Capítulo 5 Al fin en este lugar (POV Syla)

Syla se despertaba llena de energías en un día de verano.

"Intenta, Falla, Intenta de Nuevo, Falla Mejor" – recito mientras se levantaba de la cama.

Syla miraba los rayos de sol que pasaban por la ventana de su cuarto. Miraba el reloj muggle de la pieza que marcaban las 6 de la mañana. El día de ayer se había sacado la ropa y se había metido directamente a la cama. Le había hecho bien, había reposado, su mente estaba tranquila y se sentía fabulosa otra vez.

Ayer había sido un desastre. Su entrevista con Tom había terminado en una prueba de duelo de la cual no había salido del todo decorosa. Su blusa ensangrentada en el canasto de la ropa sucia era prueba de una jornada agridulce… pero ya era cosa del pasado. Había llorado lo que tenía que llorar y sufrido lo que tenía que sufrir. Ya era un nuevo día y era, oficialmente, maga investigadora a cargo de Tom Riddle.

"Bueno, maga investigadora a prueba" – se corrigió mentalmente.

Había logrado su cometido de que la aceptará, o en términos de Syla, Tom no la había podido echar a patadas de su oficina. Había probado suficiente valía. Él había mencionado que se quedaba sin tiempo, así que debía haber otra variable por la que la hubiera aceptado. No sabía que podría ser, pero aceptaba el triunfo. Sabía de antemano que entrar en el círculo íntimo del futuro Señor Tenebroso sería difícil, por lo que haber ganado dos meses asegurados de trabajo con Riddle era un buen resultado.

"Hubiera preferido lograrlo sin que me rompieran la mano y terminara con la cara ensangrentada – pensó – "Bueno, en fin, Syla bien hecho. Primer día logrado. Trata de no tener huesos rotos en tu segundo día".

Esbozó una sonrisa por su logro. Victoria pequeña, pero victoria, al fin y al cabo. Estaba orgullosa de sí misma y hoy continuaría esa senda.

"Hora de iniciar un nuevo día"

Sonreía mientras se dirigía a, según ella misma, la mejor habitación de este departamento, el cuarto de baño. ¿Y lo mejor de todo? Esa esplendida ducha muggle que dejaba su pelo radiante.

Hace ya un poco más de 2 años, Syla usaba exclusivamente esa bañera para cuidar su caballera. Era el mismo tiempo que llevaba viviendo con su tio muggle Wax, quien le había aceptado el día después del incidente.

Ella, asustada y temblado después del peor día de su vida, había recibido amor y cariño de su tío materno. Este le había ofrecido las comodidades muggles que podía ofrecerle. Al principio, Syla le costó acostumbrarse después de una vida solamente rodeada de magia. Sin embargo, poco a poco empezó a encontrar un cierto placer en como la comunidad muggle resolvía su día a día.

Este mismo departamento, no muy amplio pero acogedor, era su nuevo palacio personal de verano. Lo componía una sala moderada, una cocina, un baño y dos habitaciones. Su reino perfecto en medio de Londres. Durante sus dos últimos años, la vida en Hogwarts era regular con su magia y sus vacaciones eran a la usanza muggle.

Fue difícil aprender a cocinar, lavar, ordenar y arreglarse sin magia pero, en su definición, ya era una experta. Este verano, saliendo de Hogwarts, ya estaba facultada de poder realizar magia en el mundo, pero había ciertas costumbres muggles que preferiría mantenerlas, entre ella, bañarse en la ducha de este departamento.

Antes de dar el agua, Syla, debía ver si el sistema de la caldera (artefacto muggle para dar calor al agua) funcionaba. Normalmente su tío la verificaba por ella, pero este verano estaba sola.

Wax estaba en un trabajo largo en Irlanda. Le había dicho que estaría afuera todo el año haciendo, en sus palabras, "obras avanzadas de construcción de cañerías". Syla se esforzaba en entender lo que hacía su tio pero era difícil interpretarlo. Siendo una maga criada por padres magos no era tan fácil entender todo el mundo muggle. Su máximo logro era interpretar que su tío trabajaba en hacer redes flu como su madre, pero con agua.

Syla tocó el tubo que ascendía por el departamento. Estaba caliente, lo que significaba que el artefacto muggle funcionaba y podía ducharse. Se desvistió, entro a la bañera y giró la llave del agua caliente. Un chorro de agua cristalina brotaba de la ducha de manera perfecta.

"Es fascinante" -se decía cada vez que habría esta llave. Dejaba que esta agua casi cristalina escurriera en su cabellera rubia- "Artefactos y tecnología muggle capaces de rivalizar con la magia misma"

De todos los inventos muggles que había descubierto estos años, el que más amaba era éste. Si bien había comodidad en las duchas generadas con magia o con la labor de los elfos domésticos, esta ducha era increíble. Ni siquiera el baño de los prefectos que frecuentaba Syla en Hogwarts era superior. Esta ducha era sensacional, tanto en temperatura como la calidad del agua.

Su tío revisaba el artefacto muggle de "Caldera" de forma metódica para que funcionara bien, mientras que con otro aparato llamado "filtro" evitaba que ciertas impurezas que arrastraba el agua llegaran a su pelo. Estos trabajando en conjunto hacían que la cabellera de Syla quedara suave y brillante. Mas radiante que ninguna magia que hubiera conocido.

"Hermosa magia muggle "- decía en voz alta mientras secaba el pelo con una toalla.

La reparadora ducha había logrado su objetivo. Estaba de buen ánimo y llena de energía. Era ella otra vez. Estaba lista para una nueva batalla y se vestiría con el "uniforme de batalla" que requería esta situación.

Fue hacia su cuarto, revisó entre sus ropas hasta dar con ese hermoso vestido de color turquesa que usaba para los eventos formales. Largo hasta los tobillos, ligeramente escotado y con unos detalles muy finos. Cuando quería verse elegante y formal, está siempre era su elección. Riddle había sido explicito en decir que tenía que estar a la altura de un evento hoy y Syla lo estaría. Su plan de seguir al subjefe de departamento de artilugios de misterios ya estaba en curso, y tenía que dar su mejor esfuerzo para arreglar su desastre de hace dos años.

"Lo lograré contigo Tom" – se dijo con convicción – "Te guste o no, vas a ayudarme"

Syla preparaba el desayuno con magia mientras terminaba de arreglarse. Su rutina de la mañana se había simplificado muchísimo ahora que podía usar magia en el departamento. Bastaban un par de movimientos de la varita para que una paila y una cuchara de madera voladoras se encargaran de desayuno. Un par de huevos revueltos con unas tostadas de pan se demoraban minutos. Eso le daba tiempo de pensar otras cosas, como, por ejemplo, como mejorar sus habilidades de duelo.

Riddle la había superado ayer. Dentro de sus estándares ridículos, pareciera que esperaba que mejorara en 2 meses para poder enfrentarse a él nuevamente. Syla no tenía una buena idea de cómo hacerlo. Ella no era la mejor en Hogwarts, pero nadie podía ganarle fácilmente en un duelo en las clases de la señora Galatea. Era capaz de tener un duelo decente contra cualquier alumno de Hogwarts, pero Tom estaba en otra dimensión.

Alguien que no se agotara en lanzar hechizos de forma consecutiva y que, además, fuera capaz de conjurar tres casi de forma simultánea… era algo que no lo había visto jamás. Él era sin duda un prodigio. Syla era una maga talentosa entre 10.000 magos, pero Tom debía ser un mago talentoso entre 100.000. No era una brecha que pudiera acortar en meses.

"Tengo que aprender de alguna forma a enfrentarme a Tom… En fin, ¿Por qué huele algo quemado?"- Se dijo Syla saliendo de su trance- "Oh no! ¡Mi desayuno!"

La vida fuera de la escuela era más fácil con magia, pero requería detalles.

Un hechizo de aguamenti, nuevos huevos revueltos y una taza de té después, Syla concluía que no tenía una respuesta simple con respecto a los duelos. Probablemente tendría que ir al piso del Departamento de Defensa Mágica a pedir algún libro específico o alguna clase avanzada contra múltiples hechizos. Quizás Robby pudiera ayudarle con los permisos.

Siendo franca consigo misma, dudaba que en dos meses hubiera alguna solución sencilla para su dilema, pero tenía que empezar a resolverlo. De todas maneras, ahora estaba tranquila. Le gustaba los desafíos y encontraría una manera de derrotar a Tom antes del fin del verano.

"Intenta, Falla, Intenta de Nuevo, Falla Mejor" – recito una vez más en su cabeza.

Lista al fin, con el estómago lleno y con un poco de tiempo en su reloj, procedía a salir del departamento rumbo al ministerio. Miró una vez más la habitación, viendo que estuviera todo en orden, incluyendo un tumulto de cartas sin abrir en la esquina de la sala de estar, junto a las única tres que había abierto de Anna desde las amazonas.

"Tendré que lidiar con ello alguna vez" -pensó mientras cerraba la puerta.

Syla llegaba temprano al Departamentos de Misterios, una hora antes de su reunión con Tom. El día de ayer había sido caótico; entre la entrevista del puesto de maga investigadora y haberse pasado la tarde llorando, no pudo disfrutar su primer encuentro con el piso -9 del Ministerio. Hoy sería distinto. Con sus nuevas credenciales de Maga Investigadora (o simplemente una Inefable para el resto del mundo mágico), se permitiría cumplir su sueño de niñez: merodear por el departamento de misterios.

Desde pequeña amaba la magia y sus enigmas. El haber descubierto a temprana edad que había un departamento entero del ministerio dedicado justamente a esos temas, le habían flechado el corazón. Su único deseo desde los 10 años era poder visitar ese lugar, más su madre se oponía. Sabía que, de todos los departamentos del ministerio, era el más peligroso y no dejaría que su única hija se obsesionara ello. Dorothy podría intentarlo, pero el amor de Syla por lo desconocido no iba desaparecer por encontrarse contra tiempos.

Ingresado a Hogwarts, ella fue muy constante y metódica. No descuido de sus estudios ni de sus amistades, pero siempre que podía, buscaba algún libro o alguna clase de la magia que el mundo no lograba comprender. Estudio desde la magia experimental del tiempo, los trasladores múltiples de última generación, la magia de profecía de su tía, y muchos otros temas sin resolver. Le parecía fascinante como, después de siglos desde que se conociera la magia, aún hubiera hechizos por descubrir. Había muchos temas por estudiar y descubrir y Syla quería estar en primera fila cuando eso sucediera.

El deseo de su madre porque continuara con sus pasos en el mantenimiento de la red flu nunca tuvo futuro. No importaba que Dorothy se esforzara en evadir a sus colegas Inefable cuando estaba Syla o que le hubiera negado el acceso al Departamento de Misterios en todos sus años escolares; solo era cosa de tiempo antes de que ella terminara trabajando en el Departamento de Misterios.

"Al fin aquí" – se decía a sí misma.

Si bien Syla nunca había estado en el departamento, a través del relato de conocidos, sabía perfectamente las instalaciones. Tenía muy claro en su cabeza a donde iría en primer lugar, La cámara principal

Caminó hacia el lado contrario del sector de oficinas a las que había visitado ayer rumbo a su destino. En este sector del departamento, iniciaba un gran corredor negro, muy característico por no contar con puertas o ventanas, y donde solamente iluminaban antorchas flotantes de color azul a cada costado. Éste enorme pasillo la llevaría a la entrada principal donde se encontraban las cámaras principales de las subdivisiones del ministerio.

–Muerte, Espacio, Amor, Tiempo, Profecías y Mente –musito para sí mientras caminaba por el corredor.

Esas eran las líneas de investigación principales del Departamento de Misterio, y también las que tenían el mayor presupuesto para realizar experimentos en busca de nuevos hechizos y artilugios de la comunidad mágica. Gran parte del dinero del ministerio se iba en financiar las 6 grandes líneas de estudio.

Si bien, existían líneas menores de investigación, como la Tom Riddle, dedicada específicamente a artefactos mágicos, las áreas principales se diferenciaban por tener asignado un taller especial custodiado bajo la Cámara Principal. Estos cumplían un doble propósito: proporcionar a cada línea investigativa un hermetismo envidiable para sus experimentos como también evitar que, "involuntariamente", uno de estos experimentos destruyera el Ministerio de Magia.

Mientras se imaginaba la clase de experimentos que podrían volar el Ministerio, llegaba finalmente a la gran puerta negra. Estaba diseñada para desorientar a cualquier persona no autorizada, pero Syla trayendo sus credenciales no tenía ninguna sensación extraña. Sonriendo de su pequeña victoria, puso sus manos en la gran puerta y la atravesó.

Al fin, antes de mis ojos –dijo con alegría.

Syla miraba atónita como una enorme estructura salida de las fantasías aparecía frente a ella. Se encontraba rodeada por oscuridad y más oscuridad. La cámara era negra como la noche sin luna, pero cubiertas por nubes impidiendo ninguna luz entrar. No había visto nada más oscuro en su vida que el techo de esta caverna. Bajo sus pies, se encontraba un mármol matte, tan oscuro como el techo, que daba la sensación de estar reflejando el mismo cielo, como el espejo de un lago. Estaría en las penumbras si no fuera por las antorchas de color azul que rodeaban toda la cámara.

Lo único que había en la habitación además de las antorchas y ella misma, eran las 12 puertas distribuidas simétricamente en los muros. Sin cerraduras, sin manillas, y sin posibilidad de distinguir una de otra.

Al cerrarse la puerta negra principal, las 12 puertas giraron en sentido horario para reubicarse en una nueva posición. Era el sistema inerte de seguridad que impedía a cualquier intruso (y a los mismos inefables) poder determinar el destino de cada puerta.

"Esto es aún mejor de lo que había leído" – Syla pensaba mientras ponía su mano sobre una de las puertas.

Se decía que estas dependencias eran las más antiguas que el ministerio. Las leyendas que contaba de que los magos ya intentaban descubrir nuevas formas de magia décadas antes de que la comunidad mágica se asentara en esta locación. Syla había verificado esas aseveraciones mediante sus estudios, pero era muy diferente poder ver que efectivamente en este lugar había magia arcana que magos llevaban siglos sin comprender. Era sin duda para ella el lugar más grandioso de la tierra.

Pasó unos minutos contemplado con la mirada desorbitada las puertas y tratando de entender que magia antigua hacía funcionar el lugar. No sabía con certeza si cada puerta estaría encantada con un hechizo en particular o se trataban de artilugios mágicos diseñados con funciones específicas. Cual fuera la respuesta, a ella le parecía sublime.

Al cabo de un tiempo, un mago con una túnica multicolor entraba al salón por la gran puerta negra. Automáticamente, el salón comenzó a girar reubicando la posición de las 12 puertas. Esta vez lo hacían en sentido antihorario quedando perfectamente alineadas. Syla contaba que habían sido tres posiciones horario cuando llegó y siete antihorarias cuando este mago llegó. Si no estuviera dentro del salón, sería imposible seguir la rotación. El sistema no tenía fallas.

El hombre se dirigió rápidamente al centro de la habitación obviando a Syla. Probablemente llevara prisa o, sabiendo el grado de seguridad, sabía que no podía estar ahí sin los permisos mágicos requeridos. Sin prestarle atención, se detuvo un momento para pronunciar unas palabras.

–¡Cámara de los Cerebros! –dijo el mago con una voz ronca y fuerte.

La cuarta puerta desde la gran puerta negra, en sentido horario, se abrió en par en par. El mago aprontó el paso para cruzarla sin siquiera mirar. Se veía absorto en sus pensamientos y, probablemente, acostumbrado de este ritual todos los días. La puerta se cerró y la cámara volvió a rotar, esta vez tres posiciones en sentido antihorario nuevamente.

Syla observaba que el evento que hacía rotar la cámara estaba ligado al cierre de una de las 12 o de la puerta principal. Abrir una o múltiples puertas no hacían accionar el mecanismo. De seguro cuando varias personas llegaban a la cámara a la vez, recitaban su destino y la cámara esperaba que todos entraran antes que la cámara volviera a girar.

–Nada mal para magia del siglo XV–dijo Syla– Bueno, es momento de probar.

Había escuchado de sus amigos con pasantías en el departamento de como era este salón, sin embargo, ninguno se preguntaba el cómo funcionaba esta magia. Cada vez que hablaba con algún mago sobre estos temas, ellos simplemente no mostraban interés y aceptaban que estos sistemas mágicos ya estaban ahí.

Si, podía aceptar no entender como funcionaba cada artefacto o hechizo a su alrededor, pero sentía la curiosidad de, por ejemplo, ¿Qué clase de hechizo era el que regulaba el giro de la caverna? O ¿Cómo era capaz de distinguir el destino de manera verbal sin un hechizo de apertura? O ¿Cuál era el encantamiento de protección que hacía que la puerta negra principal desorientara a los intrusos?

Syla ya se había llenado de un montón de curiosidad la cual iría desentrañando más tarde. Su tiempo ya se estaba acabando y tenía que ir a reunirse con Tom. Sin embargo, había una cosa más que quería probar antes de irse.

Deseaba visitar la sala de profecías para contabilizar cuantas había hecho su Tía Cassandra en su prolífera carrera. También quería ver la cámara del espacio y si las teorías de aparecerse en la luna eran posible. Soñaba con ir a la sala del tiempo y jugar con las burbujas de velocidad, o ver si estanque de cerebros era real o si en verdad la puerta del amor era tan infranqueable como decían.

Sobre todos ellos, había un lugar que quería visitar ahora mismo.

Syla se acercó al centro de la habitación y llenó sus pulmones del aire estancado que había en la cámara. Gritó sin vacilar.

–Cámara de la Muerte –dijo la maga.

Pero nada sucedió. Ninguna de las 12 puertas se abrió. Syla no se inmutó. Sabía muy bien que, incluso dentro del mismo departamento de misterios, había restricciones incluso para una maga investigadora como ella. Probablemente podría ir a la Cámara de mente o a la de profecías, pero las divisiones de la muerte, el amor y el tiempo no eran de libre acceso.

Este suceso no la desalentaba. Es más, la entusiasmaba. Estaba muy cerca de encontrar las respuestas que estaba buscando hace dos años. Desde el día del incidente. Ahora estaba en la cuna de las fronteras del conocimiento, y solo sería cosa de tiempo encontrar lo que buscaba.

Lo bueno es que sabía exactamente donde encontrar a la persona que la ayudaría. También sabía que le gustaba la puntualidad así era mejorar apurarse para llegar a tiempo.

Syla atravesó la gran puerta negra, abandonado la enorme cámara principal, pensando en volver más adelante.

A las 9 de la mañana en punto, estaba en frente la puerta de la oficina de Tom Marvolo Riddle.