Pasión Desenfrenada
Arthur, Andrés, Alyssa, Claudia y Ángela se subieron a la pista de baile haciéndose espacio en esta y comenzaron a moverse. Los dos chicos empezaron lentamente y con cierta timidez ya que no estaban acostumbrados a hacer aquello.
Para el caso de Alyssa, la dificultad estaba principalmente en que la música era completamente distinta a la que acostumbraba a bailar en los festivales que tenían en su aldea natal. Además de que el ambiente ruidoso y empaquetado de personas del club distaba mucho del elegante y espacioso salón del Reino Espejismo donde había bailado vals con Arthur hace algunos meses.
Pero la situación era diferente para las otras dos chicas. Ángela en poco rato había agarrado el ritmo a la música y había comenzado a moverse con soltura. Mientras que Claudia desde el primer momento había comenzado a hacerlo como si esto fuese algo usual para ella.
—¡Vaya, Ángela! ¡No lo haces nada mal! —le felicitó Claudia.
—¡Gracias! ¡Pero parece que no me puedo comparar contigo, Claudia! ¡Pareces una diva! —le respondió ella.
Claudia se rio entre dientes sintiéndose halagada por sus palabras. Con el paso del tiempo los dos chicos habían comenzado a relajarse un poco más incluso si sus movimientos aún dejaban bastante que desear.
Eventualmente Ángela se acercó a Andrés.
—Perdón si es que no puedo seguirte el ritmo…—expresó Andrés algo avergonzado.
—¡No te preocupes! ¡Aquí nadie está juzgando a nadie! ¡Con la práctica mejorarás y lo importante es divertirse! —le animó.
Con todo el ajetreo que había en la pista de baile, eventualmente otras personas comenzaron a meterse en medio de ellos. Lo que hizo que Ángela y Andrés quedaran separados bailando juntos por su cuenta.
Claudia se dio cuenta de este detalle e hizo que tuviese una idea. La chica sonrió maliciosamente y procedió a acercarse a Arthur moviéndose de manera un tanto sugerente.
—Oye Arthur, parece que necesitas un poco de ayuda ahí… Pero no te preocupes, que tengo buena experiencia en esto…
—¿Eh?
Arthur notó algo diferente en ella. Esos pasos… aquella mirada… esa sonrisa… lo que emanaba de su aura… En ese momento parecía alguien diferente y las sensaciones que inundaron sus sentidos provenientes de ella le arrebataron el aliento.
Por lo que cuando Claudia terminó de acercarse a su lado sin dejar de mirarlo con esos hermosos ojos violeta, Arthur no pudo evitar que ella lo tomara de un brazo y lo apartara para sí misma sin que Alyssa se diese cuenta.
Arthur se dejó llevar por Claudia hasta otro sector de la pista. Cuando lo soltó, ella le dio la espalda y avanzó lentamente algunos pasos mientras meneaba su figura antes de darse la vuelta.
—¡Demos comienzo a las lecciones de baile entonces! —dijo Claudia con ánimo— Mira un momento como lo hago y trata de imitarme.
Ella comenzó a bailar. Primero lo hizo con movimientos simples que Arthur trató de imitar lo mejor posible. Los minutos a solas entre los dos transcurrieron y de a poco ella comenzó a aumentar la dificultad.
Él podía notarlo. Ella bailaba con soltura, con pasión y movimientos que eran igual de fluidos como de veloces. Era evidente que Claudia tenía mucha experiencia en esto y que le encantaba hacerlo. Era una faceta nueva que Arthur no conocía de ella y debía admitir que le gustaba lo que veía. En ese momento, cualquier pensamiento que podía tener con respecto a Alyssa desaparecieron completamente de su mente.
—Muy bien…—sentenció eventualmente ella— Para estar comenzando no lo haces nada de mal. Quizás todo ese entrenamiento de artes marciales ha terminado sirviendo para algo…
Entonces Claudia le echó una mirada sugerente que hizo que el corazón le diera un salto.
—No es necesario que estés tan lejos, Arthur… Vamos… Acércate que no muerdo…—le invitó ella con el guiño de un ojo y en un tono que sonó particularmente coqueto.
Arthur tragó salivo nervioso y la obedeció acercándose más a ella. Sus palabras en este momento sonaban como a un hechizo el cual costaba resistirse.
Ocupada con intentar seguirle el paso a las demás personas alrededor de ella, Alyssa había perdido la atención de lo que estaba ocurriendo alrededor suyo hasta el punto de que eventualmente se dio cuenta de que le había perdido el rastro a Arthur y a Claudia. Mirando a su alrededor pudo ver entre el público a Marcus bailando con una chica de pelo azul desconocida, pero aquello no era lo que estaba buscando.
Cuando finalmente los encontró ella se quedó helada. De alguna forma u otra, Claudia se las había ingeniado para arrebatarle a Arthur enfrente de su nariz y lo había llevado a otra parte para bailar a solas con él.
—¡Esa perra! ¡Con razón quiso llevarnos aquí! ¡Este es su ambiente, su territorio! ¡Aquí es en donde se siente en ventaja!
El pecho de Alyssa comenzó a llenarse de ira y estaba dispuesta a acercarse para intervenir. Pero tras dar algunos pasos se detuvo de súbito.
Se había dado cuenta que había caído en la trampa perfecta. Si intentaba arrebatarlo a la fuerza de las manos de Claudia, de seguro armaría un gran escándalo en medio del club que incomodaría a Arthur y empeoraría aún más su situación con él. Es más, por mucho que odiase aquella situación, en la práctica ambos seguían siendo tan sólo amigos y por lo tanto no podía obligarlo a bailar sólo con ella…
Sintiéndose derrotada, ella soltó un suspiro de decepción decidió regresar a la mesa a rumiar su fracaso. En el intertanto pensaría en algún otro plan para intentar recuperarlo antes de que la noche terminase. Lo que sí tenía claro es que cuando apareciese una oportunidad, ella debía asegurarse a sacar a bailar a Arthur también en algún momento y que esa desgraciada no intervenga…
En otro lugar de la pista Nick se encontraba bailando junto a Erika. Él ya había visitado antes clubs pensados para entrenadores jóvenes como este allá en su tierra natal en Johto. Por lo que ya tenía experiencia en estas situaciones y se sentía en confianza con sus movimientos.
Algo que le llamó la atención sobre Erika es que antes de comenzar a bailar ella se había presentado ante él como lo haría alguien en una gala formal y entonces la acción había comenzado. Era evidente que Erika había tomado lecciones de danza ya que bailaba magistralmente con movimientos gráciles y elegantes. También lo fue el hecho de que sus pasos, aunque improvisados, estaban pensados para otro tipo de música. Pudiendo reconocer pasos de ballet en su estilo.
A pesar de la gran diferencia de estilo, en poco rato Erika se había adaptado plenamente al ritmo de la música electrónica rápida del club. Improvisado un estilo propio bastante en inusual en comparación con los movimientos casuales y desordenados de las demás personas alrededor de ellos. Fue particularmente destacable cuando comenzó a girar sobre si misma en puntillas y a hacer semicírculos con una pierna extendida junto a su falda ondeante
Tal vez aquellos pasos eran un tanto extraños para un lugar como este, pero había que reconocer que era algo impresionante de ver ya que aquellos pasos requerían claramente de una gran habilidad, destreza y muchos años de entrenamiento. Lo que incluso atrajo las miradas de las personas alrededor de ellos.
Nick comenzaba a pensar que quizás la noche no iba a ser tan aburrida como había pensado antes.
Bruce y Rose seguían bailando. En donde con el paso del tiempo el Blaziken por fin había comenzado a moverse con mayor confianza alentado por Rose.
Se suponía que lo que hacían era bailar, pero debido a la naturaleza de su especie y al hecho de que los primeros movimientos de Bruce habían estado basados en lo que sabía de artes marciales, Rose había decidido comenzar a imitarlo también. Por lo que de a poco lo que hacían parecía cada vez menos un baile y más bien una pelea en juego.
Pelea en juego que a cada momento se iba tornando más juguetona.
Los movimientos que hacían eran como los de una pelea, pero venían cargados de un intenso componente sensual en ellos. Rose se movía de forma provocadora delante de Bruce, haciendo un fuerte énfasis en su figura femenina, sus caderas, sus fuertes piernas y lo que había en medio de estas…
Cuando habían momentos en que los dos se acercaban el uno el otro. Ellos hacían como si tuviesen la intención de golpearse. Pero en el momento en el que su oponente evadía, de inmediato el otro contraatacaba tocando o deslizando sutilmente sus extremidades por las áreas sensibles de este. Toques que con el paso del tiempo se iban volviendo cada vez más atrevidos e intensos.
Bruce sentía como su mente con el paso del tiempo comenzaba a nublarse y a perder su racionalidad. Los pokémon alrededor suyo comenzaron a desaparecer de su conciencia y su mundo en ese momento se redujo a la hermosa hembra que tenía delante suyo. Un intenso calor envolvió su cuerpo e hizo que su respiración se transformara en jadeos que expulsaban vapor cálido.
Eventualmente, todo su cuerpo y mente se habían convertido en una caldera en llamas impulsado por el deseo que sentía por Rose en ese momento. Sensación que hacía sentir a Bruce al borde de perder la cabeza y que su corazón se le iba a salir por el pecho.
Aquel desenfreno se vio parcialmente interrumpido cuando Rose se acercó a él y plantó con firmeza un brazo sobre uno de sus hombros. De su respiración agitada emanaba aire vaporoso también y procedió a echar un vistazo hacia abajo.
—Vaya, vaya… Parece que tenemos a alguien muy motivado ahora mismo…—dijo la Blaziken interesada antes de regresar a sus ojos.
Bruce no aguantó más.
—¿Rose?... ¿Te parece si seguimos entrenando afuera?
Rose asintió de inmediato emocionada.
—Suena como una idea fantástica…
Con aquel acuerdo alcanzado, los dos procedieron a moverse rápidamente en dirección a la salida del club nocturno. Provocando varias reacciones de molestia proveniente de los pokémon que que se interponían en el camino. Pero en ese momento nada de aquello les importaba.
Una vez que los dos salieron por la entrada a toda velocidad tomados de la mano, el Machoke y el guardia humano los observaron salir.
—¿Viste eso? —preguntó el Machoke.
—Lo vi…—respondió el guardia mientras marcaba una línea nueva en un cuadernillo de notas que tenía a mano— Claramente estaban listos para un poco de acción. Tres más esta noche y le habré ganado la apuesta a Chris del siguiente turno…
—¿Te imaginas cuantos más habrían si le permitieran a los pokémon beber alcohol?
—No quiero ni pensarlo… Probablemente el club se caería a pedazos entre los que se pondrían a pelear y los con ganas de coger…
El Machoke sacudió la cabeza.
—Sería un puro desastre…
En el interior del club, Gardevoir y Gawain continuaban con su danza.
—Dime Gawain… ¿Has bailado anteriormente con otras Gardevoir? —le preguntó ella ahora que sentía más en confianza.
—Por supuesto, soy un Gallade de la nobleza Kalosiana y nuestra especie es bastante popular entre ellos—contestó el pokémon con honestidad—. Por lo que se espera que nos relacionemos socialmente con muchos pokémon.
—¿Y habías bailado con alguien como yo?
Gawain se río entre dientes.
—¿Con una Gardevoir de origen salvaje? Aquello sí que es algo nuevo para mí—reconoció él—. Por lo general los pokémon de la nobleza provienen de criadores profesionales altamente cualificados y cada uno de nosotros tiene un pedigrí muy fino que puede rastrearse por varias generaciones.
—¿Pero entonces no te sientes rebajado por el hecho de bailar conmigo?... —preguntó sintiéndose un tanto insegura de oír eso.
—¿Rebajado? ¡Por supuesto que no! —respondió el Gallade— ¿Por qué debería sentirme rebajado por estar con una dama tan encantadora como usted?
—¿Le dices eso a todas las hembras que conoces? —preguntó ella arqueando un cek
—Sólo a las que valen la pena como tú…—le aseguró.
Marcus caminaba sonriente de regreso a la barra para ordenar otro trago y así celebrar una victoria más al haber podido conseguirse el número de la chica de pelo azul. Chica con la cual se había quedado con verse para mañana en su departamento.
No había sido nada que sus encantos Kalosianos no pudiesen conseguir.
Mientras pedía su trago, Marcus echó un vistazo hacia la pista de baile de los pokémon y pudo ver a Gawain bailando con la Gardevoir de ese chico amigo de Arthur.
—¡Ese es mi pokémon! Todo un campeón al igual que su entrenador…—pensó sonriente.
El Caballero de Aura recibió su trago y procedió fijarse en los asientos en donde había estado hace un rato. Su hermana y Nick ya no estaban, por lo que asumía que finalmente habían decidido ir a bailar también.
Pero las mesas no estaban completamente vacías ya que pudo ver a una chica pelirroja allá.
—¿A quién tenemos aquí? ¿Cómo era que se llamaba? ¡Ah, cierto! Alyssa, la supuesta novia de Arthur…—se dijo a si mismo recordándola entre el público cuando él y su hermana habían contado su historia heroica en el centro de refugiados
Marcus pudo sentir tanto por su apariencia como por su aura que se encontraba particularmente frustrada y desanimada. Verla en ese estado le motivó a comprar una bebida no alcohólica adicional y llevó ambas hacia su mesa.
-Excusez-moi, Alyssa… Usted luce como una mademoiselle que necesita beber algo…—le dijo amablemente mientras le dejaba la bebida no alcohólica delante suyo y se sentaba al frente.
Alyssa que se encontraba mirando hacia la mesa cabizbaja levantó la mirada y lo observó con desconfianza.
—¿No tenías una cita en otro lugar? —le preguntó con seriedad recordando a la otra mujer que había visto con él.
—Descuida, todo eso quedó programado para otro momento—le aseguró sin inmutarse y con una sonrisa segura.
La chica observó el trago de Marcus y posteriormente el suyo.
—Pudiste haberme traído algo fuerte también…—indicó ella relajando su expresión y volvió a bajar la mirada— Soy del campo ¿Sabes? Allá la gente no se toma tan en serio los límites de edad y siento que me hace falta uno…
—No era mi intención meterme en problemas con las autoridades por mucho que esté en desacuerdo con sus leyes. Además, no se vería bien que un adulto le dé de beber alcohol a una menor. Algunas personas podrían suponer malas intenciones de mi parte…—le expresó tranquilo.
Entonces él tuvo una idea.
—Mi estilo de vida suele estar marcado por el peligro—continuó Marcus—. Por lo que si la mademoiselle insiste, podríamos hacer un intercambio que nadie se dará cuenta…
Marcus tomó los vasos y los intercambió dejando su bebida original delante de ella. Él era consciente de que este gesto no era muy apropiado, pero una parte caballeresca suya le hacía difícil poder resistirse al deseo de querer cumplir los caprichos de una dama.
Alyssa observó la nueva bebida con mayor interés, rápidamente tomó de esta y se bebió un gran sorbo. Ella soltó un suspiro hondo y sus mejillas se ruborizaron ligeramente.
—Gracias…
—Ahora bien ¿Supongo que me merezco una explicación del porqué se encuentra tan desanimada?
—Mis problemas no son de tu incumbencia, Marcus Antoine de Eisenberg… ¿Por qué le interesarían a un niño mimado nacido en cuna de oro los problemas de una simple plebeya? —dijo ella más deslenguada ahora que se le estaba subiendo el alcohol a la cabeza.
—Porque sin importar si es una plebeya o una noble, a mí no me gusta ver a una dama triste—respondió Marcus sin dejarse ofender.
—¡Ja! ¡Si insistes tanto! ¡¿Por qué no?! Tan sólo estaba pensando…
—¿Pensando en que cosa?
—¡En cómo recuperar a mi novio de una perra entrometida y ladrona! —exclamó golpeando la mesa con un puño e inmediatamente se tomó otro trago del vaso.
Marcus ya lo había supuesto, pero ahora tenía la confirmación directa.
—En ese caso diría que has encontrado a la persona correcta. Me considero a mí mismo un experto en materias sentimentales—le indicó.
—¡Claro! ¡Me imagino que después de todas las noviecitas que han ido y venido en tu vida tal como esa mujer de pelo azul, de seguro debes de tener mucha experiencia!
—La experiencia puede ser útil en una situación como esta—respondió él con calma y sin negar la acusación.
Alyssa comenzó a sollozar.
—¡Todo esto es demasiado injusto! —exclamó ella—¡Yo vi a Arthur primero! ¡El ya casi era mío cuando esa perra apareció y comenzó a quitármelo! ¡Y no me vengan con esa mierda de que Claudia era su amiga de la infancia o algo por el estilo! ¡Esa estúpida desapareció de su vida por siete años después de haberle hecho daño y de la nada el tonto no sólo la perdona, sino que empieza a echarle ojitos también!
Ahora sí que definitivamente se le había subido el alcohol a la cabeza. Marcus miró por un instante hacia la pista y con sus sentidos en el aura pudo sentir a Arthur bailando con la chica en cuestión.
—Si es tan evidente la falta de lealtad de Arthur al tiempo que han pasado juntos… ¿No te has puesto a pensar si es que en verdad él vale pena? —le preguntó regresando a Alyssa.
—¡No! —exclamó furiosa— ¡Yo lo quiero! ¡Yo lo quiero para mí! Arthur es fuerte, amable, apuesto y un Guardián de Aura como los de las leyendas que contaba el abuelo… ¡Es por su culpa de que Arthur está actuando así! ¡Es Claudia la que lo corrompió y la que lo está haciendo actuar de esa manera!
—¿Así que la campesina sueña con príncipes azules? ¿Eh? —pensó él con una sonrisa interna— Todo un clásico…
A pesar de la broma, el Guardián de Aura debía admitir que también sentía pena por ella. La pobre parecía tan desesperada por Arthur, pero al parecer este no le prestaba la atención que a ella le gustaría. Para mayor remate, este curioso triángulo amoroso había afectado también a su nuevo compadre Nick.
Alyssa no le parecía nada especial en comparación con la mujer con la cual había bailado hace a un rato. Pero aun así, ver a una dama en apuros le hacía sentir el deseo de ayudarla de alguna forma. Incluso si esto significaba afectar la relación que tenía ella con su amigo.
—Independiente de la responsabilidad que tenga Claudia en este asunto. Aquello no cambia el hecho de que al final es Arthur el responsable de desviar su atención entre las dos—le indicó—. Y que, por lo tanto, pienso que podría ser una buena idea comenzar a buscar a alguien más que sí te dé la atención que buscas.
—¡No! —dijo otra vez Alyssa— ¡No quiero rendirme tan pronto! Aún siento que tengo la posibilidad de recuperarlo si es que hago algo bien ahora…
Angustiada, la chica se tomó otro trago de la bebida alcohólica y ahora este estaba casi vacío.
—Oye, tranquila Alyssa… Quizás no sea bueno que sigas bebiendo tanto…—sugirió Marcus comenzando a sentirse preocupado por su comportamiento.
—¿Ah sí? ¿Y qué vas a hacer para detenerme, niño bonito? — le dijo de forma burlona claramente ebria y arrastrando la lengua— Además… ¿Por qué te interesa tanto mi historia? ¿Acaso no te pareció suficiente conquistar a una sola mujer en una noche y ahora te interesa ir por la segunda?
Entonces ella bebió del vaso de nuevo y se terminó todo el contenido.
—¡Oh! ¡Sí! ¡Eso se sintió muy bien!
Completamente desinhibida, por un momento Alyssa comenzó a mirar a Marcus de arriba abajo con interés.
—¿Aunque sabes Marcus?... Allá en el Centro Comunitario escuché toda tu historia y debo admitir que en realidad me pareció de lo más fascinante… Especialmente cuando te pusiste esa armadura… je, je…
El Caballero de Aura suspiró agobiado por la súbita atención no deseada que ahora estaba recibiendo de parte de la chica fuera de sí.
—Quizás no fue buena idea haberla dejado beber…—pensó Marcus comenzando a sentirse arrepentido de su decisión motivada por la emoción del momento.
Mientras Arthur continuaba bailando con Claudia, no podía dejar de pensar en lo mucho que le agradaba la versión de ella que tenía en frente. A pesar del tiempo que había transcurrido sin verse, todavía era capaz de recordar la imagen que tenía de ella durante la época que eran amigos junto con Andrés en Ciudad Petalia de pequeños.
Por lo que cuando se habían reencontrado en Pueblo Lavacalda, a Arthur le había parecido que hasta cierto punto se había convertido en nada más que una sombra de la persona que alguna vez conoció. En comparación, ella se había vuelto débil, frágil e insegura. Las mismas palabras que ella había utilizado para describirse a sí misma en el Groudon cuando estuvieron a solas en el área de máquinas.
Pero con el paso de los últimos dos meses desde que se habían reencontrado y culminando en este momento, Arthur podía sentir que la Claudia de antaño estaba de regreso. Fuerte… tenaz… segura de sí misma… Estas serían ahora las palabras podría utilizar para describirla ahora y que encajaban con el antiguo recuerdo que tenía de ella.
Pero no era solamente eso, sino que ahora la niña que alguna vez conoció había crecido en toda una mujer bella. Mujer llena de vida que irradiaba pasión y energía en esta pista de baile y que volvía a cautivarlo como en aquellos viejos tiempos.
¿Acaso era este el momento? ¿Había llegado la hora de retomar lo que tenían y pasarlas al siguiente nivel?
Por medio de su mirada sugerente, sus posturas corporales y los mensajes invisibles provenientes de su aura, Arthur sospechaba que en este momento ella se encontraba receptiva a sus avances…
Pero… ¿En qué dejaba esto a Alyssa?
Antes de poder seguir meditando estos asuntos, la música del club se detuvo de repente, las luces estereoscópicas se apagaron y la iluminación del club se redujo de manera considerable.
—¡Damas, caballeros y pokémon presentes esta noche! ¡Prepárense para abrazar a sus parejas que llegó su momento! —anunció el DJ.
En este instante la música rápida electrónica fue reemplazada por música romántica lenta junto al regreso de las luces estereoscópicas que volvían a encenderse de nuevo.
—Oh, mierda…—pensó Arthur sintiéndose acorralado.
Claudia miró alrededor suyo explorando el nuevo ambiente y a pesar de la baja iluminación, a Arthur le pareció ver una nueva sonrisa maliciosa en su rostro.
—Vaya… parece que la situación ha cambiado… ¿Te parece si me acerco un poco más? —le preguntó de manera coqueta.
Ella comenzó a acercarse lentamente sin apartar los ojos de su mirada. Mientras lo hacía, Arthur no movió ningún músculo mientras sentía que su corazón comenzaba a acelerársele.
—Te vez tenso, Arthur…—le dijo una vez que se aproximó lo suficiente— ¿Te incomodo? ¿Quieres me vaya?
—No es eso…—respondió nervioso negando con la cabeza— Es sólo que todo esto es tan distinto a lo que estoy acostumbrado…
—¿Así que es eso? ¿Eh? Me dijeron que cuando llegaron al Reino Espejismo la primera vez tuvieron una fiesta de gala salida como de un cuento de hadas... También me enteré de que bailaste bastante bien esa vez… ¿Me muestras como lo hiciste? —preguntó ella inocentemente.
Arthur tragó saliva y asintió. Entonces, procedió a colocar su mano derecha detrás de la espalda de Claudia y con su mano izquierda tomó su mano derecha. En respuesta, ella imitó el gesto envolviendo con su brazo izquierdo la espalda de Arthur.
Una vez abrazados, los dos comenzaron a girar lentamente alrededor de la pista sin dejar de mirarse.
—¿Seguro que está bien que estemos haciendo esto? —preguntó Gardevoir ruborizada mientras bailaba dando vueltas abrazada de Gawain —¿No tienes alguna prometida de alta alcurnia esperándote de regreso en Kalos?
—¿Acaso me preguntas si ya estoy comprometido? —contestó el Gallade— No te preocupes, que para fortuna nuestra aquello todavía no ha ocurrido. Por lo que tenemos todo el tiempo del mundo. Además, lo que estamos haciendo no es motivo para estar con nervios. No es más que un baile, no tiene por qué significar algo para nosotros además de pasarla bien.
—¿Por qué dices eso? —preguntó confundida.
—¿Recuerdas que te dije que he bailado con otras Gardevoir anteriormente? ¿En dónde crees que estaría si permitiese que cualquier pie de baile que he tenida con alguna de ellas significase algo?
—¿Entonces no significo nada tampoco?
—Eso aún está por verse, señorita. Yo tenía que bailar con esas otras damas porque otros esperaban de mí que lo hiciera. Pero aquí, lejos de casa, finalmente puedo elegir bailar con quien yo quiera…
Arthur y Claudia continuaron bailando juntos como lo estaban haciendo en esa especie de vals que estaban imitando. La situación se mantenía estable, un Arthur nervioso no dejaba de preguntarse si a lo mejor debía tratar de tomar la iniciativa de alguna forma. Aunque finalmente fue Claudia la que se le adelantó otra vez.
—Oye Arthur…
—¿Qué ocurre?
Claudia soltó una risilla entre dientes y se ruborizó.
—¿Te he dicho alguna vez lo apuesto que te ves ahora tras todos estos años? —le preguntó juguetonamente.
—¡¿Qué?!
Aquella pregunta tan inesperada lo desarmó e hizo que la soltara. Aprovechando la situación y no queriendo separarse de él, ella se arrimó abrazándolo con ambos brazos y apoyó su cabeza sobre su cuello.
—¡¿Qué estás haciendo?! —preguntó Arthur casi sin aliento mientras seguían girando sobre si mismos.
—Te estoy dando un abrazo, Arthur… ¿No parece obvio? —respondió ella, la que en parte lo hacía para poder sentir un poco de sus nuevos músculos.
—Estás rara hoy, Claudia…
—¿Rara? Oh… Arthur… Yo diría que hoy me siento mejor que nunca… Además… ¿No nos hemos abrazado así antes? ¿Cómo cuando lo hicimos en la zona de máquinas del Groudon y las otras veces cuando éramos niños? ¿Por qué tendría que ser algo raro entonces?... ¿Acaso no te gusta? ¿Quieres que me suelte entonces? —le preguntó entonces.
—Claudia…
Sin poder resistirse al contacto de su cuerpo, Arthur procedió a envolverla también con sus brazos haciendo que ambos bailaran apretados. Claudia con los ojos cerrados trataba de disfrutar de este momento mientras durase ¿Pues quien sabía si habría otro?
—¿Sabes Arthur? Estaba deseando que tuviésemos otro momento a solas como aquella vez en el Groudon. Quizás hayan pasado algunas situaciones molestas entre los dos, pero entiendo que en el fondo estás pasando por una época difícil como todos nosotros…
—¿A qué te refieres?...
—Quiero decir que de la misma forma que me ayudaste a sanar las heridas de nuestra separación en el Reino Espejismo, quiero que sepas que sí así lo quieres, yo estaré disponible para cualquier cosa que necesites de mí… Si necesitas a alguien que te escuche cuando te sientas mal… A alguien que te dé un abrazo cálido como este cuando te haga falta uno, o un beso en la frente para consolarte como en los viejos tiempos… Pues aquí me tienes…
Claudia guardó silencio unos instantes como si estuviese juntando fuerzas para decir algo importante, pero difícil. Algo que podía marcar la diferencia para siempre.
—A menos que… aquello no sea todo lo que quieras de mí…
El Guardián de Aura soltó un quejido y la chica levantó su cabeza para volver a mirarlo muy de cerca a los ojos. Ella se encontraba completamente ruborizada y sus ojos parecían estar ardiendo de una pasión intensa.
—Por lo que me pregunto… ¿Te gusto, Arthur? Por cómo me estás mirando diría que sí… Hasta ahora tan sólo te había dado besos en la frente… Pero… ¿Alguna vez te has preguntado cómo sería uno de verdad?". —le preguntó seductoramente.
Incrédulo, Arthur posó su mirada por algunos instantes sobre sus labios como si estuviese hipnotizado por ellos…
—¿Qué te parece? —le preguntó acercando su boca a la suya hasta el punto de poder sentir su aliento— Pero si te interesa la idea primero respóndeme… ¿Te gusto?
Cuando hizo esa última pregunta, por un breve instante Arthur pudo sentir que la voz de Claudia se quebraba y de esta emergió un sentimiento de temor oculta tras sus palabras.
Darse cuenta de estos detalles hicieron que Arthur finalmente tuviese un momento de claridad. Se dio cuenta que por muy interesado que hubiese estado por Alyssa en su momento, en realidad lo que había extrañado y deseado durante todo este tiempo era esto.
En comparación, Alyssa había aparecido en un momento de su vida en el cual se preguntaba si valía la pena seguir recordando su pasado con su antigua amiga. O si en su lugar era mejor dar vuelta la página y seguir adelante con alguien más. Además, el hecho de que Alyssa prácticamente se había arrojado sobre sus brazos desde el primer momento había hecho difícil para él resistirse a aquella idea.
Por lo mismo, ahora también entendía el por qué le costaba tanto dejar a Alyssa atrás. Era porque dejándose llevar por la emoción del momento, Arthur la había ilusionado con una posible relación y tenía miedo de romperle el corazón después de los momentos que habían pasado juntos en el Reino Espejismo. Algo que sería completamente su culpa tras haberla terminado convirtiendo, aunque sea inconscientemente, en una clase de sustituto de alguien más.
Pero aun así…No podía seguir ignorándolo… No podía seguir engañándose así mismo… La persona con la cual quería estar no era Alyssa, sino que Claudia. La que por lo visto en algún punto había comenzado a desarrollar sentimientos hacia él también.
Además, podía sentirlo a través de su aura. Claudia había estado actuando coqueta y segura en este momento, pero en realidad estaba muerta de miedo ante lo que el respondería. Podía sentir cómo su respiración se agitaba y su cuerpo comenzaba a temblar. Por lo que en ese momento Arthur no quería nada más que abrazarla, consolarla y tranquilizarla.
—Lo siento, Alyssa… Espero que algún día puedas perdonarme…
Finalmente, Arthur asintió de regreso. Cualquier tipo de vacilación o ambivalencia hacia la otra chica desaparecieron por completo.
—Dilo…—le imploró ella tras ver ese gesto, en un tono quebradizo que sonaba como una súplica llena de desesperación.
—Me gustas, Claudia…—respondió Arthur— Si tan sólo supieras cuanto…
Incrédula, Claudia abrió la boca ligeramente y sus ojos se humedecieron llenos de emoción. En respuesta ella se arrojó sobre sus labios y ambos se besaron.
Fue un beso largo y apasionado a pesar de ser a la vez un tanto torpe y húmedo. Pero a ninguno de los dos le importó. A diferencia del que le había dado Alyssa en el Centro Meteorológico antes de la batalla en el Instituto, esté llenó a Arthur de júbilo y de una inmensa sensación de triunfo.
Cuando Claudia se desprendió de su rostro, ella comenzó a sollozar y lágrimas comenzaron a rodar en sus mejillas y los ojos hinchados.
—¡Hasta que finalmente te obligué a decirlo! ¡Pedazo de idiota! —le increpó molesta— ¡Mira todas las bobadas que tuve que decir y hacer para que finalmente reaccionaras!
Arthur la abrazó fuertemente.
—¡Lo siento tanto, Claudia! Perdóname por haberme demorado tanto en reconocerlo…
Ella finalmente rompió en llanto y le devolvió su abrazo enterrando su cabeza en su cuello otra vez. Descargando en el proceso una enorme cantidad de miedo y ansiedad acumulada durante estos últimos días tras rechazar a Nick y temer que ambos se apartarían de su vida para siempre dejándola sola. Finalmente, todo el esfuerzo y sacrificio que había hecho habían valido la pena.
Permitiendo que ella descargara su corazón sobre él, Arthur levantó una mano y comenzó a acariciar detrás de su cabeza y su cabello.
—Tranquila… Calma… Todo estará bien…—le susurraba al oído para consolarla, finalmente tomando el lugar que ella había ocupada para él por mucho tiempo.
Marcus todavía se encontraba sentado en la mesa junto a Alyssa pensando si es que había alguna forma posible de escapar de esta situación embarazosa.
Claramente el trago de Marcus había sido demasiado fuerte para lo que la pelirroja estaba acostumbrada por mucho que haya dicho haber bebido anteriormente y tan sólo un vaso había bastado para embriagarla.
Él no quería nada más que regresar a la pista para seguir bailando y aprovechar ver si podía conseguirse una conquista más. Pero se sentía obligado a vigilarla ahora que estaba en ese estado por su culpa.
Además, debido a la influencia del alcohol no paraba de lloriquear y balbucear acerca de Arthur, lo mucho que odiaba a esa tal Claudia y que por lo visto también había captado su atención en la celebración de cumpleaños. Por Arceus… ¿Por qué tenía que pasarle esto? ¡Tan sólo quería divertirse!
Para mayor remate, cuando las luces se apagaron Marcus se dio cuenta inmediatamente que el momento de la música lenta había comenzado. Y a diferencia de Gawain que seguramente iba a poder divertirse con esa Gardevoir, en su lugar tendría que estar aquí haciendo de niñero.
—¿Qué está pasando?... —musitó Alyssa algo lánguida.
—Tan sólo un cambio de música…—exclamó Marcus en un tono aburrido mientras bebía de la bebida original que le había comprado a la chica apoyado sobre la mesa.
Cuando Alyssa comenzó a escuchar el tipo de música, ella recuperó algo de lucidez y comenzó a mirar hacia la pista de baile buscando algo preocupada.
—¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan alterada?
—¡¿Dónde están?! ¡¿Dónde están ellos dos?! —exclamó ella.
Fue entonces que el Caballero de Aura encajó las piezas en su cabeza y se irguió sobre su asiento para mirar también.
—Por favor, Arthur… No me hagas las cosas más dificiles de lo que ya están…
—Tranquila, Alyssa. No te pases ideas por la cabeza. De seguro que no está pasando nada—le dijo intentando calmarla.
—¡Cállate! ¡No te metas en esto!
Pasaron varios minutos y unas cuantas canciones buscando hasta que finalmente Alyssa quedó paralizada-
—No…—musitó ella sin aliento.
—¿Eh?
Marcus miró el rostro de la chica y vio que este se había puesto pálido. El joven adulto miró en dirección hacia donde ella observaba y pudo ver a Arthur y a Claudia besándose.
—¡Maldita sea, Arthur! ¡Elegiste el peor momento para convertirte en un don Juan!
—¡NO! —exclamó Alyssa en un grito visceral de profundo dolor— ¡¿Por qué me haces esto?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?!
La chica rompió en un profundo llanto inconsolable.
—Entiendo que esté furiosa, mademoiselle. Pero en su estado no es recomendable que se altere tanto o podría cometer alguna locura…
—¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio, Arthur! ¡Váyanse los dos al infierno!
No pudiendo soportar más lo que veía, Alyssa se levantó de su asiento y salió corriendo en dirección a la salida cubriéndose el rostro con las manos.
—¡Espera! —le gritó Marcus fallando en alcanzarla a tiempo— ¡Merde!
—¡ALYSSA! ¡ESPERA ALYSSA! —exclamó su Magnemite con su voz robótica, dándose cuenta de lo que le ocurría a su entrenadora y salió en su persecución.
El caballero decidió ponerse de inmediato en contacto con su hermana a través del aura.
—¡Erika!
Ella que se encontraba exhibiendo sus pasos de danza más lentos en frente de Nick como si estuviese sobre un escenario se detuvo de súbito. A pesar del cambio inesperado en la música del club, su acompañante se había asegurado de mantener una distancia respetuosa de ella.
—¿Marcus? ¿Sucede algo? —preguntó ella preocupada por la interrupción.
—¡Ocurrió una urgencia y debo irme! ¡Por lo tanto te dejo a cargo a Gawain y a Medea en caso de que no regrese!
—¿Necesitas ayuda?
—¡Descuida, esto es algo que puedo hacer solo! ¡Muchas gracias, Erika!
Marcus cortó la comunicación a distancia. Esta no era la manera en la cual quería continuar la noche, pero simplemente no podía permitir que una chica ebria y descontrolada estuviese dando vueltas sola en medio de la noche. Si le ocurriese algo no sólo sería culpable por haberle dado de beber alcohol a una menor y se metería en problemas legales, sino que también su conciencia no lo dejaría tranquilo. Le gustase o no, ella era ahora su responsabilidad.
El joven adulto salió del club hacia la calle y miró hacia los alrededores.
—¡No pudo haber ido demasiado lejos!
Concentrándose en expandir sus sentidos en el aura, a Marcus le pareció sentir la señal de ella y la de su pokémon proveniente del Parque Central que estaba inmediatamente al lado del club.
—¡Alyssa!
Entonces el corrió hasta el borde del parque y pudo ver a Alyssa llorando sentada sobre una banca mientras su Magnemite la miraba preocupado por detrás.
—Soy una tonta… soy una tonta…—se decía a sí misma entre sollozos.
Viendo que por lo visto ella aún se encontraba bien, Marcus suspiró aliviado y decidió sentarse a una distancia respetuosa de ella en la banca a la espera de que ella necesitara de algo. El hombre rubio se recostó hacia atrás sobre la banca mirando hacia el cielo y apoyo sus dos manos detrás de la cabeza. Lamentándose de que por lo visto su noche de diversión había terminado de forma prematura.
Esta no era la primera vez que Marcus tenía que lidiar con una mujer embriagada a su lado, pero no era como si aquella situación fuese agradable de lidiar.
De súbito, Alyssa se abalanzó sobre Marcus y lo abrazó de un costado.
—¡Tenías razón, Marcus! ¡Soy una estúpida! ¡Debí haberme dado cuenta antes de que Arthur era un canalla sinvergüenza! Y pensar que esforcé tanto para tratar de complacerlo en su cumpleaños…
—Todos cometemos errores, Alyssa. Yo incluido—le respondió sin inmutarse.
Ella siguió llorando encima suyo como una niña pequeña desconsolada por varios minutos, derramando una copiosa cantidad de lágrimas sobre su camisa. En respuesta, Marcus tranquilamente metió una mano a uno de sus bolsillos, extrajo de este un pañuelo y se lo ofreció. Alyssa vio el pañuelo, lo tomó con sus manos y se sonó la nariz.
Tras devolvérselo Alyssa dejó de llorar, aunque seguía sollozando.
—Gracias otra vez…—musitó ella.
—No hay de qué.
Ambos guardaron silencio por un rato hasta que Alyssa comenzó a deslizar su cabeza por su torso hasta reposarla sobre su regazo.
—Tengo sueño… Quiero irme… a casa…
Tras decir esto la pelirroja guardó silencio y en un par de minutos estaba roncando como un tronco.
Marcus se la quedó mirando de forma lastimera.
—Sus deseos son órdenes, mademoiselle…
Marcus sacó su teléfono y llamó el número de un taxi que vendría recogerlos en un par de minutos.
—GRACIAS POR PREOCUPARSE POR ALYSSA—le dijo el Magnemite aliviado.
—Tan sólo hice lo que debe de hacer un Caballero de Aura…—le respondió pensando en su padre.
Él y su padre no se llevaban bien por diversas razones. Pero lo había sido especialmente desde que su madre había fallecido y Marcus comenzado a salir más con mujeres a disgusto de su progenitor. Pero consideraba que al menos en este preciso instante, si su padre estuviese observando, a lo mejor al fin estaría haciendo algo que le hiciese sentirse orgulloso.
Una vez que llegó el taxi, Marcus tomó a Alyssa entre sus brazos, la llevó hacia el vehículo y con delicadeza la depositó en el asiento de atrás junto con Magnemite. Terminado esto se subió en el asiento delantero y le indicó al taxista que los llevaran al centro de refugiados en donde ella residía con su abuelo y hermano.
En medio de un grupo árboles apartado del Parque Central, Bruce y Rose yacían recostados en los brazos del otro. A lo lejos, todavía podía oírse la música del club.
—Supongo que ya es oficial…—murmuró Rose.
—¿Qué cosa? —preguntó Bruce.
—Que somos pareja, tontorrón ¿O acaso ya te has olvidado de lo que acabamos de hacer?
Bruce soltó un bufido.
—Supongo que lo somos entonces…—el Blaziken hizo entonces el equivalente a una sonrisa—. Si… Pareja… Tú y yo… Me gusta…
Rose sonrió también y le dio una buena lamida al costado de su pico antes de volver a arrimarse sobre él.
—Te amo, Bruce… Creo que lo he hecho desde que me salvaste de esa caída cuando secuestraron a Claudia… Cuando estoy contigo me siento bien… Me siento segura… Siento que sin importar lo que pase todo saldrá bien…
Al Blaziken le costaba encontrar las palabras correctas que decir.
—Tú… me fascinas Rose… Admito que principio te encontraba insoportable. Pero desde que apareciste, le has dado emoción y significado a mi vida a un punto que ya no soy capaz de imaginar un mundo sin ti… Ningún día es aburrido contigo… Yo… también te amo…
Ella alzó la mirada hacia su rostro.
—Bruce…
Ahora fue el turno de Bruce de darle una lamida a Rose sobre su rostro que ella disfruto
—¿Rose?
—¿Sí, Bruce?
Bruce hizo una pausa sumido en sus pensamientos.
—Mi nombre es Clar…—finalmente decidió decir.
Rose agrandó los ojos sorprendida.
—Clar…—musitó ella— Clar…
Su lengua pronunció aquella sílaba como si quisiera degustar cada sonido de esta y procedió a abrazarlo con firmeza.
—Es un nombre precioso…—sentenció ella y procedió a tomar una bocanada profunda de aire con su nariz con el fin de absorber y asimilar cada partícula de aroma de su plumaje.
En respuesta, Bruce extendió su mano y comenzó a acariciarme la cabeza. Deslizando suavemente sus dedos a lo largo del plumaje blanco de la parte posterior de esta.
Clar no era cualquier nombre. Era un nombre de Torchic, el nombre verdadero de Bruce. El que le había dado su madre al momento de nacer. Un nombre el cual no compartía con otro a la ligera, ni siquiera con tu entrenador. Sólo lo hacías con tu familia íntima o tu pareja…
Ella deslizó so cabeza y volvió a mirarlo con dulzura.
—Yo… soy Prim… Clar…—dijo sonriente.
—Prim…—exclamó Bruce fascinado— Prim… es el nombre más hermoso que he oído… Un gusto en conocerte, Prim…
A diferencia de los motes humanos que para ellos no significaban mucho. Un auténtico nombre de Torchic estaba lleno de significados que tan sólo su línea evolutiva podía comprender en su totalidad.
Ambos acercaron sus picos y comenzaron a utilizarlos para acariciarse mutuamente con estos. Tras un rato Rose retiró su cabeza y miró fascinada el rostro ruborizado de Bruce.
—¿Pasa algo? —preguntó este.
Ella sacudió la cabeza.
—Nada importante… es solo que ahora mismo me pareces extremadamente adorable…—le dijo de forma juguetona— Igual de adorable que cuando gruñías diciendo mi nombre encima de mi…
Ante aquel comentario Bruce se ruborizó aún más y desvió la mirada hacia un costado.
—Esa fue mi primera vez… Espero… que te haya gustado…—dijo nervioso.
Rose sonrió otra vez y procedió a darle otra lamida en su pico.
—Fue hermoso, Clar… Se sintió de maravilla…
Ante su respuesta, Bruce se recostó por completo hacia atrás y suspiró aliviado.
—Esta no es la primera vez que haces esto… ¿No? —preguntó Bruce eventualmente.
Desarmada ante aquella pregunta, Rose sintió un leve arrebato de pánico. Ella se bajó de Bruce y se irguió sentada dándole la espalda. Preocupado, él se irguió también.
—¿Qué pasa, Prim?
—¿No te importa si no lo es? Yo… Alguna vez tuve tu edad, Clar… Durante esa época a Claudia le gustaba visitar clubes como el que estábamos recién para despejar su mente de sus problemas… Varios de esos lugares permitían pokémon que pude conocer brevemente en aquellas instancias y yo era joven, había terminado de evolucionar hace poco y me sentía curiosa de muchas cosas acerca de mi nueva apariencia… Pero aquello fue hace muchos años atrás y dejé de hacerlo al poco tiempo… Por lo que juro que esta es la primera vez que siento algo así por alguien más…—comenzó a explicar preocupada acerca de lo que él fuese a pensar de ella
Los Blaziken suelen tener relaciones monógamas similares a la de los humanos. Por lo que la idea de haber tenido muchas parejas en el pasado podía incomodar a algunos.
En respuesta Bruce la abrazó por detrás abriendo la boca y lamió a Rose desde el cuello hasta su mejilla. Haciendo que ella soltara una gemido a la vez que acariciaba su vientre con una mano.
—Nada más preguntaba porque me parecía incomprensible que una hembra tan espectacular y hermosa como tú no haya llamado alguna vez la atención de alguien más… Si no lo hubieses hecho, tendrían que haber sido todos unos idiotas…—le murmuró de forma seductora sobre su canal auditivo— Ahora lo único que me importa es que en este momento eres mía…
Aquello hizo que Rose se ruborizara. En respuesta ella se dio la vuelta y forzó a Bruce sobre su espalda contra el suelo.
—¿Sabes Clar? Quizás no seas tan hablador como otros machos, pero cuando la haces, dices precisamente lo que una hembra necesita oír…—dijo la Blaziken entre nuevos jadeos vaporosos.
Ella procedió a sentarse sobre sus caderas e hizo que Bruce exhalara aire cálido otra vez.
—Por lo tanto, espero que estes listo para la segunda ronda que no voy a aceptar un no como respuesta…
Rose estiró una mano hacia atrás y tanteó hasta encontrar lo que estaba buscando de él.
—Y cómo te dije alguna vez, yo siempre que quiero algo lo consigo…
La historia continuará en Enero en el capítulo 9: Vientos de Guerra.
