En el pequeño cuartel alterno, el ambiente era sombrío. Los clones supervivientes, heridos y exhaustos, trataban de reorganizarse tras el catastrófico colapso del cuartel principal. Mientras los médicos de combate atendían a los heridos, el Maestro Plo Koon se encontraba en la sala de comunicaciones, preparando un enlace directo con el Consejo Jedi. El peso de la derrota se sentía en cada rincón del recinto.
Finalmente, cuando la transmisión se estableció, las figuras holográficas de varios miembros del Consejo Jedi, incluyendo al Maestro Yoda y Mace Windu, se proyectaron en el aire. Plo Koon respiró profundamente antes de comenzar su informe, consciente de que las noticias que llevaba no serían bien recibidas.
—Maestros —comenzó, su voz firme pero cansada—, me temo que Eriadu está perdida. Las fuerzas separatistas, bajo el mando de un comandante al que ahora sabemos que se llama Lelouch, han desmantelado nuestras defensas y eliminado la mayoría de nuestras fuerzas en el planeta. Solo un pequeño grupo de clones ha logrado retirarse conmigo a este cuartel alterno.
Las figuras holográficas intercambiaron miradas, reconociendo el nombre que por fin se había revelado. Mace Windu fue el primero en hablar, su tono grave.
—Así que este comandante tiene nombre. Lelouch. El mismo que Anakin, Obi-Wan y Ahsoka mencionaron después de Christophsis. Dijeron que era diferente, alguien que combinaba habilidades en la Fuerza con un dominio inusual de la estrategia.
Plo Koon asintió lentamente.
—Es cierto, maestro Windu. Y ahora lo he enfrentado directamente. Lelouch no es como los Sith que hemos conocido. Su enfoque no está en la rabia o la pasión; es metódico, frío, como si el campo de batalla fuera un tablero de ajedrez y todos nosotros, solo piezas que manipula para ganar. Utiliza la Fuerza de manera calculadora, pero no con la intensidad emocional que normalmente asociamos con los Sith.
El Maestro Yoda entrecerró los ojos, apoyándose en su bastón mientras consideraba las palabras de Plo Koon.
—Una amenaza, este Lelouch es. No como los Sith, pero peligroso, igualmente. Sus planes, comprender debemos, antes de enfrentarlo de nuevo.
Plo Koon continuó.
—Además, Lelouch no está solo. Su aprendiz, la misma figura que mencionaron en Christophsis, parece ser responsable de las operaciones en órbita. Aunque no bajó al campo de batalla, su coordinación con Lelouch es impecable. Es evidente que este comandante no solo busca ganar batallas, sino también formar a alguien que pueda igualar su capacidad estratégica.
Mace Windu inclinó la cabeza, reflexionando.
—Una aprendiz que está aprendiendo de un maestro que ya ha demostrado ser un desafío significativo. Esto complica aún más las cosas. Cada batalla que ganen juntos solo fortalecerá su control y su amenaza a la República.
Plo Koon hizo una pausa, permitiendo que sus palabras se asentaran antes de continuar.
—Maestros, el alcance de Lelouch es mayor de lo que imaginábamos. Su habilidad para desmantelar nuestras defensas, manipular el campo de batalla y forzarnos a tomar decisiones desesperadas demuestra que no es alguien que podamos subestimar. Si permitimos que siga ganando territorio, podría inclinar la guerra a favor de los separatistas.
Yoda asintió lentamente.
—Preparado, debemos estar. No solo para luchar con sables, sino con mentes, también. Peligroso, un enemigo como este puede ser, si control total tiene.
Plo Koon suspiró, su tono mostrando el peso de la responsabilidad que sentía.
—Además, maestros, debemos evacuar lo que queda de nuestras fuerzas en Eriadu. No podemos sostenernos aquí. Si Lelouch lanza otro ataque, no tendremos manera de resistir. Solicito refuerzos inmediatos para asegurar la retirada.
Mace Windu miró a Yoda antes de responder.
—Te enviaremos apoyo, Plo Koon. Pero hasta entonces, mantente oculto. No podemos permitir que Lelouch descubra que sigues operando. Si te encuentra, podría aprovechar esa información para fortalecerse aún más.
Yoda, con su voz tranquila pero cargada de gravedad, agregó:
—Sobrevivir, tu prioridad debe ser. Resistir, hasta que la ayuda llegue. Cuida a tus tropas, debes.
Plo Koon inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto.
—Entendido, maestros. Haré todo lo posible para proteger a los clones que quedan y recopilar más información sobre Lelouch y su aprendiz.
Cuando la transmisión se cortó, Plo Koon permaneció en silencio frente a la consola por un momento, observando el pequeño holograma del mapa táctico que brillaba ante él. Aunque había logrado salvar a algunos, el peso de la derrota seguía presente. Sabía que Eriadu estaba perdida, pero también que esta no sería la última vez que enfrentaría a Lelouch.
—Seguiremos luchando... pero debemos ser más astutos —murmuró para sí mismo antes de girarse hacia Wolffe y los otros clones que lo esperaban.
—Prepárense para movernos. Mantendremos nuestra posición por ahora, pero debemos estar listos para evacuar en cuanto lleguen los refuerzos. Y mantengan vigilancia constante. No podemos permitir que los separatistas nos encuentren antes de que llegue la ayuda.
Mientras los clones se movilizaban, Plo Koon sabía que el enfrentamiento con Lelouch y su aprendiz era solo el comienzo. Este nuevo enemigo no solo era un comandante; era una fuerza que desafiaba las reglas de la guerra como la conocían. Pero mientras la República tuviera esperanza, él seguiría luchando.
En la órbita de Eriadu, la atmósfera a bordo de la nave insignia separatista estaba cargada de tensión mientras los oficiales droides y Nicoletta aguardaban ansiosamente la llegada de Lelouch. Cuando laLAATrobada finalmente aterrizó en el hangar principal, Nicoletta se dirigió rápidamente hacia la rampa de desembarque, su corazón latiendo con fuerza mientras esperaba ver al comandante.
Lelouch descendió con calma de la nave, su vestimenta mostrando marcas de polvo y pequeños desgarros, pero su porte seguía siendo inquebrantable. Apenas lo vio, Nicoletta corrió hacia él, dejando a un lado cualquier formalidad, y lo abrazó con fuerza, sin decir una palabra al principio. Lelouch, ligeramente sorprendido por la intensidad de su reacción, tardó un momento antes de corresponder el abrazo, colocando suavemente una mano en su espalda y la otra en su cabello, en un gesto tranquilizador.
—Estoy bien, Nicoletta —dijo finalmente, su tono calmado—. Todo salió según lo planeado, aunque no sin sus dificultades.
Nicoletta, todavía abrazándolo, murmuró con un leve temblor en su voz:
—Pensé... pensé que esta vez no regresarías. Cuando vi el cuartel colapsar...
Lelouch dejó escapar un pequeño suspiro y, con una voz más suave de lo habitual, respondió:
—No soy tan fácil de eliminar, Nicoletta. Te lo dije antes: no te desharás de mí tan fácilmente.
Nicoletta finalmente se apartó, aunque aún lo miraba con una mezcla de alivio y reproche. Sus ojos brillaban por la emoción contenida mientras cruzaba los brazos.
—Si quieres demostrar lo indestructible que eres, podrías al menos informarme antes de que decidas desmantelar un edificio sobre tu cabeza.
Lelouch sonrió levemente, un raro destello de humanidad en su rostro, y le respondió con un tono ligeramente burlón.
—Tomaré nota para la próxima vez.
Ambos rieron suavemente, rompiendo la tensión que había dominado el hangar. Sin embargo, la seriedad regresó rápidamente cuando Lelouch gesticuló hacia el pasillo principal.
—Vamos, Nicoletta. T-01 nos espera con el informe de pérdidas y daños. Necesitamos evaluar la situación antes de decidir nuestros próximos pasos.
Mientras caminaban hacia la sala de mando, Nicoletta recobró su postura profesional, aunque aún mantenía una leve sonrisa aliviada. Cuando llegaron, T-01 los esperaba frente al holoproyector central, que mostraba una proyección detallada de la flota y las fuerzas restantes.
—Comandante Lelouch, señorita Márquez —saludó el droide táctico, inclinando ligeramente su cuerpo metálico—. Aquí está el informe solicitado.
Lelouch se acercó al holoproyector, con Nicoletta a su lado, mientras T-01 comenzaba a detallar las cifras.
—Hemos sufrido pérdidas significativas en esta operación. TresRecusantdestruidas, dosMunificentseveramente dañadas y fuera de combate, y múltiples escuadrones de cazasVulturey bombarderosHyenaeliminados. En cuanto a nuestras fuerzas terrestres, aproximadamente el 65% de los droides desplegados en Eriadu han sido destruidos, incluyendo una gran parte de los droidekas.
Lelouch observó las cifras proyectadas sin mostrar emoción, aunque su mente ya calculaba el impacto de estas pérdidas en la operación general.
—¿Y los resultados? —preguntó, su tono neutral.
T-01 ajustó la proyección para mostrar las áreas del planeta que ahora estaban bajo control separatista.
—El 85% de Eriadu está asegurado, incluidas las fábricas industriales principales y las rutas de transporte más críticas. Sin embargo, detectamos una pequeña fuerza de la República que ha logrado retirarse a un cuartel alterno. Su ubicación es conocida, pero no han mostrado actividad significativa desde su retirada.
Nicoletta frunció el ceño mientras estudiaba las cifras.
—Nuestras pérdidas son considerables, pero parece que la República no tiene los medios para montar un contraataque inmediato. Si nos reagrupamos y reforzamos nuestras posiciones, podríamos consolidar el control total del planeta.
Lelouch asintió lentamente, sus ojos fijos en el holograma mientras procesaba la información. Finalmente, habló, su tono frío pero decidido.
—Es un precio alto, pero aceptable. Eriadu es un punto estratégico clave, y ahora que está en nuestras manos, podremos fortalecer nuestras operaciones en esta región. Sin embargo, no debemos subestimar al Maestro Jedi. Plo Koon ha demostrado ser un oponente ingenioso. Mantendremos vigilancia constante sobre su posición hasta que podamos asegurar que no representa una amenaza.
Nicoletta, aunque asintió, no pudo evitar una mirada de preocupación hacia Lelouch.
—Lelouch, incluso con esta victoria, nuestras fuerzas están debilitadas. Necesitamos tiempo para recuperarnos antes de enfrentar otro desafío como este.
Lelouch giró hacia ella, su expresión tan calculadora como siempre.
—Lo sé, Nicoletta. Pero las recuperaciones deben hacerse mientras mantenemos la presión. Si mostramos debilidad, nuestros enemigos la usarán contra nosotros. Por eso necesito que supervises personalmente la reorganización de nuestras fuerzas. Este no es el momento para titubear.
Nicoletta apretó los labios, asintiendo con determinación.
—Entendido, comandante. Me encargaré de todo.
Lelouch volvió su atención al holograma, su mente ya planificando los pasos siguientes. A pesar de las pérdidas, la victoria en Eriadu era suya, y con cada batalla, su control sobre el tablero de la guerra se hacía más firme. Pero sabía que no podía relajarse; un estratega como Plo Koon siempre encontraría una manera de volver al juego. Y Lelouch tenía la intención de asegurarse de que, cuando eso sucediera, estuviera listo para enfrentarlo nuevamente.
En la sala de mando de la nave insignia, Lelouch aguardaba frente al holoproyector junto a Nicoletta y T-01. La conexión con los líderes separatistas estaba lista, y aunque Lelouch había enfrentado ya varias reuniones tensas con ellos, sabía que esta sería particularmente crítica. Eriadu estaba bajo control, pero el costo de la operación era significativo, y los líderes no dudarían en cuestionar sus decisiones.
Cuando las figuras holográficas de Wat Tambor, San Hill, Poggle el Menor, Nute Gunray y el Conde Dooku se materializaron, Lelouch enderezó su postura. Cada uno de los líderes tenía una presencia distinta, pero todos compartían el aire de calculada autoridad que siempre acompañaba sus reuniones.
El Conde Dooku fue el primero en hablar, su tono grave pero controlado.
—Comandante Lelouch, hemos recibido los informes preliminares sobre la situación en Eriadu. Sabemos que el planeta está bajo nuestro control, pero queremos que nos detalles lo ocurrido y cómo planeas consolidar esta victoria.
Lelouch inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto y comenzó a hablar, su tono claro y decidido.
—Maestros, señores, me complace informar que Eriadu está efectivamente bajo el control de la Confederación. Hemos asegurado el 85% de las fábricas industriales clave y las rutas de transporte principales. Sin embargo, esta victoria no vino sin un precio.
Con un gesto, activó un holograma que mostraba las pérdidas sufridas durante la operación: naves destruidas, unidades droides diezmadas y las áreas que aún requerían consolidación.
—Hemos perdido tresRecusant, dosMunificentseveramente dañadas y fuera de combate, y una gran cantidad de droides, incluyendo droidekas y AAT. Aunque nuestras fuerzas sufrieron, logramos desmantelar las defensas de la República y establecer una presencia estratégica en el planeta.
Wat Tambor, con su voz mecánica, fue el primero en responder.
—Las pérdidas son considerables, comandante. Aunque aprecio la importancia de Eriadu, quiero asegurarme de que los recursos invertidos hayan valido la pena.
Lelouch respondió con calma, sin permitir que las palabras de Tambor lo desestabilizaran.
—Eriadu es un eje clave en el Borde Exterior. Su control garantiza acceso a una infraestructura industrial masiva, además de ser un punto estratégico para futuras operaciones. Sin este planeta, nuestra capacidad para proyectar poder en esta región sería limitada.
San Hill intervino, aunque con un tono más moderado.
—A pesar de las pérdidas, debemos reconocer que, bajo tu liderazgo, las fuerzas separatistas han obtenido una de sus victorias más importantes. Has demostrado repetidamente que tus estrategias aportan resultados significativos a nuestra causa.
El comentario de Hill llevó a que algunos de los líderes asintieran, incluyendo a Poggle el Menor, que emitió un zumbido gutural en señal de acuerdo.
Nute Gunray, con su tono característico, añadió:
—Lelouch, aunque he sido crítico en el pasado, debo admitir que tu manejo de esta campaña es digno de reconocimiento. Christophsis, y ahora Eriadu, son pruebas de tu eficacia.
El Conde Dooku, quien había permanecido en silencio hasta ese momento, levantó la mano para silenciar cualquier comentario adicional. Su tono era grave, pero tenía un matiz de aprobación.
—Lelouch, has cumplido con mis expectativas y las de este consejo. Eriadu está bajo nuestro control, y eso es un testimonio de tus habilidades. Los recursos que solicitaste para consolidar tu posición serán enviados, pero con una condición: que te prepares para tu próxima misión de inmediato.
Lelouch inclinó la cabeza ligeramente.
—Mi señor, estoy listo para cualquier tarea que se me asigne.
Wat Tambor tomó la palabra entonces, su tono autoritario.
—Comandante Lelouch, una vez que lleguen los refuerzos y hayas asegurado el control completo de Eriadu, tú y tu segunda al mando, la señorita Márquez, se retirarán de este frente. Te dirigirás directamente a Geonosis, donde te proporcionaré detalles sobre tu siguiente operación.
Nicoletta, de pie junto a Lelouch, mantuvo su expresión seria, aunque no pudo evitar mirar de reojo a su comandante para evaluar su reacción. Lelouch, como siempre, no mostró emoción alguna, simplemente asintiendo con calma.
—Entendido, señor Tambor. Cumpliremos con sus instrucciones.
Dooku intervino una última vez, su tono lleno de autoridad.
—Lelouch, tu próximo movimiento será crucial para la Confederación. Aunque Eriadu es una victoria significativa, esta guerra no será ganada con un solo planeta. Sé que estás a la altura de las circunstancias.
—No les decepcionaré, mi señor —respondió Lelouch con firmeza.
Con esas palabras, la transmisión se cortó, dejando a Lelouch, Nicoletta y T-01 en la sala de mando. Por un momento, el silencio llenó el espacio mientras ambos procesaban la reunión. Finalmente, Lelouch se giró hacia Nicoletta.
—Prepara todo para nuestra partida. Asegúrate de que las fuerzas en Eriadu estén bien coordinadas para mantener el control hasta que lleguen los refuerzos.
Nicoletta asintió, aunque una sombra de preocupación cruzó su rostro.
—¿Crees que el siguiente movimiento será aún más complicado?
Lelouch sonrió levemente, esa sonrisa calculadora que siempre usaba.
—Sin duda. Pero, como siempre, tomaremos cada paso con precisión. La guerra no se gana con fuerza bruta, Nicoletta. Se gana con estrategia.
Tras largas horas de viaje en la Venganza del Exilio, Lelouch y Nicoletta finalmente llegaron a la órbita de Geonosis. Desde la cabina, podían ver las luces de la ciudad principal, Stalgasin Hive, extendiéndose bajo la atmósfera rojiza del planeta. A través del comunicador, recibieron instrucciones claras de aterrizar en uno de los edificios principales del centro de la ciudad, un centro neurálgico para las operaciones separatistas.
Lelouch maniobró la nave con precisión, aterrizando en una plataforma designada donde varios droides esperaban para recibirlos. La imponente figura de Wat Tambor, el líder de la Tecno Unión, también estaba presente, su voz mecánica resonando cuando los jóvenes bajaron de la rampa.
—Comandante Lelouch, señorita Márquez, bienvenidos a Geonosis. Sus recientes victorias en Christophsis y Eriadu han sido... impresionantes. Han demostrado ser más que dignos de la confianza que hemos depositado en ustedes.
Lelouch inclinó ligeramente la cabeza, reconociendo el cumplido con su característica calma.
—Un honor, señor Tambor. Aunque las victorias fueron necesarias, todavía queda mucho por hacer para garantizar la posición de la Confederación en esta guerra.
Nicoletta, a su lado, permanecía firme, aunque no podía evitar mirar con curiosidad a Wat Tambor, sabiendo que cualquier comentario suyo probablemente llevaría a algo importante.
Wat Tambor asintió con su cabeza metálica, su tono ganando un matiz más entusiasta.
—Y precisamente por eso están aquí. Al igual que al General Grievous, se ha decidido que ustedes sean los primeros en recibir nuestra nueva clase de nave: la Clase Subyugador.
Con un gesto, activó la holomesa central, que proyectó un modelo detallado de la nave. El Subyugador era colosal, con un diseño imponente que incluía enormes cañones de iones diseñados para incapacitar flotas completas con un solo disparo. Las líneas de la nave, aunque efectivas, parecían toscas y enfocadas exclusivamente en la función, sin un toque de estrategia refinada.
Nicoletta frunció ligeramente el ceño mientras estudiaba el holograma. Su instinto la llevó a apuntar detalles específicos.
—El diseño es... funcional, pero parece depender demasiado de los cañones de iones. Si la nave pierde su capacidad de dispararlos, quedaría expuesta y vulnerable.
Lelouch, con los brazos cruzados, observaba con una mirada crítica.
—Es una herramienta poderosa, pero carece de versatilidad. Este diseño podría funcionar para una ofensiva directa, pero no encaja en una estrategia más compleja. Y en cuanto a su movilidad... —Lelouch señaló la parte trasera de la nave—. Estas salidas de propulsión son insuficientes. En un combate prolongado, sería un blanco fácil para las fuerzas más ágiles de la República.
Wat Tambor observó las críticas de ambos con una curiosa mezcla de interés y satisfacción. Finalmente, dejó escapar una risa metálica, su voz resonando en el salón.
—Sabía que este diseño original no sería completamente de su agrado. Ustedes no son como Grievous; no dependen únicamente de la fuerza bruta. Por eso les doy permiso para modificarla a su gusto entero.
Nicoletta levantó la vista, sorprendida.
—¿Modificarla? ¿Completamente?
Wat Tambor asintió.
—Sí. Quiero que esta nave se adapte perfectamente a sus necesidades estratégicas. Su clase de Subyugador será única, diseñada según sus especificaciones. Mientras que Grievous usará el diseño estándar, el suyo será personalizado para reflejar su estilo de guerra. Consideren esto un reconocimiento a su talento y visión.
Lelouch dejó escapar una leve sonrisa, cruzando las manos detrás de su espalda mientras observaba nuevamente el holograma.
—Eso cambia las cosas. Si podemos ajustar el diseño, entonces podemos aprovechar su capacidad destructiva mientras corregimos sus puntos débiles. Señor Tambor, le agradezco esta oportunidad. Prometo que el diseño final será una herramienta que maximizará las victorias de la Confederación.
Nicoletta, ahora más emocionada, intervino.
—Si se nos permite personalizarla, podríamos incluir mejores sistemas de propulsión para aumentar su maniobrabilidad, además de integrar un sistema de comunicaciones avanzado para mejorar la coordinación con flotas más pequeñas. Y tal vez... —su voz se llenó de entusiasmo mientras revisaba los planos— podríamos reforzar la protección en los generadores de los cañones de iones.
Wat Tambor los observó con satisfacción.
—Eso es lo que esperaba de ustedes. Sus modificaciones no solo serán útiles, sino también un ejemplo para las futuras generaciones de estas naves. Tienen carta blanca para trabajar con nuestros ingenieros y crear la versión definitiva del Subyugador.
Lelouch inclinó la cabeza una vez más.
—No desperdiciaremos esta oportunidad. Con esta nave a nuestra disposición, la Confederación estará un paso más cerca de la victoria.
Wat Tambor apagó la holomesa, dando por terminada la introducción.
—Entonces, no perdamos más tiempo. Sus especificaciones serán recibidas de inmediato, y los ingenieros estarán listos para trabajar bajo su dirección.
Mientras Wat Tambor los guiaba hacia los laboratorios de diseño, Lelouch y Nicoletta intercambiaron una mirada llena de determinación. La posibilidad de diseñar su propia nave no solo era un honor, sino también una oportunidad estratégica única que estaban decididos a aprovechar al máximo.
En la sala de diseño principal de Stalgasin Hive, Lelouch y Nicoletta observaban con detenimiento las proyecciones holográficas que Wat Tambor había dispuesto frente a ellos.
Las luces proyectaban la distribución y diseño de la futura nave Clase Subyugador que les sería asignada, una máquina de guerra masiva diseñada para aplastar flotas enteras con un solo disparo de su superláser táctico. Wat Tambor, orgulloso del potencial de la nave, observaba a los dos jóvenes mientras estos comenzaban a analizar cada aspecto de la misma.
Lelouch cruzó los brazos, su mirada fija en la proyección de la Zona de Mando y Habitaciones Personales. Sin desviar la atención, comenzó a hablar con su tono característicamente frío.
—La sala de mando personal debe estar conectada directamente al puente principal, equipada con proyectores holográficos avanzados y sistemas de comunicación en tiempo real. Este será mi centro de operaciones, y todo debe fluir sin interrupciones.
Nicoletta, a su lado, ajustó el holograma para enfocarse en las habitaciones privadas.
—La cámara de descanso de Lelouch debe ser funcional, sin lujos innecesarios. Un escritorio táctico conectado al sistema central y decoraciones en tonos oscuros serán suficientes. También necesitamos habitaciones para acompañantes, equipadas para nuestros principales oficiales.
Wat Tambor observó con una leve inclinación de su cabeza metálica.
—Prácticos como siempre. Los baños privados estarán diseñados con los sistemas de reciclaje de agua más eficientes que la Tecno Unión puede ofrecer.
Lelouch apenas asintió, pasando la mirada a las Áreas Comunes.
—La sala de descanso y el comedor serán fundamentales para la moral de los oficiales. Necesitamos mobiliario cómodo y pantallas holográficas para facilitar discusiones informales.
Nicoletta, revisando la proyección de la biblioteca holográfica, intervino.
—La biblioteca debe incluir no solo registros históricos, sino también tácticos. Necesitamos un archivo que permita consultar datos en tiempo real sobre nuestras operaciones y la historia de la guerra.
Wat Tambor soltó una leve risa metálica, observando cómo los dos jóvenes no dejaban nada al azar.
—Esa dedicación es precisamente por lo que confío en que esta nave será una extensión de sus mentes estratégicas.
Al pasar a las Instalaciones Especiales, Lelouch y Nicoletta se detuvieron en la proyección de la sala de entrenamiento de la Fuerza.
—Esto será esencial para mí —comentó Lelouch, observando las características—. Droides de combate y barreras holográficas me permitirán mejorar mis habilidades en la Fuerza y en combate. Además, la sala de guerra debe ser el núcleo táctico de esta nave. Quiero un mapa holográfico galáctico con actualización en tiempo real.
Nicoletta asintió mientras observaba la zona médica.
—La sala médica debe incluir cápsulas de recuperación para lesiones críticas, y los droides médicos deben ser capaces de atender tanto a tropas orgánicas como a droides dañados.
Cuando pasaron a la proyección de los Droides a Bordo, Nicoletta no pudo evitar arquear una ceja al ver la cantidad.
—¿20,000 B1 y 10,000 B2? ¿Es necesario tener tantas unidades en una sola nave?
Wat Tambor respondió con un tono mecánico y confiado.
—Estas naves están diseñadas para ser fortalezas móviles. Sus tropas podrán desplegarse a gran escala en cualquier planeta.
Lelouch examinó la distribución de los droidekas.
—Los 500 droidekas protegerán áreas clave dentro de la nave. Los droides tácticos se ocuparán de coordinar las operaciones, pero también necesitamos droides de infiltración BX para misiones específicas.
Nicoletta añadió mientras observaba la sección de mantenimiento.
—Los droides R2 modificados y los Buzz Droids deben estar preparados para cualquier escenario. Sabotaje enemigo, mantenimiento técnico, infiltraciones... serán esenciales.
Wat Tambor parecía satisfecho con sus observaciones mientras pasaban al Hangar.
—Con una capacidad de 1,000 cazasTri-Fightery 300 bombarderosHyena, tendrán el dominio aéreo asegurado en cualquier combate —explicó, destacando las proyecciones.
Lelouch señaló los transbordadoresSheathipede.
—Estos serán clave para infiltraciones y evacuaciones. Sin embargo, los droides de abordaje también deben ser suficientes para garantizar que podamos desmantelar naves enemigas desde dentro.
Finalmente, llegaron a las Defensas y Sistemas Estratégicos. Lelouch y Nicoletta observaron con detenimiento las proyecciones del superláser táctico.
—Este será el arma principal —dijo Lelouch, su tono analítico—. Pero las baterías de torpedos de protones y los cañones de largo alcance deben complementarlo para garantizar que podamos responder a cualquier tipo de amenaza.
Nicoletta observó los sistemas defensivos.
—Los escudos multicapa reforzados y las contramedidas anti-torpedos son esenciales. Además, el blindaje reflectante avanzado debe proteger los puntos más vulnerables de la nave.
Wat Tambor cerró el holograma con un gesto, dejando una leve risa mecánica escapar de su máscara.
—Veo que tienen todo perfectamente calculado. Cada detalle será implementado según sus especificaciones. Su Clase Subyugador no solo será una nave de guerra; será un monumento a su estilo estratégico.
Lelouch inclinó ligeramente la cabeza.
—Gracias, señor Tambor. Asegúrese de que los ingenieros sigan estas directrices al pie de la letra. Esta nave será más que un arma; será una extensión de nuestra visión.
Nicoletta añadió, con una leve sonrisa.
—Y aseguraremos que ningún enemigo olvide su presencia en el campo de batalla.
Nicoletta, mientras observaba los planos y los diseños, esbozó una sonrisa traviesa y llamó la atención de Lelouch, señalando el holograma de la nave.
—Lelouch, ¿cómo la llamaremos? —preguntó con una mezcla de curiosidad y diversión.
Sin pensarlo demasiado, Lelouch respondió con un tono firme:
—Venganza del Exilio. Honrará a mi maestro y lo que representa.
Nicoletta, con una expresión de leve sorpresa, replicó:
—¿Estás seguro? Es un nombre bastante imponente.
Lelouch la miró directamente a los ojos, su seriedad evidente.
—Absolutamente. El nombre simboliza lo que somos, Nicoletta. Ya habrá tiempo para cambiarle el nombre a la nave más pequeña.
Nicoletta sonrió con aprobación y luego señaló el holograma una vez más.
—Entonces, creo que solo nos falta un detalle, Lelouch.
Con movimientos rápidos, ajustó los colores del casco principal a negro mate, un tono que absorbía la luz, transmitiendo un aire de misterio y amenaza. Agregó líneas decorativas y puntos estratégicos de un púrpura oscuro, que parecían resaltar los bordes más agresivos del diseño. Finalmente, proyectó un emblema en un lugar visible del casco que hizo que incluso Wat Tambor dejara escapar un sonido metálico de sorpresa.
El emblema dorado estaba compuesto por un escudo central con un cráneo estilizado en el centro, rodeado por alas extendidas que evocaban un sentido de poder y libertad. A cada lado del escudo, dos figuras humanoides con armaduras sostenían blásters imponentes en posición de guardia. Los detalles de las armas reflejaban su letalidad: cañones largos y robustos con líneas modernas, diseñados para ser símbolos tanto de defensa como de fuerza. Encima del cráneo, una estrella dorada resplandecía como un símbolo de guía y superioridad.
Nicoletta señaló el emblema con orgullo.
—Este será nuestro símbolo, algo que nadie en la galaxia podrá ignorar.
Lelouch asintió lentamente mientras observaba el diseño final.
—Es perfecto, Nicoletta. Representará lo que somos y lo que lograremos juntos.
Wat Tambor, aún impresionado, intervino.
—Sin duda, este diseño será recordado en toda la galaxia, comandante Lelouch. La Venganza del Exilio será un nombre temido y respetado.
Nicoletta sonrió, satisfecha, mientras Lelouch observaba la proyección, imaginando el impacto que la nave y su emblema tendrían en sus enemigos.
