XVIII
Después de ese día todas las tardes Sesshomaru llegaba por ella para llevarla a cenar, le gustaba mucho la rutina que habían establecido, incluso había momentos para el coqueteo durante la noche antes de terminar en la casa de alguno de los dos teniendo sexo y, tenía que admitirlo, ninguna relación que había tenido después de su regreso le satisfacía como lo hacía Sesshomaru, era increíble lo bien que se complementaban.
El pensar en la falta evidente de etiqueta para su relación le ocasionaba un nudo en el estómago. Porque él aun no le pedía que fueran novios ni nada y eso le daba miedo, tenía miedo de que él se cansara de ella y la desechara.
Estaba cansada de sobre pensar mucho las cosas su corazón le pedía a gritos que se dejara llevar y que todo fluiría cual río sin embargo le era difícil hacerlo.
Intentar entender cómo funcionaba la cabeza de Sesshomaru era difícil y solo le dejaba un sabor amargo en la boca por todos los malos escenarios que se imaginaba.
Ya en cama mirando el techo ella tomo la decisión de ella tener la iniciativa e irle a preguntar sobre lo que era su relación.
Y con eso por fin pudo dormir.
