ardiendo de pasión.
Finalmente, Umi sonrió de vuelta a la mayor.
-Cuento con ello- afirmó dándole un par de palmadas en el hombro a Nico.
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Umi se había marchado a casa y Dia por fin dormía en su habitación, dejando a Maki y Nico solas en aquel dormitorio.
La mayor llevaba una taza de té caliente a su amada, quien la recibía gustosa.
-Té de frambuesas con un toque de miel, sabes lo que haces- Maki agradecía por el té, dándole un pequeño sorbo.
-Claro que si, es tu favorito y solo yo sé endulzarlo en el punto exacto- La pelinegra sonreía complacida de su bien aprendida costumbre.
-Tu me enfulzas- atacó Maki repentinamente, haciendo que Nico se sintiera ligeramente avergonzada.
-Andas romántica, me gusta la pequeña Maki romántica y cursi- Nico se acercaba a la cama, hasta llegar al lado de la abogada y depositar un beso sobre su mejilla.
-¿Cursi? No mucho, pero estoy dispuesta a ser cursi contigo si me lo pides- y nuevamente hacía un osado comentario, para después beber otro sorbo de su té.
Nico simplemente rio ante aquella Maki tan tranquila y cariñosa, realmente había extrañado ese lado de la pelirroja. Sin poder controlar aquel impulso, se pegó nuevamente a la mejilla de la abogada y dió repetidos besos sin apartar sus labios de la rosada mejilla de Maki, quien simplemente sonrió y recibió gustosa el meloso ataque.
Cuando Nico dejó de dar aquellos besos, se separó y volteo su rostro hacia lado contrario, señalando su propia mejilla.
-Ahora tú- pidió, causando una risa más en la menor.
-Por supuesto, preciosa- y devolvió la acción, con el pequeño cambio de que al final, hizo girar a Nico para besar sus labios con sumo amor y cariño.
Cuando se separaron, se miraron mutuamente y volvieron a sonreírse.
-¿Sabes? Para mí era algo sumamente lejano el poder ser correspondida. Ahora que estamos aquí, tu y yo besándonos después de tanto tiempo, me hace sentir todo tan irreal... Cómo si estuviera en un hermoso sueño en el que no deseo despertar jamás- Nico decía aquello, dándole una pequeña caricia a Maki en la mejilla.
-Entiendo a qué te refieres, se siente tan intangible pero, aquí estás, eres real, lo nuestro es real... Me llena de dicha- contesto la pelirroja, optando por acurrucarse en los brazos de Nico, quien la recibió rápidamente.
-Creo que simplemente estábamos destinadas... Tu a mi y yo a ti...- y aquel comentario hizo su mente feliz a Nico, y Maki, aunque tambien se sintió feliz por aquel comentario, generó en ella algo incierto. No podía definir que era, pero, lo sentía en su pecho.
-Creo que tienes razón... Me hace feliz que estés en mi vida, Nico chan- y con eso último, Maki se decidió a dormir entre el abrazo de Nico, quien capillo el largo cabello de la abogada con sus dedos, y antes de permitirse dormir también, depósito un tierno beso en la cabeza de su amada.
Más tarde, en un momento abrupto, Maki despertó en medio de la noche, sintiendo el calor de Nico a su lado, envolviendola.
Sin embargo, lo que soñó la dejo con aquella sensación incierta en su pecho cada vez más marcada.
Maki sentía que había algo que debía hacer, como si necesitara hacer algo con urgencia.
Y a un par de kilómetros de la casa Nishikino, dentro de la habitación de un hospital, Eli también lo sentía.
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