Encontraron a Ren y Horohoro atacando una y otra vez a Hao que solo esquivaba los ataques.

—Encontramos a este infeliz en su casa—gritó Horohoro.

Ni él ni Ren apartaron la vista de Hao.

—Solo estaba tomando un té, insectos—dijo Hao divertido.

—Dime insecto una vez más—amenazó Ren y su posesión con Basón creció de tamaño.

—¡Ya basta! —gritó Anna furiosa. No estaba de humor para las visitas—. A la sala. Ahora.

Todos obedecieron. Inmediatamente.

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Ya dentro de la casa, Ren y Horohoro no apartaban la vista de Hao quien estaba de pie recargado en la pared con la gatita a sus pies.

«Pequeña traidora», pensaba Anna cada vez que veía a Gris ronroneando y frotándose contra Hao.

La rubia estaba incómoda. Como habían acordado hacía tiempo, sus amigos habían llegado para recibir un entrenamiento especial de ella, sin embargo, las actuales circunstancias impedían que usara sus poderes y a eso se sumaba que, junto a ellos, estaba precisamente la persona que pretendían derrotar.

El ambiente se tensó.

—Ay por favor, no me digan que creen que no sé que vienen a aprender el Ultra senjiryakketsu—soltó Hao con ligereza y sonriendo siguió—. Yo dejé ese libro en casa de los Asakura a propósito, con la esperanza de que algún miembro de la familia siguiera mis pasos y para mi sorpresa llegaste tú, Anna. Sé que dominaste las técnicas que escribí en ese libro viejo y en tiempo récord.

Ren y Horohoro estaban confundidos. ¿Cuál libro?

—¿Asustado de que las sepa?—preguntó la itako.

—Claro que no, tienes mi admiración y respeto por eso… En cuanto a compartirlas, bueno, espero que Yoh llegue pronto a manejarlas, así que pon mucha atención a las clases, hermanito. Y ustedes—se dirigió a Ren y Horohoro—me van a sorprender si llegan a usar aunque sea solo una técnica—los aludidos se enfadaron—. Ah, y también sé que le entregaste el libro a Silver. Al menos, la mayoría de él.

Ren y Horohoro ataron cabos: hablaban de técnicas que la itako aprendió de un libro que escribió Hao.

—¿La mayoría?—preguntó Yoh. Sabía que el libro se había entregado a Silver.

—Le contaste de nosotros pero ¿no del libro?—dijo Hao con ironía.

—No hay ningún nosotros, idiota. Y no te metas en cosas que no te importan.

—Claro que me importan, al final es a mí a quien pretenden derrotar. Pero, ¿por qué no quieres que sepan? ¿Querías ocultar que aprendiste técnicas prohibidas?—su sonrisa maldita se agrandó.

—Anna, ¿de qué carajos está hablando?—preguntó Yoh.

La rubia suspiró y contestó parcamente:

—Aprendí a dominar los cinco elementos, Yoh.

—Manipular y transformar energía a voluntad—explicó Ren serio.

—¿Pero en qué mierda estabas pensando, Anna? Las técnicas prohibidas son muy peligrosas empezando por el usuario—dijo Horohoro.

—¿Cómo supiste que practiqué esas técnicas?—enfrentó a Hao.

—Sigo de cerca lo que me importa. Además cuando unimos nuestras mentes, nuestros momentos no fue lo único que vi.

—Imbécil…—dijo nefasta.

—Admite que te excita el poder, igual que a mí.

—Pedazo de...

—Basta los dos—ordenó Yoh visiblemente enfadado—. ¿Por qué lo hiciste, Anna?

—Sí, ¿por qué lo hiciste, Anna?—repitió Hao burlonamente sabiendo que la estaba exhibiendo frente a su prometido y amigos.

—Si dejaba esas páginas, seguro Silver intentaría hacer los hechizos y moriría el muy estúpido.

—Sabes bien de qué estoy hablando: ¿por qué aprendiste las técnicas prohibidas?

—Solo por entrenar—ella contestó engreídamente viendo a los ojos a su prometido.

—¿En dónde estuviste en todas mis vidas, mujer? —dijo Hao orgulloso.

Bien pudo haber tenido una erección ahí mismo provocada por la respuesta y actitud de la rubia sin contar los recuerdos.

Yoh respiró profundamente viendo a su hermano de muy mala manera por los comentarios y luego a la itako con seriedad.

—Ya pasaron dos meses de eso, este lío empezó hace días. Los eventos no pueden estar conectados—dijo ella.

—Las únicas consecuencias de esas prácticas son dominarlas y seguir viviendo o morir en el intento—explicó Hao.

Yoh bajó ligeramente los hombros y se sentó. Eso era malo, estaba algo más que molesto y su prometida lo sabía, sabía que debía hablar con él en privado. Por ahora ahora las cosas se quedarían así. Se sentó a su lado.

Horohoro y Ren estaban confundidos y admirados por lo que pasaba:

Sabían que Anna era poderosa pero no sabían que al grado de aprender técnicas de Hao como si nada. Yoh estaba enfadado, más de lo que nunca lo habían visto. Y Hao, bueno él seguía siendo el mismo maldito petulante.

—¿Entonces… —empezó a hablar Ren con tiento—el desastre de afuera…?

—Eso lo hice yo—dijo Anna.

—¿Por eso estás herida?— preguntó el Inui.

—Eso lo hice yo—dijo Yoh.

—¿Y este bastardo qué hace aquí?—preguntó Ren en tono despectivo.

—Este bastardo vino a ayudar—dijo Hao sin dejar de sonreír.

—¿Pero qué mierda está pasando?—preguntaron los dos recién llegados más confundidos que antes.

—Estoy perdiendo mi poder—soltó la itako seria—. Lo supe desde la primer ola, sentí como se iba de mi y no ha regresado—dijo molesta ocultando así el miedo y la preocupación.

Los chamanes se sorprendieron.

La rubia les dio el resumen a Ren y Horohoro. Omitió, desde luego, las partes sexuales.

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Horohoro silvó antes de hablar:

—Carajo, Anna. Esto está muy jodido.

Su comentario alivió un poco la seriedad del ambiente mientas se levantaba del sillón. Iba a buscar algo fuerte de tomar.

El chamán de hielo era alto, unos centímetros más que los demás. Su cuerpo era fuerte y atlético. El cabello de un color pálido gris azulado hacían juego con sus ojos y sus duras facciones. Definitivamente con los años se había vuelto más atractivo.

—¿Hace cuántos días comenzó?—preguntó Ren.

Ren Tao era igual de alto que los Asakura, con un cuerpo tallado por entrenamientos. Su cabello largo y morado contrastaban con sus ojos amarillos y todo empaquetado con su buen gusto para vestir: el hombre era un imán de mujeres.

—Cuatro—contestó Anna.

—Mierda—dijeron al mismo tiempo Ren y Hao que se voltearon a ver con sorpresa de entender que ambos sabían lo mismo.

—¿Qué pasa?—preguntó Yoh.

—Diles tú—dijo Hao.

—No me ordenes—replicó Ren levantándose. Bason ya estaba a su lado.

—Oigan… —dijo Yoh.

Ren se volvió a sentar. Respiró antes de continuar:

—Mi madre nos contaba una historia a Jun y a mi antes de dormir… En China existe una antigua leyenda que cuenta la historia de Suge. Un chamán poderoso que cuidaba de malos espíritus y bandidos al pequeño pueblo asentado a las faldas de las montañas en las que él vivía. Un día de la nada comenzó a atacar el pueblo que tanto protegía y quería. Las personas del pueblo decían que había enloquecido. Se dice que los ataques eran cada día peores hasta que llegó el quinto día y …

—Ya dilo—dijo Anna.

—Suge terminó con todos en el pueblo y luego se desvaneció en el viento.

—¿Murió?—Horohoro se atrevió a hacer la pregunta.

—La leyenda dice que solo dejó de existir, no murió, su alma no fue a ningún lado. Solo se evaporó en el espacio.

Un tenso silencio se hizo presente. Las manos de Anna había empezado a temblar sutilmente, solo Yoh lo notó y puso su mano en las de ella, frotándolas para calmarla.

—¿Y tu mamá les contaba eso para dormir, Ren?—de nuevo Horohoro se atrevió a comentar—no suena a un cuento para niños.

—La educación en la familia Tao siempre ha sido muy estricta. Si no entrenábamos como era debido o dejábamos los vegetales, nos asustaban diciéndonos que íbamos a desaparecer como Suge.

—Que padres tan amorosos—dijo Hao con sarcasmo.

Horohoro soltó una carcajada que ahogó al darse cuenta que se estaba riendo de un chiste de Hao al tiempo que Ren le golpeaba el estómago.

—¿Significa que voy a… —preguntó Anna sin poder ocultar la preocupación. Se identificaba demasiado con ese cuento. Si era eso lo que le pasaba, era horrible.

—Debe haber una manera de arreglar todo esto—dijo Yoh.

—Pude hablar con unos viajeros que pasaban por el pueblo y vieron a Suge. Es lo que vine a contarles—dijo Hao con seriedad.

Todos se aterrorizaron por lo que eso significaba: esa leyenda era real.

—Dijeron que gritaba una y otra vez mi yo de otra vida antes de desaparecer.

—¿No preguntaste a alguna persona del pueblo?—preguntó Horohoro.

—Solo puedo hablar con almas en el infierno, ¿recuerdas? Camino en el infierno como demonio y todo eso. Las personas del pueblo no fueron al infierno y esos viajeros eran bandidos que iban a atacar el pueblo pero al llegar todo estaba debastado y solo vieron a Suge. Corrieron con suerte de huír y yo de encontrarlos. La única de los presentes que puede contactar con almas estén donde estén es Anna pero no está en condiciones de hacerlo.

—Pensé que las sacerdotisas solo podían contactar almas descansando en paz, no almas torturadas del infierno—dijo Ren intrigado.

—No solo almas torturadas o maldiciones, puede invocar a los mismísimos demonios sin problemas—dijo Hao con admiración—. Un don extra que tiene nuestra querida, Anna. Por ese poder es que sometiste tan facilmente a Zenki y Goki, ¿no es así? —Ren y Horohoro estaban sorprendidos. Yoh enfadado— Oh, ¿no me digas que no les habías contado de tus poderes a tus amigos? —dijo con diversión. Él sabía que generaría un problema.

Ahora Anna era quien estaba considerando comportarse como un macho estúpido y solicitar ella misma esa pelea sin poderes con Hao. Al menos un puñetazo bien colocado en el abdomen para dejarlo sin aire unos momentos sería muy satisfactorio para ella.

—Cada quien decide cuando y con quien compartir cosas personales, Hao—dijo Horohoro aparentemente calmado.

—Para la Alianza es importante compartir información de cada miembro de las familias, Yoh. Los Tao lo hicimos. Ustedes omitieron a Anna—dijo Ren con seriedad.

—No omitimos nada, Ren. Técnicamente, Anna no es parte de los Asakura.

—Yo puedo arreglar eso inmediatamente—intervino Hao con descaro.

Yoh bufó molesto.

—Tampoco les dieron expediente de Tamao, ¿o me equivoco?—dijo la itako.

—Bueno, amigos, no es necesario ponernos tan serios—interrumpió Horohoro—. Todos guardamos nuestros secretos y está bien. Mejor vamos a pensar que podemos hacer ahora. Los Inui no conocemos itakos—dijo eso para omitir "mi pueblo las considera brujas, no nos relacionamos con ellas"—. Yo solo te conozco a ti.

—Tu y mi abuela son las que conocemos los Asakura—dijo Yoh.

—Las pocas que conocí están muertas—dijo Hao.

Ren tomó aire. Por lo pronto debían enfocarse en el problema actual.

—Las sacerdotisas son escasas, si mi familia conoce alguna tendría que llamar a mi padre En Tao y obviamente querrá saber para qué solicito esos servicios si tengo una amiga itako.

—Es mejor no involucrar a los entrometidos Tao—dijo Horohoro riendo para distraer la rencilla de la Alianza que había salido a flote.

Era un hecho: ellos cinco tenían que arreglárselas con los recursos disponibles para no hacer el problema más grande.

La rubia recordó con dolor y cariño a la Maestra Kino, la abuela de los Asakura, su mentora, la mujer que le enseñó todo para ser una gran itako y sobre el amor maternal. Había fallecido hacía algunos años pero no por eso ella dejaba de contactarla. Si tan solo pudiera lograr invocarla sin causar caos estaba segura que ella le ayudaría a encontrar a los aldeanos. Pero no podía. Sabía que no podía. Y eso la enfureció.

—Lo peor es que…—retomó Hao el tema principal—algo o alguién está provocando esto. Están robando tu poder, Anna.

Hubo silencio sepulcral.

—Mi yo de otra vida…— empezó Yoh—suena a algo que alguna vez Manta explicó…—se esforzó por hacer memoria—una teoría de física… ¡la teoría de las cuerdas!

—La teoría propone la existencia de dimensiones que podrían estar enrolladas o compactadas a escalas tan extremadamente pequeñas que crean un número infinito de universos paralelos, algunos de los cuales pueden ser similares al nuestro con diferencias mayores o menores—dijo Horohoro imitando a Manta.

—Me sorprende que hayas retenido esa información, cerebro congelado—dijo Hao.

—Manta, no nos dejó tomar la siesta esa tarde por estar parloteando sin parar de eso— explicó Yoh y sonrió un poco al recordar aquel día. Manta realmente estaba emocionado por contarles sobre lo que había aprendido en la universidad.

—Si, mugroso enano—Horohoro también sonrió.

—La frase en chino para decir mi yo de otra vida también se puede entender como yo de otra realidad—dijo Ren levantándose a servirse un trago. Excelente. Había whisky. Sacó tres vasos.

—Doble, por favor—dijo Hao acercando otro vaso.

Hao era un maldito pero educado. Ren sirvió los tragos y los llevó a la mesa. La rubia se tomó el suyo como agua. El líquido le ayudó a pasar el nudo que tenía en la garganta.

—Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad— dijo la rubia parafraseando al novelista de Sherlock Holmes—. Esto es una locura, sacada de alguna serie de ciencia ficción…—dijo molesta mirando el fondo del vaso, deseando que hubiera más whisky—¿Qué o quién en otra realidad sería tan hijo de puta como para hacer tal cosa?

Horohoro giró su cabeza inmediatamente en dirección a Hao.

—No soy tan bastardo. No con ella—dijo Hao mirándolo con fiereza y tomo un trago del vaso. Estaba seguro que no existía ningún universo, mundo o realidad en el que la dañara. No a ella.

—Mañana es el quinto día…—dijo Anna en un susurro—¿eso significa que voy a …

—Hallaremos la manera de impedirlo—la interrumpió Yoh. No podía pensar siquiera en la posibilidad de que su rubia desapareciera.

Hao se enfureció al pensar que ella ya no estuviera.

—Los ataques eran cada día peores… —dijo Ren pensativo recordando la leyenda—tal vez los ataques eran cada día peores porque entre más fuertes fueran, más mana salía de Suge. Quizás desapareció al perder todo su mana.

Era solo una suposición pero dado que lo único que tenían eran teorías y relatos, sonaba hasta cierto punto, lógico. Apestaba que no supieran que pasaba.

—Necesito dos horas para hacer los preparativos de un ritual para sellar tu mana—dijo Hao a la rubia.

—Dadas las circunstancias, Horohoro y yo te ayudaremos. Cuando terminemos con lo que sea que le esté pasando volveremos a tratarte como lo que eres: un enemigo—dijo Ren.

—Tao, puedes atacarme cuando quieras pero no podrás conmigo—sonrió burlonamente.

Ren resopló enfadado.

La itako e Yoh entraron a la pensión a terminar de vendar la herida.

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En cuanto entraron a la habitación Yoh y Anna se fundieron en un apasionado beso, la platica en la sala había sido demasiado intensa, ¿en verdad se enfrentaban a la desaparición de la rubia?

Él la abrazó por la cintura, con cuidado de no tocar la herida. Ella hundió sus manos en la nuca de él.

—Estás enojado porque aprendí esas técnicas solo para probar mi poder—dijo ella cuando el chamán le sacaba el vestido.

Él tomó el rostro de ella entre sus grandes manos, se veían fijamente.

—Jamás he opinado de lo que puedes hacer o no con tu poder, lejos de eso, te aliento a que lo descubras. Y no me enfadé. Me heriste por ocultarmelo…—la besó con más ahínco que antes.

Ella se separó para tomar aire y le quitó la playera al chamán.

—Me heriste porque no pensaste en nosotros. En lo que pasaría conmigo si algo te pasaba—la apretó a él, sintiendo los pechos de ella en sus duros pectorales.

—No lo pensé porque fallar no era una posibilidad—dijo con altivez contra los labios de su prometido. Frotando su sexo contra el de él por encima de la ropa.

—Mierda, Anna. A veces tu poder te vuelve tan engreída que nubla tu juicio, y no consideras la posibilidad de que me faltes. No me consideras y eso me duele—él dio un jalón erótico al rubio cabello y con la otra mano apretó un glúteo de ella para intensificar el frotamiento de intimidades.

—Tienes razón—dijo ella sinceramente ahogado en un gemido.

—¿Cómo?—preguntó él.

—Lo…—empezó ella cuando su prometido repitió el movimiento anterior haciendo que de nuevo hablara gimiendo—siento.

Él capturó los labios en un beso lleno de dulzura y lujuria, al separarse él sonreía con autosuficiencia.

—¿Ahora quién es el engreído?—dijo ella guiándolo a la cama.

Yoh retiró la ropa interior negra de la rubia con cuidado de no tocar la herida reciente. Ella también lo desnudó, tocando cada parte de piel que quedaba libre.

Se quedó admirandola ahí de pie, desnuda ante él. La había visto un sinfín de veces, tenía cada centímetro de su cuerpo grabado en su memoria, pero cada vez era un deleite.

Su piel de marfil parecía brillar bajo la tenue luz del cuarto, tenía algunas cicatrices que eran finas líneas rosas regadas por el cuerpo, aún así toda su piel era lo más suave que había sentido nunca. El cabello dorado le llegaba hasta la estrecha cintura y enmarcaba su hermoso rostro, unos mechones caían por el frente tocando sus firmes y cremosos senos, los pezones duros como su miembro, su pecho subía y bajaba debido a la respiración agitada por la exitación, tenía los labios entreabiertos y los ojos miel estaban llenos de deseo. Yoh se sentía el hombre más afortunado del universo: ella era una diosa y era toda para él.

Le tomó la mano y la invitó a recostarse, se colocó encima de ella sin dejar caer su peso. La besó, luego pasó al cuello, besando, lamiendo, mordiendo un poco. Anna ahogó un gemido, esa forma de besar era su preferida.

Estaban lejos del patio pero debían ser discretos con los ruidos.

Bajó hacia sus suaves pechos donde aparte de su boca, sus manos los apretaban y acariciaban. Ella se arqueaba excitada. Dejó ahí las manos y su boca bajó hacia el plano abdomen. Bajó un poco más y sonrió haciendo un sonido corto, grave, varonil cuando vio que ella abría los muslos para él.

Ella soltó un grito ahogado de placer al sentir como su lengua entraba en ella. Yoh y su miembro se ensancharon más de orgullo al escucharla.

Comenzó a lamer, succionar y penetrar tomando la deliciosa lubricación femenina. La rubia se arqueaba por la hábil lengua de su prometido cuando sintió las firmes y grandes manos tomándola por la cadera obligando a que la espalda baja no se moviera para cuidar los puntos.

Anna era fuerte y atlética, con un mana poderoso pero su fuerza física no se comparaba con la del castaño, él la podía someter sin el menor esfuerzo y ella gustoza lo permitía.

Sí, Hao tenía razón: a ella le excitaba el poder. Pero solo el de su prometido.

Por una milésima de segundo recordó aquella misma escena pero con otro hombre, lo quitó de su mente inmediatamente, sólo eran Yoh y ella.

Cada respiración de ella era ya un gemido ahogado, volteó hacia abajo viendo como los grandes hombros mantenían bien abiertos sus muslos y como la cabeza de él se undía entre sus piernas. Llegó al orgasmo. Aún no terminaban las contracciones en las paredes vaginales cuando Yoh se irguió y la penetró. Ambos gimieron. Él se inclinó sobre ella, cubriéndola por completo, sentía los pezones rozando sus pectorales, se apoyó en un antebrazo para no caer sobre la rubia, su otra mano siguió manteniendo la cadera fija, la vez pasada que la itako tuvo el control no tuvieron suerte, era su turno de evitar que se abriera la sutura.

Salió y entró lentamente varias veces. Cuando Yoh notó que Anna estaba al borde de nuevo, entre gemidos y con ojos entreabiertos, ella le apretó la mano con la que la sujetaba, se quería mover. Él negó con la cabeza suavemente y cuando la itako iba a protestar él entró con más fuerza, los movimientos eran lentos y duros. Rudos. Sus pechos rebotaban en cada arremetida, ella gimió aprobando el ritmo y se abrazó al fuerte cuello de su prometido.

El chamán incrementó la velocidad pero no bajó la dureza, sentía todo el hermoso cuerpo de la rubia debajo de él estremecerse, él estaba en el puto paraíso.

Ella sintió que se derretía y llegó al orgasmo que fue todavía más delicioso que el primero. Él estalló dentro de ella, invadiéndola, llenándola. Yoh se esforzó como pudo en mantener la postura, seguía protegiendo la herida.

Después de los espasmos post orgasmo, ambos recuperaban poco a poco la respiración normal. Yoh le dio un dulce beso a Anna, se irguió y con orgullo vio que los puntos estaban intactos. Salió de ella sin ganas de hacerlo y se acostó al lado, la atrajo hacia él.

La rubia recostó su cabeza entre el cuello y pectoral de él: ese era su lugar favorito.

—Yoh, lo siento en verdad.

—Lo sé, no me vuelvas a dejar fuera de importantes decisiones que se te ocurran como arriesgar tu vida.

—Te amo… si llego a… solo quiero que sepas eso—dijo ella con tristeza.

—No vas a ir a ninguna parte.

—Tengo miedo—dijo ella susurrando. Toda la preocupación que no se había dejado sentir llegó de repente.

—Todo saldrá bien—dijo el chamán con su corazón apretado, su prometida era la persona más dura que conocía y que admitiera su temor era algo alarmante.

La rubia se aferró a la fé que tenía en esas palabras.

—Necesito saber algo, Anna Kyoyama—dijo Yoh para cambiar de tema y con suerte el ambiente— ¿No aceptaste casarte porque no querías que se compartiera tu información con los Tao?

—En parte eso y en parte que no quiero pensar en ser una viuda—contestó ella con sinceridad.

—Entiendo el temor a que no regrese pero, ¿por qué la Alianza es tan importante como para que no te quieras casar conmigo?

—Yoh, ¿sabes qué información tiene sobre mí tu familia?

—Datos escolares, acta de nacimiento y tu formación como itako.

—Mi acta de nacimiento fue emitida por un horfanato al que tu familia le pagó para no tener que poner nombres de los padres y muestra el día en que la Maestra Kino me encontró, no es mi fecha de nacimiento. Mi formación como itako solo se describe como destacable y es porque ella no quiso poner ahí poderes malditos o algo así, omitió lo que pasó en el Monte Osore y lo sabemos tu y yo, tus padres no. "Debes ser fuerte para protegerte a tí misma y proteger tu poder, mi niña", eso es lo que tu abuela me dijo una y otra vez desde pequeña. Supongo que ella se dio cuenta antes que yo de lo maldito de mi poder para llamar espectros infernales y por lo mismo me entrenó como sacerdotisa "no hay mente, cuerpo ni espíritu más en control que los de una itako"—citó a su mentora con orgullo antes de seguir—. Yoh, quitando los datos escolares, todo lo que hay en ese expediente es tan poco y es mentira. Podría disolver la Alianza si se enteran los Tao y tus padres se esforzaron por lograrla porque francamente, la necesitamos. Y además, no tengo ganas de que más personas se enteren de lo poco que se sabe de mí o mi poder.

El chamán acarició la mejilla de la rubia cariñosamente. Sabía lo doloroso que era para ella recordar el abandono y no saber quiénes eran o habían sido sus padres.

—Respeto tu decisión. Pero cuando superemos esto y derrotemos a Hao…

—Nos casaremos—terminó ella con determinación.

Yoh le sonrió y la besó.

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—Oye, Hao—dijo Horohoro mientras terminaba de trazar una figura en la tierra del jardín. Los tres estaban a metros distancia trazando símbolos alrededor de un círculo.

—¿Sacarás alguna ventaja de todo esto para el torneo de chamanes? Tal vez solo quieres distraer a Yoh.

Ren sonrió con burla al escuchar al Inui. De verdad que era un estúpido por decir esas cosas. El chamán de ojos amarillos podía percibir en Hao lo mismo que percibía entre Yoh y Anna, e incluso lo percibía en el mismo Horohoro aunque no supiera quien era la otra persona. Y lo percibía porque era algo que a él le faltaba, nunca había experimentado esa clase de conexión en su vida.

Ren se quedó en su lugar, se cruzó de brazos pero alerta por si Hao atacaba a su tonto amigo.

Hao caminó a pasos agigantados hacia Horohoro, estaban pectoral contra pectoral, sus rostros quedaron a centímetros de distancia.

—¿Estás insinuando que le estoy haciendo esto a Anna? —Hao lo amenazaba con el tono de voz, su mirada y su cuerpo.

—No lo sé, dime tú—Horohoro no se movió ni un milímetro, le hizo frente aún sabiendo que Hao podría terminar con él en un segundo. El chamán de hielo tenía bolas. Hao reconoció eso.

Nunca la dañaría.

Horohoro se sorprendió de la honestidad en su voz y entendió lo que Ren había comprendido hacía tiempo: a Hao le importaba Anna. En verdad.

En ese momento cambió la percepción que tenía de él: el gran chamán super poderoso de mil años quería a una mujer que encima de no corresponderle, era la prometida de su hermano, eso debía doler y bastante. Pero era muy interesante que sintiera afecto.

—No le haré daño a mi futura esposa—dijo Hao al notar como lo miraba el Inui. Parecía piedad o una mierda parecida, no le gustaba.

—Creo que está claro que ella ya eligió pareja.

—No es un secreto que llegado el momento, absorberé a Yoh, seremos uno y ella estará conmigo.

—Carajo, si que estás retorcido—dijo Horohoro.

—Y será mejor que quites de tu vocabulario ese insulto, insecto—amenazó Hao.

—Lo que pienso no lo tengo que decir, idiota. Y sal de mi cabeza—dijo Horohoro irritado sabiendo que Hao se refería a lo que los Inuis creían en general de las itakos.

Ren vio con sospecha a Horohoro.

Hao y Horohoro se apartaron.

—Por cierto—empezó Hao—cuando regresemos al torneo, los quiero en mis filas.

—¿Disculpa?—preguntó Ren enfadado.

—Me vendrían bien unos chamanes con sus habilidades.

—Hace apenas un rato nos consideraste de poder inferior.

—A veces ser carne de cañón es una habilidad. Estaré esperando cuando decidan estar del lado ganador. Igual van a morir—contestó sonriendo malditamente.

Ren y Horohoro dijeron al mismo tiempo:

—Olvídalo, imbécil.

—No hay manera, idiota.

En ese momento aparecieron Yoh y Anna en el jardín.


Amaranta: Siii, siempre he pensado que Yoh es así de celoso y dominante jeje. Hao siempre será un idiota sexy tenga los años que tenga jaja.

Te entiendo con el Hao x Anna, los amo juntos, el problema es que también amo el Yoh x Anna. En resumen, me encantan esos tres jajaja

Muchas gracias por tus comentarios! Nos vemos en el otro cap :D