La vida es perfecta para una chica joven de preparatoria... en especial para las muchachas animadas.

Y la más risueña de todas... era Panzy, la mejor amiga de Bulma —el alumno más aplicado de todos los de primer grado... y probablemente también de todo Blue Hal... y asimismo una de las féminas más bonitas del instituto— y de Mai —la estudiante más odiada de la preparatoria y de igual manera una de las más preciosas—.

Y Panzy... bueno... poseía una belleza exagerada.

El cabello, sedoso, beige, se agitaba con gracia mientras era cepillado con amor frente al atardecer, maravillosa luz naranja que se colaba por la ventana del dormitorio de la señorita y pegaba casi de lleno en el área en la que estaba ubicado el femenil tocador blanco decorado con fotografías de familiares y amigos y celebridades... y con estampitas kawaii.

Los hermosos ojos morados, repletos de ilusión, brillaban ante la visión de los mechones que por efecto del sol en ratos parecían rubios.

El corazón... latía apresurado al ritmo de una canción roquera romántica al tiempo que unas lindas ligas rosas terminaban de formar las coletas perfectas. Una de cada lado.

Las pestañas fueron rizadas en medio de un canto tonto, chistoso, aunque colmado de dicha.

Llevaba muy poco tiempo siendo una chica preparatoriana —dos meses, para ser exactos—, no obstante, ya quería enamorarse. Los muchachos guapos le habían echado el ojo desde el primer día debido a su enorme atractivo y ternura.

¡Hasta Bulma y Mai habían encontrado a su otra mitad... así de rápido! La peliazul y un chico llamado Yamcha se coqueteaban a diario, y Mai babeaba por el tal Granolah —el muchacho más tímido que había conocido hasta entonces—. ¿Y ella?... Los ojos destellaron delante del recuerdo de Goku. Se miró al espejo una vez más. Sí que era bonita. ¿Sería suficiente para agradarle al guapo moreno?

Rememoró sus alegres ojos negros y su corazón se volvió a alocar. Como la chica llena de ilusión que era, juntó sus manos enamoradiza mirándose al espejo, y suspiró. —Ay, mi Goku... espero que me pidas ser tu novia.

Su mente, traicionera, justo en el mejor momento evocó las burlas del día anterior de las dos amigas más queridas. Pasaban por la zona de los casilleros cuando se toparon con Goku. Panzy suspiró en su presencia y Goku la saludó con amabilidad —como casi todos los días—. El moreno, sonriente, alzó la mano. —¡Hola, Panzy!

La jovencita de piel color verde menta, nerviosa —si bien igualmente sonriente—, medio levantó la mano. —H-hola, Goku.

Bulma, la más desesperada de las tres, la empujó para que el silencio repentino no matara la pasión y lo invitara por fin a salir. Panzy se quejó, puesto que por poco caía al suelo, sin embargo, se compuso aprisa y se reacomodó la corbata del uniforme. —Ah, ah... Goku... yo...

El moreno, en su confusión, abrió más los ojos y se llevó la mano derecha a la nuca. —¿Hum?...

Para su desgracia, los amigos de Goku se instalaron a la espalda de sus inseparables y ella, estropeando de este modo el posible plan de una cita.

—¡Goku...! —gritó de pronto el alto chico de piel verde, Piccolo, provocando la casi otra caída de Panzy, quien del susto se había parado de puntillas—. Déjate ya de galanadas y vayamos a jugar béisbol —le exigió en voz alta al moreno, con un tono molesto que hizo que las chicas voltearan a verlo y elevaran una ceja, un tanto indignadas—. Recuerda que por tu culpa perdí la última vez, y me lo debes.

—¡Ay!... no puede ser —se lamentó Goku mirando al techo, todavía con la mano en la nuca—. La verdad es que quería ir a comer algo sabroso en vez de ir a jugar béisbol.

Bulma, encabronada, se giró por completo para mirar a Piccolo de frente y descansó las manos en las caderas. —¡Oye!... nosotras estábamos hablando con él... ¡maleducado!

A Piccolo, quien acabó boquiabierto por lo pronunciado por Bulma, las mejillas se le pusieron rojas de coraje. —¡¿A quién llamaste maleducado, urraca?!

Bulma apretó los puños de furia. —¡¿Cómo me dijisteeee?!...

Gohan, el primo de Goku, asustado los vio a ambos, y a continuación haló el brazo izquierdo de Piccolo para hacerlo entrar en razón. —P-Piccolo... yo pienso que es mejor dejarlo así... No vayan a pelear, por favor.

—¡¿Estás loco?!... ¿Qué no oíste cómo me llamó?

—Bueno... sí, pero... no eres exactamente muy simpático con las chicas que digamos —le aclaró temeroso el muchacho de tez asaz blanca.

Piccolo volvió a conducir la mirada a Bulma y gruñó. —Estaba hablando con el "pelos parados", pero me interrumpiste —señaló el verde a la peliazul irritado.

Bulma, engreída, cruzada de brazos se inclinó un poco hacia delante. —De hecho, tú nos interrumpiste primero, lechuga parlante.

—¡Eso fue racista! —dijo Piccolo ofendido.

—¡Y lo de fue misógino! —dijo Bulma tras finalmente acercarse retadora al chico verde.

Rabiosos, se mostraron los colmillos. Antes de que explotara la verborrea, Krilin se adentró por la puerta que daba al jardín, y expresó algo estúpido que calmó las aguas: —Vaya... ustedes cada día se parecen más. Deberían ser pareja, ja, ja, ja.

Piccolo y Bulma, pasmados, lo voltearon a ver.

Panzy, rendida, se golpeó la frente con la palma abierta. En serio que solo Krilin tenía la habilidad de mejorar y empeorar las cosas al mismo tiempo.

—¡¿Pero cómo dices eso?! —gritaron el verde y la peliazul al unísono con un puño arriba.

Krilin, aterrado, se cubrió el rostro. —Ch-ch-chicos, cálmense —pidió temblando.

Bulma viró, y en el proceso estrelló su coleta alta contra la cara de Piccolo, quien más se cabreó con esto. —Ya vámonos, chicas... no tiene caso seguir aquí —anunció la peliazul.

—Ja, ja, nos vemos —se despidió Goku de Panzy agitando la mano y con una gran sonrisa.

Mai frunció el entrecejo. Goku le resultaba de lo más anormal; en ningún momento le puso un alto a Piccolo a pesar de caerle bien Panzy. ¿De verdad este sujeto valía la pena para su amiga?

Bulma jaló del brazo a Panzy, quien se hallaba en la luna con la sonrisa de Goku. Mai las siguió.

Ya afuera, en el corredor, la peliazul frenó para quejarse. Panzy, quien tocó la realidad otra vez, se bajó la manga que por error Bulma le había subido al agarrarla del brazo. —¡Goku es un idiota! —despidió Brief enfadada—. No puedo creer que no encarara al tonto de Piccolo y le dijera: "Si no te molesta... estoy hablando con una chica linda en este momento"...

—¡Eso mismo pensé! —señaló Mai apuntando con el índice derecho a Bulma a la vez.

Bulma se cruzó de brazos de nuevo. —Lo siento, Panzy... ¡pero ese Goku es un idiota!

Panzy se dio la vuelta para contestarle a Bulma, pero antes de que pudiera hacerlo, por el pasillo atravesaron Milk, Lázuli y Videl. Milk ejecutó una minipausa para mirar a Panzy burlesca y con rencor. En la inmovilización abrupta la rubia y la morena tropezaron, mas Milk impidió su caída al abrir los brazos.

Panzy frunció el ceño, empero ni un instante se doblegó ante Milk, y pese a no intuir ningún motivo para que la mirara de esa manera, también le clavó los ojos.

Milk reanudó el paso aún viéndola feo. Lázuli y Videl fueron tras ella.

—No entiendo por qué siempre me mira así —declaró Panzy confundida, con el entrecejo arrugado todavía.

—Mmm... es extraño —se aproximó Bulma a la amiga bajita, con las manos en las caderas—. ¿Alguna clase de rivalidad?

—¡¿Pero de qué tipo?! —preguntó Panzy con las palmas apuntando al techo.

—Nunca se sabe. Solo te diré que no confíes en ella —aconsejó Bulma mirando la dirección por la que desaparecieron Milk y sus compinches.

—¡Eso es obvio! —exclamó la pequeña de cabello beige.

—Como te decía... —Bulma se arrimó a Panzy y aún airada por lo ocurrido con Piccolo, dejó caer la mano amistosamente sobre el hombro derecho de la chica chaparrita— ¡ese Goku es un tonto!

Mai, quien se había quedado un poco atrás, se unió a la conversación. Los seductores labios pintados de rojo carmín comenzaron a moverse. —Es verdad. Yo pienso... que mereces algo mejor. Tal vez a alguien más serio.

Panzy paró de golpe y volteó a verlas. —¡¿Y qué hay de ustedes?! ¡Mai!... no a todo el mundo le gustan los amargados como Granolah... y tú, Bulma... —la peliazul abrió mucho los ojos— ¡Yamcha es un payaso!

—Puede que lo sea —aceptó Bulma luego de posar las manos en las caderas nuevamente—... pero al menos no provocó un desastre en el último partido de béisbol.

Mai echó la carcajada con el recuerdo de dicho partido, y la risotada resultó contagiosa, ya que Bulma empezó a burlarse también de Goku mientras se abrazaba el vientre. —¡Ja, ja, ja, ja!... qué divertido fue ver que hiciera que todos cayeran en el lodo...

—Sí... y la mejor caída fue la de Piccolo —comentó Mai, y las risas de ambas explotaron otra vez.

Panzy, iracunda, apretó los puños y gruñó. —¡¿Y eso qué tiene de malo?!... ¡Lo que importa es el corazón... y Goku tiene uno enorme!

—Tan grande como su estupidez... —dijo

Bulma. Y la peliazul y la morena volvieron a reír.

—¡Aaaaaay!... —exclamó Panzy frente al espejo ya concluida la remembranza, y el cepillo salió volando después de halar muy fuerte la coleta izquierda, y aterrizó en la alfombra fucsia, el color que resaltaba en varias partes de la habitación—. Ya verán... —expuso luego de algunos segundos— Goku será el mejor novio de todos... y hasta sentirán envidia —juró al espejo.

Se acomodó el moño rojo del cuello. Hoy era día de moño, y estaba feliz, pues le resultaba más lindo que la corbata.

Tan bonita como siempre, apurada tomó su mochila de la cama y abandonó su dormitorio.

Su padre, quien todo el tiempo estaba feliz, le sonrió en cuanto la vio. —¡Cuídate mucho, mi cielo!... ¡¿Llevas dinero para el almuerzo?!

Panzy, ya con la mano en la perilla, correspondió su sonrisa. —Llevo más que suficiente. No te preocupes. Ya sabes que regresaré hasta las ocho. ¡Nos vemos!

—¡Adiós, mi princesa!

El horario de la tarde le era una locura. En el pueblo se acostumbraba a que los estudiantes de secundaria y preparatoria asistieran a la escuela en la tarde durante todo el verano. Levantarse tarde le parecía una excelente ventaja, sin embargo, las mañanas eran cortas y poco sentía que las aprovechaba. Lo bueno de ello era que al salir de Blue Hal podía divisar las estrellas junto con las amigas. Y eso era mágico.

Los pétalos de las sakuras se desplomaban con lentitud. Panzy, contenta, cogió su bicicleta, que estaba recargada inmediata a la puerta de su hogar. La guio consigo hacia la acera, y ya en ella la montó. Adoraba andar en su bicicleta. Su madre le había enseñado a montar en bicicleta cuando tenía solo cuatro añitos. Lamentablemente, era lo único que podía recordar más o menos claro de ella. Al montar la bicicleta venían a su mente su fresco aroma y sus largos mechones lacios, también beige. ¡La extrañaba tanto! La había perdido cuando aún dependía demasiado de ella.

La pequeña de finas coletas beige giró hacia la derecha, donde estaba emplazada una capilla, y pedaleó más rápido.

Se sabe bien que... el mundo es pequeño. Quizá más de la cuenta.

Rebasó a un chico de piel azul y cabello blanco erizado vestido con el uniforme de Blue Hal. Claro, ambos iban en su mundo —él, que marchaba con la cabeza agachada, escuchando música con sus auriculares y ella pedaleando con celeridad y mirando únicamente hacia enfrente... hacia un al que no estaba destinada—. Desde luego, no se vieron.

Una vez en el patio de la entrada de Blue Hal, aparcó su bicicleta donde las tantas otras y se apresuró a encaminarse a la puerta.

—Hola, guapa —le dijo Bulma a sus espaldas.

Ella le sonrió y la abrazó.

—¿Y Mai?

—Aaah... —suspiró Bulma un tanto harta con las manos dentro de los bolsillos del saco colegial—. Debe estar comprándose un aperitivo. Si no fuera virgen... creería que está embarazada de tanto que come.

Panzy rio ligeramente.

—Te tengo un chismecito —le soltó de repente Bulma sonriendo juguetona.

Y el cuento de Bulma que apenas estaba por empezar fue interrumpido por Milk, quien acompañada por sus amigas empujó con brusquedad a Panzy rozando el hombro con el suyo.

—¡Auch!... —se quejó Panzy enojada.

Milk se giró, y sonriente manifestó: —Ay, lo siento tanto... No te vi porque eres tan pequeñita.

Y la mayoría de los varones que estaban en la entrada rieron.

—¡Lo hiciste a propósito! —aseguró Bulma encabronadísima.

—Ay, pero claro que no... —la morena hizo uso de su voz melosa para engañarlos a todos—. ¿Por qué crees que me disculpé?

Milk viró y se fue riendo con las amigas.

Bulma, encrespada, alzó los hombros. —¡Ash!, ¡cómo la odio!... ¡Le voy a arrancar cada uno de sus cabellos!

Panzy, triste por la burla, ahora insegura miraba a todos, quienes seguían riéndose.

La peliazul, en su intenso coraje, pareció que por un momento aumentó de tamaño y hasta colmillos le salieron. —¡¿Y ustedes qué ven montón de idiotas?!

Los jóvenes, asustados con la peliazul, bajaron la cabeza.

—¿Qué fue lo que pasó? —cuestionó Mai desconcertada tras ellas con una bolsa de frituras en manos.

Bulma, de la rabia que sentía, se la arrebató y comenzó a comer compulsivamente. —¡Te he dicho que no compres estas cosas porque me pondré gorda!...

...

—No tengo idea, pero se la trae con ella —dijo Bulma con el brazo derecho apoyado en el respaldo del pupitre.

—Mmm... es tan extraño —comentó Mai.

Las tres muchachas siempre se sentaban cerca y en la última parte de las hileras.

—Se rieron de mí —dijo Panzy cabizbaja.

—¡No hagas caso, Panzy!... Esos idiotas siempre se burlan de las mujeres. Esa tipa te tiene envidia porque eres bonita. Hay que ignorarla.

Panzy suspiró; vaya día estaba teniendo.

—Oye, Bulma... me dijiste que ibas a contarme algo mientras nos dirigíamos hacia la escuela —le recordó Mai.

—¡Ah!... ¡es verdad! —confirmó la peliazul animada de nueva cuenta—. Como estoy por unirme al consejo estudiantil... pues me entero de muchas cosas, y escuché que desde hoy tendremos un nuevo compañero... ¡y viene de la Capital del Oeste!

—¡¿De la Capital?! —Mai frunció el entrecejo—. ¿No es eso un poco extraño?... ¿A qué vendría alguien de la Capital a este pueblo?

—¡Ash!... tú siempre con tus sospechas. Ese no es problema nuestro. Además... —Bulma repegó la cabeza a la de Panzy, quien al tenerla prácticamente respirando su aliento arrugó el ceño— lo que queremos saber es si es lo suficientemente guapo para nuestra querida Panzy.

Panzy, quien miraba a Goku desde una gran distancia, estaba a punto de refutar cuando...

—Por favor, jóvenes, guarden silencio... —les ordenó amablemente Roshi, aunque apresurado.

El profesor se aproximó a su escritorio.

—Abran sus libros... en la página treinta y dos. Glorio, ven, pasa... —invitó el viejo asimismo con la mano a alguien que se hallaba parado en la puerta.

Todos, más por curiosidad que por obediencia, se silenciaron.

El alumno nuevo terminó de adentrarse. Todos, en especial las chicas, lo miraban boquiabiertos.

—¡Sí que es guapo! —le susurró Bulma a Panzy.

El profesor, apremiado, apuntó su nombre en la pizarra. —Él es Glorio Diyu... y ha sido transferido desde la Capital del Oeste. Desde ahora estudiará con nosotros. Por favor, sean amables con él.

—Es todo un bombón... —comentó Arinsu en voz baja mirándolo de arriba para abajo.

—Glorio... elige un asiento, porque estoy por empezar la clase —avisó el maestro.

El muchacho, de expresión más que adusta, arrancó el paso.

Al avanzar un poco más sus preciosos ojos amarillos se toparon con los morados primorosos de Panzy. No supieron qué fue, pero algo les caló el pecho y el azul los rodeó... al igual que las sakuras de su corazón.

Glorio se deshizo del sentimiento meneando la cabeza. No pasaría por eso de nuevo.

Panzy se liberó del extraño hechizo, y tras tocar la realidad se puso de pie y con una sonrisa y los brazos extendidos apuntó al pupitre de delante. —Puedes sentarte aquí, nuevo —lo invitó con su característica alegría.

Glorio frenó para mirarla con una severidad dolorosa. —Ni loco, enana.

A Panzy, del impacto, los ojos se le pusieron blancos y la quijada inferior se le cayó. ¡¿Qué le había dicho?! ¡¿En verdad la había llamado enana?!

El nuevo, sin más, se sentó en el último pupitre de una hilera apartada de ella.

Bulma, histérica, ya iba a levantarse, mas Mai y la chica bajita la detuvieron. Lo que menos querían era que se metiera en problemas y perdiera la oportunidad de unirse al consejo estudiantil.

Con una Bulma rabiando, empero callada, Panzy se sentó como perdida en sí misma. Volteó a ver al muchacho nuevo. ¿En verdad la había llamado enana? Todavía no se lo creía.

Cuando giró la cabeza, los magníficos mechones beige lo hipnotizaron, y con los dientes apretados gruñó por eso. Ciñó los puños y relajó la cara. No permitiría que la enana viera que lo estaba afectando. Fingiendo estabilidad, la miró con odio.

Panzy, sumamente afligida, tragó saliva. ¿Por qué el rechazo de este imbécil le estaba doliendo tanto?

Lo que quería era largarse del salón cuanto antes.

...

Bulma, furibunda, elegía qué comer. —De verdad que no entiendo qué le pasa a ese idiota...

—Puede ser que está nervioso porque es nuevo —dijo Panzy pensativa.

—¡¿De verdad lo vas a justificar?! Yo no ando ofendiendo a la gente por ahí cuando estoy nerviosa.

—Ahí va —señaló Mai con el mentón adonde las mesas.

—Ahora vuelvo —anunció Panzy mirando a Glorio, para principiar a caminar hacia él.

—¡Aaay, ¿pero qué le pasa?! ¡¿Por qué va con él?! —renegó Bulma con su charola llena de ricos alimentos.

Quería darle una oportunidad. No sabía por qué, pero...

El muchacho azul, que seguía de pie preguntándose dónde sentarse, sorprendido la vio llegar.

—Oye... si quieres puedes sentarte con nosotras —le informó risueña.

—¿Qué parte de que no te quiero cerca no entendiste, enana?

Su corazón se fracturó. Él... en verdad hablaba en serio. Por fin lo vio en sus ojos repletos de rencor.

Los ojos amarillos dictaron la sentencia.

Él la quería bien lejos.

Nota de autor: La verdad es que no sé adónde me dirijo con esto XD. Siendo escritora de brújula, ni yo sé lo que pasará XD.

Saben que tardo con las actualizaciones, pero igual, volveré XD.

Espero que les haya gustado este primer capítulo de mi nueva OTP (una más que se une a la lista XD).

Siendo esto un AU, para facilitarme las cosas me imaginé la edad de Panzy como la de un humano ordinario.

Como pudieron ver, en la Tierra conviven distintas razas (algo así como en el juego Dragon Ball Online). Seres como Piccolo, etc., han adoptado por completo la cultura humana, y he aquí el resultado.

Nos vemos pronto :).