La habitación se queda en silencio, con todos los ojos fijos en Tatsumi. Trunks se siente un escalofrío recorrer su espalda al escuchar la noticia. La antimateria es un componente crucial para la máquina del tiempo, y sin ella, no podrá regresar a su universo

Saori se levanta de su silla, con una mirada determinada en su rostro. -Necesitamos encontrar ese camión y recuperar la antimateria -dice-. No podemos permitir que caiga en las manos equivocadas.

Antes de irse, la reencarnación de la diosa voltea a ver a sus caballeros. - Continúen sin mi. En cuanto sepa algo más solicitaré su apoyo.

Mientras la diosa camina hacia su despacho, Tatsumi le explica los pormenores

-Me he puesto en contacto con él comandante de la policía. En estos momentos están interrogando al personal de carga...

Los demás se quedan en la mesa, pero, aunque la conversación sigue, el ambiente se torna intranquilo.

El tiempo parece volar mientras disfrutan del desayuno, y justo cuando están a punto de levantarse de la mesa, la puerta se abre y Tatsumi aparece con una expresión neutral.

-La señorita Saori los espera en la sala de conferencias de la planta baja-, dice con un tono seco y sin rodeos. -Será mejor que se den prisa, no tiene todo el día para esperarlos.

Los guerreros intercambian miradas, pero no se molestan en responder a Tatsumi. Se levantan de la mesa y comienzan a salir de la habitación, seguidos por el mayordomo, quien los guía hacia la sala de conferencias.

Mientras camina Trunks y los caballeros pueden sentir la tensión en el aire. Saben que la reunión con Saori no será agradable, y que probablemente les espera una nueva misión.

Al llegar a la sala de conferencias, Tatsumi se detiene y les hace una seña para que entren. Trunks suelta un pequeño suspiro y entran en la habitación, listo para enfrentar lo que sea que le depare el destino. Los demás caballeros lo siguen, con sus rostros igualmente serios y decididos.

La habitación es amplia y elegante, con un pavimento cubierto por un tapiz verde oscuro que parece absorber la luz, creando un ambiente serio y formal. La única decoración visible es un cuadro panorámico de una casa que cuelga en la pared, su presencia casi imperceptible en comparación con la solemnidad del momento.

En el extremo de la mesa, Saori se sienta con una expresión seria y preocupada, su rostro pálido y tenso. Sus ojos parecen pesar con la gravedad de la situación, y su presencia parece llenar la habitación de una sensación de urgencia y determinación.

Al fondo de la habitación, un proyector permanece en silencio, esperando a ser activado. Tatsumi se acerca a él y lo prende, y la habitación se llena con un resplandor suave y blanco. La pantalla que se encuentra detrás de Saori comienza a mostrar una imagen, y todos los presentes se inclinan hacia adelante, ansiosos por saber qué información se revelará.

Tatsumi se aclara la garganta antes de comenzar su explicación. - La fundación ha tenido acceso a las grabaciones de las cámaras de la zona, cortesía de la policía-, comienza. -El camión que transportaba la antimateria fue visto por última vez en la carretera principal que conduce a la ciudad.

Con un gesto, Tatsumi activa el proyector y la pantalla detrás de Saori cobra vida. La imagen muestra un camión que circula por una carretera flanqueada por un paisaje desolado y boscoso, con árboles altos y sombríos que se alzan a ambos lados de la ruta. De repente, cuatro sombras emergen de la oscuridad y rodean el camión. Una de ellas embiste el convoy, haciendo que el camión se salga de la carretera.

La cámara capta con claridad la escena que sigue. Los guardias que custodian la carga salen del camión y comienzan a disparar contra el grupo, pero las balas parecen no hacerles daño. Uno de los criminales, utilizando solo su fuerza, desprenden las puertas del camión y entra a la caja. Mientras tanto, los demás se encargan de los guardias, neutralizándolos con facilidad.

La cámara muestra cómo los criminales extraen la enorme caja que contiene la antimateria. Todo el proceso dura apenas unos minutos, y la eficiencia y precisión de los criminales es inquietante.

La imagen se detiene, y la habitación queda en silencio. Los presentes se miran entre sí, conscientes de la gravedad de la situación. La pregunta en el aire es: ¿quiénes son estos criminales, y qué planes tienen para la antimateria?

-Esos sujetos no parecen ser personas normales -señala Geki, el caballero de Oso, desde el fondo de la habitación, con un tono que refleja su perplejidad.

-Es verdad, sus movimientos y su velocidad son más propias de un caballero -dice Jabu, quien está sentado al frente izquierdo de la mesa, estudiando la última escena de la grabación con una mirada intensa.

-Eso es imposible -argumenta Nachi de Lobo, con una nota de incredulidad en su voz-. Todos los caballeros están en el recinto y le han jurado lealtad a Athena. No hay manera de que alguno de ellos esté involucrado en esto. -Su mirada se dirige a Saori, buscando su confirmación.

-No todos -interrumpe Saori. Su voz resuena en la sala con una autoridad que llama la atención de los presentes.

Todos se vuelven hacia ella, expectantes, mientras continúa. -Esta tarde, el comandante de la policía me informó que encontraron una nota dentro del camión. Estaba firmada por un grupo llamado Nero.

Ban se encoge de hombros. -Esta claro que quieren que sepamos de ellos. Dejaron una nota, después de todo

Ichi de Hydra se inclina hacia adelante, con él ceño fruncido en confusión. -¿Nero? ¿Quiénes son ellos?

Saori hace una pausa, como si buscara las palabras adecuadas. La sala permanece en silencio, esperando su próxima frase.

-Nero es un grupo de criminales fundado en Venecia en el siglo XVIII -explica Saori-. Fue formado por antiguos caballeros que renunciaron a su cargo y decidieron usar sus habilidades para causas personales

La sala se sume en un silencio tenso mientras los presentes procesan la información. Todos los ojos están fijos en Saori, esperando más detalles.

-En el pasado, la organización fue destruida por dos caballeros dorados, pero parece que ha resurgido -continúa Saori-. Es de vital importancia encontrarlos y asegurarnos de que la antimateria no sea usada con fines malevolos.

Jabu se inclina hacia adelante, en su rostro se ve reflejado el interés que siente por este caso -¿Tienen alguna pista de dónde podrían estar? -pregunta con urgencia.

Saori niega con la cabeza, manteniendo la calma. Sin embargo, una sombra de preocupación se cuela en su mirada. -Lo último que sabemos es que se tomaron distintas rutas. Tres de ellos se fueron con dirección al monte Fuji y los otros dos se dirigieron a Tokio.

Justo cuando Saori termina de hablar, la puerta se abre de golpe y Kiki irrumpe en la sala con su rostro infantil pálido y tenso. Hay rasguños y moretones que cubren su piel, y su ropa está desgarrada y sucia. -señorita Saori... -dice con voz firme, pero llena de preocupación.

La joven se vuelve hacia él, su expresión se llena de preocupación y se levanta rápidamente al notar su estado. -Kiki, ¿qué pasa? ¿Dónde está Seika? -pregunta, acercándose.

Kiki traga saliva, sintiendo su garganta seca y ardiente.-La... la secuestraron -contesta. El niño baja la mirada, incapaz de mirar a Saori. -Estábamos en el orfanato... y de repente aparecieron dos hombres con armaduras negras... y yo... no pude protegerla -susurra.

-¿Cómo eran esos sujetos? - pregunta Jabu, acercándose a él

- los dos eran altos, portaban las armaduras de Sagita y Orión. El primero era de tez morena y de una espesa cabellera negra, el otro era todo lo contrario, de piel clara y cabello plateado, se hacía llamar Toki y dijo que conocía a la señorita Saori -agrega Kiki, y su voz se vuelve más seria y preocupada. Su mirada, llena de impotencia, se vuelve hacia la diosa, -Lo siento, señorita Saori. Debería haber podido protegerla.

El corazón de la diosa da un vuelco de preocupación ¿Cómo ha podido permitir que esto ocurra? ¿Quién era Toki? A pesar de lo angustiada que está, Saori se acerca a Kiki y lo abraza con fuerza, tratando de consolarlo. -No te culpes, Kiki. No es tu culpa -dice, su voz es suave y tranquilizadora, pero a pesar de ello Kiki se siente abrumado por la culpa y la responsabilidad.

-Señorita Saori, permítanos ir a buscarla -dice Jabu rápidamente, mirando de soslayo a los demás caballeros, quienes asienten listos para partir.

Saori no responde de inmediato, sumida en sus pensamientos. En su mente, se plantea la posibilidad de que ambos ataques hayan sido orquestados por el mismo grupo... -¿Por qué se llevarían a Seika? -se pregunta, sin encontrar respuesta.

- Debemos encontrarla, podrían estarle haciendo algo malo - La voz de Kiki la trae de nuevo a la realidad y un escalofrío recorre su espalda ante la idea de que lastimen a Seika

-No te preocupes, Kiki. Encontraremos a Seika. Haré todo lo posible para asegurarme de que esté a salvo

Trunks se adelanta con paso decidido. -Señorita Saori, yo puedo ir a buscar a Seika -dice con una voz que no admite dudas-. Mi capacidad para volar me permitirá cubrir más terreno en menos tiempo.

-Trunks... -murmura Saori, pero su expresión se suaviza y asiente con un gesto-. Muy bien.

Antes de que Trunks se marche, la voz de Nachi lo detiene. -Aguarda, Trunks. ¿No crees que es mejor que busquemos entre todos?

-Si vamos todos juntos, podemos cubrir más terreno y protegernos mutuamente -apoya Ban, asintiendo en acuerdo con Nachi.

Trunks se vuelve hacia Nachi y Ban, su expresión seria. -Es verdad, sin embargo, he estado pensando que los últimos sucesos están relacionados con la señorita Saori -dice, y los caballeros se miran entre sí, considerando sus palabras.

-No estoy muy seguro -continúa Trunks-, pero quien quiera que esté haciendo esto, quizá querrá hacer algo más, incluso planear un ataque directo contra ella. En ese caso, necesitará la protección de todos ustedes.

-Tiene razón -dice Jabu, apoyando al saiyajin-. Es mejor que vaya solo. Nosotros nos quedaremos aquí para proteger a la señorita Saori.

Trunks, satisfecho de que su plan haya sido aceptado, asiente con la cabeza y se dirige a la salida de la sala de conferencias con paso decidido,

Mientras Geki se lleva a Kiki para atender sus heridas, Saori se acerca al saiyajin con expresión seria. -Trunks, ten cuidado, por favor -dice con una nota de preocupación en su voz-. Si descubres algo, regresa cuanto antes. No quiero que corras riesgos innecesarios.

El saiyan sonríe tranquilizadoramente y asiente con la cabeza. -No se preocupe, señorita Saori. Tendré cuidado -dice antes de dar media vuelta y salir de la sala de conferencias.

Las horas pasan y la noche parece envolver a la reencarnación de Athena en un abrazo frío y solitario dentro de su habitación. Las estrellas brillan como diamantes en el cielo, pero no logran iluminar el camino que Saori debe seguir. Levanta la mirada hacia el cielo estrellado, y por un instante, la majestuosidad del firmamento la envuelve en un abrazo de paz. Pero cuando sus ojos se posan en la constelación de Pegaso, siente un nudo en la garganta y sus ojos se humedecen.

La constelación del caballo alado, símbolo de la memoria de Seiya, parece burlarse de ella, recordándole su fracaso como diosa y líder.

-Seiya, Abuelo... ¿Qué debo hacer? -susurra con su voz quebrada por la emoción.

Las lágrimas de Saori caen como la lluvia, lavando su rostro pero no su culpa. Se siente atrapada en un ciclo de dolor y responsabilidad, sin saber cómo escapar. La carga de sus acciones pasadas y la pérdida de aquellos que amaba la aplastan, haciéndola sentir que no es digna de ser diosa.

En este momento de debilidad, Saori se pregunta si realmente está haciendo lo correcto. ¿Podrá encontrar la fuerza para seguir adelante, o se quedará atrapada en su dolor y su culpa? La noche parece no tener respuestas, solo la oscuridad y el silencio.

Saori se queda inmóvil en el balcón, dejando que las lágrimas fluyan libremente mientras se lamenta por sus errores y la pérdida de aquellos que amaba. El tiempo parece detenerse a su alrededor, y el mundo se reduce a su dolor y su culpa.

Pero lentamente, después de lo que parece una eternidad, Saori comienza a tranquilizarse. Sus lágrimas se detienen, y su respiración se vuelve más lenta y profunda. Con un suspiro, se seca las lágrimas con la manga de su camisa y se levanta del balcón.

Con pasos lentos y cansados, regresa a su habitación, cerrando la puerta detrás de ella. La oscuridad y el silencio de la habitación la envuelven, y Saori se siente sola una vez más. Pero esta vez, hay algo diferente. Hay una sensación de resignación, de aceptación, que no estaba allí antes. Saori sabe que no puede cambiar el pasado, pero puede intentar encontrar una manera de seguir adelante.

Justo cuando Saori comienza a reflexionar sobre su situación, escucha un suave golpe en la puerta. Se limpia rápidamente el rostro con un paño, intentando borrar cualquier rastro de lágrimas. Se mira en el espejo y fuerza una sonrisa, tratando de que su rostro no delate el dolor que había estado sintiendo momentos antes.

Con un suspiro, se acerca a la puerta y la abre. Trunks está parado en el umbral, su expresión denota cierta preocupación. Saori intenta mantener su sonrisa, pero Trunks sabe que ha estado llorando. La ha escuchado desde el balcón, justo cuando llegó de recorrer la ciudad

-Hola, Trunks -dice Saori, intentando sonar natural. - ¿Has logrado encontrar algo?

El saiyajin la mira con una mezcla de preocupación y niega con la cabeza- Lo lamento- dice con voz suave y tranquilizadora, similar a la que usó anteriormente para intentar calmar a Saori antes de partir en busca de Seika

- Ya veo -Saori intenta mantenerse tranquila, pero la tristeza en sus ojos es evidente. - Lo intentaremos mañana. Con la luz del día será más fácil encontrar pistas. -dice, intentando sonar positiva, pero su voz tiembla ligeramente.

Trunks se acerca a ella, con su rostro reflejando una profunda preocupación por su bienestar, mientras sus ojos se llenan de empatía al ver la desesperación y el agotamiento que reflejan los suyos. -No se preocupe, señorita Saori -dice suavemente, intentando tranquilizarla-. Seguiremos buscando hasta que encontremos a Seika.- Entonces, su mirada se posa en ella con ternura, y se da cuenta de que está al límite de sus fuerzas. -¿Por qué no descansa un rato? -sugiere, intentando aliviar su tensión y ayudarla a recargar energías. - Le prometo que la encontraré

La reencarnación de la diosa asiente con la mirada baja. -Sí, tienes razón... debería descansar un poco. Muchas gracias por... -comienza a decir, pero las palabras se le quedan atrapadas en la garganta cuando un dolor intenso la golpea, haciéndola retroceder y caer al piso con un gemido de dolor.

Trunks se apresura a sostenerla, su rostro pierde color debido a la preocupación -Saori... -murmura angustiado. La sostiene con fuerza, tratando de calmar su dolor, pero su corazón late con miedo al ver que el brazo y parte del cuello de la chica se están llenando de marcas oscuras, similares a las que había visto en su pelea contra Black.

Saori sigue gimiendo de dolor, su respiración entrecortada hace que Trunks se sienta desesperado. La carga en brazos y la lleva hasta su cama, donde la recuesta con suavidad. Su rostro está bañado en sudor y las marcas siguen pulsando con energía oscura. Trunks se siente impotente al verla sufrir y no saber qué hacer para ayudarla.

Pero después de unos segundos que parecen una eternidad, las marcas desaparecen tan repentinamente como habían aparecido. La diosa puede volver a respirar con normalidad, aunque su rostro sigue pálido y demacrado. Trunks se siente aliviado, pero su preocupación por Saori no disminuye. La mira con intensidad, tratando de entender qué está pasando con ella.

-Señorita Saori, ¿se encuentra bien? -pregunta Trunks con preocupación, una vez que la joven se recupera de su debilidad.

Ella asiente débilmente, intentando sonreír. -Sí... estoy bien. Lamento haberte preocupado.

Trunks la mira con escepticismo, pero no dice nada. En su lugar, se fija en las marcas oscuras que han aparecido en el brazo y el cuello de Saori. -¿Qué son esas marcas? -pregunta finalmente.

La joven diosa suelta un suspiro profundo y cierra los ojos un momento, como si estuviera reuniendo fuerzas para enfrentar un doloroso recuerdo. A su lado, Trunks la mira ansioso, esperando su respuesta.

-Estas marcas son un sello que los dioses me han impuesto como castigo -comienza la diosa. Su voz tiembla ligeramente, como si las palabras fueran un peso que difícilmente puede soportar. Su tono es bajo y melancólico, como el sonido de una campana que anuncia una pérdida irreparable.

-¿Los dioses? -pregunta el Saiyajin con el ceño fruncido en confusión. Sin quererlo, la incredulidad que siente se escapa a través del tono de su voz.

Saori asiente, su mano derecha se desliza hacia el collar que descansa en su pecho, como si este le diera fuerzas para continuar. Su mirada se vuelve lejana, perdida en el pasado, y su voz adquiere un tono de amargura y resignación.

-Hace un año, mis caballeros y yo libramos una batalla contra el dios de la muerte, Hades -comienza la joven-. En aquel enfrentamiento, Hades murió... -su voz se quiebra, y su respiración se vuelve entrecortada.

Saori se detiene, esforzándose por contener las lágrimas, pero su dolor es palpable. Su rostro se descompone en una mezcla de tristeza y desesperación. -...Y también Seiya, mi caballero de Pegaso -agrega con voz apenas audible.

Trunks se queda en silencio, respetando el dolor de Saori. Puede ver en sus ojos la profundidad de su pérdida, y sabe que no hay palabras que puedan aliviar su sufrimiento. Simplemente se queda a su lado, ofreciendo su presencia como un gesto de apoyo y solidaridad.

-La muerte del rey del Inframundo desencadenó la furia de los dioses del Olimpo, quienes querían erradicar a la raza humana -prosigue la diosa, su voz aunque ligeramente temblorosa mantiene una determinación renovada-. A cambio de que no lo hicieran, yo debía aceptar que mi cosmos fuera sellado y que mis protectores no volvieran a involucrarse en más batallas.

Ella hace una pausa y Trunks puede notar como su mirada se vuelve lejana, como si estuviera recordando un pasado doloroso-. Cada vez que uso mi cosmos, las marcas aparecen y drenan mi energía.

La joven diosa suspira profundamente y se queda en silencio un momento, juntando sus manos en su regazo. Su expresión se vuelve melancólica, mientras recuerda tiempos pasados. -La memoria de mis guerreros fue borrada -continúa-. Ahora viven vidas tranquilas, lejos de las guerras y los combates. Los lugares que visitamos hace unos días es donde ellos viven ahora.

El guerrero saiyan se sorprende, su mente le recuerda los rostros de los jóvenes que había visto ese día. En ese momento comprende el porqué había sentido un ki extraño en ellos. -Me aseguré de que tuvieran lo necesario y sus vidas no se vieran amenazadas de ninguna forma -dice la diosa, su voz llena de una mezcla de tristeza y resignación-. Aún así, en sus cuerpos persisten las cicatrices de la guerra. Le prometí a Seiya... que cuidaría de su hermana, pero todo esto...todo esto ha sido culpa mía...al igual que el secuestro de Seika...

Las lágrimas de Saori fluyen libremente, su cuerpo sacudido por sollozos desgarradores que parecen arrancarle el alma. La culpa la consume, y busca refugio en los brazos del saiyajin, como si fuera el único lugar donde puede encontrar consuelo. Sorprendido por el repentino acercamiento, Trunks no duda en abrazarla con ternura, envolviéndola en un abrazo cálido y protector.

-Señorita Saori, usted no tiene la culpa de esto -dice, intentando calmar el tormento que la consume.

Saori niega con la cabeza -Sí, es culpa mía... -susurra, su voz es apenas audible pues además sale entrecortada por los sollozos.

El dolor y la frustración de la diosa son palpables, y Trunks se siente impotente al no saber cómo ayudar a la persona que más lo ha apoyado en todo ese tiempo. Su abrazo se vuelve más fuerte, intentando transmitirle su apoyo y comprensión, y ofrecerle un refugio seguro en medio de la tormenta que la rodea.

Puede sentir el peso de la desesperación de Saori, y su corazón se llena de compasión hacia ella. La acerca un poco más a él, intentando transmitirle su calor y su apoyo. La diosa se rinde al dolor, y su cuerpo se sacude por sollozos desgarradores.

Mientras ella llora, él la abraza con fuerza, sintiendo una profunda empatía hacia su ser frágil y humano. A pesar de su fuerza y determinación, es vulnerable y susceptible al dolor, al igual que cualquier otro ser humano.

Él se da cuenta de que ella es diferente a otros seres que ha enfrentado, aquellos que creen ser superiores a los demás y que toman las vidas de otros como si no importaran. Saori, por el contrario, valora la vida y el bienestar de los demás, y está dispuesta a arriesgar todo para proteger a aquellos que ama.

Mientras la observa, siente una profunda admiración hacia su persona. A pesar de su posición y su poder como diosa , no se deja llevar por la arrogancia o la ambición. En su lugar, es una persona cálida, compasiva y auténtica, que se preocupa genuinamente por los demás.

Él se da cuenta de que ella es un recordatorio de que la verdadera fuerza no proviene del poder o la habilidad, sino de la capacidad de amar, de compadecer y de cuidar a los demás. Y en ese momento, él se siente agradecido de poder estar allí para apoyarla y protegerla.

Una vez que ella logra tranquilizarse, levanta la vista hacia él, y sus ojos aún llorosos reflejan una profunda tristeza. -Es mi culpa -dice en un susurro-. Conozco a la persona que se llevó a Seika.

Trunks se sorprende, y en su rostro se ve reflejada la curiosidad que siente en ese momento -¿Quién es? -pregunta con suavidad

Ella respira profundamente antes de responder. -Es uno de los 100 huérfanos que mi abuelo envió a diferentes campos de entrenamiento para convertirse en caballeros. Al igual que pasó con Jabu y el resto de caballeros de bronce - explica, mientras su expresión se llena de una mezcla de tristeza y culpa-. Lo conozco... y creo que hace todo esto por venganza contra la fundación de mi abuelo y contra mí.

Trunks se queda en silencio por un momento, procesando la información que acaba de recibir. Su rostro se vuelve más serio y reflexivo, como si estuviera analizando las implicaciones de lo que Saori acaba de decir.

Luego, su mirada se dirige hacia ella, y puede ver la culpa y la preocupación en sus ojos. Trunks siente un impulso de protegerla, de asegurarse de que no sufra más daño. Su instinto de guerrero se activa, y se prepara para enfrentar cualquier amenaza que pueda estar acechando.

Pero al mismo tiempo, el saiyajin también siente una profunda empatía hacia Saori. Entiende que ella se siente responsable por lo que ha sucedido, y que está luchando con sus propios demonios internos.

Quiere ayudarla a superar este momento difícil, a encontrar una manera de hacer frente a sus sentimientos de culpa y responsabilidad.

-No es su culpa, señorita Saori -dice suavemente -. Él decidió hacer esto por cuenta propia. A diferencia de Jabu y los otros, él decidió tomar otro camino.

Saori mira a Trunks con ojos llorosos, y por un momento, parece que va a derrumbarse de nuevo. Pero luego, algo en su expresión cambia, y ella asiente lentamente.

-Gracias, Trunks -dice un poco más tranquila-. Significa mucho para mí que estés aquí.

Trunks sonríe suavemente y le da un abrazo reconfortante.

-No hay problema. -dice-Y no se preocupe, vamos a encontrar a Seika y a detener a quien sea que esté detrás de esto.

Saori asiente, y Trunks se retira lentamente, dejándola sola en la habitación. Antes de salir, se vuelve hacia ella y dice:

-Que pase buenas noches.

Luego, sale de la habitación, cerrando la puerta suavemente detrás de él. Saori se queda sola, rodeada del silencio, pero con la sensación de que Trunks está allí para apoyarla, incluso cuando no está físicamente presente.

El saiyajin se dirige a su habitación, pero en lugar de irse a dormir, se siente inquieto y decide salir al balcón. La noche es fresca y tranquila, y el viento suave le acaricia el rostro.

Se apoya en la barandilla del balcón, mientras su mirada escanea el horizonte, específicamente en dónde se encuentra la ciudad. La noche es oscura y silenciosa, pero el fulgor de las luces de la capital se extienden hasta ser visibles a esa distancia.

Después de unos momentos, Trunks salta del balcón con un movimiento fluido y se lanza al aire, su cuerpo se eleva en el viento y comienza a volar. En cuestión de segundos, la ciudad se despliega debajo de él como un mapa, y el muchacho se dirige hacia el horizonte, decidido a encontrar a Seika y a llevarla de vuelta a casa.

Su ki se desvanece en la distancia, pero su determinación y su corazón siguen latiendo fuerte, guiándolo en su búsqueda de Seika.

Continuará...