Capítulo 46

Loveday's Pov

—Deberíamos despertar a Maria, ya va siendo hora de que baje a desayunar —murmuró Benjamin mirando su reloj de bolsillo.

—Déjala dormir un poco más. La pobre no pega ojo desde que volvimos del castillo —Tom rió cuando le di la papilla simulando ser un pájaro volando hacia él.

—Sí… Lo que sucedió con Robin la dejó bastante tocada, al parecer —miró su té humeante en la taza, hipnotizado mientras pensaba para sí mismo. Esbocé una sonrisa de lado.

—Si a mí me hubiesen dicho que un lobo gigantesco te atacó en el bosque y casi mueres por ello, seguramente el miedo me habría perseguido hasta mucho después —me miró después de dar un largo trago—. Venga, Benjamin. Acepta que esos dos no pueden vivir el uno sin el otro. No repitas la misma historia que me hizo vivir mi padre hasta el punto de alejarme de su lado. Todo porque me enamoré. ¿Es ese un pecado tan grande? ¿Estás dispuesto a que el orgullo te siga arruinando lo poco que te queda de buena relación con Maria? Has tenido un hijo, pero no te das cuenta de que casi pierdes a la hija que llegó a ti hace unos años, sola y desamparada —agachó la cabeza avergonzado, porque sabía que tenía razón. El arrepentimiento no lo había dejado jamás desde su primera discusión con ella—. Me parece que tienes una larga conversación pendiente.

—Y con tu hermano también —me sorprendió que lo dijera con tanta convicción. Entrelazó las manos frente a él, apoyando los codos en la mesa a los lados de su plato—. No me he portado como debía con él y… me ha demostrado que es una persona noble y buena después de todo. Tal vez hice mal al juzgarlo tan duramente —sabía mejor que nadie que todo eso le estaba costando inmensamente admitirlo en voz alta. Agradecí internamente que su orgullo se lo estuviese permitiendo. Sonreí emocionada. Alcancé su mano y la estreché con cariño, sabiendo que eso significaba mucho para mí. No podía esperar a ver la cara de Maria cuando se enterara del cambio de parecer de su tío. Seguro que le subía el ánimo.

—¡Buenos días! —saludó la señorita Heliotrope al entrar al comedor. Miró alrededor y no pareció muy sorprendida cuando vio el asiento de Maria vacío—. ¿Aún no se ha levantado? —negué con la cabeza—. Esta jovencita se está aprovechando de que ya no asiste a la escuela para holgazanear como a ella le gusta —suspiró antes de sentarse y analizar toda la comida que había en la mesa.

—Bueno, es bueno que aproveche mientras pueda. Más adelante no podrá dormir hasta tan tarde —ambos me miraron con el ceño fruncido, sin entender de lo que hablaba—. Maria me comentó que quería ser maestra, enseñar a los niños del valle, además de encargarse de la eduación de Tom —señalé al pequeño que dormía después de haberle dado el desayuno un poco antes.

—¡Oh, eso es fantástico!

—Sí, lo es —sonrió de lado Benjamin—. Va a seguir sus pasos, señorita Heliotrope —rió junto a la institutriz, quien se veía realmente contenta y orgullosa por la buena noticia.

—¿Dónde está Digweed? —busqué al mayordomo que usualmente siempre andaba con ella.

—Ha ido un momento fuera, me parece que ha venido el correo —asentí, prosiguiendo felizmente con mi desayuno. Momentos después, el hombre con su típico sombrero entró en la sala con un sobre en la mano y con paso ligero.

—Es para usted, mi señora —arrugué la frente en confusión cuando se dirigió a mí para entregármelo. Me detuve para analizar su expresión, denotaba urgencia y eso no me gustaba ni un pelo.

Al mirar el sobre, efectivamente, en él estaba escrito mi nombre con una letra un tanto irregular. Lo abrí para leer cuidadosamente el misterioso contenido, sintiendo mi corazón estremecerse al leer las primeras líneas.

—¿Qué pasa, querida? —Benjamin se levantó muy apurado cuando me vio hacerlo a mí también, colocó su mano sobre la mía para evitar que temblara más de lo que ya lo estaba haciendo.

—Robin ha recaído, se ha puesto muy mal —logré articular.

—Pero, ¿cómo? Hace una semana estaba mejorando —la señorita Heliotrope ajustó sus anteojos, nerviosa por la situación.

—No lo sé, mi padre no ha concretado más —cogí el batín de la silla y me lo puse, saqué de la silla a Tom, cargándolo medio dormido en mis brazos—. Necesito ir a ver qué está pasando.

—Te acompaño —Benjamin se apresuró y se movió deprisa, dando órdenes con urgencia—. Digweed, trae los caballos. Señorita Heliotrope, ¿puede quedarse con Tom mientras no estamos? —la anciana asintió, titubeando un poco antes de coger al pequeño cuando se lo entregué. La confusión y la intriga eran palpables en el ambiente de la sala.

En cuanto subimos a nuestras monturas, emprendimos el camino hacia la casa de mi padre lo más rápido que podían llevarnos los corceles. En cuanto llegamos, desmontamos y nos dirigimos a las puertas del castillo. Los guardias me saludaron al verme, así como lo hicieron con mi marido. Parece que la rivalidad entre De Noir y Merryweather estaba limando asperezas.

—¿Dónde está mi padre?

—Aún no ha llegado de la cacería, mi señora.

Aquello me descolocó bastante. ¿Había tenido el valor de irse a trabajar tras comunicarme que mi hermano, su hijo, estaba de nuevo al borde de la muerte? Pensaba que había madurado en ese aspecto después de lo ocurrido.

Benjamin me miró con la misma expresión de incredulidad, lo cual era raro, ya que hace unos días estaría juzgando sin piedad el comportamiento del hombre.

Sin mediar más palabras, entré al patio del castillo y me encaminé directamente a la habitación de Robin. Al menos esperaba que hubiese tenido la decencia de dejarlo atendido hasta entonces.

Cuando ya íbamos por el salón principal del castillo, vi caminar hacia nosotros a los tres amigos de Robin; Henry, Richard y David. Al verme se giraron para mirarse entre ellos mientras disminuían el paso. No me gustó para nada esa reacción.

—¿Cómo está Robin? —me detuve delante de ellos, sintiendo como un cansado y jadeante Benjamin hacía lo mismo a mi lado.

—Pues…

—¡¿Qué le ha ocurrido a mi hijo?! —una voz familiarmente atronadora inundó la sala, creando un eco repetitivo en ella.

Mi padre entró en la sala de un portazo, con paso firme pero con la mirada llena de terror. Sus hombres de confianza lo acompañaban tras él, mirando expectantes la escena. Nunca lo había visto tan asustado por algo, más que cuando murió mamá.

—Henry —se dirigió al mejor amigo de mi hermano, con paso firme aún así su estado de ánimo delataba su flaqueza—. Dime, ¿qué le ha pasado a mi muchacho?

—Señor —hizo una tensa pausa, buscando las palabras exactas, lo cual nos hizo ponernos aún más nerviosos.

Pero nunca terminó de hablar dado que alguien más entró en la sala, esta vez el ruido del chirrido de la puerta de madera vino de arriba.

Me quedé sin habla al ver a Maria emerger entre la oscuridad acompañada de Robin, quien, aparentemente, estaba de una pieza y no mostraba signos de ningún malestar.

—¿Robin?

—¿Maria?

Si no hubiese sido por la desconcertante situación, me habría reído de la forma en la que mi padre y mi marido hablaron a la misma vez con el tono más incrédulo que les había escuchado pronunciar jamás.

Los dos jóvenes bajaron las escaleras sin dejar de mirar a todos los presentes. No escapó a mi afilada vista de halcón que ambos estaban tomados de la mano. Sonreí tenuemente cuando Robin ayudó a Maria a bajar el último escalón.

—Padre. Ser Benjamin —saludó el chico de cabellos rizados cuando se colocó frente a nosotros. Fruncí el ceño cuando hizo una mueca de disculpa en mi dirección. Algo raro estaba pasando.

—Hijo, ¿estás bien? —dio varios pasos hacia delante, examinando el rostro de mi hermano con cuidado.

—Sí, estoy mejor que nunca, no debes preocuparte por eso —sonrió.

—Pero, estoy desconcertado. Me informaron de que empeoraste de repente.

—Los que no estamos entendiendo nada somos nosotros —Benjamin habló, dirigiéndose a mi padre, el cual se giró para enfrentarlo con inconfundible duda en su rostro—. A Loveday le llegó una carta tuya diciendo que Robin estaba muy mal.

—¿Mía? Yo no hice tal cosa. Henry me escribió una nota diciendo lo mismo —la enseñó en alto.

—Pero, padre, lo que dice Benjamin es cierto —busqué en los bolsillos de mi abrigo. Saqué el sobre y se lo di, leyó la breve carta con visible desconcierto.

— No, yo no escribí esto —sacudí la cabeza, agitando el papel—. Esta no es mi letra, deberías saberlo, hija.

—¿Cómo? —le arrebaté el papel y lo estudié con detenimiento. Para mí, era idéntica a la de mi padre.

—Entonces, si no es tu letra —las cejas de Benjamin se crisparon—. ¿Quién la ha escrito y nos ha mandado una exactamente igual a ambos?

Al unísono, los tres nos giramos para observar a los cinco jóvenes que estaban sospechosamente quietos y callados. Antes de que pudiese decir nada, Maria se adelantó.

—Creo que os debemos una explicación.

—Sería todo un detalle, sobrina —mi marido se cruzó de brazos, la vena de su frente se iba ensanchando por momentos.

—Nosotros escribimos esas cartas.

—Bueno, más bien fuimos Henry y yo —intervino Richard, agachando un poco la cabeza ante la mirada de fuego que desprendía mi padre.

—¿Por qué habéis hecho algo así? —no entendía nada. Preocuparnos de esa manera no era algo que tuviese sentido. ¿Con qué fin harían algo así?—. Si ha sido una de vuestras bromas, no tiene gracia.

—Se lo pedí yo.

Todos desviamos nuestra atención hacia Robin. Reprimí un suspiro de cansancio. Mi hermano y sus ideas alocadas a veces me sacaban de quicio.

—Hijo —mi padre se acercó a él, por un momento tuve miedo de lo que fuese a suceder—. ¡¿Acaso quieres matarme de un infarto?! —el estruendo seguramente sonó por todo el valle.

—Padre —levantó la mano en son de paz—. Sé que estás enfadado y tienes todo el derecho a estarlo.

—Y tanto que lo tengo. Pensaba que habrías escarmentado después de lo ocurrido, pero veo que sigues igual de inconsciente que siempre —su ira iba creciendo por momentos. En algún momento iba a explotar.

—Señor, por favor —Maria se interpuso entre ellos y la conversación. Le hizo frente a mi padre con fuerza y valor, sin temer a la mirada enojada que le dirigió—. Escúchelo, escúchenos. Por favor —fue un ruego sincero. Tal vez sus razones no fueran tan malas después de todo. Algo se estaba cociendo ahí.

A regañadientes, se mordió la lengua y esperó a que los chicos reunieran de nuevo el valor para enfrentarlo.

—Primero que todo, sentimos mucho haberos preocupado en vano. Pero, si no lo hacíamos, probablemente ninguno hubiese venido a reunirse aquí por voluntad propia.

La actitud altiva y desafiante de mi padre y mi marido flaqueó por un momento, seguramente por la vergüenza, aunque ellos nunca lo admitirían en voz alta.

—Tras estas semanas tan tensas y complicadas, siento que debía suceder esta reunión con el fin de poder hablar y entendernos entre nosotros. Ya han sido muchos años de rencores, silencios cargados de amargura y culpabilidad —las palabras de Robin se sintieron sabias y reflejaban una seguridad en sí mismo que hacía años que no veía. La misma valentía con la que jugaba por el bosque cuando tan solo era un niño, sin miedo a nada y tampoco a las represalias del castigo tardío—. Creo que ya es tiempo de que cese tanta hostilidad, perdonar los errores del pasado y poder convivir en paz y armonía como debimos hacerlo desde que las perlas fueron devueltas al mar.

Pude escuchar en su voz una sabiduría que me recordaba mucho a la de nuestra madre, siempre segura y certera en sus palabras.

Sin duda, un gran cambio estaba ocurriendo y se cernía sobre todos y cada uno de los que estábamos presentes en aquella sala. Un cambio necesario para ambas familias y, sobre todo, para Moonacre.

Maria's Pov

Admiré cada palabra que dijo Robin en su discurso, orgullosa del hombre que era y la persona libre con confianza que estaba aprendiendo a ser. En su mirada no vi temor o dudas, sabía perfectamente que no había marcha atrás y que aquella situación debía ser resuelta costara lo que costase.

—¿No creéis que ya es tiempo de ondear la bandera blanca y quitarse los cascos de batalla? —aproveché ese momento de silencio que ocasionaron las palabras del chico para poder pararme junto a él y dirigirme a todos los que estaban en el salón—. La magia de Moonacre se ha resentido desde que volvieron a surgir este tipo de discordias. ¿No lo habéis sentido? ¿No habéis notado nada raro en vuestros hogares, en vuestras tareas cotidianas, en el valle en general? Mi habitación ha perdido el brillo mágico del techo, la Luna ha desaparecido y ya ni siquiera se puede percibir ni una sola estrella.

—Ahora que lo dices… En casa están pasando cosas muy raras. Con el paso del tiempo, han aparecido grietas extrañas en las paredes —indagó Loveday, pensativa mientras miraba a mi tío.

—Marmaduke está muy raro últimamente, va demasiado despacio en todo lo que hace.

—Lo cual no es normal en él —terminé por mi tío, quien también se había fijado en ese detalle—. Hace meses que dejó de poder usar su teletransportación.

—Eso no es posible, la magia del valle sigue estando presente y no debería ocurrir algo semejante.

—¿Usted cree? —el padre de Robin torció el gesto—. Esa misma magia está reescribiendo la historia de este valle y no augura un final feliz.

—Maria y yo encontramos un libro antiguo en tu biblioteca. No preguntes —lo paró en seco antes de que pudiese empezar a cuestionar—. En él se narraba una profecía muy rara.

—"La verdadera maldición de este valle es la soberbia. Ella os despojará de aquello que más queréis, tarde o temprano, si no estáis dispuestos a remediarlo y no sucumbir a su tentación" —narré de memoria lo escrito en aquellas páginas. Todos escucharon con intriga y asombro—. Un poco antes de eso, vi al caballo blanco pasear por el bosque —solo Loveday advirtió de verdad lo que aquello significaba, como antigua Princesa de la Luna, sabía mejor que nadie sobre la leyenda—. Hace apenas unos días, Robin estaba postrado en una cama devatiéndose entre la vida y la muerte —todos miraron afligidos al muchacho, dándose cuenta de la gravedad del asunto poco a poco—. ¿No creéis que ya son muchas señales?

—A decir verdad, nada es igual desde hace años. El ambiente está viciado —murmuró Richard, Henry y David dándole la razón en silencio con unos meros asentimientos.

—Si el caballo blanco se te apareció, eso quiere decir que necesitábamos un toque de atención —pensó en voz alta la rubia.

—Que hemos recibido alto y claro, sin duda —estuvo de acuerdo Coeur De Noir, mirando a su hijo con culpabilidad. Se giró a enfrentar a mi tío, este le sostuvo la mirada sin pestañear pero no como solía hacerlo. Había tensión pero también respeto en él, un cambio significativo desde el incidente del bosque—. Creo que ya es hora de limar asperezas y dejar el orgullo a un lado, por el bien de todos —echó un ligero vistazo hacia atrás para observar a Robin—. Por el bien de mi hijo.

El chico del bombín sonrió, conmovido por el gesto de cariño tan poco común en los últimos años.

—Por una vez, Coeur, estoy de acuerdo contigo —mi tío sonrió de lado, con esa sonrisa que hacía bastante que no se le veía, liviana y casual—. Aunque no te acostumbres mucho a eso —bromeó. El hombre le siguió el gesto y ambos rieron por un momento. Un sonido extraño pero al que podría llegar a acostumbrarme.

Loveday se acercó para darle un abrazo a su hermano, me agarró el hombro y me dirigió una mirada cálida, una mirada que mostraba lo orgullosa que se sintió de mí.

—Lo has logrado. Una vez más.

—No lo podría haber hecho sin Robin —sonreí, agarrándole de la mano, tomándolo por sorpresa. El chico se tocó la nuca con algo de timidez. Aún no estábamos acostumbrados a mostrar ese tipo de afecto y menos delante de los demás.

—Cualquiera lo habría hecho.

—No, no lo creo —negué con la cabeza. Nunca, nadie, me habría apoyado tanto durante toda aquella travesía como lo hizo él. Sin duda, era una chica con suerte.

—Maria —la voz de mi tío me sacó de mis pensamientos.

Lo vi acercarse a nosotros. Noté que Robin se tensaba un poco, pero se relajó cuando le apreté la mano con decisión. Estaba preparada para lo que venía y él también.

Ser Benjamin Merryweather, el hombre más serio que conocía, se plantó frente a nosotros y, tras una larga mirada a ambos acortó la distancia para darme un abrazo. La cantidad de emociones encontradas que sentí me abrumaron tanto que le devolví el gesto sollozando. Llorando de felicidad por volver a sentir el afecto de mi tío plenamente, sin rencores ni desconfianza, por volver a sentir que tenía un padre después de todo.

—Lo siento mucho, mi niña. Por todo —su voz escondía las lágrimas que no pude ver en ese momento, pero sabía que su rostro estaba plagado de pequeñas gotas saladas con esencia de culpabilidad y alivio—. Llevo años equivocándome una y otra vez. Echando a perder nuestra relación, intentando que hicieras lo que yo creí que era lo mejor para ti. Siento que mi egoísmo te separara de la gente a la que querías. No fue justo para ti —se echó hacia atrás para mirarme directamente. Efectivamente el hombre era un mar de lágrimas a esas alturas—. Últimamente no me he parado a escuchar tu voz o verte siquiera. Y, si tras lo sucedido, decides no perdonarme, puedo entenderlo y, con todo el dolor de mi corazón, lo asumiría sin rechistar. Después de todo, he fracasado en mi papel de protector después de que muriera tu padre. No he hecho más que hacerte la vida más difícil —agachó la cabeza, avergonzado. Hice que volviera su atención a mí, agarrando de nuevo sus manos. Sonreí entre lágrimas, sintiéndome más ligera que nunca.

—Desde el primer día que llegué, siempre pensé que tenías un carácter difícil de llevar. Que eras muy serio y obstinado. Y no me equivoqué. Pero —continué al ver que se desanimó por momentos, apagando las esperanzas que aún albergaba por dentro—, todos los Merryweather lo somos, ¿no? —esbocé una media sonrisa—. Sé que eres un buen hombre que hace las cosas por el bien de los demás, aunque las formas a veces no sean las más adecuadas. Todos nos equivocamos. Yo también he estado un poco irascible estos años, resentida por lo que pasó. Pero eso no cambia el hecho de que aún confío en ti, en que me has criado lo mejor que has podido y has sabido hacerlo después de que tu hermano falleció. Te hiciste cargo de mí sin que tuvieses que hacerlo por obligación. Me diste un hogar hermoso que significa todo para mí —miré a las personas que teníamos alrededor, algunos visiblemente conmovidos por la escena. Loveday se sonaba la nariz con el pañuelo que le dio su padre, los chicos intentaban hacer ver que la humedad de sus rostros no era más que el calor que pudiesen estar experimentando, el señor De Noir mostró un parecer enternecido que casi nunca le había visto y Robin, quien estaba junto a nosotros, nos miraba con un brillo de alivio y orgullo en sus ojos marrones—. Me diste a mi familia. Y tú has sido el mejor padre que pudiese haber pedido en la vida. Muchas gracias por todo, tío. No podría estar más agradecida de haberte conocido —se me quebró un poco la voz, pero terminé con una sonrisa, la más sincera que tenía guardada dentro de mí—. Y te perdono. Las veces que haga falta.

—Oh, Maria. Eres un verdadero tesoro —me alborotó el cabello, incapaz de hacer mucho más por lo conmovido que se encontraba—. ¡Diantre, niña! Harás que me deshidrate al final.

Todos en la sala compartimos un momento de risas. La armonía impregnaba el aire, como siempre debió ser. Pero nunca es tarde para hacer las cosas bien.

Mi mirada hacia el chico del bombín no pasó desapercibida para mi tío. Robin no se apartó cuando el hombre dio un paso hacia él y le tendió la mano. Pude ver en su rostro lo que aquello significaba para él, y para mí. Después de tantos años de desprecios y malos gestos hacia su persona, hoy lo consideraba su igual al tenderle la mano y apretarla con confianza.

—Espero que cuides bien de mi hija —las palabras de mi tío fueron claras, más no sonaron a advertencia, sino una reafirmación de la promesa que esperaba del muchacho que, muy bien sabía, significaba la vida para mí.

—Puede contar con ello, señor —estrecharon la mano, le dio un abrazo corto y simple, junto a una palmada en el hombro antes de alejarse y reunirse con la mujer y madre de su hijo, quien lo esperaba rebosante de orgullo y amor. Le besó la mano, devoto por ella ahora y siempre—. Oye, Coeur. ¿No crees que esto merece una celebración?

—¡Por supuesto! Nunca he estado más de acuerdo con un Merryweather —inclinó la cabeza con gesto de burla —. Pero no te acostumbres, Benjamin.

—Ni soñarlo —imitó la mueca, destilando diversión. ¿Quién sabe? Tal vez en algún momento pudieran llegar a ser buenos amigos.

—¡Bob, saca el mejor vino que tengamos! Hoy es un día para recordar —le ordenó a uno de sus sirvientes.

En medio de todo aquel jaleo, Robin y yo nos encontrábamos en nuestra burbuja particular. Sin necesidad de reprimirnos por primera vez, sin miedo a lo que pudiesen decir nuestras familias. Tan solo importábamos nosotros, no había nadie más.

—Bien hecho, princesa —pasé mis brazos alrededor de su cuello, él posó sus manos en mi cintura, acercándome más en su abrazo.

—Bien hecho, pajarito —su sonrisa me hizo temblar inconscientemente, así como lo hizo el beso que me dio inesperadamente, el cual compartí con ansia y dicha.

Escuché unos vítores no muy lejos, los tres bandidos se lo estaban pasando en grande burlándose y celebrando la escena, tras años anticipando lo sucedido. Sin duda, iban a estar insufribles durante todo el día y los que estuvieran por venir. Al igual que Evangeline y George cuando les contara todo. La señorita Heliotrope tendría algunas palabras de reproche antes de que fuera la primera en alegrarse de mi recién estrenado y muy anhelado noviazgo.

3rd Pov

Tras esos días, la magia de Moonacre se regeneró poco a poco, volviendo todo a la normalidad. Mientras nos mantuviéramos en paz, no había necesidad de preocuparse por el valle, como su Princesa de la Luna, puedo decir que se mantendrá así durante muchísimos siglos.

Después de todo, nada bueno nace del odio y la soberbia. Y eso los Merryweather y los De Noir hacen muy bien en saberlo.

Sin que nadie pudiera percibirlo, a lo lejos, un caballo blanco se desvanecía poco a poco mientras trotaba por el bosque, dejando tan solo las huellas como prueba de que alguna vez estuvo allí. Al otro lado, desde el torreón de una gran mansión, un majestuoso león negro lo despidió con un rugido que sacudió el valle entero, dejando silencio y tranquilidad en él.

𝓕𝓲𝓷

Nota de la autora:

Después de tanto tiempo, esta historia ha llegado a su fin y me gustaría agradecer a todos los que han llegado hasta aquí. Muchas gracias por el apoyo que ha recibido esta historia que tanta ilusión me ha hecho escribir. Espero que la hayáis disfrutado tanto o más que yo hacerla.

Mil gracias por todo .