Capitulo 9: ¡UN CUERPAZO!


Rias y los demás miembros del clan regresaban al club del ocultismo después de haber rescatado a Hideki, quien estaba malherido tras su enfrentamiento con el demonio renegado. Koneko, con una delicadeza que pocos habrían creído posible en alguien de su tamaño, llevaba a Hideki en sus brazos, asegurándose de no hacerle daño. A pesar de su fuerza física, era evidente el cuidado que ponía en cada paso, con una expresión que mostraba más preocupación de la que solía dejar ver. El grupo caminaba en silencio, ya que el círculo de transporte mágico de Rias no podía ser usado por alguien que no perteneciera a su clan, lo que los obligaba a llevar a Hideki de vuelta a pie.

Todos estaban aún asimilando lo que acababan de presenciar. Hideki, un simple humano sin poderes sobrenaturales, había logrado poner contra las cuerdas a un demonio renegado de gran poder. Aunque no había conseguido derrotarlo por completo, su resistencia, habilidad y determinación habían dejado a todos impactados.

Issei, quien recientemente se había convertido en demonio, parecía el más aturdido. Era la primera vez que veía una pelea de ese nivel, y le resultaba casi increíble que Hideki, sin un Sacred Gear ni ninguna ventaja sobrenatural, hubiera resistido tanto tiempo contra una criatura tan poderosa.

—"No puedo creerlo..." —murmuró Issei, mirando a Hideki mientras caminaban. Su admiración era palpable—. "¿Cómo es que alguien como él, siendo humano, puede luchar así?"

Rias, caminando al frente, asintió ligeramente.

—"Es impresionante," —admitió, aunque su tono reflejaba preocupación—. "No es común ver a un humano enfrentarse a un demonio de ese nivel y sobrevivir."

Koneko, mientras tanto, solo podía enfocarse en Hideki, quien descansaba en sus brazos. La pequeña chica había presenciado la pelea de su senpai, y por más que intentara ocultarlo, la imagen de él lanzándose al combate con tal fiereza la había dejado inquieta. Conocía a Hideki como alguien amable, siempre dispuesto a ayudar a los demás, pero ver ese lado de él, ese guerrero que no dudaba en poner su cuerpo en peligro, la había sorprendido. Él no parecía el tipo de persona que pudiese lastimar a alguien.

Una vez llegaron al club del ocultismo, Koneko recostó con suma delicadeza a su senpai en uno de los sofás. A pesar de su fuerza, sus movimientos fueron cuidadosos, casi como si temiera hacerle daño. Rias, tomando el mando de la situación, dio indicaciones claras a Akeno y Koneko.

—"Necesitamos tratar sus heridas. Quítenle el traje con cuidado."

Gracias a la iluminación adecuada del club, todos pudieron observar mejor el traje de Hideki. Era un atuendo que nunca antes habían visto, una especie de armadura moderna, diseñada para el sigilo y la agilidad. Parecía algo salido de una película de superhéroes. El material oscuro y resistente se ajustaba perfectamente al cuerpo de Hideki, como una segunda piel. Los miembros del club intercambiaron miradas sorprendidas. Ninguno había visto algo similar, y todos estaban seguros de que la tecnología humana no estaba tan avanzada como para crear un traje así.

Koneko y Akeno se miraron, sin saber exactamente por dónde empezar. El traje parecía complejo, sin cierres evidentes. Decidieron comenzar por las extremidades, pensando que sería lo más sencillo. Koneko se arrodilló junto a sus pies, quitándole las botas con la misma atención con la que lo había cargado, mientras Akeno se concentraba en los guantes.

Cuando Akeno finalmente logró quitarle uno de los guantes, se quedó un momento observando las manos de Hideki. Eran grandes y robustas, ásperas por los callos que se habían formado a través de años de esfuerzo. Pequeñas cicatrices recorrían sus dedos y el dorso de sus manos, señal de múltiples batallas, entrenamientos y pruebas que había enfrentado. Akeno, aunque acostumbrada a ver la fuerza en los demás, no podía evitar sentirse sorprendida al ver las marcas que quedaban en el cuerpo de Hideki.

—"Estas manos..." —murmuró Akeno para sí misma, impresionada por la dureza que evidenciaban. Era un claro contraste con la amabilidad que Hideki siempre mostraba, como si su cuerpo hablara de una vida de lucha que él ocultaba.

Koneko, quien también observaba de cerca mientras le quitaba las botas, notaba esos detalles con una mezcla de curiosidad y admiración. Esos callos y cicatrices no solo eran señales de su determinación, sino de las incontables veces que había superado sus propios límites. La pequeña demonio no podía evitar sentirse más conectada con él, sabiendo que, detrás de su bondad, había un guerrero que había sufrido y entrenado sin descanso, todo con un solo objetivo en mente: proteger a los demás, aun cuando eso significara poner en riesgo su propia vida.

Ambas chicas, ahora conscientes de lo que realmente implicaba ser Hideki, intercambiaron una mirada en silencio. Mientras continuaban con el cuidado, el respeto por el chico que yacía inconsciente frente a ellas no hacía más que crecer.

Con las botas y los guantes ya removidos, Koneko y Akeno se miraron brevemente antes de proceder con la parte superior del traje. Ambas estaban nerviosas, no solo por la seriedad de las heridas de Hideki, sino por lo que descubrirían debajo de esa extraña armadura. Trabajaron juntas con cuidado, asegurándose de no empeorar ninguna de sus lesiones mientras deslizaban el traje hacia arriba, exponiendo poco a poco la piel del torso de Hideki.

Cuando finalmente lograron quitarle la parte superior del traje, ambas se detuvieron por un momento, sorprendidas ante lo que veían.

El cuerpo de Hideki estaba cubierto de heridas recientes: hematomas, cortes y marcas de la pelea que apenas había terminado. Pero lo que más llamó su atención fueron las cicatrices, unas más antiguas que otras. Parecían de todo tipo: cortes profundos, rasguños, incluso marcas que parecían de balazos. Era evidente que su senpai había pasado por numerosas batallas antes de esta, y cada cicatriz contaba una historia que ellas aún desconocían.

—"Ha estado peleando... mucho más tiempo de lo que pensábamos," —murmuró Akeno, apenas en voz alta, mientras sus ojos recorrían el torso de Hideki.

Pero lo que también les llamó la atención fue lo bien trabajado que estaba su cuerpo. Sus pectorales eran firmes, grandes y definidos, pero no exagerados. A simple vista, parecían suaves, casi como almohadas, a pesar de la evidente musculatura debajo. Justo debajo de sus pectorales, un marcado six-pack se ajustaba perfectamente a su estructura. Akeno, aunque trataba de mantener la compostura, no pudo evitar admirar lo armonioso que era su físico, denotando no solo fuerza sino también un equilibrio perfecto para la pelea.

Koneko, aunque más reservada, también notaba lo mismo. A pesar de la seriedad de la situación, no podía negar lo impresionante que era el cuerpo de su senpai. Los músculos de Hideki no eran exageradamente grandes como los de alguien que entrenaba solo por apariencia. Más bien, su cuerpo era el de un guerrero, alguien que había moldeado cada músculo para el combate, para la resistencia, y no simplemente para lucir bien. Cada parte de su físico mostraba funcionalidad, como si cada centímetro de su cuerpo hubiera sido esculpido por el esfuerzo y la necesidad de sobrevivir.

Koneko notó que sus manos temblaban ligeramente mientras seguía quitándole el traje. La mezcla de preocupación por sus heridas y el respeto por lo que había hecho para mantenerse en pie la inquietaba más de lo que quería admitir. Aun así, siguió con la tarea, quitándole con cuidado la última parte del traje mientras trataba de ignorar el calor que sentía en sus mejillas.

—"Él es más fuerte de lo que aparenta," —dijo Akeno, con una leve sonrisa mientras sus ojos se posaban sobre las cicatrices—. "Pero... esto debe haberle costado mucho."

Koneko asintió en silencio. No podía evitar sentir una punzada de admiración y preocupación al mismo tiempo. Hideki no solo era amable y humilde, sino que llevaba consigo el peso de un guerrero que había luchado en más batallas de las que alguna vez había admitido.

Con el traje finalmente removido, tanto Koneko como Akeno no pudieron evitar observar con más detalle el cuerpo de Hideki. Mientras sus manos trabajaban con cuidado para no empeorar sus heridas, ambas chicas se encontraron mirándolo con una mezcla de asombro y, en el caso de Akeno, una pizca de curiosidad más... traviesa.

Akeno, con su habitual aire juguetón, dejó escapar una pequeña risa entre dientes mientras sus ojos recorrían el torso bien esculpido de Hideki. Su mirada se detuvo una vez mas en sus pectorales, notablemente grandes y definidos, y luego bajó hacia el marcado six-pack que parecía encajar perfectamente con su cuerpo, como si estuviera hecho para la batalla. El toque de perplejidad en su expresión pronto fue reemplazado por una chispa traviesa.

—"Vaya... quién diría que debajo de esa armadura había un cuerpo tan impresionante," —murmuró Akeno, su tono bajo y seductor, mientras seguía recorriendo el torso de Hideki con los ojos—. "Me pregunto cuántas chicas más querrían ver este espectáculo."

Koneko, al escuchar eso, sintió un calor repentino subiendo a sus mejillas. Aunque intentaba mantener la calma y concentrarse en las heridas de Hideki, el comentario de Akeno solo hizo que sus pensamientos se nublaran. Trató de no mirar demasiado, pero cada vez que sus ojos se desviaban hacia los músculos de su senpai, sentía una extraña mezcla de admiración y nerviosismo.

—"No... no es algo para bromear," —susurró Koneko, su voz apenas audible, mientras evitaba hacer contacto visual con Akeno y concentraba su atención en una de las cicatrices en el brazo de Hideki. Pero sus manos temblaban levemente mientras lo atendía, consciente del calor que sentía al estar tan cerca de su senpai.

Akeno, por su parte, no pudo evitar notar la timidez en Koneko. Con una sonrisa juguetona, se inclinó un poco más cerca de la pequeña chica, sus ojos brillando con diversión.

—"Oh, ¿qué pasa, Koneko-chan? ¿Te sonrojaste por el cuerpo de Hideki?" —susurró Akeno, su tono suave pero provocativo.

Koneko negó con la cabeza rápidamente, aunque su rostro traicionaba su incomodidad.

—"No... es solo que..." —murmuró, sin saber exactamente qué decir. La verdad era que, aunque nunca había pensado en su senpai de esa forma antes, ahora que lo veía así, con el torso al descubierto, no podía evitar sentirse un poco más consciente de él. A pesar de su habitual calma, había algo en la situación que la hacía sentirse extraña, casi vulnerable.

Akeno, disfrutando de la reacción de Koneko, no pudo resistir hacer otro comentario mientras sus dedos pasaban por una de las cicatrices en el abdomen de Hideki, rozando levemente su piel endurecida.

—"Supongo que alguien tan amable como Hideki esconde muchas sorpresas bajo la superficie," —dijo en tono juguetón—. "¿Quién diría que su cuerpo estaría tan... trabajado? No es de extrañar que sea tan fuerte."

Koneko intentaba mantener su compostura, pero las palabras de Akeno no ayudaban. Miraba a su senpai de reojo, luchando con sus propios pensamientos. No quería parecer pervertida ni mucho menos, pero no podía negar que, en ese momento, Hideki se veía increíblemente fuerte y... atractivo. Mientras Akeno continuaba con su actitud juguetona, Koneko solo pudo apartar la mirada, el rubor en sus mejillas haciéndose cada vez más evidente.

—"Sólo... concéntrate en curarlo," —respondió Koneko con voz tensa, tratando de mantener su calma. Pero incluso ella sabía que la situación ya se había vuelto mucho más incómoda de lo que esperaba.

Akeno, con una sonrisa que no pasaba desapercibida, empezó a preparar su magia de curación. Mientras invocaba el hechizo, sus dedos, ya iluminados con la energía mágica, se deslizaron por el cuerpo de Hideki de una manera que se sentía... innecesariamente lenta. Su mano comenzó a aplicar la magia suavemente en las heridas más visibles, pero al mismo tiempo, aprovechaba la oportunidad para recorrer los bien trabajados músculos de Hideki.

—"Qué interesante... estos músculos son como acero," —murmuró en voz baja, como si estuviera hablando para sí misma, pero lo suficientemente alto como para que Koneko la escuchara. Su mano rozaba el abdomen marcado de Hideki, donde las cicatrices viejas y las nuevas heridas se entrelazaban, creando una mezcla que solo acentuaba la dureza de su cuerpo. Pero había algo más—. "Aunque duros por fuera, también son... sorprendentemente suaves al tacto."

Akeno dejó que su mano recorriera los pectorales de Hideki, con una especie de curiosidad casi lasciva, admirando lo firme pero a la vez flexible que era su cuerpo. Cada movimiento era una excusa para tocarlo un poco más de lo necesario.

—"Realmente es una obra de arte," —susurró, con una risa suave mientras continuaba aplicando su magia en las heridas. Sus dedos trazaban suavemente las líneas de los músculos, como si cada cicatriz, cada rasguño, contara una historia que ella quería explorar en detalle—. "Es sorprendente que un humano sin Sacred Gear pueda desarrollar un cuerpo como este. Es casi... inhumano."

Koneko, que estaba observando de cerca, no pudo evitar fruncir el ceño ante la evidente falta de profesionalismo de Akeno. La forma en que sus manos se demoraban demasiado en cada parte del cuerpo de Hideki, y la manera en que sus ojos brillaban con una mezcla de admiración y picardía, no pasaba desapercibida para la pequeña chica. Aunque Koneko era más reservada en cuanto a expresar lo que sentía, no podía evitar sentir una punzada de incomodidad ante la actitud de Akeno.

—"A-Akeno... sólo cúralo," —murmuró Koneko, tratando de sonar firme, pero el tono de su voz mostraba su creciente inquietud.

Akeno, sin dejar de sonreír, la miró de reojo.

—"Oh, Koneko-chan, no te preocupes. Estoy cuidando muy bien de Hideki," —respondió Akeno en tono juguetón, aunque claramente disfrutaba de la situación—. "Además, no puedo evitar admirar lo bien trabajado que está. No todos los días tenemos la oportunidad de ver a alguien así, ¿verdad?"

Mientras decía eso, sus dedos trazaban un pequeño círculo en el pecho de Hideki, como si estuviera dibujando algo en su piel con la magia curativa. Era obvio que no tenía ninguna prisa en terminar el trabajo.

—"Sí, es bastante fascinante... cuánta fuerza debe haber detrás de estos músculos," —añadió Akeno, deslizando sus manos por sus hombros y clavícula, disfrutando el contacto con cada parte de su cuerpo. Su sonrisa se hizo más traviesa—. "Me pregunto... cuántas más sorpresas esconde nuestro querido Hideki debajo de esa amabilidad."

Koneko, cada vez más frustrada, intentaba concentrarse en las heridas que aún quedaban por sanar, pero la forma en que Akeno se comportaba la distraía. No podía evitar notar cómo las manos de Akeno seguían explorando con más libertad de la necesaria, y aunque Koneko trataba de mantenerse al margen, no pudo evitar que un ligero rubor se instalara en sus mejillas.

—"Ya basta, Akeno," —dijo Koneko finalmente, con más firmeza esta vez, aunque aún en voz baja—. "Deja de jugar y termina de curarlo."

Akeno, dejando escapar una risa suave, terminó de aplicar la magia, aunque lo hizo con una última caricia en el pecho de Hideki, disfrutando el momento un poco más.

—"Está bien, está bien, Koneko-chan. Sólo estaba disfrutando un poco la vista," —respondió, divertida, antes de dar un paso atrás y dejar que Koneko se acercara de nuevo—. "Pero hay que admitir que nuestro querido Hideki es todo un misterio... tanto por dentro como por fuera."

Mientras Koneko se inclinaba para continuar cuidando de Hideki, no pudo evitar sentir una mezcla de alivio y nerviosismo. Aunque Akeno había sido juguetona y descarada, había algo en lo que decía que resonaba en ella. El cuerpo de Hideki, con todas sus cicatrices y músculos, era el reflejo de alguien que había enfrentado mucho más de lo que dejaba ver a los demás.

Koneko, ahora más tranquila tras la retirada de Akeno, se inclinó hacia Hideki, su pequeña figura apenas ocupando espacio junto al cuerpo imponente de su senpai. Aunque en un principio solo quería asegurarse de que sus heridas estuvieran completamente cubiertas por la magia, sus dedos comenzaron a moverse de forma casi automática, recorriendo las cicatrices con una delicadeza que contrastaba con la dureza de su expresión habitual.

Su mano, pequeña y ligera, acarició suavemente el borde de una cicatriz en el abdomen de Hideki. Sin darse cuenta, sus dedos seguían el contorno de sus músculos, notando cómo se tensaban ligeramente incluso estando inconsciente. A pesar de su naturaleza reservada, algo en la imagen de Hideki, tan vulnerable y a la vez tan fuerte, la mantenía completamente absorta.

Koneko no era del tipo que se dejaba llevar por sus emociones fácilmente, pero sentir el calor del cuerpo de Hideki, ver cómo su pecho subía y bajaba de manera rítmica con su respiración, la hacía sentir algo que no comprendía del todo. Su pulso se aceleró, y su rostro comenzó a calentarse lentamente, aunque intentaba no mostrarlo.

—"Es... duro," —murmuró para sí misma, apenas consciente de lo que estaba haciendo. Sus dedos siguieron trazando una línea suave desde el abdomen hasta el pecho, notando cómo los pectorales de Hideki eran firmes y amplios, como si estuvieran hechos para soportar cualquier carga o golpe. Koneko sabía que Hideki no era alguien que se jactara de su fuerza física, pero su cuerpo contaba una historia diferente.

Sin embargo, en medio de su trance, una suave risa la hizo volver a la realidad.

—"Oh, Koneko-chan... parece que no soy la única que disfruta de la vista," —la voz de Akeno sonaba juguetona, con un toque de travesura evidente. Ella había estado observando en silencio desde un rincón, notando cómo Koneko, normalmente reservada, había caído en un estado de fascinación por el cuerpo de Hideki.

Koneko se tensó de inmediato, retirando la mano como si el cuerpo de Hideki estuviera ardiendo. Su rostro, que normalmente mantenía una expresión fría e imperturbable, se tornó de un suave tono rosado mientras trataba de apartar la mirada de su senpai.

—"N-No estaba..." —comenzó a decir, aunque su voz sonaba más tímida de lo habitual, traicionando su intento de mantenerse serena.

Akeno soltó una risa más suave, claramente divertida por la reacción de Koneko. Se acercó, colocando una mano en su propio mentón mientras observaba a la pequeña chica con una sonrisa cómplice.

—"No tienes que mentir, Koneko-chan. Es natural sentirse curiosa," —dijo Akeno, dándole una pequeña palmadita en la cabeza—. "Después de todo, Hideki-kun tiene un cuerpo bastante... impresionante, ¿no crees?"

Koneko intentó mantener la compostura, pero el rubor en su rostro no desaparecía, y aunque intentaba ignorar los comentarios de Akeno, no podía negar la verdad de lo que había dicho. Hideki era fuerte, tanto en espíritu como en físico, y aunque jamás lo admitiría en voz alta, no había podido evitar sentir algo al tocarlo.

—"Solo... estaba asegurándome de que estuviera bien," —respondió finalmente Koneko, cruzando los brazos de manera defensiva, aunque el tono de su voz aún mostraba su nerviosismo.

Akeno la miró con una sonrisa satisfecha, pero no insistió más. Había disfrutado molestándola lo suficiente por el momento.

—"Claro, claro," —respondió Akeno, su tono claramente burlón mientras se alejaba un poco—. "Pero si necesitas... más tiempo para asegurarte, no te preocupes. No diré nada."

Akeno y Koneko continuaban con su tarea de retirar el traje de Hideki, trabajando con cuidado para no agravar las heridas del joven mientras descansaba. Ahora era el turno de quitarle el cinturón, que a simple vista parecía un accesorio ordinario, pero al tocarlo, ambas chicas notaron que era bastante diferente. No era un simple cinturón, sino que contenía varios compartimentos pequeños para artilugios y herramientas.

—"Este cinturón es bastante peculiar," —comentó Akeno, deslizando sus manos a lo largo del accesorio mientras sus dedos exploraban cada uno de los compartimientos—. "Parece más... funcional que decorativo. ¿Te diste cuenta, Koneko-chan?"

Koneko asintió con un suave "hm" mientras también inspeccionaba el cinturón con curiosidad. No era algo que hubieran visto antes, y era evidente que no pertenecía a una tecnología común de los humanos.

—"No es como lo que estamos acostumbradas," —murmuró Koneko, mientras Akeno lograba finalmente desabrochar el cinturón con un suave chasquido.

Después de quitarle el cinturón con los compartimentos para artilugios, ambas se dispusieron a desabrochar el pantalón de Hideki, aunque no podían evitar notar lo que esto implicaba. Akeno, siempre juguetona y con una sonrisa provocadora, deslizaba la tela con una mezcla de curiosidad y picardía. Koneko, por su parte, se mantenía más reservada, pero incluso ella no podía evitar sentirse nerviosa, sus dedos torpes mientras ayudaba.

Al bajar el pantalón y dejarlo a un lado, ambas se quedaron boquiabiertas. Aunque Hideki aún llevaba sus boxers, la silueta de su entrepierna era difícil de ignorar. Era imposible no notar el tamaño, y el pensamiento hizo que el pulso de ambas chicas se acelerara.

—"Oh... vaya..." —Akeno murmuró, un brillo claramente lascivo en sus ojos, recorriendo la figura de Hideki de arriba abajo—. "Definitivamente... tiene más que músculos bien trabajados, ¿no te parece, Koneko-chan?"

Koneko intentaba no mirar, pero la tentación era difícil de ignorar. Sabía que no debería estar enfocándose en eso, pero sus ojos se desviaban inconscientemente hacia el bulto. El rubor en sus mejillas se hacía más evidente, y aunque trataba de mantenerse concentrada en su tarea, su mano temblaba ligeramente mientras tocaba la piel expuesta de Hideki.

—"N-no..." —murmuró Koneko, apartando la vista rápidamente—. "No es para tanto..."

Pero su propia voz la traicionaba, y Akeno no pudo evitar notar su timidez. La mayor rió suavemente, disfrutando de la reacción de la pequeña gata.

—"Koneko-chan, no necesitas ser tan tímida," —dijo Akeno mientras aplicaba un suave toque mágico en el torso de Hideki—. "Es completamente natural... un cuerpo como este no se ve todos los días, ¿verdad?" Sus manos se movían con deliberada lentitud mientras tocaba los músculos de Hideki, aparentemente concentrada en curarlo, pero claramente disfrutando cada segundo.

Los dedos de Akeno recorrían sus pectorales, firmes como acero pero sorprendentemente suaves al tacto. Cada músculo parecía esculpido, no exageradamente grande, pero perfectamente proporcionado para un cuerpo hecho para la batalla. Akeno dejaba que sus manos pasaran por su abdomen, el six-pack bien definido.

—"Qué cuerpo tan... sorprendente," —murmuró Akeno con una mezcla de admiración y deseo en su voz—. "Duro como el acero, pero con una suavidad que es... muy agradable de sentir." No se molestó en disimular la sensación de disfrute mientras sus dedos seguían explorando.

Koneko, aunque mucho más reservada, también se encontraba tocando el cuerpo de Hideki de manera casi inconsciente. Sus manos pequeñas rozaron una vieja cicatriz en su muslo mientras trataba de aplicar algo de magia curativa, pero la sensación de la piel cálida y los músculos firmes la distraían. El calor en su rostro crecía, y aunque intentaba mantener la calma, su respiración se aceleraba levemente.

—"N-no debería estar tocando tanto..." —murmuró Koneko para sí misma, pero sus dedos seguían recorriendo el cuerpo de Hideki, sintiendo la textura de su piel y las cicatrices que narraban tantas historias de batalla. Había algo en la vulnerabilidad de ese momento que la hacía sentirse más cercana a él.

Akeno, siempre perceptiva, no dejó pasar la oportunidad para molestar a su amiga.

—"Koneko-chan..." —dijo con un tono travieso, una sonrisa jugando en sus labios—. "¿Te gusta lo que sientes?"

Koneko, sobresaltada, retiró su mano de inmediato, su rostro completamente rojo.

—"¡N-no! No es eso..." —dijo rápidamente, mirando hacia otro lado con vergüenza. Aunque intentaba ocultarlo, la manera en que había estado acariciando el cuerpo de Hideki delataba algo más profundo, una conexión física que ni ella misma entendía del todo.

Akeno rió suavemente, disfrutando de la incomodidad de Koneko mientras continuaba con su tarea, claramente deleitada por la situación.

Koneko, aún ruborizada, lanzó una mirada rápida a Hideki antes de centrarse en otra cosa, intentando recuperar su calma habitual. Pero en el fondo, sabía que Akeno tenía razón: había algo en Hideki que la hacía sentir de una manera que no terminaba de comprender.


En un rincón de la sala, Issei observaba la escena con una mezcla de emociones, pero una en particular se destacaba: una profunda, desgarradora envidia. Sus ojos se llenaban de lágrimas mientras veía cómo Koneko y Akeno se ocupaban de Hideki, ambas inclinadas sobre su cuerpo.

—"¡Tenía que haber sido yo!" —exclamó en un susurro dramático, con los puños apretados contra el suelo, temblando por la frustración. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas mientras su mente no dejaba de repetir una y otra vez lo injusto que todo le parecía—. "No él... ¡yo soy el protagonista de esta historia!"

Kiba, que estaba de pie a su lado, se inclinó hacia él con una sonrisa apaciguadora, aunque claramente divertida por la situación. A pesar de estar acostumbrado a las excentricidades de Issei, nunca dejaba de sorprenderle cuánto se podía dejar llevar por sus celos.

—"Vamos, Issei. No es para tanto," —dijo Kiba con su habitual tono calmado, apoyando una mano en el hombro de su amigo para intentar tranquilizarlo—. "Hideki está malherido. Deberías sentir un poco de compasión por él."

—"¿Compasión? ¿¡Compasión!?" —Issei se volvió hacia Kiba, sus ojos aún llenos de lágrimas y su rostro completamente consternado—. "¡Ese tipo tiene a Akeno-san tocándole el pecho y a Koneko-chan acariciando sus cicatrices! ¡Eso debería estar pasándome a mí!" —gimió, haciendo pucheros mientras se desplomaba dramáticamente contra la pared.

Kiba se rió suavemente, sin poder evitarlo. Aunque entendía el sentimiento de Issei, la situación resultaba casi cómica.

—"Entiendo que estés celoso, pero Hideki está inconsciente. No creo que esté disfrutando mucho de la situación," —comentó Kiba con una sonrisa tranquila—. "Además, deberías alegrarte de que ambas estén ayudando a alguien herido."

Issei soltó un gruñido de frustración, frotándose los ojos para secar las lágrimas que seguían cayendo.

—"¡No importa si está inconsciente! ¡Mira cómo lo tocan!" —volvió a quejarse, señalando hacia Hideki, que seguía recostado en el sofá, mientras Akeno terminaba de aplicar su magia curativa—. "¡Esos músculos... esas cicatrices! ¡Koneko y Akeno-san no me mirarían así ni aunque me lanzara contra un demonio diez veces más fuerte que yo!"

Kiba suspiró y le dio unas palmaditas en el hombro, tratando de ser el amigo comprensivo que Issei necesitaba en ese momento.

—"Tienes que ser paciente, Issei. Ya tendrás tu momento. Y además..." —Kiba hizo una pausa, mirando a Issei con una sonrisa aún más grande—. "¿No crees que sería más impactante si te ganaras su atención de una manera menos... dramática?"

Issei lo miró por un momento, reflexionando sobre sus palabras, pero luego volvió a resoplar.

—"¡No lo entiendes, Kiba! Siempre es él, el tipo cool que se lleva toda la atención. ¡Yo también quiero ese tipo de atención!" —gimió, cruzando los brazos y hundiéndose aún más en su autocompasión.

Kiba, divertido, solo asintió y decidió dejar que Issei tuviera su momento.


fin espero les haya gustado