Noche de Paz
25 de Diciembre
Sentados alrededor de la mesa del comedor del departamento Arthur, Claudia, Leonard y Alex se encontraban comiendo la cena navideña tradicional de aquellas fechas. La que era por supuesto, una buena dosis del tradicional Pidgey frito a domicilio. El tío Alex se encontraba de visita esa noche ya que afortunadamente este año tenía permiso para pasar las fiestas con ellos.
La sala de estar tenía varios adornos en las paredes incluyendo guirnaldas, coronas, botas, y por supuesto, el infaltable árbol de navidad con adornos, luces y la estrella arriba de este. Hasta esa mañana en su base habían tenido regalos envueltos para todos.
Claudia ya se encontraba llevando el regalo que le había dado Arthur. El cual era un suéter color rojo oscuro de cuello alto ahora que venía el invierno y los días se estaban volviendo más fríos.
—¿Cómo va todo en la base, Alex? —preguntó Leonard— Me imagino que han tenido mucho movimiento últimamente.
—Si supieras—respondió el piloto—. Desde que los altos mandos comenzaron a tomarse en serio la posibilidad de un ataque, hemos tenido prácticas de vuelo varias veces a la semana para todo tipo de misiones. Además de que está todo el movimiento causado por el trabajo en las mejoras de las defensas estáticas de Miyazaki. Lo mismo está pasando en Darlan.
—¿Muchos problemas con la convivencia junto a los pilotos de la Fuerza Aérea?
—A veces tenemos nuestros roces con ellos ya que se creen los dueños del sitio. La Fuerza Aérea y la Aviación Naval son ramas rivales después de todo. Aun así, podrían ser un poco menos presumidos y más simpáticos de vez en cuando…—dijo Alex con un suspiro— Cómo me gustaría que la Base Darlan tuviese sus propias pistas…
—Hablando del trabajo, tío Leonard ¿Cómo van los avances con los trajes? ¿Ya saben de qué está hecho el metal de las armaduras de Marcus y Erika? —preguntó Arthur tras terminar de comerse una presa frita.
—Al final tenía razón y ese "mithril" no es más que una aleación especial de titanio. Lo que explica el porqué es tan fuerte y ligero a la vez—comenzó a explicar el ingeniero—. Pero aquello es ciertamente impresionante de todas formas ya que la tecnología para extraer y forjar titanio no tiene más de cien años de antigüedad. Mientras que esos Caballeros de Aura llevaban utilizando aquel metal desde hace varios siglos. Además, el titanio del cual está hecho tiene trazas de aurita pulverizada. Lo que le da propiedades especiales para manipular aura según lo que dice el códice de Damian.
»Sobre los trajes y armaduras en sí, los primeros prototipos están casi listos. Por lo que cuando llegue el momento me gustaría que vinieras a Devon para probarte tu traje y me digas que te parece.
—Por supuesto—respondió Arthur asintiendo—. Me encantaría probar algo fabricado por usted, tío.
—Parece que tenemos a alguien con mucha hambre el día de hoy…—mencionó Alex mirando de reojo a Claudia un tanto perplejo.
Claudia se encontraba atiborrándose la boca de nuggets, alitas y presas fritas cuando se dio cuenta de que se estaba refiriéndose a ella. Al darse cuenta ella se detuvo inmediatamente y se limpió la boca abochornada con una servilleta.
—Oh… disculpen… Hace tiempo que no comía Pidgey frito y creo me dejé llevar un poco… Me recuerda a los días en casa en Ciudad Petalia…
Arthur a su lado le sonrió con dulzura y comenzó a acariciarle una mano.
—Descuida… Trata de no olvidarte de los modales en la mesa, pero hay que reconocer que es encantador verte comer feliz de esa manera…
—¡Arthur! Por favor no digas esas cosas…—dijo ella aún más avergonzada y apartando la mirada hacia un costado.
La reacción de la chica provocó risas contenidas en los dos tíos.
—Supongo que tiene sentido tratar de aprovechar mientras se pueda ahora que el alcalde Lund ha informado que en un tiempo más comenzará el racionamiento de alimentos—empezó a decir Leonard.
Aquella noticia preocupó a Arthur.
—¿Habrá suficiente comida para todos? —preguntó él.
—Las autoridades aseguran que sí, pero habrá que hacer algunos sacrificios incluyendo el racionamiento—continuó su tío—. La ciudad controla algo de terreno arable a los alrededores, se están modificando los domos invernadero de la ciudad para transformarlos en cultivos hidropónicos y hay planes para comenzar a criar Magikarp a gran escala en la Bahía de Lacroix.
»Pero aquello significa que hasta que las cosas cambien, habrá que despedirse del Pidgey frito, el bistec y las hamburguesas de carne roja. Y la que haya disponible será cara y altamente racionada.
Claudia suspiró algo triste de oír aquello, pero era verdad que aquello era mejor que la gente tuviese que pasar hambre… Un momento… ¡Aquello significaba que entonces debía seguir comiendo Pidgey frito ahora mismo mientras pudiese!
Más tarde esa noche Arthur y Claudia se encontraban en el balcón mientras los tíos de Arthur conversaban sentados en los sillones de la sala de estar tras el ventanal que separaban ambos espacios.
—Oye Alex ¿Qué te parece jugar unas batallas de Pokkén como en los viejos tiempo? —preguntó Leonard.
—Bueno… ¿Por qué no? Pero no hasta demasiado tarde que mañana debo partir temprano de regreso a la base.
Los dos hombres más mayores se levantaron de los sillones y procedieron a dirigirse al despacho de Leonard que tenía los artilugios de entretenimiento.
—¿Pasamos adentro? —preguntó Arthur tras notar aquello.
Claudia asintió y tras entrar ambos ocuparon el sofá principal. Arthur extendió un brazo detrás de ella y la acercó hacia su lado.
—Arthur… Gracias por todo… Gracias por haber convencido a tus tíos para que pudiese irme a vivir aquí… Es mucho mejor que en el centro de refugiados…—dijo ella cerrando los ojos con una sonrisa mientras se acurrucaba en él.
—No hay de qué, Claudia. Lo importantes para mí es que estés feliz…
Ella asintió.
—Me encanta poder estar aquí contigo…
Tras informarle a sus tíos de su nueva relación con Claudia, Arthur se había esforzado en convencerlos para que ella pudiese irse a vivir con ellos después de enterarse de que no se sentía contenta con las condiciones de vida en el centro de refugiados. Más aún con Nick y Alyssa presentes en el recinto, los cuales a pesar de que no habían supuesto un problema por ahora, la presencia de ellos la hacían sentirse incómoda.
Al final tras una gran insistencia Arthur había conseguido hacerles cambiar de opinión y habían hecho el trámite para que ella pudiese trasladarse al departamento. A cambio de ayudar con las tareas de la casa, Claudia podría vivir en la pieza pequeña pensada originalmente para una empleada doméstica ubicada tras la cocina. La pieza no tenía mucho espacio, pero a cambio podría vivir en los espacios comunes de un departamento mucho más grande y cómodo que su antigua pieza. Lo que hacía que Claudia se sintiese tremendamente agradecida y en deuda con él.
Claudia abrió los ojos y le echó un vistazo a un mueble de la sala de estar que tenía algo encima.
—Me pregunto… ¿Qué se siente ser ahora un héroe caballero, sir Arthur Collins? —le preguntó en un tono juguetón— Supongo que ahora eres un poco como Marcus y Erika.
—¿Eh? Oh… eso…
Sobre el mueble había una cajita abierta que tenía una medalla de apariencia refinada. Tenía la forma de una cruz maltesa blanca con detalles dorados y una placa redonda al medio de esta que tenía la figura de un huevo de Togepi. Alrededor del huevo estaban inscrita la palabra "virtud" junto a una corona de olivos.
Aquella medalla era su Orden del Mérito Civil y Militar del Togepi, grado de Comandante de la Corona. La carta que había recibido hace unas semanas había sido una invitación del Reino Espejismo para ir a visitarlos ya que el rey Albert a recomendación del comandante Hagen había decidido no solamente reconocer sus acciones durante la infiltración nocturna de Pueblo Rubello, sino que también nombrarlo caballero.
Debido a esto Arthur había viajado de regreso al Reino Espejismo aprovechando un viaje aéreo de ida y vuelta de transporte de suministros para presentarse con las mejores ropas que sus tíos le habían ayudado a conseguirle. En donde tras una ceremonia solemne, el rey Albert lo había investido como caballero y la princesa Sara hecho entrega de su medalla.
Tras la ceremonia había podido reencontrarse con la teniente Reika y el mayor Hagen para que los tres pudiesen ponerse al día. Para fortuna de Arthur, Hagen había conseguido recuperarse por completo de las heridas que había recibido en el Instituto Meteorológico y ambos estaban aprovechando de tomarse un merecido descanso tras haber hecho contacto con las autoridades de Ciudad LaRousse y regresado a salvo. Además, gracias a los suministros obtenidos por el tratado comercial, el Reino Espejismo finalmente podía comenzar a prosperar otra vez.
Así que de cierta manera Claudia tenía razón. Ahora mismo Arthur era caballero, aunque aquel título era tan sólo válido en aquel sitio.
—Debo reconocer que me siento halagado, nunca pensé que me darían una medalla y todo eso. Aun así, me hubiese gustado que las cosas hubiesen salido mejor…—dijo entonces esto último algo desanimado.
Reconociendo que estaba pensando otra vez en Katrina, Claudia procedió a abrazarlo.
—No eres todopoderoso, pero tampoco necesito que lo seas… Entraste sólo en ese lugar, rescataste al comandante y ayudaste a todas esas familias a escapar. Aquello es mucho más de lo que muchos podrían haber hecho y por mí te mereces es medalla, ese título y mucho más. Para mí eres un héroe, Arthur… Y los héroes se merecen que les den su recompensa de vez en cuando…
Ella entonces acercó su rostro y lo besó. En un primer instante él no reaccionó, pero después de un momento decidió dejarse llevar y procedió a devolvérselo mientras él procedió a abrazarla. Los minutos pasaron con ellos a solas entre besos y caricias en el sofá a la vez que podía oírse el ruido de la televisión del despacho del tío Leonard amortiguado por la puerta mientras Alex y él jugaban juntos.
Una vez que Claudia lo dejó ir ella apoyó su cabeza sobre su pecho.
—¿Estás cansada? —preguntó Arthur acariciándole la cabeza con una mano.
Ella asintió.
—Creo que me voy a mi habitación un rato y de ahí a dormir…
Ambos procedieron a ponerse en pie. Antes de separarse Claudia le dio un último beso rápido.
—Buenas noches…
—Buenas noches Claudia…
—Te quiero…
—Te quiero también…
Tras terminar Claudia se dirigió a la puerta de la cocina, abrió la puerta y con una última mirada hacia él desapareció detrás de esta.
Sintiéndose mejor, Arthur volvió a sentarse encendió el televisor de la sala de estar, bajó el volumen y procedió a mirar por un rato. Unos quince minutos después el ruido del despacho del tío Leonard se detuvo y Arthur sintió al tío Alex salir para irse a su habitación también.
Leonard regresó a la sala de estar.
—¿Claudia ya se fue a dormir? —preguntó él.
El joven asintió.
—Sé que es tarde, pero ahora que estamos los dos solos, me preguntaba si podíamos hablar de un asunto importante…—le dijo sentándose en uno de los sillones.
Arthur miró a su tío sintiéndose preocupada por su tono, por lo que decidió apagar el televisor y prestarle toda su atención.
—¿Ocurre algo?
—Es con respecto a Claudia… Y no te preocupes, que no tiene que ver si ella se sigue alojando aquí o no. Aunque agradezco que al menos se está esforzando con ayudar en lo posible con las labores del departamento. Lo que quiero hablar es sobre su relación.
—¿Qué pasa con ello? —preguntó Arthur cauto.
—Esta es tu primera relación sentimental y alguna vez tuve tu edad también. Por lo que entiendo por lo que estás pasando—le respondió Leonard en un tono tranquilizador notando como su sobrino se había puesto tenso.
El tío Leonard alguna vez había tenido una pareja que Arthur consideraba como su tía. Pero hace varios años habían terminado separándose debido a problemas de ambos para mantener un buen balance entre la vida sentimental y el trabajo. Tía que desafortunadamente no estaba en Ciudad LaRousse con ellos en ese instante.
—Entiendo que todo esto de tu relación con Claudia debe de ser una experiencia muy emocionando para ti y para ella también. En donde puede ser muy fácil para alguien como tú terminar dejándose llevar por la curiosidad y la emoción del momento…
—¿A qué te refieres?... —preguntó Arthur empezándose a sentirse algo incómodo por su elección de palabras.
—Quizás sea demasiado pronto, pero prefiero decirte esto antes que tarde. El punto es que puede ser que de aquí a un tiempo más tanto tú como ella quieran llevar su relación a un nivel más íntimo. De partida te informo que al menos yo no voy a ponerte trabas sobre lo que haces tú con ella en el departamento y estoy seguro de que Alex piensa igual. Especialmente ahora que eres un adulto que puede tomar sus propias decisiones y ser responsable de ellas.
Arthur se ruborizó. Acaso se estaba refiriendo a…
—Tan sólo te pido que, si deciden hacerlo, por favor tomen las medidas de precaución necesarias. Ustedes dos son todavía demasiado jóvenes, la situación actual es todavía muy incierta y me imagino que a ninguno de los dos les gustaría tener que hacerse cargo de una responsabilidad mayor que no están listos para asumir en caso de algún "accidente". Responsabilidad que caería principalmente sobre Claudia y la obligaría a cambiar su vida radicalmente…
El joven comenzó a agitar los brazos abochornado hacia su tío.
—¡Me queda claro, tío! ¡No es necesario que me siguas explicando! —exclamó Arthur— ¡Aún no lo hemos hecho y no es como si estuviésemos pensado hacerlo pronto! ¡Ni siquiera llevamos un mes juntos!
Leonard asintió.
—Me parece bien. Tan sólo sé consciente de lo que te he dicho para que luego no puedas decirme que no te lo advertí. Si tiene cualquier duda como hombre con respecto a aquello, no dudes en preguntarme. Eso era lo que quería decirte. Buenas noches, Arthur. Que mañana trabajo temprano.
—Buenas noches, tío…
Con aquellas últimas palabras Leonard procedió a retirarse a su habitación. Viendo la hora, Arthur decidió hacer lo mismo y fue a la suya para irse a dormir. La idea de que él y Claudia fuesen a hacer ese tipo de cosas era algo que aún se le hacía extraño. Pero no era como si fuese algo que de por sí le desagradara…
Una vez que entró a su dormitorio y hubiese cerrado la puerta, su Pokéglov se activó por su cuenta y de este emergió Medicham.
—¿Qué sucede Medicham? —preguntó Arthur.
—Antes de que vayas a dormir quería hablarte de dos asuntos rápidamente. Uno es que ya va siendo pronto para que comiences a retomar tu entrenamiento de Monje Guardián conmigo tal como solicitó Batuo te dijo en su último mensaje. Si no te había hablado del tema hasta ahora era porque quería darte tiempo para que pudieses recuperarte.
—Entiendo, habrá que buscar un lugar para entrenar entonces. Aunque con respecto a Max y Thatcher y lo que Batuo quería hacer con ellos…
Medicham negó con la cabeza.
—Aquello es algo que nos preocuparemos más tarde. Lo esencial es primero ver si podemos encontrar un sitio para nosotros.
—Me parece bien—dijo Arthur asintiendo.
—Y por último, Arthur… Ahora que tu tío tocó el tema, quería recordarte de lo que Batuo alguna vez te advirtió en el Reino Espejismo sobre las relaciones sentimentales y el entrenamiento de los Monjes Guardianes…
La mención de esto hizo que Arthur inmediatamente se pusiera a la defensiva.
—¡Si me vas a pedir que deje mi relación con Claudia por mi entrenamiento, entonces te aviso de inmediato que no pienso hacerlo! ¡Incluso Batuo tuvo algo con Mei Fang!
—Sabía que responderías de esa manera, por lo que quiero aclarar que mi intención no es detenerte. Tan sólo quiero recordarte que existen buenos motivos por el cual a los monjes se nos instaba a no involucrarnos sentimentalmente entre nosotros. Ya que aquellos vínculos no sólo podían ocasionar roces y conflictos, sino que también perjudicar nuestra capacidad alcanzar niveles de chakra superiores.
—¡Incluso si es así, encontraré la forma de poder hacerlo sin tener que renunciar a ella!
—Lo más probable es que tu relación no afecte tu capacidad de alcanzar el cuarto de los siete chakras y por lo tanto alcanzar el rango de maestro tal como Batuo y yo. Pero si algún día decides tomarte en serio la posibilidad de alcanzar los niveles superiores, es ahí en donde te podrías encontrar con problemas.
—¡¿Qué tiene de malo amar a alguien?! ¡¿Por qué es tan perjudicial?!
—El problema no es el amor en sí, Arthur. El problema está en ciertos aspectos secundarios relacionados con este. El amor, especialmente el romántico, suele generar sentimientos de apego muy intensos que nos atan demasiado a la otra persona. Este apego no sólo ha llevado a incontables personas a lo largo de la historia a tomar malas decisiones, sino que también nos atan al mundo terrenal. En donde justamente el pilar central del entrenamiento de los Monjes Guardianes es aumentar nuestra conexión con lo espiritual dejando atrás las ataduras que nos atan las cosas tangibles de este mundo y nos impiden alcanzar esta conexión.
—¡¿Cómo se supone que deba hacerlo entonces?! ¡¿Cómo puedo amar sin sentir apego?!
Medicham cerró los ojos.
—Es posible… Pero es difícil y no es algo que todos puedan hacer. No por nada las relaciones wsentimentales en el Monasterio estaban prohibidas. Pero aquello… es una lección para otro día…
Las palabras de Medicham tomaron por sorpresa a Arthur e hicieron que recuperase la compostura. Entonces… ¿Había una forma de poder amar a Claudia sin que aquello perjudicara su entrenamiento?
—Ya es tarde Arthur, por lo que será mejor que durmamos. Que tengas una buena noche.
Con estas últimas palabras el pokémon regresó voluntariamente al interior del Pokéglov dejando a Arthur finalmente a solas en la habitación.
Las conversaciones con su tío y Medicham lo habían dejado agotado. Por lo que decidió inmediatamente cambiarse e irse a dormir.
Temprano al día siguiente, Alexander Collins procedió a bajarse del monorriel que lo había llevado hasta la estación de la Base Aérea Miyazaki. El piloto que llevaba puesta su inseparable chaqueta de cuero y gafas de sol de aviador avanzó hacia un punto de control y mostrando su identificación a un guardia este lo dejó pasar.
Saliendo de la estación podía verse claramente que la base se encontraba con un gran nivel de actividad del personal tanto de la fuerza aérea como de la aviación naval a pesar de que ayer había sido navidad. Lo cual era algo particularmente notable ahora que los altos mandos estaban convencidos de la posibilidad de un posible ataque enemigo en el corto a mediano plazo. Incluyendo la construcción de defensas fortificadas reforzadas en el perímetro exterior de la base.
Alex miró alrededor suyo buscando a alguien hasta que pudo encontrarlo.
—¡Wyv! ¡Compadre! —exclamó otro piloto.
El tío de Arthur sonrió, se acercó y abrazó al hombre de piel morena, cabello negro corto y ojos oscuros.
—¿Cómo estuvo la navidad, Wyvern? ¿Está todo bien con el sobrino? —preguntó Geoff "Mago" Langston, su segundo al mando en la escuadrilla de la cual era líder y utilizando el apodo de aviador de Alex.
—Todo bien por el momento. Parece completamente recuperado de esa horrible experiencia en el Instituto Metrológico, o al menos eso creo ¿Cómo están Victoria y Teresa? —preguntó Alex refiriéndose a la esposa e hija pequeña de Geoff, los cuales habían podido evacuar a Ciudad LaRousse también.
—¡Están fenomenal, Wyv! ¡Las dos te mandan saludos! Y me alegra saber que pudimos llegar a tiempo al Instituto para ayudarlo a él y a los otros supervivientes atacados por esos pokémon.
Ambos se separaron.
—¿Alguna novedad del comandante de escuadrón?
Geoff asintió.
—Nos pidió que nos reunamos en una hora más para discutir el cronograma de las actividades de esta semana. Los altos mandos por lo visto están decididos a que juntemos horas de vuelo con tal de que estemos preparados ante cualquier cosa—le contestó—. Junior y Data ya están, por lo que vayamos a saludarlos.
Alex asintió. En toda fuerza aérea es tradición que los pilotos de combate obtengan un apodo de aviador el cual termina siendo una especie de segundo nombre entre ellos.
Para el caso de Álex, él era el comandante de la escuadrilla Dragón compuesta de cuatro pilotos: Wyvern, Mago, Junior y Data. Los cuales pertenecían junto a dos escuadrillas más al Dieciseisavo Escuadrón de Caza y Ataque de la Fuerza Aérea de la Flota, la aviación naval de la Fuerza Marítima de Defensa.
Los dos procedían a dirigirse a sus barracones cuando una voz familiar les interrumpió.
—Vaya, vaya, si no son los aprovechados de la aviación naval…—dijo la voz burlona de otro hombre.
Alex y Geoff se dieron la vuelta y pudieron ver a un y a una piloto. Ambos llevaban sus gafas de aviador puestas.
—¿Qué pasa Témpano? ¿Ya se te fue el espíritu navideño? —preguntó Geoff con una sonrisa inocente.
—Ya estamos a día veintiséis ¿No? Por lo que diría que ya es demasiado tarde para apelar a aquello—respondió Témpano que era un hombre de cabello celeste corto.
—No se olviden que es gracias a nuestra amabilidad que ustedes los de la aviación naval no están desahuciados—dijo una mujer pelirroja con el cabello atado en un moño compacto.
A diferencia de Alex y Geoff que eran pilotos navales, las chaquetas de los dos recién llegados llevaban los distintivos de la Fuerza Aérea de Defensa. Los cuales tenían una gran rivalidad con la aviación naval y aquella situación era empeorada por la necesidad de ambos grupos de tener que compartir base.
Ellos era Témpano y Fénix de la Escuadrilla Relámpago, Décimo Escuadrón de Caza.
—No deberíamos estar ocupados en peleas inútiles. Si entramos en combate, probablemente nos necesitemos el uno al otro…—dijo Alex con el ceño fruncido hacia Témpano.
—No te preocupes, Wyvern. En caso de que se metan en problemas… ¡Dejen que los pilotos de verdad se encarguen de salvar el día! —le respondió el piloto de la Fuerza Aérea.
—¡Ya, Témpano! ¡Dejemos a estos pilotos de agua dulce tranquilos que no valen la pena! ¡Tenemos cosas importantes que hacer! —opinó Fénix.
Témpano asintió.
—Tienes muchas razones, Fénix —entonces él procedió a hacer un gesto de despedida con una mano— ¡Nos vemos pronto, marineros!
Ambos se dieron la vuelta para irse de regreso hacia su sector de la base. Lo que hizo que Alex suspirara aliviado.
—Hay veces que me dan ganas de darle un buen golpe en el hocico a estos idiotas de la Fuerza Aérea…—musitó.
—Son unos imbéciles insoportables… ¿Pero qué le vamos a hacer? Al final estamos en su territorio después de todo. Al menos hay planes para construir una base aeronaval, por lo que esperemos que esta situación no dure demasiado tiempo. Vamos Wyv—le recordó Geoff.
—Si… vamos Mago.
El general de división Henry Sinclair procedió a bajarse del pequeño vehículo blindado todo terreno y miró alrededor suyo.
—General Sinclair, es un gusto tenerlo con nosotros el día de hoy—dijo el padre de Andrés acercándose al general y saludándolo.
—Buenos días, coronel Bradley. He venido a ver revisar el estado de la Línea Malvalona con respecto a la vez anterior.
El teniente coronel Phillip Bradley asintió y comenzó a guiarlo por las estructuras de la línea defensiva.
El plan para defender a Ciudad LaRousse de un posible ataque terrestre consistía de una estrategia de defensa en profundidad por medio de la construcción de dos grandes líneas defensivas ubicadas a cada orilla del río Giraud más una en dirección a la costa. Siendo las líneas Malvalona y Arborada las dos de la orilla occidental más cercanas a la Isla Gallimard y por lo tanto a la Base Militar Ney. Mientras que las otras dos de la orilla oriental eran las líneas Colosalia y Calagua. Siendo la línea Malvalona en la que estaba el general la más externa de las líneas occidentales.
Finalmente, la línea defensiva que protegía contra una incursión proveniente de la costa en caso de ser sobrepasadas las fortificaciones costeras de la Bahía de Lacroix era la línea Arrecípolis.
Las fortificaciones de Ciudad LaRousse estaban pensadas originalmente para repeler un posible ataque convencional humano. Aunque en el último mes se estaban tratando de implementar las mejoras propuestas por Steven Stone de Devon y los demás Cuatro Grandes en un intento de optimizarlas lo mejor posible contra una hipotética invasión pokémon.
Idealmente, en caso de que el enemigo penetrase las defensas más externas, este estaría demasiado debilitado como para hacer lo mismo con la segunda. Abriendo la posibilidad de un contraataque que permitiría derrotar al enemigo y obligarlo a retirarse.
La línea Malvalona de varios kilómetros de largo comenzaba primero con varias capas intercaladas de defensas estáticas para entorpecer el avance enemigo y hacerlo vulnerable al fuego aéreo y de artillería. Lo que incluía zanjas, minas antipersonales y antiblindaje, alambre de espino y otros antes de llegar a las trincheras con los soldados y las fortificaciones de cemento reforzado.
De manera intercalada junto a las trincheras podían encontrarse posiciones defensivas preparadas con tanques, piezas de artillería ligeras y pesadas y armamento antiaéreo de corto y mediano alcance.
Sinclair tomó los binoculares que llevaba consigo y miró con ellos hacia la parte más externa de las defensas de la línea Malvalona. Con ellos podía ver a un grupo de ingenieros de combate acompañados de pokémon del tipo tierra tales como Sandslash junto a un gran agujero en el suelo. Junto a ellos ellos había una grúa que se encontraba bajando al interior del agujero una enorme bomba.
—¿Esa son las nuevas cargas subterráneas de LGR? ¿Verdad? —preguntó Sinclair.
Bradley asintió.
—Son las minas pesadas de media tonelada pensadas en ayudar a detener un posible ataque subterráneo.
Tal como le había mencionado a Steven Stone en la última reunión en la que había estado presente hace un mes, las estrategias defensivas actuales tienen presente la posibilidad de posibles ataques subterráneos debido al uso común de pokémon del tipo tierra en las unidades de ingenieros de combate alrededor del mundo.
A lo mejor no podía verse a simple vista, pero debajo ellos también había un componente subterráneo de la línea defensiva ocupada por su propio contingente de tropas en posiciones fortificados junto a gruesos muros de cemento reforzado y compuertas de acero.
El general Sinclair guardó los binoculares.
—¿Qué hay de las torres de Steven? —preguntó de nuevo.
—Están finalizadas y listas para operar en combate desde hace algunos días. Acompáñeme por favor general.
Los dos comenzaron a caminar en dirección de lo que recordaba a una antena de comunicaciones de unos diez metros de altura. Mientras se desplazaban, el general pudo ver cómo entre medio de las tropas que iban y venían habían varios de esos pokémon artificiales llamados Porygon fabricados por Silph para reforzar sus números.
Sinclair debía reconocer que la apariencia de esos "pokémon" le desconcertaba. Especialmente la extraña forma poligonal de sus cuerpos, sus colores chillones y el hecho de que por algún motivo eran capaces de moverse flotando a escasos centímetros del suelo.
—¿Cómo les ha ido con los Porygon?
—Hasta el momento no han dado problemas. Más que pokémon, hasta cierto punto se parecen más a robots y por lo que me han contado los demás oficiales, obedecen bastante bien las órdenes por muy simple que pueda parecer su programación—respondió Bradley.
—¿No son demasiado llamativos con el color rosado y azul que tienen?
—A primera vista lo es, pero lo que está viendo no es más que su coloración por defecto. Permítame hacerle una demostración, general.
Ambos se detuvieron delante de un fortín y el teniente coronel señaló a un Porygon que pasaba junto a ellos.
—¡Unidad Porygon! ¡Camúflese con sus alrededores!
El pokémon artificial se detuvo y encaró al oficial.
—ÓRDENES RECIBIDAS, INICIANDO CONVERSIÓN.
De manera casi instantánea la superficie de su cuerpo obtuvo el mismo patrón de color gris, incluyendo la textura, del concreto del fortín que tenía detrás.
—Ya veo… Entonces pueden cambiar de camuflaje a voluntad…—dijo Sinclair intrigado.
—Y no solamente eso. Sino que sus movimientos Conversión y Conversión 2 pueden cambiar su tipo elemental también—añadió Bradley—. Puede retirarse, unidad Porygon.
El pokémon revirtió su color a su tonalidad original y prosiguió su camino. Los dos oficiales siguieron avanzando hasta que finalmente llegaron a un lado de la torre rodeada de plataformas de fuego antiaéreo incluyendo uno de los camiones nuevos de Devon acoplados a una de las torretas laser de Silph. En donde a lo lejos más allá de la primera podía alcanzar a verse una segunda torre.
—¿Se supone que estas torres nos protegerán de los Kadabra y Alakazam enemigos? ¿No? —preguntó otra vez el general.
—Así es. Por lo que tengo entendido, lo que hacen es proyectar a cierta distancia una poderosa señal en una frecuencia utilizada por los pokémon del tipo bicho que afecta la capacidad de concentración de los del tipo psíquico en sus poderes. De acuerdo con lo que dijeron los ingenieros de Devon que las instalaron, debería impedir que estos puedan utilizar movimientos tales como Psíquico, Teletransporte o Premonición a varios cientos de metros a la redonda.
—Si funcionan tan bien como esos cerebritos de Devon dicen, entonces nos ayudaran mucho a evitar los múltiples dolores de cabeza por los que tuvo que pasar la expedición del Reino Espejismo según el Informe Stone.
Bradley asintió.
—Precisamente por lo importantes que son es que será prioritario protegerlas a toda costa. Además, sus efectos disruptivos contra las pokémon del tipo psíquico son tales que por eso las pocas unidades Claydol que hemos podido recibir de Devon están destinadas a unidades de elite ubicadas lejos de las torres y a proteger Ciudad LaRousse en caso de que ocurra lo peor…
El peor escenario… Que todas las defensas de Ciudad LaRousse sean sobrepasadas y que la batalla termine llegando al mismísimo centro de la ciudad.
Sinclair sacudió la cabeza.
No… Por su orgullo de militar, derramaría sangre, sudor y lágrimas con tal de impedir que aquello ocurriese.
En la tarde de ese día, el capitán de fragata Susumu Umezu se encontraba sentado en su puesto del puente del buque de guerra a su mando, la fragata BDN Azalea de seis mil toneladas de desplazamiento. En ese momento, la fragata junto a otras tres se encontraba ingresando a la bahía de Lacroix tras haber terminado de participar en ejercicios navales realizados con el propósito de estar preparados ante un posible ataque enemigo proveniente desde el mar que quisiera atacar Ciudad LaRousse
El capitán Umezu era un hombre de poco más de cuarenta años de ojos oscuros y cabello corto negro con algunas canas. A su lado, había otro hombre unos cinco años más joven que también tenía cabello oscuro un tanto más largo y una mirada seria con ojos castaños. Este era su segundo oficial, el capitán de corbeta Takumi Kadomatsu.
—Nuestro tiempo de reacción mejoró de manera significativa con respecto al ejercicio anterior. La tripulación puede sentirse orgullosa. Hizo un buen trabajo, capitán—dijo Umezu.
—Gracias, mi comandante—respondió Takumi— Aunque el resultado no puede compararse con el nivel de mejora inicial que se tuvo con el primer ejercicio realizado tras llegar a LaRousse. Couando comenzó a reportarse que los entrenadores habían comenzado a entender a sus pokémon y las personas comenzaron a manifestar capacidades más allá de lo normal o incluso sobrehumanas.
El comandante de la fragata asintió.
—La "Remoción de los Limitadores Humanos" —dijo Umezu recordando el término descrito en el Informe Stone—. Es curioso que a pesar de que la tecnología militar naval ha dado un enorme salto en los últimos sesenta años, por lo visto el factor humano todavía sigue siendo importante.
Mientras los cuatro buques seguían avanzando la bahía comenzaba a abrirse alrededor de ellos. Lo que le permitía a la tripulación del Azalea poder notar mejor las fortificaciones costeras de la bahía construidas originalmente para proteger la Base Naval Darlan y ese sector de Hoenn de un asalto anfibio en tiempos de guerra.
A lo largo de esta había una gran cantidad de búnkeres construidos sobre las parades altas de colinas y acantilados. Especialmente en los lugares donde era posible desembarcar y haciendo que no sea nada de fácil poder avanzar tierra adentro desde las playas de la bahía hasta la línea Arrecípolis.
Desde el interior de estos búnkeres habían todo tipo de armamento de guerra naval listo para atacar. Incluyendo cañones navales de gran calibre, lanzadores de cargas de profundidad y misiles antibuque y antisubmarinos. Además de múltiples plataformas de defensa antiaérea ya sea en la forma de cañones automáticos o misiles.
Pero incluso si el enemigo conseguía llegar hasta la desembocadura del estuario todavía les quedaba un as bajo la manga para proteger esa ruta: las Puertas de Lacroix.
Las Puertas de Lacroix eran dos grandes y gruesas compuertas blindades que se alzaban casi treinta metros de altura que podían abrirse y cerrarse a voluntad. Permitiendo así bloquear el acceso al estuario en caso de que un enemigo quisiese evitar tener que tomar el control de las playas y utilizar dicha vía para tener acceso fácil a Ciudad LaRousse y a Darlan por el agua.
—Las defensas costeras de LaRousse son ciertamente formidables—comentó el segundo oficial.
—Aun así, no debemos bajar la guardia. Tras leer el informe Stone y si el enemigo son pokémon dirigidos por legendarios entonces no podemos permitirnos subestimarlos.
Los cuatro buques de guerra procedieron a cruzar uno detrás del otro las Puertas de Lacroix entrando así en el estuario del río Giraud. Mientras continuaban subiendo aguas arriba en dirección a Darlan, a ambos lados podían verse aún más fortificaciones armadas hasta los dientes que tenían la vía fluvial a tiro desde múltiples ángulos en caso de que las compuertas blindadas fuesen atravesadas. Tras subir por un buen rato río arriba y hacer un giro a la derecha siguiéndolo, finalmente llegaron a Ciudad LaRousse.
La tripulación del puente del Azalea tornó sus cabezas hacia la izquierda para así poder observar directamente la ciudad y sobre todo del centro. Aquella vista nunca fallaba en arrebatarle el aliento a todos los que entraban por aquella vía sobre todo con el cielo del atardecer.
—¿Tiene usted familia, capitán? —preguntó Umezu.
El segundo al mando negó con la cabeza.
—No le he dedicado tiempo a aquello aún, mi comandante. Supongo que me encuentro casado con el trabajo de momento—respondió este sin inmutarse.
El comandante del Azalea asintió.
—He estado desplegado en Darlan buena parte de mi tiempo en las Fuerzas de Defensa. Mi esposa e hijo me esperan ahí. Por lo que cada vez que regreso a la base, nunca me olvido de mirar en esta dirección para así recordar bien el motivo por el cual lucho—dijo entonces.
Los tripulantes del puente de la fragata continuaron mirando hacia el centro de Ciudad LaRousse hasta que finalmente esta terminó siento ocultada por Isla Gallimard. Delante de ellos podía verse a lo lejos la base naval y en pocos minutos más comenzarían a realizar las maniobras de atraque.
Esa noche y debajo de un árbol a estas alturas ya conocido para ambos del Paraque Central de LaRousse, Rose se encontraba sentada detrás de Bruce acicalando cariñosamente el plumaje de su cabeza tras otra sesión nocturna de "entrenamiento" intensivo con él que a estas alturas ya se habían vuelto recurrentes.
El Blaziken disfrutaba con los ojos cerrados el afecto que su pareja le brindada, pero aun así había algo en su mente que no lo dejaba tranquilo y Rose podía sentirlo.
Ella se detuvo.
—¿Pasa algo, Clar? Te noto algo distante…—le preguntó entonces preocupada.
—¿Tanto se nota? —respondió él de regreso abriendo los ojos.
—A estas alturas siento que ya te conozco lo suficiente como para saber que algo te está preocupando dentro de esa cabeza, mi polluelo…
Volver a oír aquel apodo aunque fuese de forma cariñosa hizo que Bruce soltase un bufido.
—¿Recuerdas la historia que te conté alguna vez cuando nos acabábamos de conocer, Prim? ¿La historia de cómo conocí a Arthur?
Ella asintió de regreso.
—Entonces recordarás cuando te dije que no fui la primera opción del Profesor Birch cuando Arthur vino al laboratorio a elegir a su primer pokémon—continuó Bruce—. Que en ese día había otro Torchic junto al Mudkip y al Treecko que le presentaron. Y que si no fuese porque decidió mirar por la ventana un momento hacia el rancho antes de decidirse, él nunca se habría enterado de mi existencia.
—Lo recuerdo… ¿Qué pasa con ello?
Bruce hizo una pausa antes de responder.
—Me imagino que eres consciente de lo que hemos estado haciendo, Prim… Si continuamos de esta manera, será cuestión de tiempo para que finalmente pongas huevos…—dijo finalmente.
—¿Y que hay si lo hago? —preguntó ella antes de darse cuenta de algo— O acaso no quieres…—comenzó a preguntar preocupada.
Bruce la interrumpió negando con la cabeza.
—No es eso…Es sólo que…
El Blaziken se detuvo otra vez cerrando los ojos, agachó la cabeza y suspiró.
—Es sólo que no estoy seguro si eres conscientes de las implicaciones de estar conmigo, Prim… Quizás ya no soy tan débil como antes gracias a Arthur. Pero entonces me pongo a recordar que ese día no se suponía que debía estar en esa mesa de exhibición porque el profesor no me había considerado lo suficientemente fuerte como para ser presentado a un entrenador novato. Por lo que me doy cuenta de que por poco terminas conociendo a otro Blaziken en lugar de mí…
»Entonces pienso… ¿Cómo habrían sido las cosas si lo hubieses terminado conociendo a él en lugar de mí? ¿Sería alguien más fuerte? ¿Más apuesto? ¿Más vigoroso, o tal vez más encantador que yo? Soy consciente de que las palabras no son lo mío, Prim… Y si hubieses terminado enamorándote de él en mi lugar… ¿Sería capaz de darte polluelos más fuertes y saludables que cualquiera de los míos? Si tengo algo de fuerza es por mi entrenamiento, no por mi sangre…
Rose procedió a abrazarlo con fuerza por detrás antes de que pudiese seguir hablando.
—Oh, Clar… No digas esas cosas tan feas de ti… Es inútil pensar las cosas que podrían haber pasado o no… Para mí lo único importante es que tú estás conmigo en mi vida y que te amo tal como eres…
—¿Entonces no te importa si termino siendo el padre de tus polluelos? ¿No te importa si no soy capaz de darte los polluelos más fuertes y sanos de todos?
Ella negó con la cabeza.
—Estás hablando como esos criadores humanos obsesionados con la perfección… Pero yo no quiero polluelos perfectos… Quiero tus polluelos, Clar…
Queriendo hacer énfasis en esto último, ella le dio una lamida en el costado de su pico. Ante esto Bruce se estremeció y sus ojos se humedecieron.
—¿Incluso si allá afuera hay otros Blaziken más fuertes?
—Clar… Si en verdad me amas, no te pongas a decidir por mí… Tú me derrotaste limpiamente en esa batalla en el Reino Espejismo y estuviste allí por mí cuando más lo necesitaba. Cuando había tirado la toalla y perdido la voluntad de vivir tras pensar que Claudia se había ido para siempre… Lo que has sido tú para mí vale más que cualquier cosa que lleves en la sangre. Y si pudiste vencerme en aquella ocasión, con entrenamiento o no, de seguro que cualquier polluelo tuyo será fuerte y bello…
Dos hilos de lágrimas rodaron por los costados de su cabeza.
—Prim…
—¿Y qué si hay otros Blaziken que también sean fuertes allá afuera? —dijo ella entonces con desdén— ¡Pues bien por las otras hembras para que les llegue algo también! Pero tú eres mío y sólo mío, Bruce…
No pudiendo aguantar más, Bruce se dio la vuelta y abrazó fuertemente a Rose mientras ambos comenzaban a acariciarse mutuamente de nuevo. Una vez que sintió que su pareja se encontraba de mejor ánimo, Rose volvió a lamer su pico y lo miró de manera sugerente mientras acariciaba el plumaje blanco de su pecho
—Además…—continuó ella con voz sedosa— Si no encontrase interesante lo que tengo delante, no estaríamos escabulléndonos cuando Arthur y Claudia no están mirando para aparearnos sin cesar bajo nuestro árbol hasta el amanecer…
Oír esto hizo que el Blaziken volviese a ruborizarse.
—Estar contigo es como un sueño hecho realidad, Prim…—confesó él.
—¿Oh? si dices aquello en serio entonces demuéstramelo, guapetón… Hazme sentir como si estuviese en un sueño…
Inmediatamente Bruce tomó a Rose y la recostó sobre el suelo para entonces comenzar a acariciar de nuevo sus partes sensibles. Rose gimió complacida y posteriormente se afirmó de Bruce, giró sobre él para posicionarse encima y comenzó a administrarle el mismo tratamiento.
Rápidamente aquel calor familiar volvió a envolver sus cuerpos y el aliento de sus exhalaciones se transformó en vapor caliente como el de un sauna.
—Prim… date la vuelta…—ordenó Bruce finalmente sin estar dispuesto a aceptar un no como respuesta.
Rose asintió emocionada, obedeció de inmediato girándose sobre sus cuatro extremidades y levantó las plumas de su cola expectante.
Al día siguiente era pasado el mediodía en el centro de Ciudad LaRousse que Andrés tras un mes de espera finalmente había sido invitado a almorzar para conocer formalmente a los padres de Ángela.
En realidad aquello no era del todo cierto ya que sí había visto una vez a Damian anteriormente cuando había ido a dejar a Ángela la primera vez que habían salido en grupo al Parque Central. Por lo que el principal propósito práctico de esta ocasión era presentarse oficialmente delante de su madre. La que por lo visto había oído de Ángela, había aceptado estar presente a regañadientes.
Steven Stone se las había arreglado para conseguirle a la familia de Ángela un departamento bastante amplio y cómodo en el centro de la ciudad ahora que Damian trabajaba para él. Pero en esta ocasión almorzarían en el restaurante del hotel en el cual se habían estado alojando hasta hace poco. Según palabras de Ángela, era una idea de su padre para forzarla a comportarse y no armar un posible escándalo en público ya que por lo visto ella podía ser a veces un tanto temperamental.
Genial…
Andrés se encontraba sentado tenso en la mesa del restaurante vestido con camisa formal, pantalones y zapatos de vestir. Además de ir bien aseado y peinado con la intención de darle a la madre de Ángela la mejor primera impresión posible. A su izquierda se encontraba Ángela que llevaba vestido blanco de invierno que le quedaba fenomenal. En frente de ellos estaba Damian que vestía de traje a la derecha de su esposa.
El joven no podía negarlo. Sonia Thompson era una persona de presencia intimidante, pero era innegable que de ella provenía la belleza de su hija a la cual se le parecía bastante. Con la principal diferencia de que ella era de cabello castaño en lugar de rubio. Sonia llevaba vestido largo de color rojo y de buen corte, un collar de perlas al cuello y aretes en las orejas con gemas que parecían ser bastante valiosas.
Pero más allá de las similitudes externas, era evidente que ambas eran considerablemente distintas. Si Ángela era una chica alegre y energética, su madre en su lugar deba la sensación de ser una mujer seria, firme y quizás hasta algo reservada. Por lo que definitivamente en el aspecto de la personalidad Ángela había salido más bien parecida a su padre. Incluso con la sensación de hostilidad que emanaba de Sonia, Andrés podía percibir de ella un aura de dignidad y elegancia que podía llegar a arrebatarle el aliento a un desconocido.
Andrés sabía que la madre de Ángela también era psíquica al igual que su hija y una bastante poderosa. Lo que le hacía preguntarse si aquellas sensaciones que emanaban de Sonia eran naturales de ella, causadas adrede por sus poderes o una combinación de ambos factores.
Desde que había llegado al restaurante Sonia apenas había hablado, pero finalmente fue ella la que decidió romper el silencio que se había formado una vez que habían recibido su comida.
—Así que finalmente tengo delante mío al famoso Andrés…—dijo con voz natural suave y sedosa, pero con un claro tinte pasivo-agresivo— Supongo que esta reunión era algo inevitable teniendo en cuenta lo persistente que ha sido Ángela en querer insistir con este capricho…
—Ya te lo he dicho varias veces, mamá. Lo que siento por Andrés no es un capricho y él no se parece en nada a cualquiera de los prejuicios que puedas tener. Es más, es gracias a él que he podido llegar a salvo hasta aquí.
Andrés tornó la mirada hacia Ángela un tanto pasmado. En aquel momento parecía como si su novia se hubiese transformado en una persona distinta. Adquiriendo en su forma de hablar un tono de voz elocuente y compuesto más similar al de su madre que al propio de ella. Incluso su semblante había cambiado a uno que lucía más serio y maduro.
Sonia desvió la mirada hacia su hija y ambas se miraron firmemente a los ojos sin que Ángela diese su brazo a torcer. Andrés se preguntaba qué clase de juego mental había entre ellas en ese momento teniendo en cuenta los poderes psíquicos de ambas.
—Habría preferido si hubieses seguido con tu interés por ese Arthur. Sería interesante tener a un Guardián de Aura en la familia y de seguro que a tu padre también le habría encantado por su antiguo pasatiempo… ¿Al final qué fue de todo aquello?
—Querida… No es necesario que me metas en esto…—musitó Damian incómodo.
—Lo siento en decepcionarte, madre. Pero las cosas han cambiado—respondió Ángela con firmeza.
—Con que han cambiado... Aún recuerdo todas las maravillas que hablabas de Arthur por teléfono cuando lo conociste durante la Conferencia Colosalia… ¿Entonces quien dice que de aquí a unos meses más las cosas no habrán cambiado de nuevo? —preguntó ella en tono crítico y algo burlón— ¿Acaso puedo esperarme a algún otro chico una vez que pierdas tu interés él tal como lo hacías con tus juguetes de pequeña?
Andrés tragó saliva y sintió una gota de sudor frío rodar por el costado de su cabeza.
—Oh por Arceus, esta mujer es salvaje…
Afectada por aquel comentario, Ángela frunció el ceño hasta el punto de que se le marcaron las venas de la frente y al borde de perder los estribos. El chico vio que aura de luz psíquica comenzaba a rodear el plato de ella con su comida y sus utensilios a la vez que estos comenzaban a temblar.
—Por favor, Ángela… Tu eres mejor que esto… No te dejes llevar por sus provocaciones…—suplicó mentalmente Andrés deseando que no se armara un escándalo en el restaurante.
No estaba seguro si ella lo había oído con sus poderes o algo por el estilo. Pero antes de que las cosas escalaran, los objetos dejaron de temblar y la luz psíquica en estos desapareció. Sonriendo tras recuperar la compostura, Ángela cortó un nuevo pedazo de su bistec y comió un bocado antes de volver a hablar.
—Ya no soy la misma de antes, mamá. Lo que pasó durante la Conferencia fue en un contexto distinto y el viaje hasta aquí me ha hecho ver las cosas de manera diferente. Al final lo de antes fue más que un capricho de niña pequeña. Pero ahora he crecido y es algo que tienes que comenzar a aceptar—respondió ella tranquila y en un tono que sonaba particularmente maduro y sabio para lo que Andrés estaba acostumbrado de ella.
Aquella respuesta pareció hacer alguna clase de efecto en Sonia. Ya que de inmediato la mueca burlona en su rostro desapareció y este se tornó inexpresivo por un rato. Eventualmente ella suspiró y procedió a comer un bocado de su plato también antes de volver a dirigirse hacia Andrés. Mientras ocurría esto, Damian miró a su hija y le asintió con una sonrisa llena de orgullo hacia ella.
—Dime entonces… ¿Qué es exactamente tu padre? —preguntó ella.
Andrés alzó la cabeza firme y decidido. Si Ángela había podido oponerse a ella, él podía también.
—Es teniente coronel de la Fuerza Terrestre de Defensa.
—¿Entonces me imagino que él entro a estudiar a la academia militar?
El chico asintió.
—Precisamente. Era lo que soñaba hacer.
—¿Sabes una cosa, Andrés? Yo alguna vez tuve un hermano mayor, uno al cual quería bastante—comenzó a contar Sonia—. A diferencia mía él no tenía poderes psíquicos. Lo cual no es algo particularmente inusual ya que en las familias en donde el talento se manifiesta, este tiende a ser más fuerte en las mujeres. Él era empleado en una tienda, por lo que cuando estalló la guerra con Orre y las cosas comenzaron a ir mal, recibió una orden de conscripción cuando convocaron la primera ola de movilización…
Andrés hizo una mueca sintiendo hacia donde iba esta conversación. Durante aquella época hace unos veinte años atrás su padre había sido un oficial recién egresado que afortunadamente no había tenido que servir en algún frente demasiado complicado. Pero era cierto que la situación bélica se complicó hasta el punto de que fue necesario llamar a las filas a muchos hombres que habrían preferido no ir a luchar y que fueron utilizados muchas veces como carne de cañón.
—¿Tú sabes de lo que estoy hablando? ¿No? Lo puedo sentir en tu aura…—dijo la mujer psíquica— Entonces supongo que eres consciente de que mi hermano nunca tuvo otra opción más que participar en la guerra de unos cuantos vejestorios decidiendo el destino de miles de hombres jóvenes. A menos de que quisiera ser declarado un criminal por evadir el llamado…
Tanto Damian como Ángela bajaron la mirada ya que para ellos esto era un tema complicado de tratar también.
—Por las cartas que recibí de él, me enteré de que apenas le dieron unas cuantas semanas de entrenamiento y que les daban misiones extremadamente peligrosas para preservar las fuerzas de las tropas profesionales. Hasta que un día dejamos de recibir cartas y eventualmente recibimos un comunicado informando acerca de su fallecimiento en el frente alabando su aparente valentía y sentido de sacrificio…
Sonia cerró los ojos y guardó silencio para contener la emoción que estaba sintiendo en ese momento.
—Mis más sinceres condolencias…—dijo Andrés agachando la mirada y entendiendo ahora el motivo de su desdén por los militares.
—No quiero tu simpatía—interrumpió ella—. Lo que quiero es que entiendas que incluso si no tengo el poder de controlar las decisiones de mi hija por mucho más tiempo, lo quieras o no, aunque no seas una mala persona como hijo de un oficial del ejército representas para mí a las fuerzas que me arrebataron a mi hermano. Por lo que si decides insistir en estar con mi hija, no esperes que sea capaz de recibirte con los brazos abiertos como una buena suegra…
Andrés alzó la vista.
—Señora Thompson. Soy consciente de que las Fuerzas de Defensa no tomaron buenas decisiones durante la última guerra y que en un mundo ideal no hubiese sido necesario tener que declarar una movilización como la que ocurrió. También entiendo perfectamente que quizás usted ahora mismo no sea capaz de verme de manera favorable. Pero incluso si eso es así, yo insisto en mi deseo de seguir saliendo con Ángela.
»Tal como usted dijo, no podrá controlar las decisiones de su hija para siempre y eventualmente tendrá que asumir la realidad de la situación. No le estoy pidiendo que me quiera. Pero espero que algún día pueda aprender a valorarme por lo que soy y no de dónde vengo. Pero no se preocupe que soy paciente ya que usted no es la primera persona que me juzga por mi familia. Pero, si es por su hija estoy dispuesto a luchar por el ella el tiempo que sea necesario hasta que algún día pueda aceptarme. Pero por ahora hay una cosa que me gustaría que tenga presente…
Entonces procedió a mirar firmemente a Sonia a los ojos.
—Los militares pueden estar compuestos por personas falibles como todos nosotros y cometer errores. Pero no se olvide que al final del día su misión en hacer el mejor esfuerzo posible para defendernos de nuestros enemigos. En donde fue gracias a la expedición del Reino Espejismo y los hombres y mujeres que dieron sus vidas por nosotros que podemos estar los dos aquí. Y fueron los aviones y los helicópteros de las Fuerzas de Defensa los que nos salvaron cuando todo parecía perdido.
»Si no fuese por ellos, es altamente probable que usted aún no tendría idea del paradero de Ángela. Recuerde muy bien esto antes de volver dirigirle la palabra a alguno de ellos o a alguien de sus familias.
Tomada de sorpresa por sus palabras, Sonia apartó la mirada hacia un costado y no supo que contestar.
Más tarde en el Parque Central Andrés y Ángela se encontraban sentados en una banca con sus abrigos puestos en medio de esa tarde de viento tras haber acompañado a sus padres de regreso a casa. Pero en vez de pasar adentro y posiblemente seguir incomodando a su madre, los dos habían decidido salir a recorrer el centro un rato más antes de que Andrés tomase el monorriel de regreso a casa.
—Estuviste espectacular, Andrés. Me encantó como pusiste en su lugar a mi madre—le dijo ella orgullosa.
—Al final la cosa salió mejor de lo que esperaba. Pero espero que no te ofenda si digo que es una mujer temible…
Ángela sonrió sacudiendo la cabeza.
—Y eso que no la has visto en verdad enojada como yo… Ella… ciertamente tiene un carácter especial.
—Aunque tú tampoco lo hiciste nada de mal. Por un breve momento pensé que ibas a perder la compostura, pero al final lograste contenerte.
Ella sonrió y procedió a mirarlo directamente a los ojos.
—Te doy gracias a tí por eso…
—¿Entonces me escuchaste? —le preguntó él devolviéndola la mirada.
Ella asintió.
—Mi madre dijo algo extremadamente insensible. Pero creo que en el fondo entiendo lo que quería decir. Antes de viajar a Hoenn solía encapricharme con todo tipo de celebridades una tras otra y ella lo sabía. Por lo que me imagina que ella deseaba saber si lo que tenemos los dos no era más que algo similar a aquello. Pero aun así, quiero que sepas que lo que siento por ti es real y no un juego como ella quiso insinuar.
Andrés se giró por completo hacia ella y la tomó de ambas manos.
—Lo sé… Yo confío en ti, Ángela. He visto como has cambiado desde que nos conocimos, por lo que estoy seguro de que dices la verdad. Además, reitero todo lo que le dije acerca de querer insistir en esto que tenemos los dos hasta que algún día ella tenga que aceptarme…
—Andrés…
Ambos acercaron sus rostros y se besaron. Tras aquello Andrés la soltó y ambos volvieron a sus posiciones originales.
—Respecto a eso… Creo que lograste marcar la diferencia—continuó ella—. Puede ser que siga inconforme al respecto, pero al menos siento que ya no tratará de interferir entre los dos ni seguir presionándome como antes. Tal como vistes ella tiene algunas heridas bastantes profundas. Pero en mi opinión ya va siendo hora de que empiece a superarlo y que entienda que yo puedo elegir a quien quiera que se me dé la gana. Quizás aún no tengas su sello de aprobación, pero si es capaz de al menos tolerar tu presencia, diría que aquello es al menos una victoria importante.
Andrés asintió y tras aquello comenzó a mirarla detenidamente.
—¿Qué pasa? ¿Acaso tengo algo en la cara? —preguntó ella confundida.
Él negó con la cabeza.
—Nada más estaba recordando el cómo te veías cuando le respondías a tu madre… En ese momento te parecías más a ella que a la Ángela que conozco.
Ella se rio.
—¿Así que se nota que soy su hija? ¿Eh? Verás, hay algunas veces en las que hay que adaptarse a la situación en la que uno se encuentre lo mejor posible si quieres salir airoso. Más aún si se trata de alguien como mi madre. Es algo que alguna vez me enseñó mi padre que tiene que lidiar con todo tipo de personas en su trabajo. Además, a ella la conozco toda mi vida. Por lo que sé cómo es que debo actuar delante de ella cuando las cosas se ponen serias—le explicó.
—¿Entonces cuál es la Ángela auténtica? —preguntó Andrés intrigado— ¿Es la que vi hablar a allá con su madre o es la que me pone caritas inocentes cada vez que quieres que te compre una golosina?
—¡No seas malo! —exclamó ella con una risilla y procedió a arrimársele encima con un abrazo— Además… Valoro mucho cuando lo haces…
Como una forma de hacer énfasis en lo que había dicho, ella acercó el rostro y le plantó varios besos sucesivos en una mejilla. Antes de que Andrés pudiese responder, unas sirenas de emergencia comenzaron a sonar por todas partes alertándolos a ambos.
—¿Qué está pasando? —se preguntó Andrés.
—¡Habitantes de Ciudad LaRousse! —comenzó a decir la voz de una mujer— ¡Estamos ante una situación de emergencia! ¡Por favor procedan a seguir el plan de evacuación de inmediato! ¡Esto no es un simulacro! ¡Repito! ¡Esto no es un simulacro!
Momentos después el teléfono del Pokéglov de Andrés comenzó a sonar y vio que tenía una llamada entrante de su padre. Él de inmediato pasó la llamada en altavoz.
—¡¿Papá?!
—¡Andrés! ¡Si ya estás de regreso en casa busca a tu madre, sigue las instrucciones de evacuación de los Block Bots y vayan hacia el centro de la ciudad! —le dijo su padre.
—¡¿Qué está ocurriendo?!
—¡Steven Stone tenía razón, hijo! ¡El enemigo del cual nos estaba advirtiendo acaba de aparecer! ¡Un ejército de pokémon está a punto atacarnos!
Andrés y Ángela se miraron helados. Habían llegado. Por mucho que hubiese huido, Uxie y Ho-Oh los habían alcanzado.
La guerra había llegado finalmente a Ciudad LaRousse.
—Cuando llegamos a la zona donde estaba su campamento, Mei Fang y sus seguidores nos esperaban preparados para el combate. Seguramente advertidos por sus exploradores de nuestra presencia—continuó Batuo—. Aunque los superábamos en número, no podíamos confiarnos ya que no sabíamos exactamente lo fuerte que podían ser los monjes y pokémon leales a Mei Fang influenciados por el Hiperestado. Además, los bandidos que los acompañaban a pesar de no ser usuarios de aura podían ser peligrosos con sus armas de fuego de todas maneras.
»Mei Fang apareció en frente de sus tropas junto a su Mienshao y procedió a arengarlas. Prometiéndoles muchas cosas que supuestamente haría una vez que asumiese el poder y que con los tesoros del monasterio le pagaría a los bandidos que la acompañaban. El Abad hizo lo mismo con nosotros, pero yo no podía concentrarme en su discurso porque lo único que tenía en mente el temor que le ocurriese algo a Mei Fang durante la batalla…
Batuo agachó la cabeza.
—Fue entonces en ese momento previo que comenzaron a aparecer en mi mente ciertas inquietudes con respecto a ella… Durante su discurso, parecía tan diferente a como la había conocido. Más que una Monja Guardiana, parecía más bien una Señora de la Guerra hambrienta de poder y gloria. Por lo que me preguntaba… ¿Era la Mei Fang que había conocido alguna vez la verdadera Mei Fang? ¿O era esta faceta nueva que comenzábamos a conocer su verdadero rostro? ¿Realmente hacía esto porque estaba convencida de era la siguiente Avatar? ¿O a estas alturas tan solo quería el puesto del Abad?
»Y quizás lo que más me preocupaba… ¿Era yo realmente importante para ella? ¿O tan sólo me había visto como un medio para alcanzar un fin? Las cosas que me dijo… Lo que hicimos esa noche a solas… ¿Fue de verdad? ¿O tan sólo me manipuló y sedujo aprovechándose de mis sentimientos por ella para convertirme en su agente tras las murallas del Monasterio? —dijo Batuo en un tono angustiado.
El Maestro Monje sacudió la cabeza.
—Mientras le seguía dando vuelta a estas dudas, el Abad ordenó que comenzáramos el ataque. Lo que me permitió al fin espabilarme y entonces la batalla comenzó…
»Las guerras y sobre todo las guerras civiles son algo tan triste y cruel, Arthur… Nos estábamos enfrentando a personas que hasta hace un año atrás eran nuestros amigos y camaradas… nuestra familia… Y ahora teníamos que matarnos entre nosotros…
»El campo de batalla pronto se cubrió de sangre, y a pesar de nuestra superioridad numérica, tal como sospechábamos los monjes al servicio de Mei Fang gracias el poder del Hiperstado eran más poderosos que antes y varios de nosotros cayeron ante ellos. Pero a la vez, muchos de ellos terminaban siendo sobrepasados por sus emociones. Volviéndose incontrolables y predecibles en sus movimientos, los que nos permitía poder derrotarlos.
»Respecto a los bandidos, al final no fueron de gran utilidad a Mei Fang. Probablemente porque no estaban acostumbrados a luchar a batallas a campo abierto, sino que en emboscadas y usualmente en contra de objetivos fáciles. Y a pesar de sus armas de fuego, ellos carecían de disciplina y seguramente se encontraban intimidados por nuestras artes marciales y habilidades sobrenaturales en el aura. Por lo que una vez que pudimos aproximarnos a los bandidos, estos rápidamente perdieron la moral y terminaron huyendo para intentar salvar sus vidas cuando sus balas no podrían perforar nuestras barreras defensivas…
Batuo se detuvo por unos instantes, como si se estuviese preparando para decir lo que se venía a continuación.
—Eventualmente en medio del caos de la batalla… me encontré cara a cara junto a Medicham con Mei Fang y su Mienshao delante de mí. En este instante me quedé paralizado sin saber que decirle. Pero entonces me vio con unos ojos llenos de ira hacia mí y dio la orden a su compañera de atacarnos.
»Fue entonces que comenzamos a combatir los cuatro. Yo contra ella y Medicham contra Mienshao. Mei Fang ya era más poderosa en el aura que yo antes de que partiese. Por lo que ahora con su nuevo poder en el Hiperestado me di cuenta de que simplemente no tenía oportunidad contra ella. Aun así… intenté hablarle… Intenté convencerla de que desistiese de esta locura. Le prometí que, si ella y sus seguidores se rendían, haría todo lo posible para defenderlos ante el Abad y el Consejo de Ancianos porque aún seguía amándola…
»Cuando dije esto último, ella parecía enfurecerse aún más y me atacó con una ferocidad que parecía más propia de una bestia que de una persona. En ese momento comencé a cuestionarme seriamente si Mei Fang realmente me había amado alguna vez, o si todo lo que había ocurrido entre los dos no había sido más que una mentira. Pero entonces… entonces…
El antiguo maestro comenzó a sollozar de una manera que Arthur nunca había visto e imaginaba ver alguna vez de él.
—Entonces noté que de un momento a otro que Mei Fang comenzó a titubear en sus ataques… Hasta que finalmente ella se detuvo delante de mí y… comenzó a llorar… Lo que me hizo detenerme en seco de la impresión…
»Mei Fang me miró entonces y me preguntó en un tono de súplica… "¿Por qué, Batuo? ¿Por qué me traicionaste y decidiste aliarte con el Abad? Tus eras las persona en la que más confiaba y me importaba en todo el mundo… Alguien que pensé que nunca me traicionaría en algo tan importante…". Tras detenerse unos instantes entonces continuó. "Todo este tiempo esperé volver a verte… Sobre todo… porque hay algo muy importante que tengo que mostrarte… Pero ahora que vuelvo me haces esto…"
»Fue en ese momento que me di cuenta de que la Mei Fang que conocía seguía existiendo oculta detrás de toda la oscuridad que se había arraigado en su corazón debido al poder del Hiperestado… Que en verdad me había amado todo este tiempo y que le dolía profundamente verme en el bando opuesto… En ese instante no aguanté más y le supliqué que me perdonase por lo que había hecho y que me diese otra oportunidad de ayudarla… Pero insistí que con el poder de los Hijos de Hundun nunca podría cumplir con la Profecía del Séptimo Avatar y que ella debía saberlo… Le pedí que por favor regresara a mi lado, y que entre los dos encontraríamos alguna forma de arreglar todo este asunto juntos…"
Batuo dejó de sollozar, pero su semblante se ensombreció.
—Por un instante sentí que mis palabras habían tenido efecto y que Mei Fang estaba considerando seriamente desistir. Pero entonces, apareció el Abad junto a su Urshifu y lo arruinó todo…
La historia continuará en Mayo en el capítulo 11: Evacuación.
