Yamaguchi se encontraba mirando hacia el techo de su habitación, pensando en cómo hablaría con el rubio sobre el tema del día anterior; había llorado, sí, pero no porque se sintiera herido por su mejor amigo, sino por no haber sido capaz de darse cuenta de lo que éste estaba sintiendo. Como la persona que había estado a su lado y le conocía mejor que nadie, debía apoyarlo incondicionalmente, no importaba lo que Tsukishima había dicho sobre entrometerse; fuera o no el caso, lo haría.
Ya habiendo resuelto sus dilemas mentales, opto por ir a casa del más alto, esperando que pudieran hablar, si le echaba como la vez anterior, entonces se pondría firme y no se iría tan fácilmente, porque eso era algo importante que se tenía que atender.
Era demasiado temprano y sabía que eso podía molestarle, pero no importaba, ya había dicho que pondría de su parte para que las cosas fueran claras entre ellos y no se echaría para atrás. Corrió la reja de la entrada y se introdujo por el pequeño jardín delantero, toco la puerta esperando que fuera Tsukki quien le abriera; pero fue la madre del rubio quien lo hizo, la cual le recibió afectuosamente y lo hizo pasar de inmediato.
- ¡Kei! Baja, Tadashi está aquí, no lo hagas esperar
- ...- el peliverde se quedó mudo, pues no quería advertir al contrario de su presencia antes de tiempo. Pero sólo pudo sonreírle a la dulce mujer que lo trataba tan maternalmente.
Tsukishima tardo algunos, varios, minutos en bajar y miró inexpresivamente al pecoso seguramente porque sabía de qué se trataba esa visita mañanera, él le sonrío tímidamente esperando que así apaciguara el ceño fruncido del contrario.
- ¡buenos días Tsukki!
- buenas – pasó de largo y se dirigió de inmediato a la cocina; aunque probablemente su madre lo invitaría a desayunar, quiso evitarse el momento incómodo y las preguntas de la mujer al notarlo, porque seguramente notaria esa tensión que había entre ellos en ese momento.
Regreso a la sala, ya con su bolso listo para marcharse al instituto antes de lo usual, Yamaguchi le siguió hasta la salida, despidiéndose de la mujer de manera cariñosa. Caminaron varios metros hasta que el más alto se detuvo y giro su rostro para poder ver a su compañero, le inspeccionó atentamente, abrió la boca y volvió a cerrarla, pensando de nuevo como iniciar esa conversación, ya que todo ese trayecto lo habían pasado en silencio, aunque el rubio ni siquiera se había colocado los audífonos, lo que era señal de que escucharía.
-... lo siento por lo de ayer – fue el peliverde quien rompió el silencio – seguramente estuve molestándote todo el tiempo, y después no fui de mucha ayuda; espero que Tanaka y los demás no te hayan hecho enfadar...
- Ennoshita los callo, así que no pasó nada después de que te saliste
- sobre eso, verás
- Yamaguchi a mí no...
- déjame continuar Tsukki – torció los labios pensando en que su amigo quería evitar el tema o tratar de hacer como que nunca hubiera pasado, bajo la mirada a sus pies y luego la volvió hacia esos ojos amberinos –... debí de darme cuenta de cómo te sentías
- pero yo no...
- el hecho de que te pusieras de mal humor, con tan sólo mencionártela debió de haberme dejado entender
- ¿Qué diablos?
- estuve reflexionando sobre eso, mientras regresaba a casa y mientras intentaba dormir; recordando en mi mente cada una de tus expresiones, tu manera de hablar, el tono de tu voz. Me di cuenta de que fui un tonto, y uno muy grande por no verlo en su momento – el peliverde se fijaba en todo lo que tuviera que ver con el más alto, pues a veces cuanto este callaba lo único que quedaba eran las expresiones corporales; además de que su amigo nunca decía lo que pensaba, sino que pensaba lo que decía, por lo que era difícil sacarle una respuesta, al menos él ya sabía cómo tratarle - Tsukki yo lo siento, de verdad que no quise ponerte en aprietos.
- Yamaguchi ¿de qué rayos me estás hablando?
- de la persona que te gusta...
El rubio sintió una tensión recorrerle la espalda cuando escucho esas palabras, pues no quería oírlas, no de él; apretó los dientes, y pudo notarse el gesto amargo; entonces el pecoso bajo la mirada sintiéndose aún más culpable.
- ¿Quién se supone que me gusta? – soltó con un tono irritado en la voz
- Y-Yachi
- ¡¿Eres idiota?! – casi nunca gritaba, pero eso le movió el instinto – no siento nada por ella, no te dejes llevar por lo que escuchaste en el gimnasio – era demasiado frustrante, no quería escuchar más.
- Tsukki ¿entonces por qué otra razón estarías celoso?
- ¿Celoso? definitivamente esta conversación no tiene sentido
- oye, no escapes
- no estoy huyendo, lo que dices, simplemente no testa sucediendo. Solo porque lo escuchaste, no significa que sea verdad, Hinata es un idiota que dice estupideces y con Tanaka es más de lo mismo, no tienes razones para creer que sea verdad.
- si lo tengo – se apresuró a decir - el hecho de que te molestes. Aunque Hinata lo haya dicho, y tenga todas las razones para dudar de él, de quien no puedo hacerlo es de tu mirada Tsukki.
- ¿Cómo?
- cuando Tanaka lo gritó, inmediatamente volteaste a verme y pude ver reflejado algo que parecía culpa en ti, como si intentaras disculparte conmigo por sentirte así; y eso no es usual, por eso es que lo pienso, porque otra razón desviarías la mirada de ese modo.
- tal vez porque no quería que lo malinterpretaras como lo estas haciendo ahora, solo estas imaginando cosas donde no las hay– estaba decidido a negar esa locura, por más que el pecoso se lo dijera no quería aceptarlo. Se giró y volvió a andar, queriendo dar por terminada la conversación.
Pero antes de que lograra escapar, Yamaguchi le había tomado del brazo para detenerlo, y caminar hasta ponerse frente a frente de nuevo. Se mantuvo firme sin decir nada y luego soltó un suspiro.
- tienes razón, yo no puedo estar seguro de lo que estoy diciéndote, porque creo que debe ser uno quien se dé cuenta de sus propios sentimientos y no alguien más. Pero yo puedo decir que si te gusta Yachi por la forma en la que has reaccionado estos días, aunque eres tú quien debe discernir sobre ello; tomarte tu tiempo de considerarlo y ver qué pasa finalmente.
- ¿Por qué me estás diciendo todo esto?
- porque eres mi amigo Tsukki y quiero apoyarte
- eso es una ridiculez ¿no se supone que ti te gusta? – no se podía estar más exasperado, sentía como si su amigo le estuviera jugando una broma, hubiera preferido que fuera así.
- me gusta, pero ayer cuando me rechazo comprendí que no era de una manera romántica; pienso que es linda y dulce, pero para mí no es más que una amiga.
Los ojos del rubio se abrieron más de lo normal, estaba sorprendido y a la vez sentía cierto alivio en el pecho al escuchar que la manager había pasado del pecoso. Eso le hizo sentir una punzada en el cerebro, pues ¿se suponía que debía estar feliz por ello? ¿Eso significaba que en verdad le gustaba? la confusión lo estaba embriagando, un haz de emociones le carcomía. Desvió la mirada, evadiendo al peliverde, y sentía que su lucha interna estaba llegando a su fin.
- ¿Tsukki?
- ¿en serio se lo dijiste?
- no – rascó su cabeza y se cruzó de brazos al pensar en lo que había sucedido –...ni siquiera tuve la oportunidad de hacerlo como era debido, estábamos teniendo una conversación normal y yo simplemente me aventure a averiguar; así que tome todo el valor que pude y le pregunte sí había alguien que le gustara, ella sólo me miro confundida
- eso no es rechazar Yamaguchi
- no acaba así; me respondió que le gustaba un cantante de un grupo; no le preste atención al nombre porque estaba completamente ido al ver que no me había entendido; le dije que qué si había alguien en la escuela que le gustara, ella se quedó pensando y finalmente me enumero a todos los del equipo - soltó un pesado suspiro al sentirse resignado - le gusta nuestro esfuerzo y que amemos tanto el vóley, ella realmente es linda por sentir tanta simpatía a todos nosotros
- eso - se le quedo mirando el rubio, después de escuchar esa absurda historia, sin palabras, pues no entendía como el pecoso había dado todo por perdido con una explicación como esa - pero aún así no se lo dijiste, ella pudo responderte que sí, si se lo hubieras preguntado
- lo sé, pero mientras lo pensaba me di cuenta de que no estaba decepcionado de su respuesta, y tampoco me sentía mal porque me viera como solo un amigo, o que tuviera el mismo aprecio por mi y por los demás, que no era algo que añorara escuchar de ella, además la aprecio por lo que prefiero que sigamos teniendo una relación de amigos.
- entonces ¿Cómo pudiste decir que te gusta?
- lo sostengo, me gusta Yachi, pero no de una manera romántica, me gusta casi tanto como lo haces tú – le regaló al rubio una sonrisa de extremo a extremo.
En el corazón del contrario, todos esos procesos químicos de los que había hablado, jugaron contra él y su pulso se aceleró, que aún entre el bullicio de la calle podía escuchar el rápido son. Pensar que estaba al mismo nivel que la rubia le daba algo de rabia; es decir ¿entonces de que servían tantos años juntos?
- por eso – interrumpió el peliverde sus pensamientos – quiero apoyarte, después de todo son dos personas que aprecio, y uno es la persona que es más importante para mi
- ...no te entrometas – estaba cansado, aceptaría lo que todos sugerían que sentía, pero sólo porque el contrario era algo así como la voz de su conciencia. Se daría la oportunidad de averiguar si era verdad que le gustaba la manager, de alguna forma, o todo estaba en la imaginación de los demás.
- está bien – asintió calmado, aunque no le gustaba que lo hiciera a un lado, pero le daría su espacio.
- me daré el tiempo para pensarlo, pero si te involucras creo que no tendré un juicio claro cuando quiera tomar una decisión – respondió al ver la expresión de tristeza de su amigo-
- ¿cómo?
- siempre estas empujándome Yamaguchi, y me obligas a hacer cosas que no deseo.
- pero sabes que tengo razón – volvió a sonreír al comprender que su amigo realmente lo tomaba en cuenta. Le gustaba hacer que Tsukishima hiciera lo correcto de vez en cuando; a lo que el rubio sólo desvió su mirada - me alegro que estas cosas no nos separen Tsukki, ayer tenía miedo de que no fueras a perdonarme.
- ¿Por qué habría perdonarte?
- porque no me di cuenta antes, sé que no es mi obligación, pero pude haberte evitado todos esos disgustos.
- eso es ridículo y no dejan de ser especulaciones, no creo haberme sentido atraído por Hitoka, pero lo intentaré porque eres tú el que me lo esta diciendo y quien mejor me conoce
- ¿de verdad? - pesé a que lucía emocionado por que el más alto se diera una oportunidad de intentarlo, al final eso le oprimía un poco el corazón.
El asunto con su amigo se había solucionado, tenía sus cosas de vuelta después de irlas a recoger al vestuario y pasaba las clases ya más tranquilo. Era más fácil cuando todo estaba aclarado, los problemas solucionados y la relación con el rubio prevalecía, que era lo que más le interesaba.
Pero no todo podía ser armonía, había cosas en las que el peliverde no se había parado a pensar, sobre todo porque sus pensamientos estaban en otro lado.
En unos días tendrían un partido de práctica con una escuela cercana, ahora que habían llegado a las nacionales el consejero ya no tenía que rogar por todos lados para intentar conseguir algo, ahora eran otros institutos, unos cuantos, los que llamaban y eso era beneficioso para ellos, pues podían con ello mejorar sus habilidades. Ya no estaban olvidados, y hubieran deseado que sus anteriores compañeros pudieran ver los frutos que había logrado su trabajo duro, por eso no desperdiciarían ni un momento y ganarían, hasta llegar a la cima de todos, con esas alas que iban expandiéndose y los elevaba.
Ennoshita practicaba las recepciones más que nadie pues cargaba con la confianza de todos sus compañeros, y no quería fallarles, Tanaka se dedicaba a rematar con fuerza pues quería tener el nivel apropiado de un As de Karasuno; y los demás se dedicaban a sus propios asuntos, siendo la práctica libre.
Cuando termino el entrenamiento, todos fueron a cambiarse de ropa para irse a casa finalmente, entonces el peli naranja pidió al de lentes que lo ayudara con los exámenes como había ofrecido, pero sólo recibió negativas por parte de éste y comprendió que no le ayudaría después de lo sucedido, y él sólo quería ir a Tokio, ya que habían recibido la invitación del Nekoma.
- Yachi ¿quieres qué te acompañe a casa? – invitó el pequeño al no tener razones para quedarse más.
- ¡ah! Hinata yo puedo ayudarte a estudiar
- ¿de veras Yamaguchi? – gritó emocionado el contrario
- aunque no sea muy bueno, espero poder ayudarte – sonrió, ahora sería él quien le daría esa oportunidad al rubio – ya sabes que el inglés no se me da muy bien, pero con lo demás creo que podré arreglármelas.
- Yamaguchi, acabarás mortificándote si intentas enseñarle algo – se burló el más alto.
- ¿Hinata? – se escuchó desde afuera la voz femenina
- un segundo Yachi
- Tsukki acompañara a Yachi, así que podemos quedarnos desde hoy ¿verdad?
- Yamaguchi – se quejó el de lentes
- está bien ¿no es así? – Los miró a ambos, y ahí estaba de nuevo, esos ojos que tanto irritaban al rubio porque le manipulaban, así que sólo chasqueo la lengua resignado- ¿Hinata?
- bueno, pero me preocupa dejar a Yachi a solas con este sujeto – miró al más alto con desagrado, no lo hacía por el tema que envolvía a Kei con Hitoka, pues al parecer el número diez no entendía la razón de aquel plan.
- ella estará bien, te doy mi palabra. ¿Tsukki?
- eso dependerá de ella
- déjamelo a mí – dijo que no iba a meterse, pero ya estaba involucrado hasta el fondo. Salió del cuarto para disculparse con la manager por no dejar que el peli naranja la acompañara, pero a cambio sería Tsukishima quien lo hiciera.
Ella se asustó, al imaginar en que habían obligado al más alto, y pensó en su reacción, como siempre sobre exagerándolo todo de una adorable manera. Tadashi le tranquilizo diciéndole que todo estaba bien, que éste estaba de acuerdo. Finalmente se dio por vencida y acepto, así el peliverde fue por su amigo.
- ya está Tsukki
- ... - el rubio lo observó y se acercó a él para que los otros dos no le escucharan – está será la última vez que te involucras, porque estás haciendo lo que te dije que pasaría
- lo siento Tsukki
- como sea, nos vemos mañana
- suerte – le ánimo, pero sólo recibió una mirada amarga. Se giró a ver al pequeño gigante y fue hacia sus cosas - Bien ¿con qué empezamos?
- si se trata de inglés yo puedo ayudarlos – intervino el castaño, aprovechando la oportunidad que se le daba
Entre Yoshida y él intentaron hacerle llegar a su cerebro la vasta información de sus clases, pero era difícil con los pocos apuntes que tenía éste en sus cuadernos. Ikki se las arreglaba para apoyar al pecoso en los temas que se le complicaban, pues estaban dando un pequeño repaso de todo para saber en qué era lo que el contrario tenía que poner énfasis, sin duda el castaño era un chico listo pues, aunque eran temas avanzados para su grado los comprendía muchísimo más que Hinata.
Habían quedado de acuerdo en que todos los días después del entrenamiento se quedarían a estudiar para que cuando los exámenes llegaran no les tomaran de sorpresa, pues el armador también se había unido.
Cuando por fin terminaron, Tadashi acompaño al chico de primero como se lo había prometido, realmente él también se preguntaba cómo alguien tan inteligente no podía recordar el camino de vuelta a la estación; giró su rostro para observarlo, pero se encontró con esos ojos grises sobre él, y rápidamente desvió su mirada. El contrario lo hacía sentir tan nervioso que asustaba, estaba confundiendo todos sus sentidos y creía que pronto se volvería loco. Inevitablemente recordó el beso, los besos que el castaño le había dado, según éste para que dejara de llorar, bendita suerte la suya.
Inconscientemente llevó sus dedos a los labios, sin poder apartar esos recuerdos de su mente, suspiró y entonces una voz lo sacó de su viaje.
- Guchi
- ¿Qué pasa? – respondió sumiso, sin mirarlo a los ojos
- ¿podemos hablar sobre lo de ese día?
- no sé si quiero hablar sobre eso – la verdad es que por ahora quería olvidarlo, de tan sólo recordarlo se sentía abrumado.
- pero es importante, para mí al menos, no todos los días le robas un beso a la persona que te gusta.
Se detuvo en seco y a su lado se quedó el más alto, las mejillas del pecoso ganaron color, y sintió que su cara le pesaba, simplemente agacho aún más su rostro para evitar que fuera a verlo de esa manera.
- sería genial – siguió hablando al ver la reacción de éste – si hubiera sido tu primer beso – sonrió para sí, sin apartar la vista del peliverde.
- ¿pri-primer beso? – alzó la vista sorprendido, abrió la boca y el rojo se corrió hasta sus orejas
No lo había pensado, ni siquiera se había fijado en ello cuando paso, pero era cierto, aquel había sido su primer beso y se lo había dado a un chico, que para el colmo de las cosas lo había besado de nuevo, ya no tenía excusas ni salidas, estaba mudo y se hubiera echado a correr en ese momento, si sus piernas lo hubieran dejado.
- Guchi ¿ese era tu primer beso? – enarcó una ceja y dejó escapar una risa de felicidad al entenderlo de ese modo.
- n-no te rías – llevó sus manos a la cara y se colocó en cuclillas muerto de vergüenza. Primer beso, si se ponía a pensarlo, solo había llegado a besar a Tsukki en la mejilla cuando eran niños, la primera vez por insistencia de la madre del rubio, incluso había una foto de ello en dónde esta él con los ojos cerrados, estirando los labios, y estando de puntillas para alcanzar al más alto, que tenía un fuerte color rojo en el rostro, en algún lado. Pero un beso en los labios, era la primera vez para él.
- lo siento – se agachó a su lado, y pasó sus dedos entre ese mechón rebelde – hubiera preferido que se diera de otra manera.
- estás loco, completamente loco Yoshida, soy un chico ¿Qué planeas hacer conmigo?
- estoy consciente de que eso, desde el segundo partido oficial que tuvieron contra Aoba me di cuenta no te preocupes, creo que ahí me enamore de ti.
- basta - rogó
- no, quiero dejar esto en claro, yo voy por lo que quiero y ni siquiera tú vas a detenerme – le tomó de las muñecas y le obligó a dejar libre su rostro – Guchi, por favor escúchame
- ¡no quiero! – desvió la mirada
- querías una oportunidad con Yachi para decirle lo que sentías ¿no?, yo también quiero decirte todo lo que me haces sentir con tan sólo mirarte Guchi.
- esto es incomodo
- me disculpo por eso, pero realmente quiero decírtelo todo
- yo – respiró hondo, pensó unos segundos y volvió a suspirar, sintiéndose mal por negarle esa oportunidad al castaño, debía ser justo, era lo que tanto propiciaba en Tsukishima, pero le daba miedo lo que pudiera suceder después de escucharlo. Tragó saliva, y con un rostro inofensivo le miró – está bien.
- ¡gracias! - la sonrisa de Yoshida era indescriptible.
Kei caminaba al lado de Hitoka, pensando en el por qué había terminado por aceptar lo que los demás decían, nunca le había importado y no es como si quisiera empezar ahora; sí tan sólo Yamaguchi se hubiera mantenido callado, ahora no tendría por qué estar a solas con una persona sin decirse nada durante más de veinte minutos; en ese momento deseaba tanto poder ponerse sus audífonos y abandonar todo lo que le rodeaba hasta llegar a casa. Al parecer la pequeña manager estaba nerviosa, o probablemente tenía frío, porque estaba temblando, no sabía y se cuestionaba sobre preguntarle; al final sería un fastidio salir con una tontería, por lo que no dijo nada al respecto, la contraria tampoco hizo mención de ello, probablemente sólo estaría intimidada por su compañía. Por primera vez no hablar le estaba estresando, no era alguien de muchas palabras, pero si lo pensaba en verdad le agradaban las conversaciones que tenía con Tadashi, le gustaba escucharlo, incluso ver las reacciones o los gestos que ponía cuando contaba cosas ocurrentes, sí, el pecoso siempre había tenido una imaginación que le divertía, y no pensaba que era estúpido, sabía que éste se esforzaba para armonizar el ambiente y lo lograba, la relación con él era perfecta, no se sentía presionado, era sencillo hablar con él, a veces no tenía que decir nada para recibir algún consejo, Tadashi le conocía de maravilla pasa saber que pasaba por su cabeza, así que no tenía que hacer grandes esfuerzos, se sentía cómodo a su lado.
- ¿Tsukishima? – lo distrajo la voz de la rubia, de echo por la expresión que ella tenía se notaba que había estado hablándole por un buen rato - ¿está todo bien? – ella volvió a hablar cuando su acompañante la miró desconcertado
- ¿pasa algo?
- b-bueno – levanto su mano, señalando una pequeña parada que estaba unos cuantos metros atrás – es que yo tomo mi autobús ahí
Había estado tanto tiempo perdido en sus pensamientos, maldiciendo a su mejor amigo por haberlo arrastrado a esto que ni siquiera se había dado cuenta que no había escuchado a la menor, si en algún momento dijo algo.
- ah – miró hacía la parada y luego de nuevo a ella; tardó unos segundos mientras analizaba lo que iba a decirle, porque según Yamaguchi tenía que poner de su parte, todo era un fastidio – entonces, nos vemos mañana
- ¿eh? ¡Ah! Si
De esa manera la acompañó y esperó hasta que se fuera, aunque probablemente, sin la influencia de Yamaguchi, después de despedirse se hubiera marchado; le había querido dar a entender que el día de mañana también le acompañaría y esperaba que la rubia lo entendiera así, para no volverlo a repetir, eso sería demasiado para él.
Ahora amaba esa paz que le traía escuchar su música, en todo el camino no había dejado de pensar en su amigo, en lo molesto que era cuando le manejaba a su antojo, jamás acabaría de comprender cómo era que siempre terminaba accediendo a lo que le "sugería".
- ¿por qué venimos a comer hamburguesas? – cuestionó el castaño al estar formados en la fila para ordenar, estaba ansioso por contarle todo, así que hubiera preferido un lugar un poco más ¿intimo? ¿romántico, tal vez?
- porque tengo hambre – la verdadera razón era porque no quería estar a solas con el contrario, temía por su juicio
- podríamos haber ido a otro lugar a comer
- no tengo mucho dinero, además siempre vengo aquí con Tsukki, me gusta aquí – intentaba mantener la cordura, mientras ordenaba un par de hamburguesas y papas fritas.
- ¿Tsukki?, ¿eh?
- ¿pasa algo con él?
- nada, sólo me preguntaba, no sé ¿Cuánto tiempo han sido amigos? – intentaba averiguar qué tipo de relación tenía con el rubio, después de todo necesitaba saber cuántos obstáculos tenía que quitar de su camino.
- lo conocí cuando estaba en primaria, unos chicos me estaban molestando y el llego...
- ¿y te salvo? – levantó una ceja el más alto.
- bueno – soltó una risa divertido cuando recordó ese momento – no exactamente, el sólo dijo "patético" con ese rostro burlón, sigo pensando que me lo dijo a mí al verme al borde del llanto y los demás chicos simplemente huyeron porque los intimido su altura – siguió riendo, llevando sus cosas mientras caminaba hacia una de las mesas – pero realmente nos hablamos cuando quise ingresar al club de vóley
- ¿desde siempre te ha gustado el voleibol?
- no, es sólo que pensaba que ahí no me molestarían tanto como en los demás clubs, que equivocado estaba; pero en ese tiempo no era muy bueno para defenderme solo, bueno no sabía cómo hacerlo del todo, y tampoco había nadie a quien pudiera contárselo.
- ¿tus padres?
- mamá, – bajo la mirada con un aire triste – ella murió cuando yo tenía ocho, y papá siempre ha trabajado haciendo viajes así que pocas veces estaba en casa, después de lo de mi madre menos se presentaba, creo que es porque le recuerdo a ella – comentó nervioso mientras desenvolvía su comida – así que siempre estuve solo, hasta que conocí a Tsukki, claro. Él siempre ha sido asombroso y un gran amigo
- ¿lo aprecias mucho?
- demasiado, es importante para mí, es mi mejor amigo... es mi familia - bueno era lo que podía decir, no se veía en un mundo donde no estuviera el rubio.
- ya veo – Yoshida sonrió más tranquilo, al saber cómo era que el pecoso veía al chico de lentes. Entonces antes de que el peliverde dejara atrás esa confianza que estaba teniendo con él, decidió enfrentarlo estratégicamente – mi familia está en Aomori y como trabajan, hasta ahora sólo he podido llamarles los fines de semana.
- pensé que te habías mudado con ellos
- no es tan fácil cambiar de residencia, tienen trabajos estables ahí, pero los convencí para que me dejaran vivir aquí.
- ¿es por esa razón que me mencionaste? De la cual no me dijiste de qué se trataba.
- bueno, no es como si pudiera soltártelo, así como si nada, no soy tan descarado como piensas.
- oh... - sólo pudo emitir ese sonido, al imaginarse a donde iba la conversación, así que se encogió de hombros y miró a su comida ya sin mucho apetito.
- creo que ya es hora de decir la verdad... – sonrió un poco y luego se acomodó en el respaldo – cuando tenía como doce años vine a visitar a mis tíos, no viven muy lejos de aquí. Así que ellos un día me llevaron a ver un partido de voleibol, mi primo estaba en el club, pero no era titular y yo pensaba en lo absurdo que era ir si él no jugaba, aunque en ese entonces ya me jugaba al Vóley pero más como un pasatiempo, pero al estar ahí entendí porque me llevaban...
El pecoso, sólo se limitó a verlo sin decir nada.
- en la cancha, había alguien magnifico jugando, dando unos pases increíbles, la forma, la precisión y toda la confianza del equipo depositada en él. El deporte nunca había llamado tanto mi atención como aquel día, pero en cuanto lo vi quede prendado y quería hacer lo que él lograba.
- espera, no te referirás a... – bueno, el castaño ya se lo había mencionado un día, que tenía ganas de volver a hablar con el armador de Aoba.
- sí – sonrió – Oikawa fue mi impulso para jugar seriamente.
- entonces, ¿Por qué Karasuno?
- mi plan original era ir a Kitagawa Daichi, donde él jugaba, pero obviamente mis padres no quisieron dejarme ir solo a esa edad, y mudarme con mis tíos no era una opción, así que tuve que esperar. A veces venía a ver los partidos en los que él jugaba ya estando él en preparatoria y me enojaba por no ser por lo menos un año más grande para poder pararme a su lado; así pasó hasta su primer partido contra ustedes que pude ver, y ahí estabas tú
Yamaguchi se tensó, y volvió a bajar la mirada, pues sabía que ese no había sido un buen juego, ni para él ni para el equipo.
- la verdad es que me preguntaba él por qué te habían sacado a la cancha, porque desde donde yo estaba sentado podía notar como temblabas.
El color en el rostro de Tadashi pasó de ser pálido a un rojo vivo en cuestión de segundos, comenzó a temblar y sus manos le sudaban horriblemente.
- fuiste pésimo, y lo vi como una mala estrategia – río un poco y luego suspiró – pero suponía que era tu primer partido, porque ninguno de tus compañeros te miraba disgustado. Qué valor el del entrenador.
- Yoshida, esto me está poniendo incomodo – confesó el pecoso en voz baja, pues hacia que toda la culpa que había sentido en ese momento regresará a él.
- lo siento, pero tengo que decírtelo; pues después, en su segundo partido oficial yo iba con todas las ganas de apoyar a Oikawa, ya quería ver como por fin le ganaban a Shiratorizawa, aunque creo que eso jamás pasara. Perdón... yo no dejaba de verlo, obviamente porque sabía que el siguiente año estaría en el mismo equipo en el que él había estado. Pero algo inesperado paso, tú pasaste, entraste a la cancha con un aura abrumadora, como si pudieras comerte al mundo, que no pude evitar mirarte, y quedar fascinado con cada uno de tus saques, de tus expresiones, de la forma en la que estabas orgulloso por lograrlo y fui feliz por esos puntos que conseguiste, que me olvidé de a quien estaba apoyando, mis ojos, aún cuando habías salido ya, no dejaban de mirarte. El partido acabo y yo seguía concentrado en ti, ahí supe que quería jugar a tu lado, defender tus jugadas, compartir tu felicidad, pero sobre todo verte aún más.
El peliverde tenía la boca abierta sin poder dar crédito a lo que estaba escuchando, tenía que ser una broma, él no era capaz de causar tales sensaciones en las personas, nunca le habían mirado sólo a él, sentía una extraña felicidad recorrerle. Aún estaba temblando, pero no era por estar avergonzado, sino porque estaba nervioso, por la manera en la que el castaño le estaba mirando, con tanto cariño, no podía evitar verle a los ojos, pues era como si estos le llamaran.
- por eso, decidí entrar a Karasuno, dejé todos mis planes atrás porque quería estar contigo Guchi.
- Yoshida yo... esto – empezó a mover los brazos, pensando en las palabras que debía decirle después de escucharlo – no sé...
- oh Guchi, tranquilo. Mira, me enamore de ti desde ese momento, y sí, ya sabes que voy por lo que quiero; pero sé hacer las cosas, y no voy a presionarte, sino a enamorarte.
- o-oye no po-podríamos ser sólo amigos – atinó a decir, pues aún se empeñaba a escapar de la situación.
- podríamos, sí – valoraba el castaño – pero yo no quiero ser tu amigo, quiero que me ames como yo lo hago y sé que lo voy a lograr
- ¿cómo puedes tener tanta confianza?
- porque estoy seguro de lo que siento.
Habían pasado dos semanas desde que Tsukishima acompañaba a Hitoka hasta su parada y se iba a su casa después de eso, había averiguado que con ella tenían algunos intereses en común, como libros y canciones, no los mismos gustos ni las mismas opiniones, pero se podría sobrellevar una plática retroalimentativa. La rubia parecía menos nerviosa y él por su lado se mantenía en un estado neutro; había descubierto que no le desagradaba, aunque eso ya lo sabía, pero realmente no le causaba un interés "romántico" ,ni es que fuera a tener la mejor amistad con ella, pero era pasable, una buena amiga y nada más.
Todo estaba perfectamente analizado, después de esa semana podía estar seguro que los argumentos de los demás, o lo que incluso Yamaguchi pensaba era incorrectos, podía liberarse de esa carga y ocupar su mente en otras cosas. Los exámenes estaban cerca y el pecoso podía volver a acompañarlo a casa, que todo volviera a la normalidad le tranquilizaba, aunque la manager no era molesta, algo, en toda la semana, estuvo estresándole y sentía que pronto iba a estallarle la cabeza, por eso volver a su tranquila rutina le hacía sentir a gusto.
Por la mañana se encontró a Tadashi esperándole como siempre, y recibiéndolo con esa sonrisa tonta que solo a él le quedaba bien. Algo parecía diferente en el pecoso, desde hace días lo había notado; su mirada tal vez, era difícil de decir, y podía ser solo parte de su imaginación, pero cómo preguntarle, su amigo siempre era tan honesto con él que era más fácil darle algún consejo, y ahora no tenía nada.
- ¿Yamaguchi pasa algo?
- ¿cómo que Tsukki?
- si te estoy preguntando es para que me lo digas, no soy adivino – desvió el rostro, intentando expresar desinterés
- bueno – suspiró y bajó los hombros – es un poco difícil enseñarle a Hinata, a veces no me entiende y tengo que explicarle de muchas maneras, no sé cómo le haces para que te tome el hilo a la primera
- te dije que no lo soportarías
- serías un buen maestro sin duda
- después de enseñarle a ese par desisto de cualquier carrera en esa área – llevó las manos a sus bolsillos mientras ambos caminaban hasta la escuela.
Ambos rieron pensando en el desgaste mental que el dúo les hacía pasar, pero al final no era tan malo el tiempo que pasaban con ellos, al menos encontraban material para divertirse.
- ¿Cómo va todo con Yachi?
- genial - comentó sarcástico.
- ¡oh! Vamos Tsukki, no te diré nada al respecto, sólo cuéntame que ha pasado – pues como habían acordado, el pecoso no se metería en el asunto, eso involucraba que no debía de enterarse de nada, pues cualquier mínima cosa le haría dar su opinión.
- no creo que haya necesidad de que la acompañe a casa más.
- eso qué quiere decir – levantó una ceja confundido y escrudiñando al rubio.
- bueno, ya no tienes que enseñarles al enano y al rey, así que ellos pueden acompañarla al autobús sin ningún problema – que frustrante era hacer que su amigo lo captara, pues no quería decirlo como tal.
- ¡Tsukki!
- cállate Yamaguchi
- ¿Tsukki le hiciste algo a Yachi? – lo miró un poco enfadado.
- no dejes que tu imaginación se vaya muy lejos, sólo es que ya no hay razón para que la siga acompañando.
- ¿A qué te refieres?
El rubio rodo los ojos, preguntándose dónde había quedado la perfecta manera del pecoso de saber lo que estaba pensando sin la necesidad de decirle.
- no es obvio
- ¿es enserio?
- te lo dije hasta el cansancio, sólo eran ideas suyas
- ¿de quiénes?
- de todos ustedes
- ¿estás seguro?
- Yamaguchi basta, ya me hiciste pasar por todo esto para nada, no sigas insistiendo y por fin olvida el tema
Tadashi frunció los labios, no muy convencido, así que se quedó estudiando el rostro del contrario, esperando poder encontrar una respuesta más concreta en él.
- deja de acribillarme de esa manera
- lo siento Tsukki – ladeó el rostro resignándose – es sólo que estaba convencido
- seguramente sólo estas molesto porque te equivocaste
- ¡Tsukki! Esto es malo, ¿desde cuándo se supone que me cuesta entenderte?
- no te alteres – negó con la cabeza, a él también le parecía extraño, pero era algo que podía solucionarse, o tal vez era momentáneo, ya pasaría.
- ¿Qué se supone que haré ahora? – realmente no podía calmarse eso le preocupaba.
- no se va a acabar el mundo Yamaguchi, además dije que iba a poner de mi parte ¿no? Puede que sea el momento – intentó alentar el rubio lo mejor que pudo, porque viendo el rostro del contrario le hacía pensar que iba a morir en cualquier momento si seguía pensando en ello como un laberinto sin salida.
- Tsukki – respondió con una voz chillona, y se lanzó en un caprichoso abrazo hacia el más alto – sin duda eres el mejor – intentaba contener las lágrimas y el labio le temblaba.
- ya basta Yamaguchi – desvió la mirada, con un ligero sonrojo en el rostro, pues estaban en medio de la calle, en una escena como esa, era demasiado – quítate.
- lo siento Tsukki – respondió con una sonrisa, ya más tranquilo, y así finalmente le soltó.
Las clases fueron normales, y Yamaguchi tuvo tiempo en el receso para decirle al peli naranja que ya no había necesidad de quedarse más a estudiar, que cualquier duda que tuviera podía preguntársela pero que estaba técnicamente listo y que sin duda aprobaría los exámenes. Eso hizo que Hinata estuviera un poco más a gusto, y se alegraba al pensar que iría a Tokio sin ningún contratiempo.
Durante el entrenamiento el peliverde parecía más extraño que nunca, era por eso que pensaba que realmente estaba sucediendo algo con respecto a su mejor amigo, y ahora entendía el porqué de la alusión al vidrió borroso, porque no tenía claro lo que estaba pasado, aunque estuviera frente a sus ojos.
Pensó una vez más Tsukishima, que las cosas volverían a la normalidad, y lo que fuera que estaba envolviendo al pecoso desaparecería pronto, claro no es como si éste pudiera ocultarle algo por siempre, ya que todo se lo terminaba contando de alguna u otra forma, así que contaba con eso.
Pero al final del día, se dio cuenta que en esas dos semanas las cosas habían cambiado, y al parecer serían para mal, al menos desde su punto de vista. En ese momento traía el ceño fruncido, y unas ganas enormes de ponerse los audífonos de no ser porque el pecoso estaba a su lado, lo hubiera hecho.
- ¿Qué hace él aquí?
- bueno, le prometí que lo acompañaría a casa – bajó la cabeza el peliverde al no poderse enfrentar a su amigo.
- y no pudiste hacer un comentario sobre esto cuando te pregunte esta mañana – miró al contrario con suma seriedad, quien caminaba a su lado y el castaño un par de pasos atrás.
- lo siento Tsukki, es que no sabía cómo decírtelo; sé que no te agrada, pero no es que pudiera romper mi promesa, así como si nada – jugaba con sus dedos, aun sin verlo a la cara - me estuvo ayudando con Hinata y le debo un favor.
- ¿Cuánto tiempo va a durar esto?
- no estoy seguro – dirigió una rápida mirada hacia atrás, obviamente no le estaba contando la verdadera razón, pero no sabía realmente como decirle.
- es suficiente, yo me largo
- Tsuk... - el peliverde suspiró, pues no podía exigirle de más a su amigo, además el problema que significaba Yoshida era más grande de lo que creía.
Así Tsukishima se marchó sin decir nada más; después de todo estaban cerca de la zona donde se separaban, y la estación quedaba un poco más lejos; olvidándose de que las cosas podrían ser igual que antes, al menos hasta que esa salamandra dejara de absorber a Tadashi todo el tiempo, desde que había regresado del viaje, y se había encontrado con él de inmediato le cayó en la punta del hígado. Su aire se superioridad le molestaba, el hecho de que fuera bueno en el vóley le fastidiaba, y que así de la nada intentara volverse cercano al pecoso, y peor aún, que poco a poco lo fuera consiguiendo acababa lentamente con su autocontrol.
