Capítulo 4x08: "Bourbon Street."
Pensión Salvatore
Tras haber compartido un desayuno, Stefan y Elizabeth partieron a la casa Salvatore para compartir con Damon la sospecha con respecto al vínculo. Elizabeth caminó lentamente detrás de Stefan quien estuvo a punto de abrir la puerta de la casa, pero ésta se abrió desde el otro lado, dejando ver a Damon y Elena de pie en el otro lado.
Elena tenía el cabello recogido en un moño y su bolso encima del hombro. "Hola." saludó torpemente al verlos. "¿Nos vemos en historia?" preguntó al caminar junto al joven Salvatore.
"Sí." Stefan finalmente habló, ganándose sólo una inclinación de cabeza de ella que luego caminó rápidamente hacia su auto.
Stefan dió un paso dentro seguido más atrás de Elizabeth, que soltó un resoplido tan ruidoso que ambos hermanos Salvatore voltearon en su dirección. "Vaya, creo que la ausencia de nosotros dos fue aprovechada satisfactoriamente..." dijo con su atención en Stefan, antes de darle una mirada fría a Damon, que por alguna razón no pudo sostenersela.
"Tenemos que hablar." dijo Stefan llamando la atención de su hermano.
Elizabeth se sentó con las piernas encima del sofá de la sala mientras escuchaba a Stefan explicarle a Damon sobre sus sospechas del vínculo. Por supuesto, la reacción de Damon no la sorprendió. Su ceño se había fruncido casi de manera grosera y su postura corporal se había vuelto tensa, defensiva.
"¿Vinculada?" preguntó Damon molesto. "¿En serio, Stefan? Ese es el disparate más patético que he escuchado salir de tu boca y créeme que has dicho muchas porquerías en tus días."
"Fue tu sangre la que la convirtió, ¿cierto?" le recordó Stefan, ladeando la cabeza ligeramente. "Quiero decir, ha estado actuando diferente desde el primer día, por ti... No puedes negar eso."
"Claro que puedo." replicó Damon cruzándose de brazos. "Finalmente logré que Elena esté en un buen lugar con respecto a ser un vampiro. Y ustedes no pueden aceptar que ella sea feliz gracias a mí." espetó refiriéndose a Elizabeth, a Caroline y por supuesto a Stefan.
"Sí." intervino Elizabeth con aburrimiento ganandoae la mirada desentendida de Damon. "Es feliz gracias a ti, porque está vinculada a ti." se encogió de hombros cuando Damon la fulminó con la mirada... Estaba realmente enojado y eso le dió a ella la impresión de que había algo oculto tras aquel enojo e indignación.
"Prueba que nos equivocamos." dijo Stefan mirando desafiante a su hermano. "Dile que está bien que beba de una bolsa de sangre."
"No puede." Damon gruñó molesto. "Su extraña sangre de doppelganger rechaza la sangre de la bolsa."
"¡Eso no existe, Damon!" Elizabeth sacudió la cabeza riéndose, aunque no fuese realmente gracioso. "Más bien suena tonto."
"No puede beber de una bolsa porque tú le dijiste que no podía." insistió Stefan. "Dijiste que tenía que beber sangre humana y caliente directamente de la vena." cuando su hermano entornó los ojos y apretó sus brazos contra su pecho con más fuerza, continuó. "Casi murió para hacerte feliz." hizo una pausa, esperando que asimilara algo de todo aquello, pero como evidentemente no estaba ocurriendo presionó aún más. "Mira, sólo pídele que beba de una bolsa de sangre... Asegúrate de decirle lo feliz que estarás si funciona y si estamos equivocados, seré el primero en disculparme."
Damon miró fijamente a Stefan por un par de segundos y luego cruzó una mirada con Elizabeth. "Cuando su cuerpo rechace la sangre, y lo hará... más vale que tu disculpa sea épica." espetó de mala gana a centímetros del rostro de su hermano y tras fulminar a la híbrida divertida con la mirada, se encaminó hacia la salida.
Sacudiendo la cabeza con diversión, Elizabeth esperó a que Stefan la mirara. "Descuida, prepárate para ser tú el que reciba la disculpa de su parte."
Después que Damon se fuera de la casa hecho una furia, Elizabeth salió a caminar por los bosques, sintiéndose extrañamente atraída por la naturaleza como nunca antes lo había estado. Pero tras veinte minutos de caminar en silencio, su tranquilidad se vió interrumpida por los pasos de Stefan acercándose a ella.
"Elizabeth, es Caroline." fue lo primero que dijo el vampiro deteniéndose a su lado. "Dice que habló con Tyler y que los híbridos obedecen a Klaus porque están agradecidos por no tener que atravesar el dolor de la transformación cada luna llena... Y tenías razón, no existe el equivalente en vampiros."
Antes que Elizabeth pudiera decir algo el sonido de un motor ralentizando llegó a sus oídos y obviamente a los de Stefan. "Damon ha vuelto."
"Volvamos." Stefan se adelantó con Elizabeth siguiéndolo a paso más lento de vuelta a la casa. En silencio entraron y siguieron el sonido que provenía de la librería.
Encontraron a Damon rebuscando entre los estantes y revolviendo papeles que estaban esparramados sobre una mesita. Parecían ser bastante antiguos.
"¿Qué estás haciendo?" preguntó Stefan, acercándose con las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta, mientras Elizabeth lo seguía de cerca con los brazos cruzados.
Damon se detuvo un segundo en sus actividades y se volvió para verlos. Su mirada se clavó en los ojos de Elizabeth por un instante. "Elena está vinculada a mí." soltó una vez se hubo vuelto hacia los estantes, dándoles la espalda. "Tú tenías razón, yo estaba equivocado." agregó con amargura en la voz. "¿Feliz?"
Stefan bajó la cabeza y negó penosamente. "No, no estoy feliz... ¿Que vamos hacer al respecto?"
"Bueno, estoy trabajando en eso." Damon respondió mientras seguía revisando los papeles hasta que encontró una pequeña fotografía que le tendió a Stefan. "Mira... ¿Te acuerdas de eso?"
"New Orleans." vociferó Stefan y miró a Damon confundido.
"1942, para ser exactos." agregó Damon quien continuó rebuscando en el mismo libro de donde había obtenido la foto.
"¿Qué había en New Orleans en 1942?" Stefan inquirió perdido de adónde se dirigía con eso.
"Además de bourbon y mujeres..." musitó Damon, volviéndose finalmente para encarar a su hermano. "Nosotros, Stefan."
Stefan pareció sopesarlo un momento y luego comenzó a asentir lentamente, como si el recuerdo regresara poco a poco. "Oh, sí..." asintió y se llevó una mano a la barbilla, pensativo. "¿Cuál era el nombre de esa chica con la que solías juntarte?"
"Esa no era ninguna chica ordinaria." anunció Damon. "Esa era Charlotte." una sonrisa picarona se posó en sus labios y rápidamente esa tal Charlotte no le agradó a la híbrida que había estado escuchando todo en silencio.
"¿Qué era tan especial de ésta Charlotte?" Elizabeth intervino, su voz denotando el fastidio que le producía todo aquello.
"Estuvo loca por mí desde el momento en que me conoció." soltó Damon dedicándole una mirada de autosuficiencia que obligó a la híbrida a fulminarlo con la mirada. "Así que, por supuesto, cuando me pidió que la convirtiera... lo hice-"
"Clásica estupidez de Damon." Elizabeth lo interrumpió con alevosía, satisfecha cuando él la fulminó con la mirada ésa vez.
"Déjame terminar, intento llegar a algo." Damon espetó de mala gana y Stefan lo miró, repentinamente interesado en lo que decía. "Una noche le dije que si alguien tocaba mi trago, lo matara."
"¿Y?" Elizabeth volvió a intervenir fastidiada cuando hizo una pausa dramática.
"Un pobre bastardo accidentalmente tropezó mi trago y lo derramó y ella le partió el cuello en un bar repleto de humanos." Damon finalizó dejándoles claro lo que intentaba decir.
"Ella estaba vinculada a ti." Elizabeth rodó los ojos ya sabiendo eso.
"Puedo asumir entonces que tomaste completa ventaja de eso hasta que te aburriste de ella, ¿verdad hermano?" espetó Stefan, sus ojos brillando con rabia.
"Más bien cuando se puso toda «Atracción Fatal» conmigo, tuve que hacer un rompimiento limpio." Damon espetó dedicándole una mirada despectiva a su hermano.
"¿Y cómo hiciste eso?" la voz de Stefan descendió un par de octavas, como si temiera tener esperanzas.
"Aquí." dijo Damon, sacando un papel del interior del libro tendiéndoselo a Stefan.
Elizabeth se adelantó y se lo arrebató de las manos. El papel decía 'VALERIE LAMARCHE, 920 CALLE DAUPHINE.'
"¿Quién es Valerie Lamarche?" preguntó ella como Damon la fulminó con la mirada cuando le tendió el pedazo de papel a Stefan.
"La bruja que me ayudó a romper el pequeño vínculo con Charlotte." Damon aseguró al mismo tiempo que Stefan se levantaba lentamente de su asiento mirándolo con ojos entrecerrados. "Empaca tus maletas, hermanito... También tu híbrida." sonrió radiante tras arrebatarle el papel de las manos a Stefan y guardarlo en el bolsillo trasero de su pantalón. "Volveremos a la calle Bourbon." con eso dicho, abandonó la estancia agraciadamente dejando a un Stefan confundido y a una Elizabeth aburrida.
Un único intercambio de miradas con Stefan fue suficiente para ponerse en movimiento. Unos minutos fueron suficientes para empacar un par de cosas y pronto estuvieron uniéndose a Damon en el Camaro, Elizabeth en el asiento trasero y Stefan en el del copiloto.
"¿Listos?" inquirió Damon, con sus gafas oscuras cubriendo sus ojos, pero resaltando su radiante sonrisa.
Elizabeth entorno sus ojos y sin previo aviso se inclinó hacia adelante arrebatandole los lentes a Damon, colocándolos en su rostro, sonriéndo grandemente cuando él le lanzó una mirada irritada. Y Stefan volteaba fuera de su vista aguantando la risa. "New Orleans... aquí vamos." suspiró fastidiada cuando Damon volvió a su posición y encendiendo el motor arrancó y se pusieron en movimiento.
Nueva Orleans
Cuando llegaron a New Orleans, Elizabeth miró todo con sincero aburrimiento. En todos lados había una fiesta. Parecía una ciudad de gran diversión... y peligro. Podía sentirse la magia fluir entre sus angostas calles repletas de turistas que eran atraídos como insectos a la luz por los misterios y enigmas de la ciudad. Algo en ese lugar le atraía ligeramente, pero rápidamente ignoró ése pensamiento. Era una locura porque ella nunca había viajado a ese sitio. Menos al ser prácticamente la guarida de los Mikaelson.
"La ciudad es la misma." aludió Stefan mientras caminában detrás de un desfile en donde las personas bailaban, bebían y cantaban alegremente. "Sólo que más brillante."
"Es la primera vez que estoy aquí." murmuró Elizabeth mirando sin emoción a su alrededor. "Se siente extraño estar en el lugar donde siempre me esperó la muerte."
Stefan y Damon que caminaban cada uno a su lado la miraron enseguida.
"¿Por qué dices eso?" preguntó Damon con genuina curiosidad.
"Bueno... ésta siempre ha sido la guarida de Klaus Mikaelson y su familia." Elizabeth sé encogió de hombros. "Siempre quise conocer éste lugar, pero Marcos-" se interrumpió rápidamente tensandose al recordar que él ya no estaba presente y nunca lo estaría. Sacudiendo la cabeza se rio secamente. "Lo que sea ya no importa... Con el tiempo perdí el interés de conocerla, como ahora."
Ambos hermanos Salvatore cruzaron miradas incómodas, hasta que Damon fue el primero en romper el silencio. "¿Qué hay de ti, Stef?" preguntó ahora, dirigiéndose a su hermano. "¿Habías estado en la ciudad desde el 42?"
El semblante de Stefan cambió enseguida. "No." su semblante era serio, duro. "No desde que me embarqué para unirme a la guerra y tú no lo hiciste."
Elizabeth miró a Damon, que esbozó una sonrisa incrédula. No conocía la historia pero por la manera en la que Stefan había dicho aquello, sabía que era algo que le había dolido por parte de Damon.
"Alguien tenía que entretener a las señoritas que habían sido abandonadas por los héroes de guerra." Damon rio socarronamente antes de sacar su teléfono del bolsillo interno de su chaqueta. Lo reviso, escribió algo y lo volvió a guardar en el mismo lugar. "Hey, buenas noticias... Elena está en la casa con Bonnie y Caroline donde no puede meterse en problemas." el rostro de Stefan permaneció inmutable. "Malas noticias, creo que encontraron la reserva de alcohol... Le dije que se hiciera sentir como en casa."
"¿Ustedes dos textean ahora?" preguntó Elizabeth a sabiendas de que aquella novedad también formaba parte de la tensión que incrementaba notablemente en Stefan.
Damon se encogió de hombros y repentinamente, Stefan detuvo su andar y se volvió para encararlo. "Sólo lo dices y ella lo hace, ¿no es cierto?"
Damon lo miró incrédulo por un segundo, luego bufó entornando los ojos. "El vínculo no es tan literal, Stefan." con eso siguió caminando, tropezando intencionalmente a su hermano al pasar.
"¿De verdad?" insistió Stefan, pero Damon siguió caminando con paso seguro. "Nombra algo que le hayas pedido y no hayas obtenido."
Damon detuvo su andar en seco y se volvió hacia Stefan, sus ojos más abiertos de lo normal y escurrían rabia. "¿Sabes lo que no he tenido? Culpa." entonces se encogió de hombros y dio un par de pasos hasta su hermano menor. "Lo entiendo, Stefan. Entiendo que te moleste que Elena te haya dejado porque tiene sentimientos por mí. Apuesto a que lo atribuyes al vínculo también."
"Sí, ¿sabes qué?" soltó Stefan encogiéndose de hombros. "Por supuesto que lo hago."
"¿Por qué?" Damon se exasperó y su voz se alzó un par de octavas. "¿Por qué es imposible pensar que pueda tener sentimientos por mí?"
"¡No!" exclamó Stefan en lo que casi fue un grito. "Porque es imposible que ella esté tan ciega que no pueda ver lo malo que eres para ella."
El rostro de Damon se endureció, cuando se encontraron cara a cara. Sus cuerpos estaban tensos y las manos del vampiro estaban cerradas, formando apretados puños... Pero simplemente se limitó a dedicar una mirada dolida de arriba abajo a Stefan, se volvió y siguió caminando.
"Hey, Damon, espera." soltó entonces Stefan, aflojando el semblante para retomar la caminata junto a Damon. Elizabeth se limitó a seguirlos desde una distancia considerada. "Lo siento, ¿bien?" se disculpó, negando con la cabeza. "Por mucho que odie ésto del vínculo, no debería desquitarme contigo... Realmente no es tu culpa."
Damon hizo un mohín mientras meditaba las palabras de su hermano. "Bueno, no te pongas todo romántico conmigo todavía." soltó deteniéndose frente a una pared de ladrillos. "Aquí es donde vivía la bruja."
"¿Y esperabas que estaría en el mismo lugar después de todos éstos años?" Elizabeth resoplo ante su estupidez.
"No, pero ya que no puedo recordar dónde estaba la tienda... pensé que quizás venir acá nos daría una pista." Damon se excusó fulminandola con la mirada.
"Quizás alguien más nos pueda dar una pista." observó Stefan, perspicazmente. "¿Crees que Charlotte pueda estar todavía en New Orleans?"
Damon miró a Stefan primero como si lo que decía fuese una locura y luego pareció debatirlo por unos segundos. "Si, quizás."
"¿Dónde la viste por última vez?" preguntó Stefan.
"En la esquina de Bourbon y Dumaine." Damon recordó y frunció el ceño. "Cuando le dije que contara cada ladrillo de cada edificio en New Orleans y que la vería cuando terminara en la esquina... Para el amanecer ya me había ido de la ciudad."
"¿Realmente eres un imbécil, no?" Elizabeth le espetó secamente antes de darle la espalda y retomar la marcha.
"¡¿A dónde vas?!" gritó Damon cuando hubo una distancia considerable entre ambos, para hacerse oír por encima del ruido del desfile.
"A la esquina de Bourbon y Dumaine." Elizabeth se volvió sin dejar de andar, alzando los brazos en el aire, restándole importancia. "A averiguar qué tan literal es el vínculo."
Damon entornó los ojos y miró a Stefan que bufó y fue el primero en seguir a la híbrida. Él pareció sopesarlo un par de segundos, pero eventualmente retomó la marcha y pronto estuvieron los tres de nuevo en movimiento.
Hicieron una parada en un pequeño bar para usar el baño y en caso de los hombres tomarse un trago antes de continuar. Cuando volvieron a la calle, la cual estaba menos colmada de personas que durante la tarde, Elizabeth se adelantó unos pasos probando la Expresión en el proceso, mientras sentía las miradas de Stefan y Damon clavadas en su espalda. Y justo cuando probó un hechizo de fuego sintió como Damon se aproximaba.
"Deja de hacer magia." exclamó, alcanzándola para caminar a su lado. "Alguien podría verte."
"¿Y qué si lo hacen?" Elizabeth se encogió de hombros, sin parar de hacer magia con sus manos. "Ésta es una ciudad repleta de gente sobrenatural, no hace ninguna diferencia para mí."
"Tal vez no para ti, pero si para ellos." replicó Damon ganándose una mirada seca de ella. "Como en todos lados del mundo estamos escondidos de la atención de los humanos... Y oye, hay humanos aquí también."
Elizabeth lo fulminó con la mirada pero terminó de hacer magia, cruzando los brazos en su pecho con reticencia.
Ambos se quedaron en silencio, pero Damon fue quien tomó la iniciativa de comenzar una conversación con la Elizabeth sin humanidad. "Sabes, no he tenido tiempo de preguntarte pero, ¿cómo vas con tu existencia sin humanidad?"
Elizabeth lo miró secamente. "Estoy perfectamente." dijo encogiéndose de hombros.
"Ambos sabemos que no es así." susurró Damon en voz baja.
"¿Y eso que significa?" Elizabeth preguntó.
"Significa que ésa perfección en la que estás es fingida." Damon replicó. "Es sólo un espejismo que te permite escapar de la realidad y el dolor que no quieres aceptar."
Elizabeth sacudió la cabeza, frunciendo el ceño. "Enserio, no voy a hacer ésto." entorno los ojos, ligeramente fastidiada. "Y en caso de que así fuera, eso no te compete a ti ni a nadie más." lo miró fijamente a los ojos que resplandecieron bajo la luz de las lámparas de la calle. "Están tan preocupados en Elena que, ¿porque pierden el tiempo en fijarse en lo que sienta o no sienta?" sonrió socarrónamente luego. "No finjan preocuparse por mí, cuando no es verdad." con eso volvió su rostro para seguir caminando, dada por terminada la conversación.
Por primera vez Damon no tuvo nada que decirle... Las palabras de la híbrida lo habían dejado ligeramente desconcertado. ¿De verdad creía que no le importaba a nadie?
"Estamos aquí." intervino Stefan, sacándo a su hermano del hilo de sus pensamientos cuando alcanzaron una esquina, con el letrero que decía «Bourbon y Dumaine»
"No hay forma de que siga en el mismo lugar después de tantos años." se mofó Damon, dándose por victorioso.
"¿Entonces qué le vamos a decir a Elena?" inquirió Stefan tras dar un vistazo a su alrededor... a la calle que estaba completamente desierta a esa altura.
"Esperaba que no tuviéramos que decirle nada." Damon se encogió de hombros.
"Bueno." Stefan bufó para ocultar una sonrisa incrédula. "No podemos mentirle."
"No es una mentira." dijo Damon, intentando restarle importancia. "Es una omisión por el bien común."
Stefan miró a su hermano directamente a los ojos y esbozó una sonrisa amplia pero amarga. "Oh, ya veo." entonces se acercó y apuntó un dedo índice juzgón contra su pecho. "Así es como se dice «no hagamos lo correcto para todos, hagamos lo que me conviene a mí» en lenguaje de Damon." para finalizar esbozó una sonrisa burlona, mientras guardaba sus manos en los bolsillos de su chaqueta.
"¿Y qué hay de ti, el gran desinteresado?" espetó Damon teniendo suficiente de sus acusaciones. "¿Estás haciendo lo que es mejor para Elena o lo que es mejor para ti? Porque me parece que la única razón por la que quieres romper el vínculo es para restaurarla a su configuración original de fábrica de Equipo Stefan." con eso se acercó amenazadoramente a su hermano y lo miró por un par de segundos, directamente a los ojos.
"Dejen de comportarse como unos niños." Elizabeth intervino aburrida. Cuando ninguno la miró, suspiró irritada perdiendo la paciencia. "Bien, ustedes se lo buscaron." sin mayor esfuerzo levantó una de sus manos que picaban por hacer magia nuevamente. Sin embargo antes que lanzara un hechizo alguien la empujó con tanta fuerza que salió despedida por los aires. Tuvo suficiente tiempo para agazaparse en el aire y caer sobre sus pies. Para cuando alzó la cabeza, su rostro estaba transformado, lista para enfrentar a su atacante. Ahí fue cuando descubrió que Damon también había sido atacado y ahora se debatía con una silueta oscura en el suelo.
Antes de que pudiera reaccionar, Stefan se abalanzó sobre el atacante y tomándolo desprevenido lo lanzó por los aires hacia el otro extremo de la calle. Ayudó a Damon a incorporarse mientras Elizabeth a velocidad vampírica se posaba junto a ellos armando una formación de defensa.
"Me besó." soltó Damon confundido, con la mirada fija en el atacante, que se levantaba y salía en aquel momento de las sombras.
Era una mujer. De estatura media baja, cabellos castaños despeinados y alborotados y ojos del marrón más claro que estaban abiertos en una expresión que asemejaba a la demencia. Tenía una amplia sonrisa en el rostro y a medida que avanzaba hacia ellos sus ojos se iban anegando en lágrimas.
"Damon." el nombre abandonó sus labios como si se tratara de una bendición. "Siempre supe que volverías a mí... Debo haber contado literalmente cada ladrillo en cada edificio de New Orleans."
"¿Literalmente cada ladrillo?" inquirió Stefan horrorizado.
La chica avanzó con paso decidido hacia Damon envolviendo su cuello con sus brazos.
Damon se sintió impresionantemente incómodo, sin saber realmente cómo reaccionar. "Charlotte, yo..." fue lo que logró musitar antes de con delicadeza apartar a la chica de él y mirarla a la cara. "Por favor dime que has tenido una vida plena y que has hecho más que contar ladrillos."
"Por supuesto." ella entornó los ojos y esbozó una sonrisa incrédula. "No estoy loca."
"Bueno..." Elizabeth musitó para si misma, lo que provocó que Charlotte volteara agresivamente hacia ella fulminandola con la mirada, reparando maniáticamente en la cercanía entre su cuerpo y el de Damon.
"¿Entonces porque sigues aquí?" interrumpió Stefan, deseando con todas sus fuerzas que hubiera una respuesta coherente a aquella pregunta.
"¿Sabes cuándo alguien rompe contigo y hay una canción que te recuerda a ellos?" inquirió Charlotte mirando a Stefan, pero no espero a que respondiera. "Al principio odias la canción." entonces miró a Damon con adoración y posó su mano delicadamente sobre su hombro, acariciándolo. Damon se removió incomodo, pero no la apartó. "Pero luego trae de vuelta todos los buenos recuerdos." hizo una pausa y admiró los ojos azules de Damon, que nunca habían lucido tan descolocados. "Contar los ladrillos es mi canción... Y la he estado escuchando por décadas."
"Bueno, ¡gracias a Dios que no estás loca!" exclamó Elizabeth sarcásticamente mientras reprimía una carcajada a su pesar. La situación no era graciosa ni tan siquiera divertida, pero estaba gozando de alguna forma.
Charlotte se volvió para ver a la chica más joven con cara de pocos amigos, mientras Damon la fulminaba también con la mirada.
"Ése es mucho tiempo estancada escuchando la misma canción." soltó Stefan, anonadado ante la información.
"Sí, heh." Damon forzó una sonrisa, mientras volvía a apartar a Charlotte de él. Sujetando sus manos entre las de él y dándole unas palmaditas que aunque para Charlotte parecían significar el mundo, no eran más que lástima. "Bueno, en el lado positivo conoces New Orleans mejor que nadie en el mundo, lo que es realmente bueno porque necesitamos tu ayuda para encontrar a alguien."
"¿A quién?" preguntó la chica, entusiasmada porque él necesitara de ella.
"¿Recuerdas a una bruja llamada Valerie LaMarche?" Damon preguntó esperanzado. "Solía tener una tienda en la calle Dauphine."
"Sí, claro." sonrió Charlotte, llena de dicha. "Yo puedo llevarte allá." asintió emocionada, tomando su mano con entusiasmo.
"Eso sería genial." soltó Damon y a regañadientes comenzó a seguir a Charlotte, sin soltarla de la mano.
Stefan y Elizabeth los siguieron de cerca viendo como Charlotte no parecía poner atención en nadie más que no fuese Damon.
"Ésto es tan extraño." Stefan le susurró a Elizabeth con preocupación. "Sólo espero que podamos arreglar esto." suspiró y en silencio siguieron caminando.
Tras unos quince minutos de andar entre callejones, Charlotte se detuvo frente a una tienda cuya única señalización era un pequeño letrero de madera, tallado a mano que decía «La Tienda de Nandi» le indicó a Damon que esa era el lugar mientras acariciaba su brazo.
Elizabeth rodando los ojos se adelantó deteniéndose bajo el umbral de la puerta. "Oye, titiritero." se volvió para mirar a Damon que la fulminó con la mirada por el apodo. "Quizás quieras decirle a tu muñeca que espere afuera." con una sonrisa burlona, apartó la cortina de borlas que era la puerta y penetró en la tienda.
Inmediatamente los olores de docenas de esencias llegaron a ella. Era una tienda más bien pequeña, dividida por un mostrador detrás del cual yacía una cortina que daba a la parte trasera del establecimiento. Estaba repleto de esencias que ardían aquí y allá, de rocas y cristales mágicos que resplandecían en contraste con la tenue luz que llenaba la estancia; también había plantas y hierbas, algunas que conocía y otras que jamás había visto en su vida. Huesos, humanos y animales; garras de diversos especímenes y bolas de cristal de distintos tamaños. Era fascinante. Se encontró tan inmersa en los colores y las tonalidades de una hermosa piedra, que cuando escuchó una voz profunda, se sobresaltó.
"¿Puedo ayudarte?"
Elizabeth sé volvió para descubrir a una mujer de mediana edad, tez morena y ojos profundamente negros, ataviada en una especie de chal, que se encontraba detrás del mostrador con una sonrisa apacible.
"En realidad sí... estamos..."
En ése instante Damon y Stefan entraron a la estancia con paso seguro y apresurado.
"Estamos buscando a una bruja." soltó Damon interrumpiéndo a la híbrida que se volvió para mirarlo a manera de reproche. Stefan hizo lo mismo. "Lo lamento, no hay tiempo para cortesías." se disculpó y clavó los ojos en la mujer.
"Lo lamento, no comprendo." ella negó con la cabeza, mientras daba un paso adelante, aún detrás del mostrador.
"Mira... ¿Nandi, no?" recordó Damon el nombre en la entrada. "Saltémonos la parte en la que pretendes que no sabes de lo que estoy hablando... Necesitamos un hechizo que pueda romper el vínculo de un vampiro." la mujer se tensó, aunque intentó que pasara desapercibido. "Aquí había una bruja llamada Val, ¿te suena?"
La mujer lo miró fijamente un par de segundos y luego le dió un asentimiento seco. "Ella era mi bisabuela."
"Ella tenía un grimorio, y tenía un hechizo." explicó Damon.
"¿Qué tipo de hechizo?" Nandi preguntó.
"Bueno... un hechizo que requería el sacrificio de doce almas humanas." Damon soltó a regañadientes, a sabiendas de que las reacciones en la habitación no serían positivas.
"¡¿Qué?!" Stefan lo tomó del brazo obligandolo a volverse hacia él. "¿Un sacrificio? ¿Me trajiste aquí sabiendo que el hechizo requería un sacrificio humano?"
Damon se sacudió de su agarre y se apartó de él. "Bueno, esperaba que la receta hubiera cambiado." entonces volvió a centrar su atención en la mujer quien se encogió de hombros casi inmediatamente.
"Mira, no hay magia como esa aquí." explicó con voz calma. "Vendo hierbas y remedios homeopáticos y lo aderezo con un poco de brujería falsa para los turistas. Pero no practico." sentenció y su semblante repentinamente se tornó duro y tenso, como dando por finalizada la conversación.
"Está bien, escucha, sólo dinos donde podemos encontrar a alguien como tu bisabuela que pueda romper el vínculo y no nos estafe como la vieja Val lo hizo." Damon había regulado su tonalidad para que pareciera una amable petición. Pero en realidad era una exigencia.
"No hay nadie." la mujer lo cortó en seco. "Todas sus cosas desaparecieron; los grimorios, los diarios. Lo perdimos todo durante Katrina." por último se encogió de hombros. "Si un hechizo como ése alguna vez existió, se ha ido para siempre."
Damon la miró fijamente y negó con la cabeza, mientras una sonrisa socarrona se abría paso en su rostro.
"¿Sacrificio humano?" musitó Stefan, lo suficientemente bajo para que la mujer no escuchara y Damon se volvió hacia él, enojado. "¿De verdad creíste que apoyaría eso?"
"Las circunstancias extremas requieren medidas extremas." respondió Damon entre dientes.
"¿Mataste a esas doce personas en 1942?" Elizabeth que había estado en silencio todo el tiempo hizo la pregunta que Stefan no se atrevió a hacer.
"Por supuesto que lo hice." respondió Damon como si esperar algo mejor de él fuese una estupidez. "Y lo haría de nuevo en un abrir y cerrar de ojos si eso significaría un borrón y cuenta nueva con Elena." ésa parte de la oración había sido dirigida a Stefan y había sido como una cachetada. "Ahora..." dijo ahora volviendo a alzar la voz y girándose para encarar a la mujer una vez más. "Tú estás mintiendo. Y yo te estoy desenmascarando." la mujer lo miró y alzó la barbilla, orgullosa. "No eres la bisnieta de Val, eres su hija. Te recuerdo. Tienes como ochenta años y no pareces tener más de cincuenta. Eres una bruja practicante."
El rostro de la mujer se tornó desvaído por un segundo, antes de alzar su mano en dirección a ellos. "Fuera de mi tienda."
"Dame lo que quiero." demandó Damon dándo un par de pasos amenazantes en dirección a la morena, mientras sus colmillos aparecían.
Antes de que nadie hiciera nada, Nandi lo hizo. Damon cayó de rodillas al suelo, sujetando su cabeza y gritando de dolor, con un aneurisma provocado por la bruja.
"Te di la oportunidad de irte con vida." amenazó la mujer y con un giro de su muñeca, los ojos y las orejas de Damon comenzaron a sangrar... y sus gritos se tornaron insoportables.
"Suficiente." Elizabeth levantó la mano rompiendo el hechizo de la bruja que rápidamente abrió los ojos al ver a un vampiro hacer magia. "La única que puede darle aneurismas a Damon soy yo, nadie más."
"¿Cómo es que-?" la bruja titubeó levantando la mano hacia la híbrida. "Pero eres un vampiro-"
"Esa es una historia que no te concierne." fue lo único que respondió Elizabeth, al mismo tiempo que Stefan dió un paso adelante.
"Oye." pidió en dirección a la bruja, alzando sus manos en manera de redención. "No queremos problemas, lo prometo. Sólo... sólo necesitamos tu ayuda. Eso es todo."
Pasaron unos segundos en donde la mirada de la mujer pasó nerviosamente desde el vampiro de ojos verdes a la híbrida y al bulto que era Damon en el suelo. "Les dije que no hay nadie que pueda ayudarlos... El tipo de magia que mi madre practicaba, es antinatural. Las brujas ni siquiera lo llaman magia." respiró profundamente antes de continuar. "Lo llamamos: «Expresión»"
"Eso es como magia negra." dijo Elizabeth recordando las clases con Shane.
"Peor." la bruja dijo con gravedad. "Canalizar el poder de sacrificios humanos llama una oscuridad que no puede existir en éste planeta sin tragárselo por completo." entonces volvió su cabeza hacia Damon, que se había incorporado y se sacudía la chaqueta que traía puesta. "Te vendió una mentira sobre romper el vínculo porque quería acceso a ése poder y tú se lo diste cuando mataste a ésas doce personas."
"¿Estás diciendo que no hay hechizo?" inquirió Damon, desconcertado, con el rostro contraído por los restos de dolor.
"El vínculo no puede ser roto con magia." la mujer se lamentó. "Un vampiro sólo desarrolla un vínculo con su creador cuando tiene sentimientos por él antes de convertirse." los miró a los tres, como para asegurarse de que entendían lo que quería decir. "Sentimientos humanos... El vampirismo sólo aumenta esas emociones." la mujer hizo una pausa en dónde el mentón de Damon se volvió más prominente. "¿Quieres romper el vínculo?" ahora le hablaba directamente al vampiro. "Tienes que liberarla... Dile que viva su vida sin ti y que no vuelva a pensarte jamás. Que deje de preocuparse por ti y luego déjala. Esa es la única manera de acabar con el vínculo."
Una mirada al rostro contrariado de Damon y al semblante abatido de Stefan le bastó a Elizabeth para darse cuenta de que aquel viaje había sido una pérdida de tiempo. Y ahora que lo pensaba, que bueno que sus emociones estaban apagadas, porque de seguro estuviera igual de derrotada que Stefan o peor. Todo por sus estúpidos sentimientos por Damon Salvatore.
