En la celda subterránea, el ambiente estaba cargado de tensión. El Conde Dooku, sentado con las piernas cruzadas y una expresión de fría indiferencia, observaba a sus dos compañeros de celda: Obi-Wan Kenobi y Anakin Skywalker. Los Jedi, por su parte, estaban mucho menos tranquilos. Anakin se paseaba de un lado a otro, claramente frustrado por la situación, mientras que Obi-Wan permanecía sentado, tratando de mantener la calma, aunque su mente no dejaba de buscar una solución.

El sonido del combate en la superficie comenzó a filtrarse por las paredes. Disparos de blásters, explosiones ensordecedoras y el retumbar de lo que parecía ser un bombardeo orbital. El suelo temblaba con cada impacto, haciendo que pequeñas partículas de polvo cayeran del techo. La situación era suficiente para perturbar incluso la serenidad habitual de Obi-Wan.

—Parece que alguien está teniendo un mal día ahí arriba —comentó Anakin, deteniéndose un momento para escuchar el caos en el exterior—. ¿Crees que son los refuerzos de la República?

Dooku dejó escapar un leve suspiro, sin molestarse en abrir los ojos.

—Difícilmente. Si fueran refuerzos de la República, los piratas no estarían resistiendo tanto. Esto, mis estimados Jedi, parece ser una operación de la Confederación.

Obi-Wan levantó una ceja, mirando al Conde con desconfianza.

—¿Y cómo puedes estar tan seguro?

Antes de que Dooku pudiera responder, un nuevo ruido resonó en el corredor cercano. Esta vez no era el sonido distante del combate, sino un grito, firme y autoritario, que se acercaba rápidamente.

—¡Aseguren los pasillos! ¡Que nadie entre o salga hasta que los tengamos! —La voz de Lelouch resonó con claridad, aunque no podían verlo todavía.

Anakin frunció el ceño, girándose hacia la puerta de la celda.

—¿Quién demonios es ese?

Dooku, por primera vez, mostró una expresión de interés, abriendo los ojos y esbozando una leve sonrisa.

—Parece que han enviado a alguien capaz.

Obi-Wan observó a Dooku con cautela antes de dirigir su atención a Anakin.

—Sea quien sea, parece que está bastante decidido. Esto complica las cosas.

—¿Complica las cosas? —replicó Anakin, cruzándose de brazos—. Puede que no estemos exactamente en una posición ventajosa aquí, pero suena como alguien que podemos aprovechar.

El ruido de los disparos y los pasos de los droides comenzó a intensificarse, acercándose cada vez más. Finalmente, las luces en el corredor parpadearon, y el distintivo zumbido de un sable de luz resonó en el aire, junto con un grito que hizo que incluso Dooku levantara la cabeza con interés.

—¡Abran paso! ¡No quiero un solo error en esta operación!

Anakin giró los ojos hacia Obi-Wan, con una mezcla de curiosidad y sarcasmo.

—Bueno, al menos sabe gritar.

Dooku dejó escapar una leve risa.

—Ese grito pertenece a alguien que no está aquí para negociar.

Los pasos se detuvieron justo frente a la puerta de la celda, y el sonido de un dispositivo electrónico llenó el aire. La cerradura comenzó a parpadear antes de que un fuerteclicanunciara que la puerta estaba siendo desbloqueada. Los Jedi y Dooku intercambiaron miradas, cada uno preparándose para lo que pudiera venir.

Cuando la puerta se abrió, la figura de Lelouch apareció en el umbral, con un sable de luz violeta encendido en una mano y el rojo en la otra. Su capa ondeaba ligeramente por el movimiento del aire, y sus ojos se fijaron inmediatamente en el interior de la celda. Los droides detrás de él flanqueaban la entrada, listos para actuar si fuera necesario.

—Conde Dooku —dijo Lelouch con un tono frío y autoritario, ignorando deliberadamente a los Jedi por el momento—. Estoy aquí para llevarlo de vuelta.

Obi-Wan, siempre analítico, no perdió tiempo en estudiar a Lelouch. Había algo en él, algo diferente a cualquier separatista con el que se hubieran enfrentado antes. Anakin, por su parte, dejó escapar un leve bufido.

—¿Y qué hay de nosotros? ¿Nos vas a dejar aquí o vas a intentar algo estúpido?

Lelouch giró ligeramente la cabeza hacia Anakin, esbozando una sonrisa fría.

—Eso dependerá de ustedes, Skywalker.

Obi-Wan levantó una mano con calma, su tono más diplomático.

—Si no me equivoco, usted está aquí bajo las órdenes de la Confederación. Si es así, tal vez podamos... encontrar una forma de resolver esto que beneficie a ambas partes.

Lelouch entrecerró los ojos, evaluando a Obi-Wan con cuidado antes de responder.

—Tal vez. Pero primero, vamos a sacar a todos de aquí. Después, hablaremos.

Dooku, con una sonrisa apenas perceptible, observaba a Lelouch con una mezcla de interés y orgullo oculto. Podía ver que este joven no solo era capaz, sino que también era metódico y calculador, algo que apreciaba profundamente.

—Un movimiento sensato —comentó Dooku mientras se ponía de pie, listo para seguir a Lelouch—. Aunque me pregunto, comandante, ¿qué planea hacer con ellos? —dijo, señalando a los Jedi.

Lelouch no respondió de inmediato, en cambio, giró sobre sus talones y comenzó a salir de la celda.

—Eso dependerá de cómo se comporten —respondió finalmente, mientras los droides aseguraban la salida y escoltaban al grupo por los corredores.

El camino hacia la superficie sería complicado, pero Lelouch ya estaba dos pasos por delante, calculando cada movimiento mientras mantenía a todos bajo su control.

Mientras avanzaban por los pasillos del campamento pirateado, Lelouch y su equipo mantenían a los prisioneros en un círculo controlado, con los droides BX y droidekas cubriendo todos los ángulos. Lelouch, con pasos firmes, se detuvo frente a Dooku y extendió una mano en la que sostenía los sables de luz que había recuperado.

—Conde Dooku —dijo Lelouch, su tono frío y calculador—. Estos son suyos.

Dooku observó los sables por un momento antes de tomarlos con calma, encendiéndolos brevemente para confirmar su funcionamiento. Los haces rojo brillante iluminaron el corredor, reflejando un brillo intenso en las paredes metálicas.

—Un gesto apropiado, comandante —respondió Dooku mientras apagaba los sables y los enganchaba a su cinturón—. No esperaba menos de alguien con su eficiencia.

Lelouch no respondió al cumplido, sino que continuó caminando, con Dooku siguiéndolo. Finalmente, cuando llegaron a una intersección donde los droides aseguraban el perímetro, Lelouch se giró hacia el Conde.

—Mi flota está en pleno control del sistema, Conde. Las fuerzas piratas han sido casi completamente aniquiladas, tanto en el aire como en tierra. El campamento está bajo nuestra ocupación, y cualquier resistencia restante será eliminada en breve.

Dooku inclinó la cabeza levemente, claramente complacido con la precisión y rapidez de las operaciones de Lelouch.

—Parece que no ha dejado nada al azar. Muy bien hecho.

Lelouch continuó, su tono imperturbable.

—Tiene dos opciones. Puede quedarse aquí y supervisar las operaciones terrestres, o puedo asegurar su regreso inmediato a la flota para que se recupere de lo que le hicieron los piratas. La decisión es suya.

Dooku lo observó con una mirada calculadora, tomándose un momento para considerar sus opciones. Finalmente, con un movimiento deliberado, tomó su decisión.

—Regresaré a la flota. Esta experiencia, aunque no ha debilitado mi espíritu, ha sido agotadora. Sin embargo, estaré atento a los informes de cómo maneja el resto de esta operación, comandante.

Lelouch asintió, aceptando la decisión sin mostrar reacción alguna. Señaló a uno de los droides BX.

—Prepárenle una lanzadera para que regrese alProvidence. Quiero que la escolten hasta que esté a salvo a bordo.

El droide BX asintió y se movió para cumplir la orden. Dooku, antes de retirarse, dirigió su atención hacia Lelouch una vez más, con una expresión de genuino interés.

—Y los Jedi, comandante. ¿Qué planea hacer con ellos?

Lelouch, sin perder la compostura, dirigió una mirada rápida hacia Obi-Wan y Anakin, quienes permanecían bajo la vigilancia de los droidekas. Después, volvió su atención a Dooku.

—Les sacaré información. Este conflicto es un juego de conocimiento, Conde. Cuanto más sepamos sobre la República, sus planes y sus debilidades, más rápido podremos ganar.

Dooku sonrió ligeramente, un gesto que mostraba tanto aprobación como curiosidad.

—Un enfoque lógico. Espero resultados, comandante.

Con eso, Dooku se giró y comenzó a caminar hacia la lanzadera que lo llevaría de regreso a la flota, dejando a Lelouch al mando de la operación en Florrum. Lelouch, por su parte, volvió su atención hacia los Jedi, observándolos con una expresión calculadora mientras su mente comenzaba a formular los próximos pasos.

Lelouch sabía que el tiempo era limitado. Si no se movía rápido, más droides llegarían a su posición, complicando aún más la situación. Con un movimiento fluido, sacó un pequeño dispositivo de almacenamiento de datos y un comunicador compacto de su cinturón. Los sostuvo frente a los Jedi, su mirada calculadora mientras sus palabras salían con precisión.

—No espero que confíen en mí de inmediato. Sé lo que represento para ustedes. Pero no pueden ignorar la gravedad de lo que he descubierto. Aquí hay una parte de la información que respalda mis afirmaciones. No es todo, porque aún estamos decodificando y organizando los datos.

Obi-Wan observó el dispositivo con cautela, sus ojos mostrando una mezcla de interés y desconfianza.

—¿Y el comunicador? —preguntó Obi-Wan, manteniendo la calma.

Lelouch extendió el pequeño dispositivo hacia ellos, su tono bajo pero firme.

—Está configurado con un canal seguro. Si consideran que la información es válida y quieren saber más, pueden contactarme directamente. Este canal no puede ser rastreado por la Confederación ni por la República.

Anakin, sin embargo, lo observaba con una expresión de sospecha creciente.

—¿Por qué estás haciendo esto? ¿Qué ganas tú con todo esto?

Lelouch permitió que una leve sonrisa cruzara su rostro mientras bajaba ligeramente el comunicador.

—Gano lo mismo que ustedes, Skywalker: una oportunidad para detener a alguien que está destruyendo esta galaxia desde las sombras. Sidious no es mi enemigo porque sea un Sith. Es mi enemigo porque manipula tanto a mi bando como al suyo.

Antes de que los Jedi pudieran responder, Lelouch giró levemente su muñeca y usó la Fuerza para desbloquear las esposas que los retenían. Los grilletes cayeron al suelo con un ruido metálico, y los Jedi se miraron brevemente antes de volverse hacia Lelouch, con Obi-Wan dando un paso al frente.

—¿De verdad crees que podemos confiar en ti? —preguntó Obi-Wan, su tono reflexivo.

Lelouch mantuvo su mirada fija en el maestro Jedi.

—No confíen en mí. Confíen en los datos. Evalúen la información que les estoy dando, y luego tomen su decisión. Pero no pueden ignorar esto.

Anakin, que ya había comenzado a tensarse, dio un paso hacia adelante, con su mandíbula apretada.

—¿Y qué pasa si todo esto es solo una trampa? ¿Una estrategia más para debilitarnos?

Antes de que pudiera hacer algo imprudente, Obi-Wan levantó una mano para detenerlo.

—Anakin, no.

Anakin se giró hacia Obi-Wan, claramente frustrado.

—¿Qué? ¿Vas a dejar que este separatista haga su show y simplemente le creas?

Obi-Wan mantuvo su postura firme, su tono calmado pero firme.

—No estoy diciendo que le crea. Estoy diciendo que lo evalúes con cuidado. Las emociones no pueden dictar nuestras acciones ahora mismo.

Anakin bufó, cruzando los brazos, aunque no avanzó más. Lelouch observó el intercambio con calma, como si ya hubiera anticipado esta reacción.

—Su Consejo decidirá qué hacer con la información, Skywalker —dijo Lelouch finalmente, su tono cortante—. Yo simplemente estoy poniendo las piezas sobre la mesa.

Obi-Wan tomó el dispositivo y el comunicador, observándolos brevemente antes de guardarlos.

—Por ahora, aceptaremos esto. Pero si resulta ser una trampa, Lelouch, no habrá lugar en esta galaxia donde puedas esconderte.

Lelouch sonrió levemente, inclinando ligeramente la cabeza.

—No espero menos de ustedes.

Con eso, Lelouch retrocedió unos pasos, su mirada fija en los Jedi por un momento antes de girarse hacia el pasillo.

—Ahora váyanse. Esta zona estará bajo control separatista en breve.

Obi-Wan asintió, tirando suavemente del brazo de Anakin para que lo siguiera. Ambos Jedi comenzaron a moverse hacia la salida, aunque Anakin no pudo evitar lanzar una última mirada de desconfianza hacia Lelouch.

Mientras Lelouch observaba cómo se iban, no dejó que su postura relajada se desvaneciera. Sabía que había plantado la semilla de la duda, pero también sabía que este era solo el comienzo de una partida mucho más grande.

Lelouch, con un tono controlado pero cargado de rabia calculada, activó su comunicador para contactar con Nicoletta en la nave insignia. Su rostro, a pesar de estar cubierto de una calma aparente, mostraba un destello de furia en sus ojos.

—Nicoletta, los Jedi... se escaparon.

En la pantalla holográfica, Nicoletta lo observaba con preocupación. Ella sabía que Lelouch rara vez perdía el control de la situación, y la idea de que los Jedi hubieran logrado escapar era una rareza que no podía dejar pasar sin cuestionar.

—¿Qué ocurrió exactamente, Lelouch? —preguntó, su voz manteniéndose firme.

Lelouch apretó los dientes, haciendo una pausa antes de responder con un tono que proyectaba tanto frustración como estrategia.

—Los piratas. Los pocos que quedaban intentaron un último ataque desesperado, causando suficiente caos como para que los Jedi encontraran una salida. Fue una situación inesperada, pero no tuve los recursos para contenerlos a ambos mientras mantenía el control del área.

Nicoletta asintió lentamente, procesando la información. Aunque la pérdida de los Jedi era una oportunidad desperdiciada, sabía que Lelouch siempre tenía un plan para manejar las consecuencias.

—Entendido. Ya estoy enviando una lanzadera a tu posición. Estará allí en unos minutos.

Lelouch inclinó ligeramente la cabeza, reconociendo sus palabras, antes de cortar la comunicación. Sin embargo, su transmisión no había terminado ahí.

Desde la nave insignia, Dooku también había escuchado la noticia. A pesar de que su rostro permanecía neutral, un destello de descontento cruzó su expresión. Al recibir el reporte completo, activó una línea directa hacia Lelouch, apareciendo en un holograma frente a él.

—Comandante Lelouch, escuché que los Jedi han escapado.

Lelouch, al ver al Conde, se inclinó ligeramente como señal de respeto, aunque su tono reflejaba una mezcla de disculpa y justificación.

—Así es, mi Lord. Los pocos piratas restantes lograron crear suficiente caos para facilitar su fuga. Aunque eliminé la mayoría de las amenazas, no fue posible contener a los Jedi en esas condiciones.

Dooku dejó escapar un leve suspiro, cruzando las manos detrás de su espalda mientras hablaba.

—Es decepcionante, comandante, pero no inesperado. Kenobi y Skywalker son particularmente escurridizos, incluso para los mejores entre nosotros.

Aunque sus palabras parecían ofrecer cierta comprensión, Lelouch podía sentir el descontento detrás de ellas. Aun así, mantuvo su postura firme.

—Lo entiendo, mi Lord. Aseguro que tomaremos medidas para evitar que algo así vuelva a suceder.

Dooku asintió lentamente, estudiándolo por un momento antes de hablar de nuevo.

—Confío en que aprenderás de esta experiencia, comandante. Pero recuerda, en esta guerra, cada oportunidad perdida puede inclinar la balanza.

Con esas palabras, Dooku cortó la comunicación, dejando a Lelouch solo en el lugar donde los Jedi habían estado apenas unos minutos antes. Observó el corredor vacío por un momento antes de dejar escapar un suspiro controlado.

Poco después, una lanzadera separatista descendió al campamento ahora destruido. Nicoletta estaba en comunicación constante con el equipo a bordo, asegurándose de que todo se manejara con precisión. Cuando Lelouch abordó la nave, su mirada se cruzó brevemente con la de Nicoletta a través de una transmisión en tiempo real.

—¿Estás bien? —preguntó Nicoletta, con un tono de preocupación que trataba de ocultar detrás de la formalidad.

Lelouch simplemente asintió, su expresión volviendo a su calma característica.

—Estoy bien. Esto no cambia nada. Seguiremos adelante.

Nicoletta asintió en silencio, sabiendo que Lelouch ya estaba trazando sus próximos movimientos incluso mientras la lanzadera se alejaba del campamento y ascendía hacia la flota que esperaba en órbita. Aunque la situación con los Jedi había terminado, Lelouch sabía que este era solo un contratiempo temporal. Su enfoque seguía firme, y su determinación no había flaqueado ni un instante

Cuando Anakin y Obi-Wan entraron en la sala del Consejo Jedi, todos los miembros ya estaban reunidos. Habían sido informados previamente de la situación en Florrum, gracias a una comunicación preliminar que los dos Jedi habían enviado en el camino a Coruscant. Las expresiones de los maestros eran serias, y el ambiente estaba cargado de tensión.

Obi-Wan dio un paso al frente, inclinándose levemente en señal de respeto antes de comenzar.

—Maestros, como mencionamos en nuestra transmisión anterior, Anakin y yo fuimos enviados para investigar la captura del Conde Dooku por parte de un grupo de piratas. Sin embargo, la misión no salió como esperábamos.

Anakin, cruzando los brazos, intervino rápidamente.

—Los piratas no solo capturaron a Dooku, también nos capturaron a nosotros. Nos encerraron en una celda con él. Fue... una experiencia única.

Algunas miradas severas se dirigieron hacia Anakin, pero Obi-Wan continuó antes de que el comentario desviara la conversación.

—Mientras estábamos en la celda, escuchamos el ruido de un ataque. Pensamos que podría tratarse de refuerzos de la República, pero resultó ser una operación liderada por Lelouch, el comandante separatista.

El nombre de Lelouch provocó un leve murmullo en la sala. Ki-Adi-Mundi fue el primero en intervenir, con el ceño fruncido.

—Lelouch... Un estratega brillante, pero también uno de los más impredecibles. ¿Qué hizo cuando los encontró?

Obi-Wan inclinó la cabeza, su expresión más seria.

—Nos liberó. Pero no fue un acto de compasión. Según él, quería entregarnos información que cambiaría nuestra percepción de esta guerra.

Anakin, claramente más impaciente, dio un paso adelante.

—Nos habló de un Sith llamado Darth Sidious. Según Lelouch, Sidious está manipulando tanto a la Confederación como a la República para prolongar la guerra y debilitar a ambos lados.

El nombre de Sidious hizo que el ambiente en la sala se volviera aún más tenso. Algunos maestros intercambiaron miradas preocupadas, mientras que otros parecían endurecerse aún más. Mace Windu tomó la palabra, su tono cargado de gravedad.

—Sidious... Ese nombre ya lo hemos escuchado antes.

Yoda, sentado en su asiento elevado, asintió lentamente.

—En las sombras, este Sidious opera. Sospechamos que detrás de esta guerra está, pero pruebas definitivas, no tenemos.

Anakin hizo un gesto hacia el dispositivo que habían traído, colocándolo en el centro de la sala.

—Lelouch nos dio esto. Contiene información que, según él, respalda sus afirmaciones.

Los maestros se inclinaron ligeramente mientras la proyección holográfica comenzaba a desplegarse. En la pantalla, aparecieron fragmentos de comunicaciones entre Sidious y el Consejo Separatista, planes para ataques como el de Kamino, y referencias breves pero perturbadoras a algo llamadobiochips. El archivo más inquietante, sin embargo, era un fragmento relacionado con la Orden 66, que incluía las palabras "Traidores Jedi".

La tensión en la sala del Consejo Jedi era palpable mientras los hologramas proporcionados por Lelouch proyectaban fragmentos de información sobre Sidious, los biochips, y la supuesta Orden 66. A medida que los maestros procesaban lo que veían, las expresiones variaban desde la incredulidad hasta la preocupación profunda. El silencio que siguió al despliegue de los datos fue roto finalmente por la voz grave de Mace Windu.

—Esto no puede ser ignorado. Si lo que muestra este dispositivo es cierto, estamos enfrentándonos a algo mucho más peligroso de lo que imaginamos.

Plo Koon asintió lentamente, aunque su tono reflejaba cautela.

—Pero no podemos olvidar que esto viene de Lelouch, un comandante separatista. Puede ser una manipulación, un intento de distraernos o dividirnos.

Ki-Adi-Mundi, frunciendo el ceño, añadió:

—Y sin embargo, esta información coincide con lo que ya hemos sospechado sobre Sidious. Hemos sentido su influencia, aunque no sabemos su verdadero alcance.

Yoda, que había estado observando en silencio, cerró los ojos por un momento antes de hablar con gravedad.

—En las sombras, Sidious está. Sus planes, oscuros y peligrosos son. Investigarlo, debemos. Pero con cautela, mucha.

Obi-Wan, que había permanecido de pie junto a Anakin, inclinó la cabeza hacia el Consejo.

—Maestros, Anakin y yo podemos continuar investigando. Lelouch nos proporcionó un canal de comunicación seguro. Si hay algo más que podamos descubrir, estaremos atentos y listos para actuar.

Anakin, aunque visiblemente más impaciente, asintió rápidamente.

—No podemos quedarnos esperando. Si esto es cierto, cada segundo que pasa juega a favor de Sidious.

Mace Windu los observó detenidamente antes de hablar, su tono firme.

—Aceptamos que ustedes dos sigan esta pista, pero no estarán solos en esto. Si Sidious realmente está manipulando ambos bandos, no podemos arriesgarnos a que la Orden sea tomada por sorpresa.

Yoda abrió los ojos lentamente, asintiendo con un leve movimiento de cabeza.

—Dividir nuestras fuerzas, debemos. Cada uno de nosotros, algo investigará. Reuniremos toda la información, y la verdad encontraremos.

Ki-Adi-Mundi intervino, inclinándose ligeramente hacia adelante.

—Si Sidious está detrás de esta guerra, sus movimientos deberían estar en los extremos más visibles del conflicto. Podemos buscar patrones en las decisiones de la República y la Confederación, algo que revele su influencia.

Plo Koon añadió con voz reflexiva:

—Y también en los clones. Si esos biochips son reales, necesitamos saber qué son y cómo podrían afectar a la guerra.

Obi-Wan y Anakin intercambiaron miradas, conscientes de que el Consejo había tomado una decisión que ampliaba el alcance de la investigación. Obi-Wan asintió, dirigiéndose a los maestros.

—Entonces coordinaremos nuestros esfuerzos. Lo que encontremos lo compartiremos con ustedes, y juntos uniremos todas las piezas.

Anakin, aunque aún visiblemente frustrado, agregó:

—Si esto resulta ser una trampa, lo sabremos rápidamente. Pero si es cierto... no podemos permitirnos ignorarlo.

Yoda, con un gesto calmado, concluyó:

—Confianza en ustedes tenemos. Pero atentos, deben estar. La verdad, poderosa es, pero peligrosa también.

Con la aprobación del Consejo, Obi-Wan y Anakin abandonaron la sala, sabiendo que el peso de la misión recaía sobre ellos, pero también que no estaban solos. El Consejo Jedi, con todos sus recursos, también se involucraría en la investigación, buscando pistas en las sombras que pudieran revelar la verdad sobre Darth Sidious y su influencia en la galaxia.

Mientras se dirigían al hangar, Anakin miró a Obi-Wan, su voz cargada de determinación.

—¿Crees que ellos podrán encontrar algo que nosotros no?

Obi-Wan sonrió ligeramente, aunque su expresión era sombría.

—Si alguien puede encontrar algo en las sombras, es Yoda. Solo esperemos que sea suficiente antes de que sea demasiado tarde.

Ambos Jedi abordaron su nave, listos para sumergirse de nuevo en el intrincado y peligroso juego que Lelouch había puesto en sus manos, mientras en Coruscant, el Consejo Jedi se preparaba para desplegar su propia red de investigaciones con la esperanza de descubrir la verdad que podría salvar la galaxia... o confirmar el comienzo de su caída.