Wat Tambor, con su tono metálico y una postura que denotaba un inusual orgullo, proyectó en la holomesa la imagen final de la Venganza del Exilio. Sus palabras resonaron con la misma precisión fría de las máquinas que supervisaba.
—La nave estará completamente operativa en cuatro meses, comandante Lelouch y teniente Nicoletta. Será un arma sin igual en esta guerra.
La reacción de los dos jóvenes no tardó en mostrarse. Lelouch arqueó ligeramente una ceja, un gesto que para alguien como él era casi una exclamación, mientras Nicoletta entreabría los labios, claramente sorprendida.
—¿Cuatro meses? —preguntó Lelouch con calma, aunque su tono dejaba claro que no esperaba esa respuesta—. Eso parece... demasiado rápido, incluso para los estándares de la Confederación.
Nicoletta asintió, añadiendo con una mezcla de duda e intriga:
—Incluso considerando la capacidad de producción de Geonosis, ¿cómo planean ensamblar algo de esta magnitud en tan poco tiempo?
Wat Tambor rió, un sonido mecánico y deshumanizado que reverberó en la sala.
—Oh, jóvenes, no subestimen los recursos de la Confederación. Varias naves Subyugador ya están en construcción, y simplemente hemos decidido adaptar una específicamente para ustedes. Los ajustes solicitados se incorporarán al diseño existente. Esto no es más que optimización.
Lelouch y Nicoletta intercambiaron una mirada breve. Habían escuchado historias sobre las capacidades industriales separatistas, pero verlas en acción era otro asunto.
—Eficiencia admirable, pero espero que las modificaciones solicitadas no comprometan el rendimiento —comentó Lelouch, cruzándose de brazos mientras estudiaba los detalles proyectados en la holomesa.
Nicoletta, quien seguía examinando la imagen holográfica de la nave, no pudo evitar preguntar con cierta curiosidad:
—¿Y qué opinan del emblema y la estética del casco? Sé que puede ser... intimidante para algunos.
Wat Tambor dirigió su mirada mecánica al emblema dorado que decoraría el casco, una figura que incluso él admitía tenía un aire ominoso.
—El diseño es... diferente, joven teniente. No es común que un comandante tenga esta atención al simbolismo, pero debo admitir que tiene su impacto. Su diseño refleja tanto poder como propósito, y creo que será un mensaje claro para nuestros enemigos.
Nicoletta sonrió, satisfecha. Lelouch, por su parte, permaneció en silencio, aunque una pequeña inclinación de cabeza mostró su aprobación.
Wat Tambor, tras una pausa breve, volvió a hablar, su tono indicando que tenía algo más que decir.
—Por supuesto, entiendo que necesitarán tiempo para prepararse y planificar. Por eso se les ha concedido una semana completa de descanso. El general Grievous aún está terminando su campaña actual, pero pronto liderará un ataque masivo contra Kamino, y quiero que ustedes dos sean parte de esa ofensiva.
La mención de Kamino hizo que Lelouch frunciera ligeramente el ceño. Nicoletta también mostró una mezcla de emoción y seriedad. Wat Tambor continuó antes de que pudieran responder.
—Ah, y antes de que se retiren, una última noticia: el mando militar de la Confederación ha reconocido formalmente a Nicoletta Marquez como teniente de nuestras fuerzas. Ahora tiene autoridad oficial bajo su mando directo, comandante Lelouch.
Nicoletta parpadeó, incapaz de procesar la magnitud de esas palabras de inmediato. Lelouch giró su cabeza hacia ella, observándola con una mirada calculadora, pero había un leve brillo de orgullo en sus ojos.
—Parece que tu ascenso ha llegado más rápido de lo que pensabas —dijo con una voz calma, aunque sus palabras tenían un tono casi de burla amistosa.
Nicoletta se sonrojó levemente, pero con una sonrisa que reflejaba tanto nerviosismo como determinación, respondió:
—No dejaré que te arrepientas de confiar en mí.
Wat Tambor, satisfecho de haber dejado una última impresión, se retiró de la sala, dejando a los dos jóvenes solos. Lelouch rompió el silencio tras unos segundos.
—Bueno, teniente —dijo con énfasis en el nuevo título de Nicoletta, lo que provocó que ella apartara la mirada para ocultar su creciente rubor—. Parece que las cosas se están moviendo rápido para ambos. Pero no podemos darnos el lujo de relajarnos. Una semana es más tiempo del que usualmente nos conceden, y debemos aprovecharlo.
Nicoletta asintió, todavía procesando lo que acababa de suceder. La confianza de Lelouch en ella y el reconocimiento oficial por parte de la Confederación eran grandes pasos, pero también una enorme responsabilidad. Miró al comandante con renovada determinación.
—Estoy lista, Lelouch. Sea lo que sea que venga después, no fallaré.
Lelouch esbozó una leve sonrisa, un gesto raro pero significativo.
—Lo sé. Y eso es lo que te hace diferente de los demás.
Con esas palabras, ambos salieron de la sala, dejando que la planificación de su próximo movimiento comenzara a tomar forma.
Nicoletta y Lelouch fueron escoltados hasta el departamento que Wat Tambor había dispuesto para ellos. El lujo era evidente: desde los techos altos adornados con paneles iluminados, hasta los muebles finamente diseñados, todo parecía destinado a brindarles comodidad después de sus recientes campañas. Sin embargo, Lelouch apenas dedicó unos segundos a observarlo antes de enfocarse en algo más importante. Con pasos decididos, se dirigió al holoproyector principal en la sala, dejando que Nicoletta explorara los alrededores con curiosidad.
—Nicoletta, ponte cómoda. Esto podría tomar un tiempo —dijo Lelouch mientras encendía el proyector.
Ella, aunque curiosa por lo que él tramaba, simplemente asintió antes de tomar asiento en uno de los sofás cercanos. Lelouch, por su parte, solicitó una conexión con Varik Muul, el neimoidiano que había estado utilizando para sus propios fines dentro del Clan Bancario.
Unos segundos después, la figura holográfica de Varik apareció. Su expresión nerviosa y servil era algo que Lelouch siempre encontraba predecible y útil. Varik comenzó con un saludo exagerado, inclinándose ligeramente antes de hablar.
—Comandante Lelouch, qué honor recibir su llamada. Debo decir que sus recientes victorias han sido el tema principal en nuestras redes de información. Verdaderamente inspiradoras.
Lelouch mantuvo su rostro inexpresivo, dejando que el silencio llenara el espacio por unos momentos. Nicoletta observaba desde su asiento, evaluando cómo Lelouch manejaba la interacción. Finalmente, él habló, con un tono firme y calculado.
—Ahorra tus halagos, Varik. Estoy aquí por una sola razón. ¿Ya cumpliste con lo que te pedí?
La pregunta directa cortó cualquier intento de desviación por parte del neimoidiano. Varik ajustó nerviosamente su postura, tratando de mantener la compostura.
—Por supuesto, comandante. Tal como lo solicitó, las fragatas están listas. Fueron adaptadas siguiendo las especificaciones que usted indicó.
—¿Y las otras preparaciones? —Lelouch añadió sin titubear, inclinándose ligeramente hacia el holograma, como si cada palabra llevara un peso adicional.
Varik tragó saliva antes de responder.
—Los droides y... bueno, los otros "recursos" también están asegurados. Todo está en posiciones seguras, fuera de cualquier registro oficial de la Confederación. Nada que pueda ser rastreado hacia usted, comandante.
Nicoletta, que había estado escuchando atentamente, inclinó ligeramente la cabeza. Aunque no entendía completamente todo lo que Lelouch había solicitado, podía percibir la intrincada red que estaba tejiendo. Lelouch, por su parte, mantuvo su mirada fija en Varik.
—Quiero asegurarte de algo, Varik. Esto que estás haciendo no es solo una tarea. Es un compromiso con mi causa, una que trasciende tus intereses personales y los del Clan Bancario. Si en algún momento llegas a comprometer lo que estamos construyendo, no habrá lugar en esta galaxia donde puedas esconderte.
La amenaza, aunque sutil, era inconfundible. Varik asintió rápidamente, con una sonrisa nerviosa.
—Puede contar conmigo, comandante. Todo está bajo control. Si desea inspeccionar los preparativos personalmente, estaré encantado de organizarlo.
Antes de que Lelouch pudiera responder, Nicoletta intervino desde su lugar, con una mezcla de curiosidad y seriedad en su tono.
—¿Y qué hay de los informes financieros, Varik? ¿Has conseguido que los desvíos sean indetectables?
El neimoidiano pareció sorprendido al escucharla, pero rápidamente recuperó la compostura.
—Por supuesto, señorita Nicoletta. Todo ha sido manejado con extremo cuidado. Los flujos financieros están distribuidos a través de múltiples rutas, asegurando que cualquier intento de rastreo sea prácticamente imposible.
Nicoletta asintió, satisfecha con la respuesta, pero su mirada se cruzó con la de Lelouch, buscando confirmación. Él simplemente le dio un leve asentimiento antes de volver su atención al holograma.
—Bien, Varik. No relajes tus esfuerzos. Quiero actualizaciones constantes sobre el estado de nuestras preparaciones. Y recuerda, mi paciencia tiene límites.
Varik comenzó a responder, pero Lelouch lo interrumpió levantando la mano, indicando que la conversación aún no había terminado del todo.
Lelouch ajustó su postura frente al holoproyector, permitiendo que su tono adoptara un matiz más intenso mientras observaba a Varik, quien intentaba mantener una apariencia serena en el holograma. Nicoletta, ahora de pie y observando desde un costado, cruzaba los brazos, completamente enfocada en la conversación.
—Varik, necesito que consigas algo más —dijo Lelouch con una calma calculada—. Acceso directo a la base de datos más protegida de la Confederación. Quiero tener acceso completo a los códigos secretos de los droides, así como información detallada sobre cualquier desarrollo de armas o naves que pueda ser útil en el futuro.
El rostro de Varik mostró una ligera tensión, pero rápidamente trató de recuperar la compostura, moviendo las manos como si tratara de explicar algo complejo.
—Comandante, eso es... una solicitud considerablemente difícil. Las bases de datos más protegidas están limitadas a niveles de seguridad extremadamente altos. Sin embargo, puedo intentar obtener acceso remoto a través de ciertos canales que conozco.
Lelouch no se inmutó, dejando que el peso de su mirada cayera sobre Varik, quien rápidamente añadió:
—Dicho eso, si no logro el acceso de manera remota, tendría que... trasladarme nuevamente al mundo capital del Clan Bancario para usar uno de sus terminales principales. Pero hacerlo implicará tomar precauciones extremas para evitar levantar sospechas.
Nicoletta frunció ligeramente el ceño al escuchar esto, pero antes de que Lelouch pudiera responder, tomó la palabra con un tono directo:
—¿Y qué hay del otro encargo? Dijiste que estabas trabajando en identificar la ubicación de los astilleros móviles. ¿Ya tienes algo?
Varik asintió con nerviosismo, claramente aliviado de cambiar de tema, aunque su respuesta seguía mostrando un atisbo de cautela.
—Sí, señorita Nicoletta. He identificado la ubicación de cuatro de los astilleros móviles más activos de la Confederación.
Con un gesto, Varik activó un holograma secundario que proyectó mapas estelares, marcando las ubicaciones de los astilleros.
—El primero está en Raxus Secundus, el corazón político de la Confederación. Este astillero cuenta con defensas orbitales considerables, incluyendo plataformas de artillería pesada y una flota estacionada de naves clase Recusant y Munificent.
Nicoletta inclinó ligeramente la cabeza, analizando los datos mientras Varik continuaba.
—El segundo se encuentra en Mechis III, un planeta industrial. Sus defensas están automatizadas, con miles de droides de combate y cañones orbitales. Sin embargo, la falta de supervisión orgánica podría ser una debilidad que podría explotarse.
—El tercero está ubicado en el sistema Hypori, que está protegido por una densa red de campos de asteroides y una flota de patrulla liderada por un Subyugador en construcción. Es uno de los astilleros más protegidos debido a su cercanía con varias rutas hiperespaciales clave.
Finalmente, Varik señaló el último punto en el mapa.
—El cuarto está en el sistema Sluis Van, conocido por sus vastas instalaciones de ensamblaje. Este astillero está custodiado principalmente por naves clase Lucrehulk y varias estaciones de combate automatizadas, además de contar con un destacamento especializado de droides tácticos.
Nicoletta estudió las ubicaciones y las defensas con atención, mientras Lelouch mantenía la mirada fija en Varik.
—Un trabajo aceptable, Varik, pero no suficiente —dijo Lelouch con un tono medido—. Quiero más que ubicaciones. Necesito detalles sobre sus patrones de defensa, tiempos de rotación y cualquier vulnerabilidad que pueda ser explotada. Si decides ir al mundo capital del Clan Bancario para cumplir con lo que te pedí antes, asegúrate de aprovechar la oportunidad para recopilar esa información también.
Varik asintió rápidamente, claramente sintiendo la presión que Lelouch estaba ejerciendo sobre él.
—Sí, comandante. Me encargaré de obtener todo lo que necesite, incluso si implica un mayor riesgo. Solo pido un poco de tiempo para organizar los recursos necesarios.
Nicoletta, sin apartar la mirada del holograma, intervino una vez más.
—Espero que entiendas lo que está en juego aquí, Varik. No puedes fallar, y Lelouch no tolerará nada menos que la perfección.
Varik tragó saliva antes de responder con voz temblorosa.
—Lo entiendo perfectamente, señorita Nicoletta. No los decepcionaré.
La comunicación permaneció abierta mientras Varik esperaba las últimas instrucciones de Lelouch. Nicoletta, entretanto, seguía observando el holograma, esperando el siguiente movimiento de su comandante.
La comunicación con Varik terminó abruptamente cuando Lelouch apagó el holoproyector con un gesto calculado. Nicoletta, quien había permanecido en silencio durante la última parte de la conversación, observaba a Lelouch con curiosidad. Su rostro reflejaba una mezcla de admiración y desconcierto ante la complejidad del plan que Lelouch había puesto en marcha.
Después de unos momentos de silencio, ella finalmente rompió la quietud con una pregunta directa:
—Lelouch, esas ubicaciones de los astilleros móviles... ¿dónde planeas ocultarlos cuando finalmente los tomemos? Parece una tarea casi imposible mantener algo así fuera del radar de la República o incluso de la Confederación.
Lelouch, cruzándose de brazos, dejó escapar una ligera sonrisa. Sus ojos brillaban con una mezcla de confianza y determinación mientras miraba a Nicoletta.
—En el espacio salvaje —respondió con calma, dejando que sus palabras colgaran en el aire por un instante antes de continuar—. Específicamente, cerca de donde se encuentra mi mundo natal.
Nicoletta parpadeó sorprendida, su mente procesando rápidamente la información.
—¿Tu mundo natal? ¿Te refieres al sistema donde naciste? —preguntó, su voz cargada de curiosidad—. ¿Por eso necesitas las fragatas y las sondas?
Lelouch asintió lentamente, como si estuviera confirmando una verdad que hasta ahora solo él conocía por completo.
—Exactamente. Usaré las fragatas y las sondas para mapear y explorar en detalle los sistemas cercanos a mi mundo natal: Alpha Centauri, el Sistema Barnard, el Sistema Luyten, Epsilon Eridani, Tau Ceti y Wolf 1061. Cada uno de ellos tiene potencial para albergar recursos cruciales, y quiero saber dónde podría establecer fábricas de droides y astilleros de naves sin que nadie sospeche.
Nicoletta se cruzó de brazos, inclinándose ligeramente hacia Lelouch con una expresión pensativa.
—Esos sistemas... están lejos de los conflictos actuales. Sería un escondite perfecto, pero también un desafío logístico enorme. Necesitarías mucho más que droides y fragatas para mantener algo así.
Lelouch asintió, su mirada desviándose hacia la ventana, como si pudiera ver los sistemas que acababa de mencionar.
—Lo sé. Por ahora, estamos limitados por los recursos y el personal. Necesito más ayuda orgánica, alguien que pueda supervisar las operaciones en esos sistemas mientras nosotros seguimos en el frente. Esa será la siguiente pieza del rompecabezas que debo resolver.
Nicoletta lo miró fijamente, su mente trabajando a la par con las palabras de Lelouch. Finalmente, dejó escapar una pequeña risa, casi imperceptible.
—Siempre piensas a una escala mucho mayor de lo que cualquiera esperaría, Lelouch. Pero creo que esa es una de las razones por las que sigo aquí.
Lelouch giró la cabeza hacia ella, su sonrisa enigmática regresando a sus labios.
—Entonces asegúrate de estar lista, Nicoletta. Estos próximos movimientos serán fundamentales para lo que estamos construyendo. Y recuerda... esto es solo el principio.
La atmósfera en el departamento se tornó más íntima, más reflexiva, mientras Nicoletta y Lelouch seguían conversando sobre los planes futuros. La proyección de los sistemas cercanos a su mundo natal aún brillaba tenuemente en la mesa holográfica, lanzando destellos sobre sus rostros. Nicoletta, con los brazos cruzados y una expresión de ligera preocupación, no pudo evitar plantear la pregunta que llevaba en mente desde que Lelouch mencionó sus planes de explorar los sistemas cercanos.
—¿Y tu mundo? —preguntó en voz baja, rompiendo el silencio con un tono más suave de lo habitual—. Si planeas ocupar los sistemas cercanos a él, ¿tienes algún plan para tu planeta de origen?
Lelouch levantó la mirada hacia ella, sus ojos reflejando una mezcla de sorpresa y melancolía. Era raro que alguien se atreviera a cuestionarlo de esa manera, pero sabía que Nicoletta no lo hacía por curiosidad banal. Desde que le había contado su historia, confiándole lo que vivió en su mundo natal y los horrores de Britannia, ella se había convertido en una de las pocas personas en las que realmente podía confiar.
—No lo sé —admitió finalmente, con una sinceridad que rara vez mostraba—. Una parte de mí quiere regresar para aplastar Britannia y destruir todo lo que mi padre representa. Arrasar con ese sistema corrupto y vengar a todos los que sufrieron por su culpa, incluyéndome a mí.
Hizo una pausa, desviando la mirada hacia la ventana. La luz que entraba por los cristales apenas podía suavizar la dureza de sus palabras.
—Pero hay otra parte de mí... —continuó, su voz volviéndose más introspectiva—. Otra parte que quiere dejar ese mundo podrido atrás. No volver nunca más. Centrarse en esta galaxia, en todo lo que estamos construyendo aquí, y olvidarme de lo que una vez fue.
Nicoletta lo miró fijamente, su corazón encogiéndose al ver una faceta de Lelouch que rara vez dejaba salir. Aunque su exterior solía ser frío y calculador, había algo en su tono ahora que la hacía recordar que, bajo todo eso, seguía siendo humano, marcado por un pasado que no podía borrar. Sin pensarlo mucho más, se acercó a él y lo abrazó. Fue un gesto repentino, pero lleno de calidez y sinceridad.
—No importa qué decidas —dijo ella, apoyando suavemente la cabeza en su hombro—. Siempre estaré a tu lado, Lelouch. Ya sea para destruir ese mundo o para dejarlo atrás, no tienes que cargar con esto solo.
Lelouch se quedó inmóvil por un momento, sorprendido por la espontaneidad del gesto. Lentamente, levantó un brazo y correspondió al abrazo, algo torpemente, pero con una sinceridad que rara vez mostraba.
—Gracias, Nicoletta —dijo finalmente, en voz baja, casi un susurro—. Es... bueno saber que alguien entiende lo que estoy enfrentando.
Ambos permanecieron así por un momento, en un silencio que no necesitaba ser llenado con palabras. La conexión entre ellos no necesitaba explicarse; era un entendimiento mutuo, forjado no solo por sus victorias compartidas, sino también por la confianza y las verdades que habían decidido compartir.
Cuando finalmente se separaron, Nicoletta le sonrió, una sonrisa cálida pero llena de determinación.
—Sea lo que sea, Lelouch, tomaremos esa decisión juntos. No estás solo en esto.
Lelouch asintió, con una expresión más serena.
—Lo sé. Y por eso confío en que, pase lo que pase, encontraremos una forma de avanzar.
Nicoletta permanecía en silencio, observando desde un costado de la sala mientras Lelouch daba instrucciones precisas a las fragatas clase Gozanti recién obtenidas. Sus movimientos eran meticulosos, y su voz, aunque calmada, transmitía una autoridad incuestionable. Los droides a bordo de las fragatas comenzaron a ejecutar los comandos de inmediato, proyectando un plan de ruta que implicaba múltiples saltos cortos por el hiperespacio, diseñado específicamente para minimizar la posibilidad de ser rastreados.
La proyección mostró un cronograma claro: dos semanas para llegar a los sistemas asignados y un mes y medio para recopilar los primeros informes relevantes. Lelouch asintió con aprobación, considerando que el tiempo era razonable dado el nivel de cuidado necesario para una operación encubierta como esa. Nicoletta, por su parte, notaba cómo su comandante ya parecía estar calculando el próximo paso. Cuando Lelouch desvió su atención hacia los hologramas de los astilleros móviles, Nicoletta decidió intervenir.
—Eso puede esperar, Lelouch —dijo con firmeza, cruzándose de brazos frente a él.
Lelouch giró la cabeza hacia ella, arqueando una ceja, claramente no acostumbrado a que alguien interrumpiera sus pensamientos estratégicos.
—¿Qué estás sugiriendo, Nicoletta? —preguntó con un tono que mezclaba curiosidad y un leve reproche.
Nicoletta suspiró y dio un paso hacia él, extendiendo una mano para tomar la suya.
—Estoy sugiriendo que te tomes un respiro. Llevamos meses planeando, luchando y sobreviviendo. Ahora que tenemos un momento de tranquilidad, deberías aprovecharlo. Ambos deberíamos. Vamos, exploremos la ciudad.
Antes de que Lelouch pudiera responder o protestar, Nicoletta lo tomó de la mano y comenzó a tirar de él hacia la salida del departamento. Él, sorprendido por su actitud tan repentina, dejó escapar un suspiro leve y se dejó guiar.
—No tengo tiempo para distracciones, Nicoletta. Hay mucho que organizar antes de que llegue la ofensiva en Kamino —intentó argumentar, aunque su voz carecía de la fuerza habitual.
—Eso puede esperar unas horas. Además, no puedes liderar nada si no te cuidas primero —replicó ella con una sonrisa astuta mientras continuaba arrastrándolo.
Ambos salieron del edificio principal y comenzaron a caminar por las calles de la ciudad, un lugar vibrante con una mezcla única de arquitectura geonosiana e industrial. Los altos edificios estaban iluminados por luces cálidas, y las calles, llenas de actividad, parecían casi ajenas a la guerra que se libraba más allá de los límites del planeta.
Nicoletta y Lelouch rápidamente comenzaron a llamar la atención de quienes los veían pasar. Sus uniformes, los mismos que Nicoletta había confeccionado y ajustado semanas antes, destacaban entre la multitud. Lelouch, con su porte imponente y su uniforme negro perfectamente ajustado, irradiaba autoridad, mientras que Nicoletta, con su uniforme a juego decorado con detalles purpúreos y su emblema dorado, mostraba un aire de confianza y elegancia. No había duda de que eran figuras importantes, algo que los curiosos murmuraban mientras los observaban.
—Estamos llamando demasiado la atención —comentó Lelouch, con una mezcla de incomodidad y resignación.
—¿Y eso importa? —preguntó Nicoletta con una sonrisa, girándose hacia él mientras caminaban—. No es como si pudiéramos pasar desapercibidos en una ciudad llena de aliados. Además, se siente bien que todos sepan quiénes somos, ¿no crees?
Lelouch soltó un leve bufido, pero no respondió. En el fondo, sabía que ella tenía razón, aunque nunca lo admitiría abiertamente. A medida que continuaban caminando, Nicoletta señalaba diferentes puntos de interés: mercados de tecnología avanzada, plazas concurridas y pequeños restaurantes que parecían ofrecer comida tradicional geonosiana.
—¿Sabes? Podríamos probar algo diferente —sugirió Nicoletta, deteniéndose frente a un pequeño café con una terraza elevada que ofrecía vistas panorámicas de la ciudad—. No todo tiene que ser estrategia y guerra, Lelouch.
Él observó el lugar por un momento antes de finalmente ceder, permitiendo que Nicoletta lo guiara hacia una mesa en la terraza. Mientras se sentaban, Lelouch miró el horizonte, permitiéndose unos segundos de calma. Aunque todavía sentía que había mucho por hacer, no pudo evitar apreciar el momento de pausa que Nicoletta le había forzado a tomar.
Nicoletta lo observaba de reojo, con una sonrisa suave.
—Sabes, Lelouch... no siempre tienes que cargar con todo solo. Está bien detenerse de vez en cuando, incluso para ti.
Lelouch giró su mirada hacia ella, sus ojos mostrando un leve destello de agradecimiento.
—Quizás tengas razón, Nicoletta. Pero no te acostumbres demasiado a esto.
Nicoletta rió suavemente, levantando una copa con una bebida local que el camarero había traído mientras ambos intercambiaban miradas llenas de camaradería. Aunque solo era un momento, ambos sabían que lo recordarían como uno de los pocos respiros que la guerra les había permitido.
