Escena B —

Entrenadores Profesionales.

Atrapada en un ciclo perpetuo de aprendizaje y olvido en el penúltimo año de su educación secundaria, recordaba vagamente haber tenido que memorizar la definición de ese término, una y otra vez a lo largo de los años.

Según la legislación interregional de Asuntos Pokémon, cualquier persona que demostrara habilidad y proficiencia en el entrenamiento y el arte de los combates, podrá acceder al título de Entrenador Profesional. Esto se lograba comúnmente a través de la entrega de medallas, obtenidas mediante la obtención de una calificación positiva de parte de la máxima autoridad de una aldea, pueblo o ciudad – llamados comúnmente Líderes.

Ocho Líderes – a veces más o menos, dependiendo del tamaño de la región – de los espacios urbanos más relevantes de cada región, formaban el primer estrato de la Liga Pokémon. Por encima de ellos, un grupo independiente dedicado a tratar los asuntos de necesidad y urgencia en colaboración con los organismos estatales, eran conocidos como el "Alto Mando" de la región.

Encabezando el organismo en su totalidad y como máxima autoridad regional en todo lo relacionado a Asuntos Pokémon, se alzaba la figura del Campeón.

Junto a ella… se encontraba el Campeón de Kalos.

—Recuerden no exigirse demasiado —lo oyó repetir en voz alta, paseándose entre los duos de combate que entrenaban en el claro de la Reserva Natural—, tenemos que estar en nuestra máxima condición. Si alguien necesita un descanso, pueden tomar lo que quieran de allí.

Señalando hacia una pila de víveres tan grande que el árbol bajo el que había sido amontonado era incapaz de esconderlo, la única persona además de ella dejaba caer un puñado de botellas que había llenado con agua de un arroyo cercano para regresar a su lado.

—Lanzallamas.
—¡Hidropulso!

Los ataques de fuego y agua estallaron en una nube de vapor, que rápidamente se disipó frente a las poderosas corrientes de aire de las dos criaturas que sobrevolaban sus cabezas en una carrera de velocidad.

—Tajo Umbrío.
—¡Juego Sucio!

Dos poderosas garras cargadas de energía oscura se lanzaron violentamente contra su oponente, que fue capaz de contrarrestar el ataque usando la hoz de su cabeza defensivamente y lanzando a su contrincante hacia la otra punta del claro, la cual aterrizó con habilidad.

—Ten cuidado con ella, Absol —advirtió Serena—. No queremos romper la Ilusión que nos rodea.

—No nos subestimes, humana —espetó Visha, levantando su brazo izquierdo finalmente recuperado de las heridas que había sufrido en la playa de Fucsia—. La enana nos cubre las espaldas.

Una diminuta estrella brillante se materializó justo encima de la garra que la Zoroark había alzado. Y los lazos rosados de su creadora se extendieron en forma cóncava una vez más frente a ella, lista para fabricar un nuevo Deseo a la vez que bloqueaba el Pulso Oscuro de su hermano en la otra punta del claro.

Serena giró la vista hacia su compañero con una media sonrisa, y este le devolvió una mirada cómplice antes de ordenar un nuevo ataque. Era sorprendente la armonía con la cual eran capaces de mantener aquel entrenamiento caótico, con dos pares de cuatro criaturas atacándose entre sí al mismo tiempo, pero sin perder el control en ningún momento.

Había sido una idea estupenda de parte de Kalm. La mejor forma de demostrarle que se trataba de él, a pesar de aquel extraño cuerpo. Ninguna copia sería capaz de replicar el entendimiento mutuo que esos dos tenían, producto de innumerables entrenamientos juntos, de un conocimiento casi instintivo de lo que estaba pensando el otro con solo un gesto, incluso una mirada.

Le hacían sentir un poco de envidia, a decir verdad.

Con la espalda apoyada sobre la motocicleta de Sabrina, la cual había tratado de arrancar sin éxito numerosas veces antes de finalmente darse por vencida, Amber no tenía mucho para hacer en ese momento más que observar cómo entrenaban. A decir verdad, su pierna izquierda había quedado un poco entumecida de tanto patear el pedal de arranque, pero tras ocho años consecutivos corriendo en el equipo de atletismo de su colegio se trataba de una molestia que su perpetuo cuerpo de dieciséis años era capaz de ignorar fácilmente.

No, la razón por la cual no podía levantarse y dejar de sentirse una completa inútil, era porque en su regazo se encontraba el último miembro de ese grupo de doce. Aferrándolo como un osito de peluche entre sus brazos, podía notar la respiración acompasada de Mew, su cabeza descansando contra su pecho.

Tratando de ver si estaba dormido, cuidadosamente se inclinó hacia adelante, sólo para encontrarse con que el Pokémon Origen mantenía los ojos cerrados en una expresión de ligero malestar. Ansiosa por hacer algo para ayudar, aunque solo se tratara de pasar unas cuantas bayas y rellenar botellas de agua, Amber se decidió por despertarlo.

—¿Mew? —lo sacudió levemente, intentando no ser muy brusca— Mew. ¡Mew!

"¿Qué es lo que quieres?" tras insistir lo suficiente, este respondió con un claro dejo de exasperación.

—Tengo que ir al baño.

Alzando la cabeza y mirándola con el ceño fruncido, Mew se alzó en el aire, sacudiendo la cola con un poco de molestia. Amber a su vez se puso de pie, quitándose el césped de la ropa. Pero al notar como este se sentaba de forma erguida en el asiento de la motocicleta con los ojos cerrados, claramente sin ninguna intención de dormir, la curiosidad finalmente le ganó.

—Eso era una mentira, por cierto.

"Gracias por interrumpirme, entonces."

Tenía las actitudes de un viejo cascarrabias. Le hacía acordar a su padre cuando se encontraba de mal humor. Y si bien sus respuestas eran cortantes… a toda la gente mayor le gustaba que le dieran un poco de atención de vez en cuando. ¿Sería lo mismo para él? ¿Cuántos años podría llegar a tener, ahora que lo pensaba? Sonriendo para sus adentros, Amber se puso de cuclillas frente a él, esperando a ver cuanto tardaba en darse cuenta de que lo estaba observando. La reacción fue casi inmediata.

"Estás siendo muy molesta ahora mismo. No tenemos tiempo para esto."

—¡No puedo creer que no te hayas percatado de que estaba mintiendo! —se mofó con una sonrisa, tratando de provocarlo—. Un Pokémon Psíquico como tú-

"No estaba metiéndome en tu cabeza" la interrumpió Mew, un tanto ofendido. "Mira, acabo de encontrar un buen rastro, así que si puedes dejarme tranquilo por un rato…"

El Pokémon Origen abrió los ojos, justo a tiempo para ver la expresión decepcionada de Amber en el momento en que ella se daba vuelta para finalmente dejarlo solo. Realmente, ¿tan difícil era no comportarse como un imbécil por dos segundos? Ella no era como Devin, que parecía completamente inmune a cualquier insulto que le tirara, como si nunca lo hubiera dicho en primer lugar.

"Espera un momento."

Derrotado, Mew finalmente accedió a prestarle atención, estirando su cola para tomarla de la muñeca. Pero soltando un respingo, Amber apartó la mano con rapidez, como si le hubiera dado una sacudida eléctrica.

—¡Ah! —exclamó esta, apretando los dientes—. ¡Ten más cuidado! La gente no tiene poderes curativos inmediatos como tú, ¿recuerdas?

Ladeando la cabeza e invadido por la curiosidad, Mew se alzó en el aire una vez más, acercándose a su extremidad derecha. Y al ver a Amber quitarse la vincha que usaba como vendaje, súbitamente lo recordó.

"Me había olvidado de que esa zorra te había lastimado."

Sin darle tiempo a responder, alzó sus brazos y canalizó un Pulso Cura en su piel enrojecida. Las Artes curativas no eran especialmente eficaces en los humanos, pero al menos debería ayudarla un poco con el dolor.

—Gracias, supongo…

Un silencio incómodo se hizo entre los dos, mientras ambos equipos continuaban entrenando frente a ellos sin parar. Pero no pasó mucho tiempo antes de que Amber volviera a arremeter con nuevas preguntas, aprovechando la oportunidad.

—Sobre ese rastro que estabas hablando… ¿En qué rayos piensas tanto?

"¿Les contarás a aquellos dos si te lo digo?"

—No lo sé —Amber alzó los hombros, optando por ser honesta—. Si es algo malo, probablemente.

"No lo llamaría malo exactamente, pero sí algo que no creo que les guste."

—Estás espiando dentro de sus cabezas. Sin permiso. Vamos, no soy estúpida.

"¡No estoy-!" Mew chasqueó la lengua, para luego suspirar con el mismo aire derrotado. "Lo haces sonar peor de lo que realmente es. La Hipnosis funciona de los dos lados. Cuando decidí mostrarle mis memorias… puede que haya recibido un pantallazo rápido de algunas de las de ustedes de regreso.

Amber sabía un poco sobre eso. Era exactamente lo que había pasado en el laboratorio de su hermano, cuando la Hipnosis del Espeon de Sabrina había expuesto sus propios recuerdos también. Pero solo pensar en su encierro en la Cueva de los Espejos la hizo dar un escalofrío, por lo que prefirió no mencionarlo.

—¿Y? ¿Viste algo interesante en tu... intromisión no consensuada— enfatizó, tratando de esconder una sonrisa—, a nuestra vida personal?

"No podría importarme menos su vida personal", replicó este, desestimándola. "Pero podría jurar que, por un momento… aunque sólo fue un instante…"

Mew se quedó pensativo en el aire. No era su vida lo que estaba buscando en aquel mar de memorias, sacudido por las emociones de dos humanos en su plena adolescencia. Era algo más. Algo sumamente importante para él, que sencillamente no podía dejar pasar por alto.

"Puedes venir conmigo, si quieres" ofreció Mew, sus ojos como zafiros brillando con un fulgor violáceo. "Puedes darme un tirón si crees que viendo algo demasiado privado para tu gusto."

Lo estaba haciendo simplemente para cumplirle el capricho, pues no le afectaba en lo más mínimo que ella lo acompañara a desenredar el nudo de memorias o no. Es más, quizá hasta podía ayudarlo. Pero Amber retrocedió casi inmediatamente, sujetándose ambas manos con nerviosismo.

—N-no… —la chica titubeó—. No lo sé…

Tenía miedo. Miedo de que, al meterse en aquel océano de recuerdos, no fuera capaz de salir. Miedo de que pasara otros ocho años atrapada, ahora que finalmente había logrado escapar. No valía la pena hacer algo tan estúpido por simple curiosidad y aburrimiento. Pero por el otro lado, si tomaba el riesgo… quizás encontraría algo sumamente importante. ¿Qué es lo que estaba buscando el Pokémon Origen allí adentro, de todas formas?

Cerrando los puños, Amber le clavó la mirada. Había decidido confiar su vida en él – no podía echarse atrás ahora. Después de todo, ¿qué eran un par de horas más adentro de aquel mundo etéreo, cuando ya había estado tanto tiempo bajo la influencia de Jirachi? Trató de juntar valor… pero hasta las manos le temblaban del temor.

"No soy como mi hermano. No tienes por qué hacer esto si no quieres."

—¿Estarás conmigo allí adentro? ¿Te quedarás junto a mí todo el tiempo?

"Siempre y cuando no me sueltes la cola" afirmó Mew con absoluta seguridad,

"Te prometo que jamás te dejaré sola."