ADVERTENCIA : EL SIGUIENTE CAPÍTULO CONTIENE ESCENAS VIOLENTAS Y SENSIBLES, POR LO TANTO QUISIERA PEDIR QUE LEAS Y DISFRUTES EL SIGUIENTE CAPÍTULO BAJO TU RESPONSABILIDAD.

CAPITULO 21

POV CANDY —

Después de aquella noche fría de invierno, creí que nunca más volvería a caminar por las calles de Nueva York junto a Terry. Creí que el estar viva no me ayudaría a verlo de nuevo, pero ahora, aquí, viendo las cosas pasar como nunca me había atrevido a pensar que pasarían, me resultaba difícil creer cómo mi destino había cambiado de un momento a otro.

Cuando llegué a Nueva York, lo hice sabiendo que tendría que ver a Terry desde lo lejos, viéndolo feliz con Susana. Mentiría si dijera que no había pensado en nuestro encuentro, porque sin darme cuenta, me imaginé cientos de escenarios. Pero ninguno de esos escenarios incluía verlo solo, con la mirada perdida en la tristeza, tal y como lo conocí.

No quería acercarme y revivir ese pasado doloroso con Susana, pero sin darme cuenta, en silencio, mi corazón engañó a la razón y me hizo romper los muros que había construido. Me acerqué a Terry sin poder resistirme a ver su sufrimiento desde lo lejos. El dolor de la soledad lo recordaba tan bien, que por un momento, al ver a Terry con esa mirada de tristeza, como si su pesar lo hubiera arrastrado más allá de lo que podía soportar, me hizo recordar mi propia imagen en el espejo, destruida por el capricho disfrazado de necesidad de alguien más.

Niel Leagan había sido malo desde el primer día que lo conocí. Desde entonces, nuestros caminos se unieron por simples amenazas, de las que siempre lograba salvarme con la ayuda de alguien más. Tal vez por eso fue tan tonto de mi parte creer que después de tanto tiempo, podría defenderme del poder de Niel Leagan por mí misma.

Lo único que encontraba para justificar la decisión de irme con Niel Leagan, era que en aquel entonces no tenía ni la más mínima idea de por qué Niel tenía el poder de hacer lo que quisiera con las personas.

- Mi señor, la señorita Andrew solicita verlo - dijo el mismo hombre que había abierto las puertas de la residencia de los Leagan cuando llegué.

- Hazla pasar - escuché decir a Niel con la típica malicia de saber que finalmente tenía exactamente lo que quería - Vaya, después de tantos intentos, ¿quién diría que serías tú misma la que terminaría viniendo hasta la puerta de mi casa? - habló Niel poniéndose de pie para caminar hacia mí, pareciendo un lobo rodeando a su frágil presa.

- ¿Qué es lo que quieres de mí? - me atreví a preguntar, sintiendo repulsión por el brillo de felicidad en la mirada de Niel.

- Ya te lo dije, quiero que seas mía.

- Pero yo... recuerdo haberte dicho que eso está... - La fuerte risa de Niel me detuvo antes de terminar de decir lo que quería.

- ¿Escuchas lo que dices? - dijo Niel, tratando de controlar la risa para seguir hablando - Eres tan inocente que siento pena por ti muy bien, por el momento te quedarás conmigo, y dependiendo de cómo te comportes, decidiré qué hacer contigo después.

- ¿Qué es lo que quieres decir? - pregunté, notando la sonrisa que se había dibujado en el rostro de Niel cuando se alejó.

- Lo que quiero decir es que de ahora en adelante, harás exactamente lo que yo pida si es que quieres quedarte conmigo en esta casa - respondió Niel, volviendo a mirarme con esa actitud dominante, como si supiera que mi vida estaría en sus manos a partir de ahora. Pero eso... realmente no era lo que me importaba en aquel momento.

- Haré lo que quieras, solo te pido que no hagas nada contra el hogar - de algún modo fue un alivio que Niel asintiera con la cabeza después de escuchar mis palabras, que más bien fueron como una súplica.

- Bien, ya tienes mi palabra. Ahora ve a tu cuarto y descansa mientras puedas - dijo Niel justo antes de tomar de un solo trago la bebida que tenía en una copa entre sus manos.

- Señorita, la llevaré a su habitación - dijo Claudia, llegando a mi lado como una simple mucama desconocida.

- ¿Y bien? ¿Qué demonios esperas para hacerlo pasar? - fue la exaltada voz de Niel, dirigiéndose hacia su guardia, que enseguida abrió la puerta dando paso a un hombre que caminaba lentamente, con los pies atados, las manos lastimadas, y el rostro sangrante, ensuciando la venda que cubría sus ojos y boca.

Una imagen que, sin duda, me dio la bienvenida al desgarrador infierno en el que me encontraba, que, como supuse, se volvió insoportable poco a poco.

- El señor Leagan te espera para desayunar - dijo Claudia, entrando a la habitación esa mañana que, sin saberlo, sería el inicio de mi propia tortura.

- ¿Puedo saber cuál es el motivo de semejante honor? - sin poder evitarlo, una risa se escapó de mis labios, creyendo que tal vez Niel estaba idiota si pensaba que yo aceptaría estar cerca de él y arruinar la felicidad que encontraba en mi soledad.

- El señor no me dijo nada, pero... —siguió diciendo Claudia mientras cepillaba mi cabello sin mostrar interés en lo que Niel quisiera o no, hasta que...- Candy, por favor escucha. El señor Leagan te ama y no deberías provocarlo ignorando sus peticiones.

- Si Niel me amara tanto como dices, no me tendría como su prisionera.

- Candy...

- Solo estoy diciendo la verdad, y sabes qué, iré a desayunar con él para decirle que me voy de esta casa - dije, dominada por la frustración que guardaba estando días enteros bajo el cuidado de Niel en aquella habitación.

- Candy, espera, por favor... - me llamó Claudia, deteniendo mi paso - Hablo en serio cuando te digo que si provocas al señor Leagan, él puede destruirte a ti y a lo que amas. Te pido que seas inteligente y no trates de hacer nada... No seas una más de sus víctimas - las lágrimas de Claudia, junto a las mías, me dejaron helada, robándome la voz por unos segundos.

- No te preocupes, por ahora... trataré de no hacer nada que provoque a Niel - le aseguré a Claudia, quien secaba las lágrimas de su rostro con un pañuelo entre sus manos.

- Ten mucho cuidado - fue lo último que dijo Claudia cuando caminé hacia la salida de la habitación rumbo al comedor de la mansión de los Leagan.

Mientras caminaba por los pasillos de aquella casa, fue inevitable retener el temor y la gran incertidumbre de saber qué era lo que Niel ocultaba.

- ¿Qué es lo que hacías? - fue la pregunta que hizo Niel cuando llegué al enorme comedor.

- Estaba en mi habitación - respondí, tratando de mantener la calma.

- Por tu bien, espero que esta sea la primera y última vez que me haces esperar.

- ¿Qué es lo que querías decirme? - seguí preguntando, haciendo de cuenta como si no hubiera escuchado su amenaza.

- Primero, relájate y toma asiento - dijo Niel señalando el asiento vacío a su lado, como una clara invitación a que me sentara a su lado.

- Te lo agradezco pero, así estoy bien.

- Cuando llegaste, recuerdo que dijiste que harías lo que yo quisiera... - comenzó a decir Niel, viéndome de una forma desafiante, hasta que finalmente decidí, por mi bien, tomar asiento justo frente a él - Puedes ser buena chica. Si sigues así, tal vez encuentre...

- Niel, no tengo tiempo para tus juegos, así que... ¿por qué no me dices qué es lo que quieres? - hablé sin importar haber interrumpido lo que quería decirme.

En aquel instante, me importaba muy poco si lo estaba provocando.

Estaba harta de no poder salir de las paredes de mi habitación sin la compañía de algún empleado de Niel.

- Todavía no decido qué es lo que quiero... - dijo Niel justo antes de tomar un sorbo de la taza de café que tenía entre sus manos - ¿Y tú, qué es lo que quieres lograr con saber lo que quiero de ti?

- Pues muy fácil, quiero irme y volver a donde pertenezco - la sonrisa que se dibujó en el rostro de Niel me hizo sentir un frío escalofrío recorrer mi cuerpo.

- Creo que ya es hora de aclarar ciertas cosas - respondió Niel poniéndose de pie - Primero que nada, te recuerdo que traté de ser gentil contigo, y todas las veces que lo intenté, me rechazaste... - siguió diciendo Niel mientras se acercaba - Fue hasta que se acabó mi paciencia que tú misma aceptaste venir conmigo, y ahora, eso no cambiaría... Aunque me ruegues, estás muy equivocada si crees que voy a dejarte ir.

- ¡No, el único equivocado al creer que me voy a quedar en esta casa para siempre eres tú, Niel! - reaccioné poniéndome de pie, sintiendo cómo todo el control que tenía se perdía en lo más profundo de la desesperación. - No eres mi dueño y nunca... -un fuerte golpe, de la nada, detuvo mis palabras cuando recibí el bajo y doloroso impacto.

- Si quieres seguir viva, más vale que comiences a cuidar de tus palabras, Candice... - gritó Niel, tomando mi mentón entre sus manos, queriendo obligarme a verlo. Notar aquella satisfacción de poder dominarme a todas sus peticiones, aunque yo no quisiera, me hizo sentir desprecio por el simple hecho de existir y que mi vida dependendiera de alguien como él - Te hace falta salir y tomar aire fresco... Estoy seguro de que eso te ayudará a quitar las ideas que tienes en esa linda cabezita.

- No, no hace falta... - después de las palabras de Niel, lo que menos quería era estar cerca de él, pero...

- Ir conmigo no es una opción - aclaró Niel mientras sonreía. - Ve a cambiarte y no tardes - susurró cerca de mi oído, como si estuviera diciendo un deseo. Pero, de alguna forma, sentirlo cerca solo me desesperaba y me daban ganas de empujarlo y huir de él.

Saber que no podía hacerlo era aún más desesperante que saber que, a partir de ese momento, tendría que hacer lo que él quisiera.

La fuerte risa de Niel cuando caminé hacia la salida hizo que las lágrimas salieran de mis ojos. No sabía qué sería de mí, pero estaba segura de que jamás dejaría que Niel Leagan se sintiera dueño de mis lágrimas ni de mi corazón. Y esto era tan claro y sencillo en mi mente, que soporté todo lo que Niel me ordenara.

Al principio era muy sencillo, pero conforme pasó el tiempo, Niel dejó de lado su compasión y me mostró lo que ahora era su mundo: ir y destruir todo lo que estuviera en su camino para ganar dinero.

No le importaba quién fuera.

No le importaba si era algún inocente.

No le importaban las súplicas.

No le importaban los gritos y llantos.

No le importaba cuánto manchara sus manos, porque al final, Niel no pensaba en perdonar la vida de nadie cuando solo le importaba cumplir sus deseos.

Simplemente, Niel se había convertido en un ser sin corazón, capaz de destruir lo que fuera solo para tener el poder en sus manos.

El sonido de la puerta golpeada me hizo reaccionar de lo más profundo de mis pensamientos y volver al presente, uno donde, por desgracia... seguía entre las paredes de aquella habitación, bajo el control de Niel.

- ¿Claudia? - murmuré cuando abrí la puerta y pude ver a aquella mucama que, sin importar lo que hubiera hecho, me consolaba todas las noches hasta quedarme dormida.

- ¿Estás bien? - preguntó Claudia cuando me alejé.

- Fui su testigo...- era lo único que salió de mis labios mientras mi mente estaba en blanco, repitiendo una y otra vez aquel acto de maldad - Niel dejó huérfanas a dos niñas y me hizo traerlas a esta casa.

- Lo sé, acabo de verlas, pero no te preocupes... El señor Leagan dejará que se queden y me pidió enseñarles lo que sé.

- ¿Estás segura? - Claudia asintió con la cabeza, logrando que el sentimientos de culpa en mi pecho perdiera fuerza.

- Las niñas están a salvo por ahora, y si estuviera en tu lugar, en este momento estaría preocupada por lo que pasará.

- ¿De qué estás hablando?

- Bueno, ¿lograste ver al señor que está con Niel? - volvió a preguntar Claudia, logrando que recordara el rostro de aquel señor - El está con Niel en este momento... es dueño de una casa de citas en California y preguntó por ti.

- ¿Por mí? - pregunté, tratando de recordar si alguna vez en el pasado había conocido a ese hombre.

- Sí, el preguntó por ti porque quiere llevarte con él. - la respuesta de Claudia alteró los latidos de mi corazón, siendo presa fácil de la angustia que crecía conforme Claudia seguía hablando. - Él ofreció mucho dinero al señor Leagan, no mostró interés en las advertencias que Leagan te daba... No dejaba de preguntar si estabas libre para irte con él lejos de aquí.

- ¿Y sabes qué le dijo Niel? - Claudia bajó la mirada.

- Dijo que por el momento tú no estabas libre para nadie, pero también dijo que iba a considerar la oferta.

- Es mentira... - saber esto con seguridad no me ayudaba en nada. - Niel no va a considerar nada, y te aseguro que solo está esperando una mejor oferta para dejarme ir con ese señor.

- No lo creo, el señor Leagan te aprecia mucho a su manera... ¿Por qué dejaría que ese señor te lleve lejos de él? - la pregunta de Claudia devolvió con detalles el recuerdo de hace días que, por mi bien, estaba tratando de olvidar.

- Lo digo porque hace días... Niel entró a esta habitación y trató de tomarme por la fuerza - sin poder evitarlo, el recuerdo de esa noche pasó por mi mente como una pesadilla que quería borrar. - Pero me defendí, se molestó y me gritó que tarde o temprano, yo también le ayudaría a cumplir su deseo - las lágrimas de coraje salieron de mis ojos junto a aquellas palabras. - Venderme a un buen precio le ayudaría a tener más poder y conseguir lo que quiere.

- Candy... - me llamó Claudia cuando me solté a llorar sin consuelo. - Tranquilízate, no todo está perdido, recuerda que el señor Leagan solo va a considerar la oferta por un tiempo que será suficiente para que tú puedas escapar antes de que él acepte dejarte ir.

- No puedo... - murmuré, haciendo mi mano puño, tratando de controlar todos los sentimientos que salían a través de mis lágrimas. - Ya perdí la cuenta de cuántas veces he tratado de escapar, el final siempre es el mismo y Niel me obliga a hacer crueldades cuando me descubre... No quiero que ningún inocente muera por mi culpa.

Sí lo sé, ya sé las cosas que te obliga a hacer, pero si hacemos un plan, te prometo que todo saldrá bien y tú podrás escapar sin que ningún inocente muera después - me dijo Claudia, viéndome fijamente, como si su idea fuera la solución que tanto había buscado.

- ¿A qué te refieres? - la dulce sonrisa de Claudia logró tranquilizar el desastre de emociones que guardaba en mi interior.

- Es muy sencillo, pero tiene que ser rápido si queremos que funcione. Tienes que irte con ese señor, pero no directamente con él. Con esto no quiero decir que el señor Leagan lo dejará... - las palabras de Claudia siguieron hasta decirme con detalle la idea para lograr huir días antes de que Niel me dejara ir.

El plan fue muy sencillo hasta que llegó la parte de esperar a que Niel se descuidara para poder salir. La total incertidumbre de saber si lograría ser libre de mi tortura o no, despertaba la desesperación por que Claudia llegara diciendo que había llegado el momento de huir.

Escuchar unos pasos corriendo por los pasillos despertó los latidos de mi corazón.

- Candy... - murmuró Claudia, tratando de recuperar el aliento para poder hablar. - Es hora, si quieres irte, tiene que ser ahora.

- ¿De verdad? - escuchar las palabras que tanto había deseado escuchar me hicieron dudar si lo que estaba viviendo era real o otro simple sueño que acabaría y me haría regresar a mi realidad en cualquier momento.

- Rápido, vamos, tienes que ir hasta la puerta trasera y salir de aquí - respondió Claudia, tomando la maleta que tenía sobre el suelo. - Solo recuerda que una vez afuera, tendrás que correr a la estación y tomar el último tren que te lleve lejos de aquí - terminó de decir Claudia, extendiendo la maleta, queriendo que la tomara.

- Gracias, Claudia.

- Me agradeces todo lo que quieras cuando lleguemos a la puerta trasera - las palabras de Claudia detuvieron las lágrimas de felicidad que estaba reteniendo. - Vamos, Candy, tienes que irte - insistió Claudia, comenzando a caminar hacia la puerta dándome paso de irme lejos y recuperar lo que más amaba.

- Candy - la voz de Terry fue un susurro que calló las voces de mi mente, regresando al presente donde, sin darme cuenta, había terminado volviendo al lado de Terry.

Dejarlo atrás y decir que lo había superado se volvía mentira cuando, con un simple toque de sus manos, encantaba mi corazón. Aunque no lo dijera, no podía evitar sentirme bien a su lado.

¿Acaso nuestro destino era estar unidos?

Terry tenía un deber que cumplir con Susana y no podía olvidarse de ella para seguir con lo que apenas habíamos iniciado en aquel entonces. Y fue por eso que decidí renunciar a lo que teníamos, antes de que fuera demasiado tarde.

Y me fui creyendo que alejarme era lo mejor, pero nunca me atreví a pensar en lo que hubiera pasado si aquella noche, la decisión de alejarme hubiera sido diferente. Pero ahora que lo pienso, tengo la certeza de que, si no fuera porque seguimos caminos diferentes, todo esto sería fácil... No tendría dudas, y podría ser feliz de algún modo a su lado, sin tener el recuerdo de Niel Leagan viviendo en mi mente y lastimando mi corazón.

- ¿Estás lista para huir? - aquella eminente pregunta hizo desaparecer el sentido a lo que había creído.

- ¿Qué? - fue lo único que pude decir antes de que Terry tomara mi mano y juntos comenzáramos a correr por las calles de la ciudad, pareciendo un par de criminales que huyen con el temor de ser alcanzados.

Quizás fue la adrenalina del momento, o quizás no, pero lo cierto es que volver a escuchar la risa de Terry me hizo cosquillas, y pude reír como hace mucho tiempo no lo hacía.

Me sentí libre del pasado, y luego de esto, todo me pareció tan simple que, en silencio, sin darme cuenta, en aquella noche tomé la decisión de volver a ser feliz, de algún modo.

Quería seguir en mi camino, y aunque no sé qué tanto pueda hacer por Terry mientras Susana siguiera en el camino, estaba segura de que lo que más deseaba era estar por siempre a su lado.