Prólogo: El Nacimiento de un Rey
El universo estaba en silencio. En el vacío del espacio, entre los restos de una colosal nave imperial, flotaban los fragmentos de una leyenda caída. Freezer, el tirano que había dominado la galaxia con puño de hierro, ya no existía. Su cuerpo, irreconocible tras el brutal enfrentamiento, se desvanecía entre los escombros.
Y en el centro de esa destrucción, sobre una roca suspendida en el vacío, se encontraba él.
Un saiyajin de pie, con la armadura destrozada, el pecho subiendo y bajando con cada respiración pesada. Su cabello negro ondeaba con la energía residual de la batalla. Sus ojos, fieros y determinados, observaban el cadáver de su enemigo con una mezcla de satisfacción y desprecio.
Vegeta había logrado lo imposible.
El príncipe de los saiyajins ya no era un simple guerrero bajo el yugo de Freezer. Era su asesino.
Y el universo… ahora le pertenecía.
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Sistema Estelar de Cold 9 – Base Principal del Imperio de Freezer
Las alarmas aún resonaban en la base. Los soldados de Freezer, aquellos que no habían huido o muerto en la batalla, permanecían en shock. Nadie se movía. Nadie hablaba. Solo observaban al hombre que ahora caminaba entre los restos humeantes de la fortaleza.
Vegeta avanzaba con pasos firmes. Su capa azul estaba rasgada, su armadura dorada agrietada por el impacto de la pelea. Sangre seca manchaba su mejilla izquierda, pero no le importaba. Había esperado toda su vida por este momento.
Un soldado de piel azul, con una armadura más ornamentada que el resto, se adelantó tembloroso. Sus ojos se movían nerviosos, como si tratara de entender qué hacer.
—L-Lo… Lord Vegeta… —balbuceó, sin saber si debía inclinarse o huir—. ¿Q-Quiere que nos… reagrupemos?
Vegeta se detuvo frente a él y lo miró con frialdad.
—Primero, deja de llamarme "Lord". —Su voz era profunda, cortante—. De ahora en adelante, soy el Rey Vegeta.
El soldado tragó saliva.
—S-Sí, Rey Vegeta…
Los murmullos entre los demás soldados comenzaron a crecer. Algunos parecían confundidos, otros aterrados. ¿Era posible? ¿Había sido derrotado su emperador absoluto?
Vegeta observó la indecisión en sus rostros y frunció el ceño.
—Escuchen bien, insectos —gruñó, dejando que su ki ardiera a su alrededor, sacudiendo el suelo bajo sus pies—. Freezer está muerto. Lo maté con mis propias manos.
Hubo un silencio absoluto.
—A partir de hoy, este imperio me pertenece. Aquellos que aún sean leales a Freezer… —sus ojos se oscurecieron peligrosamente—. Morirán.
El aura dorada de su Super Saiyan estalló por un instante, proyectando su sombra sobre los restos humeantes de la base. Era un mensaje claro. No había elección.
Un guerrero con piel púrpura cayó de rodillas y golpeó el suelo con el puño.
—¡Larga vida al Rey Vegeta!
Uno a uno, los demás soldados siguieron su ejemplo. En cuestión de segundos, cientos de exguerreros de Freezer inclinaban la cabeza ante su nuevo amo.
Vegeta sonrió con satisfacción. Así era como debía ser.
Pero aún había algo que debía hacer.
Giró sobre sus talones y caminó hacia su nave.
—Nos vamos al planeta Vegeta. —Su tono era inquebrantable—. Es hora de que los saiyajins se reúnan bajo su verdadero rey.
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Planeta Vegeta II – Base Secreta de los Saiyajins Sobrevivientes
El sol carmesí se ocultaba en el horizonte, bañando la superficie rocosa del planeta con su último destello de luz. No era el verdadero Planeta Vegeta, pero para los saiyajins que habían sobrevivido a la masacre de Freezer, este mundo se había convertido en su refugio.
Sin embargo, sin un líder fuerte, la raza guerrera estaba dividida, reducida a pequeños clanes que apenas sobrevivían. Hasta hoy.
Un estruendo sacudió el suelo cuando la nave de Vegeta aterrizó en la plataforma central. Decenas de saiyajins se reunieron, algunos con armas en mano, listos para enfrentar cualquier amenaza. Pero cuando la compuerta se abrió y Vegeta emergió de entre el humo, la tensión se disipó en un instante.
—¡Príncipe Vegeta! —exclamó Nappa, dando un paso adelante con el ceño fruncido—. Pensamos que…
—Pensaron que estaba muerto —lo interrumpió Vegeta con desdén—. Supongo que eso significa que subestimaron mi poder.
Raditz, de pie junto a Nappa, miró con incredulidad a su líder.
—Mi príncipe… ¿qué pasó con Freezer?
Vegeta caminó lentamente hasta la plataforma central, con la mirada fija en su gente. Luego, con una voz que resonó como un trueno, pronunció las palabras que cambiarían la historia de los saiyajins.
—Está muerto.
El aire pareció congelarse.
Nappa abrió los ojos de par en par. Raditz contuvo la respiración. Los saiyajins a su alrededor se miraban entre sí, como si quisieran asegurarse de que habían oído bien.
—Lo maté con mis propias manos —continuó Vegeta con una media sonrisa—. Y ahora, el Imperio Saiyajin renacerá.
El silencio se rompió cuando un saiyajin de baja clase golpeó su puño contra su pecho y rugió:
—¡Larga vida al Rey Vegeta!
Uno a uno, los demás saiyajins lo imitaron. Pronto, los gritos de victoria sacudieron el planeta entero.
Vegeta alzó la vista al cielo y sonrió. Este era el primer paso hacia su reinado absoluto.
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En las Sombras…
En un rincón lejano del universo, más allá de las estrellas conocidas, una figura observaba los eventos a través de un monitor holográfico. Su capa negra ondeaba en la penumbra, y sus ojos rojos brillaban con un brillo siniestro.
—Así que el mono ha matado a Freezer… interesante.
La figura se puso de pie, revelando su alta estatura y su armadura ornamentada.
—Veamos cuánto dura su reinado.
Un destello de energía oscura iluminó la sala antes de que la imagen se desvaneciera.
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Fin del Prólogo
Vegeta había logrado lo imposible.
Había roto las cadenas de su raza.
Ahora, debía demostrar que era digno de ser llamado Rey.
Pero la galaxia era vasta, y los enemigos acechaban en cada sombra.
Su reinado apenas comenzaba… y la guerra por el dominio absoluto del universo estaba por empezar.
