Capítulo 4x18: "Gótico americano."


Carretera

A mitad de camino, mientras Elena y Rebekah discutían entre sí, Elizabeth empezó a sentirse extraña. Uno de sus ojos comenzó a temblar por lo que parecía ser la décima vez desde que habían comenzado el viaje.

Se sentía extrañamente distante en su propia cabeza; como si no pudiera agarrar alguna idea, o tal vez era porque no estaba pensando en absoluto... ¿Era eso posible? No lo sabía, pero algo no estaba bien.

Desde que el triángulo de Expresión se había completado su sed de sangre y de poder habían aumentado tanto que no sentía tranquilidad... De hecho el solo pensar en ello hizo que venas negras empezaran a aparecer en todo su cuerpo. Mientras las luces del auto se encendieron y apagaron sin control llamando la atención de Elena y Rebekah.

"¿Qué demonios le pasa a ésto?" exclamó Elena entre dientes.

Como una respuesta a su pregunta las bombillas del auto explotaron, lo que las obligó a detenerse abruptamente a mitad de carretera.

"¡¿Qué fue eso?!" exclamó Rebekah molesta.

"La señal de que aquí tomo mi propio camino." dijo Elizabeth moviéndose para abrir la puerta trasera del auto y salir.

"¿Qué?" Rebekah frunció el ceño asomándose desde el asiento del pasajero. "¿A dónde vas? Creí que vendrías con nosotras."

"Éste viaje es de Elena, no mío." aclaró Elizabeth encogiendose de hombros sin importancia. "Ya cumplí con mi parte ahora le toca a ella continuarlo." apartando su atención de ella miró hacia la espesura del bosque sumergido totalmente en la oscuridad. "Además tengo otras cosas de las que ocuparme." mirando hacia la Original de nuevo, le dió un guiño falso. "Dale mis saludos a tus hermanos." sin decir más simplemente desapareció a velocidad vampirica dejándolas estacionadas a mitad de carretera desolada.


Borde del camino

Cuando Stefan detuvo su auto a un lado de la carretera, Damon prácticamente salió corriendo hacia su auto. Gracias a Dios lo habían encontrado. Su hermano se acercó con un tanque de gasolina mientras él examinaba el estado de su auto.

"Si siquiera rayaron la pintura de mi auto..."

"Bueno, agradece que la Sheriff Forbes haya podido localizar el auto después de que les permitiste, ah, ya sabes, robártelo." acotó Stefan con un encogimiento de hombros.

"Recuérdame que le envíe algunos mini muffins." dijo Damon, aceptando los contenedores de combustible a sus manos. "¿Realmente necesitamos diez galones de gasolina o me obligas a cargar ésto como castigo?"

"Bueno, abandonaron tu auto después de que se quedó sin combustible. Tienes que llenarlo." explicó Stefan cruzando sus brazos. "Tenemos cien millas antes de llegar a Willoughby."

"Sí, bueno, no recuerdo ese nombre de la lista de lugares que obtuve de Nueva York." replicó Damon.

"Oh, ¿la lista? ¿La lista que Elizabeth te robó delante de tus narices, después de que bajaste la guardia?" bromeó Stefan divertido. "Estarán allí. La sheriff Forbes rastreó el auto que robaron después del tuyo."

"Al diablo con los muffins." murmuró Damon llenando su tanque con gasolina. "Le llevaré champán... si Elena y Elizabeth están dondequiera que estén."

"Willoughby... Capital del maíz crema de Pensilvania." dijo Stefan sonriendo. "Estarán allí, solo esperemos llegar a ellas antes de que encuentren la cura."

"Oh, lado positivo: si Rebekah toma la cura, entonces es mortal y podremos matarla en ese mismo momento." dijo Damon sonriendo grandemente ante la idea.

"Oh, lado negativo: Elena seguirá siendo un vampiro para siempre." aclaró Stefan con un suspiro. "Mira, ¿por qué no dejas de lado tus fantasías de venganza por ahora y no pierdes de vista el premio? Encuentra a Katherine, consigue la cura y lárgate antes de que te rompan el cuello otra vez."

"Créeme, aprendí la lección." dijo Damon con una sonrisa. "Tanto la Elena como la Elizabeth sin humanidad son frías como una piedra. No confiaré en ellas hasta que las recuperemos."

"Vaya, finalmente estamos de acuerdo sobre algo." dijo Stefan rodando los ojos.

"Si, vaya." murmuró Damon sarcásticamente.


Mansión de Klaus

Klaus se encontró tratando febrilmente de quitarse el trozo de estaca de roble blanco de su espalda rascandose la piel, dejando la herida en su espalda un desastre sangriento.

Justo en ése momento entró Caroline. "Klaus, tenemos que hablar." dijo, interrumpiendose al escuchar su gemido de dolor. "¿Qué te pasó?"

"Silas." respondió Klaus entre dientes. "Me atacó. Me apuñaló con la estaca de roble blanco. Un pedazo de ello todavía está dentro de mí."

"Dios mío, Klaus." exclamó Caroline. "Eso podría matarte."

"Bueno, ciertamente siento que me estoy muriendo." dijo Klaus riendo sin humor.

Acercándose Caroline aferró el rostro del híbrido en sus manos, dándole una caricia. "Hola." saludó, no sonando como Caroline en absoluto. "Por mucho que me encantaría verte morir, todavía no has encontrado esa cura."

"¡Silas!" empujando a Caroline/Silas, Klaus tropezó al suelo.

"Así es." exclamó Caroline/Silas con una sonrisa. "Anoche me parecía a Shane, hoy me parezco a Caroline y mañana, ¿quién sabe?"

Apretando los dientes, Klaus lo miró con ira. "Muéstrame tu cara real."

"¿Por qué haría eso cuando puedo parecerme a quien quiero que veas?" dijo Caroline/Silas acercándose al híbrido que se estremeció visiblemente de miedo. "Resisteme todo lo que quieras, Klaus, pero hasta que no me traigas la cura, no te traeré más que miseria."

Cuando Caroline/Silas desapareció de su vista, Klaus permitió relajarse dolorosamente.


Willoughby

"Algo no está bien." dijo Damon mientras él y Stefan caminaban por la calle de aquella ciudad pequeña. "Katherine Pierce no se esconde en Hickstown, PA."

"Bueno, este es definitivamente el auto que robaron." dijo Stefan señalando el auto aparcado en la calle de aspecto caro. "Estamos en el lugar correcto."

"Punto para ellas por su elección de vehículos." eligió Damon.

"Déjame preguntarte algo... ¿Qué pasará cuando encontremos a Elena y Elizabeth? ¿Cómo las llevamos de regreso a Mystic Falls?" preguntó Stefan incierto. "Es decir, no vendrán a voluntad y tienen a un vampiro Original como guardaespaldas."

"Haremos lo que tengamos que hacer." respondió Damon secamente. "No me importa si tenemos que tirar a Rebekah debajo de un autobús escolar y envolver a Elena y Elizabeth sacos de arpillera. Haremos lo que tengamos que hacer."

"Lo digo en serio." dijo Stefan alzando una ceja.

"Yo también." aseguró Damon. "No me importa lo que ninguna quiera en estos momentos. Elizabeth está así de cerca de descarrilarse definitivamente y no permitiré que lleve a Elena a eso también. Ya ella es suficiente preocupación para ambos como para que Elena se sume a la lista."

"Entonces, ¿qué pasó con el tipo que pensó que todos deberían aceptar ser un vampiro y dejar que las cosas siguieran su curso?" preguntó Stefan con ironía.

"A ese tipo le rompieron el cuello en Nueva York y está muy enojado." dijo Damon entre dientes antes de darse la vuelta y comenzar a alejarse.


Pensilvania

Ahora que Elizabeth se había dividido del grupo en el camino, y Elena fue a encontrarse con Elijah, Rebekah estaba sentada en el comedor con Katherine.

"Sabes, es gracioso. Siempre he tenido un poco de envidia de la leyenda de Katherine Pierce." dijo Rebekah con una sonrisa. "La forma en que puedes envolver a los hombres alrededor de tu dedo meñique, Elijah traicionó a Klaus por ti, los hermanos Salvatore se volvieron locos por ti. Y sin embargo, aquí estamos, todos estos años más tarde, en una ciudad que ha tenido que obligarte a estar escondida. Es realmente más triste que divertido."

"Sabes que no puedes dividir la cura con Elena, ¿verdad?" Katherine preguntó, haciendo caso omiso de sus comentarios.

"Ella no la quiere." Rebekah se encogió de hombros. "Pero yo sí, porque quiero una vida normal otra vez."

"¿Bien adivina que?" Katherine frunció el ceño. "No puedes tenerla. La única cura te quitará la inmortalidad. Todo lo demás que odio sobre ustedes mismos, todavía despertarás con eso en la mañana. Y ni siquiera serás capaz de obligarte a ti misma y a tus amigos."

Rebekah se quedó en silencio asimilando sus palabras, antes de tomar las cosas en sus propias manos, agarrando la muñeca de Katherine y aplastar sus huesos.

"Damas, ¿están comportandose?" ambas escucharon a Stefan preguntar. Cuando voltearon lo vieron junto a Damon caminando hacia ellas.

Damon se deslizó en el asiento frente a Rebekah, mientras que Stefan se sentó junto a ella.

"Ahí va el barrio." Katherine se burló como Rebeca la liberó.

"Veo que ya no lo tienes Katherine." dijo Damon, volviéndose a mirarla por un segundo. "Estás perdiendo el tacto maligno."

"¿Dónde están Elena y Elizabeth?" Stefan preguntó con el ceño fruncido mirando alrededor.

"Elizabeth se desvió en el camino sin dar explicación alguna." Rebekah se encogió de hombros, sin notar el cruce de miradas preocupadas entre los hermanos. "Y Elena, pues... No sé si decirles, porque de seguro si lo hago empujaran la cura por su garganta y luego terminaré dentro de una caja, ¿verdad? No lo creo."

"¿Dónde está Elena?" Damon preguntó ahora, mirando a Katherine.

"Te puedo dar una pista. Echen un vistazo a la morgue de la ciudad. Ella probablemente estara muerta." Katherine dijo viendo las expresiones confusas de todos. "Ella fue a reunirse con un amigo mío. Diría que es... un hermano original, con un gusto impecable."

"¿Elijah está aquí?" preguntó Stefan.

"Bueno, no eres el tipo de persona en cuestionar el gusto impecable de Elijah, si es amigo tuyo." Damon comentó encogiendose ligeramente de hombros.

"Oh, cuando digo amigo, me refiero a amigo." dijo Katherine con una sonrisa, como los demas sólo rodaron los ojos con disgusto. "Probablemente le tomó cerca de diez segundos el darse cuenta de que no era yo... Momento en el que probablemente, tiró del corazón de Elena fuera de su pecho."

"Bien, ¿dónde están?" Stefan pidió comenzando a enojarse.

"Se suponía que iban a reunirse en una glorieta por el parque." Rebekah intervino.

"Iré a hablar con Elijah." dijo Stefan, poniéndose de pie.

"Primero Katherine nos llevará a la cura." replicó Rebekah.

"No, no." Katherine negó enseguida. "La cura es mi única oportunidad de ganar mi libertad de Klaus."

"¿Vas a cerrar un acuerdo con Klaus?" Damon preguntó con diversión.

"No, pondrá a Elijah a negociar el acuerdo por ella. Es por eso que necesitas a tu pequeño amigo, ¿verdad?" Stefan le preguntó. "Algunas cosas nunca cambian Katherine."

"Está bien." dijo Katherine, volviéndose hacia Rebekah que le estaba bloqueando el camino. "Vamos... Tendrán que seguirme."


Residencia de Katherine

Katherine los llevó a una pequeña casa en un barrio, donde Damon entró primero seguido de los demás. "Sin movimientos bruscos. Ni engaños... Sin Katherine-ción."

Rodando los ojos Katherine se acercó más a la casa, mientras que Damon y Rebekah miraban a su alrededor.

"Guau... Un edredón y un acuario de peces. ¿Quién demonios eres?" Damon preguntó con incredulidad.

"Una señora muy vieja con pésimo gusto." dijo Rebekah haciendo sonreír a Damon, mientras Katherine tiraba una caja fuera de la estantería, para abrirla y buscar dentro de ella.

Sin embargo después de un tiempo su rostro cambió enseguida antes de mirarlos. "Se fue... La cura, estaba en la caja fuerte, pero no está allí."

"No, no caeremos en eso." Damon negó molesto. "¿Dónde está la cura Katherine?"

"Juro que estaba en la caja fuerte." dijo Katherine enserio.

"¿Al igual que Elijah es realmente tu novio y esto es realmente su vida?" preguntó Rebekah. "Por lo que sabemos, esto ni siquiera es tu casa."

"Sí, no se parece a ti Katherine." Damon afirmó de acuerdo.

"Quizás no sepa que soy Katherine en absoluto." dijo Katherine con rabia. "¿No se te ocurrió que no tiene idea de lo que realmente soy?"

"¿Alguna vez se te ocurrió que no eres tan profunda?" replicó Damon de regreso. "Todo esto de la chica de pueblo, sabemos que es un acto."

"¿Dónde está la cura?" preguntó Rebekah, pero cuando Katherine sonrió se abalanzó sobre ella.

Antes de que pudiera hacer nada, Damon se interpuso entre ellas, mirando a la rubia. "Whoa... Cálmate. La necesitamos viva... La cura no está aquí." con un suspiro señaló hacia el piso de arriba. "Revisa el piso de arriba, yo lo haré aquí abajo."

Katherine mantuvo una sonrisa en su rostro mientras Rebekah con un suspiro de mala gana caminó por las escaleras.

"Por lo tanto, si yo fuera un sociópata desconfiado y paranoico, ¿donde mantendría mi posesión más preciada?" Damon se preguntó a si mismo, caminando alrededor de la sala de estar.

"Esto debe ser divertido." Katherine rio divertida.

"Quiero que esté cerca, pero no en mí... Accesible, pero no obvio... Me gustaría mantenerla segura, pero no tanto como para que sea demasiado difícil de agarrar y correr." continuó Damon, deteniéndose frente a la pecera con una sonrisa creciendo en su rostro. "Bueno, ese cofre del tesoro es un poco elegante... para un tanque sin peces." miró hacia Katherine que se quedó extrañamente tranquila. "Creo que tendré que comprobar que es." con eso metió la mano en el tanque, pero terminó quejandose de dolor cuando su brazo tocó el agua. "Agua de verbena... Parece que tenemos un ganador." sacudiendo la cabeza recogió una red que yacía junto al tanque para recoger la caja fuera del agua... Sin embargo antes de que pudiera conseguirlo, Katherine se precipitó hacia él empujandolo con la cabeza bajo el agua, manteniendolo allí mientras se revolvía. Después lo sacó tirandolo al suelo y mientras gemia de dolor en el suelo ella se precipitó hacia la puerta con la cura en su mano... Pero antes que llegara a la puerta, Rebekah aceleró parandose frente a ésta.

"Dámela o estás muerta." la rubia gruño fuertemente.

"Damon y tú me quieren matar de todos modos porque hice esto." dijo Katherine rodando los ojos con irritación. "Entonces, ¿qué es más importante para ti, ¿eh? ¿Matarme o conseguir la cura?" con eso terminó tirando la pequeña botella en el aire detrás de la rubia que rápidamente corrió para conseguir la cura al mismo tiempo que Katherine huía de la casa.

"Mira, Rebekah... ni siquiera pienses en ello." dijo Damon levantandose lentamente del suelo para caminar hacia ella. "Vamos a hablar de esto, como dos vampiros racionales que somos."

"No me importa lo que digas. Tomar ésta cura es la mejor cosa que jamás me pasará, Damon." dijo Rebekah con sus ojos fijos en el vial. "Tú podrás tener a Elena para el resto de siempre."

"No hagas nada estúpido." pidió Damon con cuidado.

"Admítelo... La quieres para que Elena vuelva a ser humana." dijo Rebekah mirandolo fijamente. "Querías hacer lo que era correcto por ella, pero si la tomo, no podrá y no tendrá por qué ser tu culpa, ¿me equivoco?" cuando no dijo nada sonrió. "Eso es lo que pensaba." rápidamente sacó la tapa del vial y antes de que Damon pudiera reaccionar, se lo llevó a la boca y se lo bebió.

"¡No!" gritó Damon al mismo tiempo que la puerta principal se abrió y Stefan entró para ver lo que había sucedido... Rebekah tosió y jadeó antes de caer desmayada en el sofá.


Mansión de Klaus

"¡Recibí tus cincuenta millones de mensajes! ¡Más vale que esto sea vida o muerte!" Caroline gritó al entrar en la casa.

"Vete." murmuró Klaus bruscamente escondido de la vista.

"¿Klaus?" frunciendo el ceño Caroline buscó a su alrededor. "¿Dónde estás?" rodeando la sala por fin lo encontró sin camisa, sentado en el suelo, apoyado en el asiento del piano. "¿Qué te pasó?"

"Necesito más tiempo." murmuró Klaus ansiosamente. "¡Deja de acosarme!"

"¿Yo te estoy acosando?" Caroline resopló con incredulidad. "Se supone que debo estar dirigiendo tres comités de graduación diferentes ahora mismo y tú sigues acosándome por teléfono."

"¿Caroline?" luchando por sentarse, Klaus lo logró por fin en el asiento del piano. "¿Eres realmente tú? Pruébamelo."

"Está bien, no sé si esta es una nueva forma de coquetear, pero apesta y tengo cosas más importantes que hacer." dándose la vuelta Caroline comenzó a alejarse.

"¡Espera, por favor!" pidió Klaus enseguida. "Es Silas... me apuñaló con la estaca de roble blanco." cuando ella giró para mirarlo, continuó. "Hay un... un pedazo atrapado dentro de mí."

Cruzando sus brazos, Caroline frunció el ceño. "¿Por qué Silas te atacaría?"

"Bueno, no estaba en condiciones de hacer preguntas." dijo Klaus algo sarcástico. "Basta decir que estoy herido, para que puedas entender por qué te llamé."

Caroline lo observó en silencio, antes de romper a reír suavemente. "¿Echaste a Tyler de la ciudad, mataste a su madre y crees que soy la persona a quien pedir ayuda?"

"Si muero, tú, Tyler, todos tus amigos morirán conmigo." dijo Klaus entre dientes.

Titubeante, Caroline se acercó a él sabiendo que tenía razón. "¿Qué quieres que haga?"

"Bueno, la verdad es que es bastante sencillo." instruyó Klaus mirando hacia un par de alicates ensangrentados tirados en la alfombra. "Necesito que cortes la estaca."

Con una mueca, Caroline se acercó para levantar los alicates del suelo. "Está bien, hagamos ésto rápido."

Girando Klaus se apoyó contra el piano para darle una mejor vista de su espalda.

"Ay, Dios mío." exclamó Caroline con una mueca mientras clavaba el alicate en la espalda del híbrido. "Tienes corazón."

Apretando los dientes con dolor, Klaus trato de retener sus gritos mientras la sentía remover los alicates en su espalda.

"Oh, que mal." susurró Caroline burlonamente. "Es sólo una maldita costilla."

"Bueno, me alegra que encuentres mi miseria tan divertida." murmuró Klaus aguantando el dolor.

"Uf, te juro que no hay nada aquí." replicó Caroline con otra mueca. "Y si crees que me estoy divirtiendo, estás loco."

"Mataste a doce brujas por tu amiga Bonnie... ¿Ni siquiera puedes ensuciarte un poco las manos por mí?" exclamó Klaus alzando una ceja. "Pensé que nos estábamos haciendo amigos."

"Bueno, pensaste mal." dijo Caroline profundizando un poco más en su espalda. Cuando él comenzó a gritar de dolor y a golpear la tapa del piano con la mano, se disculpó enseguida. "¡Lo siento! Lo lamento. Lo lamento. ¿Sabes que?" rápidamente sacó los alicates de su espalda. "No lo siento. Mereces sufrir por todo lo que has hecho. Así que hoy haremos las cosas a mi manera... ¿Quieres mi ayuda? Deja que Tyler regrese a la ciudad y dame tu palabra de que no le harás daño."

Como respuesta, Klaus se estremeció de dolor pero sin decir nada más.


Residencia de Katherine

"¿Incluso trataste de detenerla?" Stefan le preguntó a Damon con rabia, con Rebekah todavía inconsciente en el sofá. "Todo lo que tenías que hacer era detenerla, Damon."

"Lo siento, es Rebekah." Damon se burló enojado. "No tenía un pony para distraerla, Stefan."

"Nunca estuviste de mi lado." afirmó Stefan. "Ahora Elena será un vampiro durante el resto de su vida, como quisiste siempre..." fue interrumpido cuando Rebekah despertó soltando un jadeo. "¿Cómo te sientes?"

"Yo... me siento bien." dijo Rebekah, sonriendo. "Yo... me siento muy bien. Me siento viva."

"El pequeño problema con estar viva... es que puedo matarte ahora." dijo Damon desde la esquina de la habitación.

Antes que Rebekah pudiera reaccionar, Damon le lanzó un abridor de cartas, que ella instintivamente movió su mano hacia arriba a velocidad vampiro atrapandolo... El abridor rebanó su piel, pero se recuperó de inmediato.

"Todavía soy un vampiro." susurró Rebekah. "La cura no funcionó."

"Era lo que Katherine quería." dijo Stefan con un suspiro. "La cura era falsa... Debe haber sido una bebida concentrada de verbena o algo así."

Repentinamente la atención de todos se desvió hacia la ventana de la casa cuando altas ráfagas de viento arreciaron con fuerza atrapando cualquier cosa en la calle y todo en la zona, mientras se escuchaban los gritos de las personas que buscaban refugio de los fuertes vientos.

"¿Qué demonios es eso?" preguntó Rebekah mirando las cosas volar en el aire por la fuerte ventisca que se alejaba con la misma rapidez que había llegado.

La imagen de una persona en especial llegó a la mente de Damon, recordando lo ocurrido días antes. "Tengo el presentimiento que cierta híbrida tiene algo que ver con ésto."


Bosques

Efectivamente, después de haberse apartado del grupo, Elizabeth se había alimentado de varios turistas en el camino, pero nada de eso sirvió para aliviar su mente y sobre todo su sed. Haciendo su camino profundamente en el bosque, comenzó a sentirse tranquila en la comodidad de la naturaleza.

Sentándose en el suelo del bosque comenzó a respirar profundamente dejando todo lo que la estaba molestando fluir a la superficie. A pesar de no tener humanidad en algún lugar profundo dentro de ella, algo andaba mal. Sintiendo un impulso puso sus manos en el suelo, cerró los ojos, y examinó su entorno con su magia sintiendo las corrientes de energías a su alrededor que incluía las raíces enterradas en la tierra. Y en las matas de hierba a su alrededor bombeaban todos los cuerpos de las criaturas del bosque. Instintivamente su cuerpo comenzó a calentarse de manera exponencial, por lo que suspiró, saboreando la forma en que todas las diferentes energías entraban y se unían con la suya. Era igual a cuando había consumido la magia de aquellas brujas de aquella masacre, pero era mucho más diluido. Ella quería más. Lo quería todo.

Su frente se arrugó mientras se concentraba esa vez en tirar la fuerza de la energía fuera de sus contenedores biológicos, al mismo tiempo que las venas negras ramificaban debajo de su ropa, pulsando del hambre... Altas ráfagas de viento caliente arreciaron a su alrededor, a más de cien pies de ancho atrapando cualquier cosa y todo en la zona que se le interpusiera.

Los pájaros dejaron de piar lánguidamente, trinando por el peligro, antes de tomar vuelo lejos de los nidos ocultos en los árboles... Sin embargo el alcance de la magia de Elizabeth era demasiado larga y potente, tanto que fácilmente tomó su fuerza de vida de ellos que rápidamente cayeron muertos al suelo.

Cadáveres aviares llovieron del cielo, las ardillas se desplomaron de ramas, los árboles que habían estado de pie durante siglos se marchitaron en cáscaras grises... Las hojas perdieron todos los colores que una vez contenían y en silencio cayeron al suelo, rompiéndose en polvo. La hierba y las flores se marchitaron blanqueandose.

Quejándose del trance destructivo, el viento se disperso por todo el país, provocando que su cuerpo se estremeciera por el poder que había obtenido. Su boca se abrió ligeramente cuando abrió los ojos que ahora eran negros como la tinta, hasta que terminaron aclarándose para revelar su azul verdoso normal.

No prestó atención al restos de los animales a su alrededor, sus ojos se quedaron fijos en el cielo por encima de ella, mientras sentía como la ansiedad en su mente zumbaba... Ya no podía negar su lujuria por el poder.

El nuevo alcance de su magia necesitaba ser alimentada y ya no negaría lo que ansiaba tan desesperadamente. Su magia ahora era todo lo que deseaba. Había pasado demasiado tiempo en desacuerdo con ello, pero ahora las cosas cambiarían. Si la "Expresión" le había enseñado algo, era que cuando escuchara su magia sería capaz de mucho más. Y si seguía añadiendo más a su cuenta, sería lo suficientemente fuerte como para matar a cualquiera que se interpusiera en su camino que no tuviera sus mejores intereses en mente.


Mansión de Klaus

Caroline se encontró sentada en el sofá mirando su teléfono mientras Klaus, apoyado en el respaldo de otro sofá, todavía se estaba tocando la herida en la espalda.

Puedo sentir las astillas moviéndose hacia mi corazón." gimió con rabia. "¡Ayúdame!"

"Tu palabra primero." dijo Caroline sin apartar su atención de su teléfono.

"¿Y qué te hace pensar que no romperé mi palabra?" preguntó Klaus con sorna.

Levantando la vista de su teléfono, Caroline se encogió de hombros. "¿Quieres que seamos amigos? Amistad-Etapa uno. Muéstrame que puedo confiar en ti."

"Te salvé la vida... dos veces." exclamó Klaus enojado.

"Porque me pusiste en peligro... dos veces." recalcó Caroline alzando una ceja. "¿Por qué no puedes hacer algo decente por una vez?"

"¡Porque Tyler Lockwood intentó matarme!" gruñó Klaus.

"Todos hemos intentado matarte y has intentado matar a la mayoría de nosotros." dijo Caroline colocándose de pie. "¿Cómo crees que mereces mi amistad cuando no has hecho nada para ganártela?"

Levantándose Klaus se acercó rápidamente a ella. "¡No permitiré que ni tú ni nadie más me obliguen!" gritó furiosamente.

"¡¿Qué te pasa?!" Caroline levantó la voz también. "¡Me estoy acercando a ti a pesar de todo lo que has hecho y todavía no puedes apartarte de tu propio camino! ¡Dios! ¡Lo siento por ti!"

Cuando ella giró para darle la espalda, Klaus aceleró bloqueandole el camino. "¡No me des la espalda!"

"¡Debería haberte dado la espalda hace años!" Caroline lo encaró sin temor alguno.

Ambos permanecieron en silencio solamente mirándose con enojo, hasta que Klaus se dio cuenta de algo enseguida.

"Se ha ido." susurró confundido.

"¿Qué?" Caroline frunció el ceño.

"El dolor." dijo Klaus llevándose la mano a la espalda. "El dolor ha desaparecido. Nunca estuvo allí." molesto señaló su cabeza. "Se metió en mi cabeza. Silas... se metió en mi cabeza." soltando una exhalación la miró tomando su mano. "Me distrajiste de eso... Me trajiste de vuelta, Caroline."

Retirando su mano de la suya, Caroline dándose la vuelta se llevó las manos a la cabeza. "Si Silas puede hacerte creer, precisamente a ti, que te estás muriendo..." negando lo miró nuevamente con temor. "¿Qué puede hacernos al resto de nosotros?"


Tennessee

Luego de haber salido de la espesura de los bosques, Elizabeth con toda la vitalidad y el poder que había absorbido de la naturaleza se dirigió a la casa de la bruja que había estado siguiendo ese par de días.

La casa que la bruja o brujas tenían era una de una sola planta y de ladrillo rojo. No tenía porche; el camino de entrada al garaje se separaba en una ruta de acceso a la puerta principal. El césped tenía una gran cantidad de cultivo de vegetación... Acercándose a la puerta llamó al timbre.

Una pequeña mujer con el cabello rubio en rizos apretados y ojos azules profundos abrió la puerta. Tenía el rostro regordete, junto con el resto de su cuerpo. Llevaba un delantal de flores de color rosa. "Oh, hola. ¿Cómo puedo ayudar?"

Elizabeth enseguida colocó una sonrisa en su cara extendiendo su mano hacia adelante. "Hola, soy Zariah Whitmore." enseguida que la mujer tomó su mano se sintió atraída por su magia. "Soy amiga de su hija... ¿está aquí ahora mismo?"

"Oh, no, querida, ella no está ahora." la mujer se animó inmediatamente. "Pero ella debe estar en casa pronto... Puedes venir adentro y esperar por ella si quieres."

Elizabeth enseguida sintió su satisfacción aumentar. Era tan fácil que era triste. No había tenido que obligar a nadie para que la invitaran a pasar. "Eso sería genial... Gracias, señora Wilson."

Al momento que dio un paso dentro de la casa; notó las paredes pintadas de un color azul claro y fotos de la familia en todas partes. El pasillo llevó a la sala de estar casi de inmediato. Plástico como cubierta de muebles blancos llenó la habitación a solas con un televisor grande. Un hombre calvo estaba sentado en el sofá viendo Animal Planet.

"Así que, ¿cómo conociste a nuestra Denisse?" preguntó la mujer.

"La conocí a través de un amigo." dijo Elizabeth moviéndose alrededor de algunos objetos en una mesa auxiliar de madera blanca. "Realmente nos llevamos bien."

"Eso es encantador... Cariño, ¿puedes escribirle a Denisse para que se apresure en volver a casa?" la señora Wilson miró a su marido.

Él gruñó ante ella, pero momento después, les dijo que Denisse no tenía pensando volver a casa ésa noche.

Elizabeth frunció el ceño. "Eso es muy malo."

"¿Cómo es eso posible?" preguntó la señora Wilson extendiendo su mano para podarla sobre el brazo de la joven frente a ella. "¿Ella no sabía que venías a visitarla?"

Con un suspiro Elizabeth bajó la mirada hacia la mano en su brazo con fingida tristeza. "No, ella no lo sabía." rápidamente agarró el brazo de la mujer mayor. Venas negras al instante se dispararon en su brazo mientras absorbía la vitalidad y la magia de aquella bruja hasta que ésta sin poder mantenerse erguida cayó al suelo inconciente.

Cuando Elizabeth levantó la vista del cuerpo, el Sr. Wilson estaba de pie con su teléfono celular en la mano. Era más alto de lo que había esperado. Tenía los mismos ojos azules que la señora Wilson, pero su escaso cabello era más de un rubio platino. Éste se quedó mirando el cadáver de su esposa en estado de shock.

"Le dije a Denisse que su amiga Elizabeth estaba aquí." dijo. "Ella envió un mensaje de vuelta que no conoce a ninguna Zariah." su gran cuerpo comenzó a temblar y lágrimas se derramaron de sus ojos. "Tú la mataste..."

Rodando los ojos Elizabeth pasó por encima del cuerpo de la mujer. "No está muerta, solo le arrebate toda su magiay vitalidad."

Cuando el Sr. Wilson miró a Elizabeth se sorprendió por su aspecto aterrador de ojos tan negros como la noche y venas palpitantes en su piel. "Nunca pensé que vería a una bruja poseída." susurró con voz entrecortada, antes de que se sintiera completamente enojado. "¡Pero al menos sé cómo matar a una!"

Elizabeth casi comenzó a reír, pero rápidamente comenzó a ahogarse. Ella agarró la garganta, deseando respirar algo, pero se mantuvo cerrada. Ahogándose cayó de rodillas mientras el Sr. Wilson se acercaba a ella.

"Eso es por mi esposa." dijo él entre dientes.

Como si de un interruptor se tratara la mano de Elizabeth salió disparada y agarró el lado del cuello del hombre, ahora con su rostro vampirico a la luz. "La diferencia de las demás brujas y brujos es que yo soy un híbrido. Soy única."

Tan pronto como el señor Wilson comenzó a gritar. Ella se puso de pie mientras él caía de rodillas, siendo absorbido por su magia lentamente. Quitándole su poder y vitalidad, al igual que la mujer éste cayó inconsciente al suelo.

Satisfecha se quedó observándolos a ambos mientras sentía su cuerpo estremecerse casi incontrolablemente mientras se calmaba la magia que acababa de absorber... Con un suspiro miró hacia la pantalla del televisor donde vió un espectáculo de Animal Planet sobre unos conejos bebes. "Demasiado adorables para mi gusto." susurró con aburrimiento antes de simplemente encaminarse hacia la salida de la casa para marcharse.

Aún quedaba la tarea de absorber la magia de la hija de aquella pareja, pero ya tendría tiempo para ello. Mientras tanto disfrutaría de la sensación de todo el poder que comezaba a palpitar dentro de sí por querer salir y destruir todo a su paso.


Mansión de Klaus

"¿Qué quieres, Nik?" atendió la voz de Rebekah luego de varios llamadas en su teléfono.

"Una actualización sobre nuestra búsqueda de la escurridiza cura." dijo Klaus paseándose en la sala de la mansión.

"Digamos que las cosas se han complicado." dijo Rebekah soltando una exhalación. "De hecho, ¿por qué no hablas con una de esas complicaciones?" mirando hacia Elijah a su lado le tendió el teléfono. "Toma."

Aceptando el teléfono Elijah atendió. "Estoy complacido de hablar." dijo mientras él y Rebekah se subían a su auto.

"Hermano mayor." Klaus sonrió. "¿Después de darte cuenta que tu búsqueda sin sentido fracasó, has decidido unirte a la refriega?"

"No ha sido una búsqueda sin sentido, Klaus." aclaró Elijah seriamente. "Además alguien tenía que hacerse cargo... Y ahora que la tengo, tengo la cura y la llevaré de regreso a Mystic Falls."

"Supongo que con una larga lista de exigencias." dijo Klaus después de un corto silencio.

"No tanta." fue la única respuesta de Elijah.

"Vuelve a casa, hermano." pidió Klaus deteniéndose de recorrer su estancia. "Resolveremos esto como una familia."

Tan pronto colgó la llamada, Caroline entró en ese momento en la habitación secándose las manos con una toalla.

"Usé toda tu lejía." dijo comenzando a pasar junto al híbrido, pero él la detuvo extendiendo la mano para agarrarla del brazo.

"Oye." Klaus sonrió cuando ella giró hacia él. "Gracias por ayudarme."

"Si." susurró Caroline, sin saber que más decir. "Bueno, si necesitas algo más... no me llames. Tengo un baile que planear." dándose la vuelta comenzó a alejarse.

"¿Amigos entonces?" llamó Klaus detrás de ella sin soltar la sonrisa.

Deteniéndose por unos segundos, Caroline giró en su dirección de nuevo. "¿Vas a dejar que Tyler regrese a la ciudad?" cuando la expresión del híbrido cayó y se quedó en silencio demasiado tiempo para su tranquilidad, negó levemente con la cabeza dándose la vuelta.

"Habrás notado..." Klaus habló por fin logrando que se detuviera y lo mirara nuevamente. "No estoy exactamente recorriendo la tierra buscándolo, ¿verdad?"

Ante su respuesta, Caroline sonrió con agradecimiento oculto en sus facciones, antes de finalmente salir de la habitación, dejando a un Klaus sonriendo también.


Restaurante

Por fin después de tres días buscándola, Damon y Stefan se encontraron caminando por una acera justo afuera del restaurante donde habían dado con el paradero de Elizabeth.

"Está bien, tienes razón... Dejé que Rebekah tomara la cura." decía Damon detenidose para mirar a su hermano. "Pensé por un segundo, quiero decir, literalmente, solo un segundo, si Rebekah la tomaba, entonces todos mis problemas desaparecerian. Y no se me ocurría ninguna buena razón para dársela a Elena. Y luego Rebekah la tomó y me di cuenta de lo mucho que lo estropee."

"Entonces, ¿cuál es tu punto, Damon?" preguntó Stefan mirando hacia el restaurante donde sabía se encontraba Elizabeth.

"Lo que quiero decir es que lo siento, ¿de acuerdo? Tuve un momento de debilidad, Stefan. Es cosa mía." se disculpó Damon. "Es como si tú y yo nos hubiésemos enamorado de la misma chica... Es cosa nuestra."

"Era lo nuestro." corrigió Stefan. "Mira, llevamos 150 años cometiendo los mismos errores. Podemos juzgar a Katherine todo lo que queramos, pero seguimos repitiendo nuestra propia historia tal como ella... Nada cambia. Eso tiene que parar, Damon."

"¿De qué estás hablando?" preguntó Damon confundido.

"Hablo de que ya terminé con eso." aclaró Stefan con determinación. "No puedo seguir reviviendo mi vida así. Le debo a Elena su oportunidad de volver a ser normal. Una vez que le demos la cura, la sacaré de mi vida y tendré vida propia." con eso regresó su atención al restaurante. "Si logro que Elizabeth encienda su humanidad me centraré solamente en ganarme su corazón. Quiero seguir mi vida y espero hacerlo con ella."

Mirando también hacia el restaurante Damon tomó una profunda respiración, recordando brevemente el beso que Elizabeth y él habían compartido días atrás. Ciertamente jamás le diría eso a su hermano, no cuando estaba tan decidido a conquistar a Elizabeth en lugar de Elena. "Bien, busquemos la cura y luego hablaremos de ti cabalgando hacia el atardecer."

"¿Aún quieres obtener la cura, incluso si eso significa que podrías perder a Elena?" preguntó Stefan.

"Es un riesgo que estoy dispuesto a correr, Stefan." dijo Damon sin mirarlo.

"Bueno, supongo que todo lo que tenemos que hacer es convencerla." dijo Stefan con un encogimiento de hombros, no sin antes pasar junto a su hermano para cruzar la calle. "Pero antes de eso tenemos que convencer a alguien más de regresar con nosotros."


Mientras tanto dentro del local, Elizabeth se encontró sentada sóla en la mesa más alejada de todas... La puerta principal se abrió revelando a las dos personas que menos quería ver en ése momento.

"Siéntense donde quieran." la camarera dijo y Elizabeth escuchó dos conjuntos de pasos al tiempo que Stefan y Damon se sentaron junto a ella en el stand que se encontraba sentada.

"¿Estás bien?" preguntó Stefan, pero ella sólo los miró fijamente sin decir una palabra... Era raro para él verla con ése corte y color de cabello, que le daba una apariencia demasiado oscura.

"Vamos, ¿por qué no hablas?" preguntó Damon ganándose la atención de la híbrida. "No vas a decirnos que no te alegras de vernos."

"¿Qué hacen aquí?" preguntó Elizabeth después de un tiempo.

"Vigilandote claro está." Damon la miró con irritación. "Y lo haremos hasta que recuperes tus emociones-"

"Saben que no quiero mis emociones de regreso." Elizabeth lo interrumpió tranquilamente. Tanto que los hermanos no pudieron evitar sentir un poco de miedo. "Me han estado llamando, acosando y ya me cansé de hablar de eso, ¿así que me aceptan y me dejan ser quien soy o no?"

"Sí... No." terminó Damon haciendo que ella lo mirase fijamente con irritación.

"Elizabeth, ésta no eres tú-" comenzó Stefan pero ella lo interrumpió.

"Lo soy ahora. La vieja Elizabeth y ésta Elizabeth no quieren tener nada que ver con emociones ni humanidad." dijo lentamente mirando brevemente a cada uno de ellos. "Y ustedes dos necesitan aceptarlo, porque sino habrá consecuencias." con eso tomó un sorbo de su bebida mientras ambos hermanos intercambiaban miradas de preocupación.

"Escucha estuve en la misma situación, en la que tu estás, mis emociones se apagaron, no era yo." Stefan intervino inclinándose para mirarla a los ojos. "Sé lo que es estar sin humanidad. Pero tú fuiste una de las que se negó a aceptar eso. No te rendiste conmigo. No paraste hasta que me ayudaste... Puedes superar esto, al igual que Elena puede-"

"Hablando de dolores de cabeza." dijo Elizabeth cruzándose de brazos con burla. "¿Dónde está ella? ¿Encontraron la cura? ¿O la ataron en el sótano? ¿O tal vez la ahogaron en verbena?" con malicia alzó una ceja. "Deberían ocuparse de ella. Eso es lo que los dos saben hacer mejor. Siempre ir detrás de sus pasos como perritos falderos... Quien sabe tal vez se decida por alguno de ustedes o por los dos, igual que Katherine lo hizo." terminó riendose un poco antes de que la camarera se acercara a ellos.

"Permíteme servirte más café." ella dijo, a lo que Elizabeth asintió con la cabeza sonriendo mientras ponían más café en su taza.

"Gracias." dijo antes de rápidamente levantarse y romperle el cuello a la camarera haciendo que la cafetera cayera detrozada en el suelo.

"Whoa." exclamó Damon sorprendido, mirando alarmado a su alrededor al igual que Stefan buscando alguna atención puesta sobre ellos. Sin embargo descubrieron que todos los presentes parecían completamente ajenos a ellos. Claramente ella los había obligado.

Elizabeth cruzó mirada con los hermanos que la miraron como si fuera alguien completamente diferente a quien ellos conocían. "Como dije: Consecuencias... Ella es vampiro, así que despertará pronto, pero sigan intentando arreglarme y en su lugar habrá un segundo, un vigésimo y un centésimo... Toda una masacre. Es su decisión." terminó fríamente dandoles una sonrisa dulce antes de darles la espalda y salir de la cafetería.

Todo lo que hicieron Damon y Stefan, fue mirarse el uno al otro sin saber que decir.

"¿Aún estás listo para cabalgar hacia el atardecer?" Damon le preguntó a su hermano sin apartar la mirada del cuerpo en el suelo. Claramente la humanidad apagada de Elizabeth había subido a un nivel peligroso... Un nivel en el que tendrían que intervenir si o si.