El chófer, que ahora sé que se llama Seth Clearwater me deja frente a mi edificio y me dice que puedo tardar lo que quiera, que va a esperarme porque esas fueron las indicaciones que le dieron.

Le doy una mala cara mientras me bajo y cierro la puerta de un fuerte portazo. Estoy molesta, no con él, claro, él solo está recibiendo órdenes de su maldito empleador. Pero aún así me molesta que el señor idiota quiera controlar mi maldita vida desde que firmé ese maldito acuerdo.

Llego a la puerta de mi departamento y busco las llaves en mis bolsillos traseros. Luego me doy cuenta de que las llaves están junto con las de mi coche. Por suerte, el otro día dejé el repuesto en la maceta del señor Rodríguez, como es mi costumbre. Voy a meter la llave en la cerradura para abrir, pero antes de que siquiera inserte la llave, la perilla de la puerta se gira y se abre para dejarme ver a Ángela.

—¿Bella? —dice ella al verme—. ¿Dónde estabas? —cuestiona.

Estoy a punto de rodar los ojos. ¿En serio ella pregunta eso? Ella es la que había desaparecido por una semana.

—¿Y tú? ¿Dónde has estado todo este tiempo? —replico a su pregunta.

La idea de que si ella hubiera aparecido cualquier día de la semana anterior, quizás mi situación sería otra, pasa por mi cabeza. ¡Carajo! ¿A quién quiero engañar? No podía culparla por lo que me estaba pasando.

—Alice me pidió que pasara la semana en su casa porque Jasper tenía que salir de viaje. Hasta hoy pude venir —dice ella.

Levanto una ceja.

—¿Tampoco podías responder a mis mensajes y llamadas?

Ella hace una mueca, como cuando olvidas algo y de pronto recuerdas lo que tenías que hacer.

—Lo siento mucho, Bella. He cambiado mi número porque he tenido algunos problemas con un par de contactos que están molestándome. Y tampoco he tenido tiempo de avisar a mis contactos que he cambiado de número.

Voy a preguntar algo más, pero mi teléfono comienza a sonar. Miro la pantalla y es mamá. No puedo simplemente ignorarla.

—Tengo que responder, es importante. Nos vemos más tarde, ¿sí? —le aviso. Voy a mi habitación y me encierro.

Deslizo el círculo verde para responder y llevo el teléfono a la oreja.

—Oh, cariño. Ahora sé por qué, cuando viniste a visitarnos, actuabas un poco raro: estabas saliendo con ese chico, ¿verdad? Ay, cielo, y yo de tonta que pensaba que había posibilidad de que Jake y tú... —comienza a hablar ella.

—Oye, oye, oye. Mamá... No... —comienzo a tratar de tranquilizarla antes de que le dé un ataque o algo.

Mamá toma un largo suspiro.

—El otro día, la señora Sánchez me mencionó algo sobre unas fotos en las que un chico te besaba. No le creí, claro, pero después fui a su casa por los huevos orgánicos que vende y me mostró las fotos. Me mostró todo, Bella. Cuando llegué a casa para decirle a tu padre y a tu hermana lo sucedido, me entero de que tu hermana sabe parte de lo que está pasando y me ha contado...

—Espera. ¿Qué cosa te dijo Rosalie? —vuelvo a interrumpir.

Mamá hace un ruido de molestia.

—Ese es el problema, Bella. No dice nada; cada vez que le preguntamos, evade el tema y nos dice que pronto nos llamarás para aclarar las cosas. Solo nos ha aclarado a mí y a tu padre que lo de los cotilleos del bebé son falsos.

—Y lo son —respondo de inmediato para que no haya dudas.

—¿Y acerca de ese tal Edward Cullen?

¿Qué podría decirles acerca de él? ¡Mierda! No podía decir nada porque había firmado el maldito acuerdo. ¿Qué mentira podría decirles?

—Mamá... Uhmmm... Por el momento no hay mucho que decir. Él y yo...

¡Mierda! Las ideas y mi boca no están coordinando.

—¿Desde hace cuánto son pareja? —cuestiona mi madre.

¡Nunca! Quiero gritarle, sin embargo, solo soy capaz de tragar saliva con dificultad.

—Yo... Bueno, no mucho, mamá. No... No somos pareja. Estamos conociéndonos.

—Te besó, hija. Lo hizo frente a personas que se lo comunicaron a otros tantos miles.

Trato de no pensar en los videos que tienen millones de reproducciones con aquella escena.

Respiro hondo.

—Sí, lo sé. Eso... lo del beso se salió completamente de control. Él no es una figura pública como lo es su hermana, pero la gente se ha empeñado en saber de él porque es atractivo, adinerado y... Bueno, él me besó esa noche y alguien se acercó y tomó esas fotografías. Pero él y yo... Nos estamos conociendo.

Sí, sigo sin coordinar mis ideas con mi boca.

—Oh, cariño. Lo imagino, y espero que las cosas vayan bien para ustedes dos, porque realmente se ven lindos juntos.

Eso no es cierto, pero no agrego nada más.

—Mamá, quisiera conversar un poco más, pero necesito hacer algunas cosas por aquí. Te llamaré en un par de días y te contaré cómo están las cosas, ¿está bien?

—Claro, hija —dice mamá.

Escucho movimientos al otro lado de la línea.

—Tienes un minuto, Isma —pregunta Rosalie.

¡Oh, carajo! Ella sabe la mayoría del asunto y seguro que me exigirá una explicación.

—Uhmmm, sí, ¿qué pasa? —respondo.

Escucho más traqueteo y después una puerta cerrarse. Espero.

—¿Qué diablos pasa? ¿Por qué le dijiste eso a mamá? Ayer querías hacer una video porque no soportabas esta situación y hoy le dices a mamá que tú y ese idiota se están conociendo. ¿Qué es lo que realmente está pasando? ¿Estás bien? —la escucho preocupada.

—Rose... —comienzo.

¡Carajo! Tampoco puedo contarle nada a ella por lo del maldito acuerdo.

—Las cosas han cambiado, Rosalie. No puedo hablar de esto con nadie, incluso contigo. Sin embargo, no hay nada de qué preocuparte.

—No voy a aceptar esa respuesta, Isabella —suelta molesta.

Tomo aire profundamente.

—No puedo decirlo. He firmado un acuerdo con Edward Cullen y no puedo hablar del tema con nadie, incluyéndote a ti. Pero esto dura solo algunas semanas; después seré libre y podré contártelo. Si lo hago ahora, me meteré en serios problemas.

—Maldito hijo de pu...

—Rose —la interrumpo—. Él no vale la pena.

—No es justo, Bella.

—No lo es. Por favor, ayúdame a mantener todo esto tranquilo para papá y mamá. Prometo llamarte una vez cada tres días, ¿sí? Por ahora tengo que irme. Te quiero.

—Te quiero —responde ella.

Corto la llamada.

Paso las manos por mi cara con frustración. Debo hacer algo. No puedo quedarme simplemente así, sin hacer nada. El problema es que no tengo ni una maldita idea de lo que debo hacer.

Paso de nuevo las manos por mi rostro. De pronto, una sola palabra viene a mi cabeza.

Fastidiarlo.

Oh, mierda. Sí. Fastidiarlo.

Aunque, si lo pienso bien, no sé si sirva de mucho hacer eso. ¡Mierda! Incluso suena una tontería, si lo pienso bien.

Sacudo la cabeza.

A la mierda si es una tontería o no. Voy a fastidiarlo. A él no le importa mucho chantajearme para conseguir lo que quiere. Entonces yo voy a fastidiarlo.

Me levanto de la cama y salgo de mi habitación, dirigiéndome a la cocina. Ahí está Ángela, sentada en la mesa, mirando su teléfono mientras roba de mis papas fritas; no se ha dado cuenta de mi presencia.

—¡Oye! —exclamo cuando ella lleva una papa frita a su boca.

Ángela salta en su lugar y se apresura a tomar otra papa frita y después empuja la comida al frente.

—Están muy buenas —dice, masticando.

Me siento frente a ella y empujo la comida en su dirección.

—He comprado suficiente para ambas.

Ángela toma la bolsa y toma una hamburguesa.

—Gracias —suelta.

Me encojo de hombros.

—¿Vas a regresar con los Cullen?

Asiente un par de veces.

—Sí. He venido por algo de ropa y regreso más tarde con Alice. ¿Tú qué vas a hacer?

—Estar aquí en casa.

Decido que es mejor que se dé cuenta cuando me vea en aquella maldita casa.

Ángela asiente.

Platicamos por un rato y, al cabo de una hora, ella se levanta y se despide para ir a hacer la maleta. Por mi parte, levanto la basura y luego voy a mi propia habitación para hacer mi maleta; no tardo mucho, pues solo tengo un par de cosas para estar solo una semana en ese lugar; ese es mi límite y es lo que él dijo que podía estar.

Después de que Ángela se va, decido bajar. En cuanto Seth me ve, baja de la camioneta y me ayuda con mi maleta.

—¿Estás lista, señorita Swan? —pregunta al ver que mi maleta no es tan grande ni tan pesada.

—Eso es todo, Seth —le doy una amplia sonrisa mientras me dirijo a la parte de atrás de la camioneta y subo.

Debo admitir que estoy un poco ansiosa, incluso tengo algo de ansiedad, pues estoy imaginando algunas cosas que podría hacer para fastidiar al cretino de Edward Cullen.

Seth sube, enciende el auto y vamos de regreso a la mansión Cullen.

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Paparazzi

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¡Hola! De nuevo otro capítulo. Por el momento serán capítulos cortos porque me salen más seguido que los que yo siento que son largos XD...

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Gracias a: Dess Cullen, marianacs, Jane 22, Ary Cullen 85, Car Cullen Stewart Pattinson, Adriu, indii93, franCullen, Antonella Masen Mickky y los guest.