CAPITULO 14 :
–POV : TERRY
Los rayos del sol tocando mi rostro fueron lo único que me hicieron abrir los ojos y despertar del sueño profundo. Era muy temprano para ir al teatro, así que, en ese momento, decidí bañarme y cambiarme de ropa para ir al hospital antes de los ensayos.
Por instinto, lo primero que hice al llegar fue buscar a la señora Marlon, pero lo que en realidad quería era encontrar a cierta mona pecosa que, con el uniforme de enfermera, parecía un ángel blanco.
- Disculpe, ¿usted es Terruce Granchester? - preguntó la voz de otra enfermera, aunque no era la que estaba buscando.
- Sí - me limité a responder.
- Qué bueno. El doctor Shepherd me pidió avisarle que la señorita Susana ha vuelto en sí esta mañana.
- ¿Susana volvió en sí? - no podía retener mi asombro y alivio por aquella noticia.
- Sí, lo está desde la madrugada.
- ¿Puedo ir a verla?
- Claro, por ahora está estable, pero es posible que su estado reaccione diferente y cambie en los siguientes días.
- Gracias por la información - le dije, antes de caminar rápidamente con una emoción inexplicable.
- ¡Susana! - la llamé involuntariamente al entrar a la habitación.
- Hola... - saludó Susana, mirándome mientras me acercaba - No sabes cuánto deseaba verte - habló desviando su mirada hacia sus manos.
- ¿Cómo te sientes? - pregunté ya cerca de ella, notando cómo sutilmente sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos parecían brillar con una molestia contenida.
- Buenos días.. - saludó la misma enfermera de antes, entrando en la habitación justo cuando Susana iba a responder - He traído el desayuno para la señorita.
- Gracias - respondí yo, en lugar de Susana, que ahora tenía la mirada fija en la ventana - ¿Vas a comer algo? - le pregunté cuando la enfermera nos dejó solos en una habitación cargada de tensión.
- No tengo ganas de nada... - dijo Susana, respirando profundo, como si intentara llenarse de paciencia.
- Comer, aunque sea un poco, te hará bien. Recuerda que estuviste muchos días sin reaccionar.
- Ya te dije que no quiero nada - respondió Susana, con agresividad visible en sus ojos húmedos de rabia, una reacción que en ese momento no logré entender.
Estaba molesta, y tratar de encontrar una razón entre tantas opciones era difícil.
- ¿Qué es lo que te pasa? - pregunté, dejando que mi frustración se reflejara en mi mirada.
- ¿Te importa saberlo? - volvió a preguntar Susana, con sus mejillas más rojas que antes. Fue entonces cuando respiré hondo para no perder la poca paciencia que me quedaba.
- Susy, ¿en serio crees que estaría aquí preguntando esto si no me importaras? - L
las lágrimas comenzaron a caer de los ojos de Susana tras mi respuesta, que quizás había sonado un poco dura.
- No... - susurró Susana, negando con la cabeza - Perdón, yo... - las palabras de Susana fueron interrumpidas por más lágrimas, que intensificaron su llanto.
- Susana... - intenté acercarme a ella.
- No - dijo Susana, mirándome directamente a los ojos para impedir que me acercara más - Tú no eres culpable de nada. Todo esto se pudo evitar desde el inicio. Fui una ciega que siguió a su estúpido corazón - dijo, antes de desviar de nuevo la mirada.
- Iré a llamar a la enfermera - pensé en voz alta, creyendo que esta actitud irritable de Susana se debía a que algo en ella había cambiado mientras dormía.
- ¡No, espera! - gritó Susana, tomando rápidamente mi muñeca entre sus manos - No necesito una enfermera, estoy bien... Por favor, tienes que creerme - la desesperación de Susana en aquellas palabras, pude verla reflejada por las lágrimas que seguían cayendo de sus ojos.
Verla sin consuelo me abrumaba y solo aumentaba mi culpa, sin razón aparente. Odiaba no poder cuidarla como quisiera.
- Estoy cansada de los medicamentos, de estar aquí todo el tiempo... Si no fuera por ti, no sé si podría soportar a los doctores y a las enfermeras - intento decir Susana en medio del llanto que quería controlar para seguir con sus palabras - Estoy cansada de luchar con lo mismo todos los días - me causaba escalofríos escuchar las típicas declaraciones de amor de Susana. Quería soltarme de ella y alejarme.
- Terry, quiero que seas feliz, pero... - Otra vez, el llanto cortó sus palabras.
- No digas nada, será mejor que descanses.
- Terry... - me llamó Susana antes de, sin previo aviso, acercarse y abrazarme, rodeando mis cintura con sus delgados brazos.
Por más que quisiera ver esto con otros ojos, no podía dejar de pensar en alejarme. Simplemente, mi cuerpo no soportaba sentirla tan cerca.
- Te quiero mucho... - susurró Susana entre lágrimas - Por favor, dime que todo está bien entre nosotros.
- ¿Qué quieres que te diga? - la mirada de Susana se encontró con la mía cuando dejó de abrazarme.
- Dime que nada ni nadie te importará tanto. Prométeme que todo sigue igual entre nosotros - Susana bajó la cabeza al suelo, aumentando aún más su humilde súplica.
- Te lo prometo - dije sin pensar, logrando que Susana me abrazara con más fuerza que antes, con la pequeña diferencia de que ahora no sentía nada. Era como si de la nada hubiera quedado vacío, y por eso, ni siquiera sentía repulsión al responder a su posesivo abrazo.
Mi deber con ella no terminaba solo porque hubiera evitado responder lo que ella quería. Además, si a cambio de mis palabras ella tenía un poco de paz, entonces podría decir que valía la pena.
Eso, hasta que llegaba el angustiante cargo de conciencia.
Susana no merecía recibir respuestas vacías de mí. Al contrario, merecía tenerlo todo, pero por alguna razón no puedo obligarme a darle lo que quiere... No puedo, aunque lo intente con fuerza. Solo yo sé cuántas veces intenté verla con otros ojos, hablarle de otra manera, estar con ella totalmente, pero no me nace hacerlo, aunque lo desee con todas mis fuerzas.
El final es siempre el mismo.
Por más que trate de impedirlo, parece que mi amor pertenece a otra persona que, sin importar el tiempo, tendrá por siempre un espacio en mi corazón y en cada segundo de mi vida. Aunque no pudiera verla, tener cerca a Candy, de alguna forma, me llenaba de oxígeno para seguir adelante.
Tan solo pensar en la posibilidad de verla por unos segundos me llenaba de expectativas. Al imaginar un mundo perfecto juntos, los latidos de mi corazón se estremecían por estar con ella. Cualquier mínima cosa, mientras fuera con ella, sería suficiente para seguir con mi deber hasta el final.
El ruido del reloj de la ciudad marcando las dos de la madrugada me hizo volver a la realidad y darme cuenta de que mi turno de cuidar a Susana había terminado.
- ¿Ya se va? - preguntó la madre de Susana cuando salí de la habitación, no mirarla fue lo único que me detuvo a ser grosero con ella.
- Sí.
- ¿Vendrá mañana? - continuó la señora Marlon, con un tono pesado.
- Así es, vendré por la noche como los otros días - la señora Marlon asintió con la cabeza antes de mirarme fijamente.
- No olvide que Susana lo necesitará más a partir de ahora - fue lo que dijo, antes de caminar hacia la puerta de la habitación.
El impulso de entrar y decirle lo que callaba me invadió en aquel instante, pero en lugar de eso, traté de consolarme creyendo que no ganaría nada torturando a la madre de Susana como ella lo había hecho conmigo desde que me dijeron que era el culpable de toda la desgracia de su hija. La frustración presionaba mi pecho al recordar todo lo que esa señora me había gritado en esos días. Pero, a diferencia de ella, no sería capaz de empeorar su tormento; prefería respirar hondo y seguir mi camino, ignorándolo todo, o bueno, casi todo.
Lo amargo de esto es que solo desaparecía si iba a un lugar, y como aquel día, sin darme cuenta, terminé yendo al mismo lugar cálido y silencioso, donde ella me había encontrado para regalarme uno de esos momentos que marcaban la diferencia en mi vida cuando estaba con Candy.
Todo se volvía pequeño con ella a mi lado, pero sin ella simplemente no era nada. No entendía por qué, pero irónicamente era por esto que siempre esperaba que otro encuentro entre nosotros llegara desde loa días del colegio, pero diferencia de antes y de estos días, las horas habían pasado y Candy no aparecía por ningún lado.
Quería verla para darme algo de consuelo, pero el dia había terminado, ya no ganaba nada quedándome en el hospital y aunque ver a Candy era mi mayor consuelo, estaba obligado a irme directo a la salida del hospital como todos los días, creyendo que al día siguiente podría verla.
Conformarme.
Volver a mi vida, sin Candy ... Sin nada que poder ofrecer a Susana ¿Podría soportar pensar en otra persona mientras estaba con ella?
Desde aquel maldito accidente no he hecho nada más que venir todos los días al hospital, solo por que me siento culpable de su condición y estoy con Susana por que me siento condenado a estar con ella hasta el último día de su vida. Con Susana solo quería cumplir mi deber, mientras que con Candy deseaba verla por quela necesitaba y por que la amaba por sobre todo lo que hubiera hecho, eso incluía haberme dejado fácilmente con otra persona.
El ruido del reloj marcando el fin de la noche, me hizo volver a la realidad mientras caminaba hacia la salida del hospital con mis pensamientos en Candy, de como necesitaba verla más de lo habría querido admitir.
¿Acaso podía seguir oprimiendo lo que sentía en realidad?
El peso de la pregunta me hizo detenerme en seco. Si me iba, cumpliría con lo que se esperaba de mí, cumpliendo mi promesa de cuidar de Susana. Pero si me quedaba… Si me quedaba, podría verla, podría encontrar en sus ojos esa razón que me mantenía vivo. No podía seguir pretendiendo que mis sentimientos hacia Candy no existían. Sería una batalla constante entre el deber que sentía y el amor que me consumía.
Nada cambiaba si me iba o me quedaba, pero el solo pensar en salir de ese hospital sin a Candy aunque sea a lo lejos por última vez, me resultaba insoportable. Sentía que, si me iba, estaba renunciando a algo mucho más grande que mi responsabilidad. Era como si, al marcharme, dejara una parte de mi alma atrapada entre esos muros, un alma que solo Candy podía liberar.
Y fue entonces hasta aquel momento, que decidí detener mi paso por un instante antes de comenzar a caminar de regreso, siendo llevado por mi preocupante deseo de ver a Candy.
