—. My Hero Academia 180 grados.—

45. Donde Bakugo esta más relajado y Deku piensa en Uravity durante su ducha

(Segmentos marcados con * por contenido explícito IzuxOcha)


—¡Oye, Bakugo! —llamó Kirishima, apresurando el paso para alcanzarlo en los pasillos—. ¿No estás contento? ¡Ese chico, Togata, aceptó tu nombre de héroe porque pensó que era gracioso! Cualquier otro profesor lo habría rechazado.

Bakugo mantuvo su expresión seria.

—Bah. Ese cara de idiota —murmuró con desdén.

Sin embargo, algo en la ventana desvió su atención. Aunque apenas perceptibles al principio, pequeñas gotas de lluvia comenzaron a marcar el vidrio y el suelo del patio exterior.

Kirishima siguió su mirada y frunció el ceño, pensativo.

—¿Tú también lo has notado? —preguntó—. De repente empieza a llover sin previo aviso, y ni siquiera estamos en la estación lluviosa. Parece que hay cambios constantes en la presión atmosférica. ¿Será por el quirk de alguien?

Bakugo no respondió. Se quedó observando las gotas que se acumulaban en el pavimento, su mente transportada a otro momento y lugar.

El golpe seco de su puño contra esa masa oscura y parecida a la brea que tenía a Izuku atrapado en su interior.

Recordaba que sus ojos se humedecieron por un momento al sentir esos sentimientos rodeándolo.

Enfocó la mirada de nuevo. Esta vez, otro sonido se filtró en su memoria: el crujido rítmico del ejercitador de brazos cuando había podido hablar con All Might sobre parte de lo ocurrido desde ese día.

Bakugo era el único en el gimnasio. A pesar de la intensidad de su entrenamiento, su rostro se mantenía neutral y casi inexpresivo. Sus brazos trabajaban con movimientos fuertes y constantes en el ejercitador, pero no había emoción en sus ojos, ni rastro de la furia que solía impulsarlo. Antes, en tardes como esta, su mente se llenaba de imágenes de sus rivales cayendo ante su fuerza, y de escenarios de sus futuras victorias. Pero ahora… ahora solo veía el vacío frente a él.

Minutos después, sus puños impactaban el saco de boxeo con una precisión mecánica. El sonido seco de cada golpe resonaba en la soledad del gimnasio, acompasado por el ritmo de su respiración. El sudor comenzó a resbalar por su piel en un lento descenso, pero no sentía la misma satisfacción de siempre. Pasó un brazo por su frente para apartar la humedad, exhaló con fuerza y continuó. Un golpe tras otro, hasta que incluso eso dejó de sentirse significativo.

Se subió a la caminadora y corrió. Al principio, sus pasos eran rápidos, impulsados por una determinación inquebrantable, pero con cada kilómetro recorrido, esa energía que lo mantenía en movimiento comenzó a desvanecerse. Y entonces, sin previo aviso, simplemente dejó de correr. Se dejó ir hacia atrás, permitiendo que sus pies se despegaran de la cinta hasta tocar el suelo de madera con un golpe sordo. Permaneció allí, con la mirada perdida en las gotas de sudor que caían sobre el piso.

No notó el momento exacto en que la puerta del gimnasio se abrió con sigilo, ni cuando alguien entró.

—Me sorprende encontrar a alguien aquí esta tarde—anunció All Might con su característica voz profunda al cruzar la puerta—. Me dijeron que la mayoría de los de primer año fueron a un karaoke ¿Por qué no fuiste con ellos?

—Son solo una bola de perdedores —soltó Bakugo sin miramientos.

—Vamos, no les digas así. Son tus nuevos compañeros, y lo mejor es llevarse bien desde el principio —intentó razonar All Might con un aire conciliador—. Te darás cuenta de que…

—¡Yo les digo como quiera! ¡No intentes cambiarme! —Bakugo lo interrumpió de golpe, girándose con brusquedad—. ¿Y tú qué haces aquí? ¿No deberías estar patrullando la ciudad o salvando a alguien? ¡Las clases ya terminaron!

All Might dejó escapar una pequeña risa, pero no era burlesca, sino tranquila, como si ya esperara esa reacción. Se había percatado de su carácter cuando lo había conocido.

—Puede que tengas razón y tal vez alguien me necesite en este momento —admitió, observando la palma de su mano antes de cerrar los dedos lentamente—. Pero con el tiempo entendí que, por más que me esfuerce, no puedo estar en más de un lugar al mismo tiempo. No puedo salvar a quienes no puedo alcanzar.

Se acercó un par de pasos, observando a Bakugo con atención.

—Por eso es importante saber equilibrar el tiempo entre ser un héroe, descansar y tener conversaciones significativas. Como ahora.

Bakugo desvió la mirada con evidente incomodidad por el ambiente tranquilo que All Might intentaba generar y su discurso predecible.

—Por lo demás, no estoy preocupado. Hay muchos buenos héroes allá afuera asegurándose de que todo esté en orden —añadió All Might con una sonrisa, posando una mano en la cabeza del chico—. No tienes que ser tan serio todo el tiempo. Aunque, debo admitirlo… me recuerdas un poco a Endeavor.

La reacción fue inmediata. Bakugo apartó su mano con brusquedad y lo fulminó con la mirada.

—¡No te atrevas a tratarme igual que a Izuku! —espetó con una furia contenida—. ¡Y no creas que no me di cuenta! … ¡En realidad tú lo habías elegido a él! ¿O me equivoco?

Por un momento, Toshinori recordó aquella noche en la mansión Aoyama, cuando había regañado a Midoriya frente a sus amigos por no responder su celular y luego lo había abrazado. Bakugo había estado allí. Lo había visto todo.

—Aunque no lo creas —dijo All Might con calma—, fue a ti a quien observé primero después del incidente con el monstruo de lodo. Pero en el camino, muchas cosas pasaron y terminé deseando darle una oportunidad al joven Midoriya. Su cuerpo era muy débil. Y como tú lo dijiste en ese momento, yo también deseé que él siguiera caminando a nuestro lado.

Bakugo permaneció en silencio, su expresión endurecida, pero la rabia en su semblante ya no era la misma.

—Espero que eso no sea motivo para que vuelvas a tratar mal al joven Midoriya —continuó All Might—. De verdad creo que pueden hacer un buen equipo si aprenden a equilibrar sus diferencias y fortalezas.

—Supongo que me debería dar rabia que lo hayas elegido a él por encima de mí… —Bakugo murmuró con voz seria y controlada. Pero en su tono había algo distinto. Algo más profundo y honesto—. Y, sin embargo, desde que me disculpé con él, dejé de sentir ese desprecio profundo que sentía por él

All Might lo observó con interés.

—Alguien sentimental como él diría que me liberé, pero yo sé la verdad…

—¿Y cuál sería esa verdad exactamente?

Bakugo lo miró directamente a los ojos.

—¡Es este maldito poder que me diste para salvarlo! Me hace sentir como alguien que no soy! ¡Me repudia tanta tranquilidad!

All Might pareció reflexionar sobre sus palabras y, de inmediato, un recuerdo cruzó su mente. Yoichi colocando una mano sobre el hombro de Bakugo.

Ahora no podía verlo. Pero presentía que la influencia del primer portador del One for All era lo que Bakugo estaba experimentando.

Pero… ¿sería prudente decírselo?

—¡Ya no lo quiero! ¡Te lo devuelvo!— gritó Bakugo

—Ya no se puede —respondió cortante All Might, sintiendo como si estuvieran haciendo una rutina cómica con él.

Bakugo se sujetó la cabeza, con el ceño fruncido en frustración.

—¡No! ¡Si voy a convertirme en el héroe número uno, quiero hacerlo por mis propios medios!

All Might lo miró en silencio. Luego pensó en aplicar un poco de psicología inversa, algo que había leído en un libro sobre estrategias pedagógicas. Se sintió satisfecho de poder usarlo por primera vez como profesor, pero intentó mantener un semblante serio.

—Aquel día pudiste experimentar el One for All en su máxima potencia. Incluso fuiste capaz de generar lluvia con el golpe que le diste al poder de All for One. Aunque, en el proceso, te destrozaste todo el brazo. Supongo que es intimidante tener tanto poder… tal vez... solo tal vez, es un poco de tu miedo a lastimarse el que esta hablando.

Bakugo permaneció en silencio por un momento, meditando sus palabras antes de contestar.

—¡No trates de usar tus trucos de psicología baratos conmigo!

No funcionó, pensó All Might frunciendo un poco el ceño — En fin, espero que pronto podamos reunirnos los tres para platicar con calma sobre lo que paso y lo que tenemos que hacer a partir de ahora. Solo necesito terminar de recopilar cierta información.

—Si, como sea — respondió Bakugo con desdén, dándole la espalda mientras se dirigía a la salida del gimnasio.

All Might lo vio alejarse y, con una sonrisa cansada pero sincera, le gritó:

—¡Está bien! ¡Y que no te dé pena decirme cómo te sientes! ¡Siempre estaré aquí para escucharte!

Bakugo no se giró, pero su paso se detuvo apenas un instante antes de desaparecer por la puerta.

...


Izuku empujó la puerta de la habitación y encendió la luz con un movimiento cansado y automático, bastante consciente del agotamiento de su cuerpo. Sus hombros caídos y la pesadez en su mirada delataban el intenso entrenamiento del día, pero eran las cintas adhesivas en su rostro y los vendajes en sus brazos los que contaban la historia completa. Sin pensarlo demasiado, dejó caer su mochila en la silla junto a la cama y se estiró, sintiendo cómo la tensión se aferraba a sus músculos adoloridos.

Entonces algo en la habitación captó su atención, distrayéndolo momentáneamente de esa sensación.

Sus ojos se posaron en una gran caja en el rincón, aquella que All Might le había guardado y entregado recientemente, con su colección de figuras y pósters. Izuku la reconoció al instante; era la misma que, casi un año atrás había estado a punto de desechar en su segundo encuentro con él. Casi sin pensar, se acercó y levantó la tapa.

Sacó con cuidado una de las figuras de acción del legendario héroe y la sostuvo entre sus manos. De hecho esa era su favorita. La observó en silencio, sus dedos recorriendo los detalles del traje y la pose heroica, como si tratara de decidir qué hacer con ella. Su mirada recorrió la habitación, deteniéndose en los estantes compartidos. Al ser un espacio de dos personas, no estaba seguro de si podría acomodar todo de su lado sin que pareciera un desastre. Sin embargo, Bakugo también era fan de All Might, así que tal vez no le importaría si colocaba algunas cosas en las zonas comunes.

¿Kacchan se enojaría?, se preguntó. Era difícil saberlo últimamente; su actitud cambiaba tan seguido que resultaba impredecible.

De repente, su mente viajó al recuerdo reciente de esa misma mañana. Pensó en sus propias palabras cuando había elegido su nombre de héroe:

"Tal vez porque… algunas cosas cambian cuando creces."

Volvió a mirar la figura de acción en sus manos y, sin razón aparente, una imagen diferente surgió en su mente: el rostro de Uraraka sonriéndole. La recordó con su nuevo traje de heroína, los adornos en su cabello resaltando la forma de su rostro, su expresión alegre y… bonita.

El recuerdo tomó vida propia, y antes de que pudiera evitarlo, su mirada mental descendió. Pequeños detalles del traje flotaron en su mente: la forma en que se ajustaba a su cuerpo, a sus pechos, la silueta de su cintura, la curva de sus caderas…

Izuku sintió un estremecimiento subirle por el cuerpo y se cubrió la boca con la manga del uniforme, como si eso pudiera contener el calor que subía a su rostro. Bajo la cabeza y se puso de pie dejando la figura de All Might sobre la cama.

Definitivamente, necesitaba una ducha antes de que Bakugo regresara y lo encontrara así. Además, sabía que su nuevo compañero de cuarto no soportaba que la luz estuviera encendida más allá de las 8:30.

Se dirigió al cuarto de baño y comenzó a desvestirse, dejando caer cada prenda en el cesto. Pero mientras lo hacía, los recuerdos de los vestidores resurgieron en su mente:

—¡Midoriya! ¡Tu traje es completamente genial! —exclamó Kaminari con entusiasmo—. Luces realmente intimidante. ¡Pareces uno de esos antihéroes de los que tenemos prohibido hablar!

—¿E-en serio? —Izuku se miró a sí mismo, sorprendido—No era mi intención. Al principio pensé en un diseño más amigable, pero cuando dibujé y escribí las especificaciones, creo que dejé volar un poco mi imaginación. Y parece que los del departamento de objetos también lo hicieron con estos colores degradados…

—Pareces salido de un mundo post-apocalíptico —comentó Tokoyami al pasar junto a él y sonriendo discretamente—. Aunque no diría que me desagrade.

—G-Gracias… —contestó Izuku, sin saber exactamente cómo responder a eso.

—¡Dense prisa! ¡Ya tardaron demasiado! —se oyó el grito de Bakugo desde la entrada de los vestidores, con los brazos cruzados y una expresión de fastidio.

—¡Claro, delegado! ¡Ya vamos! —se burló Kirishima, dándole un codazo a Kaminari—. ¡Es bueno ver que ya empieza a hacerse responsable de sus obligaciones en lugar de delegarle todo a Midoriya!

—¡Ya cállate, idiota!

Al salir de los vestidores, los chicos coincidieron con el grupo de chicas que venía del otro pasillo. La parte más analítica de Izuku ya estaba lista para sacar su cuaderno y estudiar los detalles de los trajes de sus compañeros, e intentar deducir cómo potenciaban sus quirks con ellos… pero, sin darse cuenta, sus ojos buscaron a una persona en particular.

Para su sorpresa, fue ella quien lo llamó primero.

—¡Qué increíble! ¡Se nota que saber dibujar hace la diferencia! —dijo Uraraka asombrada—. Ojalá te hubiera pedido ayuda con el diseño de mi traje, porque resultó ser algo…

Izuku giró instintivamente hacia su voz y, en ese instante, se alegró de ya estar usando la máscara de su traje. Porque su rostro se encendió en cuanto la vio.

Uraraka—o mejor dicho, Uravity—se veía… No solo linda, sino realmente atractiva. O tal vez un mejor adjetivo sería...

—Cierra la boca. Se te está cayendo la baba —le susurró Bakugo al pasar junto a él.

Izuku se cubrió la boca con ambas manos en un respingo, pero luego se dio cuenta de que Kachan no podía haber visto su expresión tras la máscara. Solo lo estaba fastidiado.

Aun así, antes de que pudiera contestar, algo captó su atención por un segundo. Un leve destello en los arbustos cercanos, seguido de un movimiento de ramas, lo distrajo.

—¿Pasa algo? —preguntó Uraraka, colocándose a su lado.

Izuku se tensó al sentirla tan cerca y notó que su cuerpo temblaba ligeramente.

—N-No, nada… Es solo que me pareció haber visto…

—¡Dejen de parlotear y reúnanse ya! —gritó Bakugo, interrumpiendo la conversación de golpe.

( * )

De vuelta en el presente, Izuku sujetó el balde con ambas manos y lo inclinó sobre su cabeza, dejando que el agua fría se vertiera en un torrente sobre su cabello y descendiera por su piel en un escalofrío punzante. Su cuerpo se estremeció al sentir el contraste entre el calor acumulado en su interior y el frío que lo envolvía. Era como si intentara borrar los rastros de algo que no debía estar allí. Cerró los ojos por un momento, sintiendo cómo las gotas resbalaban por su rostro y su torso, disipando la sensación de ardor que lo invadía.

Ahora que lo pensaba, a pesar de tener una regadera tanto en casa como allí, siempre había preferido bañarse sentado, siguiendo el método tradicional de los onsen, aunque no fuera a meterse a la tina después. Tal vez era solo la costumbre. Algo profundamente arraigado en su memoria desde la infancia, cuando su madre lo bañaba de la misma manera, vertiendo el agua con cuidado sobre su cabeza mientras le dedicaba mimos cariñosos de bebé. Era relajante.

Con movimientos lentos, vertió un poco de champú en la palma de su mano y lo frotó entre sus dedos antes de pasarlo por su cabello. Sus manos se hundieron en los mechones húmedos, masajeando su cuero cabelludo con parsimonia, mientras su mirada se perdía en la nada. No tardó en darse cuenta de que su mente, como si hubiera estado esperando la oportunidad perfecta, lo arrastraba de vuelta al sueño de la otra noche. Y ciertamente no iba a poner mucha resistencia, dado que sentía algo de curiosidad por ello.

¿Cómo habría continuado ese sueño de no haber sido interrumpido?

De nuevo la penumbra. Esa sensación de flotar entre la vigilia y el ensueño. Pero esta vez ya no era simplemente él y Uraraka compartiendo un momento íntimo a media noche, como un par de adolescentes comunes. De pronto, se vio a sí mismo en su traje de héroe, tumbado en el sillón de la estancia principal, con ella sobre su cintura.

Uravity.

Su respiración se volvió más pesada en la ensoñación al verla acomodarse sobre él, con sus suaves piernas rodeándolo a cada lado de su cadera. Instintivamente, sus manos se posaron en sus muslos, sintiendo la calidez de su cuerpo a través de la tela ajustada de su traje.

Intentó mantener el contacto visual con ella, con esos ojos marrones brillando en la penumbra, hasta que la vio inclinarse ligeramente hacia atrás y cerrar los ojos. Su mano, con una lentitud casi provocadora, se deslizó hasta el cierre de su espalda.

El sonido de la cremallera deslizándose llenó el aire con una tensión casi palpable. Unos segundos después, la parte superior de su traje descendió hasta su cadera, revelando la suavidad de su piel bajo la luz tenue de la habitación. Sus manos, que hasta ese momento habían recorrido sus piernas, se deslizaron con reverencia hasta su cintura, como si temieran perderla.

Levantándose un poco sobre los codos, la observó con más detalle. La forma en que su respiración se volvía más lenta y profunda en su estómago, la manera en que su pecho subía y bajaba con cada inhalación. La delicadeza con la que ella sujetó su mano y la guió hasta el centro de su pecho.

Lo que sentía por ella… era demasiado.

Demasiado profundo.

Demasiado intenso.

En la realidad, Izuku alzó otro balde de agua sobre su cabeza, pero se quedó inmóvil. Sus manos permanecieron sujetándolo en el aire, incapaces de completar el movimiento.

Sabía que si no lograba deshacerse de ese pensamiento, volvería a soñarlo. Y, de nuevo, Kacchan lo echaría de la habitación.

Necesitaba quitarlo de en medio. Sacarlo de su mente... y también de su cuerpo.

Volvió a colocar el balde en el suelo y cerró los ojos, intentando concentrarse.

—Uravity… —susurró casi sin darse cuenta, inclinando la cabeza hacia atrás mientras el calor subía a su rostro, tiñendo sus pecas.

En su fantasía, sus manos recorrieron la espalda de ella, ascendiendo lentamente hasta el broche del sujetador. Con un movimiento suave, lo desabrochó, sintiendo el leve estremecimiento de su cuerpo en respuesta y el suave rebote de sus pechos.

Izuku, en la realidad, respiró hondo y dejó escapar un suspiro entrecortado, con los ojos cerrados con fuerza.

En el sueño, las manos de Uraraka se deslizaron por sus brazos hasta llegar a sus hombros, y su propia mano viajó de nuevo a uno de sus muslos para sujetarla, mientras la otra apartaba la última prenda que cubría su pecho, dejándola caer al suelo.

El calor y la tensión entre sus cuerpos eran tan tangibles que casi podía sentirlos en su piel real. La necesidad de acercarse más, de acortar la distancia entre ellos…

Izuku apretó la mandíbula.

Deseaba esa fricción irresistible.

Ya no podía recuperar el control de sí mismo.

En la fantasía, ocultó el rostro entre sus pechos desnudos, inclinándola un poco hacia atrás y dejando que su respiración agitada se mezclara con la de ella. Con un movimiento de su pierna hizo que ella se balanceara sobre su cadera, generando un roce tentador. Continuó, una y otra vez con esa fricción, hasta que el Izuku de la realidad sintió crecer un hormigueo intenso en la base de su estómago. Y su excitación crecer.

Sus manos también hormiguearon y sus dientes apretaron con fuerza.

No quería terminar tan pronto pero no pudo evitar aumentar rápidamente la velocidad, tanto en la fantasía como en la realidad.

Quería sentirla y que ella también lo sintiera. Casi podía escuchar los quejidos de su voz de caramelo.

Eso hasta que finalmente dejó escapar un sonido ronco, sintiendo cómo la tensión de su cuerpo se disipaba con un estremecimiento que lo dejó sin aliento. Su corazón martilleaba contra su pecho, su respiración entrecortada llenaba el aire del cuarto de baño y sus mejillas ardían en contraste con el frío a su alrededor.

No quiso abrir los ojos de inmediato. Se quedó quieto, permitiendo que las sensaciones se diluyeran poco a poco, dejando que la fantasía se disipara con la realidad.

Era la primera vez que hacía algo así a conciencia.

Cuando por fin se sintió listo para volver al presente, abrió los ojos y permaneció observando el blanco del techo por unos segundos más, suspirando.

Tal vez después se sentiría culpable por lo que acababa de hacer, pero ahora... en verdad no sentía que hubiese hecho algo malo.

El sonido de la puerta de la habitación principal al abrirse rompió el silencio en el cuarto, alertando a Izuku, quien soltó otro suspiro antes de volver la mirada al balde de agua frente a él. Tenía que terminar ahora.

—¿Estás ahí? —preguntó Bakugo desde la habitación principal, con su usual tono áspero y directo.

—¡Sí! ¡Ya salgo! —respondió Izuku apresurado.

Apenas terminó de hablar, Bakugo escuchó de su lado, el sonido del balde de agua cayendo sobre Izuku para terminar de asearse.

Bakugo siguió su camino por el cuarto y dejó caer su bolsa de gimnasio en su lado de la habitación. De pronto, sus ojos rojos se fijaron en la figura de All Might, reposando sobre la cama de Izuku de lado, como si hubiera sido olvidada

Momentos después, Izuku salió del baño con una toalla colgada alrededor del cuello, frotándose el cabello húmedo con movimientos distraídos.

—Lo siento —murmuró por inercia al pasar junto a Bakugo.

El otro no respondió. Solo lo esquivó con la misma expresión seria de siempre y cerró la puerta del baño tras de sí.

Izuku continuó secándose el cabello con la toalla, moviéndose por la habitación con naturalidad, hasta que sus ojos captaron algo que no encajaba. Parpadeó un par de veces, extrañado. La figura de All Might, que estaba seguro de haber dejado en su cama, ya no estaba ahí.

Alzó la vista y de pronto la encontró en el escritorio compartido, ahora de pie, con su pose característica perfectamente colocada.

Una sonrisa incrédula se dibujó en sus labios. Y luego, por inercia, observó la caja con el resto de sus figuras y posters que tenía del héroe.

—¡Que ni se te ocurra tapizar las paredes con toda la basura que tienes en esa caja! —gruñó Bakugo desde el otro lado de la puerta, como si hubiera leído sus pensamientos.

—¡N-no! —se apresuró a contestar Izuku.

Aún seguía sonriendo cuando Bakugo salió del aseo, e Izuku colgó su toalla en el balcón, antes de que se apagaran las luces.

La habitación quedó sumida en la penumbra, y la figura de All Might permaneció en su nuevo lugar, con su eterna sonrisa congelada en la oscuridad.

...


Notas de la autora. -

¡Sus comentarios siempre son bienvenidos! Muchas gracias por leer, seguir y darle like. Siempre me hace sonreír _