Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es beautypie, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to beautypie. I'm only translating with their permission.


Advertencia: El capítulo contiene violencia.


Capítulo 22

Piedad

Zafrina estaba parada afuera de las puertas de vidrio de uno de los edificios más protegidos del país. Nunca había estado allí antes. Y tampoco jamás había estado tan nerviosa antes.

Al carajo con Carlisle y su astucia. Si bien siempre había sido su cliente favorito, desde que se lo habían entregado después de que su conexión anterior muriera, también le gustaba bastante ponerla en las peores y más ridículas situaciones. Como si todo fuera un juego para él, y que constantemente quisiera que ella demostrara su valor para él.

Sin embargo... Ella genuinamente respetaba al hombre. Le habían informado incluso antes de conocerlo por primera vez que tenía una forma de hacer eso. El hecho de que alguien tan formidable confiara en ella para hacer esto por él...

Ella tenía una oportunidad en esto. Y no podía fallarle. Fallarle a ella también.

Respirando profundamente, entró con sus tres guardaespaldas y se abrió paso a través del vestíbulo. Una mujer con un traje elegante ya la estaba esperando, apoyada contra la pared gris opaca del lado opuesto del espacio casi vacío.

Zafrina la reconoció, pero eso solo empeoró su estado de nervios. A pesar de todo, logró estirar un brazo para saludar a la directora de inteligencia nacional en funciones.

—Señora directora Davis.

Davis era una mujer extrañamente alta, pálida e intimidante. Sus ojos azules miraron a Zafrina con frialdad durante varios segundos antes de decidir estrecharle la palma de la mano.

—Hola, Zafrina. Bienvenida a la NSA.

Zafrina sonrió tensamente.

—Es un privilegio.

—Nunca estuviste aquí —respondió Davis concisamente, antes de hacer un gesto para que el grupo la siguiera. Cuando llegaron a un pasillo oscuro que Zafrina supuso que conducía a los ascensores, Davis dijo—: Así que tú eres la limpiadora. Además de ser la culpable de todos los dolores de cabeza recientes de nuestra defensa nacional.

Zafrina se detuvo de golpe y vio a la DNI presionar un dedo impaciente contra el botón del ascensor.

—Las bajas civiles siguen siendo mínimas en nuestro lado. Solo los del otro lado han estado matando inocentes.

—Mínimas… —tarareó Davis. Esperó hasta que estuvieron dentro del ascensor antes de volver a hablar—. Escuché que una agencia de prensa entera en Arizona fue incendiada hace poco más de un año. Y un puñado de sus empleados, eh, se fueron de la ciudad y nunca más fueron vistos.

Mierda.

—Desde el principio, nunca garantizó el cero por ciento. Solo un mínimo.

Hubo una larga pausa.

—Supongo que tienes razón. Yo estaba allí, después de todo, cuando se hizo el trato.

Las puertas finalmente se abrieron y Davis los condujo una vez más a otro laberinto de pasillos. Estaba… terriblemente silencioso. Como si el lugar estuviera vacío. O tal vez debido a la delicadeza de la discusión, la gerencia había decidido obligar a la mayoría del personal a tomarse un día libre.

—Después de ti —dijo la DNI, señalando unas intimidantes puertas de metal.

Aquí vamos, pensó Zafrina antes de entrar.

La sala era enorme y estaba repleta de gente importante y familiar de varias ramas del gobierno. Estaba segura de que una congregación de este tamaño de almas depravadas falsas y de sonrisas plásticas y practicadas nunca antes había ocurrido en la historia de los Estados Unidos.

Carlisle tenía razón. Este país estaba realmente jodido.

Zafrina se dirigió a la plataforma elevada en la parte delantera del salón y se apoyó contra el podio pulido. Sus ojos encontraron inmediatamente a cierto senador inquieto —sangre fresca, pensó descaradamente— que estaba sentado en la segunda fila.

Le guiñó un ojo a Grady. Él se sonrojó visiblemente.

—Buenos días, damas y caballeros —saludó Zafrina cordialmente—. Estoy segura de que todos ustedes han sido informados de por qué han sido convocados aquí hoy. Después de todo, no es sólo una cuestión de seguridad nacional, sino también una cuestión de… supervivencia.

Sesenta figuras visiblemente se movieron incómodamente en sus asientos frente a ella. Zafrina notó que la propia DNI ocupaba su asiento al frente de la multitud, con ojos azules penetrantes y sin pestañear.

—Seré directa y breve —decidió decir Zafrina—. Todos ustedes frente a mí son partes interesadas de Bluewave. Son suspartidarios, sus patrocinadores. Él ha hecho innumerables favores por su bien. Y hoy, les pide que paguen sus deudas.

—¿Nuestras deudas? —preguntó un funcionario de edad avanzada desde la última fila—. El hombre nos ha desangrado. Hacer la vista gorda continuamente ante las atrocidades de su organización debería ser suficiente pago.

Zafrina entrecerró los ojos. El descaro...

—¿Suficiente pago? Ninguno de ustedes estaría donde está hoy sin su ayuda. Sin su discreción.

Hubo una ola de susurros en el pasillo con reacciones divididas. Un senador en el extremo derecho de la sala decidió plantear la pregunta: «Digamos que es verdad. La solicitud es inaudita, lo opuesto a la discreción. Todo el mundo estará observando si cedemos a su pedido».

Zafrina tragó saliva.

—Eso podría ser verdad.

Otra ola de susurros, esta vez más indignados. Sin embargo, estaba ligeramente sorprendida de que la expresión de la DNI se hubiera vuelto pensativa y calculadora. Al final, Davis se puso de pie y subió a la plataforma al lado de Zafrina.

—Eso depende de la NSA, que lo controle y decida —anunció la DNI con calma.

Otro funcionario que se encontraba al este jadeó.

—Señora directora... ¿No estará diciendo que nuestra propia seguridad nacional está apoyando esto por completo? ¿No ha hecho lo suficiente...?

—No me importa Carlisle Cullen —la mujer se interrumpió y el silencio se apoderó de la habitación al oír el nombre del hombre—. Me esfuerzo por ver y evaluar a las personas según su valor. Seamos honestos... se está haciendo viejo. En una década o dos, será inútil y obsoleto.

El ojo de Zafrina se contrajo ante eso.

—Entonces, ¿por qué...?

—No he terminado —dijo la señora Davis, con la voz más alta y aguda que nunca. Giró la cabeza hacia Zafrina—. La televisión ya está conectada. Muéstrales la trasmisión.

Zafrina tragó saliva. Tomó el control remoto de la mesa y encendió la pantalla grande. Inmediatamente, una ola de jadeos horrorizados y rugidos de indignación resonaron en el gran salón ante la vista. Incluso la propia Zafrina luchó por mantener sus ojos fijos en lo que la joven estaba pasando en ese momento.

La pobre chica...

Davis, por otro lado, permaneció tranquila.

—Rebobinalo. Al mensaje.

—Sí, señora.

Le tomó un par de minutos agonizantes, pero finalmente encontró la escena de la que hablaba la DNI. Sintió que su respiración se volvía inestable mientras observaba a la hermosa mujer con el vestido verde andrajoso secarse las lágrimas. A pesar de todo, todavía había una dulce inocencia en su expresión.

"Sé que están escuchando."

La habitación entera estaba inquietantemente silenciosa.

La chica sonrió tan suavemente que el corazón de Zafrina se dolió.

"Sé que duele verme así. Ver por lo que estoy pasando. Pero recuerden que me ofrecí voluntariamente a hacerlo. Esto es de lo que soy capaz."

Zafrina notó que las manos de Davis se curvaban en puños temblorosos a sus costados, pero la expresión de la mujer permaneció fría.

Y fue entonces cuando Bella Swan comenzó a llorar.

"Pero eso no significa que quiera morir todavía. Todavía tengo... tantas cosas que hacer en este mundo. Prometí que volvería a casa. Necesito cumplir esa promesa, al menos. Así que, por favor, ayúdenme."

Una vez que la chica comenzó a cantar para sí misma, Zafrina notó que el Senador Grady enterró su rostro en sus manos, llorando en silencio. La DNI también caminó lentamente de regreso a su asiento, sentándose pesadamente.

Asintió una vez a Zafrina, indicándole que continuara.

—Muchos de ustedes ya han conocido a esta mujer —dijo solemnemente, mientras sus ojos se dirigían rápidamente hacia las personas en cuestión—. Ella ha obtenido más favores de ustedes de los que el Sr. Cullen jamás había obtenido en el mismo corto período de tiempo. Esta... es Dama Fortuna. El propio Carlisle la aprobó y la avaló, algo que todos sabemos que el hombre nunca había hecho antes. Y ahora... vemos por qué. Vemos justo de lo que es capaz.

—Por favor, apáguelo —gimió el Senador Grady.

Zafrina suspiró antes de pausar la transmisión.

—La pobre chica se puso en esta situación porque sabe que es la única manera en que la escucharemos. Todo lo que pide a cambio por todos los favores que nos ha hecho es que recojamos su regalo, Wynona, en bandeja de plata. Ya tenemos su ubicación exacta, pero bien protegida, y hemos preparado un plan de infiltración. Pero Bluewave carece de números. Todos los que estamos aquí podemos estar de acuerdo en que la loca se ha salido de control, especialmente por la forma en que ha comenzado a usar las vidas de inocentes. Si logra derrocar a Bluewave... ninguno de nosotros estará a salvo.

—Eso no es todo lo que está pidiendo —dijo otro oficial con gravedad—. Quiere que la salvemos. Y todos sabemos que la única forma de hacerlo es enviar soldados oficiales para luchar junto a la propia banda de criminales de Bluewave. No hay forma de que eso se mantenga en silencio y de forma discreta, ni siquiera con la ayuda de la NSA. Todos los que estamos aquí estaremos implicados. Eso es... Técnicamente, esto sigue siendo una lucha interna y no es nuestra guerra.

Zafrina se volvió hacia la señora Davis, cuya mirada estaba fija sin pestañear en la transmisión en vivo pausada. En el hermoso, pero completamente exhausto rostro de Bella Swan.

—Él dio fe por ella —dijo Davis suavemente, sus ojos azules se suavizaron—. Una jovencita que ni siquiera es de su propia sangre. Él no tenía ningún derecho a hacer eso. Uno de los hombres más peligrosos del país depositó su confianza en ella y la envió a su propia destrucción, pero ella cumplió con su palabra sin fallar. De todo corazón. Y todavía está... sonriendo.

Se puso de pie de repente, encarando a la multitud con una mirada penetrante en sus ojos esta vez.

—Tiene más valor y fuerza que todos nosotros, los idiotas, juntos.

Zafrina inhaló profundamente.

—Ya no se trata de discreción ni de política, idiotas —dijo Davis en voz baja—. Se trata de salvar a una chica que probablemente tenía toda la vida por delante antes de ser absorbida por nuestro mundo de codicia. Por una vez en nuestras malditas vidas, mostremos algo de piedad. Algo de maldita compasión.

Hubo un largo y tenso silencio. Después de casi un minuto entero, un senador se levantó de su asiento con la mano en el aire.

—Voto por salvarla —anunció el senador Grady con firmeza.

Pronto, más de las tres cuartas partes de la sala se pusieron de pie para apoyar lo mismo.

~DF~

Edward finalmente cedió. Aunque todavía estaba absolutamente angustiado, se las arreglaba para comer un par de veces al día. Y Carlisle había confiado lo suficiente en él como para quitarle las esposas después del cuarto día de arresto domiciliario.

Estaba en medio de una comida de medianoche con su teléfono reproduciendo la canción de ella cantando en la transmisión cuando escuchó los suaves golpes en la puerta.

No lo miró cuando la puerta se abrió, como de costumbre. Edward mantuvo su mirada fija en la pantalla mientras continuaba masticando robóticamente el trozo de pollo que ya se había enfriado.

Aparentemente, Carlisle no solo venía a verificar si su hijo no se había lastimado o matado. Quería una conversación real esta vez. Edward apagó la transmisión e instintivamente giró su asiento cuando el rubio se sentó en el borde del escritorio, con los brazos cruzados alrededor de su pecho.

—Te enviaré otra comida —dijo Carlisle suavemente.

Edward tragó saliva.

—No la quiero.

—La necesitarás.

El joven Cullen frunció el ceño con confusión y finalmente levantó la vista para mirarlo. Su padre parecía más exhausto de lo habitual, pero esa no era la razón por la que su corazón se detuvo. El hombre estaba... sonriendo.

—Si me estás haciendo ilusiones ahora mismo...

—No lo estoy haciendo —interrumpió Carlisle suavemente, poniendo una mano en el hombro de su hijo. La otra mano se dirigió hacia su bolsillo trasero y sacó un familiar revólver Colt personalizado.

Edward inmediatamente sintió que las comisuras de sus ojos se humedecían cuando su padre se lo entregó gentilmente.

—Puedes acabar conmigo después de que todo esté hecho —dijo Carlisle—. Pero te necesito de mi lado hoy. La única tarea que te estoy dando es salvarla, sin importar el costo. ¿Puedes hacer eso?

Edward intensificó su agarre alrededor del arma de Bella.

—¿Sin importar el costo…?

Hubo una pausa.

—No necesito a mi hijo diplomático para esto. Necesito el arma letal que tú mantienes constantemente bajo control. O mejor aún, que ella mantiene bajo control.

Edward apretó la mandíbula.

—Si ese es el caso, entonces sabes que odio los revólveres. Son inconvenientes y, por no mencionar, una molestia para recargar —logró decir, después de varios segundos.

Carlisle se rió entre dientes ante eso.

—Ese es solo para que se lo des cuando la vuelvas a ver. Todavía conservo y mantengo tu arma favorita desde hace mucho tiempo. ¿Debería devolvértela?

—¿Tú… la conservaste?

—Por supuesto. —Carlisle se puso de pie de nuevo—. Tú y yo recordamos tus asesinatos de manera muy diferente. Supongo que tu memoria está nublada por la culpa. Yo… lo recuerdo con más cariño. Fue el primer y único pasatiempo real que ambos compartimos.

La mirada de Edward se volvió abatida.

—Eso es enfermizo.

—Lo sé —suspiró—. Nos vamos en treinta minutos. Asegúrate de abastecerte para entonces.

Sin embargo, antes de que Carlisle pudiera salir por la puerta, su hijo se había levantado para jalarlo del antebrazo.

—Oye.

El rubio se giró lentamente para mirarlo, inclinando la cabeza.

—¿Qué tarea te asignaste? —preguntó Edward, soltando su brazo.

—La obvia —dijo Carlisle suavemente—. La voy a vengar. Y tampoco me voy a contener en absoluto esta vez.

—Laurent es mío —afirmó Edward en voz baja—. Todos y cada uno de los que la tocaron son míos.

Carlisle entrecerró los ojos, antes de asentir una vez.

—Eso es justo. ¿Eso es todo?

Los labios de Edward temblaron y parecía estar luchando por encontrar las palabras adecuadas para decir. Finalmente, dijo: «No hagas nada estúpido».

Su padre inhaló lentamente.

—Tu vida también es mía para tomar —dijo con voz ronca—. Recuérdalo. Así que no te atrevas a dejar que te maten. ¿Me escuchas?

Te perdonará. Siempre lo hace.

Los ojos cerúleos de Carlisle se suavizaron.

—Lo tendré en cuenta.

~DF~

Bella podía estar en su punto más bajo ahora, pero estaba jodidamente segura de que no iba a dejar que un idiota como Laurent ganara. Después de sufrir dentro de las mismas cuatro paredes destartaladas durante tanto tiempo, incluso había logrado una forma de llevar la cuenta del tiempo gracias a la mísera luz del sol que entraba por la pequeña ventana del sótano casi cubierta cerca del techo. Supuso que se acercaba a la marca de los cinco días.

Ella iba a sobrevivir.

Tu instinto de supervivencia prevalece sobre todo lo demás, sobre cualquier otra persona. Al igual que yo.

Te convertirá en una superviviente, incluso en las peores situaciones.

Bueno. Por mucho que no quisiera decepcionar a Carlisle, últimamente se estaba volviendo un poco más difícil controlar sus pensamientos oscuros.

Tal vez era porque la estaban matando de hambre. Los guardias solo le daban una hogaza de pan cada doce horas, que ella siempre devoraba con avidez y desesperación.

Quizás también era porque la mayor parte del tiempo la mantenían atada a esa estúpida e incómoda silla. Solo la liberaban por dos razones: para que hiciera sus necesidades en baldes que se guardaban en el otro extremo de la habitación, o para la conveniencia de sus torturadores.

El punto álgido de su lucha estaba llegando. Porque ahora podía verlo a él, de pie justo frente a ella. Sabía que era una alucinación. Pero no podía evitar alimentarse de ella.

—Papá —murmuró, sonriendo suavemente mientras una lágrima rodaba por su mejilla.

Parecía demasiado real. Su cerebro logró imaginarlo con su antiguo uniforme de policía, y su sonrisa con bigote era tan amable como la recordaba.

—Hola, cariño.

Cerró los ojos con fuerza. ¿Su mente estaba tratando de ser cruel o amable?

—No quiero verte. Así no.

—Pero te extrañé.

Dios… —Estaba sollozando ahora.

Se lo estaba imaginando arrodillado frente a ella, colocando una mano tranquilizadora sobre su rodilla.

—Es mi culpa, ¿no? ¿Que estés aquí?

Bella sacudió la cabeza vigorosamente.

—No hagas eso.

—Pero lo es —suspiró él—. Te he condenado desde el momento en que naciste. Nunca tuviste una oportunidad.

Ella soltó un suspiro tembloroso.

—No podemos elegir a nuestros padres. Lo único que podemos elegir hacer... es amarlos y perdonarlos.

La sonrisa de él era melancólica.

—Pero ahora puedes dejarlo ir, Bells. Puedes volver a casa conmigo. Ya has pasado por suficiente.

—Ya veo —dijo ella, tragando profundamente y cerrando los ojos de nuevo. Su mente estaba siendo amable, al fin y al cabo. Misericordiosa. Pero...—. No puedo.

—¿Por qué no?

—Ya tengo un hogar, papi —suspiró—. Hice una promesa.

—¿Con quién estás hablando?

Abrió los ojos de golpe con lágrimas todavía corriendo por sus mejillas y, a pesar de ser plenamente consciente de que todo había estado en su cabeza, su corazón se rompió cuando la aparición prácticamente había desaparecido. Solo estaba de cara al duro suelo de cemento.

—¿Con quién estás hablando? —volvió a gritar la suave y familiar voz.

Bella apretó los puños a los costados antes de levantar lentamente la vista para contemplar a su nuevo visitante.

—Pensé que nunca aparecerías.

Tanya no se veía bien. Se había vuelto más delgada en los últimos meses, y su cabello, generalmente amarillo brillante, se había vuelto opaco y sin vida. Ese día, vestía un par de jeans sueltos y una camiseta marrón demasiado grande.

Pero Bella la vio de inmediato. La banda amarilla todavía estaba envuelta alrededor de su dedo anular. Sin embargo, la misma mano también sostenía una daga alargada.

Esto es todo, pensó.

—Todavía no me has respondido —dijo la rubia, con su voz tan muerta como se veía, mientras caminaba hacia adelante hasta que estuvo a solo un par de pasos de la prisionera.

—Solo te molestará.

La mano de Tanya se apretó visiblemente alrededor del mango del cuchillo.

Se reclinó en su asiento y exhaló un profundo suspiro.

—¿Por qué me odias, Tanya? Pensé que éramos amigas.

Sabes por qué.

—Estoy bastante segura de que mi papá nunca te tocó —dijo Bella, riéndose a pesar de la grave situación—. Y nunca lo haría. No eres su tipo.

—Dios mío —resopló Tanya, cerrando de repente la brecha entre ellas y presionando la hoja contra la garganta de la chica—. Eres realmente peor que el resto de ellos.

—¿En serio? —escupió Bella—. ¿De verdad me estás diciendo eso a la cara? ¿Después de saber lo que tus amigos me han estado haciendo los últimos días?

Eso hizo callar a la mujer. La mano con el cuchillo cayó flácida a su costado.

—No son mis amigos.

—¿Crees que merezco esto, entonces? —Bella hizo un gesto con los hombros—. Tengo la sensación de que así es como lo estás justificando en tu cabeza. Me quedé parada y vi a innumerables chicas inocentes como tú sufrir y morir a manos de mi padre porque no se atrevía a tocarme. Su dulce y perfecta niñita. Es justo que sepa cómo se siente. Pagar el mismo precio. ¿Me estoy acercando?

—Cierra la maldita boca, Fortuna —maldijo Tanya, sus ojos azul pálido abriéndose de par en par con rabia.

—¿Sabes lo que es, Tanya? —Bella continuó de todos modos—. Creo que solo estás celosa.

—¿Estás...? ¿De verdad vas a probarme? ¿Con un maldito cuchillo en mi mano?

—¡Estás jodidamente celosa porque nunca antes te han amado!

El cuchillo de Tanya cayó al suelo y ella envolvió sus manos con fuerza alrededor del cuello de la chica atada. Dejó que sus uñas se clavaran en su piel mientras la estrangulaba con una furia ciega.

—Tú... nunca entenderás... cómo es... —soltó Bella, y su pálido rostro se puso rojo lentamente—. Ser amada... verdadera e... incondicionalmente.

La rubia la empujó bruscamente mientras la soltaba, lo que provocó que Bella cayera hacia atrás al suelo mientras seguía atada a la silla. Tanya comenzó a llorar fuerte mientras ella también caía al suelo junto a ella.

—Vete a la mierda, Bella —sollozó.

—Tú solo sabes... cómo es darlo —dijo Bella mientras jadeaba en busca de aire—. A eso es a lo que iba con eso.

—Él murió por ti —gritó Tanya desdichadamente—. Un monstruo cruel y egoísta murió por ti. No puedo... no lo entiendo. No puedo asimilar eso.

Hubo una pausa.

—¿Puedes ayudarme a levantarme?

Tanya inclinó la cabeza hacia atrás y suspiró.

—Solo una de nosotras va a salir con vida de este lugar, Bella. Y estoy aquí para asegurarme de que seas tú.

Silencio, por unos largos segundos.

—¿Puedes ayudarme a levantarme? —preguntó de nuevo.

Por el amor de Dios. Tanya tomó su cuchillo de nuevo y se puso de pie, decidida a cumplir con la petición. La expresión de Bella permaneció extrañamente neutral mientras la levantaban con su asiento a su posición original.

—Tú estabas condenada igual que yo, Tanya —dijo finalmente Bella—. Desde el momento en que naciste. Simplemente elegimos caminos diferentes en un punto de nuestras vidas, por eso estoy en este asiento y tú sostienes el cuchillo.

—¿Qué camino?

—Elegiste fingir —dijo Bella, sonriendo con nostalgia—. Que no tienes remordimientos, que tuviste el estómago para prosperar en este mundo. Nunca lo hiciste. En el fondo, tienes el corazón más suave de todos nosotros. No mereces estar aquí.

La mirada de Tanya se volvió abatida.

—¿Y qué camino elegiste tú?

—Absolutamente lo contrario —suspiró Bella—. Elegí aceptarlo. No tengo el corazón que desearía tener, pero seguro que tengo el estómago que tú desearías tener.

Sus ojos se suavizaron mientras miraba a la mujer frente a ella nuevamente.

—Por supuesto que terminarías sosteniendo el cuchillo —susurró—. Estás aquí para matarme. Para cumplir tu promesa, probablemente tu parte del trato con Wynona. Pero sabes lo que eso significa, ¿no? ¿Cómo es que esta es una elección imposible con un solo final?

Tanya soltó un suspiro tembloroso.

—Crees que no puedo hacerlo.

La sonrisa de Bella se ensanchó.

—Crees que quieres hacerlo. Pero el destino es cruel. Le dio el cuchillo a la única en nuestro mundo que tiene el corazón y no el estómago.

Tanya cerró los ojos.

—Incluso si eso es cierto…

Sólo una de nosotras saldrá con vida de este lugar.

—La elección imposible —dijo Bella sombríamente.

—No, no voy a morir por ti, Fortuna —dijo Tanya con firmeza. Molesta—. No voy a ser una de tus víctimas.

La morena frunció el ceño, su mirada calculadora mientras repetía una y otra vez en su mente las palabras que Tanya acababa de decir.

—Está bien. Entiendo. Y por si sirve de algo, yo... te perdono, Tanya.

La rubia respiró profundamente antes de dar otro paso adelante. Tomó otras tres respiraciones antes de finalmente juntar el coraje para inclinarse y enterrar rápidamente la daga en el costado del estómago de Bella. El mismo lugar donde Tanya había recibido el disparo.

Mierda... —maldijo Bella en voz alta, cerrando los ojos con fuerza mientras procesaba el nuevo e insoportable dolor.

Tanya mantuvo su cuchillo enterrado y soltó el mango. Sus labios todavía estaban flotando sobre la oreja de la chica.

—Están aquí —susurró lo más silenciosamente posible—. Espero que puedas lograrlo.

—Dámelo —susurró Bella.

Mientras seguía encorvada sobre la chica y de espaldas y bloqueando a ambas de la cámara que grababa, Tanya giró el anillo en su dedo tres veces antes de colocarlo alrededor del de Bella.

Tanya dio varios pasos temblorosos hacia atrás. Sus ojos estaban vidriosos y no parpadeaban mientras murmuraba: «Voy a dejar que te desangres como un cerdo. Es solo lo que te mereces».

—Vete a la mierda... Te veré... en el infierno —gruñó Bella, agarrando el mango del cuchillo mientras veía a la rubia alejarse.


NSA: Agencia Nacional de Seguridad.

DNI: Directora Nacional de Inteligencia