C. 1.
Amistad
De manera inesperada, Draco Malfoy y Ron Weasley terminaron siendo mejores amigos. Ambos estaban por cumplir los 30 años, atrás había quedado el último remanente de suavidad en las facciones de ambos y un aire de incontrolable madurez, por fin, tenia lugar en sus expresiones.
Draco se había convertido en uno de los docentes más jóvenes de Hogwarts y era el candidato favorito para convertirse en el nuevo Jefe de la casa de Slytherin, una vez que Horace Slughorn se retirase. En un inicio, la opinión pública se opuso fervientemente a su ingreso como profesor de pociones en el colegio; sin embargo, él tenía el apoyo incondicional de Minerva McGonagall, quien de una u otra manera se las ingeniaba para tener bajo su ala protectora a cada uno de los estudiantes que sobrevivieron el año de 1998. A diferencia de su predecesor, Minerva no tenía la misma paciencia y no dudaba en dejar en claro qué temas eran de competencia de personas externas al colegio y cuáles no. En medio de la tormenta política que vino después de la caída de Voldemort, la directora luchó por la autonomía del colegio para que no quedara bajo las redes del ministerio consiguiendo el triunfo. Ella apoyaba la independencia de Irlanda, Gales y Escocia y pese a que no cometía acciones de sedición, protegía a capa y espada su colegio del autoritarismo ministerial.
De tal manera que Hogwarts se había convertido en un refugio para personas como Draco que querían reconstruir su vida. Minerva les dio esa oportunidad y Draco se nombró a sí mismo como su defensor número uno, incluso si en ocasiones no podía evitar llamarla "vieja insoportable" en sus adentros, cuando ésta le regresaba todos sus informes con correcciones bañadas en tinta roja criticando desde su redacción, hasta los más mínimos detalles de su planeación para los cursos. Todo ello contribuyó a que la imagen de Draco fuera la de un hombre respetable, impecable y sereno; su cabello platinado estaba corto, bien peinado y ni un solo cabello se atrevía a salir de su lugar. Siempre iba perfumado, con sus usuales pantalones negros a la medida, una camisa blanca de manga larga con botones de plata, un chaleco negro que se adecuaba a su cuerpo y una corbata verde que hacía juego con una capa del mismo color que caía desde sus hombros. Con todo, la edad hizo lo suyo y ahora Draco utilizaba unos anteojos redondos de pasta negra, lo que de ves en cuando le granjeaba las burlas de Weasley.
El pelirrojo por su parte tenía el cabello en una incontrolable mata que recortaba cada tanto, pero que se había negado a peinar desde hace años. Se dejó la barba de candado, aunque no era poblada y se había tatuado el cuerpo con motivos que honraban a los druidas celtas de su linaje. Era más alto que Draco y se lo recordaba a menudo, también tenía una complexión más fornida puesto que ahora era un jugador profesional de quidditch, siendo el capitán de su equipo favorito y guardián de la selección irlandesa. Para sorpresa de muchos (incluidos Draco), Ron era un jugador excepcional y había contribuido en varias de las victorias del equipo irlandés por lo que no era sorpresa que le pidieran su autógrafo cada tanto. Quizá por la influencia de su antigua relación con Hermione Granger, Ron usaba ropa muggle en todo momento, salvo por su uniforme de quidditch y las túnicas de gala que empleaba en eventos públicos y era el rostro oficial de Plataforma Élfica de Defensa de los Derechos Obreros.
Los dos lograron congeniar tal cual Harry se los había dicho en su momento. "Son como dos caras de una misma moneda y no lo pueden negar" les dijo la única ocasión que lo vieron en estado de ebriedad, antes de besar a Rosmerta en las Tres Escobas. La fotografía de ese suceso todavía colgaba en una de las paredes del pub y la bruja gustaba de contar con orgullo la historia. Harry había tenido razón: Ron aprendió con el tiempo a ver a Draco más allá de lo que implicaba su apellido, respetaba su inteligencia y se divertía con la temeridad que podía llegar a mostrar el slytherin; Draco, en cambio, no paraba de reír con las ocurrencias de Ronald y aunque no pensaba pedirle un autógrafo, era lo bastante versado en quidditch para saber que en unos años su firma valdría millares de galeones; no obstante, conforme pasaba el tiempo se veían cada vez menos debido a la saturación de sus agendas, llegando al acuerdo no hablado de reunirse cuatro veces al año para ponerse al corriente sobre lo que sucedía en sus vidas.
En aquella ocasión se encontraban sentados sobre una banca metálica, mientras el sol de julio iluminaba las arboledas y las matas de flores cercanas. Se hallaban protegidos por la sombra de varios acebos mientras fumaban manteniendo un silencio reconfortante. Draco agradecía la amistad de Ron Weasley, no solo era un aliado o un contacto si no que sinceramente era una persona que lo ayudó a atravesar el tiempo con una sonrisa, pero eso tenía que terminar de una vez por todas. Era inevitable.
-Weasley -dijo después de soltar una bocanada de humo contra el cielo y deshacerse de su cigarrillo.
El pelirrojo se puso tenso. Eran escasas las ocasiones en que Draco lo llamaba por su apellido y nunca eran señal de algo bueno.
-Me temo que no podemos seguir de esta manera -expresó con decisión, pero con una inflexión de tristeza. -Esta amistad -aclaró viendo que Ron estaba perdido. Maldita comadreja, a veces era insufriblemente lento de entendederas.
-¡Oh, vamos! Ya te dije que solo estaba bromeando cuando te llamé "mi mejor amigo, el hurón" en esa entrevista -dijo soltando una carcajada que lo hizo atragantarse con el humo de su cigarrillo.
Draco se sonrojó levemente, ese idiota no entendía nada.
-No me refiero a eso -aclaró mirándolo a sus radiantes ojos azules.
-Bueno, no recuerdo qué otra cosa pude haber dicho o hecho. Desde que puse leche a tu café, no he vuelto a gastarte otra broma, lo juro -siguió charlando con aire animado, ignorando la mirada asesina de Draco y desapareciendo los cigarros con su varita.
-¡¿Fuiste tú?! -preguntó con enojo, recordando las insoportables horas que tuvo que soportar en el mundo muggle con diarrea, sin ninguna poción restauradora a la mano. Draco era intolerante a la lactosa, una de sus muchas batallas perdidas en contra del tiempo. -¡Dejé calvo a ese mesero, por tu culpa!
Ron volvió a estallar en risas que retumbaban en todo el lugar. Una mujer que iba pasando a lo lejos lo miró con reproche.
-Fue un impulso -le dijo encogiéndose de hombros.
-¿Por qué haces esto difícil? -lo regañó Draco. -Estoy tratando de terminar con esta amistad y tú…
-¿Por? -lo interrumpió Ron adoptando una postura más seria y acercándose para mirarlo con intensidad. No era oclumante, pero se dio cuenta que Draco no bromeaba. Los ojos grises lo delataban.
Los dos se quedaron silencio de nuevo. Era uno distinto a los que solían compartir y Ron, que odiaba sentirse incomodo, comenzó a ponerse rojo por la molestia.
-Amo a Hermione -confesó rompiendo el silencio. Declarar con honestidad sus sentimientos por Granger frente a su mejor amigo quemaba en la garganta. Sus palabras cortaron el aire con un sentimiento crudo, contundente y extrañamente placentero. Decir aquello en voz alta era delicioso, no se comparaba con ningún vino o filtro de amor.
La cuestión era que ese tema significaba que tenían que separar sus caminos. Por años había frenado sus sentimientos por ella, primero por la imposibilidad de que la sociedad mágica aceptara que su joven promesa saliera con el hijo de un ex mortífago; después, porque la vida les exigía concentrarse en sus proyectos profesionales (y Draco tenía que trabajar el triple para que no cuestionaran su derecho por un lugar en el mundo mágico); y, finalmente, porque, sin pensarlo, su amistad con Ron alcanzó niveles de profundidad que él no imaginaba antes. Ron era el único amigo que no le seguía la corriente al tomarse el mundo tan en serio. Theo y Blaise siempre lo dejaban actuar según le pareciera, pero Weasley siempre volteaba la mesa y arrojaba todos sus planes a la basura. Donde debería haber seriedad, él encontraba comedia. Por eso, se dijo Draco, nunca saldría con Hermione; la eterna enamorada del pelirrojo.
Intentó por todos los medios ignorarla y sepultar sus sentimientos: nunca lo logró, se volvieron amigos. Después, las coincidencias de la vida los reunió para trabajar juntos en la intermediación con la gente del agua y los centauros. Incluso, si Hermione siempre llegaba tarde a las reuniones periódicas de Draco con Ron, la realidad era que la veía de manera constante y la carga de un amor no correspondido lo atormentaba. Cada día era más hermosa, más inteligente y divertida, para Draco la situación lo superaba. En la balanza del amor y la amistad ¿cómo se logra el punto medio? En otras condiciones, no debería representar una dificultad, pero estaba hechizado completamente por el que alguna vez fuera el amor de su mejor amigo ¿Cómo podía hacerle eso a Weasley después de tanto tiempo juntos destruyendo muro tras muro para consolidar su amistad? ¿Cómo dejar de amar a la mujer de sus sueños si cada instante lejos de ella era un suplicio? Claro que ella no sabía nada y no había posibilidad de que lo aceptara como algo más, pero él ya no podía fingir que no sucedía nada. Sentía que sin proponérselo estaba traicionando la confianza de los dos integrantes del trío dorado; una porque seguro pensaba que solo quería su amistad y el otro porque desconocía la ternura, el amor y la lujuria que despertaba Hermione en él.
Por lo tanto, concluyó que tenía hablar con honestidad. Ron lo odiaría en adelante y Hermione lo rechazaría sin dudar, y lo peor de todo es que, en el fondo, Draco estaba convencido de que no merecía ni la amistad ni el amor de ellos. Habían sido casi 12 años fabulosos, pero nada en la vida de un Malfoy era duradero, sino un camino hacia la tragedia.
-¡Te estoy hablando imbécil! -exclamó Ron tronando sus dedos callosos frente a Draco.
Draco parpadeo, ¿cuándo se había distraído?
-Lo siento, quiero agradecerte por todo -dijo Draco haciendo un esfuerzo por encarar a Weasley.
-¡No estás escuchando! -gruñó sujetando con su puño a Draco por la camisa. -¿Por qué no me lo dijiste antes? -preguntó con tono letal.
-Yo traté de hacerlo a un lado… -
-¡Siempre tienes que hacer de todo un maldito drama, Draco! Si no estuvieras tan empecinado en vivir como un mártir y te relajaras, sabrías desde hace años que a mí no me importa -le dijo Ron con frustración por culpa de ese idiota. Según Hermione, era un prodigio, pero Ron estaba convencido de que era uno de los imbéciles más densos del universo.
Draco simplemente no se esperaba aquello. Recordaba que cuando terminaron su relación a los 19 años, Ron lo había convocado junto con Harry para llorar con desconsuelo. Fue la primera ocasión que Ron lo incluyó en un momento tan íntimo. Sin embargo, casi de inmediato, Ron había tomado un papel activo en la P.E.D.D.O. También defendía abiertamente los proyectos políticos de la bruja en la esfera pública y estaba al tanto de lo que ocurría en la vida de Granger. Cuando ella salía a colación en alguna conversación o llegaba a sus reuniones, el rostro de él se iluminaba como el de un perro esperando a un ser preciado.
-Pero… tú… ¡yo te he visto! ¡La amas todavía! -repuso quitándose la mano del Gryffindor de encima.
Ron se llevó las manos al cabello con desesperación y puso los ojos en blanco, antes de mirar a Draco con lastima. Sí, lastima, genuina y cruel, se asomaba en la cara de Weasley que solo había mirado una vez así a Harry, cuando éste había insistido a salvar a todos en la segunda prueba del Torneo de los Tres Magos. El muy imbécil.
-¡Hermione, es mi mejor amiga! -aclaró esbozando una sonrisa, quería echarle una maldición a Draco, pero lo divertía la expresión de idiota que tenía. -Ya pasó, hace muchos años si soy honesto. A los 20 resolvimos cualquier cosa inconclusa. Y si tienes alguna duda, puedes hablar con Padma y Viktor -le sugirió ensanchando la sonrisa.
-¿Padma? ¿Viktor? ¿Te refieres a Patil y Krum? -preguntó Draco tratando de asimilar lo que le decía Ron. Al parecer no iban a dejar de ser amigos. -¿Ellos que tienen que ver?
Ron arqueó las cejas con incredulidad, Draco estaba jugando, ¿verdad?, ¡¿verdad?! Su sonrisa se convirtió en una carcajada.
-¿Me harás decirlo? -preguntó divertido, pero con rubor en las mejillas.
Los engranajes de la cabeza de Draco no parecían cooperar, estaba ocupado procesando todo. Trataba de aceptar que no perdería a su mejor amigo y que podría confesar su amor a Hermione sin ese peso, aunque lo rechazaran. En medio de todo ello, algo hizo clic.
-¿Tú y ellos? ¡¿los tres?! ¡¿al mismo tiempo?! -preguntó con voz más alta de la debida, presa del escándalo. Draco Malfoy era un idiota a pesar de ser un genio y para sorpresa de nadie, podía ser bastante puritano.
-¡Yo nunca dije que al mismo tiempo! -se defendió Ron, sintiéndose levemente juzgado. También lucía orgulloso. -Ninguno de los tres tiene una relación, es casual y pura diversión; no estaría mal hacer algo juntos, pero dudo que quieran de todo modos. A Viktor no le gusta escuchar nada de Padma y parece que el sentimiento es mutuo. ¡Deja de verme así! -le pidió poniéndose a la defensiva. Draco lo veía dividido entre la admiración y la incredulidad.
-Nunca lo mencionaste –
-Bueno, es lógico ¿no? Padma me perseguiría el resto de mis días y Viktor está harto de la vida pública. No tenemos ninguna relación y pocas personas entenderían. Sólo te lo cuento para que dejes de hacer el tonto -explicó Ron mucho más relajado. -¿Cuándo piensas hablar con Hermione?
Draco Malfoy suspiró y se recolocó los anteojos. Era más difícil pensarlo una vez que la situación se encontraba más cerca.
-De seguro sigue en el ministerio, deberías ir por ella. -le instó Ron apoyándolo.
-No creo que abordarla de esa manera… -comenzó a excusarse Draco.
-¡No existen los momentos oportunos, Draco! Ya deberías de saber que solo hay oportunidades y hay que aprovecharlas -le cortó Ron decidido a empujar al hurón. -Además, hoy es el cumpleaños de Harry, será un regalo estupendo.
-¿Quieres que Potter se burle de mí? -refunfuñó, odiaba cuando Ron mencionaba a Harry para presionarlo. Draco había llegado a querer a Harry Potter como un hermano. No era tan gracioso como Weasley, pero se había esforzado porque Granger, Weasley y él surcaran la amargura de la postguerra.
-No pierdas ni un instante más -le dijo Ron con amabilidad, antes de que Draco asintiera y lo abrazara.
-Volveré con Harry y contigo más tarde -le dijo a Ron atreviéndose a sonreír.
Con un movimiento de su capa, Draco Malfoy se había desaparecido para ir en busca de Hermione Granger.
Ron miró al cielo y se puso de pie. Entrecruzó los dedos de sus manos y se estiró poniéndose de puntillas, tronando su cuerpo. Dio dos zancadas y se sentó en el césped.
-Maldita sea, Harry, ¡no te equivocaste con esto tampoco! -se quejó mirando con cariño, dolor y nostalgia la lápida de su mejor amigo.
Se trataba de una tumba sencilla junto a la de sus padres en el Valle de Godric. Por petición suya, había sido enterrado sin magia. En la lápida se leía lo siguiente:
Harry James Potter
31 de julio de 1980 – 2 de mayo de 2001
"Hermano, amigo, lugar seguro. Hasta que nos volvamos a encontrar"
-Ojalá siguieras aquí conmigo. Sabrías que no permito que Draco se deje encerrar en sus pensamientos y seguramente nos reiríamos más tarde, cuando el muy estúpido se entere de que Hermione también lo ama -dijo poniendo sus manos sobre la superficie de la tumba y liberando algunas lágrimas rebeldes -¿Por qué tenías que irte? Perdóname por no ayudarte -se lamentó con un vacío horadando su pecho. Sin importar que pasara el tiempo, el suicidio de Harry seguía pesando como el primer día. Ni Hermione, Draco ni Ron solían permitirse hablar de Harry en tiempo pasado, a veces, al hablar en presente, tenían la impresión de que él reía con ellos o que los escuchaba con atención.
Después de la guerra, todos estaban sorprendidos de que Harry luciera en buen estado. Se había avocado por ayudar en la reconstrucción de Hogwarts, rastrear a cada una y uno de los niños huérfanos de la guerra para darles una vida segura y digna. Había perseguido a Hermione a Australia para convencerla de que volviera al mundo mágico y la hizo darse cuenta de que no podía abandonar el futuro brillante que tenía. Defendió a Draco en los juicios y fue el primero de los tres en aceptarlo como un amigo en "el trío cuadrado perfecto", dejando de lado el pasado. También era el responsable de que McGonagall lo protegiera. A Ron lo había salvado del alcoholismo tras el asesinato de Fred y lo impulsó a que persiguiera su sueño de ser jugador profesional de quidditch, "te odiaré si no lo intentas" lo había amenazado con su varita.
Por esa razón, el 1 de mayo del 2001, Draco, Hermione y Ron lo miraron incrédulos cuando el mago se embriagó en las Tres Escobas. Pensaban que se había permitido lanzar una cana al aire y como estaban tan divertidos por el beso inusitado a Rosmerta, no prestaron atención a la señal extraña de su sonrisa, ni a las despedidas más cariñosas de lo usual.
El 2 de mayo, durante el tercer aniversario del fin de la guerra, Harry Potter se había quitado la vida en la oscuridad de Grimmauld Place. Solo una nota y un diario atestiguaban su sufrimiento día tras día. La parte más cruenta era que a pesar de ser "El Salvador" del mundo mágico, solo Kreacher notó su ausencia cuando su amo no lo fue a visitar como de costumbre a Hogwarts. El anciano elfo invadido por una terrible ira se había aparecido en el ministerio de magia con el cuerpo del mago en brazos y había destrozado todo lo que estaba a su paso, hasta que un mago de seguridad mandó a llamar a Hermione alarmado.
La joven bruja fue quien tuvo que cargar con todo el proceso funerario, mientras los Weasley fueron por Ron a Irlanda a darle la noticia. Draco se enteró por una destrozada Minerva en Hogwarts, donde él comenzaba a realizar sus prácticas. Kreacher murió de la tristeza un par de días después. Ese trágico evento los acercó más a los tres y Ron Weasley decidió empeñarse en no volver a dejar que alguno de sus amigos cayera presa de sus pensamientos.
Ese 31 de julio Harry cumpliría 29 años y Ron estaba seguro, que donde sea que estuviera, sería feliz de que hubiera un poco más de amor en el mundo.
-Notas-
Esta es mi segunda historia y sólo serán dos capítulos. No tiene relación con Redención, Honor y Destino. Ojalá les guste y compartan sus comentarios.
