.

episodio 15

.

—En una semana máximo la tienes como nueva —afirmó Jacob estrechando la mano del conocido de Charlie.

—Perfecto, Black. Espero tu llamada.

Black. Charlie le buscaba a alguien que le pagaría por arreglar su moto, y el tío encorbatado le llamaba "Black". El orgullo le hinchaba el pecho, ¿desde cuándo le trataban como a un adulto independiente y funcional? Podía acostumbrarse a eso.

El tal Rick se fue, despidiéndose de su amigo, y dejando a Jake solo con esos dos majaderos. En el porche frontal de la casa del jefe Swan, Charlie y Billy Black se miraban en silencio, con una media sonrisa. Él hacía todos sus esfuerzos por que ese par se dieran por ignorados.

—¿Le has pedido la camioneta a Bella? —le miró Billy, inclinando la barbilla hacia el vehículo, con la curiosidad implícita en su voz.

—No pensarías que me iba a llevar la moto en volandas hasta casa, ¿no? —le esquivó, terminando de amarrar una rueda.

Podía sentir sus miradas clavadas en el cogote, suspicaces. Cotillas...

—Tu primer cliente —canturreó Charlie con voz grave—. No anda mal de dinero, así que hazlo bien y seguro que acabas arreglando toda su colección vintage.

—¿Cómo es que conoces a un tío de pasta y con traje? ¿Te estás corrompiendo o qué, sheriff? —bromeó para evitar las insinuaciones de aquellos dos buitres.

—Soy un hombre de mundo. No todo va a ser codearme con tipejos con ruedas.

Billy hizo amago de atropellarle, pero Charlie dio un paso atrás para esquivarle, casi sin inmutarse.

—¿Lo celebramos desayunando en el Carver? —propuso.

—Seguro que un café te vendría bien —Jacob apretó los dientes ante el retintín de su padre—. Ha pasado la noche fuera de casa, otra vez —le aclaró a su amigo, con excesiva intención.

Jake cerró la puerta trasera de la furgoneta, para encontrarse a Charlie y Billy mirándose con las cejas levantadas en cuanto se dio la vuelta. Chasqueó la lengua... Ese par eran un buen dúo cómico, tenía que admitirlo, pero no sabían lo lejos que estaban de la realidad. Y era mejor así.

—Vamos, únete a estos viejos —terminó de convencerle Charlie.

—Bah... Vale. Montad —suspiró dirigiéndose a la puerta del conductor.

—No hace falta, tengo chófer privado—aseguró Billy, chasqueando los dedos hacia Charlie, señalando a su propia silla.

El policía lanzó una patada al lugar donde había estado su amigo, pero este ya había empezado a empujar las ruedas de su silla a toda velocidad. Como gato y ratón, los dos supuestos adultos se perseguían en dirección al Carver Café.

Jake no pudo más que ahogar una risa, sentándose al volante. Se incorporó a la carretera y tocó el claxon al adelantarlos.

—¡Resérvanos sitio cuando llegues! —le gritó Billy, esta vez haciendo zig zag detrás de Charlie para conseguir pillarle.

Jacob sonrió negando con la cabeza. No crecerían nunca... Bostezó hasta que sus ojos se humedecieron. La verdad, la promesa de un café no sonaba nada mal. Aunque fuera en medio de Forks; tenía que reconocer que siempre se había sentido más a gusto en la reserva. Al menos hasta que Seth, Leah y él mismo se hubieron separado de la manada. Aquello había quedado atrás cuando volvieron a unirse a Sam y los demás, a cambio de algo más de independencia. Y, aunque desde entonces la reserva le ahogaba un poco, algo le hacía volver siempre.

A un lado de la carretera divisó el Carver Café y giró a la derecha. La casa de Charlie no estaba lejos, pero sin duda tardarían un rato en llegar. Metió el coche en el aparcamiento. Casi mejor, necesitaba cafeína antes de aguantar otra ristra de bromas sobre dónde había pasado la noche. Frenó el motor, e hizo el gesto de soltarse el cinturón, sin recordar que aquella tartana que Bella conservaba con amor no tenía el más mínimo método de seguridad.

Se apeó de la furgoneta, mirando alrededor. Comprobó que la belleza de moto que tenía que arreglar seguía, efectivamente, amarrada ahí atrás y no había salido volando. No quería tener que acabar pagando él a su primer cliente. Bella no había dudado ni un segundo cuando esa noche le pidió prestada la camioneta para transportarla hasta su taller, en la reserva. Y también había tenido la delicadeza de apenas bromear a su costa.

—¿Qué es lo que te está quitando el sueño hoy? —se había interesado Bella como si tal cosa, sentada a su lado en medio del bosque junto a la mansión Cullen.

—Nada —rio—. Solo vengo por tu Chevrolet; útil, práctico y con una hermosa oxidación, no como tus Mercedes y Ferrari nuevos.

—¡Es una camioneta confiable y resistente! —afirmó Bella en defensa de aquel cacharro, algo indignada.

—Confiable y resistente —la imitó con sorna.

Jake suspiró, incómodo por el cansancio de sus músculos y la ansiedad que ya se había hecho habitual en él esos días. Diez noches en las que apenas había podido pegar ojo. Para colmo, el simple hecho de saber que su hermana y Paul estaban dormidos abrazados en la habitación contigua le arañaba la garganta. No entendía por qué, no sentía eso desde hacía muchos meses. Envidia. El asco se unía a la fiesta cuando, como esa noche, su amor se hacía audible a través de la pared.

—¿No vas a decirme por qué te pasas las noches en el bosque en vez de dormir, entonces? —le interrogó Bella en un tono bromista. Llevaba unas horas evitando la pregunta con chistes sobre su olor a vampiro, el frío, su vida de lobo... Así que Jake tan solo alzó las cejas y le dedicó una sonrisa en negativa—. ¿Tampoco me vas a decir qué tal besa Leah? —soltó como si hubiera estado aguantando las ganas una eternidad.

Jacob dio un respingo.

—¡Maldito chupasangres chismoso! —juró en voz bien alta, deseando que Edward le escuchara y se revolviera como la rata inmunda que era.

—No seas injusto, le he tenido que insistir durante días. Y no me ha contado nada más.

—No hay nada más que contar. Fue un impulso. Un segundo. Estaría aburrido.

Bella le observaba con los ojos entrecerrados y una sonrisa divertida.

—No vas a soltar prenda, ¿no? ¿En serio? Debías de estar muy aburrido entonces, pensaba que la odiabas.

Jake se incomodó por la afirmación.

—No la odiaba, me era indiferente —aseguró con casualidad. Bella soltó una carcajada, hasta que Jacob no pudo más que unirse a ella. Se había quejado demasiado sobre Leah desde hacía meses como para que alguien creyera eso.

—¿Te era indiferente?

—Me es indiferente.

Bella sonrió. Su amigo no era alguien que hiciera algo así solo porque sí. Ese no era su Jake. Desde luego, no era eso lo que había percibido en el gesto de Edward cuando cedió en darle la información. Conocía a esos dos hombres demasiado bien como para no darse cuenta de que había algo más. Pero no importaba. Le dejaría ir a su ritmo.

—Está amaneciendo. Deberías ir a casa de Charlie. ¿Tienes...?

Jacob alzó la mano, exhibiendo la llave de la camioneta. Sonriente.