En el interior del cuartel improvisado de la República, el ambiente era tenso. Plo Koon, junto a Wolffe y un grupo reducido de oficiales clon, estaba revisando el mapa táctico, intentando ajustar su estrategia ante las devastadoras pérdidas sufridas tras el bombardeo orbital de Lelouch. Cada informe que llegaba pintaba un panorama más oscuro: escuadrones aniquilados, rutas de reabastecimiento completamente bloqueadas, y ahora las fuerzas separatistas se estaban movilizando directamente hacia su posición.
—Maestro Koon —dijo Wolffe con seriedad, su casco bajo el brazo mientras miraba al Jedi—. Si no encontramos una manera de reorganizarnos, nuestras fuerzas se colapsarán por completo.
Plo Koon asintió lentamente, su expresión oculta tras la máscara, pero su tono reflejaba su calma habitual.
—Lo sé, Wolffe. Pero este comandante está dictando cada movimiento. Si seguimos reaccionando, solo estaremos jugando su juego. Necesitamos un golpe decisivo para desequilibrarlo.
Antes de que pudiera detallar su plan, un estruendo sacudió el cuartel. El eco de explosiones y disparos resonó en los corredores mientras las alarmas comenzaban a sonar. Un clon irrumpió en la sala de mando, su respiración agitada.
—¡Maestro Koon! Los separatistas han comenzado un ataque directo. Han rodeado el cuartel y están avanzando rápidamente. ¡Los droidekas ya están en las entradas principales!
Wolffe maldijo entre dientes mientras agarraba su rifle bláster.
—Nos han cortado el tiempo. Maestro, ¿cómo procedemos?
Plo Koon no necesitó mucho tiempo para decidir. La intensidad de la situación requería una respuesta inmediata.
—Organicen a los clones restantes y aseguren los pasillos principales. Cuenten con cada esquina y cada posición defensiva. No podemos dejar que los droides tomen este lugar sin resistencia.
Wolffe asintió, liderando a los oficiales fuera de la sala de mando mientras Plo Koon permanecía un momento más, sus pensamientos enfocados en la Fuerza. Sabía que algo más estaba ocurriendo, algo que no era solo un ataque táctico. Había una presencia oscura acercándose.
Mientras caminaba hacia la línea de defensa, un escalofrío recorrió la mente de Plo Koon, una advertencia que solo la Fuerza podía proporcionar. Se detuvo en seco, cerrando los ojos mientras dejaba que su instinto lo guiara. Apenas un segundo después, giró con precisión, encendiendo su sable de luz y bloqueando dos armas que descendían hacia él.
El destello de los sables, uno violeta y otro rojo, iluminó el espacio entre ambos combatientes. Los ojos de Plo Koon se abrieron, enfocándose en su atacante. Frente a él, sosteniendo ambos sables con precisión y fuerza inesperadas, estaba un joven cuya mirada irradiaba una mezcla de control absoluto y determinación.
—Así que tú eres el famoso Plo Koon —dijo Lelouch con una voz calmada pero cortante, como si estuviera evaluándolo—. Debo admitir que tu reputación no es inmerecida. Tus tácticas casi me hicieron dudar por un momento.
Plo Koon mantuvo su postura, empujando ligeramente los sables para crear distancia entre ellos antes de hablar.
—Y tú debes ser Lelouch. El comandante separatista que ha causado tantas pérdidas a la República. No eres como los demás...
Lelouch permitió que una leve sonrisa cruzara su rostro mientras bajaba ambos sables, adoptando una postura relajada pero lista.
—Tienes razón. No soy como los demás. Los droides son herramientas; la verdadera fuerza está en la estrategia. Y tú, Plo Koon, has sido un oponente digno. Pero este es el final de tu resistencia.
Plo Koon dio un paso atrás, sosteniendo su sable con ambas manos mientras analizaba a Lelouch. El joven no tenía la furia ni el odio característico de un Sith. En su lugar, emanaba una calma calculadora que lo hacía aún más peligroso.
—Tu confianza es notable, pero también tu arrogancia. La República no caerá tan fácilmente como crees —respondió Plo Koon, su tono sereno pero firme.
Lelouch inclinó ligeramente la cabeza, como si estuviera considerando las palabras del Jedi.
—Tal vez no. Pero aquí, en Eriadu, la República ya está rota. Solo queda una pieza en el tablero por eliminar: tú.
Con esa declaración, Lelouch se lanzó hacia adelante, sus sables iluminando el pasillo mientras atacaba con una velocidad y precisión que reflejaban su entrenamiento con Revan. Plo Koon respondió con igual habilidad, bloqueando los golpes mientras buscaba evaluar el estilo de combate de su oponente.
El choque de los sables llenó el pasillo con destellos de luz y el eco del metal en combate. Lelouch combinaba movimientos calculados con maniobras inesperadas, intentando desequilibrar al Jedi. Plo Koon, sin embargo, mantenía su postura, utilizando la Fuerza para anticipar los ataques y contrarrestarlos con precisión.
—Eres joven, pero claramente no inexperto —dijo Plo Koon mientras esquivaba un golpe dirigido a su costado.
—Y tú eres sabio, pero no infalible —respondió Lelouch, desviando el sable del Jedi y lanzando una ráfaga de rayos de Fuerza hacia él.
Plo Koon alzó su mano libre, bloqueando el ataque con un campo de energía generado por la Fuerza. A pesar de la intensidad del enfrentamiento, mantenía su calma característica, observando cada movimiento de Lelouch en busca de una oportunidad para neutralizarlo.
La batalla continuó, ambos oponentes demostrando por qué eran respetados en sus respectivos bandos. Sin embargo, Lelouch sabía que el tiempo jugaba a su favor. Cada segundo que mantenía a Plo Koon ocupado era un segundo más en el que sus droides ganaban terreno, y eso, al final, sería la clave para asegurar la victoria.
El cuartel de la República se había convertido en un campo de batalla caótico, un lugar donde el orden había cedido paso a un frenesí de blásters, explosiones y gritos de combate. Droides y clones luchaban en cada rincón del complejo, utilizando todo lo que tenían a su disposición para ganar cada metro de terreno. Las líneas claras de mando se desdibujaban en el humo y la confusión, mientras las órdenes eran gritadas por los comandantes clon y los droides tácticos intentaban mantener la coordinación.
En medio de ese caos, dos figuras destacaban como si el mismo conflicto hubiera convergido sobre ellas. Plo Koon, con su sable de luz azul brillando como un faro de serenidad, se enfrentaba a Lelouch, quien sostenía sus sables de luz violeta y rojo con una precisión implacable. Los destellos de sus armas iluminaban el entorno mientras intercambiaban golpes y maniobras, sus estilos tan diferentes como sus filosofías.
—¿Esto es lo que entiendes por control? —preguntó Plo Koon, su voz calmada mientras desviaba un golpe horizontal de Lelouch y contraatacaba con un movimiento fluido—. Creas caos para imponer tu voluntad.
Lelouch respondió mientras giraba sobre sí mismo, desviando el sable de Plo Koon con su arma violeta y lanzando un corte rápido con el rojo.
—El caos no es el objetivo, Maestro Jedi. Es solo una herramienta para revelar el verdadero orden. Uno que yo creo.
Ambos combatientes se estudiaban incluso mientras luchaban. Lelouch, a pesar de su juventud, demostraba un control absoluto sobre su entorno, utilizando cada oportunidad para intentar desestabilizar a Plo Koon. A menudo lanzaba ataques estratégicos, forzando al Jedi a retroceder hacia áreas más cerradas o hacia posiciones más vulnerables.
Por su parte, Plo Koon mostraba la calma característica de un Maestro Jedi. Sus movimientos eran precisos, casi calculados, mientras utilizaba la Fuerza para anticipar los ataques de Lelouch y crear pequeñas ventanas para contraatacar. Aunque el usuario de la Fuerza era impredecible, el Jedi mantenía su compostura, observando y ajustándose a cada maniobra.
Alrededor de ellos, los droides y los clones seguían luchando, con el combate extendiéndose a cada pasillo y sala del cuartel. Unidades de B2 disparaban sin descanso, mientras que los clones usaban coberturas improvisadas para devolver el fuego con una precisión mortal. Los droidekas, con sus escudos brillantes, avanzaban lentamente, empujando a los clones hacia los pasillos interiores, donde los combates cuerpo a cuerpo comenzaban a tomar lugar.
Plo Koon aprovechó un momento de distracción cuando un droideka pasó rodando cerca de Lelouch, desplegándose y comenzando a disparar a un grupo de clones. Con un empuje de la Fuerza, derribó una sección de la pared que separaba a Lelouch de sus droides, dejándolo momentáneamente aislado.
—¿Crees que puedes mantener este control para siempre? —preguntó Plo Koon, su voz resonando por encima del caos—. La guerra no se gana solo con tácticas, sino con propósito. ¿Cuál es el tuyo, Lelouch?
Lelouch, en lugar de responder directamente, dejó que una leve sonrisa cruzara su rostro. Usó la Fuerza para empujar los escombros hacia un lado, liberándose rápidamente, y giró ambos sables de luz antes de avanzar de nuevo.
—¿Propósito? Mi propósito es simple: crear un mundo donde no existan los débiles que sufran bajo los caprichos de los fuertes. Y si tengo que destruir esta galaxia para reconstruirla, entonces lo haré.
Plo Koon frunció el ceño, sintiendo la oscuridad en esas palabras, aunque no el odio que esperaba. Lelouch no era un Sith común, ni alguien consumido por la rabia. Su enfoque era frío, calculador, como si cada acción estuviera predeterminada en su mente.
—Esa no es una galaxia, Lelouch. Es una dictadura —replicó Plo Koon mientras avanzaba, su sable girando con fluidez mientras atacaba con una serie de golpes rápidos y controlados.
—¿Y qué es la República, sino una fachada para el caos? —respondió Lelouch mientras desviaba los ataques con movimientos precisos, girando para colocar a Plo Koon entre él y un grupo de clones que se acercaban.
Los disparos de los clones obligaron a Plo Koon a desviar su atención brevemente, lo suficiente para que Lelouch lanzara una ráfaga de Rayos de la Fuerza hacia los clones, eliminándolos antes de que pudieran intervenir.
—Es por eso que perderán, Maestro Jedi. Mientras tú dudas, yo actúo —dijo Lelouch, avanzando nuevamente con una serie de cortes precisos que forzaron a Plo Koon a retroceder hacia un corredor más estrecho.
El combate continuó en un espacio reducido, donde ambos demostraron su dominio no solo de la espada, sino también de la estrategia. Lelouch intentaba presionar a Plo Koon, moviendo el combate hacia un lugar donde los droides pudieran reforzar su posición. Plo Koon, en cambio, utilizaba la Fuerza para empujar a Lelouch hacia espacios abiertos, donde su habilidad y experiencia como luchador podrían brillar más.
El choque de sus filosofías y habilidades se reflejaba en cada movimiento, mientras el caos del cuartel continuaba envolviendo a ambos. Aunque diferentes en sus métodos y objetivos, estaba claro que ninguno de los dos subestimaba al otro, y ambos sabían que la batalla no se decidiría solo por la habilidad, sino por la voluntad de dominar al otro.
El pasillo se llenaba de destellos y ecos ensordecedores mientras Lelouch y Plo Koon continuaban su combate, sus movimientos calculados y letales. Sin embargo, Lelouch había comenzado a cambiar su enfoque. No bastaba con atacar físicamente al Maestro Jedi; sabía que Plo Koon era fuerte, no solo en habilidad, sino también en su espíritu inquebrantable. Para romper esa resistencia, Lelouch recurrió a un arma que dominaba a la perfección: el ataque psicológico.
Mientras giraba para esquivar un golpe de Plo Koon, Lelouch extendió su mano izquierda hacia un grupo cercano de clones que intentaban reforzar la posición del Jedi. La Fuerza se extendió como un latigazo invisible, envolviendo a uno de los soldados y levantándolo en el aire. El clon luchó inútilmente contra la presión invisible que lo sostenía, mientras Lelouch lo giraba y lo usaba como un escudo contra los disparos de sus propios compañeros.
—¿Ves esto, Maestro Jedi? —dijo Lelouch con una voz fría mientras avanzaba, aún sosteniendo al clon como una barrera—. Tus soldados confían en ti, creen en tu capacidad para liderarlos, para protegerlos. ¿Y cómo los recompensas? Los envías a su muerte sin sentido.
Plo Koon, aunque visible bajo presión, mantuvo su compostura y respondió con firmeza mientras desviaba un disparo que se dirigía hacia él.
—Ellos luchan porque creen en algo más grande que ellos mismos. En algo que tú jamás comprenderás: esperanza.
Lelouch dejó escapar una leve risa mientras lanzaba al clon que sostenía hacia Plo Koon, obligándolo a detener su ataque y usar la Fuerza para evitar que el soldado cayera al suelo.
—¿Esperanza? —replicó Lelouch, girando con precisión para desviar un disparo de un bláster con uno de sus sables—. Esperanza es solo otra forma de decir "mentiras". Una herramienta conveniente para mantener a las masas obedientes, para hacerles creer que tienen un propósito cuando en realidad no tienen nada.
Sin perder el ritmo, Lelouch extendió su mano nuevamente y atrapó a otro clon con la Fuerza. Este, un joven soldado que apenas había tenido tiempo de reaccionar, fue levantado del suelo con un grito ahogado mientras Lelouch lo miraba fijamente.
—Dime, Plo Koon, ¿cuánto más puedes soportar viendo caer a tus hombres por tu fracaso? —preguntó Lelouch mientras lanzaba al clon contra un grupo de sus compañeros, derribándolos en el proceso.
Plo Koon dio un paso hacia adelante, su sable de luz brillando intensamente mientras desviaba los disparos que ahora venían de los droides que comenzaban a llenar el pasillo.
—Tu cinismo no te hará más fuerte, Lelouch —dijo con una calma que no mostraba la lucha interna que comenzaba a sentir—. Usas a tus propios soldados como herramientas desechables y a tus enemigos como piezas en un tablero. Esa no es fuerza. Es debilidad disfrazada de control.
Lelouch sonrió, aunque había un destello de dureza en sus ojos mientras avanzaba un paso más.
—¿Debilidad? Llámalo como quieras. Pero, al final del día, son mis herramientas las que están ganando esta guerra, mientras que tus ideales se desmoronan frente a ti.
Sin previo aviso, Lelouch extendió ambas manos, lanzando una ráfaga de Rayos de la Fuerza que se dividió entre Plo Koon y un grupo de clones que intentaban reforzar al Jedi. Plo Koon alzó su sable, desviando los rayos hacia las paredes con un esfuerzo visible, pero los clones detrás de él no tuvieron la misma suerte, cayendo al suelo mientras sus armaduras chisporroteaban por la electricidad.
—No hay piedad en la guerra, Plo Koon. Solo victoria o derrota. Y yo he elegido ganar —dijo Lelouch, su tono carente de emoción mientras avanzaba lentamente hacia el Maestro Jedi.
Plo Koon respiró profundamente, utilizando la Fuerza para calmar sus emociones y enfocar su mente. Sabía que Lelouch intentaba desestabilizarlo, no solo con palabras, sino también con acciones diseñadas para provocar una respuesta emocional. Era un juego peligroso, y Plo Koon debía mantener su compostura.
—Tu camino no lleva a la victoria, Lelouch. Lleva al vacío. Puedes ganar una batalla hoy, pero no conquistarás la galaxia con odio y desesperación —dijo Plo Koon mientras giraba su sable y avanzaba con renovada determinación.
Lelouch alzó uno de sus sables, bloqueando el golpe con facilidad, mientras una leve sonrisa cruzaba su rostro.
—Eso es lo que me gusta de los Jedi. Siempre tan rápidos para dar lecciones, incluso cuando están perdiendo. Pero dime, Plo Koon, ¿cuánto más puedes aguantar antes de que la esperanza que tanto valoras se apague por completo?
El pasillo seguía llenándose de gritos y explosiones mientras clones y droides continuaban luchando alrededor de ellos, pero para Lelouch y Plo Koon, el mundo se había reducido a un duelo personal. Ambos luchaban no solo con sables de luz y la Fuerza, sino con sus palabras, filosofías y voluntades, cada uno intentando doblegar al otro en un combate tanto físico como psicológico.
El duelo entre Lelouch y Plo Koon alcanzaba su punto máximo, con ambos oponentes empujando sus habilidades al límite. Sin embargo, la presión del combate y la destrucción masiva que envolvía el cuartel comenzaban a inclinar la balanza. Los clones restantes luchaban desesperadamente contra los droides que avanzaban con una coordinación impecable, mientras las órdenes de Lelouch seguían cerrando el cerco. Plo Koon lo sabía: si no actuaba ahora, todo estaría perdido.
Con un movimiento rápido, Plo Koon desvió los sables de Lelouch con una explosión de energía de la Fuerza, ganando un breve respiro. Retrocedió unos pasos mientras extendía su conciencia hacia su entorno. Podía sentir la tensión en las estructuras del cuartel, el peso que soportaban mientras las explosiones y los disparos continuaban sacudiendo los cimientos.
—No dejaré que te lleves todo sin resistencia —murmuró Plo Koon, su tono firme mientras concentraba toda su energía en la Fuerza.
Lelouch apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que una oleada de poder lo envolviera. Plo Koon extendió ambas manos, liberando un empujón de Fuerza tan poderoso que Lelouch fue lanzado hacia atrás como una muñeca de trapo. Impactó contra una pared cercana, deslizándose al suelo mientras sus sables caían de sus manos, apagados.
Antes de que Lelouch pudiera recuperarse completamente, sintió otra perturbación en la Fuerza. Desde su posición, vio cómo Plo Koon alzaba las manos hacia los techos del edificio.
—¡No puede ser! —murmuró Lelouch, mientras los sonidos de las estructuras crujientes comenzaban a llenar el aire.
Con un esfuerzo monumental, Plo Koon canalizó toda su conexión con la Fuerza hacia los soportes del cuartel. Las paredes comenzaron a temblar, y el techo se agrietó mientras el peso del edificio cedía bajo la presión. Los droides que aún luchaban dentro del cuartel apenas tuvieron tiempo de reaccionar antes de que las primeras secciones del techo comenzaran a colapsar, enviando escombros y polvo en todas direcciones.
Lelouch, recuperándose del empujón, miró con incredulidad cómo el edificio comenzaba a derrumbarse.
—¡Maldición! —gruñó, entendiendo que debía actuar rápidamente.
Activando sus sables de luz nuevamente, Lelouch corrió por los pasillos que se derrumbaban a su alrededor, esquivando escombros y utilizando la Fuerza para apartar las piezas más grandes que bloqueaban su camino. Mientras corría, su mente trabajaba a toda velocidad, evaluando sus opciones. Fue entonces cuando lo vio: una plataforma al aire libre, donde un grupo deLAATsde la República permanecía parcialmente destruidas pero aún operativas.
Sin detenerse, Lelouch utilizó un empujón de la Fuerza para abrirse camino hacia la plataforma. Los motores de una de lasLAATsestaban en funcionamiento, probablemente preparándose para evacuar a los clones sobrevivientes. Sin perder tiempo, Lelouch corrió hacia la nave, subiendo a bordo mientras los últimos restos del edificio comenzaban a colapsar detrás de él.
—¡Fuera de mi camino! —exclamó, utilizando un pulso de Fuerza para apartar a los clones que estaban a bordo. Con movimientos rápidos, tomó los controles de la nave, encendiéndola por completo y despegando justo cuando el edificio se derrumbaba por completo, enviando una nube de polvo y escombros al cielo.
Desde el aire, Lelouch observó el resultado del sacrificio de Plo Koon. El cuartel ahora no era más que una pila de ruinas humeantes, y los droides que habían estado dentro quedaron enterrados bajo toneladas de escombros. Sin embargo, Lelouch también notó que la maniobra del Jedi había comprado tiempo para que algunos de los clones sobrevivientes lograran escapar.
—Ingenioso... pero desesperado —murmuró Lelouch mientras pilotaba la nave hacia una zona segura donde pudiera reorganizarse.
En el suelo, Plo Koon, con los restos de sus fuerzas, se movía hacia los límites del campo de batalla. Aunque exhausto por el esfuerzo, sabía que había logrado lo que necesitaba: detener a Lelouch, al menos temporalmente, y darles a sus tropas la oportunidad de reagruparse.
En el puente de laLucrehulkinsignia, Nicoletta se movía de un lado a otro, sus ojos fijos en los monitores que proyectaban en tiempo real la devastación del cuartel republicano. Aunque los informes llegaban con rapidez, uno crucial faltaba: el estado de Lelouch. Desde el momento en que el edificio comenzó a derrumbarse, había intentado establecer contacto con él sin éxito. Cada segundo que pasaba sin una respuesta aumentaba su preocupación, aunque se esforzaba por mantener la calma frente a los oficiales droides que la rodeaban.
—T-01, ¿alguna señal de Lelouch? —preguntó, su voz firme pero con una tensión subyacente.
El droide táctico procesó la consulta antes de responder con su tono característicamente mecánico.
—Negativo, señorita Márquez. No hemos recibido comunicación directa desde que el cuartel comenzó a colapsar. Sin embargo, detectamos unaLAATrepublicana que despegó momentos antes del derrumbe y se dirige hacia nuestra posición.
Nicoletta se giró hacia la pantalla que mostraba la trayectoria de la nave. Por un momento, su corazón se detuvo. ¿Podría ser...? Con rapidez, activó el comunicador personal.
—¡Lelouch! ¿Me copias? Responde, por favor.
El puente quedó en silencio mientras todos esperaban una respuesta. Finalmente, la voz familiar de Lelouch rompió la tensión.
—Estoy aquí, Nicoletta. Estoy a salvo, aunque un poco más sucio de lo que esperaba.
El alivio que sintió Nicoletta fue tan abrumador que dejó escapar un suspiro audible, llevándose una mano al pecho mientras su rostro reflejaba una mezcla de emoción y reproche.
—¡Por todos los cielos, Lelouch! Pensé que te habíamos perdido. ¿Estás bien? ¿Dónde estás?
Desde la cabina de laLAATrobada, Lelouch dejó escapar una pequeña risa mientras ajustaba los controles.
—Estoy en el aire, pilotando una nave de la República. Al parecer, estaLAATera mi boleto de salida. Así que no te preocupes, Nicoletta. No me desharé tan fácilmente.
Nicoletta, aunque aliviada, no pudo evitar soltar un comentario mordaz.
—No sabes cuánto me alegra escuchar eso... aunque podrías haber informado antes. Me hiciste casi colapsar aquí arriba.
Lelouch sonrió, imaginando su expresión desde el puente de la nave insignia.
—Considera esto una prueba, Nicoletta. Si no puedes manejar la incertidumbre, entonces este trabajo no es para ti.
—Oh, no te preocupes, comandante —respondió Nicoletta con un tono cargado de sarcasmo—. La próxima vez que te pierdas en una estructura colapsada, simplemente asumiré que estás disfrutando de una siesta en medio de los escombros.
Lelouch dejó escapar una pequeña carcajada antes de cambiar su tono a uno más serio.
—Nicoletta, escucha. Estoy en una nave republicana, y me dirijo de vuelta a la flota. Asegúrate de informar a las baterías antiaéreas y a las patrullas que no disparen. Sería bastante desafortunado que mi propia flota me derribara después de sobrevivir a un Jedi y a un edificio que se derrumba.
Nicoletta asintió rápidamente, girándose hacia T-01.
—T-01, transmite un mensaje a todas las unidades aéreas y defensivas. LaLAATque se aproxima es pilotada por el comandante Lelouch. Bajo ninguna circunstancia deben atacarla.
El droide asintió.
—Órdenes recibidas, señorita Márquez. Transmitiendo a todas las unidades.
De vuelta en la cabina de laLAAT, Lelouch ajustó el rumbo mientras observaba el horizonte, donde las imponentes siluetas de lasLucrehulkse alzaban en la distancia.
—Nicoletta, prepárate para un informe completo cuando llegue. Hay mucho que debemos ajustar después de esta batalla. Y, por supuesto, asegúrate de que todo esté en orden en el puente. No quiero llegar y encontrar desorden.
—Por supuesto, comandante —respondió Nicoletta, aunque esta vez su voz tenía un tono más cálido—. Pero primero, asegúrate de llegar aquí entero. La flota estará lista para recibirte.
Mientras Lelouch avanzaba hacia la flota, su mente ya estaba calculando los siguientes pasos. La batalla en tierra había sido una prueba difícil, pero sabía que la guerra no se ganaba con una sola victoria. Mientras tanto, en la órbita, Nicoletta supervisaba cada detalle del regreso de Lelouch, sintiéndose una vez más aliviada de que, a pesar de las circunstancias, su comandante seguía siendo tan indestructible como siempre.
