En el puente delVenganza del Exilio, Lelouch y Nicoletta estaban de pie junto a T-01, revisando los detalles finales del plan para la operación en Ryloth. El holograma del planeta giraba lentamente frente a ellos, mostrando las principales fortalezas de la República y las rutas de ataque propuestas. Aunque la planificación parecía meticulosa, ambos jóvenes sabían que su atención debía dividirse entre esta operación y el delicado asunto de la reunión con los Jedi.
—T-01, la operación en Ryloth debe ser impecable —dijo Lelouch, con su tono firme pero calculado—. Necesitamos que la flota actúe con precisión para mantener las apariencias. Nadie debe sospechar que nuestra atención está en otra parte.
T-01 asintió, su voz robótica transmitiendo confianza.
—Entendido, comandante. He integrado las tácticas sugeridas por ambos y ajustado las rutas de ataque para maximizar la efectividad mientras se minimizan las bajas. Las tropas estarán listas para el despliegue en cuanto lleguemos a Ryloth.
Nicoletta, quien estaba observando los detalles proyectados en el holograma, intervino con un tono reflexivo.
—Recuerda priorizar la captura de los puntos estratégicos clave. Si tomamos las fortalezas principales primero, desestabilizaremos la resistencia de la República y aseguraremos el control del planeta más rápidamente.
T-01 procesó la información rápidamente, inclinando ligeramente la cabeza.
—Incorporaré esas directrices en las órdenes de despliegue. ¿Alguna otra instrucción, comandante?
Lelouch cruzó los brazos, observando el holograma por unos momentos más antes de responder.
—No. Por ahora, todo está en orden. Inicia la ejecución del plan.
El droide táctico asintió nuevamente y se retiró para comenzar a implementar las órdenes. Una vez que T-01 se fue, Lelouch apagó el holograma y se giró hacia Nicoletta.
—Todo está listo. Ahora solo necesitamos asegurarnos de que nuestro próximo movimiento sea igual de preciso.
Horas más tarde, a bordo delEclipse, mientras la flota se acercaba a Ryloth, Nicoletta estaba sentada en el área común de la nave, revisando un datapad con información sobre la reunión con los Jedi. Aunque intentaba mantener la compostura, Lelouch podía notar el nerviosismo en su rostro y en la forma en que jugaba con un mechón de su cabello.
—¿Estás preocupada por la reunión? —preguntó Lelouch, acercándose a ella.
Nicoletta levantó la mirada, dejando el datapad sobre la mesa, y suspiró.
—Es solo... hay tantas cosas que pueden salir mal. No sabemos cómo reaccionarán los Jedi. Y si esto es una trampa...
Antes de que pudiera continuar, Lelouch se sentó a su lado y, sin decir nada, la abrazó suavemente. Era un gesto que se había vuelto común entre ellos, pero esta vez, el abrazo tenía algo más íntimo, algo más cercano. Nicoletta se tensó al principio, sorprendida por la intensidad del momento, pero rápidamente se relajó en sus brazos.
—Nicoletta —dijo Lelouch en un susurro, apoyando su frente contra la de ella—. Pase lo que pase, quiero que sepas algo. Te has convertido en la persona más importante para mí en esta galaxia.
Los ojos de Nicoletta se abrieron un poco más, y un leve sonrojo apareció en sus mejillas. Las palabras de Lelouch la tomaron completamente por sorpresa, pero al mismo tiempo, sintió cómo su corazón se aceleraba.
—Lelouch... —murmuró, antes de sonreír tímidamente—. Tú también eres la persona más importante para mí. No importa qué pase, espero que podamos seguir juntos cuando todo esto termine.
Lelouch sonrió, un gesto raro en él pero genuino en ese momento.
—Lo haremos, Nicoletta. Sin importar los obstáculos, seguiremos juntos.
Ambos permanecieron en silencio por un momento, disfrutando de la cercanía y del vínculo que habían construido a lo largo del tiempo. Aunque sabían que la misión que tenían por delante era peligrosa, en ese instante, compartían un refugio de calma que los fortalecía para lo que estaba por venir.
ElEclipsesalió del hangar delVenganza del Exiliocon precisión impecable, perdiéndose en el hiperespacio en dirección al verdadero objetivo de Lelouch y Nicoletta. A bordo, el ambiente era más tenso de lo habitual. Ambos jóvenes, sentados en la cabina, observaban cómo las estrellas se convertían en líneas brillantes a medida que la nave alcanzaba su velocidad máxima. Aunque estaban acostumbrados a planificar cada movimiento con frialdad y precisión, esta misión era diferente.
Nicoletta, sentada a un lado con su mirada fija en la pantalla de navegación, rompió el silencio.
—Sabemos que lo primero que preguntarán será sobre el biochip y la Orden 66. Es obvio que eso es lo que más les preocupa. Pero... ¿y después? ¿Qué más podrían querer saber?
Lelouch, con los brazos cruzados y la mirada pensativa, respondió después de un momento.
—Querrán entender la magnitud del control de Sidious sobre ambos bandos. Buscarán pruebas de cómo manipula la Confederación y, seguramente, sospecharán más sobre su influencia en la República. Es probable que intenten sacar información sobre las reuniones secretas de Dooku y los líderes separatistas.
Nicoletta asintió, aunque su expresión mostraba cierta preocupación.
—¿Y qué les diremos? ¿Cuánto revelaremos realmente?
Lelouch inclinó la cabeza ligeramente hacia ella, su expresión calculada pero con un destello de incertidumbre.
—Lo suficiente para que confíen en lo que decimos, pero no tanto como para que puedan usarlo en nuestra contra.
Nicoletta frunció el ceño, claramente reflexionando sobre la respuesta.
—¿Y si nos presionan? Sabemos que los Jedi tienen sus métodos, y no todos serán tan pacientes como Obi-Wan o Yoda.
Lelouch esbozó una leve sonrisa, aunque no había humor en ella.
—Entonces jugaremos nuestras cartas con cuidado. No olvides que nosotros también tenemos ventaja. Sidious es una amenaza para ellos tanto como para nosotros. Usaremos eso para mantener el control de la situación.
Nicoletta, aunque aún inquieta, pareció tranquilizarse ligeramente con sus palabras. Se apoyó en el respaldo de su asiento y dejó escapar un suspiro.
—Es un juego peligroso, Lelouch. Un paso en falso y podríamos acabar rodeados de enemigos en ambos bandos.
Lelouch giró su silla hacia ella, su tono adoptando un matiz más suave.
—Lo sé, Nicoletta. Pero por eso estamos aquí, juntos. No hay nadie más en esta galaxia en quien confíe más que en ti.
Nicoletta, sorprendida por la sinceridad de sus palabras, lo miró por un momento antes de asentir lentamente.
—Tienes razón. No importa qué pase, lo enfrentaremos juntos.
Mientras elEclipsecontinuaba su camino a través del hiperespacio, ambos jóvenes comenzaron a repasar mentalmente posibles escenarios y las preguntas más difíciles que podrían surgir en la reunión con los Jedi. Sabían que este encuentro sería más que una simple conversación: sería una batalla de estrategias, palabras, y confianza precaria en la que cada detalle podía marcar la diferencia.
ElEclipseaterrizó suavemente en la superficie de Polis Massa, levantando una leve nube de polvo en el árido terreno. A poca distancia, la nave Jedi, lo suficientemente grande como para albergar a todo el grupo reunido para esta misión, descansaba imponente. Frente a ella, los Jedi ya estaban formados, atentos al descenso de Lelouch y Nicoletta.
La rampa delEclipsese desplegó lentamente, y la primera figura en aparecer fue la de Lelouch. Su uniforme, negro con detalles púrpura oscuro, destacaba por su impecable diseño. La gorra negra con el emblema dorado de un cráneo proyectaba una imagen tanto de autoridad como de amenaza calculada. La capa que caía desde sus hombros hasta sus tobillos completaba su presencia imponente, dándole un aire que combinaba la elegancia de un líder con la frialdad de un estratega. Cada paso que daba parecía medido, diseñado para mantener la atención fija en él.
A su lado caminaba Nicoletta, cuya apariencia también capturó la atención de los Jedi. Lucía una chaqueta blanca impecable con detalles dorados en las hombreras que caían con elegancia, y bordes rojos en los puños que destacaban contra el blanco. El cinturón negro ajustado ceñía su figura, realzando su presencia, mientras que los pantalones negros ajustados y las botas altas de cuero gris proyectaban una imagen de firmeza y autoridad. A pesar de su juventud, la forma en que caminaba y la confianza en su mirada demostraban que no era simplemente una aprendiz, sino alguien preparado para enfrentarse a cualquier situación.
Los Jedi reaccionaron al unísono con una mezcla de sorpresa e intriga. Para aquellos que no conocían a Lelouch y Nicoletta, la imagen de los dos jóvenes era tan impactante como desconcertante.
Mace Windu fue el primero en hablar, su tono cargado de gravedad mientras observaba a ambos detenidamente.
—Este joven... ha diseñado todo para proyectar control y autoridad. Incluso sus uniformes son una declaración.
Plo Koon inclinó ligeramente la cabeza, analizando los detalles.
—Cada aspecto de su apariencia está calculado para intimidar y destacar. No es la imagen típica de un comandante separatista.
Shaak Ti dirigió su atención hacia Nicoletta, su mirada mostrando tanto curiosidad como un atisbo de admiración.
—Y ella... Su porte y vestimenta transmiten una presencia que no esperaría de alguien de su edad. Pero hay algo más. Una conexión clara entre ambos.
Obi-Wan, quien ya había enfrentado a Lelouch en el pasado, cruzó los brazos mientras los estudiaba con atención.
—Lelouch nunca deja nada al azar. Todo lo que ven es parte de su estrategia. Incluso los detalles más pequeños están diseñados para proyectar la imagen que quiere que tengamos de él.
Anakin, por su parte, apretó los puños mientras miraba al joven comandante con desconfianza.
—Todo esto no es más que una fachada. No importa lo que intenten proyectar, siguen siendo separatistas y siguen siendo peligrosos.
Yoda, apoyado en su bastón, observó a ambos jóvenes con sus ojos entrecerrados, reflexionando profundamente.
—Más que simple apariencia, esto es. Intenciones ocultas, en ellos están.
Mientras los Jedi murmuraban entre ellos, Lelouch y Nicoletta se detuvieron a una distancia prudente. Lelouch alzó ligeramente la cabeza, observando al grupo con una calma inquietante que proyectaba control absoluto. Cuando habló, su tono fue claro, calculado y cargado de autoridad.
—Maestros Jedi, agradezco que hayan aceptado esta reunión. Espero que podamos hablar con franqueza, porque lo que estoy a punto de compartir con ustedes puede cambiar el curso de esta guerra.
Nicoletta permaneció firme a su lado, su postura impecable y su mirada seria, aunque dentro de ella sentía la presión de la atención que los Jedi les prestaban. A pesar de todo, su figura proyectaba la misma seguridad que Lelouch, mostrando que, aunque jóvenes, ambos eran más de lo que aparentaban.
La tensión en el ambiente era palpable mientras Mace Windu, con los brazos cruzados y su expresión seria, dio un paso adelante. Sus ojos oscuros se fijaron en Lelouch y Nicoletta, evaluándolos cuidadosamente antes de hablar con su tono firme y directo.
—Voy a ser claro, Lelouch. No confío en ti ni en tu aprendiz. Pero estamos aquí porque esta guerra va más allá de lo que representan la República y la Confederación. Si lo que tienes que decir es tan importante como dices, entonces habla.
Lelouch sostuvo la mirada de Windu sin pestañear, un leve destello de confianza y desafío reflejado en sus ojos. Sus manos, entrelazadas a la altura de su cintura, permanecieron inmóviles mientras respondía.
—No espero que confíe en mí, maestro Jedi. De hecho, sería ingenuo si lo hiciera. Pero permítame ser igualmente claro: tampoco confío en ustedes. Y sin embargo, aquí estamos. No porque nos guste, sino porque el enemigo que enfrentamos es más peligroso de lo que cualquiera de nosotros podría manejar por separado.
Nicoletta, de pie junto a Lelouch, dio un paso adelante, con la mirada fija en los Jedi, mostrando una seriedad que contrastaba con su juventud.
—La desconfianza es natural, lo entendemos. Pero si seguimos dejándonos llevar por eso, estamos jugando directamente en las manos de Sidious. El tiempo no está de nuestro lado. Necesitamos actuar antes de que sea demasiado tarde.
El silencio reinó por un momento antes de que Mace Windu volviera a hablar, su tono firme y cargado de autoridad.
—Hablen con claridad. Necesitamos saber exactamente qué son los biochips y qué papel juegan en esta guerra.
Lelouch, con una expresión controlada y serena, asintió. Dio un paso adelante, dirigiendo su mirada primero a Yoda y luego al resto de los Jedi.
—Los biochips son dispositivos implantados en todos los clones de la República durante su creación en Kamino. Los descubrimos cuando atacamos el planeta y logramos copiar toda la red de datos de los laboratorios principales.
Nicoletta intervino, su tono reflejando tanto seriedad como urgencia.
—Esos biochips no son simples implantes médicos. Están diseñados para controlar a los clones de maneras específicas, programados con directivas que pueden activarse en cualquier momento.
Obi-Wan frunció el ceño, cruzando los brazos mientras procesaba lo que escuchaba.
—¿Y cuál es el propósito de estos biochips?
Lelouch tomó la palabra de nuevo, su tono frío pero cargado de gravedad.
—El propósito principal es ejecutar la Orden 66. Es una directiva específica diseñada para que los clones eliminen a los Jedi bajo la falsa premisa de que se han convertido en traidores a la República.
El grupo de Jedi reaccionó visiblemente a esta declaración. Incluso aquellos que se mantenían en calma, como Plo Koon y Shaak Ti, mostraron signos de preocupación. Anakin, con el ceño fruncido, no pudo contener su incredulidad.
—¿Y cómo sabemos que esto es cierto? Podría ser otra manipulación de los separatistas.
Nicoletta giró su mirada hacia Anakin, su tono reflejando tanto la frustración como la firmeza de alguien que había visto las pruebas con sus propios ojos.
—Porque tenemos todos los datos. Los registros de Kamino son claros. Encontramos la información detallada sobre los biochips, sus configuraciones, e incluso menciones específicas de la Orden 66.
Yoda, con sus ojos entrecerrados, inclinó ligeramente la cabeza.
—Mucha evidencia, dices que tienen. ¿Cuándo planean usarla, saben?
Lelouch negó con la cabeza, cruzando los brazos.
—No sabemos cuándo Sidious activará la Orden. Pero sabemos que no será un movimiento aleatorio. Está esperando el momento exacto para que cause el mayor impacto.
Shaak Ti, quien había pasado años estudiando a los clones en Kamino, intervino con un tono lleno de preocupación.
—Si lo que dicen es cierto, entonces Sidious no solo ha manipulado la República, sino también a la Confederación, para prolongar esta guerra y garantizar que su plan tenga éxito.
Mace Windu, con el ceño fruncido, preguntó directamente:
—¿Qué evidencia tienen para respaldar esto? Necesitamos algo más que palabras.
Nicoletta, con calma, sacó un pequeño dispositivo de almacenamiento de datos de su cinturón y lo sostuvo frente a los Jedi.
—Aquí tienen los registros que tomamos de Kamino. Todo lo que sabemos está en este dispositivo. Si lo revisan, encontrarán la verdad sobre los biochips y la Orden 66.
El silencio que siguió fue pesado, mientras los Jedi procesaban la gravedad de lo que acababan de escuchar. Lelouch dio un paso atrás, observando las reacciones de cada uno de los maestros. Aunque sabía que aún había desconfianza, también podía ver que las piezas comenzaban a encajar en sus mentes.
La sala, ya cargada de tensión, se volvió aún más sombría cuando Yoda, con su bastón descansando en sus manos, alzó la mirada hacia Lelouch y Nicoletta.
—Sobre Sidious, saber más necesitamos. ¿Quién es? ¿Dónde está?
Lelouch negó con la cabeza lentamente, su rostro permaneciendo neutral mientras respondía.
—Eso es un misterio incluso para nosotros. Hemos buscado en las redes más seguras de la Confederación, pero incluso allí, Sidious se mantiene oculto. Lo único que podemos deducir es que es alguien con una posición muy alta dentro de la República.
Nicoletta, de pie junto a él, asintió y agregó con cautela:
—Todo lo que sabemos sobre Sidious proviene de fragmentos y registros indirectos. No hay ninguna mención directa a su verdadera identidad.
Lelouch activó un pequeño holoproyector que había llevado consigo, proyectando una imagen que capturó inmediatamente la atención de los Jedi. En el holograma, el Conde Dooku aparecía arrodillado frente a una figura encapuchada que, aunque borrosa, emanaba una presencia ominosa. La voz del ser encapuchado resonó en la sala, fría y calculadora.
—La batalla debe proceder tal como hemos planeado. La República debe salir victoriosa. El gran plan está cerca de completarse, y con ello, el caos se transformará en orden absoluto.
El silencio se apoderó del lugar mientras los Jedi observaban el holograma con atención. Incluso los más estoicos, como Plo Koon y Mace Windu, no pudieron evitar mostrar signos de sorpresa y preocupación. Fue Shaak Ti quien finalmente rompió el silencio.
—¿El gran plan? ¿Se menciona esto en más registros?
Nicoletta asintió, su expresión seria.
—Muchas veces. Pero nunca hay detalles específicos sobre qué implica. Solo sabemos que todo lo que está ocurriendo en esta guerra, tanto en la República como en la Confederación, parece estar diseñado para preparar ese gran plan.
Yoda, con los ojos entrecerrados, observó la figura encapuchada en el holograma y reflexionó en voz baja.
—Sombra, esta figura es. Pero su voz... familiar parece.
Obi-Wan, que había permanecido en silencio mientras estudiaba el holograma, levantó la cabeza lentamente.
—Es cierto, maestro Yoda. Su voz... tiene un parecido con alguien en la República.
Plo Koon, con su tono reflexivo, asintió.
—También lo he notado. No puedo asegurarlo, pero... suena similar al Canciller Palpatine.
Las palabras resonaron en la sala como un trueno. Anakin, que hasta ese momento había estado observando en silencio, dio un paso adelante con el ceño fruncido y los puños apretados.
—¡Eso no tiene sentido! El Canciller Palpatine es un hombre honorable, un defensor de la República. No puede ser Sidious.
Mace Windu, con una expresión seria, observó a Anakin antes de hablar.
—Nadie está diciendo que lo sea, Skywalker. Pero no podemos ignorar las similitudes en la voz.
Lelouch, observando el intercambio, mantuvo su expresión neutral mientras intervenía.
—No estoy aquí para acusar a nadie en particular. Solo estoy presentándoles lo que he encontrado. Si esta figura es Sidious, entonces está claro que tiene una posición de poder lo suficientemente alta como para influir tanto en la República como en la Confederación.
Nicoletta, tratando de aliviar la tensión, agregó con un tono conciliador:
—Lo que importa es lo que se haga con esta información. Si podemos descubrir quién es realmente Sidious, podremos detener este "gran plan" antes de que sea demasiado tarde.
El silencio que siguió fue pesado, mientras los Jedi procesaban la gravedad de lo que acababan de escuchar y ver. Aunque Anakin permanecía visiblemente perturbado, el resto del grupo sabía que lo que Lelouch y Nicoletta habían revelado solo confirmaba lo que ya sospechaban: alguien en las sombras estaba manipulando ambos lados de la guerra, y el tiempo para descubrir su identidad se estaba agotando.
La tensión en la sala aumentó mientras las palabras de Lelouch y Nicoletta resonaban en las mentes de los Jedi. Fue Shaak Ti quien rompió el silencio, con su tono reflexivo pero lleno de gravedad.
—Si este "gran plan" y la Orden 66 están diseñados para ser activados en un momento específico de la guerra, entonces eso significa que no se trata solo de derrotar a la República o la Confederación. Hay algo más grande en juego.
Nicoletta, con una mirada seria, asintió mientras tomaba la palabra.
—Tiene sentido. Si Sidious está detrás de esto, no es descabellado pensar que tanto la Orden 66 como el gran plan están intrínsecamente ligados. Ambos podrían ser herramientas diseñadas para garantizar que los Jedi sean eliminados en el momento exacto en que su caída resulte más beneficiosa.
Las palabras de Nicoletta dejaron a los Jedi pensativos, intercambiando miradas de preocupación. Lelouch, con los brazos cruzados y la expresión fría pero reflexiva, añadió su propia perspectiva.
—Históricamente, todos los Sith han buscado destruir a los Jedi. Es su objetivo principal. Si vemos esto desde un panorama más amplio, la guerra podría ser un medio para debilitar a los Jedi y dejarles vulnerables, preparando el terreno para su destrucción total.
El impacto de sus palabras se sintió en la sala. El silencio se hizo pesado hasta que Ahsoka, quien había estado observando con atención, dio un paso adelante, su tono lleno de preocupación.
—Y si ese es el caso, entonces lo que hemos visto desde el inicio de la guerra tiene sentido. La reputación de los Jedi ha cambiado drásticamente. Antes éramos conocidos como diplomáticos y guardianes de la paz, pero ahora somos vistos como generales y soldados en el frente.
Plo Koon, siempre analítico, inclinó la cabeza ligeramente mientras consideraba las palabras de Ahsoka.
—Eso es cierto. Nuestra nueva reputación podría ser utilizada como arma contra nosotros. Si Sidious ha estado manipulando esta percepción, podría estar preparando el terreno para justificar la Orden 66.
Las palabras de Plo Koon provocaron un nuevo nivel de preocupación entre los Jedi presentes. Mace Windu, con el ceño fruncido, golpeó suavemente el brazo de su silla con los dedos mientras reflexionaba.
—Si Sidious logra que la galaxia vea a los Jedi como soldados en lugar de guardianes, no será difícil que nos culpen por las fallas de la guerra. Eso justificaría cualquier medida que tomaran contra nosotros.
Fue entonces cuando Yoda, con los ojos cerrados en profunda meditación, levantó la mirada lentamente. Su voz, grave y cargada de un peso que todos sintieron, rompió el silencio.
—Un plan como este, diseñado para nuestra destrucción, podría ser. El fin de los Jedi, Sidious busca.
Sus palabras provocaron un escalofrío colectivo entre los Jedi presentes. Por un momento, incluso los más experimentados entre ellos sintieron el peso de esa posibilidad aplastante. La idea de que todo lo que habían hecho en esta guerra pudiera haber sido manipulado para conducirlos hacia su propia destrucción era un pensamiento que ninguno quería enfrentar, pero que no podían ignorar.
Lelouch, observando las reacciones de los Jedi, intervino con calma pero con un tono firme.
—Si eso es cierto, entonces el tiempo no está de nuestro lado. Cada momento que pasa acerca más a Sidious a su objetivo. Si no hacemos algo ahora, podría ser demasiado tarde.
Nicoletta asintió, su mirada fija en los Jedi.
—Esto no es solo una guerra. Es una trampa. Y si no actuamos juntos, caemos todos.
El silencio volvió a apoderarse de la sala mientras cada Jedi reflexionaba sobre lo que acababan de escuchar. Aunque ninguno lo decía en voz alta, todos sentían lo mismo: la guerra no era solo una batalla por el control de la galaxia, sino también una lucha por la supervivencia de la Orden Jedi.
Lelouch permaneció en silencio por un momento, observando las reacciones de los Jedi mientras procesaban su propuesta. Finalmente, se giró hacia Mace Windu, quien aún parecía escéptico, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
—Maestro Windu, entiendo su preocupación. Retirarse del templo puede parecer un acto de cobardía o incluso una admisión de derrota. Pero estoy de acuerdo con el maestro Plo Koon: no es una retirada, sino una medida de protección.
Lelouch dio un paso adelante, señalando al grupo con calma pero firmeza.
—Si la Orden 66 se lleva a cabo, su templo será el primer objetivo. No será un lugar de refugio, sino una trampa mortal. Convertirlo en una fortaleza no lo salvará; lo convertirá en una fosa. Si evacúan el conocimiento y a las personas esenciales ahora, al menos tendrán una posibilidad de preservar algo.
Mace Windu frunció el ceño aún más, pero no dijo nada, dejando claro que estaba considerando las palabras de Lelouch.
Lelouch entonces se giró hacia Anakin, quien aún tenía una expresión de conflicto interno.
—Skywalker, entiendo su preocupación por no querer dejar a los jóvenes solos. Pero no estoy sugiriendo que los abandonen a su suerte. Incluyan a caballeros y maestros que no estén en el frente de batalla, aquellos que puedan seguir guiándolos y entrenándolos. No es una cuestión de dejar a los más jóvenes indefensos, sino de asegurarse de que haya una nueva generación que continúe la lucha si lo peor sucede.
Anakin, visiblemente más calmado pero todavía inquieto, asintió lentamente mientras reflexionaba sobre las palabras de Lelouch. Ahsoka, que estaba a su lado, pareció relajarse un poco, como si la respuesta hubiera aliviado parte de su preocupación.
Lelouch dio un paso atrás, mirando al grupo de Jedi con una leve inclinación de cabeza.
—Al menos, eso es lo que yo haría en su lugar. Pero, por supuesto, ustedes son los guardianes de la paz y la justicia en esta galaxia. Pueden decidir hacer algo completamente diferente.
El silencio que siguió no fue de rechazo, sino de introspección. Cada Jedi en la sala parecía sumido en sus propios pensamientos, evaluando las palabras de Lelouch y lo que significaban para ellos y para la Orden.
Plo Koon fue el primero en romper el silencio, su tono calmado pero reflexivo.
—Lelouch tiene razón. Debemos considerar todas las posibilidades, incluso aquellas que no sean cómodas. Si el templo cae, no solo perderemos a quienes lo habitan, sino también el conocimiento que representa.
Shaak Ti asintió lentamente, su tono cargado de preocupación.
—Y si Sidious realmente ha planeado nuestra destrucción, entonces esto no es una exageración. Es una posibilidad muy real.
Mace Windu permaneció en silencio, su mirada fija en Lelouch. Aunque no respondió de inmediato, era evidente que estaba considerando sus palabras. Obi-Wan, siempre reflexivo, finalmente habló.
—Es una idea difícil de aceptar, pero eso no significa que sea incorrecta. Si realmente estamos enfrentándonos a nuestra posible destrucción, debemos tomar medidas para asegurar que algo de nosotros sobreviva.
Yoda, con los ojos entrecerrados y la voz cargada de gravedad, rompió el silencio que siguió.
—Difícil decisión, esto es. Pero pensar, debemos. No solo en nosotros, sino en el futuro de la Orden Jedi.
El silencio en la sala fue roto nuevamente por Anakin, quien, aún con el ceño fruncido y los brazos cruzados, no podía contener su curiosidad ni su frustración.
—Dime algo, Lelouch. Si dices que nos estás ayudando, ¿por qué? ¿No se supone que eres un Sith?
Lelouch, que hasta ese momento había mantenido su postura tranquila y calculadora, desvió su mirada hacia Anakin, evaluándolo por un momento antes de responder. Su tono, aunque firme, tenía una honestidad que sorprendió a todos.
—¿Un Sith? —repitió Lelouch, con una leve sonrisa irónica—. No, Skywalker. Nunca he sido un Sith. De hecho, sigo sin saber exactamente qué soy.
Esa confesión capturó la atención de todos los Jedi presentes, incluso de Yoda, quien inclinó la cabeza ligeramente, observándolo con renovada curiosidad. Lelouch continuó, su mirada fija en Anakin.
—Lo único que sé es que no deseo vivir en una galaxia dominada por las mentiras de un Sith como Sidious. Prefiero una galaxia donde todos puedan convivir o incluso matarse libremente, pero sin que alguien tire de los hilos en las sombras para decidir el destino de todos.
Las palabras de Lelouch resonaron en la sala, dejando a los Jedi reflexionando sobre la complejidad de aquel joven. No encajaba en las categorías que ellos conocían, lo que hacía aún más difícil entender sus intenciones. Fue Shaak Ti quien, con su tono calmado pero inquisitivo, formuló la pregunta que muchos estaban considerando.
—Entonces, ¿quién te enseñó los caminos de la Fuerza, Lelouch? ¿De dónde viene tu entrenamiento?
Lelouch se tomó un momento para responder, como si estuviera decidiendo cuánto debía revelar. Finalmente, habló con un tono que parecía mezclar respeto y algo de nostalgia.
—Mi entrenamiento comenzó cuando era niño. Encontré un holocrón antiguo, oculto en un lugar donde nunca debería haber estado. Ese holocrón perteneció a alguien que una vez fue un poderoso Jedi y un señor de los Sith. Su nombre era Revan.
Un murmullo recorrió la sala. Incluso los Jedi más experimentados quedaron sorprendidos al escuchar ese nombre. Plo Koon fue el primero en hablar, su tono grave y reflexivo.
—Revan... Es una figura envuelta en leyendas y controversias. Un Jedi que cayó al lado oscuro, pero que también regresó al equilibrio.
Shaak Ti, con el ceño fruncido, añadió:
—¿Y él fue quien te entrenó?
Lelouch asintió, con una leve inclinación de cabeza.
—A través de su holocrón, sí. Revan me enseñó mucho, no solo sobre la Fuerza, sino sobre la galaxia y sus constantes ciclos de guerra y destrucción. Me mostró cómo los Jedi y los Sith, a pesar de sus diferencias, siempre terminan repitiendo los mismos errores.
Yoda, que había permanecido en silencio, levantó la vista hacia Lelouch, sus ojos entrecerrados mientras reflexionaba.
—Revan, equilibrio buscaba. Pero peligroso era, también. ¿A ti, qué enseñó sobre el equilibrio?
Lelouch sostuvo la mirada de Yoda, su tono adquiriendo una seriedad profunda.
—Que el equilibrio no es elegir un lado de la Fuerza sobre el otro, sino aprender a entender ambos. Revan creía que la luz y la oscuridad no son opuestos, sino dos caras de la misma moneda. Me enseñó que el verdadero poder no está en ceder a la tentación de un lado, sino en usar ambos para encontrar el camino hacia algo más grande.
El silencio que siguió fue pesado, mientras los Jedi procesaban lo que acababan de escuchar. Aunque las palabras de Lelouch no eran del todo nuevas para ellos, la claridad y convicción con las que las expresó hicieron que incluso los más experimentados, como Mace Windu y Plo Koon, reconsideraran su perspectiva sobre el joven.
Fue Anakin quien finalmente habló, su tono aún cargado de desconfianza.
—¿Y qué te hace diferente de Sidious, entonces? Si también buscas un equilibrio, ¿cómo sabemos que no caerás en la misma tentación que él?
Lelouch esbozó una leve sonrisa, aunque no había humor en ella.
—Porque no busco imponer mi voluntad sobre la galaxia. Sidious lo hace por poder, por control. Yo no deseo dominar a nadie. Solo quiero asegurarme de que nadie, ni siquiera un Sith como él, pueda decidir el destino de todos por su cuenta.
El peso de sus palabras llenó la sala, dejando a los Jedi reflexionando profundamente sobre la complejidad de aquel joven y su maestro. Aunque seguía habiendo desconfianza, era imposible ignorar que Lelouch y Nicoletta no eran enemigos comunes, sino piezas de un juego mucho más complejo de lo que cualquiera de ellos había anticipado.
