—Ren, tu irás en lado este. Horohoro en el oeste, Yoh en el sur y yo en el norte—les indicó Hao.
—Espera, no sabíamos que íbamos a participar—dijo Horohoro.
La sacerdotisa ocultó su nerviosismo. Ella tampoco esperaba que sus amigos participaran, no quería que vieran su poder. Tenía pensado pedirles que regresaran en unos días más.
—El ritual necesita de cuatro chamanes que cuiden los cuatro puntos cardinales. Había pensado en Ryu y Tamamura pero ellos no tienen el poder necesario para lo que haremos, luego ustedes aparecieron y ,al menos, son competentes para esto y si traía dos de mis chamanes seguramente me iban a mandar al diablo, Anna necesita chamanes en quienes confíe.
Hao omitió decir que incluso él que no los conocía prefería que fueran ellos, no confiaría en ningún miembro de su equipo para lo que iban a hacer. Reconocía que sus chamanes estaban con él por temor o interés, en cambio Ren y Horohoro estaban con Yoh y Anna por amistad. No harían nada que la pusiera en peligro.
—¿Chamanes de confianza?—preguntó Ren enarcando una ceja— Eso significa que es un ritual estúpidamente peligroso.
—Ya di los riesgos—dijo Anna.
—Cuando el mana sale de ti es como un tsunami, tiene mucha fuerza y es rápida. Dudo que podamos evitar que salga, así que lo primero que vamos a intentar será regresar esa ola hacia ti.
—Mierda, para eso tendríamos que empujar con más fuerza de la que sale, tal vez tu cuerpo no resista—dijo Horohoro.
—Resistirá—dijo ella con convicción.
—Lo sé—dijo Hao sin dudar—pero si la ola nos supera vamos a tener que atrapar el mana que cada quien pueda y guardarlo para regresarlo a ti.
—Eso es muy peligroso para ustedes—dijo la rubia.
—Lo vas a tener que absorber de nosotros. Suponemos que lo importante es que no te quedes sin mana—dijo Yoh pensando que no le gustaba la parte en la que ella sentiría dolor pero aceptando que el ritual era el mejor plan que tenían hasta ahora.
—También debemos encontrar la fuga en este universo y cerrarla— dijo la itako—. Debe existir una fisura, un portal, algo por donde se esté yendo mi mana. Voy a necesitar que estén alertas a percibir algo de eso, yo no he detectado nada.
—Mierda—masculló Horohoro y fue lo que los demás pensaron. Si ni siquiera ella había sido capaz de sentir a dónde se iba su poder, para ellos sería aún más difícil.
—Puedo absorber algo de tu mana ahora para cuando llegue la ola ver si detecto a dónde se va—ofreció Hao seriamente, nada de insinuaciones en su voz.
—Prefiero que no te me acerques—dijo la itako molesta.
—Hay que hacerlo—sentenció Yoh—. Como ya sabemos, cargar mana que no sea propio es peligroso. El tuyo está fuera de control y él puede soportarlo mejor que alguno de nosotros—terminó por decir.
Anna le dedicó una mirada furiosa a su prometido que le devolvió una estoica, seria, inamovible.
Estaba molesta con ella misma porque estaba siendo terca al no querer recibir ayuda, molesta con Yoh por que él tenía razón. Molesta porque él era el más maduro aceptando sus límites de poder. Molesta con la jodida situación.
—Hazlo rápido, Hao Asakura—terminó ella por aceptar.
El chamán de fuego se acercó y levantó su mano. Yoh, al lado de Anna, solo apretó los puños conteniendo los celos que se le salían por los ojos.
La sacerdotisa se tensó y desvió la mirada a la nada, temerosa de volver a ver episodios eróticos o peor aún, leerse las mentes.
Ren y Horohoro estaban alerta por si debían detener a Yoh, definitivamente lo veían fuera de sus casillas.
Al no sentir que su mana era absorbido, la rubia miró a Hao: él se había quedado quieto, esperando con la mano extendida, pidiendo permiso en silencio, sin un atisbo de malicia.
Ese gesto de respeto la tranquilizó y le sorprendió que viniera del mismo hombre que le había pedido hacer los recuerdos realidad. Tal vez, en esa ocasión era Hao jugando, molestándola, y éste era Hao ¿siendo qué? ¿amable? ¿caballeroso?
Lo que fuera, ella asintió y él posó su mano en el pecho. El contacto se sintió cálido.
La itako respiró aliviada al no intercambiar pensamientos de ningún tipo y notó que Hao sonreía muy levemente, pero era una sonrisa cálida, tranquila, como las que había visto en esos recuerdos cuando simplemente estaban acostados y abrazados. Como si estuviera feliz de no incomodarla, de que ella estuviera bien.
Mientras el mana era absorbido, Anna se encontró preguntándose si en verdad Hao sentía afecto genuino.
—Con eso es suficiente. Ya viene la ola —dijo ella y la sonrisa imperceptible de Hao desapareció y por un segundo ella identificó preocupación.
El contacto duró unos cinco segundos aproximandamente, una eternidad para Yoh y nada para Hao. Para Ren y Horohoro fueron los segundos más tensos e incómodos de la vida: estaban siendo testigos de un retorcido triángulo amoroso entre dos de sus mejores amigos y el peor enemigo de todos. Donde un hombre era un casi demonio de mil años con un mana excepcionalmente poderoso y el otro lo igualaría en poder en cuestión de tiempo. Se agregaba que ambos eran hermanos gemelos y amaban a la misma mujer con un poder misterioso, peligroso y un carácter fuerte: jodido todo.
—Todos a sus posiciones—dijo Yoh mientras guiaba a la rubia al centro del círculo.
—Horohoro… no te vayas a asustar.
—Sea lo que sea, no va a hacer que aumente el miedo que te tengo desde que te conocí. Descuida, Anna.
Ambos sonrieron un poco.
—Y Ren, recuerda que no soy una Asakura, no tengo nada que ver con la Alianza.
—Eso quedó claro, Kyoyama.
A pesar de sus respuestas, ella estaba nerviosa. Solo Yoh, la Maestra Kino y Hao habían visto sus poderes fuera de control.
Hao les dedicó una mirada de desdén a ambos chamanes. Sabía que los pobres imbéciles no habían visto algo como lo que iban a presenciar. Lo que le sorprendía era que a Anna le importara su opinión.
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Yoh abrazó y besó rápidamente a su prometida.
—Despreocúpate por lo que piensen. Te amo. Quédate conmigo—le dijo contra sus labios y se obligó a ir a su posición.
Hao no pudo evitar mirarla, deseaba con todas sus fuerzas estar en el lugar de su hermano y ser él quien la besara. Al pensar eso, se sintió patético y culpable. En verdad no estaba bien estar enamorado de la prometida de su gemelo. Pero, ¿qué le iba a hacer? no podía cambiar lo que sentía.
«Carajo», pensaban Ren y Horohoro. Si Anna desaparecía, esos Asakura caerían en un hoyo hondo y obscuro del que seguramente nunca saldrían.
En un segundo apareció una enorme nube de demonios y espíritus. Abarcaba prácticamente toda el área de la casa y se extendía un poco más allá.
Era una tormenta caótica, errática. Todos los espíritus se preparaban para atacar a la rubia. Sentían su fuerte poder de invocación y querían tener el control de ese cuerpo.
Era imponente el poder que aún quedaba en ella para llamar a tal cantidad de entes.
La itako respiró profundamente manteniendo la calma para poder crear un campo de fuerza a su alrededor. Que maldita ironía era que debía protegerse de su mismo poder.
Comenzaron a llover espíritus y demonios como meteoritos sobre ella. La itako permaneció de pie, concentrada.
Ren y Horohoro quedaron atónitos de ver el control que mantenía Anna bajo ese gran bombardeo. Yoh y Hao caminaban como leones enjaulados mirándola fijamente sin salirse cada quien de los símbolos del piso. La impotencia de no poder intervenir los mataba. Todos debían mantener sus posiciones.
Anna sintió como el campo de fuerza se reducía, debía usar más mana si quería mantenerlo, eso significaba seguramente que saldría la ola.
—¡Prepárense! —avisó.
Los chamanes tocaron los símbolos que les correspondían como les había indicado Hao, las líneas del piso se iluminaron activándose y del perímetro del círculo donde estaba Anna en medio, se elevó una gran pared de poder. Era como un cilindro hecho de muchos aros de luz.
La itako quiso inyectar un poco más de mana a su campo pero como temía, salió tal cantidad que además de hacer más grande su campo de fuerza hizo que todavía más entes se sumaran a la tormenta y cayeran con más fuerza y velocidad que antes ahora atacando a todos obligando a los chamanes a crear sus propios campos para esquivar los ataques. Se sorprendieron por la cantidad de mana que debieron aplicar para estar a salvo. Esos ataques eran severos.
Anna vio como aparecían heridas en sus brazos, como si la estuvieran arañando unas grandes garras invisibles. Se agachó para concentrar el campo. Estaba perdiendo el control.
Todo pasó en un instante: sintió como la ola salía. Su campo de fuerza desapareció y los entes se precipitaron sobre ella en un gran torbellino. Temió lo peor pero no cerró los ojos. Si ese era su fin, quería encararlo.
Sintió una punzada de dolor en todo su cuerpo: los cuatro chamanes junto con sus espíritus acompañantes empujaban los aros de luz del cilindro que la rodeaba al tiempo que matenían sus campos de fuerza por los ataques de la tormenta. Ese era trabajo en equipo, si alguno empujaba de más o de menos, perderían el equilibro y el cilindro desaparecería.
La sacerdotisa sentía el poder ir y venir, era extremadamente doloroso ya que, aunque era su propio poder, lo estaban forzando a que se quedara en su cuerpo.
Anna supo que eso no iba a funcionar, ella no podía retener el mana. Veía que su propio campo aparecía y desaparecía rápidamente de manera intermitente, como si hubiera un corto circuito. Cada milésima de segundo que desaparecía, los entes se lanzaban como kamikazes esperando tener suerte de poseerla.
—¡Debemos absorber el mana! —ordenó Yoh. Solo era cuestión de tiempo para que algún ente la alcanzara, para que el cuerpo de la rubia no soportara o alguno de ellos cuatro se quedara sin mana para seguir y la ola saliera sin más, abandonándola, y posiblemente haciéndola desaparecer.
Se prepararon para lo que venía.
Los cuatro hombres dejaron de empujar, los anillos de luz desaparecieron y corrieron hacia la itako.
Ellos sintieron como les recorría por el cuerpo una fuerte corriente eléctrica, retuvieron como pudieron lo que pudieron. Diablos, como dolía pero no importaba, siguieron corriendo hacia ella. Hao se dedicó a intentar buscar a adonde se iba el mana. Con el que tenía dentro y el que salía podía percibir su fujo, pero nada, parecía que el mana solo se evaporaba en el viento, no iba a ningún lugar en especial.
«¡Mierda!»
Demonios y espíritus seguían lloviendo fuertemente.
Horohoro creó con Kororo un camino de hielo que, montando su tabla, lo llevó en una fracción de segundo hacia Anna que seguía agachada sobre el pasto, él la cubrió. Soltó una maldición al sentir un dolor infernal en la espalda y brazos.
Al instante llegaron los otros tres chamanes, Ren y Hao llegaron a cubrir a la rubia y el Inui.
—¡Anna! —dijo Yoh sosteniéndola entre sus brazos. Todos formaban una especie de cueva alrededor de la itako.
La rubia veía manchas negras, escuchaba un pitido muy fuerte y su cuerpo estaba fatigado, muy fatigado.
– ¡Anna, absorbe el mana! —Yoh le movió la cabeza para evitar que se desamayara y llevó una de las manos femeninas hacia su pecho. Ella escuchó su voz muy lejana, sintió un ligero cosquilleo en su palma y no pudo más, se perdió en un vacío negro.
—Tomó muy poco —dijo Yoh con preocupación al sentir todavía el mana de ella en su interior.
—Fue suficiente—dijo Hao.
La gran nube se había esfumado pero la itako no. Ella seguía ahí.
Todos respiraron de alivio.
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—No puedo creer que el mismísimo Hao Asakura me esté curando—dijo Horohoro mientras el chamán de fuego sanaba las heridas más profundas de su espalda. Ren le vendaba los brazos.
Estaban apartados de Yoh y Anna.
—Lo hago por ella, no por ti, iluso. Para que no se sienta culpable cuando vea tus heridas…
¿Y tu, Tao, por qué estás pensando esas estupideces? —preguntó Hao en voz baja.
—No tengo porque contestarte—habló Ren también en voz baja sosteniéndole la mirada.
Hao detuvo la curación y dijo en tono amenazante:
—Si la dañas de cualquier manera, quemaré tu alma muy lentamente.
Horohoro estaba confundido. ¿Estaba Ren pensando en herir a Anna? ¿Por qué?
—Ya sal de mi mente, idiota—dijo Ren.
—Con gusto. Está llena de puras estupideces como las de Usui. Sus mentes diminutas ven el poder como una amenaza, así que por su bien, espero esas ideas se queden dentro de sus cabecitas—Hao se puso de pie—. Ya no hay hemorragia pero te deben vendar para que cicatrice como es debido—le dijo a Horohoro y se alejó de ellos.
—¿Qué carajos estás tramando, Ren?—preguntó Horohoro.
—Tampoco tengo porqué contestarte a ti.
—Vete a la mierda, no me pongas en la misma caja que Hao.
Ren suspiró antes de seguir con voz aún más baja:
—Anna es muy poderosa. Aprendió técnicas prohibidas solo porque puede.
—Sí, es muy poderosa… pero no es una sociópata genocida como Hao. No creo que use sus poderes para el mal, me refiero.
—Si eso es cierto, ¿por qué pensaste que es una…
—Me equivoqué. Me asusta su poder—admitió el chamán de hielo.
Ren respiró una vez más antes de seguir:
—Temo varios escenarios. Si algo le pasa a Anna…
—Vamos a tener que lidiar con esos hermanos Asakura heridos de por vida—dijo el Inui.
A ellos les dolería más que a Ren y Horohoro, eso era un hecho.
Ren asintió y continuó:
—Hao seguro haría masacres por dolor. Pero, ¿que pasaría si Anna pierde el control de su gran poder? Es letal. Mierda, incluso Yoh lo sabe y el mismo Hao está aquí para contenerlo.
—¿Temes que se lastime ella misma?—preguntó Horohoro.
—Peor, que lastime a alguien a su alrededor. Y si ese alguien es Yoh creo que Anna se castigaría a ella misma.
—Maldición, Ren, ¿qué quieres hacerle?
—No es que quiera hacerle nada, es que veo necesario un plan de contingencia para contenerla si es necesario.
—Ren… Anna es nuestra amiga y está pasando por mierdas muy duras como para que encima su amigo piense como detenerla si es necesario—dijo Horohoro enfadado.
—Precisamente por eso lo hago. Si alguna vez necesito que me hagan entrar en razón, prefiero que sea un amigo quien lo haga.
—Bueno, amigo, no sigas pensando tonterías. Como dices, Anna es muy poderosa y nos tiene de apoyo. Te aconsejo que no compartas esto con nadie más. Confía. Saldremos de esta.
—Eso espero, Horohoro.
«Yo también", pensó el Inui con la cabeza revuelta, en el fondo de su ser sabía que Ren tenía razón.
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Los párpados parecían estar hechos de concreto, fue extremadamente difícil abrilos pero lo logró. Parpadeó pesadamente para poder enfocar algo, veía entre nubes borrosas.
En su campo de visión apareció un rostro muy cerca de ella, parecía que le hablaba pero ella no escuchaba nada, no sentía nada más que dolor y fatiga. Su formación como itako incluía entrenamientos extremos que la llevaban al límite del dolor pero esto que sentía era otro nivel. Se esforzó por ver a través de las nubes y distingió unos ojos castaños que la veían con amor. Era Yoh, su prometido, segura de estar con él se perdió de nuevo en la oscuridad.
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Anna escuchó voces masculinas:
—No tenemos ni puta idea de dónde o cómo buscar. No identifiqué a dónde se iba el mana, solo se evaporó.
—¿Y si no encontramos el portal a tiempo?
—Lo haremos. Tenemos que.
—No creo que aguante otro ataque.
—Lo sé.
—Oigan…
Se detuvieron al verla despierta.
Se sintió como en un consultorio dental: estaba acostada en un sillón y había cuatro dentistas a su alrededor, observándola desde arriba. Cuatro dentistas y una gatita gris encima del sillón.
—Aléjense—ordenó la itako. El volumen de su voz no salió tan alto como esperaba.
Obedecieron sonriendo un poco. Aún en ese estado seguía siendo ruda. Incluso la gatita se bajó del sillón pero se quedó rondando por ahí.
La sacerdotisa intentó sentarse pero su cuerpo no respondió en absoluto, seguía fatigado. Hizo un segundo intento y lentamente lo logró.
—¿Cuánto tiempo ha pasado? —preguntó ella algo mareada.
—Una hora—respondió Ren.
La rubia notó que el chamán llevaba vendajes en los brazos debajo de su camisa púrpura arremangada. Ella, Yoh y Hao tenían los mismos vendajes y Horohoro a parte de los brazos tenía vendado todo el torso para sostener una gran cantidad de gasas en su espalda.
—Gracias… siento haberlos herido.
—Sanaremos. Lo importante es que no desapareciste—dijo Horohoro sonriendo—. Tu poder es sorprendente, Anna, ¿por qué no entraste al torneo de chamanes?
—Yoh es el indicado para ser el Rey Chamán—contestó ella.
Hao se aclaró fuertemente la garganta.
—Podrías haberlo ayudarlo desde adentro—dijo Ren, presionando un poco. Sabía que ahí había algo oculto: ella vivía pregonando que sería la esposa del Rey, entrenaba a Yoh hasta el cansancio con ese propósito pero ella teniendo todo ese poder ¿no se metió al torneo?, por favor.
La itako e Yoh se tensaron.
—Admite que no quieres usar tu verdadero poder y menos en público, Anna—dijo Hao.
—Hao… —le advirtió Yoh.
—Admite que le tienes miedo a tu poder.
—Que tengas miedo no te da derecho de ser un imbécil—dijo Yoh enfurecido.
Esas palabras resonaron en Ren y Horohoro.
—Admite que tal vez si lo conocieras y manejaras no estaríamos en esta situación—terminó Hao secamente.
En un movimiento rápido el castaño tenía contra la pared a su hermano mayor con su antebrazo sobre el cuello. Sus miradas furiosas se enfrentaban.
Hao no hizo por zafarse del agarre, sabía que Yoh tenía razón en lo que dijo: estaba siendo un completo imbécil por miedo. Tuvo miedo y aún estaba muerto de miedo de perder a Anna, ni siquiera estaba con él pero el hecho de que no existiera era insoportable.
Horohoro y Ren quedaron anonadados.
Por un lado que Anna no supiera utilizar su poder porque nunca lo ha usado todo por temor era simplemente sorprendente. Por otro lado, entender el miedo detrás de las palabras de Hao, significaba ¿qué la amaba de verdad?
Horohoro le dedicó una mirada de advertencia a Tao por la conversación pasada, si él ya estaba pensando en formular un plan de contingencia, con esta nueva información estaba seguro que lo iba a llevar a cabo.
—Tienes razón Hao—habló la rubia con una calma inusual. Le habría gustado ponerse de pie e ir directo a Hao pero no tenía fuerzas—. Nunca he usado todo mi poder y menos en público, ¿quieres saber por qué? Estoy segura que Ren y Horohoro también quieren saberlo.
Yoh soltó de mala gana a Hao. Él respetaba la decisión de su prometida de hablar abiertamente. Se dispuso a estudiar las reacciones de su hermano y amigos que se quedaron estáticos.
—Porque el público no es mas que un estorbo entre mi objetivo y yo—terminó la rubia sin titubear. Una arrogancia que solo los que hablan con una honestidad brutal podían tener.
Claro, omitió la parte de que le teme a su poder desde lo que pasó en el Monte Osore.
Los tres chamanes quedaron impactados ante tales palabras. Solo que a Hao le brillaba el orgullo en los ojos y a Ren y Horohoro la inquietud. Yoh tomó nota de eso.
—Eres una maldita arrogante de mierda—se atrevió a decir Horohoro.
—Si tuvieras mi nivel también podrías ser un maldito arrogante de mierda.
Después de unos segundos, todos soltaron una carcajada ahogada. El comentario descarado de Horohoro había aligerado el ambiente.
—Maldita sea como duele—volvió a hablar Horohoro cuando sintió un dolor en su cuerpo que se concentraba en el pecho.
—El mana—dijo Anna que ya había recobrado la compostura aunque en el fondo creció la culpa: tal vez Hao tenía razón—. Acércate, debo absorber mi mana para que te deje de doler.
—¿Estás segura de que puedes hacerlo ahora? No te ves muy bien—dijo el chamán que se había sentado al lado de Anna y vio como ella tenía dificultad para sostener el brazo.
Ella lo vió furiosa y él supo que en cuanto ella recuperara sus fuerzas le iba a dar una paliza por haber dicho eso.
—¡Ay, mierda! —Soltó Anna en un gritito en cuanto su mano y el pecho de Horohoro hicieron contacto.
Aparecieron en su mente unas nuevas escenas de sexo… con Horohoro: en una escena la tenía volteando contra la pared mientras él la penetraba por detrás con ritmo acelerado mientras ambos terminaban. Otra escena donde ella estaba sentada montándolo. ¿Estás lista? Le preguntó el chamán antes de darle una sensual nalgada. Ella sintió que el miembro en su interior cambiaba súbitamente la temperatura, bajó solo unos grados pero tomando en cuenta lo caliente que estaba ahí adentro, se sintió como si estuviera hecho de hielo. Se sintió deliciosamente extraordinario haciéndola estallar entre fuertes gemidos. Y Así siguieron y siguieron pasando escenas donde el chamán la tocaba, lamía y penetraba de múltiples maneras.
A pesar de lo cansado, el cuerpo de la itako reaccionó. Quitó la mano inmediatamente como si se hubiera quemado. Sus muslos y pechos se tensaron involuntariamente y estaba húmeda. Estaba excitada. Muy excitada.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien?—preguntó Horohoro.
Ella lo miró sin responder, estaba aturdida por lo que sintió al recordar las escenas. Eran tan eróticas. Jamás había cruzado por la mente un pensamiento remotamente sexual con Horohoro. Le sorprendió que el chamán cogiera de esa manera.
A diferencia de los recuerdos con Hao o el sexo real con Yoh, los de Horohoro eran meramente encuentros crudos y sexuales, solo dos cuerpos aprovechándose del otro para llegar al orgasmo, no había ningún sentimiento involucrado. Pero carajo, el chamán sabía lo que hacía. Era glorioso.
—Empieza conmigo—dijo Yoh.
—Vamos, ustedes dos y yo afuera—Hao señaló Hao a Ren y Horohoro que no entendían nada.
Yoh sabía que era inevitable que Anna los tocara para absorber el poder. Pero las preguntas lo atacaron: ¿Anna también tuvo recuerdos sexuales con Horohoro? ¡Horohoro! Carajo. Y faltaba Ren ¿también con él tendría esos recuerdos? Mierda. Todo era muy jodidamente retorcido. Se sorprendió del alivio que sintió al imaginarse golpeando a sus amigos y a su hermano. Pero no lo iba a hacer, no iba a actuar como un macho estúpido.
«Estúpidos celos, son irracionales y completamente inútiles, simplemente sirven para recordarte que todos somos libres. Nadie es de nadie», pensó Yoh.
La itako tragó saliva como pudo.
Ella se compuso un poco y puso su mano en el pecho de su prometido para absorber el poder. No paso nada. Lo intentó de nuevo. Nada. Soltó una maldición con frustración.
—Tal vez solo estás cansada—dijo Yoh cuando los celos fueron reemplazados por la preocupación.
Tal vez era cierto, se dijo a sí misma para no entrar al pánico de pensar que no podría recuperar su poder. Aún sentía su cuerpo agotado.
—¿Es muy doloroso?—le preguntó Anna a Yoh refiriendose a su mana.
—Soportaremos, no te preocupes —le dijo sonriendo, aún siendo ella la más lastimada se preocupaba por ellos.
—¿Cómo buscaremos el portal?
—Descansa para que nos ayudes «porque no tenemos ni puta idea».
Le besó la mano, la recostó en el sillón y la besó en los labios.
Ella quería seguir despierta pero su cuerpo simplemente no podía, se durmió.
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Los chamanes salieron de la sala.
—¿Cuál es su problema? —preguntó Horohoro.
—No te incumbe—dijo Hao secamente.
—Si de repente Yoh y tu me quieren golpear creo que si.
—Mejor olvídalo—Hao examinó rápidamente la mente de Horohoro y al ver que no había rastro de recuerdos sexuales con la rubia se relajó aunque sabía muy bien que no tenía derecho de estar celoso, ni de hacer eso.
Horohoro no paraba de darse un masaje en el pecho. Donde se sentía alojado el mana de Anna.
—Duele porque estamos reteniendo algo que no es compatible con nuestro cuerpo—explicó Ren también masajeando un poco su pecho.
Hao sonrió tristemente para él mismo. El mana de Anna dentro de él no dolía, solo era como un ligero escosor, incluso era cálido y amaba la idea de al menos tener algo de ella. Carajo, era patético.
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—Debemos encontrar el portal—dijo Yoh cuando llegó con ellos.
—¿Cómo vamos a buscar algo que no sabemos ni cómo se ve? —dijo Ren—Escuchen, sé que la situación esta muy jodida y lo que diré será difícil pero creo que es inteligente que también descansemos en lo que se nos ocurre algo para buscar ese maldito portal.
Era difícil aceptarlo pero Ren tenía razón.
—Vayan a descansar—dijo Yoh.
—Tu también lo necesitas—dijo Ren—. Haremos rondas de dos horas. Yo empezaré. Luego tu decide, Yoh. El que menos te irrite de ellos dos.
—Horohoro—dijeron al unísono Yoh y Hao.
—Ya sé que Horohoro saca de quicio pero van a tener que explicarnos que carajos los hizo enfadar.
Ninguno de los Asakura contestó.
Ren y Horohoro soltaron un suspiro resignado. Horohoro y Hao se fueron a las habitaciones.
Yoh se sentó en el sillón donde Anna dormía, con cuidado puso la cabeza de ella en sus piernas actuando de almohada. Recargó su cabeza en el sillón y cerró los ojos esperando poder dormir. Había aceptado las rondas porque era cierto que necesitaba algo de sueño pero de ninguna manera se iba a alejar de ella.
Ren se sentó en un sillón al lado del que estaban ellos mirando hacia afuera al cielo estrellado preguntándose ¿qué clase de mierda pasaba ahí?
Guest: No sé si eres la misma persona o son diferentes, entonces voy a contestar por separado los comentarios.
Feb 8: Muchas gracias por el comentario! Ese Hao va a estar más y más confundido por Anna.
Feb 11: Yoh es toda una bestia cuidando a Anna y me encanta... Y es que si, a como van, creo lo mismo que tu jaja. Muchas gracias por tu comentario!
