Cruce de Caminos
En lugar clasificado dentro de Ciudad LaRousse, una serie de figuras se encontraban sentadas alrededor de la mesa de una sala de conferencias. Tres de ellas eran hombres de mediana edad y vestidos como altos oficiales que conformaban el Estado Mayor interino de las Fuerzas de Defensa en Hoenn. Mientras que las dos restantes eran el alcalde Lund de Ciudad LaRousse y Steven Stone.
—Nos hemos vuelto a reunir aquí para continuar con la discusión que dejamos pendiente la vez anterior—comenzó diciendo el alcalde que era un hombre de rostro enjuto y cabello corto de color azul metálico— Igual que la vez pasada, estaré presente en representación de los gobernadores de las prefecturas de la región y tengo la autorización para tomar decisiones en nombre de ellos.
Lund hizo una breve pausa antes de continuar.
—Quiero comenzar diciendo que las negociaciones por radio con el Reino Espejismo han sido un éxito y que han decidido aceptar nuestras condiciones. A cambio de ayudarles con envíos periódicos de suministros energéticos y otros recursos que necesitan, nos darán a cambio buena parte de la sobreproducción de alimentos que producen actualmente.
»Junto a esto también aceptaron cedernos el control de Jirachi, el meteorito asociado a este y que también ayudarán con el traslado de nuestros ciudadanos por vía área a través de sus dirigibles. Los cuales podrán ponerse en funcionamiento ahora que tendrán el combustible que les hacía falta. Finalmente, el Reino Espejismo acepta cedernos la "Forja de Baltoy" recuperada de la bodega de carga de los restos del Groudon.
Uno de los oficiales asintió complacido. Esta era el general de división Henry Sinclair, comandante supremo de la Fuerza Terrestre de Defensa en la región y Jefe de Estado Mayor interino. Tenía el cabello y los ojos oscuros. Además de bigote y una barba corta pero bien arreglada.
—Me imagino que ya estarán comenzando a averiguar los secretos que encierran esa "forja", señor Stone—dijo el general mirando en dirección del Campeón—. Con ella deberíamos ser capaces de producir nuestros propios Baltoy y Claydol. Lo que seguramente mejorará nuestras capacidades militares.
—Estamos en ello, pero cualquier resultado preliminar tomará al menos algunos días más, general. Que recién hemos podido empezar nuestra investigación. Lo único que puedo decir de momento es que los expertos en nuestra sucursal de la ciudad se encuentran optimistas en poder elucidar los materiales necesarios para fabricar Baltoy y comenzar a poner la forja en funcionamiento con nuestra Energía Devon.
—Eso suena muy bien ¿Pero cual es aquella limitación? —preguntó Sinclair.
—Por lo visto los Baltoy están básicamente hechos de arcilla y un tipo de cristal especial que todavía estamos identificando. Pero tan sólo tenemos disponible una sola forja, lo que impediré que podamos fabricarlos en grandes cantidades. Además, lo más probable es que tardaremos como mínimo varios meses en descifrar y reproducirle tecnología utilizada en la forja antes de poder producir más copias de esta.
—Es una lástima, pero tener aunque sea una sola en funcionamiento siempre será mejor que ninguna—interrumpió el general de aviación Jacob Hill, la contraparte de Henry en la Fuerza Aérea de Defensa—. Perdóname por cambiar de tema, pero ahora que tomaste la palabra, Henry… ¿Cómo va todo el asunto del regimiento sublevado de Rubello?
Jacob era de ojos azules, cabello verde y de barba y bigotes bien rasurados.
Ante aquella pregunta de su contraparte, Sinclair frunció el ceño y se puso tenso.
—Una vez que comencemos las actividades de recuperación de la región, ese maldito las va a pagar… ¡Desobedecer órdenes! ¡Mis órdenes! ¡¿Y autoproclamarse señor de Rubello como un señor de la guerra mientras abusa de la población civil?! ¡Caleb Fletcher se ha convertido en una deshonra para todas las Fuerzas de Defensa! —exclamó furioso.
Dándose cuenta de su arrebato, el general se detuvo y dedicó un momento a tranquilizarse antes de continuar.
—Ahora mismo estamos en proceso de registrar los testimonios de los civiles provenientes de Pueblo Rubello. Los cuáles serán utilizados como evidencia en su contra el día que podamos llevarlo ante un tribunal militar.
El tercer hombre de uniforme, el vicealmirante Robert Lawson de la Fuerza Marítima de Defensa, procedió a tomar la palabra también. Era de ojos y cabello color castaño, una barba frondosa y tenía una importante calvicie a la altura de la frente.
—Por lo que tengo entendido, ya no debería faltar mucho tiempo para que las fortificaciones de Ciudad LaRousse estén terminadas y podamos comenzar a proyectar nuestro poder militar por la región y atender asuntos como el de ese desertor. Es más, diría que la flota está casi lista para comenzar operaciones navales. Tan sólo falta que llegue el Monte Plateado en unos días más proveniente de la Base Nomura—añadió el vicealmirante.
—Respecto a eso, señores del Estado Mayor, me gustaría hablar de un asunto de suma urgencia. Una advertencia por así decirlo—interrumpió Steven.
Los militares guardaron silencio y miraron al entrenador pokémon de manera escéptica. Los cuales no eran fanáticos de la idea que un empresario por muy famoso que fuese estuviese sentado en la misma mesa que ellos.
—¿A qué se refiere? —preguntó el alcalde Lund.
—¿Me imagino que todos ustedes leyeron el informe que redacté sobre los eventos que viví desde la Remoción de los Limitadores hasta mi llegada a Ciudad LaRousse?
Los demás presentes en la habitación asintieron afirmativamente.
—Como entonces sabrán, durante mi estadía con la gente del Reino Espejísmo terminé aprendiendo acerca de los autores de esta catástrofe global. El líder de este grupo es el pokémon legendario Ho-Oh de la región de Johto que de alguna manera pudo despertar estos poderes previamente sellados en los pokémon, y el cual al parecer trabaja junto a otros pokémon legendarios. Pero hasta el momento tan solo hemos podido confirmar la presencia de Uxie, un pokémon legendario de la región de Sinnoh. Fueron fuerzas de pokémon del tipo psíquico bajo el mando de Uxie las que nos atacaron en el camino.
Steven hizo una pausa mientras ellos seguían observándolo.
—Tal como dice el informe, el objetivo de aquellas fuerzas era capturar a Jirachi que estuvo presente con nosotros por un tiempo por motivos desconocidos. Hasta el punto de que nos persiguieron hasta las puertas de Ciudad Arborada con esa emboscada que nos tendieron en el Instituto Metereológico. Que por cierto, le doy muchas gracias a la aviación naval por la ayuda brindada—dijo el Campeón mientras hacía una leve reverencia al vicealmirante Lawson desde su puesto.
—¿No me digas que en su opinión el recibir a Jirachi con nosotros significaría que nos estaríamos convirtiendo en su siguiente objetivo? —preguntó Lawson.
—Una buena suposición, vicealmirante. Pero no es exactamente a lo que me refiero. Si el único objetivo de Uxie fuese capturar a Jirachi aquello sería cierto, pero esta va mucho más allá que eso. Porque al final, en mi opinión pienso que Jirachi no es más que una herramienta. Un medio para ayudar a su aliado Ho-Oh a cumplir con su objetivo principal. El cual es exterminar a la especie humana de la faz de la tierra.
Ante esta afirmación tan tajante, el alcalde Lund y los tres oficiales de la Fuerzas de Defensa quedaron helados.
—Y recuerden también que el Instituto Meteorológico junto con Ciudad Arborada no se encuentran demasiado lejos de Ciudad LaRousse…
—Si usted dice que el verdadero objetivo de Ho-Oh y Uxie es exterminarnos a todos con o sin Jirachi… ¿Significa entonces que en caso de descubrirnos, el simple hecho de existir sería suficiente motivo para ser atacados? —preguntó Jacob.
—Si es que no nos han detectado ya…
Steven procedió a colocarse de pie.
—Señores, estamos en guerra contra un enemigo que a diferencia de cualquier otro anterior, está compuesta totalmente por pokémon. Una Poké Guerra, por así decirlo. Una en la cual el enemigo no piensa darnos tregua. Por lo tanto, mi opinión es que en lugar de finalizar la construcción de las fortificaciones y comenzar con operaciones militares fuera de Ciudad LaRousse. En su lugar deberíamos seguir reforzando nuestras defensas y prepararnos para ser atacados por ellos en el corto al mediano plazo.
El general Sinclair procedió a golpear la mesa con un puño.
—¡¿Está sugiriendo acaso que no nos podemos encargar de unos cuantos pokémon salvajes que quieran atacarnos?! ¡¿O acaso cree que de alguna manera ellos podrán superar nuestra tecnología militar de punta?! ¡Joder, los aviones de Lawson los hicieron papilla en el Instituto Meteorológico! —exclamó el oficial molesto.
—Entiendo que la posible amenaza proveniente de pokémon legendarios es algo de preocupación y un asunto que tener en cuenta—añadió el vicealmirante Lawson—. Pero con respecto a los pokémon salvajes, y quiero me perdone por lo que voy a decir sabiendo que usted es entrenador pokémon. Por mucho que sus poderes sean ahora más peligrosos, más letales o que sean más agresivos, buena parte de ellos no son más que bestias estúpidas.
—Concuerdo con Robert—respondió el general Hill—. De manera realista ¿Qué posibilidades tendría contra nosotros una hipotética horda de pokémon salvajes que vengan a atacar nuestras fortificaciones?
»¿Qué van a hacer cuando se vean atacados por el fuego de nuestra artillería a kilómetros de distancia y se vean conmocionados por las explosiones, el ruido y el ver a sus camaradas ser despedazados alrededor de ellos?
»¿Qué van a hacer cuando nuestros aviones de combate vuelen sobre ellos y caigan bombas ellos impunemente desde lo alto?
»Y si por alguna clase de milagro sobrevivieran a todo eso y se acercaran lo suficiente a nuestras defensas… ¿Qué van a hacer cuando reciben una tormenta de plomo proveniente de nuestras armas automáticas? Me imagino que desde el primer momento que abramos fuego contra ellos, buena parte de ellos se dejará llevar por el pánico y el deseo instintivo de huir para salvar sus pellejos por sobre luchar.
Tras terminar de hablar el general se formó un silencio en la habitación mientras Steven meditaba su respuesta.
—Si no me hubiese enfrentado a ellos anteriormente, a lo mejor pensaría de manera similar a ustedes. Es más, debo reconocer que al principio sus ataques contra nosotros eran deficientes y sus únicas auténticas ventajas eran sus movimientos pokémon y superioridad numérica. Algo que mencioné en mi informe —respondió—. Pero creo que se están olvidando de un aspecto muy importante que también dejé indicado y que está haciendo que los subestimen…
El antiguo campeón procedió a volver a tomar asiento.
—Recuerden que durante el viaje desde el Reino Espejismo hasta Ciudad LaRousse, las fuerzas de Uxie mostraron una clara mejora en su habilidad de combate. En donde en lugar de simplemente atacarnos con oleadas de grandes números, comenzaron a implementar estrategias y tácticas mucho más sofisticadas para intentar explotar sus habilidades de pokémon al máximo. Y tampoco se olviden de lo otro…
Steven frunció el ceño.
—Los clones… Ahora los pokémon salvajes habían sido reemplazados en su mayoría por clones.
—¿Por qué es relevante? —preguntó Lund recordando esa parte del informe.
—Significa que nuestro enemigo obtuvo la capacidad de producir pokémon en serie sin tener que recurrir a reclutar pokémon salvajes convencionales. Pokémon que resultaron ser mucho más feroces y agresivos, pero a la vez perfectamente obedientes y disciplinados ante sus superiores.
»Y de manera muy diferente a los primeros pokémon salvajes que nos encontramos, estos atacaban sin miedo alguno y parecían no importarles arriesgar su propia vida u obedecer órdenes suicidas. Lo único que les interesaba era acabar con nosotros, como si hubiesen sido modificados específicamente para ser máquinas para matar y todo lo demás hubiese sido descartado… Esos pokémon habían sido transformados en auténticas armas biológicas…
El Campeón hizo una pausa.
—Entonces imagínense esto… Imagínense que Ciudad LaRousse es atacada mañana por una horda inmensa de pokémon salvajes modificados genéticamente que ahora Uxie puede crearlos a escala industrial.
»Pokémon que sin importar cuanto les disparemos o les reventemos con bombas y misiles, van a seguir viniendo sin importar el daño que les ocasionemos, el número de compañeros que perezcan alrededor de ellos, y sin dejarse intimidarse por el ruido y los estruendos del campo de batalla. En donde para cada uno que acabemos, diez más aparecerán listos para reemplazarlo.
»Un enemigo así de implacable podría atacar sin descanso hasta acercarse lo suficiente como para atacarnos a corto alcance con sus poderes o hasta que nos quedemos sin municiones. Entonces será en ese instante cuando comience la masacre. Cuando puedan atacarnos con sus llamas, su electricidad, sus rayos de energía elemental o simplemente con sus garras y colmillos…
Para los oficiales y el alcalde, las implicaciones acerca de lo que decía Steven hacía que sus preocupaciones fuesen más entendibles. Pero aun así sentían que aquellas no justificaban tanto alarmismo.
—¿Qué le hace pensar que el enemigo tiene la capacidad de producir un ejército lo suficientemente grande como para asediar Ciudad LaRousse? —preguntó Sinclair aún escéptico— Tan solo en la Fuerza Terrestre tenemos alrededor de treinta mil efectivos disponibles en Ciudad LaRousse. Y es de conocimiento general que todo atacante requiere como mínimo tres veces la superioridad numérica del enemigo a la defensiva si es que quiere tener la posibilidad de ganar.
—Aquello no es algo que pueda saber con certeza—admitió Steven—. Lo único que puedo decir es que el enemigo para ser una mera expedición de búsqueda y captura, aun así pudo amasar contra nosotros alrededor de dos mil pokémon cuando nosotros éramos poco más de cien. Por lo que no puedo descartar la posibilidad de que, si el enemigo decide ir a la guerra de manera abierta contra el mundo entero, no escatime en traer el número de tropas necesarias para asediar una ciudad como la nuestra. No puedo saber si le tomará uno, dos, tres o más meses. Pero cuando lo haga, estoy seguro de que será con un ejército lo suficientemente grande para poder realizar dicha labor.
»Pero aquello no es todo… —continuó cambiando de tema— Recuerden que los pokémon a los cuales los clones respondían eran principalmente Kadabra y Alakazam en grandes cantidades. Pokémon del tipo psíquico que Uxie podría utilizar para hacer todo tipo de estrategias impredecibles.
»Quizás pueda utilizar a esos pokémon para teletransportar tropas detrás o en medio de nuestras propias fuerzas para tomarnos por sorpresa y sembrar el caos. O también podrían usarlos para infiltrarse y robarnos nuestros secretos y puntos débiles. Y en el campo de batalla, ahora pueden matar a una persona con sólo el movimiento de un dedo y es algo que pude ver con mis propios ojos. No se olviden tampoco que los usuarios de poderes psíquicos pueden sentir el aura de otros seres vivos, lo que hace que sea muy difícil o casi imposible esconderse de ellos y realizarles una emboscada.
Entonces Steven procedió a encoger los hombros.
—¿Pero por qué nos quedamos sólo con los pokémon del tipo psíquico? Uxie podría utilizar también pokémon del tipo tierra para excavar túneles debajo de nuestras fortificaciones ya sea para atacarnos directamente desde abajo o desplegar tropas en nuestra retaguardia. Y de igual forma, Uxie podría atacarnos también desde el mar al estar Ciudad LaRousse cerca de la costa.
»Con respecto a los cielos, si Uxie puede modificar genéticamente a sus pokémon, a lo mejor tiene ideas para crear pokémon capaces de disputarle el dominio del aire a nuestros aviones de combate. Especialmente si los supervivientes de la batalla del Instituto Meteorológico pudieron reportarle a su amo los efectos devastadores que tuvo el bombardeo que realizaron los Fuerzas de Defensa y decide comenzar a preparar contramedidas.
»Además, recuerden que durante los enfrentamientos que tuvimos contra ellos, en varias ocasiones estuvieron presentes una cantidad significativa de Metagross y fueron huesos muy duros de roer. Por lo que que no sería difícil de imaginar lo devastador que sería si nos atacaran con oleada tras oleada de otros pokémon pseudo legendarios tales como Dragonite o Tyranitar.
Fue a partir de este punto que los demás presentes empezaron a sentir que a lo mejor Steven no estaba tan equivocado con su razonamiento como pensaban. Especialmente tomando en cuenta que el informe de Stone incluía material audiovisual de las batallas registrado por el Groudon.
—Por último, no podemos olvidar la posibilidad de que aparezcan pokémon legendarios en un asedio a Ciudad LaRousse ¿Se imaginan lo que podría ocurrir si Uxie o Ho-Oh hicieron acto de presencia? Aquellos pokémon ya eran respetados desde antes de la Remoción de los Limitadores. Pero esos dos no son más que los que conocemos en el bando enemigo ahora mismo… ¿Se imagen si además de ellos aparecieran también pokémon tales como Groudon, Kyogre o Rayquaza?
En la mente de los tres oficiales apareció una imagen de la tierra abriéndose y liberando lava a chorros mientras emergía de su interior el mítico Groudon. De los océanos, el legendario Kyogre emergía de un salto sobre las aguas convocando grandes tsunamis que golpeaban la costa y lo devastaban todo a su paso. Finalmente, el mismísimo Rayquaza descendía del cielo a velocidad vertiginosa bombardeando Ciudad LaRousse con poderosos rayos de energía.
—¡Está bien, está bien! —exclamó el general Sinclair frustrado— ¡Creo que ya entendemos su punto! ¿Pero entonces sugiere que simplemente nos quedemos escondidos eternamente detrás de nuestras fortificaciones?
—Lo que propongo es que antes de empezar a realizar operaciones militares fuera de Ciudad LaRousse, primero debemos asegurarnos ser capaces de defendernos de un posible ataque de las fuerzas clon de Uxie. Ya que si no lo estamos y comenzamos a realizarlas sin estar suficientemente preparados, existe la posibilidad de que nos ataquen mientras nuestras tropas estén demasiado extendidas. Haciendo que LaRousse pueda caer en un abrir y cerrar de ojos.
—Yo no diría exactamente que en un abrir y cerrar de ojos…—añadió Lund que al parecer tenía algo en mente con esas palabras— Pero entiendo lo que quiere decir ¿Me imagino que tiene propuestas para mejorar nuestras defensas en contra de esos pokémon?
Steven asintió.
—De partida, pienso que el punto más importante es mejorar nuestras defensas en contra de los pokémon del tipo psíquico. Idealmente la implementación de alguna clase de tecnología que les impida utilizar, aunque sea de manera parcial, sus poderes más peligrosos. Seguido de mejorar nuestras defensas costeras contra una posible ofensiva anfibia proveniente del mar y mejorar nuestras defensas subterráneas. Tampoco hay que olvidar las defensas aéreas en caso de que nos ataquen en masa desde el aire—sugirió.
—Acerca de la guerra subterránea, esta ha sido parte importante de cualquier conflicto que involucren fortificaciones y con pokémon de apoyo siendo utilizados por alguno de los bandos. Por lo tanto es algo que manejamos, pero cualquier propuesta para mejorar nuestra efectividad en contra de una invasión pokémon subterránea—respondió el general Sinclair.
—Con respecto a la guerra naval, esta sería un área más desconocida para nosotros—añadió el vicealmirante Lawson—. Debido al avance en la tecnología naval apenas se ven pokémon en ese tipo de ambiente salvo para algunos roles de apoyo y nuestras armas están pensadas principalmente para combatir contra buques de guerra y submarinos. Se apreciaría cualquier sugerencia, pero al menos para fortuna nuestra, Ciudad LaRousse está muy bien protegido tanto geográficamente como en fortificaciones costeras debido a la presencia de la Base Naval Darlan.
—Combatir contra pokémon voladores es probablemente muy similar a hacerlo en contra de helicópteros o drones. Pero si el enemigo intenta saturarnos con números, entonces tendremos que recurrir a más armas de bajo coste para así no gastar nuestra reserva limitada de misiles de largo alcance—continuó el general Hill.
La mención de este asunto hizo que Lund se acordara de algo.
—General Hill… ¿Y si pudiéramos poner en servicio de manera anticipada el Proyecto Centinela Aurora? —preguntó el alcalde de Ciudad LaRousse.
Hill agrandó los ojos mirando hacia al antiguo profesor.
—¡Es cierto! ¡El Proyecto Centinela Aurora! —respondió el general de aviación.
—¡Verdad, me había olvidado completamente! —añadió el vicealmirante Lawson.
—¿Proyecto Centinela Aurora? —preguntó Steven confundido.
Los tres oficiales se miraron entre ellos un momento y finalmente asintieron en mutuo entendimiento.
—Centinela Aurora es un proyecto financiado por el Ministerio de Defensa para crear un sistema de defensa aérea láser contra misiles y drones al menos en principio y con la posibilidad de que a futuro pudiese expandirse su uso en contra de objetos de mayor tamaño. El proyecto hasta ahora era secreto, pero los prototipos habían sido probados con éxito y la idea original era revelarlo al público pronto. Fue desarrollado aquí mismo en Ciudad LaRousse en el Laboratorio de Investigación Láser fundado originalmente por el Profesor Lund y sería producido por la sucursal de Silph Co. en Ciudad LaRousse—explicó Hill.
—La tecnología láser desarrollada por mi laboratorio tenía propósitos meramente experimentales originalmente. Pero las Fuerzas de Defensa consideraron que la tecnología podía aplicarse con propósitos militares defensivos tanto para plataformas en tierra como en navíos de guerra—añadió Lund recordando como aquella tecnología había sido utilizado para resolver la Crisis de Deoxys hace un año.
—Así que ese era el motivo por el cual Silph parecía tener tanto movimiento previo a la Remoción de los Limitadores…—se dijo Steven algo preocupado de oír que uno de sus mayores competidores había conseguido el contrato de semejante proyecto— Un sistema láser podría ser un buen complemento para las defensas aéreas.
—Por lo que sé hay algunas cuantas unidades del prototipo listas para poner en servicio en Ciudad LaRousse. Pero por la situación actual, al parecer Silph tendrá que comenzar a fabricar el primer modelo de producción lo antes posible. Habrá que ponerse en contacto con ellos pronto…—continuó Hill.
—No se preocupe, general—contestó Steven inmediatamente—. Justamente una de mis ideas era hablar con mi padre y organizar lo antes posible una reunión con los representantes de los Cuatro Grandes para hablarles de los puntos que podríamos mejorar en nuestras defensas de forma colaborativa. En donde en aquel momento podría sacar a colación el tema del Proyecto Centinela Aurora con ellos mismos también. La idea es hacer una lista con propuestas que luego serán presentadas a ustedes para su aprobación final en nuestra siguiente reunión.
—Interesante…—musitó Lund— Definitivamente si queremos hacer esto rápido necesitaremos la colaboración del sector civil… ¿Hay algún inconveniente con esto?
Los tres oficiales negaron con la cabeza. Si la amenaza de la cual Steven advertía era tan grande como sugería, el apoyo de los Cuatro Grandes serpia esencial para mejorar el estado de las defensas de Ciudad LaRousse.
—En ese caso, nos queda por discutir un último tema ante de terminar esta reunión de momento—continuó entonces el alcalde—. Específicamente nuestra decisión final con respecto a Arthur Collins. Para esto invitamos a pasar nuevamente a esta sala a los hermanos de Eisenberg.
Las puertas de la sala se abrieron y procedieron a entrar Marcus y Erika. Los cuales iban vestidos de la misma manera que habían usado para ir a ver a Arthur en el hospital. Marcus procedió a saludar con una reverencia quitándose su sombrero, mientras que Erika lo hacía estirando su falda y agachándose.
Lund procedió a extender una mano hacia ellos.
—Tomen asiento…
Ambos obedecieron y procedieron a sentarse en la cabecera de la mesa uno al lado del otro.
—Esos modales… en verdad se nota que son de la nobleza…—pensó el alcalde.
Los tres oficiales miraron con desconfianza a los dos Caballeros de Aura. A pesar de que ambos se habían ganado una reputación importante entre la tropa y los suboficiales por sus acciones en Ciudad Colosalia, ellos de por si tendían a desconfiar de cualquier con capacidades sobrehumanas que estuviesen fuera de la cadena de mando militar. Algo empeorado aun más por ser extranjeros, y por lo tanto considerados como posibles riesgos para la seguridad nacional por el simple hecho de estar presentes en la sala.
Si los dos hermanos tenían algo en mente por la manera en la cual los militares los observaban, no era algo que pudiese notarse a simple vista.
—¿Me imagino que hablaron con Collins? —preguntó finalmente Sinclair con desdén.
Marcus asintió.
—Oui monsieur.
—El día de hoy visitamos a Arthur en el hospital y le hicimos algunas preguntas con respecto al dragón oscuro visto en el Instituto Meteorológico—siguió Erika.
—¿Y? ¿Qué averiguaron? —preguntó Hill directamente.
—Por lo visto, aquella esa una técnica de aura altamente peligrosa que Arthur utilizó por desesperación al final de la batalla. Una que nunca había utilizado antes. Debido a esto la técnica terminó descontrolándose, obligando a su maestro a contrarrestarla con una suya. Dicha contramedida consiguió salvar al edificio del Instituto Meteorológico y a sus ocupantes, pero a costa de su propia vida y la destrucción del área aledaña—informó Marcus.
—¿Por desesperación dices? —preguntó Lawson escéptico— ¿No habían bombardeado minutos antes las posiciones enemigas dos de mis aviones de la aviación naval? ¿Por qué entonces se habría sentido tan desesperado como para decidirse recurrir a algo tan destructivo?
—Porque de acuerdo con la información de los hechos que recibimos durante la reunión anterior, el área afectada por el bombardeo correspondió tan sólo a la retaguardia enemiga en donde estaban concentradas la mayoría de sus fuerzas. Mientras que arriba en la explanada del Instituto todavía habían tropas enemigas intactas luchando contra las tropas del Reino Espejismo incluyendo a Arthur. En donde incluso después de haber sido bombardeados, el enemigo redobló sus esfuerzos enviando a todas sus reservas en un último asalto final—contestó Erika.
—Arthur nos explicó que fue durante ese momento, sumado al cansancio y al agotamiento de la batalla, en donde decidió que la única manera de salvar la situación era utilizando aquella técnica—siguió Marcus—. Una que sólo conocía de manera teórica pero que nunca había puesto en práctica anteriormente. Por lo que al utilizarla en el estado en el que se encontraba, esta no salió como esperaba y tomó la forma que se ve en los registros.
A pesar de que Marcus estaba mintiendo descaradamente delante ellos, en su semblante no había nada externo que indicara aquello o en el rostro de su hermana. El único que sospechó algo fue Steven, ya que al conocer tanto a Arthur como a Batuo de manera más personal, intuía que en aquella historia había algo más de lo que estaban contando.
Aun así, el Campeón decidió no hacer ningún comentario al respecto y guardar silencio.
—¿Entonces Collins afirma que los resultados de aquel ataque no fueron más que un trágico accidente? —preguntó Hill— Pero si incluso fuese así… ¿Por qué deberíamos considerar dejar a alguien tan peligroso moverse a sus anchas por la ciudad?
—Entiendo que para miembros del mundo militar como ustedes, la idea de que existan civiles con habilidades sobrenaturales de semejante tipo pueda ser preocupante. Pero me gustaría hacerles recuerdo que diariamente la gente común y corriente convive con personas con poderes psíquicos o la habilidad de interactuar con los espíritus en completa paz y tranquilidad… Tales como nosotros que somos Guardianes de Aura también—respondió Marcus de nuevo.
—Arthur no es la excepción a esto—continuó Erika—. Es más, tras enterarse de las consecuencias de aquella técnica, se vio tan afectado que juró delante de nosotros nunca más volver a utilizarla. Por lo que considero que sería injusto seguir demonizándolo por un incidente que al final tan sólo afectó directamente al enemigo. Por lo que nuestra conclusión es que Arthur Collins no significa un riesgo para la seguridad de Ciudad LaRousse, y que una vez que se le dé el alta, debería tener permiso para transitar libremente.
Los tres oficiales comenzaron a murmurar en voz baja entre ellos. Claramente no convencidos en su totalidad por sus argumentos.
—¿Qué piensa usted al respecto, alcalde Lund? —preguntó Steven— Por mi parte reitero que mi opinión sobre Arthur es similar a la de los hermanos de Eisenberg.
—No lo sé… Claramente lo que hizo el señor Collins nos ha afectado a todos aquí en LaRousse en gran medida y es mi deber como alcalde cuidar de mis ciudadanos… Pero aun así, se demasiado poco sobre el aura como para tener una opinión informada sobre los posibles riesgos de aquellas técnicas y tampoco me gusta la idea de retener permanentemente a alguien tan solo por miedo a lo desconocido… Como hombre de ciencia, mi humilde opinión es que lo desconocido hay que estudiarlo y entenderlo, no tenerle miedo.
»Por lo tanto, creo que mientras el señor Collins jure nunca más volver a utilizar ducha técnica, sería inhumano seguir reteniéndolo en contra de su voluntad. Especialmente si no se han levantado cargos criminales en su contra.
Tras escuchar las palabras del alcalde, los oficiales siguieron discutiendo en voz baja hasta que finalmente Sinclair suspiró algo frustrado.
—Está bien… en nombre de los tres informo que hemos decidido permitir que el señor Collins pueda actuar libremente una vez que se le dé el alta. Pero ustedes…
El general procedió a mirar a los dos hermanos con frialdad.
—No crean que por esto significa que confiemos libremente en ustedes dos. Quizás se hayan ganado el favor de algunos de los nuestros tras el espectáculo vistoso que se montaron en Ciudad Colosalia… ¡Pero somos plenamente conscientes de que ustedes tres se conocían de antemano y que perfectamente podrían estar mintiendo para favorecerlo! ¡El único motivo por el cual estamos recurriendo a su opinión es porque simplemente no hay nadie más a quien podamos recurrir con respecto a usuarios de aura en Ciudad LaRousse!
Sinclair se levantó de su asiento y los señaló con el dedo.
»Si por algún motivo el señor Collins vuelve a utilizar aquella técnica de aura en el futuro y vidas inocentes terminan perdiéndose… ¡Entonces no sólo las manos de él sino que también las suyas estarán manchadas con la sangre de nuestros compatriotas! ¡Téngalo claro! ¡Ser de Kalos o de una institución tan anticuada como la nobleza no los salvará de nuestras leyes!
Tras aquellas palabras Lund miró de reojo al genera con reproche.
—General Sinclair… le solicitaría por favor no ser maleducado con nuestros invitados…—le dijo el alcalde.
Erika procedió a levantarse y de manera inmediata Marcus imitó su hermana.
—Si no se requiere más de nuestra presencia aquí, será mejor que nos retiremos entonces…—dijo ella amablemente mientras procedía a despedirse con otra reverencia.
—Bonne nuit, monsieurs…—añadió Marcus despidiéndose también.
Steven asintió hacia ellos.
—¿Me imagino que no hay más preguntas para ellos? —preguntó el Campeón mirando el resto.
Lund negó con la cabeza mientras que los oficiales hicieron lo mismo. Ante aquella respuesta los dos hermanos procedieron a abandonar la sala en dirección al pasillo y dos guardias de seguridad vestidos de traje procedieron a cerrar las puertas detrás de ellos.
—Cretíns…—musitó Erika molesta en Kalosiano al ponerse los dos en movimiento.
A su lado Marcus suspiró aliviado de estar fuera de esa sala mientras miraba hacia el techo.
—Son hombres de carrera profesional, por lo que era de esperar que tengan su orgullo tal como el nuestro, hermanita…
—Por cierto, no nos olvidemos que una vez que veamos a Arthur de nuevo debemos contarle lo que ha pasado. No queremos que por accidente termine diciendo una historia diferente a la que hemos contado…—dijo esta vez Marcus directamente a la mente de su hermana por medio de telepatía a través del aura.
En respuesta ella tan solo asintió, aun murmurando para sí misma palabras despectivas en contra de aquellos oficiales en su lengua natal.
Horas más tarde, el teléfono personal de Marcus sonó cuando ambos habían ya regresado a casa.
—¿Quién es?
—Buenas noches, Marcus—contestó una voz familiar.
—Steven Stone… ¿A qué le debo el placer de esta llamada? —preguntó el noble intrigado— ¿Quedó algo pendiente de la última reunión?
—De partida quiero partir disculpándome por los comentarios desafortunados de los Altos Mandos de las Fuerzas de Defensa. Lo que dijeron fue absolutamente innecesario y no corresponde a los que los demás pensamos de ustedes.
—Entiendo perfectamente, Steven. Ne vous inquiétez pas.
—Dejando atrás aquello, me interesaba preguntarte si era posible que tú y tu hermana pudiesen juntarse conmigo mañana para poder hacerles algunas preguntas a ambos con respecto a las propiedades del aura. Podría preguntárselo a Arthur, pero no quiero molestarlo mientras aún se está recuperando. Específicamente me interesa saber de los métodos utilizados por los Guardianes de Aura para defenderse de oponentes que utilizan poderes psíquicos…
Al día siguiente era pasado el mediodía en Ciudad LaRousse. La cual a diferencia del mundo exterior y salvo en aspectos muy concretos, se encontraba funcionando como si nunca hubiese ocurrido la Remoción de los Limitadores después de que los daños de los primeros días hubiesen sido reparados.
Los transeúntes se encontraban caminando junto a algunos cuantos pokémon domésticos por las bulliciosas y amplias avenidas de la ciudad en medio de un día de jornada laboral cualquiera. En ellas había muy poca presencia de vehículos motorizados y la mayor parte de las personas se movilizaban a través de la red de monorriel pública de la ciudad o por las cintas transportadoras ubicadas en las arterias principales de esta.
Pero no solo habían humanos y pokémon, sino que en las calles se encontraban repletas de una cantidad importante de robots. Siendo los más comunes los Block Bots que habían recibido a los supervivientes de la Batalla del Instituto Meteorológico al llegar a la Estación Central de Ciudad LaRousse.
Los robots tenían la forma de una caja flotante con una pantalla de cristal líquido azul que mostraban un rostro pixelado y varios cubos verdes adheridos a su armazón que podían controlar y hacer flotar alrededor de sus cuerpos por medio de electromagnetismo. Estos se encargaban de cumplir diversas funcionen desde dar indicaciones a los transeúntes, limpiar, hacer mantenimiento e incluso ayudar a la policía local en sus funciones diarias.
Además de los Block Bots, había una gran cantidad de robots de toda forma y tamaño que ofrecían distintos servicios a la población. Siendo especialmente presentes los robots máquinas expendedoras de comida envasada que podían moverse de un lado a otro. Y cuando algún inescrupuloso botaba basura a la calle, rápidamente un robot de pequeño tamaño se acercaba para recoger la basura y llevarla a un basurero electrónico que se abría y cerraba solo.
Otro aspecto destacable era que a pesar de que todavía eran fines de noviembre, la temporada navideña había llegado al comercio hace rato. Por lo que los locales ya se encontraban adornados para la ocasión y le daban un aire festivo a la ciudad. Junto con los adornos, las calles estaban también llenas de carteles publicitarios convencionales y holográficos en tres dimensiones con propuestas de regalos navideños para ese año.
En medio del bullicio de aquel día, dentro de un restaurante ubicado en el centro de Ciudad LaRousse se encontraba Max almorzando junto a su padre y los demás Líderes de Gimnasio presentes en la ciudad. Mientras que un sector del restaurante destinado para ellos se encontraban comiendo también los pokémon de Max, los de Norman y también los de Wattson, Winona y los mellizos Tate y Liza.
—¿Qué cuál ha sido mi derrota más rápida como Líder de Gimnasio? —dijo Wattson ante la pregunta de Liza— Diría que fue aquella vez en donde conocí a Max, cuando ese Ash Ketchum de Pueblo Paleta me derrotó venciendo a mis pokémon uno tras otro con su Pikachu sin poder hacer nada al respecto ¡Fue tan impactante que hasta consideré seriamente retirarme!
—¡Es verdad, lo recuerdo! —añadió el chico aludido— ¡Fue en aquella ocasión cuando Pikachu se sobrecargó de electricidad al atacar a ese robot de Raikou que había en el gimnasio! Menos mal que más tarde fue posible resolver aquel malentendido…
El antiguó líder del tipo eléctrico asintió. En donde de manera súbita su Manectric apareció apoyándose sobre las piernas de Wattson y su entrenador procedió a acariciarle la cabeza.
—Fue un trago amargo en su momento, pero al mismo tiempo fue gracias a aquella ocasión que pude conocer a mi futuro Manectric. Por lo que al final diría que al final aquella derrota valió la pena… ¡Por lo que aún quedan muchos años para que este viejo se retire de los pokémon! —continuó terminando con otra carcajada estridente a la vez que Manectric se retiraba de la mesa.
Winona procedió a tomar la palabra.
—En mi caso, quizás fue la vez que me enfrenté con Arthur Collins. Sabía que la batalla no iba a ser necesariamente fácil cuando envió a su Lanturn… ¡Pero aquella combinación de Danza Lluvia y Trueno consiguió barrer con mi equipo! Por eso no me extrañó averiguar que Arthur había sido uno de los que invocó esa Danza Lluvia sobre el Instituto Meteorológico…
Después de haberla visto por última vez en aquella ocasión que se había enfrentado a Ash, a Max le llamaba la atención verla sin su traje de vuelo y vestida de manera casual.
—No estoy seguro si necesariamente recuerdo un momento en particular, pero debo reconocer que no duré demasiado tiempo ante Marcus de Eisenberg y su Gallade. Pero aprovechando el momento… ¡Me gustaría que hiciéramos un brindis por estar tantos Líderes de Gimnasio reunidos! —propuso elevando su copa.
—¡Salud por eso! —exclamó Wattson de acuerdo.
—¡Salud! —dijeron todos chocando sus vasos.
—Muchas gracias por invitarnos a pesar de haber sido Líderes de Gimnasio por tan poco tiempo—indicó Tate tras haber bebido de su vaso con jugo.
—¡Es verdad! ¡Es un honor poder acompañarlos! —añadió Liza.
—No es problema, Liza. Quizás ambos sean aún jóvenes, pero aquello no quita que lo sean. Es más, es inusual que gente tan joven consiga la licencia de líder a tan corta edad. Lo que habla muy bien de ustedes.
—Oh… muchas gracias, Winona…—respondió Liza halagada.
—Me pregunto… ¿Ya se sabe cuándo vendrán los otros supervivientes que están en el Reino Espejismo? —preguntó Tate.
Norman asintió.
—Se anunció la noticia hace poco. Se supone que a partir de mañana van a comenzar a llegar los interesados en trasladarse a Ciudad LaRousse una vez que comiencen los primeros traslados aéreos de suministros y mercancías con el Reino Espejismo.
—¡Esas son muy buenas noticias! —dijo Wattson.
—Oye papá… Se supone que pasado mañana le van a dar el alta a Arthur del hospital… ¿No? —preguntó Max a su padre en voz baja.
—Así es… Una vez que lleguen los demás, procederemos a poner en marcha la idea que propusieron Andrés y Claudia…—le respondió de la misma manera.
—¿Qué están hablando? —preguntó Liza intrigada.
—Oh, de una sorpresa para Arthur cuando se recupere. Todavía es muy pronto como para contarles, pero creo que es muy posible que todos ustedes puedan participar.
—Si hay algo con lo que podamos ayudar, no duden en preguntarnos—se ofreció Winona.
—El otro día me dijiste que el Profesor Birch estaba entre los que vienen aquí, Max—mencionó Tate— Primeros nosotros cuatro, el ganador de la última Conferencia Colosalia y el Alto Mando… Luego Norman, Steven Stone y ahora el Profesor Birch… ¡A este ritmo Ciudad LaRousse va a estar llena de gente famosa!
El usualmente risueño Wattson tras oír el nombre del Campeón regional cambió la expresión de su rostro a una más seria y miró hacia un costado en dirección a una de las ventanas del restaurante. A lo lejos a través de esta se podía ver el gran edificio de la sucursal de la Corporación Devon en Ciudad LaRousse.
Wattson sabía que en el fondo Steven como entrenador amaba a los pokémon. Pero a la vez no podía evitar sentirse disgustado con él por su tolerancia a los trapos sucios de su padre y la corporación. Ya que el Líder de Gimnasio estaba seguro de que el Campeón debía de saber acerca de lo que ocurría tras las bambalinas de aquella empresa. Lo que le hacía sentir que hasta cierto punto Steven era también cómplice de los crímenes de Joseph Stone en contra de los pokémon en nombre de las utilidades de la empresa.
El proyecto Malvalanova, el Incidente del Malvamar, su participación en la Corporación Gran Malvalona y su conexión con Devon… Todo lo que había hecho antes de convertirse en Líder de Gimnasio… El Proyecto Energía Infinita…
Steven Stone procedió a entrar en la sala de espera del despacho de su padre. Sentada sobre un escritorio una secretaria procedió a saludarlo.
—Buenas tardes, señor Stone. Su padre se encuentra esperándolo—avisó la mujer de mediana edad y lentes.
—Gracias Jessica—le contestó con una sonrisa.
Steven continuó su camino y procedió a abrir la puerta del despacho mientras la secretaria continuaba su trabajo de manera diligente. Dentro de este un hombre risueño de mediana edad bien vestido, cabello canoso y de contextura grande lo esperaba sentado tras su escritorio.
—¡Steven, hijo mío! ¡Es un gusto volver a verte! Toma asiento…
Aceptando su invitación el Campeón procedió a sentarse delante de Joseph Stone.
—¿A qué debo este placer? ¿No quieres tomar algo?
Steven negó con la cabeza.
—No gracias, papá. Que a pesar de haber llegado hace algunos días, aun así tengo una agenda bastante ocupada. He venido a hablar de negocios.
—¿Conque de negocios? ¿Eh? Me imagino que esto tiene que ver con la reunión que tuviste ayer con las autoridades de la ciudad.
El hijo asintió en respuesta.
—Conseguí convencer a las Fuerzas de Defensa y al alcalde del peligro que supone un posible ataque de Uxie a Ciudad LaRousse. Pero para que puedan estar preparadas, necesitarán de toda la ayuda del sector civil para fortalecer las defensas de la ciudad…
—Una ayuda que podría ser muy rentable para Devon…—supuso su padre interesado.
—Esto va más allá del dinero, papá. Necesitamos estar listos lo antes posible ya que Uxie podría atacarnos en cualquier momento. Por lo tanto, he venido a pedirte si es posible que puedas usar tus contactos para poder contactarte con los directivos de los Cuatro Grandes, por favor. Para que así podamos reunirnos todos en un mismo lugar, discutir las necesidades de las Fuerzas de Defensa y ver de qué manera puede cada empresa puede ayudar a satisfacer sus necesidades.
—Vaya… ¿Reunir a los Cuatro Grandes en un solo lugar? Nunca se había hecho algo así antes en Ciudad LaRousse que yo sepa…—contestó Joseph algo sorprendido— ¿Tan urgente es la cosa?
—De suma urgencia, papá. Y mientras antes podamos tener esa reunión, mejor aún.
Joseph se rascó la barbilla pensativo por unos instantes antes de finalmente suspirar resignado.
—Está bien, hijo… En lo personal me hubiera gustado que pudiésemos convertirnos en los proveedores principales de lo que necesitan ahora las Fuerzas de Defensa… Pero si piensas que es necesario, entonces confío en ti Steven. Me contactaré con ellos lo antes posible ¿Me imagino que tú eres el interesado en representarnos?
—Exacto. Además de que yo soy el que tiene la información precisa de lo que las Fuerzas de Defensa necesitan. Por lo que es necesario que esté presente.
—¿Alguna otra cosa más que quieras hablar? —preguntó su padre.
Steven guardó silencio por un rato mientras a la vez que su expresión cambiaba a una de preocupación.
—Papá… Me imagino que ya te has enterado de que vienen en camino más supervivientes a Ciudad LaRousse provenientes del Reino Espejismo ¿No?
Tras la respuesta afirmativa de Joseph, Steven continuó.
—Es altamente probable que entre ellos esté presente el geólogo con el cual trabajé durante mi última expedición en donde encontré el meteorito que tiene una conexión con Jirachi. Su nombre es Takao Cozmo…
—¿Qué tiene de relevante aquella persona? —se preguntó el presidente de Devon.
—Durante mi estadía en el Reino Espejismo me di cuenta de que su nombre se me hacía familiar por algún motivo. Cuando lo busqué en la base de datos de la empresa, me di cuenta de que su padre, Raizoh Cozmo, fue una de las víctimas del Incidente del Malvamar…
La mención de esto hizo que Joseph abriera ampliamente los ojos y se diera cuenta de las implicancias.
—¿Crees que Wattson pueda involucrarse con ese Takao?
—No lo sé—respondió el Campeón—. Wattson tenía a muchas personas bajo su cargo, por lo que es posible que ni siquiera se percate de quien es él. Pero decidí que aun así sería bueno lo supieras.
Joseph suspiró de nuevo. Habría sido mejor si Wattson nunca hubiese llegado vivo a Ciudad LaRousse. Aquello habría supuesto un cabo suelto menos del cual preocuparse…
—Incluso si Wattson se diese cuenta de quien es, me imagino que debe de ser consciente de los posibles riesgos para su persona si se llegase a filtrar información con respecto a su participación en el Proyecto Energía Infinita. Por lo que aun así le conviene guardar silencio.
La mirada de Steven cambió a una de disgusto.
—Tú sabes que siempre he estado en contra de la idea de seguir utilizando Energía Devon. Y que cuando llegue el día que me toque tomar el control de esta empresa, haré todo lo posible para abandonar su uso…
—Y me imagino que eres consciente que a menos que existe una alternativa igual o mejor que la Energía Devon, intentar cambiar nuestra fuente de energía principal a estas alturas podría significar la bancarrota para esta empresa fundada por tu bisabuelo, hijo mío—respondió Joseph impasible.
—Construido sobre la muerte y sufrimiento de incontables pokémon hasta el día de hoy…—añadió Steven fríamente.
Los dos guardaron silencio por un rato mientras se formaba una tensión incómoda en el ambiente. Hasta que finalmente Steven suspiró rendido.
—Está bien, papá… Por el momento tú ganas ya que ahora mismo la prioridad es defender Ciudad LaRousse de sus enemigos. Tan sólo espero que este asunto en el futuro no nos termine reventando en la cara…
—Si todo va igual de bien como lo ha sido hasta el momento, incluso en medio de este apocalipsis todo debería seguir bien como siempre. No tienes nada de lo que preocuparte, Steven… ¿Algo más que quieras hablar hoy?
El negó con la cabeza mientras se levantaba del asiento.
—Eso sería todo, papá. Que tengas una buena tarde…
—Buenas tardes, hijo.
El Campeón procedió a darse la vuelta y a abandonar el despacho con una expresión neutra.
—Llegó aquí alguien buscándolo a usted mientras hablaba con su padre—le mencionó la secretaria.
Steven giró su cabeza hacia un costado y sonrió.
—¿Te hice esperar mucho? —preguntó él.
Sentada sobre un sillón en la sala se encontraba una mujer joven. Ella era de piel morena, cabello oscuro corto y ojos azules. Sus ropas eran igual de exóticas que el resto de su apariencia. Llevaba un sarong azul con una falda larga y suelta con estampados florales, un sujetador sin tirantes, hiba descalza, llevaba un brazalete rojo en su tobillo izquierdo y dos grandes adornos con forma de flores rojas a ambos lados de la cabeza.
Phoebe del Alto Mando negó con la cabeza.
—Sospechaba que podías estar aquí, Stevie. Tú sabes que tengo fuentes de información muy buenas, muchas de ellas incluso fuera de este mundo …—contestó ella con una sonrisa picarona mientras se ponía de pie.
Steven se acercó a ella con determinación y una vez que se detuvo en frente de ella, acercó su cabeza y la besó.
—¿Vamos, cariño? —preguntó él tras separarse.
—Detrás de ti, guapetón…— respondió ella.
—Las damas primero…
Phoebe soltó una risilla y ambos procedieron abandonar juntos la sala de espera.
Una vez sola la secretaría continuó trabajando como de costumbre. Pero lentamente, dos cabezas oscuras procedieron a emerger del techo de la sala y comenzaron a hacer morisquetas ruidosas boca abajo. Haciendo que la secretaría soltase un grito.
—¡Ustedes otra vez! —exclamó ella molesta— ¡Váyanse de aquí a molestar a otra persona que estoy ocupada!
Las dos Banette soltaron una carcajada estridente, procedieron a emerger del techo en su totalidad y procedieron a seguir a su entrenadora atravesando la pared con la puerta por donde había salido. Detrás de ellas dos una Dusclops y una Dusknoir emergieron del techo y atravesaron la pared en rápida sucesión también.
Una vez estando definitivamente sola (o al menos eso pensaba), ella sacudió la cabeza indignada.
—Fantasmas…—musitó reanudando su trabajo.
El capítulo pudo haber sido un tanto más lento de lo usual. Pero era necesario reflejar las consecuencias de la batalla anterior y presentar a ciertos personajes que van a ser relevantes ahora que la situación ha evolucionado a una mucho mayor y que supera en escala a los protagonistas originales.
La historia continuará el próximo mes en el capítulo 3: Paseo por el Centro.
