ACLARATORIA: PARTICIPACIÓN DEL PERSONAJE VOMI (ANDROIDE 21) Y USO DE OC.


Aun con el corazón fracturado... no retrocedió. Los ojos se le habían llenado de lagrimitas, no obstante, su mente y su cuerpo querían insistir. ¡Su voz!... La voz de este patán la había fascinado. Era tan seria como él y su tono era calmo, y así justo penetraba su corazón: con lentitud.

De pronto, otro tipo de música la rodeó; una melodía de verano, y los nervios inundaron su estómago; resultaron incluso más atroces que los que la atacaban cuando estaba en presencia de Goku, y de repente hasta el mismo Goku se le había olvidado.

—¿Mmm?... —el chico azul arqueó una ceja—. ¿Por qué no te has retirado? —preguntó todavía con tranquilidad, aunque a punto de perder los estribos—. ¿Cómo te hago entender que no te quiero cerca, enana?

Panzy, sumamente ansiosa, miró de un lado para el otro rápido al tiempo que jugaba, de manera inconsciente, con sus dedos índice. —B-bueno... yo...

—Re-tí-ra-te —dijo con odio luego de inclinarse y tenerla frente a frente, lo que provocó que Panzy, anhelante, se sonrojara.

Bulma y Mai, quien la seguía preocupada, aparecieron. La peliazul aún con la charola en manos, enojada, taconeó repetidamente para llamar la atención de Glorio. —Tienes suerte de que una chica tan linda te invite a comer con nosotras, que por cierto, somos muy populares. ¿Pero sabes qué?... Mejor ve y come con ese amargado —Bulma volteó a ver a Granolah, quien se hallaba sentado a una mesa ubicada no muy lejos de con ellos. Granolah alcanzó a escuchar lo expuesto por la peliazul, y en ese momento su mirada bicolor se topó con la azul brillante de Mai, quien asaz nerviosa y abochornada a causa de dicho encuentro pegó como un saltito—... que ese es tu lugar después de todo.

—Yo no pedí la consideración de nadie... —dijo inexpresivo.

—Puede que no... —Bulma adoptó una pose más altanera, y en ello se agitó sensualmente su cola de caballo— pero responder amablemente a un gesto bueno no cuesta nada —argumentó con ira en la voz.

Panzy agachó la cabeza y frunció el entrecejo; ¡¿por qué Bulma tenía que decirle esas cosas?! Si lo había invitado... era porque juraba que había visto algo de tristeza en sus hermosos ojos amarillos. ¡Ella... haría lo imposible por que fuera su amigo!... y quizá hasta algo más. ¡Ay, ¿en qué estaba pensando?!... ¿Acaso se había ena...?

—¡Vámonos, Panzy!... —dijo por último la peliazul para enseguida tomar a Panzy del brazo y así llevársela. Mai solo fue tras ellas.

Entonces... Glorio y Granolah se vieron directo a los ojos; ni loco se sentaría con el tipo de cabello verde. No estaba ahí para hacer amigos... sino para sobrevivir. Esa era la idea del viaje después de todo, ¿no? Según el psicólogo y sus padres, la mudanza cambiaría su perspectiva.

El muchacho, con charola en mano, buscó una mesa solitaria. Una vez que se sentó, dejó los audífonos sobre el tablero blanco y asimismo la charola para por fin comer en absoluta paz. Y en su alejamiento aprovechó para levantarse las muñequeras con el logo de su banda favorita de rock y mirar bajo las vendas que se ocultaban detrás de la tela negra. Las heridas estaban sanando... pero solo las corporales. ¿Algún día sanaría también de la mente? ¿Del alma? Dijeron que si no miraba nada vinculado con ella... sanaría... ¡¿mas cómo lo haría si su fragancia le estaba pegando todavía en la nariz?! El recuerdo de su pelo castaño al atardecer lo estaba matando.

Las veces que se hicieron el amor... Y la enana esa haciéndolo sentir lo mismo que experimentó la primera vez que vio a Cherry. No cabía duda de que nada más era su mente jugando con él... puesto que sin Cherry se sentía terriblemente solo.

Ya con un bocado de la hamburguesa en su boca, llegó a la conclusión de que si ignoraba la locura de la enana... y todo lo de su alrededor... tal vez lograría sobrevivir.

Panzy aún era halada por Bulma de la muñeca. La jovencita de coletas beige se tocó su propio brazo con el fin de que la peliazul parara. —¡Bulma... ya fue suficiente!

Bulma prosiguió jalándola por el comedor como si se hubiese tratado de una niña pequeña. —Quiero alejarme lo más que se pueda de él... —informó furiosa a la vez que se deslizaba aprisa con Mai a su derecha—. Te juro que si vuelve a tratarte así... cuando sea parte del consejo estudiantil haré que lo expulsen...

—Estoy de acuerdo —dijo Mai.

Panzy puso cara de irónica mientras ya era arrastrada, y a continuación bajó la mano bruscamente para zafarse de Bulma. —¡De acuerdo!... ¡ya fue suficiente! —avisó cansada.

Mai y Bulma se miraron entre ellas, sorprendidas.

—Quizá no son tan diferentes de él... ¡porque tampoco entienden mis sentimientos! —se reveló al fin, apretando los puños—. Bulma... entiendo que me quieres cuidar... ¡¿pero no te parece que estás decidiendo por mí?! ¡No soy una niña! —dicho esto, se dio la vuelta y se echó a correr, y las coletas beige se elevaron.

—¡Panzy...! —gritó Bulma angustiada, con el brazo derecho estirado y la charola a punto de caer.

La chiquilla de piel verde menta no se detuvo por nada del mundo.

—¡Cielos...! ¿Crees que fui muy dura con ella? —consultó la peliazul con aflicción en el rostro.

Mai se cruzó de brazos. Mirando el camino por el que partió la amiguita, respondió: —No lo sé... Tal vez sí nos pasamos con ella —comentó la morena preocupada.

Pensó que tenía apetito, empero el cuerpo lo engañó de nuevo. Cuando tomaba las pastillas que le recetó aquel psiquiatra, sí que comía. Le ocasionaban un apetito voraz que ni el platillo más grande de todos alcanzaba a satisfacer. Los síntomas, en general, eran horribles. Había hablado con sus papás para que le suspendieran el consumo. No le ayudaban con el dolor, nada más lo camuflaban con un adormecimiento extremo que le duraba todo el día y con la suspensión de la personalidad. Cuando las tomaba... existía... y nada más. No tenía alma... no obstante, el espíritu quería salir a flote... probablemente porque la amaba y odiaba al mismo tiempo demasiado. ¡La extrañaba!... pese a todo.

Sin más, se levantó con la charola, la cual estaba casi repleta de alimentos que vació sin alma en el primer bote de basura con el que chocó.

Necesitaba despejarse cuanto antes. Estaba pensando más de la cuenta en Cherry. Solo esperaba... que el sol no pegara de lleno en el patio... ¡porque entonces se iba a morir con su recuerdo!

Se colocó a medias la mochila y adecuadamente los auriculares, y reprodujo una canción de Cradle of Filth, la más pesada para no escuchar a nadie.

Panzy bajaba las escaleras apremiada. De repente se sintió viviendo en una mentira. Pensaba que los chicos la miraban por su gran belleza, sin embargo, lo hacían por su tamaño, para burlarse de ella. Paró un momento para sacar el espejito portátil que solía llevar siempre consigo en el bolsillo derecho de la falda. Los preciosos ojos morados brillaron en la lobreguez de la extensa escalera —oscuridad que se mantenía a pesar de las enormes ventanas y el sol abrumador adentrándose por ellas—. La magia se terminó cuando reflejó del cuello para abajo en el espejito. Una lagrimita sentida se le escapó. Ella... no era como el resto de las chicas. No tenía senos prominentes ni voluptuosas caderas. Tenía quince años... ¡y parecía una maldita infante! ¡¿Qué chico, en su buen juicio, querría estar con ella?! Nunca la besarían... ni le dirían cosas bonitas... ¡ni mucho menos tendría un novio!

Recordaba vagamente que su mamá no era muy alta, pero tampoco se miraba tan infantilizada como ella. ¿Llegaría el día en que se viera un poco más normal? ¿El día en que se viera un poco más como una mujer y menos como una niña pequeña?...

Mientras sufría, arribaron Goku, Piccolo y Gohan. Los muchachos se detuvieron absortos al verla mal.

—Panzy... ¡¿qué tienes?! —preguntó Goku alarmado.

Panzy, en su momento más vulnerable, no le importó voltear incluso en lágrimas. ¿Se miraba fea en su pesadumbre? La verdad era que no le importaba.

Piccolo y Gohan, para no interrumpir una posible confesión de Panzy, se adelantaron.

—Te vemos arriba —dijo Piccolo de espaldas, ya avanzando por la escalera en compañía del primo de Goku.

Panzy los vio irse. Ya perdidos a sus ojos, triste miró a Goku. —Creo que... soy más fea que un gato atropellado —manifestó sonriente y llorando todavía más; una sincronía rara que hubiera confundido a cualquiera.

—¡¿Ah?! ¿Por qué dices eso, Panzy? —consultó Goku desconcertado, con los ojos asaz abiertos.

—Porque acabo de darme cuenta de que lo soy... —dijo cabizbaja, aún sonriendo del dolor.

Milk, Lázuli y Videl, muriéndose de la risa, pasaron junto a Piccolo y Gohan, quienes sumidos en su conversión ni siquiera las notaron.

Con los dos muchachos lejos, Milk, seria, y veloz, se apoyó en la pared, y también arrimó a esta a sus amigas con violencia y enseguida se llevó el índice izquierdo a los labios en señal de que guardaran silencio. No era ninguna tonta. Sabía que donde andaba Piccolo, andaba asimismo Goku. Le gustaba aprovechar estos lapsos para, por supuesto, saludar al amor de su vida; el hombre por el que suspiraba todos los días.

—Ahí debe andar Goku —susurró Videl emocionada.

A la indicación muda de Milk, las tres asomaron.

Diez peldaños más abajo, se hallaban Panzy y Goku.

La sonrisa que se había formado hacía unos instantes en Milk, se borró de manera súbita. Ahora la cara era de una amargura y despecho desmedidos.

—¡No digas eso, Panzy!... —le pidió Goku animado—. Tú... no eres fea... todo lo contrario: tú eres una de las chicas más bonitas que conozco —expuso del corazón, y a continuación dejó ir una de sus típicas risitas tontas.

Las coletas de Panzy se sacudieron de la impresión, y sus mejillas se tornaron rojas, lo que la hizo ver más bonita aún.

—Ya no llores...

Goku, en su inocencia, le limpió él mismo las lágrimas con los pulgares y eso puso nerviosa a Panzy y enloqueció a Milk.

—Ya no deberías ver eso —aconsejó Lázuli a la morena a sus espaldas.

—¡¿Qué no lo haga?!... —expresó Milk con los dientes apretados, hasta babeando de rabia—. Ella se metió en mi camino... ahora yo me meteré en el suyo —juró mirando a Panzy.

Goku paralizó el tierno momento para mirar el reloj de su muñeca izquierda. —¡Ay, no... ya se me hizo tarde!

El joven se apartó de la chica de coletas beige para empezar a subir los peldaños a toda prisa. —¡Recuerda no llorar, Panzy!... —gritó con alegría, y se evaporó.

Panzy sonrió feliz de la vida y se tocó el pecho. Sabía que no se había equivocado con Goku.

Milk, al apreciar que Goku se aproximaba, empujó a sus amigas hacia el interior del salón más cercano y se encerró con ellas.

—¿Qué estamos haciendo aquí? —interrogó Lázuli en voz alta.

Milk la mandó a callar con rudeza y repegó la oreja a la puerta. Las amigas la imitaron.

Cuando ya no oyó más pasos, salió apurada. —¡Escúchenme bien!... ¡Bajen la escalera...! ¡Rápido, rápido! —les ordenó en el pasillo.

Lázuli y Videl, sin entender nada, nerviosas obedecieron.

Panzy, con la autoestima alta otra vez, comenzó a moverse. Las amigas de Milk corriendo a su lado la desconcentraron totalmente. Las perdió de vista igual que a una estrella fugaz en el cielo. De vuelta en sus dichosos pensamientos, la morena pasó como una ráfaga y la empujó con el hombro. Lo último que alcanzó a captar fue su cabellera negra agitándose. ¿Así era como moría?... ¿después de experimentar uno de los momentos más felices de su vida? ¿Se rompería el cuello?...

Glorio apretó los dientes. ¡Oh, no!... ¡claro que no lo permitiría! Se perdió a sí mismo y a Cherry... y por lo mismo no la dejaría ir a ella también. El muchacho, habilidoso, la atrapó de la cintura. El dulce olor de su cabello penetró sus fosas nasales. ¿Por qué su sola presencia lo hacía sentir así...?

Panzy apercibió su cuerpo suspendido. ¿Quién la había salvado? ¿Dios?...

La mano azul la apretaba cada vez más de la cintura. La chiquilla hermosa advirtió su miedo en el agarre. Esta mano le resultaba familiar. ¿De quién era? Las uñas negras lo delataron.

Cuando a Panzy le cayó el veinte, su cuerpo entero cimbró. ¡¿Glorio?!... ¡¿Glorio la había salvado?!

Panzy alzó la cabeza.

La agitación de Glorio finalizó de inmediato tras encontrarse con la mirada de la muchacha.

Como atrapados en el momento, perduraron mirándose fijamente a los ojos por un rato... hasta que reaccionaron.

Los dos gritaron apenados.

El cuerpo de Panzy se sacudió como el de un pez fuera del agua debido a la vergüenza. Su faz, roja en demasía, sí que daba risa. Glorio, por culpa de los nervios, en vez de soltarla la ciñó más. La chiquilla de coletas beige movía los brazos y las piernas para que la liberara. El muchacho de piel azul comprendió su deseo.

—¡Ay... ya deja de moverte, escandalosa! —exclamó con el rostro colorado, y al punto la bajó... con una delicadeza increíble.

Panzy, ya encima del peldaño, segura, dejó de patalear. Duró en silencio unos instantes; todo había pasado tan rápido y no sabía qué pensar. El hecho que más la desconcertaba... era el que Glorio la hubiera salvado.

Glorio respiró para recuperar el color de su cara. Ya tranquilo, y con su característica seriedad, miró a Panzy a los ojos sin alterarse en esta ocasión. Era un experto controlando sus emociones y fingiendo estabilidad. Así lo había hecho con sus padres antes de decidir cortarse las... —Te aconsejo que siempre que bajes la escalera te agarres fuertemente del pasamanos. Enana... alguien te empujó —reveló en advertencia.

Panzy, en la conmoción, se zarandeó un poco. —¡¿Ah?! Pero...

—Y fue esa chica de cabello negro —aseveró mirando abajo.

Panzy, igualmente, enfocó la vista en los peldaños inferiores. —Incluso si fue así... no tengo pruebas.

—Claro que las tienes...

Se miraron de nuevo.

—Yo la vi y además te salvé la vida, ¿lo recuerdas?

—Ah...

—Y no... no estoy alardeando por ello ni te lo estoy cobrando —la interrumpió así—. Solo intento decirte que quisieron matarte... y eso es muy grave. Y por ello seré tu testigo en la dirección.

—¡Aaah!... ¡¿Quééé?!

Sin agregar nada más, el joven principió a bajar por la escalera sin prestarle atención a la muchacha.

—¡Glorio!... —Panzy levantó el brazo izquierdo para atraerlo, mas él no volteó— ¡espera!

La chica de las coletas beige lo siguió.

...

—No, no, Nappa... así no se atrapa la maldita pelota —regañaba Vegeta al amigo pelón al tiempo que sostenía su bate ya en la posición adecuada para lanzar la pelota—. Tan grandote que estás y no atrapas ni una.

—Eso debe ser porque quien las lanza es un tonto —alegaba Nappa en cuclillas portando la careta y el peto y la manopla.

—¿De qué te sirven ese tamaño y fuerza si no puedes atrapar una pelota?

—Oye —Nappa alzó el índice derecho—... de cuerpos ajenos no se habla.

—¡Ay!... —se quejó Raditz mientras mascaba un chicle y cuidaba de la máquina lanzapelotas—. ¡Cielos!... Está insoportable desde que mira esos videos en TikTok.

—¿Qué tiene de malo ser Body Positive?... —apuntó el pelón—. Un poco de amor propio no me hará daño.

—¡Sigue así y te saldrá una vagina!... —dijo Raditz, y rio.

Vegeta también rio.

—Está bien que conecte con mi lado femenino —expresó Nappa.

—¡Ay, ya cállate!... —pidió Vegeta, y arrojó la pelota.

Como en todo ese rato, Nappa volvió a no atraparla.

—¡Ay... ya estoy harto! —señaló Vegeta.

—Y yo estoy harto de que no la lances bien.

—¡¿Que no la lance bien?!... ¡Te la estoy regalando, Nappa!...

—¿Sabes qué?... Te demostraré que yo lo puedo hacer mejor.

Dicho esto, el pelón se irguió y se deshizo del equipo para atrapar la pelota.

Vegeta le dio el bate y se ubicó él en el lugar para coger la pelota. El chico más bajito se puso la manopla.

—¿No te pondrás la careta?... —le preguntó Nappa.

—No es necesario —respondió Vegeta.

—Luego no te quejes cuando te tumbe un diente... Bueno, muchachos, aquí voy. Van a quedar boquiabiertos con mi tiro.

—¡Conecta con tu lado femenino para que lances, Nappa, ja, ja, ja!... —pronunció Raditz.

Vegeta lo acompañó en las risas nuevamente.

—Pendejos —dijo Nappa por lo bajo, y se alistó para batear.

Bulma se escabulló de la clase un momento. No sabía de Panzy desde el receso y estaba muy preocupada. Hizo una parada frente a la cerca que rodeaba el campo de béisbol. Panzy a veces iba ahí para observar a Goku. —¡Panzy...! —gritó con las manos pegadas a las orillas de la boca.

—¡Vamos, Nappa!... ¡Solo tienes que lanzármela!... —le recordó Vegeta.

Nappa ejecutó el tiro.

Las miradas, absortas, siguieron la pelota que surcó el cielo en lugar de aterrizar en la manopla.

—Vaya tiro —dijo Raditz admirado, con una mano en la frente para divisar mejor la pelota.

—Sí... —asintió Nappa orgullo, también atento a la pelota.

—Parece que va a atravesar la cerca... —contempló Raditz.

Los muchachos, idos, continuaron con la vista en la pelota. Pronto, las sonrisas de emoción se desvanecieron al describir la figura de una chica de pie al otro lado de la cerca.

La pelota, viajando a una velocidad extraordinaria, fue a estrellarse contra la sien derecha de la joven. Escucharon un , y segundos después la vieron desplomarse en la tierra. Tardaron en gritar al unísono de miedo. —¡¿Qué vamos a hacer?! —preguntaron a la vez.

Sin perder más el tiempo, corrieron hacia ella.

El cuerpo se hallaba bocabajo, completamente inerte.

—¡¿Está muerta?! —interrogó Nappa aterrado, agitado.

Raditz solo abrió la boca. Prefería no decir lo que pensaba.

Vegeta, el más atrevido y valiente de los tres, se inclinó y la volteó hacia arriba con cuidado extremo. Vio que no estaba sangrando, y eso ya era bueno.

—¡Ay, no... y es bonita! —lamentó Nappa.

—¿Dices que si fuera fea hubiera estado bien pegarle? —comentó Raditz enojado.

—¡Yo no dije eso!...

—¡Ya cállense!... —exigió Vegeta sin dejar de ver a la hermosa muchacha. Sabía que era un momento crucial y que no podía descuidarla—. Raditz... necesito que verifiques su pulso. Dijiste que tu tío Turles te enseñó cómo hacerlo.

Raditz se agachó sobre la joven y tomó su muñeca derecha. —La buena noticia es que sí tiene pulso. La mala es que está débil. Aunque eso es algo común en las personas desmayadas.

—¡Hay que llevarla a la enfermería cuanto antes! —sugirió Nappa con los puños bien apretados.

—Sí —asintió Vegeta.

Mai abandonó asimismo el salón para buscar a Bulma. —¡Bulma... ¿dónde estás?! —gritó igual que la amiga, con las manos a los costados de la boca.

Se paralizó con la escena de su amiga tendida en la arena con los ojos cerrados y con tres sujetos prácticamente arriba de ella.

—¡Aaaaah! —gritó ahogado—... ¡¿qué están haciendo, pervertidos?!

Los muchachos, con los ojos enormes, voltearon a verla.

Mai, histérica, se echó a correr con dirección a ellos.

Sin miedo los atacó con los puños.

—¡Cochinos! ¡Marranos! ¡Cerdos!

—¡No es lo que piensas!... —gritó Vegeta cubriéndose la cara—. ¡Nappa la noqueó!...

—¡Ja...! ¡Y golpeadores de mujeres además de todo!

—No hay tiempo de explicar... —dijo Nappa, y la cargó de la cintura, desde luego, en contra de su voluntad.

—¡Bájame, tonto!... —demandó Mai.

Vegeta cargó el cuerpo de Bulma.

—¡Hay que correr!... —recomendó Nappa. Y así lo hicieron los tres... pavoridos y con una pobre Mai mareada por tanto ajetreo.

—¡Ya... bájenme! —solicitó a medias la bonita morena, ya que con la velocidad con la que avanzaba su captor hasta asco había experimentado.

Rápido llegaron con la guapa y sensual doctora Vomi, por quien la mayoría de los estudiantes masculinos de Blue Hal babeaban.

La doctora Vomi, con quien Vegeta con Bulma en brazos casi chocaba, derramó un poco de su café del susto. —¡Por Dios...! —exclamó la castaña. Deprisa su mirada se centró en la peliazul—. ¿Qué le pasó?... —preguntó asaz seria, viendo a los chicos con desconfianza.

Vegeta tragó saliva. —Fue noqueada con una pelota de béisbol.

—¡¿Qué?!... —explotó Mai indignada desde el brazo de Nappa que la mantenía acorralada.

Nappa, veloz, le tapó la boca. Si bien Mai seguía reclamando y pataleando.

—¡Rápido!... ¡pónganla en una camilla! —demandó Vomi.

Vegeta obedeció.

—¡Ustedes quédense ahí!... —les exigió Vomi con el índice izquierdo alzado para al instante hacerlos retroceder y cerrar las cortinas.

Lo último que vio Vegeta, angustiado, fue el precioso rostro de la peliazul.

Mai gruñó para que Nappa la bajara.

—Ya déjala ir, Nappa... —le dijo Vegeta al calvo un tanto harto.

Nappa soltó a la señorita. —Ay, perdón —manifestó avergonzado.

—¡No puedo creer que la noquearan! —dijo Mai cruzada de brazos—. ¡¿En qué estaban pensando?!

—No debí batear tan fuerte... —comentó Nappa apenado, frotándose la nuca.

Los demás solo menearon la cabeza.

...

—Todos ustedes tienen mucha suerte... —declaró la doctora Vomi tras salir de entre las cortinas blancas con unas radiografías en manos—. Ella no sufrió ninguna lesión... lo cual me parece un milagro de los dioses. Simplemente se desmayó porque sufrió una conmoción cerebral.

Mai, con los ojos acuosos, se llevó las manos a la boca. —¿Ella está bien?...

—Ya pueden verla, de hecho... —les informó Vomi sonriente.

La castaña, a continuación, corrió las cortinas.

Bulma, acostada en la camilla y todavía medio ciega, se quejó por la luz solar que de pronto le dio en la cara.

—¡Bulma...! —gritó Mai feliz al verla.

—Pueden acercársele, pero despacio; no le roben el aire —advirtió Vomi.

La doctora se alejó un poco para darles su espacio.

Mai y Nappa, en lágrimas, corrieron hasta la peliazul. Vegeta y Raditz se arrimaron más despacio.

—¡Ay, Bulma... me alegra tanto que estés bien!... —expresó Mai.

—¡Lamento tanto haberte noqueado! —dijo Nappa llorando a los pies de la chica yaciente.

Bulma, apenas recuperando la visión, parpadeó varias veces. Cuando la neblina se fue, abrió la boca ante el ángel de peinado acabado en punta.

—¿Un ángel?... —dijo mirando a Vegeta, y todos se silenciaron.

—¡Te llamó su angelito!... —dijo Raditz en burla.

—¡Ya cállate! —exclamó Vegeta con las mejillas rojas, y le dio a Raditz un puñetazo en el hombro.

—¿Qué fue lo que pasó?... —interrogó Bulma en tanto intentaba erguirse un poco. Vegeta, caballeroso, la ayudó impulsándola con sutileza de la espalda.

—Él te noqueó —le hizo saber Mai apuntando a Nappa con el índice derecho.

—¡¿Qué?! —gritó Bulma cabreada, ya con el rostro distorsionado y los dientes puntiagudos.

Raditz rio por la reacción de la chica. —Es justo como te gustan, Vegeta: agresivas.

—¡Ash, ya cállate! —bufó Vegeta en voz baja, cruzado de brazos.

Nappa juntó las manos para pedir perdón. —¡Ay, lo siento tanto!... Pasa que bateé muy fuerte y tú pasabas por ahí y...

—¡Ash!, no puedo creer lo descuidados que fueron —pronunció Bulma.

—¡Por favor!... ¡No se lo digas al director o me sacará del equipo!

—Ni siquiera estás en el equipo... —dijo Vegeta mirándolo por el rabillo del ojo.

Como las lágrimas de Nappa, gruesas, estaban cayendo en los pies de Bulma, la peliazul se hartó y optó por perdonarlo. —¡Ash!... está bien. Pero para que te perdone por completo me tendrás que traer un smoothie de fresa. Necesito recuperarme con azúcar después de este desmayo.

—¡Oh!... está bien —accedió rápido Nappa.

—A mí también tráeme —dijo Vegeta.

—Y a mí también —expulsó Raditz.

—Y a mí por preocuparme por mi amiga —dijo Mai con el entrecejo fruncido.

—¡Ja!, son unos aprovechados —expuso Nappa.

...

Vomi, ocupada con el arreglo de una estantería, permitió que se tomaran los smoothies ahí mismo.

—Oye... ¿tienes novio? —cuestionó sonrojado Nappa a Mai.

—No, pero está muy enamorada de Granolah —contestó Mai por la amiga.

—¡Bulma!... —la regañó Mai toda colorada.

—Descuida... no lo dirán porque me lo deben después de noquearme —aseguró altiva la peliazul.

—¿Granolah?... —preguntó como asustado el joven calvo.

—¡Ja, ja!... Granolah le dio una tunda a Nappa en secundaria —reveló Raditz.

—¿Y eso por qué fue?... —interrogó Mai muy interesada al tiempo que sorbía de su smoothie.

—Yo era muy inmaduro en ese entonces... —desveló Nappa mirando abajo.

—¡Pero si todavía eres un calvo inmaduro! —comentó Raditz y todos rieron.

—No nos imaginábamos que fuera tan fuerte ni mucho menos que supiera pelear... —contaba Vegeta—. Nappa lo molestaba mucho y terminó llevándolo a los límites.

—¿Por qué lo molestabas? —cuestionó Mai ya enojada.

—Nos parecía muy serio y raro a todos... además de ser el más aplicado de la clase —contestó Nappa.

—Sigue siendo aplicado —dijo Vegeta.

—Después quise arreglar las cosas con él y le dije que su mamá era una preciosidad.

—Y lo volvieron a golpear —relató Raditz.

Todos los chicos volvieron a reír.

—¡¿Es que a quién se le ocurre decir cosas de una madre?!... —exclamó Raditz divertido.

—Es que si la vieras... ¡Es una preciosidad!, y a mí me encantan las mujeres maduras —dijo Nappa todavía embelesado por pensar en la progenitora de Granolah.

Mai y Bulma no paraban de reír.

—¿Qué vas a saber tú de mujeres maduras?... —dijo Raditz.

Bulma, aún en la camilla, ignoró a los demás para fijar su atención en Vegeta.

El chico, quien desconcentrado miraba abajo, fue llamado dulcemente por la peliazul. —Vegeta, ¿verdad?

—¿Ah? Sí, sí —respondió mirándola directo a los ojos.

Bulma le sonrió. —Mai me dijo que tú me cargaste y me trajiste hasta acá. Quiero agradecértelo.

—N-no, no es nada —dijo él nervioso.

—No recuerdo haberte visto... Creo que no tomamos ninguna clase juntos.

Vegeta nada más negó con la cabeza, mordiendo la pajilla de su bebida.

—Pues bueno... creo que deberíamos ser amigos. Te debo mucho, Vegeta.

Bulma abrió la mano derecha para estrechar la de Vegeta.

Los labios de Vegeta se separaron ligeramente delante de tal acción. El muchacho apretó su mano, y quedó fascinado con su suavidad... y también prendido.

Bulma rio encantadora... y en ese momento él se flechó.

Desgraciadamente... fueron interrumpidos.

—¡Bulma!... —gritó dramático Yamcha desde la puerta cargando un gran ramo de rosas rojas.

—¡Yamcha!... —gritó Bulma jubilosa.

El pretendiente corrió a abrazarla. —¡Me dijeron que te habías desmayado y...!

Vegeta, amargado, agachó la cabeza delante de las manos apasionadas que acariciaban las mejillas blancas y revolvían los mechones azules.

¡¿Tenía novio?!...

Los amigos y Mai notaron su disgusto.

Vegeta apoyó la cabeza en su propia mano. Esta situación... era fatal.

Nota de autor: ¡Gracias por haber llegado hasta aquí!

Sigo sin saber qué pasará XD. Solo dejo que todo fluya. Cosas dramáticas y graciosas ocurren... como cuando estábamos en preparatoria :)️.

Nos vemos pronto :).