fic de Tiditz que participa en el Vampire Week 2025, organizado por Esdefanfic
día Church (iglesia)
Pompts: sacerdote, caza, pueblo
«soltó una amarga risa, había caído en una vil trampa, ahora entendía porque muchos de su especie decían que el amor era un arma de doble filo.»
La ansiedad que sintió supera cualquier sentir anterior, en su mente había un rugido de voces entremezcladas ¿Qué había hecho?
La pregunta que más lo atormentaba, y el día aún no terminaba.
Pero era por el bien del pueblo, debía actuar. Si había prueba, era momento de hacer sus deberes. No debía decaer, no debía pecar nuevamente.
Su rostro se calentó con la imagen que se estaba recreando en su mente, su redondo y desnudo hombro a la vista, el sabor de su piel pálida, el sudor bañando su cuerpo, contrastando con la frialdad de su tersa piel.
Se obligó a menear con frenesí su cabeza para borrar aquella pecaminosa imagen.
Sus pasos aumentaron hasta el santuario, se arrodilló y con el rosario en mano, rezo cada cuenca.
Debía pedir perdón, debía salvar su alma pecadora, y pedir que todo salga bien.
Hasta para ella.
….
El pueblo quedó mudo con las palabras del alcalde, un murmullo femeninos se escuchó, preguntando si era posible detenerla.
— Después de todo no estamos hablando de una persona como nosotros — suelta una risa nerviosa por lo evidente.
— Pero — un hombre tragó saliva — ¿No nos estamos precipitando? — su pregunta descabellada atrajo la atención de unos ojos filosos, el sacerdote que debería estar predicando la bondad y el perdón, lo estaba taladrando con la mirada. El hombre se puso nervioso, condenado, le había confesado sus pecados y tenía miedo que él lo condenará.
De pronto la sala que mayormente se usaba para festividades y celebración se llenó de cacofonía de palabras, los adultos pensando en voz alta, discutiendo con la persona sentada a su lado, reunidos en grupos debatiendo qué era lo mejor, temiendo por sus vidas más que su alma.
El alcalde comenzó a tronar el mazo de la justicia y pidiendo orden, pero su voz no tenía más voto entre los pueblerinos temerosos.
Ante el farfullo de voces desordenada, el sacerdote se alzó en pie y caminó en el medio de la gran sala, aclaró su voz, y sonó tan segura, fuerte y temible, que volvió el silencio en la sala, aunque también se debía a su temible altura y aspecto.
— corderos de kamisama — llamó mirando a todos, sus ojos oscuros no perdió de vista a nadie, juzgando por sus dudas. Su mirada quedó en el mercader que no evitó retarlo con la misma ímpetu. Un sonido gutural salió desde su garganta, un gruñido animal que provocó el pavor de los inocentes que no sabían que estaba ocurriendo — no deberían dudar de las decisiones de los sacerdotes — les recuerda — la ley coloca orden en nuestras vidas, la religión no es diferente. Establece distancia con los demonios del Inframundo, al menos que quieran que sus almas caigan en la deshonra, en el castigo eterno por la desobediencia — sus palabras filosas amortiguaron cualquier duda en los hombres y el temor de las mujeres por sus vidas.
El mercader, sentado al fondo, se levantó ruidosamente, atrayendo la atención de todos.
— Lamento la interrupción de su dramático discurso señoría — su sonrisa fresca advertía la mentira en sus palabras — debo preguntar, ¿A qué se debe esta drástica decisión? — sintió la mirada de sus empleados y de sus hermanos, tensos de querer retar a un hombre de kamisama que no tenía la imagen de un sujeto bonachón—, sé que un forastero mercader no debería inmiscuirse en sus asuntos, pero ciertamente tengo la curiosidad en mis venas — sonríe seductor hacia un grupo de jovencitas que no pudieron evitar soltar risitas mientras sus mejillas enrojecen en un tono carmesí —, desde que llegué escuché el rumor que eran amiga de una vampiresa, y debo decir que es una mujer exquisita con una naturaleza atrevida — miró fijamente al sacerdote, que no pudo evitar tensar la mandíbula, pero nadie se dió cuenta, todos estaban atentos al mercader —, además de bondadosa, un ser contradictorio al ente que nos han estado vendiendo. O eso es lo que me han mostrado — miró al público que comienza a dudar, aunque algunas mujeres celosas pensaban lo contrario —, hasta ahora solo escucho la sentencia, pero no la acusación ¿Qué clase de juicio es este? Condenar a un ser indefenso sin cargo, simplemente porque el gran hermano se levantó con las ganas de manchar sus manos de sangre.
— Elec — su hermana lo llamó en un susurro molesto, lo último sonó tan impropio de él.
— Señor Elec — la respiración del sacerdote se volvió errática, provocando una silenciosa risa de parte del mercader — usted mismo lo ha dicho, no es asunto de usted y su gente.
Elec le miró con una sonrisa de lado, sus ojos divertidos provocaron el enojo de él. Pero aún no le era suficiente, ante la mirada de todos, camino hasta el pasillo, bajo cada escalón con una tranquilidad nata que atrajo la atención de todos.
Maki tenso el cuerpo, y miró a Granola, pidiendo en silencio que rescate a su impertinente hermano.
Granola, ni lento con la petición, se levantó y siguió detrás a su señor.
Con las manos en el bolsillo, se detiene a tres escalones antes de llegar al podio donde estaba el sacerdote, que parecía una bestia enjaulada.
— Sabes lo que creo — Elec levantó una de sus cejas, su sonrisa intacta seguía en su rostro, y sin temor le dió la espalda, frunció el ceño, imperceptible para el público, pero para Granola fue tan letal, que rápido se apartó de su vista — que su gran cura o padre como quiera llamarlo, no pudo evitar arrodillarse ante una diosa vampiresa, y está lo rechazó.
El mutismo de la sala fue reemplazado por farfulló, la sala se volvió un desorden.
— ¡¿Qué clase de falacia es esa?! — El tono de voz del sacerdote , fuerte e imponente fue tan alto que resonó sobre las voces de todos, que temerosos callaron.
Elec inclinó la cabeza, tan retador que ignoraba la tensión del ambiente. El sacerdote parecía que pronto saltaría sobre él.
— Solo es una suposición, después de todo no nos han dicho nada sobre la acción de la acusada.
Tenso los dientes, los hombros tensos, sintió que la sangre le hervía.
Elec siguió ignorando las señales de amenaza de su contrincante.
— Y he conocido a la dulce vampiresa, un ser tan rebelde, y dócil a la vez — soltó una risa — una vampira que sabe jugar sus cartas, que muy pocos pueden tener la dicha de estar entre sus piernas, saborear sus — Un par de gritos interrumpieron sus palabras, pronto escuchó un golpe siendo amortiguado por su empleado.
Granola, que no había apartado la vista de la bestia, se había movido justo cuando lo vio abalanzarse sobre su amo, tuvo que usar ambos brazos como escudo para amortiguar el puño del gigante que predicaba las palabras de kamisama.
Rechisto de dolor. Y detrás suyo pudo escuchar la refrescante, arrogante, risa de Elec.
— Padre Raditz cálmese — pidió mientras intentaba que la fuerza del gigante no lo derive — no es momento que se descontrole, lamento si las palabras de mi señor sea impertinente, sus palabras solo han querido que actúe de esta manera.
Raditz tuvo que tragar su cólera, bajo con brusquedad su puño, pero no su ira hacia Elec, sacudió su hábito de cualquier arruga, y sin decir ni una palabra salió de la sala por la otra puerta trasera.
Granola dejó caer un suspiro de alivio, pero pronto sintió un golpe en su cabeza, Elec le dió un pequeño golpe con el lateral de su mano, sin más salió de la sala, seguido por sus hermanos y sus dos empleados leales.
Pronto la sala se volvió a llenar de preguntas por lo sucedido, el alcalde junto con los jurados, intentaron mantener el lugar en silencio, aunque fue una tarea imposible, tuvieron que levantar la sesión.
….
El recuerdo del juicio interrumpió su rezo, frunció el ceño molesto, odiaba al mercader, nunca creyó que podría albergar odio en él. Una nueva carga que no quería hacerse cargo.
Sintió que sus rezos no lo llevarían a ninguna parte, su mente tenía tantas cosas, estaban enredados, y toda la culpa la tenía él.
Dejó caer un suspiro, se colocó el rosario y se levantó. Miró por última vez la estatua, caminó hasta la salida, pero la puerta fue bloqueada por la imagen de una mujer que le miraba con fingida inocencia.
Parpadeo confundido.
— ¿Q-qué haces aquí?
La pregunta provocó una leve sonrisa en ella, caminó hasta él, que no dudo en retroceder.
— Qué sucede padre — está vez su desconcierto era genuino, Raditz nunca se separaba de su cercanía, no desde cuándo superaron ese límite.
— No deberías estar aquí — gruñe en un susurro.
— Pero estoy aquí — señaló lo evidente —, debo darte una noticia, tu kamisama te abandonó.
Raditz palideció ante sus palabras, había sido demasiado tarde. La rubia no pudo evitar reír ante la imagen tiesa que presenciaba en él.
— Ahora ya no te pueden llamar Sacerdote, cura, padre — se acercó a él y alzó vuelo para susurrar en su oído — hermano.
Raditz no pudo evitar castañear sus dientes, era así como ese inmundo mercader lo llamaba.
— ¡Tú! — Tights de pronto se encontró entre las manos de Raditz, pero no como ella hubiera querido, su ancha mano abrazaba con fuerza su delegado cuello, y la otra la empujaban en el piso. Ni siquiera supo en qué momento la arrasó — ¡Me engañaste! ¡Eres un demonio! ¡Nunca debí fijarme en un ser despreciable del Inframundo! ¡Cómo pudiste hacerme esto bestia sin alma!
Sin duda, el dolor físico que le estaba provocando no se acercaba en nada al exabrupto de su impulso y de sus palabras. Aturdida le miró sin entender, molesta por sus palabras, sus ojos oscuros se enrojecieron y pronto, Raditz se encontró levitando con fuerza en el aire hasta chocar con el techo de la iglesia y luego caer estrepitosamente hasta el suelo, cerró los ojos ante la inminente caída, sin embargo antes de tocar el duro piso, su cuerpo se detuvo a milímetros, tenso.
— ¡¿Por Belzebuth, qué te sucede?! — la vampira tenía el cabello flotando en el aire, su capa que cubría su ropa que no dejaba nada a la imaginación, también levitaba — ¿Engañarte? ¡Yo! — soltó iracunda. Raditz sintió la ira en ella porque sentía que su cuerpo se aprisionaba aún más — ¿Bestia, ser despreciable del Inframundo? — preguntó con dolor y al fin lo suelta, su cabello y capa caen también, el enojo fue reemplazado por la decepción, la tristeza.
Raditz tardó en levantarse, aún luchando con su ego lastimado.
— Tu sabes lo que has hecho — acusó.
Tights furiosa vuelve a mirarlo, sus tacones resonaron en la iglesia en cada paso, Raditz se tensó, la pequeña mujer era temible por su descabellado poder.
— ¡¿Mi culpa?! — soltó una risa irónica, molesta — Nunca use el hipnotismo con usted señor poco hombre — señaló con enojo — tú cómo yo tenemos la misma culpa, sin embargo, no me importa tus cargos mortales, y pensé que podrías alegrarte — su voz volvió en un tono bajo, herido —, que al fin podríamos estar juntos, en cualquier sitio, sobre todo aquí, en dónde no podrías correr peligro que la gente hablen de que recurres lugares oscuros solo para verme.
Raditz aprieta la quijada, su ceño fruncido se acentuó más, no iba a caer en sus palabras bonitas, dió gracia que la capa cubría su tentador cuerpo.
— No te es suficiente con ese mercader.
Tights abrió los ojos de golpe, sorprendida.
— No me digas que lo negaras — Raditz habló antes que ella le suelte una de sus artimañas — lo nuestro fue un error, y enmendaré mis acciones con otras más drásticas.
— ¿Un error? — aturdida preguntó — es eso lo que fui para tí.
Raditz le miró fijamente, lo que encontró en la mirada de ella, lo inquieto, las dudas nuevamente brotaron dentro de él, y más aún cuando sus ojos de ella se inundaron de lágrimas.
— Haz lo que quieras, no creo que tus acciones sean más drásticas que las de ahora — su voz sonaba entrecortada, temblorosa — sin embargo, nunca recuperarás el perdón de kamisama.
Raditz cerró los ojos cuando ella desapareció de su vista, lamentando que todo haya acabado, tan mal, y mañana sería peor.
…..
El día empezó tenso, nada más salir del edificio Macki pudo sentir la tensión de los pueblerinos que se miraban mutuamente mientras se aferraban a una arma; sintió genuinamente lastima por la vampira que se ocultaba entre el bosque donde no podía penetrar el sol, cubierto por una neblina densa que ella misma controlaba, según lo que contó.
Miró a su hermano mayor, que parecía estar de lo más tranquilo, divisó una sonrisa en su rostro, bastante divertido por la situación que había provocado entre rumores; aunque no era capaz de cuestionarlo, en el fondo le tenía miedo.
Suspiró resignada mientras se aleja de su vista, y cuidadosamente se acerca a uno de sus empleados, no era el más leal, ni carismático, tampoco le agrada ni desagrada, pero durante su estadía en el pueblo noto cierta cercanía con la vampira, era un ser que se había ganado el cariño de casi todos, si le decían que ese era su poder, lo podría creer.
— Señorita Heata ¿En que le puedo servir?
— Silencio sin voltear a verlo, y cubriendo su boca con su mano, le ordenó: —, quiero que encuentras a Tight antes que el sacerdote y su gente lo hagan, advertirle del problema, esa mujer tonta es muy confiada que no sabrá lo que le espera — señaló ocultando su temblor al notar la antorcha enorme que estaban preparando los hombres.
Macki escuchó los pasos de Granola alejarse, no tuvo que repetirlo dos veces, dejó caer un suspiro, la incertidumbre la estaba carcomiendo.
….
Granola penetró el bosque sin dejar de correr, esquivando las ramas sobresalientes de los robles gruesos y fuertes, saltado las raíces salientes; la respiración a este paso se volvió errática, las piernas le invadieron un calor por las horas corriendo para al fin llegar hasta las profundidades del bosque, donde una espesa neblina le daba la bienvenida. Sin dudarlo, avanzó corriendo, sin embargo, se detuvo al notar que no se podía ver nada, además le dificulta respirar, el lugar era tan denso que el esfuerzo de inhalar le raspaba la garganta, y el esfuerzo que había hecho para llegar hasta ella, le demandaba tomar bocanadas de aire donde no había. Se sintió ahogado, un arranque de tos le invadió, sus piernas flaquearon, cayendo de rodillas, mientras sus manos apretaban su garganta, iba a morir asfixiado sin poder concretar su mandado.
No, no podía dejarse rendir, no eras de los que se daban por vencido sin haber luchado. Intentó, con mucho esfuerzo calmarse, pero aunque usara todo su autocontrol, no pudo, la cabeza estaba apunto de explotar como su corazón que latía deprisa por la falta de aire.
De pronto, entre la visión borrosa observó una figura que cada vez se iba aclarando, y el lugar se volvió más limpio, inhalo hasta que se atoró.
— No pensé que su imprudencia podría llevarlo hasta acá — su voz antes resonaba alegre, ahora solo se notaba un tono decaído —, no debería arriesgarse solo para ser el primero en llegar hasta mí, creí que la caza comenzaría en el atardecer.
Sus palabras llamaron su atención, sorprendido le miró.
— ¿Usted cómo lo sabe? — se levantó tan rápido como sus piernas temblorosas le permitieron —, no estoy para capturarla, sino para advertir que una horda de caza viene detrás suyo, debe escapar.
Tights melancólica le sonríe, se giró observando el cielo aún gris por la neblina que estaba manteniendo para que Granola pudiese respirar y para que la luz del sol no la queme.
— Gracias, pero no pienso huir.
Su respuesta le perturbó, confundido camino hasta ella y olvidando los protocolos, agarró su brazo y la giró con brusquedad, la rubia le miró sorprendida, era primera vez que él se atrevía a tocarla.
— ¡¿Cómo puedes ser tan indiferente con tu propia vida?! — le reclamó enfebrecido — ¡Nadie, ningún humano, tiene derecho a arrebatarte tu vida! Muchas personas hubieran deseado ser advertidos de su emboscada con la muerte, y tú, aún sabiendo, prefieres dormir en tu lecho que luchar.
Tights pensó que Granola estaba a punto de arrojarla al suelo, como él lo hizo. Pero en cambió, el hombre encontró su calma ante su mirada asustada, confundida.
— Lamento mi exabrupto — señaló con vergüenza mientras la suelta de su agarre.
la rubia negó con la cabeza lentamente.
— Entiendo tus palabras — responde con sigilo, cerró los ojos recordando las palabras de su amante, su rostro se contrajo de dolor, llamando la atención de Granola.
— Es por él, verdad — decepcionado bajó la mirada, ella no le responde, no hacía falta — si tuviera fuerza, le diría que hubiera preferido que se fije en mi señor, pero sería un letal veneno que tome mis palabras. Elec es egoísta, solo piensa en sí mismo. Igual que el sacerdote — escupe la palabra con enojo.
— La historia sería distinta si tuviera buenos gustos — murmuró pensando en el conde que la había visitado hace tres noches para regresar a la colonia, ella caprichosa lo rechazó.
Granola mantuvo sus pensamientos, muy distintos a los de ella, encerrados en su interior, sabía que ella no podría mirar a un esclavo como él.
De repente ambos escucharon que varias pisadas se acercaban hasta ellos, Granola maldijo por dentro, de seguro que lo habían seguido. Tomó la mano fría de la vampira.
— Hay que huir — demandó y sin esperar objeción de ella, la cargó en sus brazos, y comenzó a adentrarse más en la neblina.
Tights sintió un calor agradable por la acción del muchacho, no pensó que el serio y adusto hombre podría albergar tanta bondad como arriesgar su vida por ella. Sonríe ante una ligera esperanza, aun en sus brazos, despejó la neblina para él, y antes que pudiera levantarse de sus brazos, observa un filo caer enfrente de ellos. Granola se detuvo de golpe, puesto como peleador también tenía los reflejos activos.
De la neblina emergió el carnicero del pueblo y el leñador que había empujado su hacha hacia ellos, notaron con alarma que llevaban puestos unas mascarillas extrañas.
— El mercader es tan generoso, nos proporcionó esta cosa extraña para no esperar al anochecer a dar inicio con la caza — señaló el alcalde detrás de ellos.
Granola no entendió qué era lo que intentaba hacer su amo, había notado cierto interés de parte de él en la vampira, la devoción de defenderla en ese juicio injusto, y ahora estaba a favor de la caza injusta. Sintió que todos, hasta el sacerdote, estaban siendo controlados por el mayor Heata, como unas simples marionetas para su diversión.
— Pero si es Granola — habló alguien más, estaban siendo rodeados — tu señor se encargará de castigarte, debemos capturar a ambos.
Como si fuese el gobernador, los hombres alzaron sus armas para volver a atacarlos, esta vez Tights envolvió a Granola en sus brazos, y extendió sus alas oscuras hasta su gloria. Las alas amortiguaron algunas estocadas, pero otras, como la filosa hacha y el filo de una espada, rasgaron su membrana alar.
amortiguando el dolor en su garganta, usó su poder para expulsar a los hombres lejos de ellos, y alzó vuelo, aunque el daño en sus alas le impedía ir más allá, por lo que la gente se levantaron con un nuevo ardor de venganza, alzando sus trincheras, lanzando como si fuese piedras en busca de derribar una avecilla.
— Aún es de día — se escuchó de lejos la voz del alcalde — debemos aprovechar nuestra ventaja.
— Debes acabar con ellos — rugió la voz del peliverde, con enojo — no te dejarán en paz.
— No — a pesar del dolor que sentía por la traición, continúo — si lo hago, sus palabras se volverán ciertas. No le daré el derecho de que tenga razón.
Granola abrió los ojos sorprendido, luego su entrecejo se empujó en un inevitable enojo.
— Deja tu orgullo ¡Te van a matar!
Ella lo sabía muy bien, aunque realmente había muerto esa noche, cuando su amante le dijo esas dolorosas palabras.
Siguió levitando, esquivando algunas armas, flechas, intentando cubrirse de la niebla, no espesa para no lastimar a Granola.
— Bájame — pidió su único aliado, cuando notó una herida abierta en el brazo femenino, por su culpa no podía huir — debes huir.
— Si te dejo, te atraparán y acabarán contigo — señaló lo evidente, ajustando con más fuerza su agarré.
— A diferencia tuya, yo daré batalla — aseguró — ellos no son personas, son monstruos sin corazón, no merecen tu misericordia y menos la mía.
Dicho esto, Granola se zafó del agarré de ella acariciando sutilmente el cuello de ella, bajando hasta el nacimiento de su seno, antes de poder tocar más allá, ella lo suelta por el escalofrío y el toque atrevido. La conocía tan bien a pesar que no había entablado mucha conversación.
No estaba tan lejos del suelo, por lo que cayó de pie, y al escuchar a las personas acercarse, sacó su arma, una pistola de boca ancha, sin dudarlo apretó el gatillo a cada sombría figura que se acercaba furioso a él.
Tights miró con horror dónde se sintió el aroma de la sangre, el olor le estaba abriendo un sentido que pensó que lo tenía controlado. Tragó saliva y se obligó a controlarse, no era el momento de dejar que su lado salvaje la domine, tenía que demostrar que ella era mucho mejor que ese traidor.
Cuando notó que Granola estaba cargando su arma, y un par de sombras se acercaba, agitó sus enormes alas y con su poder de psique, logró empujarlo lejos de él. Es lo menos que podía hacer, debía cumplir con su promesa.
Al recordar, soltó una amarga risa, había caído en una vil trampa, ahora entendía porque muchos de su especie decían que el amor era un arma de doble filo.
— Señores, por favor, cálmense — una voz tan segura calmo el bravío de la pelea desigual, camino lentamente y seguro hasta el meollo, dónde estaba su esclavo, agotado y sudoroso, el esfuerzo de moverse a pesar que la neblina bajo, le costaba mucho — vaya, no pensé que mi plan tuviera tanto éxito.
La sonrisa ganadora despertó sorpresa a Granola, miró a Macki que parecía tan arrepentida, los ojos de ella estaban llorosos, y apenas podía mantener la mirada, sin embargo, no había ningún daño en su hermosa piel.
Solo la sombra de la vergüenza.
— Oh, no — Elec se adelantó, sin voltear a ver a su hermana — ella como tú se movieron por sus impulsos. Granola, ya te había dicho, conoce a tus enemigos y aliados, y podrás controlar el mundo entero — una petulante sonrisa adorno su rostro, a diferencia de los aldeanos, él no tenía una mascarilla.
— ¡¿Por qué hiciste todo esto?! ¡Qué piensas ganar! — Granola sabía muy bien que Elec no se esforzaba tanto por algo que no le daba beneficio.
— Tal vez un espécimen en mi estante, sabes cuántos vamos a ganar por tu belleza — alardea mirando a la vampiresa, ella lo miró con enojo.
— Todo esto es por tu culpa, a ti sí te voy a matar — ella voló en su dirección tan veloz como Elec al desenfundar su arma.
El cañón se disparó con un sordo sonido, Tights cayó al suelo abruptamente, y su tersa piel se llenó de manchas oscuras que iba avanzando con cada segundo, por un momento las personas tomaron un minuto de silencio mirando a la vampira caída, sin saber que hacer, o no esperaba que esto sucediera.
— No está muerta — Elec rompió el silencio — la bala de plata no la matará, debemos llevarla rápido al padre Raditz — su orden provocó que dos corpulentos hombres tomarán a la vampira por sus brazos y la arrastran fuera del bosque.
— ¡No! — Granola recién despertó del shock que se encontraba, quiso correr hasta ella, quitar esas sucias manos, pero un fuerte golpe en su nuca lo hizo desmayar.
— Aten al traidor — Elec nuevamente dió la orden, mirando con desprecio a su ex trabajador — sacó de su bolso unas cadenas pesadas y la arrojó al suelo para que su otro trabajador lo ate.
— Fuiste un idiota — murmuró Sosil mientras comenzó a cadenar las manos — siempre has sido un impulsivo, creyendote más inteligente que Elec — reclamo entre dientes para no ser escuchado.
……..
Raditz salió de su rezo, buscando ser consagrado nuevamente en la sombra de su señor, sin embargo, el barullo de la gente provocó que despertara. Eso significaba que la habían atrapado, o que ella se había dejado atrapar. No tardó en salir de la iglesia, y la busco con la mirada, siendo arrastrada como si fuese un costal de carne, lo que le impactó fueron las manchas oscuras y las manchas rojizas en su piel por el sol, y que no había una reacción en ella.
— ¡Suéltala miserable! — el gritó de Granola atrajo su atención, su sangre hirvió de celos, él debía estar ahí, protegiendo a ese ser tan volátil, empeoró, su cobardía le impidió, se recordó con amargor.
— Sacerdote — Elec ignorando su dolor, o más bien disfrutando se acercó — Debería agradecerme, su gente no ha podido atrapar a este demonio tan dócil — le recuerda con una sonrisa que lo enardeció — es una suerte que me uní en su cacería que inicio — le recuerda — y que siempre estoy preparado, siempre a un paso de mis enemigos — dicho esto le muestra el arma de plata.
— ¿La has matado? — tiembla ante la pregunta que salió de su boca.
Elec suelta una risa baja, sus ojos violáceos se oscurecieron.
— Ese no es mi trabajo hermano — señaló, se atrevió a darle una palmada al grueso hombro del sacerdote — es él suyo — y como si fuese el dueño del comodín, giró a hablar con los pueblerinos que parecían estar esperando la orden de que hacer — pronto el sacerdote comenzará con el juicio, ¡Este pueblo dejará de ser atormentado por este demonio!
La gente ignorando que el vampiro no era su enemigo y nunca lo fue, gritaron de aprobación.
— Estamos esperando su orden hermano Raditz — señaló Elec con su petulante sonrisa.
Raditz quedó mudo, no por la ignorancia de lo que tenía que hacer, había creído que la vampira saldría huyendo, que no se dejaría atrapar.
Sus manos temblaron con la idea de lo que tenía que hacer, no tenía el valor de matar al ser que alguna vez amó, y que aún sentía algo.
— ¡Cobarde! — el grito de Granola provocó que sus pensamientos se entumeciera de dolor — ¡Por tu culpa ella morirá! — Elec impidió que Sosil golpeara a Granola para que dejara de hablar — ¡Cómo te atreves a llamarte hombre de kamisama cuando has pecado en carne y traición! ¡La has envenenado con tus mentiras!
— Será mejor que calles a tu hombre — Rugió en advertencia a Elec.
Este se encogió de hombros con diversión.
— Por un precio módico te lo daré — señaló con tranquilidad — no creo que agregar un pecado en tu lista, tu alma sea castigada más de lo que ya está hermano Raditz.
Raditz le miró furioso, ignorando los ojos curiosos de su gente que estaban atentos a la conversación, inundando sus cabezas de preguntas sin respuestas.
Raditz supo que debía terminar pronto con todo lo que inició, al menos que quisiera enfrentar un castigo físico.
Por lo que, esa misma tarde Raditz dió la orden de que la vampira fuese ejecutada como si fuese una bruja, y elige la que supuso ser la muerte más rápida e indolora, la decapitación, sin embargo, no contó que ella despertara antes de su ejecución, y tener su mirada fija y silenciosa en él hasta el último segundo de su vida.
. La oscura mirada lo iba a perseguir en las solitarias y frías noches, reclamando la traición que había cometido.
No está tan fiel a lo que me imaginaba, pero no sé pudo más
