NPOV.

MI QUERIDA BELLA;

Desde el primer momento en que nos conocimos supe que serias lo mejor que me podía pasar en la vida, con tu sonrisa, tus bellos ojos y esos labios tan deliciosos que tenías y mordías en señal de nerviosismo.

Siempre serás lo primero en lo que piense cuando me levante y lo último al acostarme, en ti y en ese hermoso bebé que vamos a tener juntos. Por azares del destino no podré verlo crecer, ni estar a tu lado en lo mejor que nos ha pasado a los dos como seres humanos pero sé que serás la mejor madre que pueda haber en el mundo.

No puedo decirte cuanto siento que esto nos esté pasando a nosotros pero aunque te quiero, ya no siento la misma intensidad que sentía al principio, no es culpa tuya solo son cosas que pasan. He conocido a otra chica, sin quererlo nos hemos ido enamorando y me voy con ella lejos del país, no te diré donde solo que te olvides de mí y que seas feliz con nuestro hijo, con tu hijo ya que yo no me merezco el llamarme su padre.

Siento mucho hacerte daño pero no quiero que un bebé que no tiene la culpa de nada crezca rodeado de mentiras y entre padres que no son plenamente felices.

Con cariño, Jasper.

Jasper Denali se encontraba en su nueva casa a las afueras de la cuidad española de Málaga. El tiempo que llevaba en la ciudad le había servido para poder pensar en todo lo sucedido en los últimos meses.

Su intención no era abandonar a Bella y a su bebé, pero no le había quedado más remedio que mentirla y alejarla de su lado para que los dos estuviesen bien, no podía poner a su propia familia en peligro.

Ahora se daba cuenta de que aunque su sueño de ser policía se hubiese hecho realidad también lo había alejado de lo que más amaba en el mundo.

Recordaba con gran deleite y gran pesar la alegría que lo inundo cuando Bella le dijo que serían padres, era una felicidad que no sabía describir con palabras, pero supo en ese mismo momento que nada mejor podía ocurrirle en la vida.

Había sabido desde unas semanas antes de que Bella le contara del embarazo que tendría que irse del país, pero su intención era que Bella se fuese con él; claramente al saber del embarazo todos sus planes se vinieron abajo, con el bebé en camino esa no era una solución.

Al pasar por una cafetería decidió entrar y sentarse a pensar en lo que le esperaba de ahora en adelante.

Por el momento lo primero que tenía que hacer era ponerse en contacto con Charlie para hacerle saber dónde se encontraba y que estaba bien, también para preguntar por Bella y su hijo. Las únicas personas que sabían donde se encontraba eran su jefe y Charlie, el primero por razones de trabajo ya que se tendría que infiltrar para realizar la misión y el segundo por cuestiones personales.

A su cabeza venían miles de posibles hipótesis y reacciones que podía haber tenido Bella al leer su carta.

Tuvo que mentir de una manera inaceptable para que se creyese toda la farsa, él no había conocido a ninguna chica, todas dejaron de existir en el momento en el que la conoció en el hospital; era hermosa de adolescente y lo seguía siendo ahora que se había convertido en toda una mujer, su mujer, porque pese a estar separados ella seguía siendo su novia, prometida, amante y mujer.

Esperaba que cuando todo se solucionara pudiesen volver a estar juntos como una verdadera familia. Si todo marchaba según lo previsto a lo sumo estarían separados solo unos pocos meses, tres como mucho, y él podría ver la etapa final del embarazo y compartirla junto con Bella, así como también podría disfrutar de su bebé desde el momento en que naciera.

1 MES DESPUES, WINDSOR.

Sin darse cuenta el tiempo comenzó a correr rápidamente, y sin saber cómo ya se encontraba más que instalado en su trabajo como camarero.

En poco más de mes y medio comenzaría la universidad y sus jornadas laborales se verían reducidas a la mitad; su jefe fue muy comprensivo, más de lo esperado, y acepto de buena gana que continuara en su puesto siempre que fuera por las tardes a desempeñar su cargo y los fines de semana los trabajara a jornada completa. Acepto de inmediato, sabía que tendría que esforzarse mucho y que probablemente no dormiría lo debido, pero era mucho mejor de lo que en un principio había imaginado.

En casa pasaba poco tiempo, sus horarios en el bar eran largos y tediosos, y el poco tiempo que pasaba en su hogar era para dormir mayormente.

No había esperado tener buena relación con sus compañeros, pero estaba completamente equivocado, eran unas personas geniales y se habían llevado muy bien con él, incluso habían hecho que su comienzo fuese más ameno. Varios días había salido con ellos al finalizar su jornada laboral y habían ido todos juntos a algún pub o restaurante a pasar el rato y conocerse mejor.

Para su familia esto fue algo sorprendente ya que era bastante introvertido, la mayoría de sus amigos más cercanos eran del colegio, en la adolescencia había hecho pocos.

Desde un principio su propósito fue concentrarse en las notas para poder sacar una buena beca que lo ayudara en el futuro. Claramente sus notas finales no fueron lo bastante buenas ya que la tan ansiada beca nunca llego y de ahí que se encontrara trabajando ahora de camarero.

Por la cafetería pasaba todo tipo de gente, desde empresarios hasta estudiantes, por lo que no se sorprendía al ver a algún hombre o mujer pasaba a tomarse un café o a desconectar de la jornada laboral.

Uno de los días que estaba en la barra limpiando vasos y cucharillas, se le acercó un hombre a pedir un café, tras servírselo el hombre cogió su café y se marchó a una mesa, él sin darle mayor importancia que a cualquier otro cliente siguió con lo suyo.

Como una hora después el hombre se le acercó para pagar su consumición y en ese momento sin saber porque lo miro detenidamente observando su apariencia. Llevaba un traje claramente hecho a medida en color marrón con la camisa en blanco y la corbata en negro a juego con los zapatos que tenían pintar de ser italianos. Pero eso no es lo que más llamo su atención, si no el reloj que llevaba en su mano izquierda, él nunca había visto uno así pero estaba seguro que costaba una fortuna.

-¿Cómo te llamas muchacho?- su tono de voz era grave, con claras señales de poder y de autoridad.

-Edward señor. ¿Desea algo más?- no sabía porque pero ese hombre le resultaba algo siniestro. Portaba una sonrisa que no le daba mucha confianza.

-Bueno Edward, yo soy dueño de un bar con un tipo de clientes más…-el hombre pareció detenerse a pensar en lo que iba a decir, tras meditar uno segundos continuo hablando-…selectos que los que atiendes aquí, y me gustaría que te pensaras el irte a trabajar conmigo a mi establecimiento. Eres exactamente lo que estaba buscando.

-Muchas gracias por su oferta señor, pero aquí estoy bien- Tras decir eso se dio la vuelta y siguió con lo suyo, sabía que el hombre lo seguía mirando pero no le importaba, él se encontraba bien en la cafetería y no daría de lado a Garret, ya que fue el único que lo ayudo pese a su inexperiencia.

-Bueno muchacho si cambias de opinión aquí te dejo mi tarjeta, piénsatelo y llámame- al volverse vio que el hombre ya emprendía camino hacia la salida. En el mostrador había dejado una tarjeta con un número de teléfono y un nombre: Paul Simmons.

Al sentir que el ruido del despertador lo sacaba de su tan preciado sueño estiro una mano para acallarlo, estaba agotado.

Últimamente a la cafetería acudía mucha gente, tanto en grupos como en solitario, era época de turistas y la ciudad estaba a rebosar, y eso se había convertido en un incremento de sus horas de trabajo.

Hoy tenía el día libre y lo agradecía de verdad ya que tenía varios pendientes que realizar, uno de ellos era hacer los papeles de la matrícula para la universidad.

En la tarde vendrían sus dos hermanos con sus cuñadas y sus sobrinos y no podría hacer nada de lo pendiente. Cuanto antes dejara finalizado todo lo referente a la universidad mejor.

Tras pasar unos pocos minutos más en la cama decidió levantarse y darse una ducha, eran las nueve de la mañana y no quería llegar muy tarde a la secretaría de la universidad, sabía que estaría todo lleno de estudiantes haciendo pendientes como él.

Se encamino hacía el baño y procedió a ducharse con tranquilidad pero sin perder tiempo, la noche anterior se había duchado así que lo hizo meramente por costumbre.

Se vistió con unos jeans rasgados a la altura de las rodillas, una camiseta de manga corta color blanca que se le adhería a su pecho y sus deportivas puma, cogió una sudadera por si refrescaba más tarde, en Windsor al igual que en muchas otras ciudades inglesas podía ponerse nublado y aparecer una llovizna en el momento menos esperado.

Al entrar a la cocina vio que su madre tenía ya preparado su desayuno, seguramente que habría oído la ducha y se anticipó a él para consentirlo un poco; por lo general cuando tenía que trabajar en la cafetería se levanta más temprano que sus padres y su hermana, así que el mismo se hacía el desayuno.

Aprendió a cocinar hace ya cuatro años cuando aún su madre conservaba su trabajo, lo hizo para así ayudarla y quitarla algo de la pesada carga que llevaba en sus hombros. Cuando llegaba del trabajo su madre se encargaba de hacer todas las tareas de la casa, inclusive la comida, por eso, decidió un día mientras veía la tele y la veía agotada, que se tomaría un tiempo para mirar por internet alguna página de cocina y así aprender algo; los vídeos que vio le sirvieron de mucho, al menos para saber lo básico y defenderse.

Su madre al enterarse decidió ayudarlo un poco enseñándole cosas que todavía no había visto, así que los fines de semana se dedicaba a aprender de la mano de su madre, era un tiempo para ellos dos solos donde hablaban de cómo le había ido en el instituto y demás temas.

Mucha gente no entendía que sintiera tanta admiración hacía su madre, pero para él, ella era una heroína en toda regla.

-Buenos días mama-se acercó a saludarla depositando un beso en su mejilla.

-Cariño buenos días, siéntate que te sirvo el desayuno.

-Sabes que no tienes por qué hacerlo mama, yo puedo prepararlo-se sentó en la mesa y delante de él apareció un plato con tortitas de chocolate, fruta, café y una jarra de zumo. Ante el plato lleno de tortitas no pudo menos que chuparse los labios, le encantaban y hacía tiempo que no las comía. Cogiendo el tenedor procedió a cortarlas y a comérselas a grandes bocados- Mama están muy buenas, muchas gracias- sonrió hacía su madre con la boca manchada de chocolate.

-Se nota que están ricas, tienes toda la cara manchada, ande límpiate- le tiro una servilleta que aterrizó justo en su cara mientras reía entre dientes.

Esme veía como su hijo devoraba su desayuno, estaba tremendamente orgullosa de él. Ella amaba a todos sus hijos por igual pero con Edward, con Edward la cosa era diferente, era su ojito derecho, nunca se podía enfadar con él.

Cuando se enteró que quería buscarse un trabajo para pagar sus estudios se negó, no quería que su hijo tuviera que matarse para poder estudiar. Si bien el dinero no sobraba sí que podían pagarle la universidad; sus otros hijos no quisieron asistir así que el dinero que tenían destinado para sus estudios lo guardaron para Edward y para Bree.

Pero si algo había heredado Edward de ella era la terquedad, se podía decir que era el más terco de todos sus hijos, así que haciendo alarde de ese rasgo tan suyo consiguió un empleo pese a sus protestas y a las de su marido Carlisle.

-¿Vendrás a comer cariño?.

Esperaba que no tuviera muchos inconvenientes en la universidad y pudiese llegar pronto a casa, a su niño le hacía falta descansar un poco.

-Espero que sí, si veo que tardo, te llamo para que no me esperéis.

-Está bien, ten cuidado y si necesitas que vaya a recogerte me llamas y voy en seguida- No la gustaba para nada que andase cogiendo taxis o autobuses, nunca sabia uno con lo que se podía encontrar.

-Mama no tengo cinco años, no me pasara nada, no te preocupes, te quiero- tras despedirse vio como cogía su chaqueta y se iba hacia la parada más cercana que tenían de autobús.

Muchas veces sus hijos la habían recriminado que quisiese más a Edward que ha ellos pero no era así, solo que con Edward la unía un lazo mucho más fuerte.

Tras despedirse de su madre fue hacia la parada del autobús, en diez minutos pasaría uno y si todo iba como él quería sobre las once estaría en la universidad.

De su chaqueta saco el reproductor de música que había pertenecido a sus hermanos (era un antiguo mp3) y se colocó los cascos. Escucharía algo de música en lo que llegaba el bus. Sus gustos musicales variaban mucho, podía escuchar desde clásicos, como Beethoven, hasta Bon Jovi, no tenía una preferencia, todo dependía de su estado de ánimo.

Al bajarse del autobús cerca de la universidad comprobó que había mucha menos gente de la que imagino en un principio. Eso era algo bueno para él, ya que cuando saliera tenía que ir al hospital para hacerse una revisión médica. Garret, su jefe, se lo había pedido hace unos días, era algo que hacían todos los empleados una vez al año y él al ser nuevo tenía que hacérsela ahora.

Con paso lento pero seguro se encaminó hacia la secretaría de la universidad para hacer todo el papeleo.

Al llegar, vio que el lugar era bastante amplio y decorado en tonos cálidos, con unas filas de sillas donde había varios estudiantes, al menos eso suponía él que serían, rellenando papeles, otros observaban folletos y hablaban entre sí; delante de él había unas ocho personas, así que con calma se sentó en las sillas para esperar su turno.

No creía que tardara mucho en tocarle el turno ya que había tres mujeres atendiendo. Una de ellas era algo más mayor, tendría sobre unos cincuenta años, su aspecto parecía el de una mujer amable; tenía algunas arrugas en su cara pero no la hacían parecer mayor, daban a su aspecto un toque de amabilidad y dulzura. Las otras dos chicas eran más jóvenes, tal vez unos nueve años mayor que él, no parecían muy interesadas en lo que los jóvenes las preguntaban, parece ser que sus uñas y su maquillaje eran más interesante.

Delante de las sillas donde estaba esperando su turno, había una mesa con bastantes folletos de las asignaturas que había que cursar para realizar la carrera de magisterio, no pudo por menos que cogerlo para echarle un vistazo.

Según iba leyendo, más le atraía la profesión, nunca lo dudo, ni si quería cuando su padre le dijo que era mejor que estudiara medicina, ya sea por las salidas laborales o por tradición familiar. Pero para él siempre había sido magisterio lo que había querido estudiar.

Al llegar su turno se encamino hacía la señora mayor, gracias a todos los cielos que no le tocaron las otras dos, si no llegaría la hora de dormir y todavía estaría allí.

No supo en que momento, ni cómo, ni porque, pero tras saludar a la mujer y pedir la documentación necesaria para la matricula, termino inscribiéndose en magisterio y no en medicina como tenía planeado. Solo esperaba que su padre no se sintiera decepcionado de él, eso lo mataría.

Carlisle Cullen era su referente en todo, en educación, modales y en profesionalidad. Tenía unos modales inigualables y todos en el hospital le adoraban.

Desde muy joven comenzó con diversos cursos sobre medicina. Había tenido claro que quería ser médico y ayudar a los demás en los problemas que tuvieran. El padre de Carlisle también era médico; el gran Aro Cullen, al igual que Carlisle, se licencio también en medicina traumatológica, solo que su abuelo no paro hay, siguió estudiando hasta conseguir su segunda carrera, pediatría. Claramente parecía que el estudiar medicina era algo de la familia, pero él había roto ese molde.

Estaba muy orgulloso de su abuelo y su padre pero ese no era el futuro que él quería tener.

No quería pasarse horas y horas en un hospital haciendo guardias, lo entendía y admiraba a la gente que lo hacía, pero no quería tener que llegar a casa en un futuro y encontrarse con sus hijos ya dormidos sin saber que habían hecho durante el día.

Buenas tardes :)

siento mucho teneros tan olvidad s, pero a nivel personal esta siendo una etapa difícil, espero poder ir actualizando con mas regularidad.

Muchos besos y abrazos :)