"Existo. En miles de agonías. existo"

Agonía era la palabra que buscaba entre todos sus dolores, ese sabor amargo recorriendo como bilis cada rincón de su ser, carcomiendo la pisca de voluntad que le quedaba e irrevocablemente destruyendo como un voraz incendio aquella seguridad que había creado alrededor de ella. Había construido con tanto cuidado una pequeña burbuja para protegerla, y la burbuja había reventado. verla allí frente a toda la flota naval vestida con el uniforme de suboficial, Gilbert lo mataría. Y ella le miraba, le sonreía con los ojos prendidos de ese color que idolatraba, y no podía, era imposible, su mente había descarrilado sin frenos ante esta inaudita noticia, era injusto, como podía ser posible si quiera que ella habiendo ya perdido tanto siendo parte de la milicia junto a su hermano, se embarcaba en esta travesía.

Quería, deseaba encontrarle un sentido, pero por dentro todo era caos; su cuerpo sudaba frio, apretaba sus puños una y otra y otra vez debajo de la mesa, apretaba sus labios contra sus dientes insistentemente buscando alguna solución. El desenfreno de las formas tan drásticas de accionar de Violet habían ahora creado una sensación permanente de peligro en Dietfried, ese miedo que sentía de perderla ahora era fijo.

y tal vez era eso que llaman ser joven y enamorada, el capitán todavía no se enteraba ni de las razones de su decisión, que de momento para su realidad actual era algo descabellado e inconsecuente, ya una vez la habia odiado cuando estaba convertida en una muñeca de guerra, cuando habia perdido a sus tripulantes a manos de ella.

"Ni los elegidos por dios, sino maldecidos"

Abría y cerraba su puño absorto en sus propios pensamientos, sus manos temblaban, habia existido una vez este miedo, pero habia sabido lidiar con él, esconderlo y sufrirlo solo, hoy era distinto, hoy ese miedo tenía una sonrisa.

la puerta de su camarote se abrió, sabía que quien entraría le volvería vulnerable, antes de que pudiera cerrarse se abalanzo sobre sus faldas rodeándola por la cintura escondiendo sus avergonzados sentimientos bajo el revestimiento de madera contra sus rodillas, los dedos de violet se hundieron en su espalda mientras se apretaba a Dietfried con todas sus fuerzas. De súbito las manos del capitán se precipitaron recorriendo sus hombros, su cuello, hasta deslizarse por su mentón y esconderse detrás de sus orejas hacia la profundidad de su cabello, le quemaba el aliento de su boca, entonces de pronto simplemente la alejo, y se precipito hacia el baño, todo ese miedo desbocado y ese sabor amargo se iban ahora por el retrete.

Volvio la mirada hacia ella, el sudor corría por su frente entre los mechones desarreglados, Violet pudo ver en aquellos ojos opacados, debajo del arco de sus cejas aquella misma mirada, la polvora y el sonido de los cañones a los lejos volvian a resonar sobre sus oidos, y la condena del capitan en su pupila su pecado capital.

Violet arreglo su uniforme arrugado, se compuso y en un parpadeo simplemente hizo una venia en señal de respeto, en aquella hora, en aquel momento y en aquel barco ya no era la Violet que amo, era un tripulante mas a su cargo, su cuerpo se congelo ante la frialdad de la mirada de quien una vez lo arropo entre sus brazos en aquellas noches tormentosas en la villa bouganvillea. Dietfried se había convertido en ese mar que tanto admiraba, tormentoso, frio y gelido.

La pupila de sus ojos se habia opacado, y la arruga en su frente se habia pronunciado tanto que casi podia convertirse en el mismisimo Everest. Ese miedo enmascarado en una reaccion que para la Violet de esta historia era aun muy desconocida, ella todavia no sabia que existia algo que llamaban engaño, su corazon todavia era muy inocente en esta etapa de su vida.

Dietfried era vulnerable en aquel Barco con ella allí, los espías enemigos tenian ojos y oidos en todos lados, más aun si se trataba del capitan Bouganvillea que habia sobrevivido a una enorme emboscada, aquella que casi le habia impedido regresar a Violet, era tan sencillo de pronunciar, pero quien sabe porque los hombres siempre complican tanto las cosas que tienen que ver con sentimientos.

No vio cuando Violet salio de su oficina, golpeo a su costado con el puño maldiciéndose a sí mismo por la desicion que tomaba, alejarla cuando lo unico que deseaba era haber tomado su mano y sacarla corriendo del barco dejandola a salvo de nuevo en esa cajita de fosforo que habia construido como su hogar, un lugar donde ella podia estar a salvo, donde podía regresar sin pensar en las circunstancias del país.

"people arent homes"

claramente las personas no son casas, son rios siempre cambiantes, turbios y rimbonbantes y Violet era como uno, había dejado de pensar en ella como ese pequeño corazon que podia esconder en una caja en su escritorio; y olvido hasta este instante lo salvaje e intenso de su sentir ante cada situacion, la habia dejado pasar desapercivido y no se dio , dio por sentado que ella pudiera encontrar paz en la distancia entre ellos que era del tamaño del mar.

Era como un sonido que no sabes como explicar, como cuando algo que no puedes ver se quiebra como si fuera un vaso al tocar el suelo, tal vez esa era la mejor explicacion que podia darle Violet a la mirada de Dietfried aquel día, en su camarote observando la puesta del sol sobre el oceano, mientras el barco zarapaba ella intentaba encontrarle alguna logica, porque la suya ya no cuadraba.

En su maxima feclicidad totalmente irracional para cualquier dama de la epoca había encontrado una manera de romper esa distancia que suponia la costa con el mar, pero aunque estuviera en el mismo barco, sentia que ahora estaban aun mas lejos el corazon del uno contra el otro y no podia evitar darse cuenta que tal vez Dietfried no pensaba como ella, tal vez ella no podia aun visualizar lo que suponia su presencia en el deber de un capitan de marina del nivel de un heredero de la familia Bouganvillea, y ante esta idea se le apreto el pecho, como si algo o alguien desde dentro le hubiera estrujado el corazon.

pero ya no era Violet evergarden la protegida de la familia bouganvillea, era Violet ahora una desconocida suboficial de la marina a tutela del capitan Dietfried Bouganvillea, bajo ordenes estrictas de la junta maritima como arma secreta en la nueva estrategia por recuperar los territorios perdidos en altamar.