54- Aunque mueras de angustia
Mí plan sobre el embarazo de Amy no iba tan perfectamente como había planeado en un principio.
El régimen de cero azúcares procesadas se cayó a la 2 semanas, cuando Amy tuvo un brote tan violento que destrozó la mesa y me arrojó las sillas en cuanto le dije que no podía comer helado y tras pedir ayuda Rougue llegará con dulces.
El plan de que ella hiciera todos los chequeos médicos en la casa también se estaba yendo a pique porque insistía en ir con su obstetra, que me resultaba el mobiano más molesto del mundo.
Sonic y Knuckles habían compartido sus inquietudes, concejos y experiencias conmigo tantas veces como los consulte, la mayoría sin adquirir mucha información relevante.
La información más inútil la había obtenido de Knuckles quien solo me decía que dejara a Amy sola y la incentivara a comer sin ningún tipo de sentido nutricional, energético o calórico.
Sonic, por otro lado y muy a mí pesar, me había dado un par de concejos que resultaron útiles a la hora de detectar cuando vendría el siguiente cambio de humor o como reaccionar ante algunas situaciones. Sin embargo el éxito de sus concejos serían cosas que me llevaría a la tumba.
Mí otro plan de remodelar, agrandar la casa y convertirla en una fortaleza autosuficiente estaba yendo muy bien por ayuda de Omega día y noche, era el único que podía mantener el ritmo sin comer ni dormir.
Pensó en la última vez que trato de dormir unos minutos solo para mantener la costumbre y no pudo evitar el escalofrío que sintió al pensar en la horrible pesadilla que había tenido sobre Amy y su...bebé.
Nunca había sido religioso, aún se reía de los que rezaban por los destinados y a otros dioses, sin embargo más de una vez rezo por Caos que su futuro bebé fuera más parecido a Amy que a él.
Tenía a veces pensamientos muy realistas sobre como todo podía ir mal, sobre como su bebé sería un ser sediento de sangre y muerte, o como mataría a Amy al salir o afectaría su salud a medida que crecía y se alimentaba de ella por su conexión de "Cordon umbilical", ese maldito concepto que aún no podía dejar de asociar a una manguera en un tubo lleno de agua como le había pasado a él.
Amy estaba de mucho mejor humor desde que le permitía comer dulces con sus comidas o snacks de vez en cuando, pero no perdía un momento para controlar sus niveles de azúcar en sangre y latidos del corazón.
Ya había aprendido a través de cursos intensivos a usar todas las máquinas que Prower le había mandado, incluso sabía leer un ecógrafo, lo que le resultó la máquina menos eficiente para ver a un bebé por sus incongruencias de imagen.
Aún así, había aprendido y de vez en cuando Amy accedía a qué le hiciera un chequeo general y tener un seguimiento aún mayor.
Nadie más que Omega había visitado la casa hacia más de 6 meses, o en términos médicos 24 semanas, desde que se enteraron de que Amy estaba embarazada.
Quería tratar de mantener un ambiente lo más limpio, pacifico, y predecible para poder cuidar de Amy. Aunque no se lo estuviera facilitando mucho.
Su mente ya no necesitaba dormir para tener pesadillas sobre todo lo que podía salir mal, lo que lo hacia trabajar más duro en terminar con la remodelación e insistir a Amy con sus chequeos.
Ella, sin embargo comenzaba a molestarse cada vez más seguido por mí protección. Me daba cuenta de que quizá estaba exagerando, pero la gran cantidad de posibilidades y variables que rodeaban el acontecimiento del embarazo no me dejaban tranquilo y no podía pensar con suficiente claridad para darme cuenta de que quizá estaba asfixiando un poco a Amy.
Note eso cuando un día, Amy me sujeto de la parte de atrás de la chaqueta y bajo arrastrándome por las escaleras. No me resistí ya que temia que el más mínimo movimiento en falso podría asustarla y ella podría caerse.
─Es hora de que te detengas.
Me dijo cuando llegamos al comedor. La mire sin saber a qué se refería.
─Ren ni si quiera puede salir a pasear al jardín sin que se active todo un protocolo de seguridad.
─Es un sistema de defensa en caso de...
─No me importa.
Me cortó y vi que de nuevo saltaría una ola de violencia. No me molestaba para nada que fuera violenta, podía resistir cualquier cosa si eso la ayudaba a calmarse. No es que no hubiera recibido una buena dosis de sus martillazos que no me daban más que alegría de que aún estuviera lo suficientemente fuerte como para golpearme.
Sin embargo parecía haber más.
─Shadow... Ya no puedo seguir así. Me estás asfixiando.
Soltó con lágrimas en los ojos y por un momento deje de respirar. Yo nunca había sido motivo de sus lágrimas, en el sentido real, luego de que nos hubiéramos arreglado.
─No puedo salir, mis amigos no pueden venir, no me dejas hacer nada sola, yo... Ya no lo soporto.
Soltó y se le quebró la voz al terminar. Quise arrepentirme de todo lo que había hecho pero no podía. Aún estaba aterrado de que el bebé fuera aún alien malvado y no entendía por qué Amy no lo veía.
Sin embargo podía tirar todo lo que sentía a la basura si eso hacia que ella dejará de llorar.
Me arrodille delante de ella y tome sus manos.
─Esta bien...está bien...yo, dejaré de tratar de controlarte y quitaré todos los sistemas de seguridad, y ya no controlare lo que comes...pero no llores por favor.
Le suplique y vi a Amy calmarse un poco, se limpio los ojos y se puso seria de nuevo.
─No necesito que seas tan controlador Shadow, entiendo tu miedo, no creas que no. Pero si te tomarás un minuto para verlo a mí modo, quizá podrías disfrutar un poco está etapa y dejar de sufrirla.
Puso mí mano en su estómago y sentí un movimiento. Por un segundo quise retirar la mano a toda prisa, pero me detuve sabiendo que el bebé también era parte de Amy.
El bebé tendría parte de Amy siempre.
No podía odiar a algo que fuera parte de ella.
Tragando saliva, la mire de nuevo.
─Tendras que ponerme un límite, respetaré lo que digas...pero no quiero verte sufrir.
Ella asistió y me dio un tirón para que me pusiera de pie. Me abrazo y fue extraño. Podía sentir el estómago entre nosotros y era como si hubiera una tercera persona.
Lo que no estaba tan errado ya que si era un intruso, pero en realidad eran dos.
Respire su aroma ligeramente diferente por las hormonas y me prometí no asfixiar a Amy aunque muriera de angustia.
