El ambiente en laEclipseera tenso mientras Lelouch y Nicoletta preparaban la nave para salir de la nave insignia de Grievous. Aunque su misión en Kamino había sido un éxito y habían cumplido con las expectativas de la Confederación, ambos sentían un peso invisible sobre sus hombros, un secreto que ahora los separaba de todos los demás.
Cuando la nave finalmente despegó, abandonando el hangar, Lelouch observó por última vez la figura imponente de la nave de Grievous antes de poner las coordenadas hacia su flota. Nicoletta, sentada en el asiento de copiloto, miraba fijamente el vacío del espacio mientras la nave se preparaba para el salto al hiperespacio. Su mente estaba ocupada, y la ansiedad era visible en su rostro.
—Estamos en ruta —dijo Lelouch mientras las luces del hiperespacio envolvían la cabina, alejándolos de cualquier posibilidad de interferencia inmediata.
Por un momento, el silencio reinó en la nave, roto solo por el suave zumbido de los motores. Finalmente, Lelouch se levantó de su asiento y caminó hacia la sala de mando, indicando a Nicoletta que lo siguiera. Ella lo hizo sin decir nada, aunque sus ojos reflejaban su inquietud.
Una vez dentro, Lelouch cerró las puertas de la sala y activó el holocron de Revan. La esfera proyectó la figura espectral del antiguo Sith y Jedi, quien los observó con su calma característica antes de hablar.
—Lelouch, Nicoletta. Veo que tienen mucho en sus mentes —dijo Revan, con una mezcla de interés y frialdad en su tono—. Hablen.
Lelouch dio un paso al frente, su postura rígida mientras organizaba sus pensamientos.
—Maestro Revan, hemos hecho descubrimientos... perturbadores. Todo lo que pensábamos que sabíamos sobre esta guerra ha cambiado.
Nicoletta, con el rostro aún pálido, intervino antes de que Lelouch pudiera continuar.
—Hemos descubierto un nombre: Darth Sidious. Es un Sith que está manipulando tanto a la Confederación como a la República. Él dio las órdenes para atacar Kamino, pero no lo hizo para ganar la guerra, sino para prolongarla.
Revan inclinó ligeramente la cabeza, su expresión permaneciendo impasible.
—Interesante. Continúen.
Lelouch tomó aire profundamente antes de continuar, su tono más frío y calculador, aunque era evidente que estaba afectado.
—Sidious no solo controla a la Confederación. Descubrimos algo en los datos de Kamino. Algo llamado biochips, implantados en todos los clones. Según lo que hemos descifrado hasta ahora, esos biochips contienen órdenes preprogramadas que pueden activarse en cualquier momento. Una de ellas, la Orden 66, está diseñada para que los clones eliminen a los Jedi.
Por primera vez, Revan mostró una leve reacción, inclinando ligeramente la cabeza hacia atrás.
—Un control absoluto, desde dentro del propio ejército de la República —murmuró—. Una jugada peligrosa, pero eficaz.
Nicoletta, visiblemente afectada, dio un paso adelante.
—Eso no es lo peor, maestro. Este Sith... este Sidious... está manipulando todo desde las sombras. Cada batalla, cada decisión... todo es parte de un plan más grande. Pero no podemos ver el objetivo final.
Revan los observó en silencio por un momento antes de hablar.
—Entiendo por qué están perturbados. Lo que han descubierto no es solo una verdad oscura, sino una carga. Saber esto cambia su perspectiva de la guerra, de sus aliados, incluso de sus propios objetivos.
Lelouch apretó los puños, su voz cargada de frustración.
—Exactamente. Si Sidious está detrás de todo esto, entonces esta guerra no es más que un juego para él. La Confederación, la República... todos somos piezas en su tablero.
Revan lo interrumpió, su tono firme pero no agresivo.
—¿Y qué piensas hacer al respecto, Lelouch? Saber la verdad no significa nada si no tienes un plan para usarla.
Lelouch lo miró fijamente, su expresión endurecida.
—Primero, necesitamos más información. Este Sidious no puede permanecer en las sombras para siempre. Si logramos desentrañar su red de manipulaciones, podremos exponerlo y destruirlo.
Revan asintió lentamente antes de mirar a Nicoletta.
—¿Y tú, Nicoletta? ¿Qué piensas de todo esto?
Nicoletta, que había permanecido en silencio, apretó los brazos contra su pecho mientras hablaba.
—No sé si podemos con esto, maestro. Estamos hablando de un Sith que controla todo. No solo la guerra, sino a la gente que confía en nosotros... incluso a los Jedi. Y eso me aterra.
Revan la observó con una mirada que parecía atravesarla.
—El miedo es natural, Nicoletta. Pero no permitas que te consuma. Si estás con Lelouch, si lo apoyas, entonces encuentra tu fuerza en él, y él encontrará la suya en ti.
Revan volvió su atención a Lelouch, con un tono más severo.
—Lelouch, este es tu mayor desafío hasta ahora. Estás enfrentando a un enemigo que ha manipulado a toda la galaxia, alguien que juega a largo plazo. Si quieres vencerlo, no solo necesitarás poder, sino también paciencia. Usa esta información como una ventaja, no como una carga. Y recuerda, a veces, la mejor jugada no es atacar, sino esperar el momento adecuado para golpear.
Lelouch asintió lentamente, absorbiendo las palabras de Revan.
—Lo entiendo, maestro. Usaremos esta información sabiamente. Pero le prometo algo: cuando llegue el momento, Sidious caerá.
La figura etérea de Revan permanecía proyectada frente a Lelouch y Nicoletta, mientras el aire estaba cargado con el peso de las revelaciones recientes. El antiguo maestro Sith y Jedi los observaba atentamente, su postura calmada pero expectante.
Nicoletta, con los brazos cruzados, miraba fijamente al holograma mientras intentaba reunir el valor para expresar lo que tenía en mente. Finalmente, habló, su tono cargado de seriedad.
—Maestro Revan, hay algo que he estado pensando... Si este Darth Sidious está manipulando todo y los Jedi también son parte de su juego, ¿no sería lógico intentar advertirles?
Lelouch levantó la cabeza rápidamente, sorprendido por la sugerencia, mientras Revan ladeó ligeramente la cabeza, mostrando una leve señal de interés.
—¿Advertir a los Jedi? —repitió Lelouch, su tono marcadamente escéptico.
Nicoletta asintió con firmeza, aunque su voz mostraba una mezcla de confianza y duda.
—Sí. Si Sidious realmente está planeando algo tan grande, los Jedi serán sus principales objetivos. Él tiene que eliminarlos si quiere consolidar el control de la galaxia. Tal vez... tal vez podríamos intentar una alianza con ellos.
Lelouch la miró fijamente, procesando sus palabras, mientras una expresión pensativa cruzaba su rostro. Revan, por su parte, permaneció en silencio por un momento antes de intervenir, su voz baja pero deliberada.
—Es una idea interesante, Nicoletta. Cualquier Sith que busque un control absoluto intentará sacar del tablero a los Jedi. Es lo que yo haría.
Lelouch dejó escapar un leve suspiro, cruzando los brazos mientras hablaba con frialdad.
—Incluso si esa lógica es correcta, los Jedi no confiarán en nosotros. No después de Christophsis, Eriadu, Kamino... Cada vez que nos hemos enfrentado, los hemos dejado en evidencia. Para ellos, somos enemigos claros.
Nicoletta no se dejó intimidar por sus palabras. Dio un paso adelante, su tono se volvió más determinado.
—Pero, ¿y si podemos probarles que tenemos razón? ¿Y si ellos mismos descubren lo que está haciendo Sidious gracias a lo que sabemos? Podríamos cambiar las reglas del juego.
Revan dejó escapar un leve sonido que podría haber sido una risa seca.
—Nicoletta tiene razón en algo, Lelouch. Los Jedi, a pesar de todos sus defectos, no son ciegos a las amenazas reales. Si presentas pruebas suficientes, podrías convencerlos... aunque sea temporalmente.
Lelouch negó lentamente con la cabeza, su mente ya anticipando los riesgos.
—Convencerlos podría ser posible, pero los Jedi son tan peligrosos como Sidious. Una vez que sepan la verdad, podrían decidir que nosotros somos una amenaza igual de grande y eliminarnos también.
Revan levantó una mano, pidiendo calma antes de continuar.
—Eso es cierto. Los Jedi y los Sith son dos caras de la misma moneda. Los Jedi, en su negación de las emociones y su obsesión por el equilibrio, se desconectan de lo que realmente significa ser humano. Los Sith, en cambio, abrazan las emociones hasta dejarse consumir por ellas. Ambos extremos los hacen ciegos.
Nicoletta escuchaba atentamente, asimilando las palabras de Revan mientras procesaba la magnitud de lo que estaba diciendo. Lelouch, por su parte, frunció el ceño, intrigado.
—¿Entonces, según tú, maestro, no deberíamos confiar ni en los Jedi ni en los Sith? —preguntó Lelouch, con un tono más frío que curioso.
Revan lo miró directamente, su expresión grave.
—Exactamente. Ambos son peligrosos porque están atrapados en sus propios dogmas. Pero eso no significa que no puedas usarlos. Si logras que los Jedi vean a Sidious como su enemigo principal, podrías canalizar su poder hacia él. Déjalos hacer el trabajo sucio mientras tú permaneces en las sombras, preparándote para lo que venga después.
Nicoletta asintió lentamente, aunque su rostro mostraba aún una ligera preocupación.
—Si los Jedi realmente pueden ser manipulados, ¿cómo evitar que, después de todo, se vuelvan contra nosotros?
Revan esbozó una leve sonrisa, su tono cargado de pragmatismo.
—No puedes evitarlo por completo. Esa es la naturaleza del juego que estás jugando, Nicoletta. La guerra siempre es un riesgo, y la victoria nunca es segura. Pero con paciencia, estrategia y conocimiento, puedes inclinar las probabilidades a tu favor.
Lelouch permaneció en silencio durante un largo momento, reflexionando sobre todo lo que se había dicho. Finalmente, habló, con un tono decidido pero frío.
—Es algo que consideraremos. Pero no ahora. Aún no tenemos suficiente información sobre Sidious ni sobre lo que está planeando. Si vamos a involucrar a los Jedi, lo haremos en nuestros términos, cuando tengamos todas las piezas necesarias para controlarlos.
Nicoletta lo miró con cierta inquietud, pero asintió.
—Lo que sea necesario, Lelouch. Pero no podemos ignorar lo que sabemos.
Revan los observó a ambos, satisfecho con su resolución.
—Entonces sigan adelante, jóvenes. Reúnan más información. Analicen cada posibilidad. Pero recuerden, en este juego, incluso el menor error puede ser fatal.
Revan permaneció en la sala, esperando silenciosamente cualquier otra pregunta o comentario que Lelouch o Nicoletta pudieran tener, listo para continuar guiándolos, el ambiente seguía cargado de tensión mientras la conversación avanzaba. Nicoletta, aún procesando las implicaciones de lo que estaban discutiendo, rompió el silencio con una observación práctica.
—Cuando decidamos incluir a los Jedi, vamos a necesitar un plan sólido para convencerlos. No podemos simplemente presentarnos y esperar que nos escuchen.
Lelouch, sentado frente al holocron de Revan, asintió lentamente, sus ojos reflejando la concentración con la que analizaba la situación.
—Tienes razón. Los Jedi no confiarán en nosotros de inmediato. Necesitamos un enfoque que haga que al menos consideren lo que tenemos que decir antes de atacarnos.
Revan, que permanecía proyectado en el centro de la sala, intervino con su característico tono calculador.
—Si su intención es acercarse a los Jedi, lo ideal sería elegir a alguien receptivo. Un Jedi que sea lo suficientemente racional como para escuchar antes de actuar, y que no esté cegado por la doctrina o la arrogancia.
Lelouch apoyó los codos sobre la mesa, entrelazando las manos mientras consideraba las palabras de Revan. Después de unos segundos, comenzó a hablar.
—De los Jedi que he enfrentado, hay uno que cumple con esas características: Obi-Wan Kenobi. Es estratégico, calculador y no parece ser alguien que actúe únicamente por impulsos o prejuicios.
Nicoletta asintió ligeramente, aunque no pudo evitar una pequeña sonrisa sarcástica.
—Es decir, alguien que has humillado varias veces en combate. Eso seguramente hará que confíe en ti...
Lelouch soltó un leve bufido, reconociendo la ironía de su propuesta.
—Precisamente por eso. Kenobi sabe que no soy un oponente común. No me subestima, y eso podría jugar a nuestro favor. Si podemos presentarnos como algo más que enemigos, tal vez podamos convencerlo de escuchar.
Nicoletta apoyó una mano en la mesa, inclinándose ligeramente hacia él.
—Si vamos a intentarlo con Kenobi, necesitamos algo más que palabras. Tal vez podríamos aprovechar el caos de una batalla para crear un escenario que le obligue a escucharnos. Algo donde podamos presentarnos como... ¿aliados temporales?
Revan dejó escapar una leve risa, aunque no había burla en ella.
—Un enfoque interesante, Nicoletta. La moral y el razonamiento Jedi son su mayor fortaleza, pero también su mayor debilidad. Si logran presentarse de manera que apelen a su sentido de la justicia, tendrán una oportunidad. Pero será una línea muy delgada: demasiada agresividad, y los Jedi los verán como una amenaza; demasiada sumisión, y los descartarán como irrelevantes.
Nicoletta asintió, procesando las palabras de Revan, mientras Lelouch permanecía en silencio, claramente inmerso en sus propios pensamientos.
—Entonces, Kenobi es nuestra mejor opción —concluyó Nicoletta finalmente—. Pero ahora tenemos un problema más inmediato: ¿cómo lo rastreamos?
Revan, siempre preparado, respondió casi de inmediato.
—Pueden usar sus puestos en la Confederación para acceder a informes de inteligencia y localizar a los Jedi activos en los campos de batalla. Obi-Wan es un general conocido; donde haya un conflicto significativo, es probable que esté allí. Pero, si eso falla, siempre pueden optar por la segunda mejor opción: otro Jedi que comparta sus características de razonamiento y apertura.
Lelouch levantó la mirada hacia Revan, sus ojos brillando con determinación.
—Un campo de batalla donde Kenobi esté presente... O un Jedi que, al menos, sea lo suficientemente racional como para considerar escucharnos. De cualquier forma, necesitaremos estar preparados para cualquier eventualidad.
Nicoletta sonrió ligeramente, con un toque de confianza renovada en su tono.
—Supongo que esto será otro secreto más entre nosotros. Pero si logramos esto... podríamos cambiar todo el curso de esta guerra.
Revan los observó en silencio por un momento antes de hablar.
—Si logran persuadir a un Jedi, tendrán una ventaja que pocos han tenido. Pero recuerden: no confíen en ellos. Úsenlos, pero no se conviertan en sus peones.
Ambos jóvenes asintieron, conscientes de que estaban entrando en un terreno mucho más complicado. Lelouch sabía que convencer a Obi-Wan o a cualquier otro Jedi sería un desafío monumental, pero también entendía que, con la información correcta y la estrategia adecuada, incluso lo imposible podía hacerse realidad.
La flota de Lelouch salió del hiperespacio en un sistema cercano a Florrum, posicionándose justo fuera del alcance de los sensores de los piratas. Desde su nave insignia, Lelouch observaba los sistemas de navegación, asegurándose de que su posición estratégica estuviera perfectamente calculada.
En el puente, Nicoletta lo acompañaba, revisando las órdenes enviadas a las naves que permanecían en espera.
—Nuestra flota está lista para saltar al sistema en cuanto lo ordenes —dijo Nicoletta mientras ajustaba las pantallas tácticas frente a ella—. Pero... ¿estás seguro de que es una buena idea bajar solo?
Lelouch giró levemente la cabeza hacia ella, su mirada serena pero cargada de determinación.
—Sí. Esto requiere precisión y sutileza. No podemos arriesgarnos a que los piratas destruyan a Dooku o negocien con la República antes de que podamos intervenir. Si bajo a negociar en nombre de la Confederación, puedo evaluar la situación de cerca y manipular a Hondo para que baje la guardia.
Nicoletta frunció el ceño, su tono reflejando su preocupación.
—¿Y si las cosas salen mal?
Lelouch esbozó una leve sonrisa, aunque no había humor en ella.
—Si las cosas salen mal, tendrás la oportunidad de ordenar un ataque que eliminará a todos los presentes en la superficie. La Confederación no pagará rescates, pero tampoco tolerará amenazas.
Nicoletta asintió, aunque no pudo evitar un leve suspiro. Sabía que Lelouch estaba confiado, pero la posibilidad de que algo saliera mal la mantenía en alerta.
—De acuerdo. Estaré monitoreando desde aquí. Si algo pasa, haré que toda la flota salte al sistema en cuestión de segundos.
Lelouch se giró hacia el personal droide del puente y dio las últimas instrucciones antes de partir.
—Mantengan todas las comunicaciones cifradas. Nicoletta tiene el mando mientras estoy en la superficie. No quiero que los piratas detecten nuestra presencia hasta que sea absolutamente necesario.
Momentos después, Lelouch abordó su lanzadera personal junto con un pequeño destacamento de droides de infiltración BX, disfrazados como simples guardias para no levantar sospechas. Mientras descendía hacia Florrum, repasaba mentalmente su estrategia. Hondo Ohnaka no era un oponente militar, sino un negociador astuto y oportunista. Para controlarlo, Lelouch sabía que tendría que manejar el delicado equilibrio entre intimidación y manipulación.
Cuando la lanzadera aterrizó en el campamento pirata, Hondo ya lo estaba esperando junto a un grupo de sus hombres armados. La sonrisa confiada de Hondo y su postura relajada contrastaban con la tensión en el aire.
—Ah, un emisario de la Confederación —dijo Hondo con su tono característico, mientras abría los brazos en un gesto teatral—. Espero que hayas traído un buen saco de créditos. Mis prisioneros no son baratos.
Lelouch descendió lentamente de la lanzadera, vestido con su uniforme impecable, proyectando una autoridad que no requería palabras. Sus ojos se fijaron directamente en Hondo mientras hablaba con una calma calculada.
—No estoy aquí para negociar términos, Hondo. Estoy aquí para ofrecerte una oportunidad.
Hondo arqueó una ceja, claramente intrigado.
—¿Una oportunidad? ¿Y qué clase de oportunidad podría superar las montañas de créditos que ambos lados están dispuestos a pagar por estos valiosos prisioneros?
Lelouch dio un paso adelante, ignorando la postura defensiva de los hombres de Hondo, y habló con un tono más bajo pero lleno de autoridad.
—Una oportunidad para mantenerte vivo. ¿Crees que puedes manejar tanto a la Confederación como a la República al mismo tiempo? Si intentas jugar con ambos, te aplastarán. Pero si colaboras conmigo, puedo garantizar que saldrás de esto no solo vivo, sino con más de lo que podrías imaginar.
Hondo lo observó detenidamente, claramente sopesando las palabras de Lelouch. Aunque su sonrisa no desapareció, sus ojos traicionaban un destello de cautela.
—¿Y qué quiere la Confederación, entonces?
Lelouch permitió que una leve sonrisa apareciera en sus labios.
—Solo queremos al Conde Dooku. Los Jedi no son nuestra prioridad... todavía. Si los entregas a la Confederación, puedo garantizarte que no tendrás que enfrentarte a nuestra flota. Pero si decides traicionar este acuerdo... bueno, digamos que el cielo sobre Florrum se volverá muy oscuro.
El tono frío de Lelouch hizo que incluso algunos de los hombres de Hondo dieran un paso atrás, incómodos. Hondo, sin embargo, mantuvo su compostura.
—Vaya, eres bueno en esto de las amenazas veladas.
Lelouch dio un paso más, cerrando la distancia entre ellos.
—No son amenazas, Hondo. Son hechos.
El líder pirata soltó una risa seca, aunque el sudor comenzaba a acumularse en su frente. Lelouch podía ver que había plantado la semilla de la duda en él. Ahora solo quedaba esperar y observar cómo Hondo reaccionaba al creciente peso de la presión.
Lelouch mantuvo su postura firme mientras sus ojos seguían cada movimiento de Hondo, analizando cada gesto y microexpresión. Sabía que el líder pirata no se doblegaría con facilidad, pero también sabía que los hombres como Hondo siempre tenían un punto débil: su avaricia y su instinto de supervivencia.
Hondo mantuvo su sonrisa despreocupada, aunque Lelouch podía ver la tensión creciente en sus ojos.
—Dices que no son amenazas, emisario de la Confederación —comenzó Hondo, mientras tomaba un trago de una botella que uno de sus hombres le ofrecía—. Pero si ese fuera el caso, ¿por qué siento que estoy en medio de un mal negocio?
Lelouch, sin perder la calma, avanzó un paso más, su tono sereno pero cargado de intención.
—Porque sabes que lo estás, Hondo. Esta situación no tiene un buen final para ti si sigues jugando a dos bandos. La República no pagará lo que esperas por esos Jedi, y la Confederación nunca negocia con piratas.
Hondo arqueó una ceja, inclinando la cabeza ligeramente.
—¿Y qué hay de ti? Pareces muy... flexible para ser un representante de esa misma Confederación que, según tú, nunca negocia.
Lelouch permitió que una leve sonrisa cruzara su rostro, aunque no había calidez en ella.
—Yo no negocio, Hondo. Yo ofrezco soluciones. Si trabajas conmigo, puedo garantizarte dos cosas: tu supervivencia y una recompensa mayor a la que la República o la Confederación estarían dispuestas a pagar.
Hondo dejó escapar una risa seca mientras observaba a Lelouch, como si intentara medir cuánta verdad había en sus palabras.
—¿Y qué clase de recompensa sería esa, mi joven amigo?
Lelouch dio un paso más, acortando la distancia entre ellos lo suficiente como para que su presencia pareciera aún más imponente.
—La garantía de que tu organización seguirá operando, sin la interferencia de la Confederación o de la República. El dinero siempre se puede conseguir, Hondo, pero la libertad para seguir haciendo lo que haces sin que alguien intente aplastarte... eso no tiene precio.
Hondo entrecerró los ojos, claramente intrigado. Lelouch podía ver que estaba considerando la oferta, pero aún no estaba completamente convencido. Decidió presionar un poco más, cambiando el enfoque.
—Hondo, mírate. Eres un hombre con recursos, un sobreviviente, alguien que sabe cómo salir adelante en cualquier situación. Pero si sigues jugando con fuego, serás consumido por las llamas. La República y la Confederación no te ven como un igual. Te ven como un problema que necesitan eliminar.
Hondo tomó otro trago de su botella, sus movimientos ligeramente más tensos.
—¿Y tú? ¿Cómo me ves tú, emisario?
Lelouch sonrió de nuevo, esta vez dejando que un toque de frialdad se filtrara en su tono.
—Te veo como una herramienta, Hondo. Una herramienta que puede ser útil... si sabe cuál es su lugar.
La sonrisa de Hondo se desvaneció por un instante, aunque rápidamente la recuperó, esta vez con menos confianza.
—Eres un chico interesante, lo admito. Pero, ¿qué pasa si decido que no me interesa tu trato?
Lelouch dio un paso final, dejando que su presencia llenara el espacio entre ellos.
—Entonces, te aseguro que no habrá piratas en Florrum cuando termine el día. Mi flota está esperando, Hondo. Solo necesito una palabra para acabar con todo esto.
La amenaza estaba ahí, sutil pero innegable. Hondo lo sabía, y Lelouch podía ver cómo sus pensamientos se aceleraban, considerando las posibilidades. Finalmente, el líder pirata dejó escapar un suspiro exagerado, como si estuviera resignado.
—Eres un negociante despiadado, emisario. Muy bien, ¿qué quieres exactamente?
Lelouch, sabiendo que había ganado el primer asalto, mantuvo su tono frío.
—Quiero al Conde Dooku sano y salvo. Los Jedi no son nuestra prioridad inmediata, pero si decides entregarlos, eso también será aceptable. A cambio, dejaré a tus hombres y a tu organización en paz.
Hondo se llevó una mano al mentón, fingiendo pensarlo por un momento antes de hablar.
—Hmm... suena razonable. Pero quiero ver pruebas de que no me estás mintiendo.
Lelouch giró la cabeza ligeramente, señalando a sus droides para que activaran una proyección holográfica de su flota, mostrando las imponentes naves listas para saltar al sistema en cualquier momento.
—Esta es mi garantía, Hondo. Puedes elegir vivir o puedes elegir ser borrado de la galaxia. La decisión es tuya.
Hondo miró la proyección, y Lelouch pudo ver cómo sus defensas se desmoronaban lentamente. Había ganado terreno, y ahora solo quedaba el último empujón.
El ambiente en el campamento de Hondo se tornó tenso cuando Lelouch terminó de hablar. El líder pirata mantuvo su sonrisa, aunque sus ojos reflejaban una mezcla de desprecio y desafío. Por un momento, todo quedó en silencio, roto solo por el leve zumbido de los generadores cercanos.
—Eres un chico muy convincente, emisario —dijo Hondo finalmente, tomando un último trago de su botella—. Pero, ¿sabes qué? Creo que me quedo con mi forma de hacer negocios.
Antes de que Lelouch pudiera responder, Hondo hizo un gesto rápido con la mano, y el suelo bajo los pies de Lelouch y sus droides comenzó a moverse. Una trampa oculta en el campamento se activó, con jaulas metálicas cayendo desde el techo y piratas armados emergiendo de cada rincón.
Lelouch, sin mostrar la más mínima sorpresa, dejó escapar un suspiro mientras observaba el caos que se desplegaba a su alrededor.
—Qué predecible, Hondo —murmuró, activando sus sables de luz mientras los droides BX a su lado tomaban posición.
Los piratas comenzaron a disparar sin piedad, pero Lelouch ya había anticipado este movimiento. Con movimientos precisos y calculados, desvió los disparos de los blásters mientras sus droides respondían con una precisión letal. En cuestión de segundos, varios piratas cayeron al suelo, incapacitados o muertos.
Hondo, viendo cómo sus hombres caían uno tras otro, comenzó a retroceder hacia una salida lateral, pero Lelouch no le dio la oportunidad de escapar.
—¿Creías que esto terminaría de otra manera, Hondo? —gritó Lelouch mientras utilizaba la Fuerza para desviar una caja metálica, bloqueando la salida de Hondo.
El líder pirata maldijo por lo bajo, sacando su propio bláster mientras sus pocos hombres restantes intentaban cubrirlo.
—¡No soy tan fácil de derrotar, chico! —gritó Hondo, disparando hacia Lelouch.
Lelouch desvió los disparos con un movimiento fluido de sus sables y avanzó lentamente hacia Hondo, sus ojos llenos de una calma aterradora.
—No eres un problema difícil de resolver, Hondo. Solo eres un hombre que tomó la decisión equivocada.
Con un gesto rápido, Lelouch lanzó un empujón de la Fuerza, enviando a Hondo al suelo. Sin perder tiempo, activó su comunicador y habló con Nicoletta.
—Nicoletta, da la orden. La flota debe atacar ahora. Quiero que este lugar quede reducido a cenizas.
Desde el puente de la nave insignia, Nicoletta asintió mientras sus dedos volaban sobre los controles.
—Entendido, Lelouch. La flota entrará en acción de inmediato.
En cuestión de segundos, las naves de Lelouch salieron del hiperespacio, posicionándose alrededor de Florrum. LosRecusantyMunificentcomenzaron a bombardear las defensas aéreas de los piratas, mientras que elProvidencedesplegaba cazas droides para asegurar la superioridad aérea. El sonido de las explosiones sacudió el campamento, y los piratas restantes comenzaron a huir en todas direcciones.
De vuelta en el campamento, Lelouch ignoró el caos que lo rodeaba mientras los droides terminaban de eliminar a los últimos piratas. Su objetivo principal era claro: encontrar al Conde Dooku y a los Jedi antes de que algo más pudiera salir mal.
—BX-21, BX-22 —ordenó Lelouch mientras desactivaba uno de sus sables—. Dividan sus equipos y busquen a los prisioneros. No quiero errores.
Los droides asintieron y se dispersaron rápidamente, escaneando cada rincón del campamento en busca de las celdas donde se encontraban los prisioneros. Lelouch, por su parte, caminó hacia Hondo, quien estaba siendo sujetado por dos droidekas, incapaz de moverse.
—Eres más problema de lo que vales, Hondo —dijo Lelouch con frialdad—. Pero aún puedes ser útil. Dime dónde están los prisioneros, y tal vez te deje con vida.
Hondo dejó escapar una risa amarga, aunque el sudor en su frente delataba su nerviosismo.
—¿Crees que me voy a rendir así de fácil? ¡Soy Hondo Ohnaka!
Lelouch levantó una mano, aplicando presión con la Fuerza en el pecho de Hondo, lo suficiente para que el líder pirata sintiera un dolor intenso pero no letal.
—Tienes diez segundos antes de que cambie de opinión sobre dejarte vivo.
Hondo, finalmente cediendo, levantó las manos en señal de rendición.
—¡Está bien, está bien! Están en el nivel subterráneo. Pero no será fácil llegar allí. Los pasillos están llenos de trampas.
Lelouch lo observó por un momento antes de desviar la mirada hacia uno de sus droides tácticos.
—Desactiva todas las trampas del campamento. Hondo acaba de darnos todo lo que necesitamos.
El droide asintió, y Lelouch miró a Hondo una vez más, su tono gélido.
—Reza para que todo lo que me dijiste sea cierto.
Sin esperar respuesta, Lelouch comenzó a avanzar hacia los niveles subterráneos, con sus droides flanqueándolo. Sabía que el tiempo era crítico, y cada segundo perdido podría significar que la República llegara antes de que pudiera completar su misión.
