Fiesta de muerte.
Agradeció profundamente ya no ser el buscador de slytherin, por que así evitó toda la pelea que hubo en el campo temprano en la mañana, aunque está vez no fue tan grave como la primera, cuando había llamado sangre sucia a Granger.
Blaise que se había incorporado al equipo de quidditch, había dicho que la pelea se puso totalmente fuera de control porque Flint y Wood se habían peleado a los puños y luego, Weasley quería golpear con un hechizo a quien sabe quién, y terminó hechizandose a si mismo, algo que no cambio mucho de su primera línea de tiempo.
Mientras todo eso ocurría, Draco había adelantado por completo las tareas de la semana y se había encargado de asistir a cada clase del día. Blaise había vuelto a marcharse por la tarde para participar en otro entrenamiento está vez escrito por parte del equipo. La ausencia de Blaise hizo que su horario de auto-estudio fueran interrumpidos por la presencia de Theo, que aunque no quería desmostrarlo, extrañaba al pegajoso de Blaise.
Pansy y Daphne no había aparecido en los horarios libres desde un buen rato, pero decidió no preocuparse por ellas luego de ver al gato de Millicient con moños paseándose por la sala común. Draco solo agradecía infinitamente tener tanto tiempo libre, el cual provecho investigando como trasladarse de rutas a larga distancia.
Sin embargo no había encontrado una respuesta directa o algún libro que lo ayudarán con su objetivo, sin usar magia negra. La magia negra siempre tenía un precio a pagar, y aunque él estaba dispuesto a hacerlo, sabía que podría ocurrir un evento desafortunado que podría acabar con su vida y la de los demás.
De hecho, la magia negra no era tan peligrosa, era efectiva y estaba prohibida en varios lugares mágicos. Pero es bien conocido que los magos más fuertes han utilizado magia negra para completar varios hechizos, y él, heredero del gran apellido Malfoy y Black, casas antiguas llenos de conocimiento en la magia negra, sabía bien como controlar esa clase de magia.
Cuando su mente se despejó, ya había pasado la hora de la cena.
Su habitación estaba a oscuras y en silencio, tan desordenada que no parecía s habitación. Con pilas de libros por doquier, como si hubiese sido atrapado en un inesperado remolino. Apartó los libros de su cama, y con un simple movimiento de sus manos, organizó los libros en su librero, dejando rápidamente el suelo y la cama despejados.
Su magia permaneció intacta en el viaje del tiempo. Era equilibrada, pacífica y desbordante, pues había estado almacenando su magia desde que tenía 15 años, y no había sido capaz de utilizar ni el 30% de su potencial debido a Voldemort. Y cuando llego a su octavo año, no usaba su magia en absoluto, por lo cual su nivel mágico aún se mantenía a niveles anormalmente altos.
Antes de recibir la marca, su madre y Severus habían estado enseñándole magia no verbal para que así pudiera defenderse de sus enemigos, sin embargo su clase fue severamente cancelada luego de su quinto año. Ahora, con un nivel de magia superior al de un niño de 12 años, podía fácilmente utilizar el 10% de su poder y este inmediatamente se renovaría.
Mientras se sumergía en el agua caliente, sus pensamientos lo llevaron a Harry, y todos los recuerdos que estaba decidido a olvidar. Suspiró pensando en cómo les había mentido a todo el mundo. Sus amigos creían que el se había enamorado de Potter en su cuarto año, cuando fue el seleccionado como jugador en el torneo de los tres magos, pero todo comenzó apenas lo conoció.
Era vergonzoso incluso recordar que le había escrito a Harry un poema para San Valentín ese mismo año, pero que por suerte había quemado la noche anterior antes de que los querubines del profesor Lockhart los encontrará.
Había ocultado muy bien sus sentimientos hasta que por un descuido, sus amigos lo notaron, y él tampoco quiso indagar mucho en sus propios sentimientos así que solo asintió a lo que sea que habían dicho su grupo.
Pero en su mente siempre estaba aquella primera vez que vió a Harry en la tienda de túnicas, cuando no sabía quién era él. Realmente en un principio quiso ser amable, había conocido a sus amigos por conexiones y se preguntaba cómo hacerse amigo de un total desconocido, pero al contrario de sus expectativas, no le agrado al chico. Luego supo que era Harry Potter y preguntaba que debía haberle dicho para agradarle. El rencor vino después, cuando rechazó su mano, y luego siempre intentaba molestarlo, para captar su atención.
Sin embargo, jamás había esperado absolutamente nada. No luego de haberle hecho daño. Jamás espero que sus sentimientos fueran correspondidos en primer lugar, sus sentimientos estaban destinados a ocultarse para siempre . Sabía que Harry lo odiaba, y no le importó demasiado que lo rechazara constantemente. Porque apenas supo que estaba enamorado de Harry, había aceptado que ese sentimiento jamás sería compartido.
ᅳ eres un masoquista de lo peor, Draco ᅳ había dicho Pansy una vez, su cabello corto y su pollera larga, la imagen tan clara como si la estuviese viendo ᅳtus sentimientos son tan obvio que es sorprendente que todo hogwarts no se hayan enterado aún, no se si sea una suerte que Potter sea tan miope o porque seguramente también lo sabría.
La Pansy de aquel tiempo siempre lo regañaba. Odiaba la idea de que él estuviese enamorado del niño de Dumbledore, porque decía que era un amor que no merecía alargarse más. Cuando su mente divagaba, a veces se preguntaba porque recordar a aquella Pansy le hacía sentir tan solitario. Su mejor amiga se había quedado sola, no sabía si Luna se había acercado a ella otra vez o si Pansy la había apartado, pero estaba seguro que ni Blaise pudo haberle consolado luego de su muerte.
Pansy era como una hermana para él. Los recuerdos que siempre se reproducían en su cabeza siempre terminaban en los momentos más tristes y desesperantes que habían vivido juntos. La última vez, lo que recordó fue haberla visto en el suelo, con un mortifago desabrochando su camisa, apunto de hacer algo que no él queria imaginarse. Aquella vez logró salvarla por poco, recordaba como ella se había aferrado a él con tanta desesperación, temblando de miedo.
La había protegido, la había sacado del refugio de los mortifagos sana y salva, sin embargo aún recordaba lo asqueada que estuvo ella con su cuerpo luego de ese ataque.
ᅳno puedo hacerlo. ᅳrecordó, aquella vez luego de que Pansy supiera sobre su maldición, y él la había comprendido, antes y ahora, siempre lo había hecho.
ᅳno es necesario que lo aceptes.
Recuerda con claridad como esa noche Pansy había llorado en su hombro, como las lágrimas humedecieron su camisa, y como luego terminó aferrándose a su pecho, temblando entre sus brazos. Esa noche le pidió disculpas, sin embargo jamás pudo saber si las disculpas había sido hacia su mejor amiga o para si mismo.
Hasta el día de hoy todavía se preguntaba, con quien exactamente se estaba disculpando, si con ella por decidir no hacer nada o con él mismo, por rendirse fácilmente.
Cuando salió del baño luego de un largo rato, su cabello aún estaba mojado, razón por la cual su toalla aún estaba cubriendo su cabeza, impidiendo la mitad de la vista de su habitación, sólo después de tirar la toalla observó al chico sentado en su cama.
ᅳ¿cómo es que sabes donde está mí habitación? ᅳpregunto casualmente mientras se sentaba en la silla de su escritorio mirando las gafas redondas del gryffindor.
ᅳ lo que más me sorprende es tu falta de sorpresa.
Harry lucía agotado, pero mas que nada parecía estresado. Llevaba una pijama, y según el reloj que marcaba la una y cincuenta asumió que el moreno no había podido dormir y había entrado a su habitación para tener una charla.
ᅳ ¿qué?
ᅳ el maldito basilisco.
Draco entendió de inmediato lo que quiso decir. Harry era un hablante del parsel, él o ninguna otra persona poseía esa habilidad por lo que no era extraño que sólo Harry escuchara los constantes siseos de la serpiente que andaba entre las cañerías del castillo.
ᅳ ya estamos llegando a octubre. ᅳdijo en cambio.
ᅳ la gata de Filch.
Draco asintió con la cabeza. La primera víctima no fue otra que la gata del conserje, anunciando en el muro que la cámara secreta había sido abierta, haciendo que toda la escuela estuviera presa del pánico. Sin embargo no podían evitar que se abriera la cámara, era uno de asuntos inevitables que no se podían interrumpir.
Mientras Potter lo ponía al tanto de los peligros de ese año, Draco se fijó en el rostro cansado del león y en como bostezaba abiertamente, asumiendo que no vino a su habitación solamente porque quería hablarle de la cámara, sino que había ido allí por que no podía dormir. Abrió el primer cajón de su escritorio, sacó de allí un pequeño frasco, y se lo arrojó al moreno, que lo atrapó sin dificultad.
ᅳ pocion para dormir sin sueños.
ᅳ gracias.
ᅳ cállate y vete.
Harry sonrió en agradecimiento antes de colocarse su capa de invisibilidad y luego marcharse, no sin antes desearle buenas noches.
Llegó octubre y un frío húmedo se extendió por los campos y se adentro en el castillo, trayendo consigo una repentina epidemia de catarro entre profesores y alumnos, dejando a la pobre enfermera Pomfrey aturdida de tanto trabajo.
Los días pasaban de manera rápida para él, y lentas para Blaise, quien pasaba todo su tiempo entrenando junto a Flint en los campos de quidditch. Theo no lo demostraba, pero se sentía en su ambiente mucho mas irritado de lo normal. Pronto los días se acercaban cada vez más a Halloween, lo que significaba que ya había llegado el momento en que la cámara secreta sería abierta.
Un Harry Potter apareció esa misma noche en su cuarto una vez más. Él estaba aún en su escritorio, terminando de copiar la última runa del libro que presto de la biblioteca cuando Harry había llegado. Él no se desconcentro ante la mirada del gryffindor que se habia sentado en el suelo, por encima de su alfombra mirándolo.
ᅳ siempre que vengo a tu habitación, te encuentro despierto.
ᅳ seria aún más extraño si vinieras a verme cuando estoy durmiendo, Potter. —su comentario hizo que las puntas de las orejas de Harry se calentarán— Y yo aún no entiendo que es lo qué haces en mí habitación a la una de la mañana. Así que lo mío no es tan extraño como lo tuyo, que te escabulles en la habitación de alguien más sin previo aviso.
ᅳ touché.
En toda la habitación sólo se escuchaba la pluma escribiendo en el pergamino, se olía el característico olor a tinta y aunque él silencio era demasiado largo y extraño para Harry, aún así no dijo nada. Sólo miraba con atención a Draco, quien seguía escribiendo en su pergamino sin equivocarse en nada. El ambiente aún era cálido, pero no tan abrasador como la primera noche que se había escabullido allí.
Draco no de fijó en él en todo el rato que estuvo allí, y mientras los minutos pasaban Harry no aparto su vista de Draco. Era extraño ver a un Draco que pertenecía a su pasado, y que a la vez fuera alguien a quién jamás vio como tal. Verlo allí, y estar a gusto con su presencia era extraño. Era como vivir una vida paralela a la suya, desde que Draco estaba de su lado, todo se había vuelto más sencillo y pacífico.
Draco se volteó, encarandolo. Las cosas en su escritorio se guardaron en su lugar por si solos, la mirada plateada de Draco de posó en él.
ᅳahora dime lo que tengas que decir, y vete.
Harry resopló.
ᅳ Nick me invitó a su fiesta de muerte.
—¿Un cumpleaños de muerte? —preguntó mientras se inclinaba en su asiento ᅳsuena a una fiesta de total fracaso.
—y lo fue. ᅳse burló un segundo antes de borrar toda expresión en su cara ᅳyo... La voz entre las paredes me llevo hasta el mensaje y a la gata luego de salir de la fiesta de Nick la primera vez.
ᅳ eso es lo que se esperaba, Potter.
ᅳlo sé, lo sé, es sólo que es difícil saber todo y tener que ser paciente. Es complicado. ᅳ su tono expresaba estrés.
ᅳasí es la vida, la paciencia puede ser un inconveniente, pero también es una gran virtud que pocos poseen. Si hicieras todas las cosas de una vez, adelantando cada situación, todo podría salir mal, caminarías totalmente a oscuras. Ahora nadie te creería si dijeras que Voldemort está vivo, te tratarían de loco, incluso cuando había vuelto la gente no confío en ti. Si dices que hay un basilisco en el castillo, te aseguro que nadie te creería sin pruebas, incluso si dijeras que vienes del futuro, todos te tacharían de loco.
ᅳtienes un punto.
ᅳclaro que lo tengo. Ahora no te preocupes demasiado, tenemos tiempo hasta que estemos en cuarto año. Sé muy bien que piensas salvar a Cedric, así que debes jugar bien tus cartas. Si pisas la piedra incorrecta, lo matarás nuevamente, y está vez sí será tu culpa.
ᅳlo sé.
ᅳ deja tu lado gryffindor y mantén la cabeza en alto, fría y despejada. Piensa en que estamos sobre una capa de hielo fino. Si haces un movimiento bruscos romperás el hielo y te ahogaras lo que tienes que hacer es tratar de mantener las cosas a tu ventaja.
Draco inclinó la cabeza un poco más hacia atrás dejando ver su cuello delgado y pálido, Harry lo observó antes de preguntarse por que su viejo Némesis estaba tan delgado.
ᅳy Potter. ᅳdijo mirándolo está vez con el ceño fruncido ᅳ ya no vuelvas a venir a esta hora, debes dormir y yo también.
Harry sonrió levemente, alzando las comisuras de sus labios.
ᅳ es inevitable.
Y luego se fue.
Draco miró el espacio donde antes estaba Harry y pensó en lo tonto y tan gryffindor que era ese chico. Miró una vez más donde antes había estado su pergamino, encontrando en cambio su libro de runas y suspiro.
ᅳrealmente quería dormir hoy.
Llegó Halloween, y Pansy enfermó. Lo que significó para Draco no asistir a la fiesta de Halloween en el gran comedor. Daphne y Millicient ya se habían ido, y Theo ahora estaba de mejor humor gracias a que Blaise estaba a su lado. Greg y Vincent habían subido al comedor hace bastante tiempo en busca de bocadillos, y ahora él estaba al lado de su mejor amiga con un libro en la mano.
Pansy no se enfermaba nunca, por lo que fue extraño que la gripe la atacará como a los otros estudiantes, pero como ella era una Slytherin, decidió no ir a la enfermería. En cambio Severus le suministro algunas pociones para el resfrío. El en cambio uso la condición su amiga como excusa para no salir de su casa, estando así la fiesta de Halloween. Llevaba una semana aguantando el sueño, y fue precisamente su falta de energía lo que le impidió concentrarse en su libro de herbologia, aún así no podía dormir.
Aún debía averiguar el método para entrar a la cámara secreta por si mismo. Sin la ayuda de Harry, era imposible para él ya que no era hablante del parsel, sin embargo su investigación debía completarse de manera prolija y con suma delicadeza.
Sabía que Ginevra Weasley había sido hipnotizada con algún tipo de magia oscura, que la llevo a abrir la cámara de los secretos. Recuerda vagamente que luego ella fue llevada a la cámara con la intención de sacrificarla, y sabía por Harry, que todo había sido por la magia que Voldemort había guardado en un diario que su padre le dio a la niña. Era bastante obvio que el Lord le había dejado algo a su padre, sin embargo no imagino que fuera un diario con tal cantidad de magia oscura.
Se levantó del sofá de donde estaba, notando a Pansy durmiendo pacíficamente. Se colocó su capa para el frío antes de salir de la habitación de la chica, no sin antes colocar un hechizo sobre su amiga, que le avisaría si despertaba. Salió de la sala común tranquilamente ya que no había absolutamente nadie allí, y camino sin interrupciones por los pasillos vacíos.
O le hubiese gustado que así fuera. Pero al contrario, el pasillo estaba inundado de fantasmas que flotaban y charlaban, ¿no se suponía que debían estar en alguna fiesta de muerte o algo así? ¿qué se suponía que hacían ahí? Volteó a la esquina y siguió, alejándose del pasillo fantasmal, camino unos pasos más antes de adentrarse en un baño inconscientemente.
Y allí había otro fantasma, frente al espejo en la pared.
Supo de inmediato quien era, la unica fantasma con dos coletas que habitaba hogwarts, y la única que siempre lloraba en los baños. La figura traslucida de Myrtle trajo a su mente un recuerdo lejano, entre paredes blancas, cubículos vacíos, el suelo frío y el ardor en su piel, quemando su carne como si se estuviese prendiendo fuego.
Él último recuerdos vivido antes de caer en la inconsciencia.
—Myrtle... ᅳsusurró casi inaudiblemente, en un susurro tan bajo que si alguien lo hubiese escuchado creería que sólo fue el viento, pero la antes mencionada sí lo escuchó.
ᅳ¿también vienes a burlarte y reírte de mí?ᅳ preguntó. Miró detenidamente al niño rubio frente a ella, sus ojos la miraban extrañamente con una emoción diferente a cualquier otra persona que la hubiese visto.
ᅳbno lo haré.
La fantasma lo analizó, y extrañamente confió en su palabra. Draco dio unos pasos hasta entrar al baño y se sentó en el suelo, apoyando su espalda en la pared.
ᅳ soy Draco. —dijo.
ᅳ¿qué estás haciendo aquí?
Draco sonrió levemente, escuchar a Myrtle luego de su muerte le reconfortaba. Le hubiese gustado consultarle muchas cosas pero ahora, él sólo era un desconocido para la fantasma. La Myrtle que él que conoció lo había apoyado y ayudado en los momentos más difíciles, había estado con él hasta el final.
ᅳ sólo estoy cansado.
La fantasma observó al chico sentado en el suelo del baño que los demás estudiantes evitaban por ella. Era extraño pero sentía que este chico jamás le haría daño, no era falso su comportamiento con ella, era como si su espíritu estuviera en paz con sólo ver a ese niño.
ᅳ eres extraño.
ᅳ gracias. ᅳsusurro con voz suave.
Ella también sonrió.
Se enfrascaron en una conversación tranquila, donde nos se presentaron y hablaron de temas al azar, donde Myrtle le contó lo que le dijo Peeve en la fiesta sir. Nicolás. Justo cuando la conversación estaba adentrándose más, pasos pasado comenzaron a escucharse del otro lado de la puerta.
—¿Qué está pasando?
No pasó mucho tiempo antes de que se diera cuenta de que el banquete de Halloween había terminado, y también era el momento exacto en que todos verían el mensaje en la pared.
Draco se levantó del suelo, y volteó hacia la fantasma.
ᅳ¿puedo regresar aquí otra vez?
Myrtle lo miro sin sospecha, sus facciones relajadas, con una minúscula sonrisa:ᅳ por supuesto.
Después de una leve despedida, Draco salió del baño y se dirigió hacia donde se encontraba el bullicio. Cuando llegó lo observó todo, y era obvio quienes se encontraban en el centro de atención; Potter y sus gryffindors. En la pared una escritura en rojo Escarlata alumbrada por los faroles de la pared.
LA CAMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA.
TEMED, ENEMIGOS DEL HEREDERO.
El bullicio de las personas se detuvo al ver la inscripción en el muro y luego, la figura de la gata colgada, hubo un gritó que no supo identificar sin embargo fue lo suficientemente fuerte como para atraer la atención del conserje.
—¿Qué pasa aquí?, ¿Qué pasa?ᅳArgus Filch se abría paso a empujones entre los estudiantes conmocionados. Cuando vió a la señora Norris, se echó atrás, llevándose horrorizado las manos a la cara—¡Mí gata! ¡Mí gata! ¿Qué le ha pasado a la Señora Norris?—chilló. Con los ojos fuera de las órbitas, se fijó en Harry—¡Tú! —chilló— ¡Tú! ¡Tú has matado a mí gata! ¡Tú la has matado! ¡Y yo te mataré a ti! ¡Te...!
—¡Argus! ᅳjusto como lo recordaba, ahí estaba Dumbledore, seguido de otros profesores. En unos segundos, pasó por delante de los tres gryffindors y sacó a la Señora Norris de la argolla.
— Ven conmigo, Argus. —dijo a Filch— ustedes también, Potter, Weasley y Granger.
Lockhart se adelantó algo asustado.
— Mí despacho es el más próximo, director, nada más subir las escaleras. Puede disponer de él.
— Gracias, Gilderoy. —respondió Dumbledore.
La silenciosa multitud se apartó para dejarles paso. Lockhart, nervioso y dándose importancia, siguió a Dumbledore a paso rápido; lo mismo hicieron la profesora McGonagall y el profesor Snape, quien fijó su mirada unos segundos en él, antes de seguir el camino.
Historia de la Magia era la asignatura más aburrida de todas. El profesor Binns, que la impartía, era el único profesor fantasma que tenían, y lo más emocionante que sucedía en sus clases era cuando está ya había terminado.
Draco, que ya había cursado esta clase por siete años, ahora lo encontraba como un buen pasatiempo, se sabía todo los libros de historia de la magia casi de memoria, y era algo bastante entretenido leer sobre aquellos tiempos. Por supuesto, nadie compartía la misma opinión que él.
Aquel día fue igual de aburrido para los otros alumnos. El profesor Binns abrió sus apuntes y los leyó con un tono de voz monótona, como el de una aspiradora vieja, hasta que casi toda la clase hubo entrado en un estado de somnoliencia profunda.
Llevaba una media hora hablando cuando Granger alzó la mano.
El profesor Binns, levantando la vista a mitad de una lección horrorosamente aburrida sobre la Convención Internacional de Brujos de 1289, pareció sorprendido.
—¿Señorita...?
—Granger, profesor. Pensaba que quizá usted pudiera hablarnos sobre la Cámara de los Secretos. —dijo Hermione con voz clara.
Draco ya sabía que clase de conversación seguía, por lo que abrió su libro de historia de la magia y empezó a leer sus apuntes que el profesor Binns anteriormente estaba explicando.
El profesor Binns parpadeó.
—Mí disciplina es la Historia de la Magia —dijo con su voz seca, jadeante— me ocupo de los hechos, señorita Granger, no de los mitos, ni de las leyendas. —Se aclaró la garganta con un pequeño ruido que fue como un chirrido de tiza, y prosiguió—: En septiembre de aquel año, un subcomité de hechiceros sardos...
Balbució y se detuvo, ya que nuevamente, en el aire, se agitaba la mano de Hermione.
—¿Señorita Grant?
— Granger, señor. Y disculpe, pero ¿no tienen siempre las leyendas una base real?
El profesor Binns la miraba con tal sorpresa, que Draco adivinó que ningún estudiante lo había interrumpido nunca, ni estando vivo, ni estando muerto.
— Veamos. —dijo lentamente el profesor Binns— sí, creo que eso se podría discutir. —Miró a Hermione como si nunca hubiera visto bien a un estudiante— Sin embargo, la leyenda por la que usted me pregunta es una patraña hasta tal punto exagerada, yo diría incluso absurda...
La clase entera estaba ahora pendiente de las palabras del profesor Binns; éste miró a sus alumnos y vio que todas las caras estaban vueltas hacia él.
—Muy bien —dijo despacio—Veamos... la Cámara de los Secretos... Todos ustedes saben, naturalmente, que Hogwarts fue fundado hace unos mil años (no sabemos con certeza la fecha exacta) por los cuatro brujos más importantes de la época. Las cuatro casas del colegio reciben su nombre de ellos: Godric Gryffindor, Helga Hufflepuff, Rowena Ravenclaw y Salazar Slytherin. Los cuatro juntos construyeron este castillo, lejos de las miradas indiscretas de los muggles, dado que aquélla era una época en que la gente tenía miedo a la magia, y los magos y las brujas sufrían persecución.
Se detuvo, miró a la clase con los ojos empañados y continuó:—Durante algunos años, los fundadores trabajaron conjuntamente en armonía, buscando jóvenes que dieran muestras de aptitudes para la magia y trayéndolos al castillo para educarlos. Pero luego surgieron desacuerdos entre ellos y se produjo una ruptura entre Slytherin y los demás. Slytherin deseaba ser más selectivo con los estudiantes que se admitían en Hogwarts. Pensaba que la enseñanza de la magia debería reservarse para las familias de magos. Le desagradaba tener alumnos de familia muggle, porque no los creía dignos de confianza. Un día se produjo una seria disputa al respecto entre Slytherin y Gryffindor, y Slytherin abandonó el colegio.
El profesor Binns se detuvo de nuevo y frunció la boca, como una tortuga vieja llena de arrugas:—Esto es lo que nos dicen las fuentes históricas confiables —dijo—pero estos simples hechos quedaron ocultos tras la leyenda fantástica de la Cámara de los Secretos. La leyenda nos dice que Slytherin había construido en el castillo una cámara oculta, de la cual no sabían nada los otros fundadores. Slytherin, según la leyenda, selló la Cámara de los Secretos para que nadie la pudiera abrir hasta que llegara al colegio su auténtico heredero. Sólo el heredero podría abrir la Cámara de los Secretos, desencadenar el horror que contiene y usarlo para librar al colegio de todos los que no tienen derecho a aprender magia.
Cuando terminó de contar la historia, se hizo el silencio, pero no era el silencio habitual, fastidioso, de las clases del profesor Binns. Flotaba en el aire un ansiedad, y todo el mundo le seguía mirando, esperando que continuara.
El profesor Binns parecía levemente molesto.
—Por supuesto, esta historia es un completo disparate. —añadió— Naturalmente, el colegio entero ha sido registrado varias veces en busca de la cámara, por los magos mejor preparados. No existe. Es un cuento inventado para asustar a los crédulos.
Hermione volvió a levantar la mano.
—Profesor..., ¿a qué se refiere usted exactamente al decir «el horror que contiene» la cámara?
—Se cree que es algún tipo de monstruo, al que sólo podrá dominar el heredero de Slytherin —explicó el profesor Binns con su voz seca.
La clase intercambió miradas nerviosas.
—Pero ya les digo que no existe —añadió el profesor Binns, revolviendo en sus apuntes— No hay tal cámara, ni tal monstruo.
—Pero, profesor —comentó Seamus Finnigan—si sólo el auténtico heredero de Slytherin puede abrir la cámara, nadie más podría encontrarla, ¿no?
—Tonterías, O'Flaherty —repuso el profesor Binns en tono algo airado—si una larga sucesión de directores de Hogwarts no la han encontrado...
—Pero, profesor —intervino Parvati Patil—probablemente haya que emplear magia negra para abrirla...
—El hecho de que un mago no utilice la magia negra no quiere decir que no pueda emplearla, señorita Patati —le interrumpió el profesor Binns—Insisto, si los predecesores de Dumbledore...
—Pero tal vez sea preciso estar relacionado con Slytherin, y por eso Dumbledore no podría... —apuntó Dean Thomas, pero el profesor Binns ya estaba harto.
—Ya basta —dijo bruscamente—¡Es un mito! ¡No existe! ¡No hay el menor indicio de que Slytherin construyera semejante cuarto trastero! Me arrepiento de haberles relatado una leyenda tan absurda. Ahora volvamos, por favor, a la historia, a los hechos evidentes, creíbles y comprobables.
Y en cinco minutos, la clase se sumergió de nuevo en su sopor habitual. Mientras la clase continuaba, Draco se sumergió en sus pensamientos.
Draco sabía la razón del por que ningún profesor había localizado la cámara secreta. Por algo sólo Voldemort y Harry habían sido capaces de entrar allí luego años sin resultados. No había registros de que no hubiera otros slytherins que encontrarán la cámara pero eso no significaba que nadie lo había encontrado. Los slytherin eran muy desconfiados por naturaleza, su mala reputación con las demás casas no era reciente, de hecho, eran puristas de sangre desde la cuna.
Para un sangre pura, slytherin y practicante de la magia oscura, nada era más importante que la magia, lo que significa que adoran la pureza por sobre todo, por que la magia es inestable. Cuando la magia se mezcla, una y otra vez con un no mágico, habrá en una generación cuando ya no nazcan niños con magia, entonces esa familia de antes magos, serán simples muggles.
Los slytherin siguen la creencia de Salazar, un gran mago que desconfío de los muggles luego de que ellos cazaran a miles de brujas, buscando suprimir la magia y acabarla. De hecho, su creencia vino justo con el comienzo de la magia, cuando un gran mago, poderoso y amable que amaba a los muggles fue traicionado por esos mismos muggles. Quienes lo torturaron hasta el último día, acabando con su vida de la peor manera posible. Fue una historia muy antigua que sólo los slytherin pasaban de generación a generación, una lección sobre no confiar en los muggles, por que ellos siempre anhelaban las cosas que no podían tener.
Por eso la mitad de los slytherin eran puristas, y también era por eso también que eran desconfiados por naturaleza, uno no podría saber quien te llegaría a traicionar. Por lo que seguramente encontrar la cámara de Salazar siempre se había mantenido en secreto por parte de sus descendientes.
La clase ya había terminado cuando su atención volvió al profesor Binns. Salió de la clase con calma avanzando entre la muchedumbre antes de visualizar al trío dorado.
—Ya sabía que Salazar Slytherin era un viejo chiflado y retorcido —escuchó que dijo Weasley a los otros dos leones, mientras se abrían camino por los abarrotados corredor— Pero lo que no sabía es que hubiera sido él quien empezó todo este asunto de la limpieza de sangre. No me quedaría en su casa aunque me pagaran. Sinceramente, si el Sombrero Seleccionador hubiera querido mandarme a Slytherin, yo me habría vuelto derecho a casa en el tren.
ᅳ Ojalá hubiese pasado. ᅳ dijo de pronto entrando a la conversación espantado a Ron y a Hermione.
ᅳ maldita sea, Malfoy ¡te pondré en cascabel!
Hermione asintió mirándolo, pero Harry no dijo nada, solo se rió.
ᅳbueno, de hecho eres tan gryffindor que me preocuparía que el sombrero hubiese considerado siquiera mandarte ahí.
Nadie dijo nada, sin embargo estuvieron de acuerdo con Draco hasta cierto punto, Harry se mantenía en silencio mirándolo. Caminaban hombro contra hombro. Mientras caminaban empujados por la multitud, pasó Colin Creevey.
—¡Eh, Harry!
—¡Hola, Colin! —dijo Harry sin darse cuenta.
—Harry, Harry, en mí clase un chico ha estado diciendo que tú eres...
Pero Colin era demasiado pequeño para luchar contra la marea de gente que lo llevaba hacia el Gran Comedor. Le oyeron chillar:—¡Hasta luego, Harry! —Y desapareció.
—¿Qué es lo que dice sobre ti ese chico de su clase? —preguntó Hermione.
—Que es el heredero de Slytherin. —dijo Draco mientras se encogía de hombros.
—La gente aquí es capaz de creerse cualquier cosa —dijo Ron, con disgusto.
ᅳ si, Imagínense que Harry es más gryffindor que mismísimo Godric, me preocupa la mente tan pequeña de este lugar ᅳHarry aún lado de él, sonrió levemente ᅳespero que no les hayas hecho caso, Potter. Te golpearía si ese fuera el caso.
—tu solo buscas excusas para golpearme.
La masa de alumnos se aclaró, y consiguieron subir sin dificultad al siguiente rellano.
—¿Crees que realmente hay una Cámara de los Secretos? ᅳle pregunto Hermione a Draco, y él asintió sin dudar.
— muy probablemente. —respondió, frunciendo el entrecejo.
Al doblar la esquina se encontraron en un extremo del mismo corredor en que había tenido lugar la agresión. Se detuvieron y miraron. El lugar estaba tal como lo habían encontrado aquella noche, salvo que ningún gato tieso colgaba de la argolla en que se fijaba la antorcha, y que había una silla apoyada contra la pared del mensaje: «La cámara ha sido abierta.»
—Aquí es donde Filch ha estado haciendo guardia —dijo Ron.
Se miraron unos a otros. El corredor se encontraba desierto.
—No hay nada malo en echar un vistazo. —dijo Harry, dejando la bolsa en el suelo y poniéndose a gatear en busca de alguna pista.
—¡Esto está chamuscado! —dijo— ¡Aquí... y aquí!
—¡Ven y mira esto! —dijo Hermione— Es extraño.
Harry se levantó y se acercó a la ventana más próxima a la inscripción de la pared. Hermione señalaba al cristal superior, por donde una veintena de arañas estaban escabulléndose, según parecía, tratando de penetrar por una pequeña grieta en el cristal. Un hilo largo y plateado colgaba como una soga, y daba la impresión de que las arañas lo habían utilizado para salir apresuradamente.
—¿alguna vez vieron que las arañas se comportaran así? —preguntó Hermione, perpleja.
—Yo no —dijo Harry—¿Y tú, Ron? ¿Ron?
Volteó la cabeza hacia su amigo. Ron que había retrocedido y se había puesto detrás de él, parecía estar luchando contra el impulso de salir corriendo.
—¿Qué pasa? —le preguntó Harry.
—No... no me gustan... las arañas —dijo Ron, nervioso.
ᅳ le regalaré una araña para Navidad. ᅳsusurro Draco en el oído de Harry, quien sonrió ante el comentario.
—No lo sabía —dijo Hermione, mirando sorprendida a Ron— Has usado arañas muchas veces en la clase de Pociones...
—Si están muertas, no me importa. —explicó Ron, quien tenía la precaución de mirar a cualquier parte menos a la ventana—no soporto la manera en que se mueven.
Hermione soltó una risita tonta.
—No tiene nada de divertido —dijo Ron impetuosamente. —Si quieres saberlo, cuando yo tenía tres años, Fred convirtió mí... mí osito de peluche en una araña grande y asquerosa porque yo le había roto su escoba de juguete. A ti tampoco te haría gracia si estando con tu osito, le hubieran salido de repente muchas patas y...
Dejó de hablar, estremecido. Era evidente que Hermione seguía aguantándose la risa. Pensando que sería mejor cambiar de tema, Harry dijo: —¿recuerdan toda aquella agua en el suelo? ¿De dónde vendría?
—Estaba por aquí —dijo Ron, recobrándose y caminando unos pasos más allá de la silla de Filch para indicárselo—a la altura de esta puerta.
Tomó el pomo metálico de la puerta, pero retiró la mano inmediatamente, como si se hubiera quemado.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry.
—No puedo entrar ahí.—dijo Ron bruscamente— Es un aseo de chicas.
—Pero Ron, no habrá nadie dentro. —dijo Hermione, poniéndose derecha y acercándose— aquí es donde está Myrtle la Llorona. Venga, echemos un vistazo.
A Draco le molesto lo que dijo Hermione, tal vez por que Myrtle siempre había sido más de su agrado que la misma Granger, pero odiaba que cualquiera tratará mal a Myrtle, había vivido en el castillo mucho más tiempo que cualquier alumno, y en vida viva, también muerte, no dejaban de molestarla e ignorarla.
El baño estaba desierto, por supuesto. Debajo de un espejo grande, quebrado y manchado, había una fila de lavabos de piedra en muy mal estado. El suelo estaba mojado y reflejaba la luz triste que daban las llamas de unas pocas velas que se consumían en sus palmatorias. Las puertas de los retretes estaban rayadas y rotas, y una colgaba fuera de las bisagras.
Hermione les pidió silencio con un dedo en los labios y se fue hasta el último retrete. Cuando llegó, dijo:—Hola, Myrtle, ¿qué tal?
Harry y Ron se acercaron a ver. Myrtle la Llorona estaba sobre la cisterna del retrete, reventándose un grano de la barbilla.
—Esto es un aseo de chicas —dijo, mirando con recelo a Harry y Ron quienes estaban detrás de Hermione— Y ellos no son chicas.
—No. —confirmó Hermione— sólo quería enseñarles lo... lo bien que se está aquí.
Con la mano, indicó vagamente el espejo viejo y sucio, y el suelo húmedo.
—Pregúntale si vio algo. —dijo Harry a Hermione, sin pronunciar, para que le leyera en los labios.
—¿Qué murmuras? —le preguntó Myrtle, mirándole.
—Nada —se apresuró a decir Harry—. Queríamos preguntar...
—¡Me gustaría que la gente dejara de hablar a mis espaldas! —dijo Myrtle, con la voz ahogada por las lágrimas— tengo sentimientos, ¿saben? aunque esté muerta.
—Myrtle, nadie quiere molestarte. —dijo Hermione—Harry sólo...
—¡Nadie quiere molestarme! ¡Ésta sí que es buena! —gimió Myrtle—¡Mí vida en este lugar no fue más que miseria, y ahora la gente viene aquí a amargarme la muerte! Él unico que ha sido bueno conmigo era ese niño rubio que vino aquella noche.
ᅳ¿qué niño? ᅳla pregunta vino de los labios de Harry, Draco a unos pasos, se hizo espacio entre los gryffindors y miro a Myrtle.
ᅳHola, Myrtle. ᅳsaludo, la fantasma le sonrió alegre ᅳlo siento, ellos no soy muy educados.
ᅳesta bien, los perdonaré sólo por que han venido contigo.
ᅳmuchas gracias, Myrtle.
Ambos se encontraban una atmósfera muy cálida. Ronald y Hermione los observaban incrédulos, Harry sin embargo tenía una extraña sonrisa.
—por cierto, queriamos preguntarte si habías visto últimamente algo raro —dijo Hermione dándose prisa— Porque la noche de Halloween agredieron a un gato justo al otro lado de tu puerta.
—¿Viste a alguien por aquí aquella noche? —le preguntó Harry.
—No me fijé. —dijo Myrtle con afectación— Me dolió tanto lo que dijo Peeves, que vine aquí e intenté suicidarme. Luego, claro, recordé que estoy..., que estoy...
—Muerta. —dijo Ron, con la intención de ayudar.
Myrtle sollozó trágicamente, se elevó en el aire, se volvió y se sumergió de cabeza en la taza del retrete, salpicándoles, y desapareció de la vista. A juzgar por la procedencia de sus sollozos ahogados, debía de estar en algún lugar del sifón.
Harry y Ron se quedaron con la boca abierta, pero Draco en cambio miro con mala cara a Ronald y a Hermione.
ᅳten un poco más de tacto, idiota.
Harry acababa de cerrar la puerta a los sollozos gorjeantes de Myrtle, cuando Draco se volteó hacia los tres.
ᅳtengan un poco más de respeto por los muertos, y más con Myrtle, ella es mí amiga y no me gusta que la molesten, en especial los gryffindors. Este es su baño, ya tiene suficiente con los demás niños que la molestan, ¿Entienden?
Apenas terminó de decir eso, se dio la vuelta y se marchó sin voltear la mirada. Los tres leones vieron como la figura delgada del rubio desaparecía, y solo cuando quedaron los tres, Ronald se tocó el cuello avergonzado.
ᅳ deberíamos pedirle disculpas a Myrtle, él tiene razón.
Harry estuvo de acuerdo
