Capítulo 20 🎴

"Mira mamá"… ¡condenado escuincle! — Maldijo Kokonoi mientras se lava la cara por enésima vez en ese momento. —¡Y de remate se aparecieron esas tres! — Volvió a maldecir al recordar que en el cine se encontró con la novia de Takemichi, y las hermanas de Taiju y Mikey, Yuzuha, y Emma.

Bien, ellas no hicieron nada para arruinar la situación, fue Inui quien las incluyó en la actividad después del cine, y no sabía si lo hizo por evadirle o porque ninguno de los dos mencionó el asunto de la heladería.

—¡¿Por qué tenía que irse todo al demonio?! — Chilló para hundirse de una vez por todas en la bañera. —Estabamos tan cerca… Inupi y yo podía haberle dicho después de la película… ¡Pero no!… — Ese pensamiento le hizo enfurruñarse más debajo del agua, sólo para después sacar su rostro del agua para tomar aire. —Inupi… — Llamó al otro con un lamento que generaría pena y hasta un poco de risa en quien le oyese.

Por otro lado, o para ser más precisos, en la casa de los Inui, el rubio parecía querer fundirse en el sofá, desde que había llegado a su casa se había tirado sobre este, ocultado a toda costa su rostro. Sus mejillas se habían vuelto a encender con fuerza una vez que cerró la puerta detrás de sí mismo. —¡Dios! — Soltó por enésima vez. —Gracias al cielo que no están mis padres ahora. — Hasta donde él sabía, su padre trabajaría y si bien había sido el día libre de su madre, él se había encargado de que ella tuviera una tarde noche relajante en un pequeño spa. Se dió la vuelta en el sofá, quedando boca arriba. —Estoy casi seguro que rozamos nuestros labios… — Se sentía confundido en ese momento. —¡Ya deja de pensar en eso! — Se reprendió, cubriendo su rostro con sus manos. —Si ese pequeño no hubiera gritado… Koko y yo… — Susurró descubriéndo lentamente su rostro y llevando las yemas de sus dedos a sus labios. —Nos hubiésemos besado. — Terminó la frase en su mente. —¡Ahhh! — Soltó un ligero grito y se volvió a tapar la cara, poco a poco comenzó a sentir los ojos arderle. —¿Por qué te iba que pasar todo esto? — No sabía perfectamente si era reclamo por todo el enredo de la tarde o por todo lo que había pasado entre ellos desde que se conocieron.

El rubio se sentó en el sofá, sintiendo como una lágrima traicionera escapaba de uno de dos ojos, más no hizo nada para detenerla, era como si se desconectara de sí mismo por ese momento.

—¿Sei? — La suave voz de su madre lo trajo de regreso. —Cariño, ¿estás bien? — Preguntó preocupada al ver los ojos rojos de su hijo, rápidamente se acercó hasta él, acunando el rostro del chico en sus manos. —¿Qué pasó? — Limpio con uno de sus pulgares aquella lágrima. —¿Peleaste con Hajime? — Preguntó con suavidad, por norma, o hasta donde ella recordaba, cuando su hijo se peleaba con el pelinegro solía llorar, o al menos, cuando era pequeño eso sucedía con frecuencia.

Inui miró por unos segundos a su madre, sintiendo su respiración pesada. —No… — Respondió casi como si aquella simple sílaba le hubiera robado todo el aire. —No… no pasó nada. — Dijo evadiendo la mirada de su madre, mientras empezaba a tener la mirada aún más borrosa.

Linda frunció el ceño, a modo de pena, su corazón dolió al ver a su hijo así. —Mi niño. — Habló suavecito, sentándose a su lado para abrazarlo, sin obligarlo a verla a la cara.

"Cómo me apena verte llorar

Toma mi mano, siéntela

Yo te protejo de cualquier cosa

No llores más, aquí estoy"

—Mamá… — La voz de Inui sonó bajita, como si tratara de que su madre no notará que el llanto le estaba ganando.

—Dime, amor. — Respondió ella,ejerciendo un poco más de presión en el abrazo.

—¿Cómo… cómo puedo callar… esto? — Su pregunta fue más un susurro.

Linda depositó un tierno beso en la coronilla de su hijo. —Hay cosas que no se pueden callar, y las tienes que hablar, a veces contigo mismo, o con otros. — Respondió ella. —Sei, tienes un lindo hábito hacia los demás… el cual es actuar siempre con la intención de ayudar, no lo notas, pero siempre estás ahí, incluso cuando no quieres ser visto. — Comentó su madre, haciendo alusión al dinero que él dejaba para pagar la hipoteca, las veces que ella o su marido llegaban y la ropa estaba limpia, o incluso ocasiones en las que había comida preparada, el chico no era el mejor cocinero y ciertamente las labores domésticas tampoco eran su fuerte, pero hacía todo por ayudar de una u otra forma a sus padres. Seishu miró de reojo a su madre, está le miraba con cariño. —Y ese bonito hábito hacia los demás, es algo muy cruel hacia ti mismo. — El chico abrió un poco sus ojos. —Ayudas a otros, pero no pides ayuda cuando tú la necesitas.

Seishu miró de frente a su madre, tanto como le permitía el cómo estaban sentados en el sofá. —Estoy mal… esto… — Señaló a su corazón. —Esto de aquí está mal… — Su naríz se había comenzado a poner roja, sus ojos se aguaron aún más. —No puedo con esto… ya no se que hacer… trato de callarlo pero no puedo… creí que ignorándolo todo iba a estar mejor, pero no es así…

"Fuerte te ves, pequeño estás

Quiero abrazarte, te protegeré

Esta fusión es irrompible

No llores más, aquí estoy"

A Linda le dolía ver a su hijo así, era obvio que no estaba bien, que tenía mil cosas encima, miedos, culpas, y que quizás está era una de las tantas veces que él chico se desmoronaba así, pero nadie le había acompañado. —Mi niño… — Pensó ella, sin detener a su hijo en aquel monólogo que simbolizaba romper el silencio, silencio que nuevamente él se había impuesto y que nadie había tratado de remover.

La respiración del chico ya estaba siendo un caos, y eso era evidente para su madre. —Estoy mal…

Linda no pudo más y comenzó a negar con la cabeza. —No, no es así. — Llevó su mano izquierda hasta el rostro del chico y lo miró. —Amar no es malo, estar enamorado no es malo.

—En mi caso… ¡Lo es! — Afirmó el chico.

—Claro que no. — Repuso ella.

Seishu se levantó de golpe, no quería alejarse de su madre quería alejarse de esos sentimientos que lo abrumaban, pero más que los sentimientos, esa maldita ansiedad que se encargaba de ahogarlo en mil escenarios funestos. —¡Si lo es! — Alzó la voz, más no era a su madre a quien quería callar, era así mismo lo que buscaba callar.

Linda se levantó y se acercó a él, colocando sus manos en los hombros del chico, sin obligarlo a mirarla. —Sei, mi vida, sea de quien estés enamorado, no es un delito. — Habló con suavidad.

El chico respiró aún más agitado, quería correr, callar, gritar, todo estaba siendo tan intenso que sintió que la cabeza le explotaría. —¡Sólo dilo! — Oía una y otra vez en su mente. —¡Sólo dilo, dilo ya! — Negó con su cabeza y nuevamente se alejó de su madre, y al igual que antes, de lo que se quería alejar realmente era de aquello que podía decir mentalmente, pero no verbalizar. —No es un delito, pero es igual de condenatorio que uno. — Dijo caminando con rapidez fuera de la sala.

"En mi corazón, tú vivirás

Desde hoy será y para siempre amor

En mi corazón no importa que dirán

Dentro de mí estarás, siempre"

Linda miró a su hijo, y sólo le quedaba un recurso, uno que no hubiese usado jamás, si pudiera haber otra forma de hacer que su hijo se dejara ayudar, aunque sea por esa vez. —Sei, ¿acaso Hajime… te rechazó? — Lo último lo dijo en un tenue susurro, porque realmente no quería hacer la pregunta, no en ese momento, pero sentía que era la única forma de que su hijo dejara de correr en aquel laberinto que se había formado en su mente y corazón.

Seishu se detuvo de golpe. —¿Fui muy obvio? — Se preguntó así mismo, para inmediatamente dar una respuesta negativa a su propia pregunta, convencido que había ocultado sus sentimientos, incluso de él mismo, aunque esto último era una mentira. —¿Lo supuso o solo lo dijo al azar? — Comenzó a sentir que todo estaba dándole vueltas.

Linda se acercó a él con pasos lentos, como quien busca atrapar a un conejito sin asustarlo. —Cariño… Hay cosas que una madre nota, y a veces no dice nada por no hacer sentir a sus hijos invadidos o incluso enjuiciados. — Tomó la mano de su hijo, la misma que temblaba y que de repente se había vuelto fría.

El chico miró hacia atrás, mostrando a su madre una expresión de sorpresa, y angustia. —Ha… jime… K-koko… — Su voz se iba ahogando poco a poco. —"Ya no puedes ocultarlo, solo dilo." — Comenzó a parpadear de forma errada, evitando la mirada de su madre, buscando por toda la sala algo en que fijarla pero no podía, pasó saliva con dificultad, y balbuceaba palabras intangibles. Empezó a respirar por la boca, pues de un momento a otro había sentido que sus fosas nasales administraban aire insuficiente. —No… no.. yo… Koko… — Balbuceaba negando con la cabeza, más no era capaz de ver a su madre.

—¿Qué pasó? — Preguntó ella de forma suave.

Seishu siguió negando con la cabeza. —Koko… él… no… — Apretó los labios para después lentamente dirigir su mirada hacia los ojos de su madre. —Él no me ve así… — Soltó de forma ahogada para inmediatamente tratar de ocultar su rostro, mientras comenzaba a soltar más aquellas lágrimas que más de una vez derramó en la soledad y oscuridad de su habitación, cuando nadie estaba en casa.

Linda detuvo a su hijo en el acto de ocultarse. —Mi niño, no debes de esconderte. — Pidió cerrando totalmente la distancia entre ellos.

Seishu, con la cabeza baja y los hombros temblando, habló de nuevo. —Él no… no me ama. — Linda abrazo a su hijo y este se aferró a ella, como si fuera lo único que le pudiera tener de pie en ese momento. —Amo a alguien que jamás va a amarme. — Susurró mientras el llanto se hacía cada vez más presente.

Linda acarició el cabello de su hijo. —Te lo dijo… ¿o es a lo que llegaste tú mismo? — Para nada tenía la intención de alentar a su hijo a un amor que podía no ser correspondido, pero si tenía que guiarse por su instinto, estaba casi segura que Kokonoi si miraba de forma especial a su hijo, más no le correspondía a ella revelar esa información.

Por otro lado, en el departamento del pelinegro, este emitió el estornudo más agresivo que en su vida había dado.

—Ugh. — Dijo llevándose la mano al pecho, pues había sentido la presión del estornudo más fuerte ahí. —Todo por hacer corajes. — Se reprendió a sí mismo.

Había terminado su baño y en ese momento estaba secándose el cabello con la secadora, el cabello de Kokonoi era lacio natural, era él quien lo estilizaba, dándole aquel estilo de rulos semi marcados, muy diferente al cabello de Inui, pues el del rubio era ondulado natural, sólo que este solía plancharlo o esterilizarlo para que no se notara tanto.

Aunque el departamento de Kokonoi no era demasiado grande, sin problemas podían vivir dos personas en él, y él ya sabía a quién quería tener viviendo a su lado. A diferencia de otros departamentos, el de Kokonoi sí tenía distribuido y aislados los cuartos, uno de ellos era el que usaba para su estudio, en dónde planificaba sus negocios y también tenía administrada su vida, económicamente hablando. Otra de las habitaciones era la que él usaba para dormir, y estaba exageradamente bien ordenada, por su puesto, había días en los que ese cuarto era un caos, pero no era muy usual.

El chico se encontraba sentado en la cama, encendió la secadora y retomó su labor de secar su cabello. —¿Será prudente llamar a Inupi? — Miró su celular, no el negro que usaba para sus negocios, sino el gris que era el "personal" ese que sólo tenía Inui y que, por culpa de este, también lo tenía Takemichi.

Apagó la secadora y acercó lentamente su mano hacía que el teléfono plegable, justo cuando su mano estaba por encima del teléfono su mente le hizo una jugada. Para ser más preciso, pudo visualizar la mano de Inui en donde estaba su celular, una escena bastante similar a la que vivió en el cine esa tarde, sólo qué en el cine, Inui rápidamente quitó su mano y evitó el contacto visual.

Inupi… ¿Tú también ansiabas ese beso? — La respuesta era sí, pero a diferencia de Inui, Kokonoi no daba por sentadas las opiniones de los demás, las propias sí, aunque no fuese del todo cierto, pero jamás las de los demás. —Me gustas tanto… Inupi. — Susurró soltando un ligero susurro.

¡Riiing!

Dió el salto de su vida y alejó de golpe la mano del teléfono. —¡Carajo! — Soltó por el susto. —¿Um? — Tomó el teléfono que justamente estaba mirando, y su cara de estar embelesada pensando en el rubio, pasó a estar sombría al ver que el número que le llamaba no estaba registrado, y era obvio quien era. —Hanagaki… — La boca se le agrió, quizás por lo importuno de la llamada, porque la novia de su nuevo "jefe" y las amigas de esta le jodieron la tarde, que vamos, no fue la intención, o quizás era el hecho de que simplemente no tragaba a Takemichi por el mero hecho de haberle robado sonrisas al rubio. —Lo ignoraré. — Y así fue, dejó el celular en la cómoda. —Que molesto, justo cuando estaba por llamarle a Inupi. — Era y no mentira, si bien sí estaba pensando en llamarle, no estaba a punto de marcarle. El teléfono dejó de sonar, pero esta paz duró unas milésimas de segundo para volver a timbrar, aquello de repito por 5 ocasiones, hartando a Kokonoi. —¿Diga? — Contestó la llamada con claro fastidio.

Esto… ¿Koko? — Era la voz de Takemichi.

El pelinegro tuvo un tic en la ceja. —Oh, vaya, pero si es mi nuevo jefe. — Soltó con sarcasmo. —Ya me parecía raro que aún no hubiera solicitado algo, ¿que se le ofrece? — Interrogó de forma cortante. —Aunque he de aclarar que este no es mi número de negocios. — Eso era un aviso de que la siguiente vez que le llamará, le colgaría.

Ah, no, no iba a pedirte nada, todo lo contrario. — Se le oía nervioso. —Quería disculparme, Hina me contó lo que pasó, lamento que hayas tenido interrupción en tu salida con Inupi.

Ante aquel comentario, los ojos de Kokonoi se abrieron en señal de alerta. —¿De qué estás hablando? — Su tono era sombrío, si alguien le viera, sabría que el rostro del pelo negro tenía el subtítulo de "peligro".

B-bueno, Hina me contó que ella y las chicas se encontraron con ustedes y que terminaron viendo la película y yendo a cenar junto con ustedes… — Se le escuchaba apenado. —Por lo que Emma y Yuzuha me contaron, me queda claro que tú e Inupi han estado juntos desde siempre y creo que con todo lo que era y hacía la décima generación de los Black Dragon… bueno, tener tiempo para ti e Inupi era… importante… para ambos… u-ustedes dos. — Takemichi se sentía estúpido al hacer tanta redundancia, pero era lo que había. —Lamento que Hina y las demás… arruinaran eso… ¡Prometo que se los compensare!

Los hombros de Kokonoi se relajaron, su expresión sombría se relajó y gran parte de la molestia que tenía con las chicas se dispersó. —Vaya, parece que no eres tan tonto como te vez. — Lo pensó… y también lo dijo. —Es cierto que Inupi y yo hacíamos varios trabajos en conjunto para Taiju, pero… ese tiempo no es lo mismo a convivir plenamente… — Su tono fue algo melancólico. —Por eso… quería pasar una tarde agradable con él.

Me imagino… — Takemichi no divisaba aún la magnitud del asunto, pero entendía que de cierta forma, la salida de los chicos se había arruinado.

El pelinegro suspiró. —Tampoco es que las chicas lo arruinaran. — Añadió, porque tenía que ser honesto, las chicas no arruinaron nada, incluso hicieron que el resto de la tarde no fuera un silencio incómodo entre ellos, por mucho que Kokonoi hubiera querido, quizás, su confesión no se iba a poder dar ese día.

De verdad voy a compensarselos, a los dos… esto… bueno, te dejo. — Se despidió y colgó.

Kokonoi miró su teléfono y después se tumbó en la cama. —¿Compensarlo? — Una risa nasal escapó de él. —Sí, seguro, ¿cómo lo pensará hacer? — Preguntó mirando al techo. —Yo… creo que debo hablarle antes de dejar que pase más tiempo… — Se reincorporó en la cama y busco el número de contacto de Inui, picandole al botón verre, escuchando los tonos de llamada.

Primer tono… nada.

Segundo tono… nada.

Por favor contesta… — Suplicó internamente.

Tercer tono… la llamada había sido desviada a buzón de voz.

Me lleva la… — Se dió un golpe en la frente. —¿Puedo saber porque no me contestas? — Era un reclamo, eso era fijo. —Seishu Inui… necesito hablar contigo… lo que pasó hoy… en la heladería… — Sus mejillas comenzaron a teñirse de rosa, rosa que poco a poco se iba haciendo rojo. —No fue un error… quería hacerlo… y no sólo eso… — Rápidamente cayó en cuenta de sus palabras, pues estás daban pie a interpretar que Kokonoi deseaba algo carnal también… y hasta cierto punto, si era así, pero no quería decir eso, no en ese momento. —A-a lo que me refiero… a lo que me refiero es… — Se mordió el labio, de verdad creía que era cobarde decirlo por teléfono. —Sabes qué, te lo voy a decir a la cara… así que… no me evites después… ¿de acuerdo? — Colgó y volvió a tumbarse en la cama. —¡AAAHHH! — Soltó un grito de frustración, nerviosismo y hasta de resignación.

Respiraba hondo, pero de forma errática. —Tengo que hablar con él, de una y otra forma… — Habló en voz baja.

En la casa de Inui, estaba el rubio en el comedor con su madre, la mujer le había preparado un té para ayudarle a controlarse.

El chico respiraba de forma entrecortada mientras tenía sus manos en la taza, apretándola de vez en cuando, su celular yacía sobre la mesa, ahí lo vio sonar y vibrar, notó de quién era la llamada, más no tuvo el valor de atender.

Su madre se había sentado frente a él, con una taza de té, también, miró el lenguaje corporal de su hijo, era claro que había querido atender la llamada, pero se reprimía por su miedo.

—Cariño… — Inclinó su cabeza un poco hacia adelante. —¿Qué pasó? — No quería presionarlo, para nada, sin embargo, quería saber si había pasado algo que hiciera a su hijo que sus sentimientos eran completamente unidireccionales.

Seishu respiró hondo y soltó un largo y pesado suspiro. —N-nosotros… — Se relamió los labios y después se mordió el labio superior, Linda no dijo nada, esperaba que su hijo le contara, si no era en ese momento, podía ser después, lo que ella quería era que él hablara. —C-c-casi… — Tragó saliva con dificultad. —Nos… b-b-besamos… — Lo último fue un leve murmullo, pero aún así lo escuchó su madre.

Linda abrió los ojos tanto como sus párpados le permitían, sus orbes verdes estaban totalmente puestos en su hijo, parpadeó un poco para que su expresión no incomodara a su hijo. —Supuse que algo así podía pasar… más no esperé que fuera tan pronto o que abrumara a Sei… — En otros casos, el hecho de casi besarse con la persona que le gusta a uno genera emoción, pero ahora una nueva duda saltaba a la mente de Linda. —¿Entonces por qué está tan convencido que no es recíproco? — Linda miró las manos de su hijo, estás seguían sujetando con cierta fuerza la taza. —Ok… asumo que eso fue… bastante abrumador para ti… — Habló calmadamente. —Dijiste, "casi", ¿por qué "casi"? — No sabía si había sido su hijo o Kokonoi quien detuviera el acto.

Las mejillas de Seishu se coloraron. —U-un pequeño grito de repente… — Rápidamente alzó la mirada, buscando con desesperación la de su madre. —¡No era por nosotros! — Soltó de forma rápida. —El niño vio una botarga por la ventana del local, pero su grito llamó la atención de todos! — Explicó rápidamente, como si temiera que su madre le enjuiciase por andarse besuqueando en áreas públicas.

Linda sonrió cálidamente. —Al menos ya no tartamudeo y por lo dicho… entonces es claro que era algo que Hajime quería que pasara. — Asintió suavemente con la cabeza, dándole a entender a su hijo que entendía y sobre todo, le creía al 100%. —Muy bien, si lo que los detuvo fue algo ajeno a ustedes… — Miró su taza y después a su hijo. —¿Qué te hace creer que Hajime no siente lo mismo? — No estaba asegurando que Kokonoi le amaba, pero tampoco estaba negando lo que a sus ojos era obvio.

Seishu bajó la mirada. —Koko… siempre estuvo enamorado de Akane. — Decir aquello le dolió, recordar fugazmente el día que Kokonoi se lo confesó en la primaria, una sola frase, pequeña que le mató. — "Inupi, me gusta Akane… así que… en el futuro, seremos cuñados. — Quizás era una idea boba e inocente, digna de un niño de primaria, pero para Seishu, ese fue el primer golpe al corazón, el primer gran rechazo y ni siquiera podía procesar sus sentimientos en ese entonces, su única reacción fue sentir molestia y al encerrarse en casa, fue meterse debajo de la cama y llorar sin entender porque le dolia. — "Tranquila, Akane, ya estás a salvo." — Eso fue lo que le dijo el pelinegro cuando le sacó por error de aquel incendio. —No fue a mi a quien quiso salvar… pero terminó confundiéndose. — Le ardía en el alma.

Linda no pudo ocultar su sorpresa, por su puesto que había notado que Kokonoi de pequeño tenía cierta fijación en Akane, pero a juicio de ella, el pequeño tenía más en la mira a Seishu. —Tú… ¿piensas que Hajime… — No quería hacer la pregunta, pero no había más opciones. —Te ve como una especie de "reemplazo"? — Sabía que su hijo tenía esa noción gracias a la conversación que habían tenido días atrás, aquella que les permitió conectar de nuevo. Seishu asintió, no quería hablar, sentía un nudo horrible en la garganta.

La mujer volvió a asentir. —Eso ya explica el porque te pintas las pestañas de negro. — Seishu miró a su madre, como si ella le hubiera descubierto en algo. —Tratas de decirle a los demás que eres Seishu, me queda más claro ahora. — No lo decía, pero al igual que ella, Seishu también sabía leer entre líneas, claro en cuanto a todo lo ajeno a él, y por ello mismo, entendía que su madre sentía culpa por haber permitido comentarios hirientes hacía él. Comentarios que siempre eran comparaciones entre Akane y su persona. —Amor… — Llamó a su hijo. —¿En algún momento has tocado el tema del incidente con Hajime? — Quería saber si los chicos habían dicho entre ellos como lo sintieron o vivieron, ella sabía que Kokonoi había salvado a su hijo, más no que era a Akane a quien quiso sacar.

Seishu negó. —No tocamos el tema… para nada… y después de que Akane… — Se saltó lo obvio, la muerte de su hermana. —No hemos tocado el tema nunca, no sé cómo hacerlo… y no quería herirlo con eso. — Tampoco quería herirse así mismo.

Linda entendió un poco la situación. —Sei, entiendo que no querías abrir heridas, de él y tuyas, es entendible y respetable. — Explicó. —Sin embargo… deben hablar se ello, por bien de los dos. — Seishu se tensó al oír aquello. —No digo que tenga que ser ya, sólo, deben de hablarlo, para que tengan en claro ambos no solo el duelo de cada uno, sino del otro. — Expresó con preocupación.

Seishu se mordió el labio. —Aunque me asuste y duela… de verdad es necesario que hable con él de eso… quiero disculparme por ser yo a quien sacará… pero me asusta que me confirme que se arrepintió de ello. — Pensó.

—Sei… no se bien que pasó aquel día. — Dijo refiriéndose al incendio. — Lo que sé… es que Hajime estaba asustado preguntando por tí. — No era mentira.

Era cierto que a Seishu le tocó ver a Kokonoi histérico tratando de regresar a la casa para sacar a Akane y que los bomberos y paramédicos le estaban reteniendo, también era cierto que le vió llorar jurando que reuniría los 40 millones de Yen, para las cirugías de Akane. Pero lo que Seishu no sabía, y nadie le había dicho, era que cuando llegaron al hospital, Kokonoi se quedó en blanco unos segundos para después caer de rodillas y empezar a repetir el nombre del rubio, para inmediatamente estar en crisis preguntando que sería del rubio hasta que una enfermera le explicó que él estaba bien y que solo sería una cicatriz de por vida, y quizás falla en la visión de su ojo izquierdo, pero no fue hasta que Kokonoi pudo entrar a verlo, que dejó aquel estado caótico.

Los ojos de Seishu se abrieron con sorpresa, eso era algo que realmente no se esperaba, y que definitivamente no sabía, por su puesto, iba a ponerlo en duda, pero… esa información venía de boca de su madre, y hasta donde él recordaba ella jamás le había mentido, o al menos no con respecto a algo que era de tanta importancia para él.

—Por eso te digo que deben hablarlo, hay cosas que viviste y pensaste, pero no has expresado y con Hajime es algo similar, estoy casi segura que hay cosas de ese momento que sólo pueden hablar entre ustedes. — Añadió, como madre, quería que su hijo fuera feliz y para ello, el chico tenía que dejar de guiarse por sus miedos y dudas y tendría que ir al grano. —Esa conversación y el momento en que la tengan, es algo que solo ustedes pueden decidir. — Se levantó de su silla y tomó nuevamente asiento, está vez al lado izquierdo de su hijo. —Ahora… lo que me dijiste de que él no te ve así, ¿sigues creyendo que es así o sólo han sido deducciones tuyas? — Abrazó a su hijo.

Seishu se encogió un poco y de forma inconsciente hizo un leve puchero, no el mismo que hacía cuando se enfurruñaba, sino el que solía hacer cuando se sentía avergonzado y empezaba a dudar de sus propias ideas y en este caso, sobre las afirmaciones de los sentimientos de Kokonoi. —No puedo refutar nada.

No ocupaba decir algo, su madre podía leer entre líneas en ese momento. —¿Y bien? — Preguntó con una sonrisa juguetona y un tono igual a la sonrisa, cosa que hizo que Seishu volteara a verla, sin entender qué quería saber su madre. —Con el "casi-beso"... ¿qué sentiste en ese momento? — Los ojos de Seishu se abrieron de par en par y el brillo en ellos se empezó hacer presente. —Parece que no pensó de forma pesimista en el momento.

Las mejillas de Seishu se volvieron rosas y evadió la mirada de su madre. —¿Qué sentí en ese momento? — Repitió la pregunta.

Linda rió bajito. —¿Y bien~? — Repitió, pero está vez con tono cantarín. El chico miró a su madre, como un niño pequeño que quiere decir algo, pero lo está dudando. Linda abrazó con un poco más de fuerza a su hijo. —Trata de ponerlo en palabras, aunque no tengan orden. — Ella recordaba cuando tuvo su primer beso con su esposo, y sabía que aquello era una mezcla de emociones y sensaciones.

—Yo… — Empezó a jugar con sus dedos en la taza. —S-sentí… — Se mordió los labios, su corazón empezó acelerarse como en la heladería, sintió la cara completamente caliente, ya no sentía angustia, ya era una sensación de alegría, porque si bien no era la primer vez que Kokonoi le besaba, si iba a ser la primera en la que Kokonoi le besara estando Seishu consciente… aclarando que todos los besos que Kokonoi le había robado antes, el pelinegro creía que el rubio estaba dormido. —De verdad quería que pasara. — Soltó de golpe, dejando la taza y cubriendo su rostro.

Linda abrazó de nuevo a su hijo. —Mi niño… ¿estabas feliz por la posibilidad? — Seishu asintió. —¿Qué te hacía feliz? — Preguntó. —¿El beso en sí o que era con Hajime?

—El hecho de que ambos estábamos acercando nuestros rostros. — Dijo aún con el rostro cubierto. —Por acciones así… es que no puedo evitar creer que quizás… Koko y yo… — Se descubrió un poco el rostro, mirando a su madre.

Linda le sonrió. —Mi bebé. — Dijo dándole un beso en la coronilla.

—Me siento como un bobo… — Soltó, dejándose apapachar por su madre.

—Es normal, ahora estás contemplando un contexto más amplio, y eso te hace sentir extraño con respecto a lo que creías, es parte del proceso de la vida. — Dijo meciéndose suavemente con su hijo en brazos.

—Mamá… ¿No te molesta… que sea raro? — A cualquier padre se le vendría el mundo encima si descubriera que a su hijo le gustaba alguien de su mismo sexo.

Linda negó. —No eres raro amor, estás enamorado de otra persona y eso no es delito, ¿sabes cuando es malo enamorarte de alguien? — Seishu negó con la cabeza, en esos momentos no se le ocurría otra cosa más que él gustando de otro chico. —Cuando las personas se enamoran de alguien que ya tiene pareja y actúan por todos los medios para hacerse con la persona en cuestión, enamorarse no es lo malo, lo malo es como nos guiamos en base a esos sentimientos, y en tu caso, no has hecho nada para lastimar a Hajime. — Estaba de sobra decir que si Akane siguiera viva, nada hubiera cambiado, para ella Kokonoi era como un segundo hermano.

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Habían pasado algunos días desde aquel incidente, Kokonoi seguía tratando de comunicarse con Inui, pero no había señales de este, cuando iba a la casa de él nadie atendía, cuando iba al trabajo de este, no estaba y cuando le llama… no respondía.

¡Me lleva la soberana fregada! — Maldijo por enésima vez esa tarde, resoplando y pasándose una mano por el cabello, tratando de no perder la calma. —Ya le he marcado varias veces y si no me dice que está ocupado me manda a buzón o de plano no entra la llamada. — Refunfuñó, golpeteando el piso con su pie. —¡De su casa no me muevo hasta que aparezca! — Dijo levantándose de la banca en la que muchas veces quedó de verse con Inui.

En un inicio sus pasos eran firmes y fuertes, para cualquiera que lo viera, parecía que el chico iba a reclamarle algo a alguien.

Entre las sombras una mirada cero amable iba siguiendo a Kokonoi. —Tu mayor debilidad no es quedarte sin negociaciones… — Susurró, mostrando una sonrisa llena de maldad en sus labios. —Qué útil resulta la gente que va por la vida sujetando la mano de alguien, son tan vulnerables y manipulables… — Sin que Kokonoi lo notara, aquel chico que le observaba desde las sombras comenzó a seguirle.

Conforme Kokonoi iba llegando a la casa de Inui, sus piernas empezaban a flaquear y su corazón empezaba a agitarse, no sabía si era emoción por ver al rubio o miedo de que este le mandara a freír espárragos.

¡Tranquilízate Hajime! — Se reprendió así mismo mientras sentía como las piernas comenzaban a temblarle. —No es la primera vez que vas a su casa. — Se decía así mismo mientras rememoraba las mil y un veces que había ido a la casa del rubio, por su puesto, no era la misma de cuando estaban en la primaria, pero incluso después del incendio y con la nueva dirección, Kokonoi había ido a la nueva casa muchas veces, ni que decir de la temporada en la que el rubio estuvo en la correccional, iba casi diario, claro, a un horario en el que se encontrará a los padres del chico.

Estaba a unos pasos de la casa de los Inui. —Sólo un poco más… — Sus pasos fueron más lentos.

¡Chk! ¡Chk!

El sonido de la puerta abriéndose llamó la atención de Kokonoi. —¡Inupi! — Identificó a quien salía de la casa. Sin percatarse del pelinegro Inui salía con una playera blanca de manga larga, un pantalón negro y unos botines del mismo color que el pantalón, el rostro de Inui lucía tranquilo e incluso podía notar una ligera sonrisa. —Inupi. — Llamó, está vez, no de forma mental.

Cómo si de una escena planeada se tratara, el rubio detuvo su andar para dirigir su mirada hacia donde había oído la voz de Kokonoi, el viento sopló suavemente, haciendo que algunas hebras rubias se mecieran con el paso de este. —Ko…ko… — Soltó despacio, contemplando al contrario, mismo que llevaba una camisa negra, un pantalón caqui y un candado semi formal, algo muy acorde al estilo elegante que solía caracterizar al chico. —No creí… que vendría… — Pensó.

Kokonoi caminó hasta el chico. —Está bien, gracias a Dios. — Siempre que perdía al rubio de vista, pensaba que a este le pasarían cosas terribles, le era un alivio encontrarlo y verificar que estaba bien. —¿Por qué no atiendes mis llamadas? — Soltó de golpe, ni siquiera él entendía porque eso había salido de su boca cuando en realidad quería saber cómo estaba el chico.

—¿Eh? — Soltó Inui. —El teléfono… — Sacó su celular, solo para verificar más de 20 llamadas por parte del pelinegro, tampoco es que no supiera de las llamadas, más de una si vio de quién era, pero el no tener sus pensamientos en orden le impedía tener la osadía de tomarlas. —¡Mierda! — Ahora estaba entrando en pánico interno, porque jamás creyó que había pasado por alto tantísimas llamadas, a sus cuentas, habían sido unas ocho. —¿En qué momento se hicieron más de 20? — No iba a contarlas, porque las llamadas en la bandeja de "llamada perdida" estaban a reventar con el número del contrario. —Yo… — Alzó la mirada, no había cómo explicarlo, ¿qué se supone que le iba a decir?

Las opciones eran las siguientes:

1.- Perdón, no me pude sacar de la cabeza que casi nos besamos: Obviamente no iba a sacar el tema, no tan rápido.

2.- Perdón, he estado tratando de conectar tus acciones con mis sentimientos: Era un poco más viable, pero no por ello le daba más seguridad al rubio.

3.- Perdón, me puse a pensar en todas las veces que he creído firmemente que soy un remplazo de mi hermana y por ello mismo no puedo lidiar con el hecho de que estoy enamorado de ti y de que casi nos besamos en la heladería y por poco me tomaba de la mano en el cine: Bien, está última si era la respuesta correcta, pero no la iba a verbalizar, porque entices tendría sí o sí qué hablar del incendio, y aún no sabía cómo tocar el tema.

Kokonoi en un acto de impulsividad, le arrebató el teléfono a Inui y vio el historial de llamadas, sabía que encontraría sus llamadas, y ese no era el problema, no en ese momento, pero todo estalló cuando vio un nombré en la pantalla. —¡Hanagaki! — Ahí fue donde la puerca torció el rabo, bien, podía con la idea de que Takemichi se hablará con Inui, no le gustaba, pero podía sobrellevarlo, lo que le puso celoso a más no poder fue que en el historial de llamadas aparecían algunas de Takemichi a solo unos minutos de diferencia de las suyas, con la diferencia que las del capitán de la primer división de la Tōman, si habían sido atendidas por el rubio. —¿Qué significa esto? — Dijo con un tono casi ácido, mientras apartaba la mirada de la pantalla para enfrentar a los orbes verdes llenos de pánico. —Inupi… ¿por qué atendiste las llamadas de Hanagaki y no las mías?

Inui abrió los ojos con sorpresa, porque si bien, le había quedado claro que Takemichi no era del agrado de Kokonoi, no le había visto así de… ¿celoso?, sí, esa era la palabra. —Koko… ¿está… celoso? — No era la primera vez que Kokonoi lo celaba, y estaba muy lejos de ser la última, pero si era la segunda vez que Inui lo notaba, y lo notó porque hasta cierto grado, era similar a cuando Manjiro celo a Takemichi, cuando Inui le había pedido que dejara que el chico se encargará de Black Dragon. —¿Es en serio? — El ceño fruncido, la mirada afilada, la respiración pesada del pelinegro, era obvio que lo estaba.

—¿Te estás viendo con Hanagaki? — Aquella pregunta dolió, a ambos.

—¿Eh? — El cerebro del rubio conectó rápidamente con una escena similar antes, justo después de que hablara con Manjiro. —Esa frase… — Era muy similar, al menos en cuanto a la vibra, a la que había usado en aquel entonces: "¡¿Desde cuándo haces las cosas a mis espaldas?!". Rápidamente Inui negó con la cabeza. —¡Koko, te equivocas! — Explicó levantando las manos, como si buscará tranquilizar al contrario.

Kokonoi apretó más la mandíbula. —¡¿Me equivoco?! — Se acercó más a Inui. —Entonces explícame… ¡¿qué significa esto?! — Dijo agitando el teléfono del rubio.

El graznido de las aves era lo único que acompañaba aquel tensó intercambio de palabras, pero solo una frase bastó para que todo quedara en silencio.

Inui comenzó a sentir la cara arderle. —¿Por qué parece que me estás celando? — Por norma, lo pensaba, más no lo decía ahora… ahora lo había dicho ni bien lo procesaba su cerebro. —Dios… — Soltó al ser consciente de lo que había dicho, había expuesto que sentía que Kokonoi lo estaba celando.

Kokonoi abrió los ojos tanto como sus párpados se lo permitieron, era perfectamente consciente de que estaba celando a Inui, lo sabía, no era la primera vez que le pasaba, pero si la primera que el rubio, a sus ojos, lo notaba. —¡¿Y qué si lo hago?! — Repuso él. —¡Eres mi…!

—¡Hajime Kokonoi! ¡Seishu Inui! — Aquella voz les era ajena a ambos chicos. —¿Serían tan amables de acompañarnos? — Ante ellos, el capitán de la quinta división de la Tōman, Yasuhiro Muto, más conocido como "Mucho".

Los mencionados miraron que estaban rodeados. —Esto no pinta bien… — Kokonoi se puso al lado de Inui, este le miró, aquel pensamiento del pelinegro también había surgido en el rubio.

El mismo chico que había estado observando a Kokonoi, ahora observaba la situación, desde un punto en el que él no pudiera ser visto. —Si controlo a uno de ellos, el que sea… el otro es peón asegurado. — Rió de forma ligeramente maniática.

A su lado, un joven cuya cicatriz atravesaba su rostro. —Izana… es hora de que Tenjiku de Yokohama comience la cacería de la Tōman.

El chico de hebras blancas, piel morena y ojos lilas miró a su acompañante. —Tranquilo, Kakucho, la cacería no requerirá de nosotros, disfrutemos el espectáculo, ¿verdad, Kisaki? — Miró a su izquierda, detrás de él estaba la mente maestra y retorcida, Tetta Kisaki, mismo que sonrió con una arrogancia y malicia digna de temer.


Vine inspirada en hijuesuputamadre!

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