CAPITULO 19
POV — TERRY
Los ensayos comenzaron con una reunión de apenas quince minutos; el director se tomó más tiempo de lo usual para encontrar la posición correcta de los actores, como siempre hacía. Pero, a diferencia de otros días, aquel día usé mi posición para dirigir la mirada hacia el lugar donde estaba mi hermosa espectadora.
Tener cerca a Candy me hacía bien; me resultaba tan satisfactorio saber que, cuando volteaba a ver, podía encontrarla en los asientos. Sentir su apoyo de cerca simplemente me hizo actuar con más pasión que en otros días.
- Es todo por el momento, ¡tienen veinticinco minutos de descanso! - fue el grito del director, y al instante toda acción en el escenario se detuvo. Fue entonces que, sin dudarlo, me acerqué hacia mi admiradora.
- ¿Estás cansada? - le pregunté, sin dejar de mirar a Candy, quien sonrió débilmente.
- No, pero… se hace tarde para regresar al hospital.
- ¿Tienes que trabajar? - No sé que pasaba por mi mente cuando solo quería estar con ella todo el tiempo.
- Sí - respondió Candy, poniéndose de pie.
- Te llevaré al hospital.
- No es necesario, pagaré un carruaje -Debería estar acostumbrado a su rebeldía, pero, a diferencia de antes hoy me negaba dejarla sola.
No podía ni quería dejarla.
- Candy, no puedes confiar en un cochero ni en nada… - le recordé con tono suave pero autoritario - La rata de Leagan sigue oculta, buscando la oportunidad perfecta para aparecer y llevarte con él.
- Tienes razón, lo había olvidado por completo - susurró Candy con una mirada triste y preocupada.
- No perdamos más tiempo; te llevaré al hospital.
- Pero, ¿y tu descanso?
- No podré descansar hasta que me asegure de que estás en un lugar seguro - fue lo último que dije antes de empezar a caminar - Vamos, Candy, solo tengo veinte minutos para regresar - le dije al notar que ella se había quedado unos pasos atrás, con la mirada perdida.
- Sí… - respondió Candy, esbozando una suave sonrisa mientras comenzaba a caminar hasta llegar a mi lado.
Caminamos juntos hasta la salida del teatro, que a esa hora estaba algo desolada, lo cual nos ayudó a llegar más rápido a nuestro destino.
- Gracias por traerme - dijo Candy cuando llegamos a la entrada del hospital.
- ¿Que te pareció?
- ¿Hablas del ensayo de la obra? —preguntó cuando ya había bajado del auto.
- Sí…
- Bueno, no sé ni jota de teatro, pero creo que tenías razón - respondió Candy, mientras le abría la puerta del auto.
- ¿De que hablas? - fijé mi mirada en ella, y al segundo me sonrió tiernamente.
- Me gustó la obra en el escenario. Felicidades, eres un muy buen actor -
Aunque ya había recibido miles de cumplidos antes, en ese momento me olvidé hasta mi nombre.
- Gracias - logré decir, apenas recordando cómo hablar - Tú eres… el público, y tu opinión de la obra es muy importante para mí - Candy rió suavemente al escuchar mis palabras.
Seguramente disfrutando de mi inútil intento por disimular mis nervios.
- Mejor me voy. Regresa con cuidado, Terry - se despidió Candy, sin esperar respuesta. Solo necesité verla a lo lejos para sonreír como un idiota, cautivado por cualquier simple gesto de aquella pecosa.
Estaba perdido, y estar con ella
solo alimentaban al sentimiento de completa adoración que parecía crecer sin control a cada segundo.
¿Estará bien amarla en silencio?
Quizás no sepa mucho de amor, pero sí sabía del efecto que Candy tiene en mí: con ella cerca podía pasar de ser un lobo feroz a un cordero totalmente indefenso, vulnerable y confiado. Por ella, podría ser un ángel caído del infierno que alza sus alas cuando tiene miedo de perder a ese ser que tanto ama.
No importa cuán dañada esté mi alma, porque cuando estoy con ella, siento que puedo liberarme de toda mi infelicidad. Era capaz de amar mi vida cuando estoy a su lado; las desgracias sencillamente pierden sentido y se convierten en algo más.
Solo con Candy me resulta fácil pensar que algo simple como el amor era superior a todo lo malo.
Pero, si el amor es así de bueno, entonces…
¿Por qué todo con Susana es opuesto?
¿Por qué era tan tristemente infeliz cuando estoy con ella?
¿Por qué no puedo ser feliz y hacerla feliz?
¿Por que no podía pertenecerle?.
Ni siquiera hacerla "mi prometida" me hizo olvidar ese desesperante deseo de ser libre de ella y de su amor.
Susana me había salvado la vida, pero nada dentro de mi había cambiado desde ese día, pareciendo que mi amor por Susana quedó estático en un compasivo agradecimiento que cada día me arrastraban hasta volver a ella.
- Hola - la saludé cuando llegué al hospital, algo cansado por la hora.
- Terry, creí que ya no vendrías - dijo Susana, con la ilusión dibujada en su rostro al verme a su lado.
- Lo siento, vine en cuanto las presentaciones terminaron.
- Debes estar exhausto - dijo Susana, mirándome con preocupación.
- Estoy bien - le menti para que dejara de verme con angustia y tristeza - ¿Cómo te sientes? —me animé a preguntar.
- Me duele un poco el pecho, pero creo que mañana estaré mejor - dijo Susana, volviendo a sonreír con ternura, mientras la culpa crecía en mi pecho.
- Lo siento… No sabes cuánto deseo estar en tu lugar… - un fuerte escalofrío acarició mi cuerpo cuando recordé que el final para Susana se acercaba y yo seguía sin poder amarla para hacerla feliz, al menos en sus últimos días.
- En lugar de culparte, deberías aceptar que yo no tengo más esperanza… - dijo Susana, con lágrimas en los ojos - Terry, antes de que algo más suceda, quiero… quiero que me prometas algo - dijo, tomando mi mano entre las suyas mientras lloraba.
Verla llorar en ese momento me hizo sentir como el cruel villano que le había cortado las alas al hada más bella de un cuento.
Tenía miedo de ceder y prometer otra mentira más, pero mirar a Susana directo a los ojos me dió el impulsó para decirle un "sí" a lo que fuera que ella quisiera de mí.
De cualquier forma, responder a sus peticiones también era mi deber desde el día que me había salvado la vida.
