Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.
Lo último que vio James antes de morir, fue a Lorcan Scamander, pisar el cuerpo de Elizabeth, para poder sacar la espada de su cuello, ya que no era tan hábil para haberlo hecho de un solo movimiento limpio, así que tuvo que seguir, hasta que logró decapitarla por completo, su último pensamiento fue hasta Lily, y lo que pasaría con ella y el hijo por nacer, ahora que no estaría para protegerla.
—Suban al rey –se mofó Lorcan –a la carreta –hizo mala cara al ver a la niña yacer en el suelo, con la cabeza un tanto alejada, ya que la había pateado para terminar de separarla.
—Pero, ¿Cómo llegaremos al castillo con el rey muerto? –Cuestionó uno de los hombres con un semblante claramente preocupado –asimismo está el cuerpo del hermano de la reina Druella, ella se enfadará, sin contar a su hermano, Lysander, quien es el jefe de la guardia real, igualmente estará el guardia de la princesa Lily, ellos van a...
—Descuida, cuando lleguemos al reino, mi hermano ya no será una preocupación.
—Pero... ¿él ayudó a esto? –Preguntó el soldado.
—No –el rubio, hizo una mueca y lo observó como si hubiese perdido la cabeza –Lysander es demasiado leal a lo que cree, en quien cree, sobre todo a lo que ama –sonrió.
—Entonces...
—No debes pensar en eso, ese no es tu trabajo –contestó enfadado.
Cuando el cadáver del rey estuvo acomodado sobre la carreta, Lorcan lo pateó hasta el cansancio, posiblemente sería la única vez que podría hacerlo, siempre había querido golpearlo, bajarle ese ego que tenía; agradecía que su plan hubiese funcionado, realmente había sido una moneda de oro lanzada al azar, ¿Quién en su sano juicio hubiese creído honestamente que alguien como él tendría alguna clase de sentimientos parecidos al amor o al cariño, por alguien más que no fuese sí mismo? Se había reído cuando se le ocurrió llevar a esa pequeña bastarda, como opción para doblegarlo, no confiaba en que tiraría la espada y se quedaría a merced de lo que quisieran hacerle, por salvar a la princesa Elizabeth, por muy su sangre que fuera, era de aceptar, que, si no hubiese llevado la carta de su hija, bajo el brazo, ahora sería él, quien estuviese sobre el riachuelo, inerte, o quizás todo desmembrado; sinceramente, lo reconocía, de lo contrario, James no hubiese sido para nada piadoso, mucho menos al tratarse de él, matarlo rápidamente era la única oportunidad, si el soldado no hubiese atravesado su corazón, incluso con la herida mortal en su cuello, podría matar a unos cuantos hombres más, antes de que muriera.
—Dime algo, ¿Qué sería peor para una madre? –Observó a un guardia –no saber dónde quedó muerta su hija, ¿o que solo tenga una parte para llorarle?
—La incertidumbre de no saber si vive o muere –comentó un hombre.
—Tienes mucha razón –sonrió divertido –sin embargo, llevaremos la cabeza, así, la reina Druella, sabrá que no hay nadie que pueda reclamar el trono, no con sangre Potter corriendo por sus venas –hizo un mohín.
—Entonces, ¿la enterraremos aquí? –Cuestionó un hombre.
—Claro que no –reprendió como si la sola idea, fuese impensable –dime ¿es acaso un ser humano? Déjenla a que se la coman los animales, no merece una cristiana sepultura.
Los soldados se observaron entre sí, terminaron de subir los cuerpos de sus compañeros caídos con el resto, Lorcan ordenó que los apilaran sobre Scorpius Malfoy, haciendo así, que pasara desapercibido para los demás, y, solo porque necesitaban el dramatismo para que la gente estuviera segura, dejarían a James Sirius, a la vista de todos.
Silbó completamente feliz de que todo hubiese salido a la perfección, ahora solo quedaba que su querida esposa, hiciera lo que le había ordenado, esperaba que no se arrepintiera, y que le dijera las cosas a Lysander, hasta que éste estuviese muriendo.
—LHR—
El rubio sonrió encantado al ver a la mujer de la cual estaba enamorado, todo a su alrededor perdía sentido estando con ella, sólo estando a su lado, eso era posible, podía bajar todas las barreras que normalmente tenía a su alrededor por su deber de mantener a otros a salvo, con Audrey no, era desde hacía muchos años, su lugar seguro, donde sin importar nada, podía relajarse lo suficiente, sabiendo que todo estaría bien, que nadie lo atacaría y podía ser él, sin ninguna clase de máscaras, y sin estar siempre alerta de que algo malo pudiese pasar en cualquier momento, ahora podía aprovechar el tiempo ya que Lorcan no estaba, y que James tampoco, no teniendo que cuidar o cuidarse de nadie, podría tener todo el tiempo con ella, sumando, que a sus hijos los habían llevado a la finca Scamander, a ver a sus abuelos, dejándole toda la libertad, para dedicarse a ella, sin tener que resolver, alguna cosa que el rey le pidiera, o excusarse sobre la realidad, de en donde se encontraba, antes de unirse a su guardia.
—Te ves hermosa –la aduló con una sonrisa, mientras se quitaba la capa, aunque no lo hacía mucho, procuraba siempre hacerle saber, a su manera, lo mucho que la quería.
—Es demasiado temprano ¿no te regañará el rey? –Su voz sonó un poco desconfiada.
—No –negó, con una sonrisa, quizás no podía decirle lo que ocurría, pero podía tranquilizarla mostrándose un poco tranquilo ante la situación.
—Lysander... -Lo nombró angustiada.
—¿Sí? –Se giró a observarla, mientras seguía quitándose la armadura, normalmente se aseguraba que realmente no hubiese manera de que sospecharan de ellos.
—Nada –sonrió, sin embargo, sus hombros seguían tensos.
Había algo que él le gustaba, y le causaba un poco de gracia, Audrey y la princesa Lily, no coincidían en personalidad, aunque tenían en común, que no importaba cuanto tiempo ya hubiese pasado desde que iniciaron su vida sexual con ellos, ni qué tan seguido pasara, siempre seguían sonrojándose ante el mero pensamiento de acostarse con ellos, claro que disfrutaban del acto, pero su recato, les hacía avergonzarse de gozar intimar con ellos, porque claramente, las buenas mujeres, no gozaban el tener que intimar con ningún hombre, eso, solo las mujerzuelas, lo hacían.
Se giró hasta ella cuando solo quedó con su ropa simple, mostrándose claramente más relajado, al no tener que soportar todo el peso del metal, intentó acercarse a ella, pero recordó la puerta, la seguridad que le brindaba a su amante, que estuviese asegurada, para que nadie entrara de improvisto, así que, para tranquilizarla más, la cerró, para que nadie entrara y los descubriera, aunque realmente ya no le interesaba que lo hicieran, sabía que James no le diría nada si algo así pasaba.
Tenía un favor.
Un solo favor al que era acreedor.
Así que ya realmente, no le preocupaba que supieran que ella era su amante, podía solucionar eso, con ese pase que podía otorgarle la manumisión cuando lo quisiese, de la forma en que quisiese, y claramente, ya no quería seguir ocultando, todo lo que esa mujer le provocaba, quería tener la libertad de amarla, frente a todo el mundo, presumir a sus hijos, y no quedarse, de pie, frente a una puerta, viendo como la mujer de su vida, iba de la mano de otro hombre, y más, si era idéntico a él, provocando, una tortura inmensa, porque costaba menos, el imaginarse, como luciría si fuese él, quien la sostuviese, de esa manera.
James ya se lo había dicho en muchas ocasiones de que perdonaría si decidía asesinar a su hermano, había insistido en realidad, a ello, no se había armado con el valor suficiente en el pasado, tenía la creencia de que no merecía el amor de esa mujer, por lo que le había hecho en el pasado, a pesar, de que con el tiempo, se había enamorado por completo de ella, siempre viendo por su seguridad, y asegurándose de que su idéntico, no la tocase, buscándole distracciones fuera de su hogar, aun con todo eso comenzaba a no tolerar el hecho de ver a Audrey con su hermano.
Tenía una sola oportunidad para lograrlo, tenía que armar bien su plan, para poder estar, por fin juntos, huir con ella y con sus hijos del reino, no era la mejor solución, su hermano, los cazaría sin importar qué, la otra opción era que tendría que matarlo, pero hacerlo, no era tan sencillo, no serviría de nada, ya que él, al ser el jefe de la guardia real, por los votos que había hecho, tenía prohibido, poseer tierra alguna, mujer o tener dinastía, y desertar de su puesto y el ejército, era sentencia directa a la horca —y ni siquiera ese pase directo, sería de ayuda a perdonar su disertación—; Lorcan, tenía sí o sí, que morir, pero tenía que idear una mejor manera, para estar junto a ella, de una forma que no los obligara a ocultarse, porque de nada tendría sentido, no quería condenarla a tener que huir, y vivir huyendo escondiéndose y desconfiando de todos, por miedo a que los encontraran y ejecutaran, su favor era indistinto, al menos, lo suficientemente grande, como para darle carta libre a cualquier cosa que él quisiera, sin restricción, como deshacerse de su hermano, pero ya no incluía el ser feliz, con Audrey, pero, quizás, James podría mirar a un lado, y dejarlo hacer un cambio, en el que podría matar a Lorcan fingiendo que se trataba de él, y tomar el su lugar, así, tendría la libertad de poder amar a Audrey, otorgándole la seguridad de que ningún otro hombre, podría hacerle daño, a diferencia de su esposo, él tenía las habilidades para defenderla a ella y su progenie.
Se subió sobre la cama, aún más tranquilo, sabiendo, que en cuanto James regresara, su plan podía realizarse, no quería de ninguna manera, arriesgar la seguridad de la mujer que amaba, ni la de ninguno de sus hijos, le sonrió divertido al ver su sonrojo y su nerviosismo, que no había logrado controlar era divertido, aunque claramente estaba más nerviosa de lo normal, suponía que jamás, en el pasado se había tenido tanto tiempo para tomarse las cosas con calma, eso podría generarle un poco de ansiedad, ya que su comportamiento, claramente no era normal, pero ya que tenía un plan claro y factible para liberarla del tormento que era saberse casada con Lorcan, no le prestó mucha atención a eso, no compartiría sus planes con ella, para evitar que sin querer, dijera algo con alguna persona incorrecta, o quizás podría atribuir su nerviosismo a que siempre solía quedarse inquieta cuando sus hijos no estaban en el castillo, y la preocupación de que Lorcan llegara sin previo aviso la aterraba.
—Tranquila, según lo que oí, tardará un par de días en volver –besó su mejilla.
—Lo sé, pero no me siento muy segura –se removió angustiada ante su cercanía.
—Bien, ¿quieres que te ayude a relajarte?
Audrey cerró los ojos al sentir los labios de Lysander sobre su cuello y su mano introducirse debajo de su ropa, contuvo el aliento, los encuentros con él era lo que más ansiaba cada que su marido no estaba en el castillo, pero desde hacía días las cosas eran complicadas para ella, el hecho de que la hicieran envenenar al príncipe heredero, la arrojó a un estado paranoico de que cada que alguien la observaba, pensaba que era porque sabían, lo que había hecho en contra de su mejor amiga, y por lo tanto, el rey, la traición, era algo que en ese castillo, no se tomaba con ligereza, viniese de quien viniese, ni la razón, por muy válida que tuviese, y ¿qué pasaría si Lysander se enteraba de ello? Sabía claramente que era leal al rey, así que esa misma lealtad haría que le dijera lo que había hecho, haría que Lily se enterara que usó su confianza para poder pasar a los guardias y asesinar a su hijo, por muy benevolente que fuese, y por mucho que apreciara su amistad, no la perdonaría, claro que no podía culparla, había tomado la decisión de matar a un bebé, todo para salvar a sus vástagos, sabiendo qué, había una gran diferencia entre ellos, el príncipe Remus, no solo era hijo de su mejor amiga, era el heredero al trono, y eso, en comparación con sus proles, era un delito más grave, cualquier madre elegiría a su propia sangre, pero el destino de ellos, no era ni de poco, tan grande como el de ese niño que era la de regir todo un reino.
Las cosas en el castillo no habían mejorado para nada después de eso, aunque Lysander no había dicho absolutamente nada, la presencia del rey había disminuido su frecuencia, hacía tantos meses que no lo veía absolutamente nadie, salvo él, su guardia personal, eso había sido aprovechado por la reina, y el plan tan elaborado que creó con la ayuda de Lorcan, así había acusado a Lily de traición, pero su amante estaba muy tranquilo, como si todo eso no fuese un problema real o muy grande, lo que sí tenía claro, era que el rey, realmente no estaba cerca del castillo, ni en una villa a un día de caballo, o ya estaría ahí, ordenando que liberaran a su hermana y castigando a todo aquél que se atrevió a poner un dedo señalando a la princesa.
—Estás ausente –comentó el hombre alejándose un poco.
—Lo siento, todo lo que está pasando, me tiene nerviosa.
—Ya te dije que no tienes de qué preocuparte, cuando James regrese, le diré que te pedí que te acercaras a la reina, para mantenerla un poco vigilada.
—Eso no me preocupa –se removió incómoda y se puso de pie –la ausencia del rey, y, por lo tanto, que tengan a Lily encerrada, me inquieta.
—¿Por qué? Todo estará bien, ya lo dije.
—El rey, jamás habría permitido que algo así pasara, Lysander, y no ha vuelto en días, desde que Lily fue apresada.
—Lo sé, ha tenido algo importante que hacer, pero Druella no se saldrá con la suya –sonrió.
—Eso dices, pero ¿Cómo ha podido hacer algo así de grande, si la corte está del lado del rey? Apresar a su hermana, es algo que el consejo no permitiría.
—Las cosas políticas son más complicadas, desobedecer a la reina, podría meterlos en problemas, nadie, aparte de nosotros dos, y gente específica, sabe que ellos son amantes, por lo tanto, y como sabes, ella se la pasa diciendo que el rey, no le niega nada, así que, si está preocupada, y su alteza llega y ve, que nadie le hizo caso, podrían meterse en problemas, saben, que aprecia a su hermana, pero su esposa jerárquicamente, está en una posición más arriba que ella.
—Eso no quita que no tenga miedo –se encogió de hombros –si eso puede hacer con una princesa, ¿Qué puedo esperar de una simple plebeya como yo?
—Vamos, cariño, no te preocupes, James volverá y solucionará todo esto.
Lysander se puso de pie y la siguió hasta el pequeño tocador, la sujetó de la cintura y la acercó a él, en un cálido abrazo, intentando una vez más, tranquilizarla de todos aquellos fantasmas que habían aparecido en su mentecita, no podía culparla, Lily era su mejor amiga, era normal, que estuviese preocupada, la traición, era igual que una sentencia de muerte, algo que no distinguía entre noble o plebeyo, claro que acusar a alguien de la realeza de tal acto, era algo impensable, nadie se atrevía a hacer algo así, a menos que realmente, fuese cierto, él no estaba preocupado, ya que Lily, al igual que el resto, desconocía que el rey hubiese salido, Scorpius, había tomado a la pequeña princesa Elizabeth consigo, y sacado del castillo, en lo que se solucionaban las cosas, su deber era ser el guardián de la niña, en toda la extensión de la palabra, claro que no podía decirle eso a Audrey, así que intentaría una vez más tranquilizarla, no le gustaba verla así de inquieta por algo que claramente estaba fuera de su control, y que ella, no podía solucionar, aunque así lo deseara, preocuparse era algo agotador y que no serviría de nada, salvo para quitarle la tranquilidad y la salud.
La rubia se relajó cuando los labios de Lysander, se colocaron sobre los de ella, en un suave beso intentando que se relajara y olvidara sus problemas, no con otras intenciones, aun así, se dejó llevar un momento, siendo ella quién, aumentó un poco la intensidad del contacto, no mentiría al respecto, aunque su marido y su amante, no eran los únicos hombres con quien había estado de esa manera —aunque no por decisión propia—, Lysander, de todos ellos, era el único, que provocaba pasión en ella, aunque llegar a eso, le costó un poco, e inició como «amistad», el tiempo los había llevado a volverse amantes, una vez, que ya había tenido un par de hijas de Lorcan.
Las manos del hombre subieron su camisón hasta la cintura de su amante, comenzó a besar delicadamente su cuello, al notar que se había relajado, así que él se tranquilizó un poco, al menos podría distraerse de todos esos pensamientos, que la atormentaban sin razón, si seguía así de inquieta, compartiría con ella, su plan de suplantar la identidad de su hermano, claramente, después de matarlo y hacerlo pasar por él, sonrío encantado, cuando la pasión aumentó una vez más entre ellos, tanto así, que la relajación era evidente ahora, la sintió sujetarlo del cuello, para acercarlo cuando él se alejó para bajarse los pantalones, y poder poseerla de una vez por todas, incluso, por primera vez, en todos estos años, se había animado a confesarle lo mucho que la amaba.
—Te a...
La frase quedó flotando a la mitad, cerró los ojos un momento mientras se alejó de Audrey, que lo había vuelto a sujetar del cuello, había estado demasiado relajado, había bajado demasiado la guardia estando con ella, dejó que todo a su alrededor perdiera importancia, se permitió algo que jamás antes en la vida, amar a alguien, amarla demasiado, tanto, que no le permitió jamás, dudar un momento de ella, incluso, había peleado innumerables veces con James, sobre si debía darle tanta información sobre las cosas, que no era buena idea, amarla a ella, de todas las personas en el reino, no a ella, aun así confió plenamente a que estaba en el lugar más seguro del mundo, los brazos de la persona que amaba, abrió los ojos dando un paso atrás, no necesitó desviar la mirada para saber que lo había apuñalado, era un soldado, sabía perfectamente la sensación, claramente, nunca lo habían apuñalado en esa parte del cuerpo, y desde luego no habría esperado eso de ella.
La mirada llena de incredulidad no pudo abandonar su rostro, Audrey lo observó un momento, él no desvió la vista para saber lo que le había hecho, había aprovechado que confiaba en ella, que contrario a los soldados que conocía, jamás mantenía un arma con él, aun mientras la poseía, con ella nunca estaba alerta, su única preocupación, era asegurarse de hacerla sentir tranquila, relajada y cuidada.
Su mano fue hasta su pecho, había errado por poco al intentar hacerlo en su corazón, al menos con el arma, ya que, sin duda, su traición, dolió por completo, matándolo de dolor, el arma erró, su traición no, aun con todo, no supo qué lo llevó a cometer el error de darle la espalda, suponía que fue el hecho de que la amaba, o su inevitable decepción de que fuera capaz de apuñalarlo nuevamente en la espalda, intentó sujetar sus cosas, pero su visión estaba borrosa, su respiración comenzaba a agitarse, esa sensación, no era la de ser apuñalado, aunque fuese muy cerca de un órgano tan vital, como el que casi perforó.
—¿Qué tiene? –La cuestionó girándose tan rápido, como el aturdimiento le permitió voltear hasta ella.
Sacó el largo puñal de su espalda, no era algo nuevo, lo observó, irónicamente, era el que le había regalado para que se protegiera, si algún otro soldado quería irrumpir, aun y con el permiso de Lorcan, la rubia bajó la vista avergonzada de lo que había hecho, o eso pensó, volvió a levantar el rostro completamente decidida, lo empujó sobre la cama y se subió a horcajadas sobre él.
—Veneno –la seguridad de su voz, lo hizo sentirse aún más estúpido, por haber confiado en ella, la vio sujetar el arma de nuevo, apuñalándolo nuevamente, sin remordimiento, sin vacilar, completamente llena de ira, frustración y sí, con la mirada llena de odio hacia él –del mismo veneno que usé para asesinar al príncipe heredero –confesó con tranquilidad.
—Au-Audrey –sus ojos se abrieron llenos de decepción, no comprendía las razones que le habían llevado a hacer algo así, no, no a apuñalarlo, a ser capaz de asesinar al príncipe heredero, a un bebé, que jamás le había hecho daño.
—Lily tiene todo lo bueno, a ella no le tocó pasar lo que a mí, vivíamos en la misma villa, Lorcan ya la había visto, ya había decidido que haría de ella su juguete, solo necesitaba que el rey saliera de ahí, para poder traerla al reino, y ponerla en el burdel, donde le gusta ir, pero no pudo, sin embargo, tú, me tomaste a la fuerza, salvaste a Lily, de lo que tu hermano le haría, quizás algo peor, de lo que tú me hiciste a mí, no conforme con eso, resultó ser la hermana del rey –dijo en un tono burlesco –su marido es cariñoso, amable, y, sin embargo, lo engañó con el rey, el mismo rey, que por librarte a ti de lo que me hiciste, no dudo en castigar de algo que no hizo a tu hermano, me condenó a vivir un infierno, mientras fingía tener piedad, ¿qué piedad había al obligar a Lorcan a desposarme? –chilló –y tú... tú –negó –tú te quedaste sin castigo alguno, disfrutando de la vida, de los placeres que te daba ser el mejor amigo del rey, su mandadero, su favorito –lloró, mientras la ira la motivaba a apuñalarlo una y otra vez –sino hubiese sido por ti, mi vida hubiese sido completamente diferente, me habría casado con John, seguiría en esa bonita y tranquila villa, podría seguir viendo a mis padres, mi padre no me aborrecería por haber sido desflorada por un extraño, tendría una vida feliz y tranquila, con un hombre que me amara, con unos hijos producto del amor entre sus padres, hubiese sido feliz, con una vida sencilla.
La parte enamorada de Lysander se negaba a creer que todo este tiempo ella estuviese fingiendo, no justificaba de ninguna manera el daño que le había causado, había mancillado su honra al tomarla a la fuerza, sabía, que casi la lapidaban por ello, y que el rey lo detuvo, sin embargo, en su tonta creencia, en un momento pensó, que había logrado resarcir parte del daño que le provocó al ultrajarla, y que era mutuo, que se había enamorado de él, con la misma intensidad que él de ella, que equivocado había estado.
Claramente, algo que inicia mal, no podía terminar bien; había arruinado su vida, y eso había creado una enorme fisura en Audrey, que se negó a ver por tanto tiempo, su amor ya no servía de nada para ella, su vida con Lorcan había sido un infierno, cuando él llegó, a intentar arreglar el daño, todo ya se se había ido entre las fisuras, como el agua entre los dedos.
Las siguientes puñaladas ya no dolieron, el veneno era de rápido efecto al parecer, solo veía a la mujer seguir apuñalándolo hasta el cansancio, no podía creer que había confiado en ella, que estuvo dispuesto a usar el único favor que tenía por parte del rey, para asesinar a su hermano, poder tomar la vida de él, y poder hacer de esa mujer, una persona feliz y merecedora. Qué idiota había sido. Ahora entendía a James, tenía tanta razón al decir que las mujeres sabían cómo dominar el juego, pero, sobre todo, «que perder la cabeza por alguien, era lo peor que se podía hacer, ya que no podías ver las señales, aun cuando estaban frente a ti». Claramente él no las vio.
Audrey se detuvo cuando se percató que Lysander ya no se movía, sacó el puñal de su cuerpo y lo arrojó lejos, echándose sobre el pecho del hombre muerto, llorando desconsolada, ¿Cómo iba a poder sobrevivir después de esto? Si bien, no le había mentido, al inicio, tenía tanto rencor por la mala suerte que había tenido, aun no entendía ¿Cómo es que se había enamorado de él? Quizás la manera en que la observaba a la distancia, siempre asegurándose de que todo estuviese bien con ella, sabía que él creía que no merecía ser perdonado, que le costó mucho trabajo acercarse a ella, no se sentía digno de sentir algo por, se lo había dicho, que lo único que quería era hacer que se sintiera bien, segura, pero ahora, nada estaría bien.
Lorcan había tomado todo de ella, tomó el amor que tenía hacia Lysander, y lo torció de una forma tan cruel, no conforme con eso, se llevó a sus hijos, amenazado con matarlos si no hacía lo que quería, los planes necesitaban de Lysander muerto, creían que era el único con el poder y la habilidad, de derrocar a la reina, ya lo habían intentado algunas veces, incluso antes de que se conocieran, pero él jamás perdía el estado de alerta, ni siquiera estando con el rey mismo, así que ¿con quién más él bajaría tanto la guardia como para lograr apuñalarlo? Con nadie más que con su amante, en la intimidad, se había negado, no iba a poder hacerlo, si lo tenía lo suficientemente cerca, si la besaba, si le sonreía, con tan solo mirarla, iba a derrumbarse, no podía.
Lorcan se había reído de lo ridícula que sonaba, de lo estúpida que era por sentir algo como amor, y más por alguien que había arruinado su vida, la instó a pensar en ello, en todo lo que había sufrido por su culpa, pero ya había dejado ir eso, lo había perdonado, no podría amarlo sino lo hubiese hecho, le dio miles de soluciones que no funcionaban, hasta que dijo algo con mucho sentido, «y si no funciona, piensa que soy yo», aconsejó su marido.
Audrey no veía a Lysander mientras lo asesinaba, ella pensaba en su marido en ese momento en que sacaba todo el odio, el rencor, pero él sí veía a la mujer que había protegido durante tanto tiempo, traicionándolo, diciéndole cosas que no creía, pero no quiso decirle todo lo que la reina le había ordenado decirle, no quería que se fuera sabiendo que todo lo que amaba, admiraba y por lo que había luchado por conseguir, estaba siendo derrumbado, que quedarse ahí, lejos del rey, había sido de mucha ayuda para aventurarse a intentar matarlo, él solo no podría con más de cien hombres, al menos en eso basaban todo Lorcan y la reina, sin su guardia y amigo, nadie protegería su espalda.
El llanto desconsolado debió ser la señal que los guardias que habían estado esperando a que ella hiciera su parte, al parecer, todas las cosas hasta ese momento, iban conforme a los planes de la reina y Lorcan, pero esperaba que no pudiesen con el rey, que descubriera el plan, que llevara a la horca a todos los que ayudaron con la traición, después de todo, era tan habilidoso en batalla, que sería una lucha a muerte ir contra él, quería que fuese él, quien vengara la muerte de Lysander.
—Tenemos que sacar a esta basura con precaución –dijo uno de los soldados –nadie de la servidumbre puede verlo.
—El pasillo de los sirvientes estará ocupado hasta un poco más de la media noche –se observaron y después a la mujer –bien, ya está muerto, no creo que a ser Lorcan le moleste que lo dejemos aquí, sería muy peligroso que lo noten.
El guardia sonrió al ver el rostro de Audrey, aterrada de que lo dejaran ahí, no podría soportar tener ver lo que había hecho, no tenía miedo de estar sola con un cadáver, no podía con el hecho de tener que ver lo que había hecho con el hombre que amaba, no creía poder seguir cuerda después de eso.
—LHR—
William estaba desesperado, habían pasado unos días, y las cosas para Lily no eran más fáciles, no podía creer que a pesar de que la habían acusado de traición, James no aparecía, ¿A dónde hubiese podido ir? ¿Ya no le importaba lo que pasara con ella y sus hijos? La cabeza le daba mil vueltas, no sabía si aventurarse hasta las cámaras donde Druella la tenía reclusa y sacarla de ahí, la pregunta era ¿A dónde podrían huir? La princesa estaba embarazada y llevarla en caballo podría apresurar el parto, además, la bruja de la reina, parecía haber previsto eso, ya que no sabía dónde había ordenado que llevaran a la pequeña Elizabeth, al menos Malfoy, había logrado seguir cuidando de la joven princesa, eso lo dejaba tranquilo, ya que no permitiría que algo le pasara, primero tendrían que matarlo, y lograr tal hazaña era algo difícil, después de todo, era un soldado diestro con la espada y en combate.
Entró a la oficina de Remus Lupin, haciendo que él y el esposo de Lily se quedaran callados, no confiaban en él, y no podía culparlos, después de todo, solo dos personas en el mundo sabían quién era realmente, su madre, y James, y la primera, estaba encerrada en un muy bonito faro, o eso le había dicho el rey.
—Ser Remus –habló William –sé que no confía en mí, sin embargo...
—Toma –le extendió un pergamino, sin si quiera esperar a que dijera algo, haciendo que frunciera el ceño.
—¿Qué es esto? –Cuestionó, sí bien podía abrirlo y leerlo, quería que fuese el mismo Lupin quien le diera una explicación.
—La revocación de tu puesto como soldado, como guardia personal de la princesa Lily.
—Es un maldito traidor –soltó ofendido William, llevando su mano a su espada.
—Fueron órdenes del rey –informó Remus, a tiempo, antes de que lo atacara.
—Claro, ¿y por qué no está él diciéndome esto de frente? ¿Por qué no está él, aquí, haciendo que la reina loca, le pida perdón de rodillas y bese los pies de la princesa Lily por atreverse a acusarla de traición?
—No lo sé, no soy quién para cuestionar las decisiones de su alteza, y repito, son órdenes del rey –comentó en un tono cansino –y solo te diré, que le soy más que leal, por lo tanto, seguiré sus instrucciones, paso a paso.
William abrió el pergamino, efectivamente, estaba redactado y escrito por James, degradándolo de la guardia, arrugó el documento enfadado, ¿Qué demonios se creía ese maldito para hacer algo así? No entendía la razón por la que hacía algo así, después de todo, la consecuencia de esa destitución, era que no podía estar al lado de la princesa Lily, y si no podía ser su guardia, las cosas para ella podían complicarse, más de lo que ya estaban, ¿a qué demonios jugaba James con todo esto? Claramente no iba a dejar que se salieran con la suya, si quería destituirlo, iba a tener que decírselo de frente, observó a los hombres Lupin, y les dedicó una sonrisa fanfarrona, retándolos a obligarlo a dejar su puesto como guardia de la princesa.
—William –habló Edward –sabes lo mucho que Lily y yo te apreciamos –musitó –pero ahora, lo único que puedo pedirte, es que no ocasiones problemas, la situación de mi esposa es complicada, ambos sabemos el poco afecto que tiene la reina por ella, y usará tu insubordinación, a su favor.
—¿Y dejar a la princesa? –Preguntó burlesco –el rey me dijo que mi deber era cuidar de ella, sin importar nada, ¿y ahora planean que me vaya solo porque dejó un maldito papel?
—Tienes una hija –le recordó Edward, haciendo que el guardia se tensara –dime ¿Qué pasará con ella si el rey decide no volver a solucionar todo? Sé, que darás tu vida por mi esposa, pero ¿Qué pasará con Victoria? –Negó –supongo que los planes del rey eran no involucrar gente inocente en esto, ha demostrado más empatía por ti, que por ningún otro en todos los años que tengo de conocerlo, incluso más que al mismo Lysander –admitió el castaño –agradezco que seas así de leal, pero incluso Lily, odiaría saber que te sacrificaste por ella, sin pensar en tu pequeña Victoria.
—¿Dónde demonios está James? –Cuestionó a Remus Lupin, suponía que él sabría la verdad, y simplemente estaba ocultando las razones por las que James se marchó.
—No lo sé –admitió el anciano, negando un poco ansioso, dándole a entender, que, si supiera, realmente ya lo habría hecho volver de inmediato –solo me dijo que iba a irse a donde había querido estar por largo tiempo, y no pensaba sacrificar este gesto egoísta, por absolutamente nada, tenía cosas que hacer, solucionar errores pasados, fuese lo que fuese a hacer, dijo que absolutamente nadie podía enterarse a donde iba, nadie podía sospechar que no estaba en el castillo.
La mirada verde esmeralda de William fue de un hombre a otro, entonces lo entendió por completo, su corazón se agitó de manera violenta y retrocedió un paso lleno de temor, era un maldito embustero, se arrancó la capa, haciendo que Edward mirara sorprendido el hecho de que él había aceptado ser degradado, realmente pensó que le costaría más que una charla emocional sobre pensar sobre su hija, aunque quisiera a la joven, había demostrado una lealtad, un tanto extraña por Lily, incluso en el pasado, él había creído que el guardia estaba enamorado de la princesa, y por lo tanto, ese sentimiento hacía que cuidara de ella de tal forma en como lo hacía.
—Se lo dijo, ¿cierto? –Observó a Remus.
—Lo hizo –admitió.
—Y, aun así, ¿le es leal? –Preguntó sorprendido.
—Tan leal como siempre –afirmó.
—Padre, ¿Qué ocurre? –Edward observó la escena un tanto confundido.
—Solo sé, que el rey te quiere a salvo y por eso te ha dado total libertad, es tu decisión si irte o quedarte, dar tu vida o salvarla, me dijo de su amorío, pero no mencionó más.
—Antes de unirme al rey, como guardia de la princesa, le hice una promesa a James, y no hay manera que la pueda romper, aunque eso me haga ver como un cobarde, si pudiese, llevaría a la princesa conmigo, desgraciadamente, está preñada y un viaje complicaría las cosas –comentó.
—Para ser honesto –habló Edward –me sorprende que esa promesa sea más importante que la vida y seguridad de Lily y sus hijos –su tono fue enfadado –dime ¿Qué podría importarle más a James que la vida de la mujer que ama y la de sus hijos?
—Ambos sabemos, que el amor, es algo que el rey desconoce, al menos gran parte de él, y lamento que mi primera promesa se interponga con la seguridad de la princesa.
—¿Realmente te importa poco lo que pase con ella? –Se burló Edward.
—Fue usted, quien me instó a irme a casa, diciendo que a la princesa no le gustaría que dejara a mi hija a su suerte, y confío en Dios, de que Lily estará a salvo con su protección.
—No vamos a darle la espalda, después de todo, defenderemos a los nuestros con la vida –aceptó Remus.
—Me marcharé ahora –asintió.
William avanzó rápidamente hasta las caballerizas, tenía que salir del castillo tan rápido como pudiese, y de preferencia, sin que nadie sospechara; no podía llevar el peligro a ese lugar, no podía poner en riesgo todo lo que le había costado cuidar de su hija.
Cabalgó tan rápido como pudo, tenía que llegar lo más pronto posible, la sola idea de que alguien hubiese encontrado a James en su escondite, aunque tenía una pequeña ilusión, si llegaba hasta ahí, y el rey seguía sin preocupaciones, podía informarle y volver con él, porque de lo contrario significaba perderlo todo, toda esperanza, absolutamente todo para él.
Tardó dos días para llegar a una posada, no descansó ni pidió nada de comer, solo cambió siete bolsas de oro por un caballo descansado, no quería reventar al suyo, había sido un regalo del rey, en el pasado, lo había visto como una forma de soborno, comprar su lealtad, sin embargo, con el tiempo le había tomado demasiado cariño a ese semental, como para hacer que pereciera.
Siguió su camino tan pronto como le fue posible, era un camino demasiado largo, y la desesperación carcomía todo su interior, se negaba por completo a que el rey fuese demasiado egoísta y pusiera en peligro a Victoria, que desconocía lo peligroso que era que él estuviese con ella.
Diez días le había tomado llegar hasta su destino, cuando normalmente eran catorce, se bajó del caballo cuando éste aún estaba en trote, se incorporó asustado, la puerta estaba rota, había sangre seca por todos lados, alguien había irrumpido en la tranquilidad de su hogar, a quien fuese que hubieran encontrado ahí, había peleado con todo lo que tuviese y por la cantidad de sangre, no había sobrevivido, buscó por todos lados un cuerpo, de quien fuera, pero no encontró ninguno, se negaba a pensar siquiera que la había matado, pero todo estaba seco, tenía días de que eso ocurrió, no podía ni siquiera pensar en si el atacante había sobrevivido o no, y se negaba a creer que James hubiese sido capaz de ir hasta ahí para matarla ¿por qué lo haría de cualquier modo?
¿O matar a Victoria era su último recurso para que él tomara el trono si la estúpida profecía con la que estaba obsesionado ocurría?
