Capítulo 19 🎴
La entrada del cine, para ser más exactos, en la taquilla del mismo, se encontraba una larga fila, cosa que no era del todo rara, pero para todos los ahí formados, había cierto chico que por norma solía ser en extremo paciente, de entrada porque no salían quedarle mal en las "citas", pero ese día era distinto.
La ceja izquierda le brincaba de vez en cuando, jamás fue una persona impaciente y por el contrario, siempre había abogado a que los retardos, si bien son molestos, habían algunos que tenían motivos válidos pero… — Que me dijera que nos viéramos directamente aquí… cuando siempre nos vemos en el parque y de ahí vamos a dónde sea que tengamos que ir…. — Una venita en su frente se había hinchado. — Me ha estado evitando desde ese día… — Apretó los puños con fuerza dentro de sus bolsillos. —Inupi… ¿cuánto tiempo me vas a tener esperando? — Farfulló mientras comenzaba a mover el pie con impaciencia.
La última vez que se había visto, había sido en el aniversario de la tienda de motos, justo después de que Inui hubiera cantado aquella canción con un sentimiento que a más de uno le había erizado la piel, aquella había sido una tarde-noche mágica, no era la primera vez que oía a Inui cantar, de hecho, cuando eran pequeños más de una vez le oyó y después tomó el mal hábito de espiar al rubio y oírle cantar, porque era en esos momentos, cuando inui se sintió "sólo" que sus sentimientos se desbordaban de aquella manera, sin embargo, de todas las veces que le espío, jamás lo oyó cantar una canción con un tono tan… romántico/nostálgico, fue por esa misma razón, que en aquella ocasión había decidido decirle a Inui lo que sentía, por su puesto, quería que fuera un momento especial, uno en el que estuvieran sólo ellos dos.
En la mente de Kokonoi se mantenían muy frescas las imágenes de Inui cantando, la interpretación cargada de sentimiento, lo bien que lucía con aquella vestimenta, lo endemoniadamente bien que se le veía aquella ropa ligeramente ajustada. Y había creído que podía ver más de aquella faceta de Inui, de no ser porque el rubio le había estado impidiendo en los últimos días.
La fila del cine era un tanto larga, habían desde parejitas que parecían medio tomarse de las manos, hasta el grupito de amigos y amigas que no iban a ver la película como tal, sino a echar desmadre.
—Suficiente… ¡Voy a ir por él! — Dijo con la paciencia completamente por los pies.
A unos cuantos pasos atrás, se hacía presentar el motivo de la impaciencia de Kokonoi, Inui, el chico detuvo su carrera, había salido con prisa de su casa al notar la hora, y en esos momentos paró al ver a Kokonoi en la fila. —Tan puntual como siempre, Koko. — Respiró hondo para poder recuperar el aliento y por supuesto, no aparecerá hecho un desastre ante Kokonoi. — Bien, Seishu… no vayas a arruinarlo ahora. — Se dijo así mismo. — Desde ese día… he estado evitando verme con Koko desde entonces… me pone de nervios que se de cuenta… de que me gusta. — Contempló un poco al pelinegro, notando como el chico parecía estar a tres de lanzar una rabieta, cosa poco habitual en él, cosa que le hizo sonreír ligeramente de lado. — A veces eres un poco infantil, Koko. — Comenzó a caminar a paso lento, pero firme hasta el chico. —No deberías armar tanto escándalo fuera del cine.
Kokonoi dió la vuelta apenas oyó aquella voz. —¡Inupi! — Justo como pensó, aquella voz perteneciente al rubio.
Detrás de Kokonoi, estaba el rubio, quien había escuchado la frase cargada de desespero por parte del pelinegro, así mismo, había sido él quien reprendiera a Kokonoi por el "escándalo". —Perdona, se me hizo tarde. — Se disculpó evadiendo un poco la mirada, para inmediatamente regresar la vista a Kokonoi. —La verdad… hubiera querido un poco más de tiempo antes de vernos… pero ya habíamos prometido venir. — Sentía vergüenza, aquella canción había sido para él, un momento de poner en palabras lo que sentía, al menos una parte de todo lo que sentía. —Aquel día… su vestimenta era similar a la que trae hoy… — Para deleite de su vista, Kokonoi llevaba unos pantalones de mezclilla negros, botines café oscuro, camisa con detalles amarillos, y una sudadera color oro con detalles blancos abierta. —Se ve… muy bien. — Sus mejillas comenzaron a tornarse ligeramente rosas.
—¡¿Por qué carajos llegaste tan tarde?! — Reclamó Kokonoi. —Para ser el primero en quejarse de otros… hoy me hiciste esperar. — Estaba reclamando, eso era un hecho. —Parece que no le pasó nada malo en estos días… que alivio. — Aunque fue por un fragmento de segundo, Kokonoi había tenido la idea de que quizás Inui lo evadía porque se había lastimado, lo más seguro, por meterse en una pelea.
Inui hizo un ligero puchero. —Perdón, se me hizo tarde. — Se disculpó, recobrando su expresión estoica de siempre.
No estaba mintiendo, de verdad se le había hecho tarde, y hasta cierto punto, no sentía culpa por ello, había aprovechado que era el día de descanso de su madre y había optado por ayudarle en casa antes de ir a su trabajo, regresar temprano y seguir ayudándola, porque… Cada pequeño gesto de sonrisa en el rostro de su madre le daba una sensación de calidez increíble, y ni qué decir de los gestos afectivos físicos de ella hacia él.
La mayoría de los japoneses eran un tanto despegados de su familia, era como la norma, poco contacto físico, pocas muestras de afecto, al menos en la calle, y por su puesto había quienes incluso dentro de casa seguían con esa actitud.
Al menos, en casa de de Inui, ese no solía ser el caso, si bien el padre de Inui, Hiroto, era un japonés, lo cierto es que su forma de socializar con su familia había sido muy influenciada por los comportamientos de Linda, ella al ser extranjera tenía una visión muy distinta de la vida y de las relaciones familiares, Linda solía ser muy apegada a su famili hasta que cierta situación con susppadres la orillo a alejarse de ellos, sin embargo jamás cambió la calidez con la que interactúa con otros e irse a vivir a japón no le cambio tampoco, entendía que hasta cierta medida debía adaptarse a la normativa de Japón, pero conservó sus creencias e ideales, y jamás se mostró indiferente a sus hijos o su marido, aquello hizo que Hiroto también fuese más unido emocionalmente a sus hijos.
Kokonoi miró por unos segundos más a Inui mientras la fila comenzaba avanzar poco a poco, había quienes entraban al cine sin hacer la fila, pues habían adquirido los boletos desde antes, por norma Kokonoi solía comprar los boletos antes, pero ese día había querido hacer la fila junto al chico de que podía confesarse así mismo, que estaba totalmente enamorado. —Eso no responde a mi pregunta. — Añadió, de verdad quería saber si le había pasado algo a Inui.
El rubio parpadeó dos veces. —Por lo general… no suele pedir explicaciones cuando le respondo así. — Aquello hizo que sus mejilla se encendíeran levemente, por dos razones, la primera, el recordar el momento cálido con su madre y el segundo, porque si Kokonoi insistía en saber, era porque le importaba, y saber que Kokonoi se interesaba por lo que le pasaba le generaba una sensación esperanzadora. —Bueno… le había prometido a mi madre ayudarla con la limpieza del ático, aunque fuese un poco. — Comentó.
El rostro de Kokonoi se relajó un poco, así como su cuerpo. —¿Con tu mamá? — Repitió en voz baja. —Quieres decir… ¿qué ya dejaste de evadir a la señora Linda? — Aquello le generaba una sensación de alivio y felicidad, sabía que a diferencia de él, Inui estaba emocionalmente muy apegado a su familia, más de una vez fue testigo del ambiente familiar que manejaba la familia de su amigo, y aunque el rubio no lo decía abiertamente, para Kokonoi era bien sabido que Inui amaba profundamente a su familia.
—¡No la estaba evadiendo! — Se defendió, aunque sabía perfectamente que sí lo estaba haciendo.
Kokonoi sonrió a manera de burla. —Quiero toda la información. — No por nada era un gran informante en la décima generación de los Black Dragon, y desde antes, se había vuelto un experto en obtener información sin ponerse en riesgo. —Anda. — Dijo soltandole un ligero codazo, haciendo que las mejillas del rubio se tiñeran aún más de rojo.
—¿Por qué tanta insistencia? — Se preguntó así mismo, mientras sentía su corazón latir incluso más rápido.
—Oh, vamos Inupi, no me digas que ya van haber secretos entre… nosotros. — Rápido cayó en cuenta de sus palabras, quería cero secretos entre ellos, pero no era capaz de confesarle aún sus sentimientos al rubio. —Creo… que no soy el más indicado para decir eso. — Pensó sintiendo las mejillas calientes.
Inui notó aquello. —Oye… ¿Por qué te estás sonrojando? — Como hábito suyo y poco visto por otro, Inui hizo un ligero puchero, imperceptible para la gran mayoría, muy conocido para Kokonoi y los padres del rubio.
Ante la pregunta Kokonoi giró el rostro a otro lado, lo habían atrapado, aunque no el todo. —Ejem… — Carraspeó. —Como dije… Quiero toda la información. — Dijo evadiendo la pregunta de Inui.
El rubio soltó un ligero suspiro. —Como te dije, le había prometido a mi mamá ayudarle a limpiar un poco el ático. — Comenzó a explicar. —Ya tenía bastante tiempo escuchando a mi madre tratar de organizar un poco sus tiempos para poder empezar a hacerlo, pero llegaba demasiado cansada para hacer algo, y yo apenas movía algo evitando hacer ruido para no despertarla, pero… — Conforme iba contando aquello iban avanzando junto a la fila. —En la madrugada del 1 de Enero… cuando llegué a casa, ella estaba en la sala sentada, me estaba esperando…
Kokonoi oía atentamente el relato del contrario. —Entonces, quién dió el primer paso para romper la distancia entre ustedes fue tu mamá… — No era burla, ni reclamo. Inui nuevamente hizo un ligero puchero, en esta ocasión se podía notar más como frunció los labios lo suficiente como para que estos pudieran ser llamados "piquito de pato". —O-oye… no le tientes de esa manera. — Desde que había tomado el hábito de robarle besos al rubio, había empezado a sentir una fuerte debilidad por besarle cuando hacía aquel gesto.
Inui, ajeno a los deseos de Kokonoi, siguió con la explicación. —Por lo general, mi madre siempre ha sido así, no suele esperar demasiado, pero… creo que una parte de ella también esperaba que fuera yo quién se acercará primero, pero… si soy honesto, me asustaba hacerlo. — Confesó, sus ojos se apagaron un poco apenas terminó de decir aquello.
Kokonoi bajó la mirada por unos segundos, reflexionando un poco todo lo que le había dicho su amigo. —Quizás… ella también tenía miedo.
Inui miró a Kokonoi por unos segundos. —Mi mamá… ¿también tenía miedo? — Era una posibilidad que en ningún momento exploró Inui, o quizás, era una posibilidad que creía no posible, después de todo, antes de esa plática con su madre, él creía que no era más que una carga para ella, para ellos, mejor dicho.
—Tu mamá, siempre ha respetado el espacio y el momento de los demás. — Comentó, recordando que fue justo en la temporada en la que Inui terminó en la correccional que los padres de Kokonoi se divorciaron, aquel proceso lo tuvo que llevar él sólo, no tuvo en un inicio alguien con quien contarlo. —Después de todo, ella también sabe ser paciente con quienes están en medio de un proceso complicado. — Aquel pensamiento arrivo a su mente, porque había sido precisamente la madre de Inui quien había escuchado a Kokonoi cuando finalmente este empezó a colapsar por la presión de toda la situación, por un lado, su mejor amigo había caído en la correccional, empezaba a ser más consciente de los sentimientos románticos que estaba sintiendo por el rubio, el divorcio de sus padres.
—Koko… — Inui observó con atención al contrario, pese a decir aquel comentario con tranquilidad, podía notar cierto grado de cariño y agradecimiento provenientes de Kokonoi.
Todas aquellas situaciones para Kokonoi fueron un cóctel turbulento de emociones y Linda, pese a que en esos momentos aún pasaba por la pérdida de su hija mayor, también afrontaba un distanciamiento con su hijo menor y que éste terminará en la correccional, con todo y eso, aún así, ella mostró fuerza y empatía hacia él, brindándole apoyo y consuelo cuando por fin Kokonoi expresó lo mal que se sentía, incluso si no dió detalles específicos de todo. —Al final, tu madre es así, da espacio, pero también avanza si lo cree necesario. — Expresó abiertamente, mostrando una sonrisa llena de calidez, calidez que también tenía una gran gratitud hacia la madre del rubio.
Aquella reacción en Kokonoi, le género una sensación de paz en Inui, sabía lo mucho que su madre podía llegar hacer en la vida de otros, y tenía la ligera sospecha de que su madre había fungido como apoyo para Kokonoi en la situación de sus padres, mpas no había hablado de ello con su madre ni mucho menos había tocado el tema con el mismo Kokonoi, quizás por respeto al chico o quizás porque quería que fuera decisión del chico hablar de ello. —Tienes razón. — Susurró, aunque ese susurro fue audible para Kokonoi.
El pelinegro le mantuvo la mirada y en ese momento, todo lo que pasaba a su alrededor pasó a ser completamente ignorado,
No habían prestado atención al movimiento de la fila, caminaban por mera inercia, más no prestaban atención del entorno, ni de las miradas que aunque parecían ser las habituales entre ellos, en realidad la vista de los demás era completamente distinta. Estaban tan metidos en su mundito, que eran completamente ignorantes de las miradas que se estaban ganado por parte de otros, desde el grupito de chicas que aparecían estar alentandolos a algo, hasta el grupo de personas que arrecian sentir cierta aberración por ellos, y todo eso estaba siendo completamente ignorado por ellos.
—Oye, ¿estás viendo eso? — Susurró una de las chicas.
La que le acompañaba asintió con la cabeza. —¿Crees que sean… "pareja"? — Preguntó, cuidando que solo su amiga la oyera, mientras miraba una y otra vez al par de chicos que se estaban mirando con un amor no expresado.
—Quizás… ¿Notas cómo se miran? — Preguntó de nuevo la primera, recibiendo un asentimiento por parte de la segunda.
Y al igual que antes, los chicos no estaban enterados de nada.
—Bienvenidos, ¿qué película van a ver? — Preguntó la encargada de la taquilla, ella al igual que absolutamente todos los demás, había notado las miradas de amor entre esos dos, más no pensaba hacer comentario imprudente sobre el tema. Kokonoi e Inui habían ignorado la pregunta de la chica, y no por groseros sino que de verdad se habían sumergido en su propio mundo. —Em… ¿Muchachos? — Llamó suavemente, ganándose así la atención de los chicos, mismos que inmediatamente se coloraron más del rostro, lo cuál les hizo ganarse una risilla por parte de la chica. —¿Qué película desean ver?
Kokonoi tartamudeo un poco antes de ordenar sus ideas y poder hablar. —Se está poniendo nervioso… — Ante los ojos de Inui, el nerviosismo de Kokonoi lo estaba provocando la taquillera, con un sigilo digno de un gato, el chico inspeccionó rápidamente a la chica. —Es bastante bonita… tiene ojos medianos, pero posee hoyuelos en ambas mejillas. — Cada que enumeraba algún detalle positivo de la chica, su corazón se hundía más, bien, el hecho de tener la noción de que Kokonoi no estaba tan "obsesionado" con Akane, le hacía sentir alivio, amaba a Kokonoi, y por supuesto que quería ver al chico bien, feliz, libre, aunque eso en esos momentos parecía significar que no sería a su lado. —Después de todo… es lo normal… eso es bueno… entonces… ¿por qué me siento así? — Se mordió el labio inferior en un intento de controlar su malestar. —Controlate, Seishu, controlate. — Se repetía así mismo mientras sentía como poco a poco comenzaba a tensar demás su cuerpo. —¡Controlate, maldita sea! — Se reprendió así mismo, mordiéndose con más fuerza el labio inferior. —Si Koko es feliz… debo serlo yo también… eso es lo que me prometí hace mucho, ¡¿no es así?! — Se obligó a sí mismo a recordar aquella amarga promesa.
Kokonoi por su parte parecía ajeno a lo que estaba experimentando Inui. —¿Por qué no note que ya estábamos cerca de la taquilla? — Pensó mientras comenzaba a notar las distintas miradas hacia él e incluso hacia Inui. —Dios, hoy quería pasar un buen rato con Inupi, pero con esto, estoy casi seguro que pensará que todo es una molestia. — Pensó. —A Inupi nunca le ha gustado ser el centro de atención. — Esa era información que tenía desde que eran pequeños, sacudió suavemente la cabeza para alejar aquellos pensamientos y habló. —Dos entradas para "Sakebi". — Pidió con un falso tono de tranquilidad. La chica miró el monitor por unos segundos y torció un poco la boca. —¿Sucede algo? — Preguntó al notar aquel gesto de la chica.
La taquillera lo miró. —Ya no hay asientos juntos… sólo separados.
Kokonoi abrió los ojos y por un momento entró en pánico. —Debe ser una maldita broma… se supone que íbamos a sentarnos juntos, veríamos la película y después nos íbamos a burlar del otro mientras cenamos y finalmente… le diría todo lo que siento. — Sus fantasías eran claras, pero por lo visto, Dios y la vida querían que batallará más. —¿De verdad ya no hay asientos juntos? — Su tono, aunque aparentaba ser tranquilo, denotaba cierta desesperación.
La taquillera parpadeo rápido un par de veces. —¡SANTA CACHUCHA, SI ESTÁN EN UNA CITA! — Bien, la chiquilla había descubierto América, pero eso no cambiaba el inconveniente, sin embargo, rápidamente busco otra opción. —Un momento. — Dijo volviendo a teclear en el ordenador. —Si ellos están en una cita… posiblemente sea una en la que el de cabello negro sea el que se declare… así que no hay manera de que vean esta película separados… ¡Es el pretexto perfecto para que se tomen las manos en un momento de "suspenso", y ya después la confesión! — La chica no sabía sus nombres y ya se había vuelto proshiper de ellos. —¡Lo sabía!
Kokonoi alzó una ceja. —¿Qué?
—Ah… perdón. — Se disculpó la chica. —En una hora habrá otra función, si gustas puedo venderte las entradas para la siguiente función y así serían los asientos juntos. — Eso era lo mejor que podía hacer por ellos.
—¿En una hora? — Repitió el chico en un susurró. —¿Sería prudente?
La chica le hizo una ligera señal para que se acercará más a ella, el chico así lo hizo. —Podrían aprovechar y dar una vuelta, a veces los planes no salen como uno quiere, y los momentos perfectos los debemos hacer nosotros. — Con ese comentario al oído, las mejillas de Kokonoi se tiñeron.
—¿Acaso estoy siendo muy obvio? — Ya lo había atrapado Yuzuha y ahora la taquillera.
Inui por su parte se había sumergido en su conflicto interno al punto de ser completamente ignorante de lo que se hablaba entre Kokonoi y la chica, sin embargo, como si de una mala jugada por parte de la vida se tratara, cuando el rubio salió de su turbulenta lluvia de pesimismo, notó solo que Kokonoi se había acercado a la chica y se había sonrojado, más no sabía el contexto y por su puesto él fue quien se lo dió. —Por lo visto… Kokonoi no es el único interesado… — Volvió a morderse el labio. —¿Qué diablos estoy haciendo aquí? — Sintió su corazón hundirse todavía más.
—D-de acuerdo. — Respondió, solo para que el contexto que le había dado Inui a la situación de reforzará, el pelinegro sacó su billetera y pagó las entradas, discretamente miró de reojo a Inui notando que este parecía tener la mirada apagada de nuevo. —¿Inupi? — Le llamo suavemente, más no tuvo respuesta. —¿Qué pasó? — Sin decir nada, tomó con cuidado la mano derecha del rubio, ganándose por fin la atención de este.
Inui dió un ligero salto al sentir la calidez y el suave tacto de la mano del pelinegro, mirándolo rápidamente. —Koko… ¿lo noto? — No sabía si sentirse asustado o feliz, en primer lugar, ¿por qué demonios le alegraría saber que Kokonoi notara sus celos?, era por contradicciones así que a veces creía que si era totalmente malo que mirara de esa forma a Kokonoi.
El pelinegro miró al rubio. —Vamos, regresaremos en una hora. — Habló de forma tan suave y pausada, como si quisiera que el otro no se asustara y se relajara. —¿Se habrá alterado al oír que no habían asientos juntos disponibles para esta función? — Pensó, después de todo, él también se había alterado un poco cuando escuchó la noticia, pero ahora lo había arreglado, ¿no?
—¿Qué? — Preguntó Inui completamente desubicado.
Kokonoi le sonrió con calidez. —Regresaremos en una hora, en un momento te explicó, vamos. — Sin decir nada más y sin soltar al rubio, lo llevó consigo fuera de la línea.
Inui no lo entendió del todo, más no se opuso a ser guiado por Kokonoi. —Su mano… es muy cálida… — Pensó al mirar la mano del mencionado y como está sujetaba la suya. —Cuando éramos pequeños… Koko siempre me tomaba de la mano cuando regresábamos a casa… — Sus mejillas nuevamente empezaron a encenderse, elevo un poco la mirada, notando solo un poco del perfil de Kokonoi, este se veía como siempre, al menos así lo percibía él. —Koko… ¿lo haces por hábito o porque de verdad quieres tomarme de la mano? — Pensó. —No… la verdadera pregunta es… ¿Es mi mano la que tomas… o el recuerdo de la de ella? — Nuevamente aquel conflicto interno por su parecido con Akane y el tormentoso pasado que la arrebató de la vida de ellos.
Así como Inui estaba en sus lagunas internas, lo estaba Kokonoi, solo que él estaba gozando la situación. —Una hora más… bien, no pretendía que está cita acabará con la confesión… pero… qué dicha poder tomarle de la mano antes de lo pensado. — Había hecho énfasis mental en la palabra cita, y aquello ya le daba un gusto enorme, porque si bien no se lo dijo directamente a Inui, técnicamente estaban en una cita, como muchas otras, solo que en esta Kokonoi si era consciente de que lo era. Inui no lo veía, pero la expresión de Kokonoi distaba de ser la de siempre, tenía una sonrisa bastante notable, poco o nada le importaba si alguien le veía tomando de la mano al rubio. —Si por mi fuera… entrelazaria mis dedos con los de él. — Pensó, no era mala idea, pero quizás hacerlo de repente incomodará a Inui.
A una distancia sumamente prudente estaba Yuzuha. —¡Y tan santo que se veía el estúpido ese! — Pensó al ver la iniciativa de Kokonoi en tomar a Inui de la mano. —¿Pero a dónde van? — Naturalmente, por la distancia le era imposible oír que pasaba entre esos dos, motivo por el cual desconocía el cambio de planes de último minuto. —Kokonoi… ¿acaso te volviste a acobardar? — Tenía ganas de seguirlos, de saber que pasaba, pero de hacerlo seguro era descubierta. —No puedo arriesgarme a ser atrapada, y mucho menos a arruinar algo entre esos dos. — Sin más que hacer, la chica soltó un suspiro y se resignó. —Toca esperar a que Kokonoi me cuente después. — Su carita era de decepción total, pero más no podía hacer.
—¿Yuzuha?
Aquella voz llamo la atención de la mencionada, misma que volteo. —¿Hina? — Junto a la castaña estaba una rubia de ojos miel, Emma Sano, la hermana menor de Mikey. —¿Qué haces aquí? — Preguntó la chica de cabellos salmón.
Hinata sonrió y se acercó a Yuzuha junto a Emma. —Emma y yo quedamos de venir al cine, vamos a ver la película "Sakebi", pero compramos boletos para la función dentro de una hora, ¿y tú? — Preguntó al verla sola. —En cuánto te vi, creí que Hakkai estaría contigo… pero veo que no. — Dijo mirando discretamente a su alrededor, notando al par de chicos que había conocido cuando fue a la casa de los hermanos Shiba. —¿Um? — Notó que ambos iban agarrados de las manos. —Esos dos… — Se llevó ambas manos a la boca, mientras sus mejillas comenzaban a teñirse de rojo.
Emma miró hacia donde su amiga veía, reconociendo a uno de los chicos. —¿Inui? — Conocía al rubio de cuando Shinichiro aún vivía, aún que no había hablado con él, no demasiado. —¿Está con un chico? — Notó lo que Hinata veía, las manos. —¡Oh por Dios! — Susurró mientras sus mejillas también se empezaron a colorar.
Yuzuha miró las reacciones de las chicas y soltó una leve risita. —No vayan hacer un drama ustedes o el progreso que ese par está teniendo se va a ir para atrás. — Comentó, no era que estuviera exponiendo a Kokonoi, sino que, vamos a lo obvio, aquellas dos ya lo habían notado.
Emma siguió al par de chicos con la mirada. —Inui… bueno, no es una persona extremadamente encimosa, de hecho, desde que lo conozco… siempre ha sido algo retraído. — Comentó recordando lo bastante aislado que era el rubio cuando lo conoció.
Hinata miró incrédula a la rubia. —¿Retraído? — Repitió suavemente. —Aquella vez parecía todo, menos retraído. — Pensó al recordar la actitud violenta, no solo del rubio, sino también la del pelinegro. —Sin embargo… luce muy distinto… — No podía verle el rostro, pero el mero andar del chico era distinto, no era tan rígido, y en cuanto al pelinegro, bueno, a él si se le veía radiante. —Nada que ver con ese día. — Susurró.
Yuzuha miró con compasión a Hinata, no al culpaba, ella tenía, en su momento, también una mala imagen de aquel par. —Eso era por la influencia de Taiju, estoy segura.
—¡Eso no es lo que importa! — Soltó Emma, llamando la atención de las otras dos. —¡¿Están saliendo o no?! — Preguntó, poco importaba si eran dos chicos, ella necesitaba chismecito.
Yuzuha miró a la rubia. —A ver, vamos por partes, por lo que veo y entiendo, tú e Inui se conocen desde antes… ¿cómo está eso? — Claro, si a Emma le encantaba el chismecito, a Yuzuha igual.
Emma miró a la chica. —Ah, eso… cuando Shin-Ni estaba vivo y tenía su tienda de motos, solía ir con Mikey a visitarlo y verlo trabajar, más de una vez me tocó ver a Inui, no hablaba mucho. — Dijo recordado que el rubio se quedaba sentado cerca de Shinichiro, viendo como este arreglaba las motos, e incluso Inui solía pasarle algunas llaves y demás herramientas. —En ese entonces… tenía la impresión de que le gustaba Shin-Ni… — Ese pensamiento rondo por su mente por bastante tiempo debido a los constantes sonrojos que Shinichiro le solía provocar al rubio.
—¿Qué le gustaba tu hermano? — Preguntó incrédula Yuzuha. —¿Cómo es eso posible? — Preguntó.
Hinata parecía perdida, pero solo un poco. Emma le había hablado antes de su hermano mayor, Shinichiro, gracias a ello tenía una imagen bastante agradable y cálida del chico. —Bueno, es que Shin-Ni solía revolverle el cabello y eso le generaba sonrojos constantemente. — Añadió. —Incluso le hacía elogios y eso lo hacía tartamudear, se veía adorable a veces. — Canturreó divertida.
Yuzuha alzó ambas cejas. —Inui… ¿tartamudeando a causa de otro chico? — Eso le parecía increíble, pero no podía adjudicarlo a que el rubio gustara del mayor de los Sano.
En lo que había comenzado aquel pequeño intercambio de información, las tres chicas habían caminado hacia una pequeña cafetería, total, Yuzuha ya les había perdido el rastro a los otros dos, y obtener más información del rubio le era bastante viable, ni que decir que parecía que habían nuevas integrantes para el club de fans del "KokoNui".
Las tres habían pedido bebidas frías y algunos bocadillos, mientras seguían compartiendo información, bueno, más bien, Emma era quien estaba soltando la información y Yuzuha hacia notas mentales.
—Emma. — Por fin, Hinata se unía a la conversación. —¿Habías hablado antes con él? — Preguntó refiriéndose a Inui.
Emma asintió. —Inui… bueno, Shin-Ni era lo suficientemente cercano a él, solía llamarlo por su nombre de pila, Seishu. — Explicó. —Yo, nunca le he hablado con tanta confianza, pero si había cruzado palabra con él, antes de que fuera a la correccional.
—¿Estuvo en la correccional? — Naturalmente Hinata no sabía nada de aquel par de chicos, nada más allá de que eran de una pandilla rival, que después se volvió parte de la Tōman, que ambos se habían mostrado muy violentos, pero ahora eran tan distintos.
—Sí. — Fue Yuzuha la que respondió. —Estuvo durante un año, por casi desuscribir de la vida a otro tipo.
—Mentira, no es, pero eso es la versión superficial. — Añadió Emma.
Hinata miró a la rubia. —Inui estuvo en la correccional… por casi mandar con el creador a otro chico… ¿pero eso es solo lo superficial? — Bien, una cosa era segura, entendía que la mayoría de los chicos que andaban metidos en cosas de pandillas terminan en la correccional o peor aún, cómo fue el caso de Keisuke Baji, ladeó ligeramente la cabeza y cruzó sus brazos. —Takemichi no tiene actitudes violentas pese a estar en una pandilla, Draken y Mikey tampoco parecen tener esas conductas. — Desde su perspectiva, el comandante de la Tōman, Mikey y el subcomandante, Draken, distaban muchísimo de las actitudes de Inui. —Supongo… que como siempre… cada cabeza es un mundo, algo debió interferir o pasarle a Inui para que tuviera ese cambio drástico de carácter, más allá de la influencia de Taiju. — Susurró reflexionando para sí misma, reflexión que escucharon las otras dos.
Yuzuha asistió nuevamente, entendiendo un poco las palabras de Hinata. —Bueno, creo que el que se volviera tan reservado tiene que ver con el fallecimiento de su hermana. — Eso lo sabía por boca de otro miembro de Black Dragon, y por lo poco que había hablado con el rubio, entendía o creía que aquello había afectado su percepción de la vida, las relaciones sociales y de sí mismo.
—¿Fallecimiento de su hermana? — Repitió Hinata, pues, como era de esperar eso era algo que ella no sabía.
Emma, quien había recargado sus brazos en la mesita, asintió con la cabeza. —Akane Inui era la hermana mayor de Seishu, lo que supe con respecto a su fallecimiento, es que la casa de los Inui se incendió, Akane resultó con quemaduras graves y falleció meses después. — La expresión de Hinata pasó de reflexiva a apenada. —Y en parte de ello deriva que él terminará en la correccional. — Yuzuha miró a la rubia de ojos miel. —Si bien es cierto que Inui fue detenido en una pelea de pandillas, lo cierto es que al tipo al que casi mata… — Hinata miró también a la rubia, aquella pauta había generado cierta sensación de repelus. —Se la pasaba acosando a Akane, y ese día… afirmó que si ella no hubiera muerto por sus quemaduras… se hubiera suicidado después de que él… — Emma mostró una clara incomodidad, bajó la mirada y la dejó fija en el té helado de Hinata. —La abusara… — Ante el comentario Hinata sintió horror y miedo, Yuzuha por su parte sintió asco y ganas de romperle la cara al tipo, aún sin saber quién era. —Básicamente confesó que sus intenciones eran abusar de ella. — Hasta ella sintió asco y escalofríos. —Inui se volvió loco y lo que era una rencilla de pandilla se volvió algo personal y no hubo forma de controlarlo, entre cuatro oficiales lo tuvieron que sujetar. — Ahora el panorama de Hinata y Yuzuha había cambiado aún más. —Cuando Shin-Ni se enteró… no pudo evitar llorar, tanto por Akane como por el sufrimiento de Inui… — La mirada de la chica se entristeció un poco. —Incluso se culpo de no haber estado en esa pelea para evitar que Inui fuera arrestado. — Habían muchas cosas que Emma amaba de sus hermanos, y de Shinichiro era esa calidez y solidaridad hacia todos.
Yuzuha ya había lidiado antes con acosadores, no solo de ella, sino también acosadoras para Hakkai, tenía una clara noción de lo peligrosas que eran esas personas, Hinata por otro lado desconocía totalmente eso, pero las historias que leía en internet incluso las de las noticias le generaban un miedo atroz, mismo que estaba sintiendo y le hacían abrazarse a sí misma.
Yuzuha fue la primera en evadir la mirada, fijandola sobre sus manos, mismas que pasaban en sus rodillas, apretó los puños en un intento de controlar la frustración, rabia y miedo que le había generado aquella revelación. —Él… amaba… ama a su hermana… perderla ya fue malo… pero… saber que había alguien dispuesto hacerle un daño se este tipo… no lo culpo por casi matarlo. — Pasó saliva con dificultad.
—Con ese historial… y quizás con más detalles que no tenemos… — La voz, ligeramente temblorosa de Hinata llamó la atención de las otras dos. —Cambia totalmente la situación… y asumo… que verlo ahora, tan calmado… y hasta con las mejillas rosas… supongo que ya era justo tener algo de dulzura en su vida. — Bien, no era que creyera que el rubio tenía que pasar por todo eso, sólo, consideraba que estar teniendo momentos agradables era bueno para él. Las tres estuvieron de acuerdo y asistieron con la cabeza. —Entoces… — La voz de Hinata volvió a llamar la atención de las otras dos. —Ellos… ¿Están teniendo una cita?
Yuzuha la miró con burla. —Lo que se ve, no se pregunta.
Por otro lado, aquella pareja de tortolos, que aún no se decían nada, seguían caminando, por su puesto, Kokonoi no le soltaba de la mano.
—¿Por qué decidiste esperar una hora? — Miraba al chico que iba a escasos pasos por delante de él. —¿Se lo habrá pedido ella? — Apretó suavemente sus labios y de forma inconsciente tenso su brazo, cosa que notó Kokonoi.
—¿Inupi? — Se detuvo y volvió a ver al rubio. —¿Pasa algo? — Se acercó al contrario, sin soltar la mano de este. —¿Lo estoy incomodando? — La simple idea le asustaba, pero no estaba dispuesto a soltarlo. —Inupi… — Habló suavecito.
—¿Por qué? — Preguntó de tajo el rubio.
—¿Cómo? — Preguntó confundido, estaba tan ensimismado disfrutando del momento, que olvidó el motivo por el cuál se habían alejado del cine.
—El cine… — Poco a poco el rubio empezó a dirigir su mirada hacia el pelinegro. —¿Por qué dijiste que regresariamos en una hora? — Inui no era consciente de la expresión que tenía en esos momentos, pero lejos de verse amenazador, ante los ojos de Kokonoi se veía tan…
—Adorable… — Pensó el pelinegro al ver la expresión de Inui. —Los ojitos entrecerrados… la mandíbula ligeramente apretada… ese pucherito que hace que sus labios parezcan piquito de pato… es tan adorable. — Su corazón nuevamente estaba acelerándose. —No… habían asientos juntos… no quería sentarme lejos de ti. — Confesó, bien, no era un confesión explícita, pero, a buen entendedor pocas palabras, desgraciadamente, Inui en ese momento no era un buen entendedor.
Inui contuvo la respiración unos segundos. —¿Quería estar… conmigo? — Sus ojos se abrieron levemente, mostrando la clara sorpresa de oír esas palabras. —¿Escuché bien? — No estaba seguro de haber oído bien, o de haber entendido bien. —¿De qué estás… hablando? — Preguntó con cuidado, no quería irse por el camino de sus emociones, le asustaba aún.
Kokonoi sonrió levemente. —Digo… — Se acercó al contrario. —Que no había asientos juntos… — Su sonrisa era tan cálida, que las mejillas de Inui comenzaban a ruborizarse. —No quería que estuviéramos separados. — Confesó, nuevamente, estaba implícito en su tono, pero Inui seguía pasándolo por alto. —La taquillera me dijo… — Y ahí sintió un ligero tirón por parte de Inui. —¿Inupi? — Miró a detalle al chico, la luz de sus ojos, esa que por un momento había aparecido en sus ojos volvió a irse. —¿Está celoso? — Él, como el actual campeón mundial de celos compulsivos, sabía lo horrible que era esa sensación, y lo mal que asentaba en él alma. —Inupi. — Llamó al otro con un tono, casi autoritario, como si quisiera que el contrario escuchará atenta y genuinamente sus palabras, casi casi que confiara en sus palabras sin reserva alguna, que… hasta cierto punto, era algo que Inui hacía. —Ella me dijo… que la única forma de tener asientos juntos… era esperar a la siguiente función, así que compré los boletos para la función de una hora para poder sentarme a tu lado. — En todas y cada una de sus palabras había honestidad.
Inui miró a Kokonoi. —Su rostro está relajado… su ceño que normalmente parece estar fruncido está totalmente relajado… Eso significa que no se está obligando a decir o hacer algo. — Se conocían lo suficiente como para entender un poco al otro, bueno, demasiado, aunque como siempre, habían cosas que ellos mismos se negaban a entender.
Kokonoi acercó su rostro al del rubio, haciendo que las mejillas del contrario se coloraba aún más. —Vamos por un helado, ¿quieres? — Su aliento chocó con el rostro de Inui, quizás no fue con intención de alterar las hormonas al rubio, pero lo logró, al menos un poco.
Inui asintió suavemente. —Por un momento… creí que me besaría… — Pensó mientras Kokonoi alejaba su rostro del chico y retomaba su andar, nuevamente sin soltar la mano de este. —Si lo hubieras hecho… es decir… ¿pensabas hacerlo, Koko? — No sería la primera vez que Kokonoi le besaba, pero si hubiera sido… —La primera vez que me besaras sin que yo estuviera "dormido". — Se relamió de forma inconsciente los labios al recordar algunos de los besos que el pelinegro le había robado antes.
Por otro lado, o mejor dicho en el puesto en donde se habían quedado las chicas, una nueva pregunta se posaba en Emma y Hinata. —¡¿Están saliendo?! — Cuestionaron antes a la chica de cabellos coral.
Yuzuha se cruzó de brazos y recargó su espalda en el respaldo de la silla en la que estaba. —Bueno… la respuesta corta sería, sí. — Respondió cruzando ahora su pierna derecha sobre la izquierda. —La respuesta larga… — Soltó un suspiro. —Es… complicado… — Lo complicado era explicarlo, ella sabía solo un fragmento de la historia, pero solo era un fragmento de la versión de Kokonoi, faltaba escuchar la versión de Inui, y obviamente Yuzuha no iba a pregúntale directamente al chico, vamos, sabía respetar los tiempos y espacios de otros.
Emma soltó un bufido. —¡¿Qué se supone que significa eso?! — Chilló la chica. —¿Kokonoi está interesado en Inui o no? — Soltó la pregunta de tajo.
Hinata nuevamente tomo su pose y actitud de "Sherlock", la misma actitud que había tomado cuando conoció a Emma y a los días creyó que está estaba enamorada de Mikey, todo porque a la señorita se le olvidó tan valiosa información, pero eso ahora no era el punto. —A juzgar por cómo le tomo de la mano, la ligera sonrisa que le ví, y el ligero sonrojo de Inui… creo que todo es obvio. — Dijo haciéndose la interesante, como si cada una de las observaciones hechas por ella fueran parte de un complicado rompecabezas. —Es claro que esos dos se entienden. — Afirmó convencida de sus palabras. Emma asintió, para ella, todo lo que había dicho Hinata era completamente lógica.
Yuzuha sonrió de lado. —Se entienden a los ojos de otros, pero entre ellos… la comunicación está bloqueada. — Añadió.
Emma inmediatamente volteó a verla. —¿O sea cómo?
Yuzuha volvió a hablar. —Como oíste, para nosotros es obvio, pero para ellos no.
Hinata parpadeó un par de veces, mientras recuperaba su postura normal. —Bueno, es lo normal, ¿no? — Comentó con inocencia. —La ley es: "todos notan quien te gusta, menos la persona que te gusta". — En eso la chica tenía razón.
—Eso aplica cuando la persona que te gusta, no gusta de ti. — Dijo con tono afligido, viéndose reflejada en esa situación, estaba enamorada de Draken, pero, a ojos de ella, parecía que el sentimiento era unilateral.
Yuzuha la miró incrédula con una ceja alzada. —Parece que Kokonoi e Inui no son los únicos ciegos. — Pensó, pues hasta para ella era obvio que Draken también gustaba de la rubia.
Emma, ajena a los pensamientos de Yuzuha, continuó. —Cuando ambas personas se gustan, es muy difícil que lo entiendan hasta que uno de los dos lo exprese abiertamente al otro. — Nuevamente, hablaba desde su experiencia, por su puesto, ella ya le había contado a Hinata que estaba enamorada de Draken, y si bien no lo había hablado con alguien más, para muchos en la Tōman era evidente, pero no por ser evidente significaba que alguien ya le lo había dicho a Draken, y por lo visto este parecía ser ajeno a los sentimientos de la rubia, cosa que no era para nada así.
—¡Ahí si te doy toda la razón! — Dijo Yuzuha señalando a la rubia.
Hinata volvió a parpadear un par de veces. —Bueno… yo me le declare a Takemichi… supongo, que tiene lógica lo que Emma dice. — No ponía en duda que Takemichi la quisiera, después de todo, si bien era cierto que habían momentos en los que el chico parecía tener de nuevo su actitud valemadrista, o sea, que le valía madre todo, mayoritariamente era encantador con ella, caga acción, aunque torpe, era linda y atenta a sus ojos.
—¡Ay! — Soltó Emma con desesperación. —¡Inui tiene el mal hábito de hablar de más y cuando toca se queda callado! — Chilló frustrada.
—¡¿Qué?! — Preguntó Yuzuha sin entender lo último, bueno, no del todo, hasta donde ella recordaba, sí, Inui a veces tenía una lengua filosa, pero… ¿Por qué Emma decía eso? —Emma… ¿qué es lo que sabes?
La rubia se cruzó de brazos e hizo un puchero. —Le gusta Kokonoi, pero no sé traeve a decirlo.
Ante el comentario de la rubia, las cejas de Hinata y Yuzuha se alzaron, sus ojos se abrieron de par en par, la boca de ambas también se abrió, era una sorpresa, sorpresa y no, para Yuzuha eso era obvio, más no contaba que el rubio lo hubiera hecho público con alguien.
Yuzuha entro en corto circuito. —¡¿Cómo que le gusta Kokonoi?! — Preguntó poniendo ambas manos sobre la mesa y recargandose un poco sobre la misma, quería chisme y lo quería ya.
Hinata, interpretando todo por otro lado miró a la chica de cabellos coral. —Yuzuha, ¿te gusta Kokonoi? — Según ella, eso era, medianamente lógico.
Yuzuha volteó a ver a Hinata. —¡Claro que no! — Se defendió. —¡Jamás me fijaría en él! — No lo odiaba, de verdad, así mismo, el chico tampoco era de su interés. La chica dirigió su mirada hacia Emma. —Emma, lo que dijiste… ¿te lo dijo él o lo supones tú? — Preguntó, Hinata también dirigió su mirada a la rubia, inclinandose un poco sobre la mesa, también quería saber más, nuevamente, las acciones decían mucho, pero saber la información con claridad era mejor aún.
Emma miró a ambas. —Lo oí decirlo… en ese entonces Shin-Ni seguía vivo. — Comentó haciendo un ligero puchero. —Ese día fuí a la tienda de Motos de mi hermano y ahí estaba Inui, no supe exactamente cómo se dió la conversación, sólo le oí decir: "Estoy mal… me gusta mi mejor amigo… somos chicos". — Al momento de repetir aquella frase que había oído de Inui sus hombros bajaron, no sólo los de ella, sino los de las otras dos también, la mirada de Emma también se volvió algo afligida. —Lo dije de forma sencilla, pero… ese día… él estaba llorando… Shin-Ni le abrazó para consolarlo… — No iba a dar ese detalle, quizás como el secreto que el rubio jamás le pidió guardar, pero ella callaría.
Yuzuha se alejó lentamente, volviendo a recargar su espalda en el respaldo, lo que acababa de oír era insólito, lo sospechaba, sí, pero nuevamente, suponerlo, no era lo mismo que saberlo. —Si Kokonoi se enterara… ¿Sería distinto? — Ahora era más consciente de que "complicado" era para ambos.
El chirrido de una silla recorriendose llamó la atención de Yuzuha y Emma. —¡Debemos asegurarnos que nada arruine está cita! — Habló decidida Hinata.
Yuzuha miró a la chica, sospechando lo que quería decir en realidad. —¿A caso tu…?
Otro chirrido de silla se hizo presente. —¡Inicia la operación cupido vigilante! — Anunció Emma.
Yuzuha negó con la cabeza. —¿En qué momento llegamos a esto? — No sabía si alarmarse o divertirse, pero, oh, vamos, si sonaba divertido.
—¡Andando! — Dijo Hinata, tomando de la mano a Yuzuha y saliendo corriendo por dónde antes habían visto al par de chicos irse, claro, dejando el pago de lo consumido por las tres.
No muy retirado del cine, ambos chicos habían llegado a una pequeña heladería, misma a la que habían entrado, sólo fue hasta ese momento que Kokonoi soltó a Inui, dejando a este sentado en una de las mesas del lugar.
La heladería estaba bastante fresca, más no congelada, tenía el aire aclimatado a la perfección, habían varias personas ahí, y a como se veía, eran familias o grupos de amigos, nada fuera de lo común, salvó por un detalle, un pequeño grupo tocando en vivo, pero eran canciones tipo balada, no muy family friendly, pero tampoco tan juvenil, era… equilibrado.
El rubio tenía las mejillas encendidas, en todo el camino hacia la heladería, desde que Kokonoi había acercado demasiado su rostro, este había estado pensando una y otra vez en aquel momento. —Su rostro estaba demasiado cerca. — No era la primera vez que ese acercamiento se daba. —Rara vez usas perfume, pero… — Miraba con detenimiento el perfil del pelinegro mientras estaba haciendo fila. —Hoy… hueles demasiado bien… — Su corazón parecía caballo desbocado. —Sus labios… — Cerró los ojos con fuerza. —¡Tranquilízate Seishu! — Se reprendió mentalmente, mientras sacudía suavemente la cabeza, no sólo su corazón estaba errático, su respiración también, y debía evitar que eso se notará. —Koko… — Volvió a mirar de reojo al chico que estaba por llegar al mostrador para encargar las nieves de ambos. —¿Por qué cada que trato de convencerme que no es real… logras que me ponga así? — Y por "así", se refería a nervioso, a sentir aquella mezcla de felicidad, nerviosismo, aquel calorcito en su pecho que le hacía soñar que era posible, y también aquel miedo de que no fuera real, o de perder la oportunidad de que sí lo fuera a causa de ese mismo miedo.
Kokonoi no estaba mejor, eso era claro, por su mente también pasaba la cercanía que tuvo con Inui momentos atrás. —Debí besarlo. — Se recriminaba no haberlo hecho. —Pero… — miró de reojo al rubio, nuevamente, este le parecía adorable porque podía notar lo rápido que el otro parpadeaba, como movía sus ojos de un lado a otro, como si buscará en que entretenerse. —Creo que ya está bastante nervioso… ¿se habrá dado cuenta? — Apretó levemente sus labios para poco después tener una sutil sonrisa, en otro momento, aquel pensamiento le aterraría, en cambio, hoy no. —Suponiendo que sí, espero que no se asuste. — Quería que el rubio supiera que estaba enamorado de él, más no asustarlo o incomodarlo. Respiró hondo, pues ya casi era su turno de pedir en el mostrador.
—Buenas tardes. — Saludó uno de los vendedores. —¿Qué le voy a dar?
En ese momento, el rostro de Kokonoi y su forma de hablar volvieron a la programación habitual. —Deme dos helados medianos.
—Por supuesto, ¿qué "toppings" va a llevar abajo? — Preguntó amablemente el chico de a lo mucho 22 años.
Kokonoi miró la variedad de "toppings", que habían, arándanos, granola, lunetas de chocolate, lunetas de yogurt, almendras picadas, mermelada de fresa, piña, también habían panditas, cajeta, chocolate derretido, trozos de fresa, una gran variedad. —Últimamente Inupi evita comer chocolate porque se le hacen espinillas, no lo admite, pero suele ser algo vanidoso. — Siguió mirando a detalle. —Creo que las galletas trituradas son una buena elección. — Miró de nuevo al vendedor. —A uno colócale galletas trituradas, al otro ponle mermelada de piña.
—Muy bien. — Dijo el muchacho. —¿Qué sabores? — Preguntó una vez que agrego un par de cucharadas de los "toppings" que había solicitado el pelinegro.
—El de galletas va a ser de mora azul, el otro de piña colada. — Pidió, ambos eran nieves de yogurt, y eran precisamente los sabores favoritos de Inui y Kokonoi respectivamente.
En la mesa donde estaba Inui, el rubio pasaba saliva con dificultad. —Bien, no es la primera vez que salimos… no es la primera vez que comemos helado… no es la primera vez que… — Nuevamente la imagen del rostro de Kokonoi cerca del suyo se hizo presente. —¡¿Por qué no puedo dejar de pensar en eso?! — Se rasco la nuca con clara frustración, más no sabía que era lo que le gustaba realmente. —Si… si de verdad me hubieras besado… — Dirigió su mirada hacia el causante de tanto embrollo emocional. —¿Cómo hubiera reaccionado a eso? — No sabía si se hubiera quedado congelado o si por el contrario, hubiese respondido al beso como más de una vez había soñado, sus mejillas volvieron a encenderse. —¡Deja de pensar en tonterías! — Se reprendió así mismo mientras sacudía la cabeza de forma violenta, como si eso alejara aquellos pensamientos. —Debo distraerme en algo… ¡La música! — Pensó sintiendo que su cerebro emitía un "¡Ding dong!", respiró hondo para poder concentrarse de lleno en la canción.
Se recargó en el respaldo, cerró sus ojos y comenzó a usar la técnica de respiración "4-7-8" para controlar la ansiedad. Las rosas y algunos cuchicheos en el establecimiento ayudaban a que saliera un poco de sus pensamientos. Mientras más trataba de controlar su mente, menos atención le prestaba a la canción, hasta que poco a poco,la suave melodía empezó hacerse caminó en su cabeza.
Kokonoi seguía en el mostrador, realmente no había pasado mucho tiempo realmente, pero quizás, dada la tension que había, parecía que tenían bastante tiempo separados. —Quiero ir ya con Inupi… — Quería seguir contemplando al chico, y quizás, disfrutar un poco más de la música, que por lo poco que estaba mirando, tenían canciones muy convenientes para la ocasión.
—¿Van a llevar chocolate arriba? — La voz del vendedor le trajo de nuevo a la realidad.
—Ah, sólo a la de piña colada, a la de mora azul póngale trozos de Kiwi. —Seguro que a Inupi le encantará. — Miró nuevamente de reojo a Inui.
"No me queda más refugio que la fantasía
No me queda más que hacer
Que hacerte una poesía"
El rostro de Kokonoi se suavizó al ver a Inui respirar hondo. —¿Estás nervioso, Inupi? — Su pregunta parecía más una burla, pero una llena de cariño. —¿Si te lo digo de forma directa… estara bien? — No era que fuera a cambiar su decisión, sólo… era como si quisiera una autorización por parte del chico.
—Aquí tiene. — Habló el vendedor entregándole el par de helados.
Kokonoi los tomó y comenzó a dirigirse a paso lento, pero firme hasta la mesa en dónde estaba Inui, el rubio por su parte abría paulatinamente sus ojos, reconocía aquella canción y si bien no le estaba prestando verdaderamente atención, sí estaba haciendo Lip-syncing. Inui alzó la vista y miró a Kokonoi, justo en el momento.
"Porque te vi venir y no dudé
Te vi llegar y te abracé
Y puse toda mi pasión para que te quedaras
Y luego te besé y me arriesgué con la verdad
Te acaricié y al fin abrí mi corazón para que tú pasaras"
Aquella parte se clavo de lleno en la mente de Inui, porque justamente Kokonoi estaba llegando a él, porque cuando se conocieron, fue Kokonoi quién se acercó primero, porque fue él quien le sacó del incendio, porque fue él quien llegó cuándo se desplomó saliendo del cementerio días después del entierro de Akane, porque fue Kokonoi quien estaba fuera de la correccional, esperándolo.
—Porque… en la mayor parte de tiempo, cuando me aislo… eres tú quién viene a mí… y aunque yo trate de negarlo… la verdad es… que te amo… más de lo que imaginé… o de lo que tú puedas imaginar… — Mientras aquella confesión interna se daba, de sus labios emitía un suave murmullo, el cuál era la última frase de aquel fragmento de la canción. —"Y al fin abrí mi corazón para que tú pasarás."
Aquél murmullo fue perfectamente audible para Kokonoi, quien suavizó la mirada. —Siempre cantas tan hermoso. — Pensó apenas pudo procesar aquellas palabras, reconocía que era la letra de la canción, pero en ese momento tuvieron un significado completamente distinto, haciendo que el chico contuviera la respiración unos segundos y diera un apretón suave los vasos con nieve que llevaba en las manos.
—Koko… — Aquel apretón fue notable para Inui. —¿Se molestó? — Aquella duda le hizo entrar en pánico.
Kokonoi por su parte, muy ajeno al pensamiento de Inui, sonrió suavemente y colocó la nieve de mora azul en la mesa, frente a Inui, para después tomar asiento justo al lado del rubio. —¿Estabas cantando o eso me lo decías a mí? — Tanteó el terreno, y la respuesta que recibió fue el rubor intenso en las mejillas del rubio. —Eres tan adorable… — Volvió a pensar. —Te pedí de mora azul. — Dijo tratando de cambiar un poco el tema, pues seguía creyendo que lo mejor era decirle de sus sentimientos al rubio después de la película.
Inui evadió la mirada, parpadeando varias veces, así como apretando los labios una y otra y otra vez mientras sobaba sus manos sobre sus rodillas, una forma de limpiarse el sudor de las mismas, sudor que "extrañamente" había aumentado en cuanto vio que Kokonoi estaba cerca de él. — No parece estar molesto… — La pregunta que le hizo Kokonoi no tenía respuesta, no en ese momento. —G-gracias. — Respondió carraspeando un poco, tomó vaso de nieve, y lo acercó aún más hacia él, sintiendo como el asiento a lado suyo se sumía por el movimiento de Kokonoi al acercarse aún más a él. — ¿Por qué te acercas tanto? — No le molestaba, todo lo contrario, adoraba sentir a Kokonoi acerca de él. — Si sigue tan cerca… yo… voy a comentar una estupidez. — En realidad lo que iba a hacer era soltar un "me gustas", y lo consideraba una estupidez por su mismo miedo.
Kokonoi miró que el rubio no apartaba la mirada de la nieve. —¿Inupi? — Llamó suavemente al otro. — ¿Pasó algo? ¿No querías fruta en la nieve? — Su voz era suave, pero claramente estaba preocupada. —¿Querías algo más? — Con cada pregunta que hacía, de forma inconsciente se acercaba más al contrario.
Inui dio un ligero salto y volteo a su derecha para encarar a Kokonoi, encontrando otra vez el rostro de este muy cerca del suyo. —No… no… — Parecía pez abriendo y cerrando la boca sin emitir sonido alguno después de aquel par de "no", el aire se le hizo pesado y sus ojos no se apartaban para nada de los del pelinegro. — Yo… quiero besarte. — De forma inconsciente se mordió los labios y eso fue algo que hizo que Kokonoi se acercará más a él. — A este paso…
La respiración de ambos empezó a ser más lenta, las miradas de ambos se turnaban entre la mirada contaría y los labios ajenos, haciendo que la distancia de fuera acortando cada vez más, y más, y más, a medida que la distancia se iba acortando los ojos de ambos comenzaron a estar cada vez más cerrados.
Sus labios ya estaban a casi nada de tocarse, sus ojos estaban cerrados por completo, sólo era cuestión de que uno de los dos se inclinara más hacia el otro y se darían el beso más anhelado por los dos.
—Me gustas. — Pensaron al mismo tiempo mientras ambos inclinaban un poco sus cabezas hacia la derecha y la distancia iba desapareciendo de forma paulatina.
.
.
.
—¡Mira mamá!
