Disclaimer : Los personajes son de S. M, yo solo hago hostorias para salir de la vida cotidiana.

L@s invito a mi grupo de Facebook : Las Historias De May Jhonson, donde estatr subiendo fotos y las actualizaciones.

~~~~~~~~~~

La mirada de la rubia se clava al frente, aparentemente despreocupada, aunque la tensión en su postura me dice lo contrario.

—No creas que lo vas a tener fácil con Edward—dice de repente, sin voltear a mirarme.

Giro la cabeza en su dirección, sorprendida por su comentario.

—¿Perdón? —pregunto, alzando una ceja.

Ella baja lentamente sus gafas de sol y me observa por encima de ellas con una sonrisa cínica.

—Lo oíste bien. No te va a ser fácil conseguir a Edward. No voy a permitir que alguien tan insignificante como tú se interponga en mi camino para obtener lo que quiero.

Mi mandíbula casi se cae al suelo. ¿Acaso está hablando en serio? Me quedo boquiabierta por un segundo, intentando asimilar lo que acaba de decir.

—¿Qué te hace pensar que él querría algo contigo? —respondo al fin, recuperando la compostura y arrugando el ceño.

Ella suelta una pequeña carcajada, como si mi pregunta le resultara divertida.

—¿No te das cuenta de que solo eres una distracción? Está bien, que se divierta un rato contigo, pero créeme, en cuanto se aburra, volverá conmigo —dice con una seguridad que me exaspera. Luego se coloca las gafas de sol de nuevo y vuelve a mirar al frente, como si la conversación hubiera terminado.

Río por lo bajo. Si fuera por mí, podría quedárselo sin problema, pero el asunto es que estoy aquí por una razón. Según las propias palabras del mismo Edward , estoy aquí para ser una especie de barrera entre él y esta chica.

Me levanto de la tumbona con calma. Es una lastima que no pueda quedarme más tiempo para poder decifrarla mejor; aunque tampoco es que haya dicho demaciado.

—Ya veremos —digo con un tono golpeado, aparentando estar ofendida por sus palabras.

Me alejo despacio, dejando atrás a la rubia, y me dirijo al jardín delantero. Camino sin prisa, disfrutando del aire fresco y observando las flores que adornan el lugar.

Al poco rato, veo a Seth, que me hace un gesto con la cabeza a modo de saludo. Le devuelvo el gesto, agradecida por la distracción.

—Hola, ¿qué haces por aquí? —pregunta Angela detrás de mí.

—Hola —le respondo, girando la cabeza y sonriéndole —. Solo estoy admirando las flores, intentando despejarme un poco.

Angela asiente, comprendiendo.

—Son bonitas, pero deberías ver las del invernadero. Es el lugar favorito de Esme, y está abierto para quien quiera entrar. Es realmente espectacular.

—¿En serio? ¿Dónde está? —pregunto, intrigada.

—¿Has visto la piscina?

—Claro, he estado allí.

—El invernadero está del otro lado. Si quieres, puedo llevarte —ofrece.

—Me encantaría —respondo con entusiasmo.

Comenzamos a caminar de regreso a la casa para atravesarla, pero antes de llegar a la salida, Alice aparece.

—Angela, ¿podrías venir a ayudarme con un par de cosas? —pregunta, dirigiéndose a ella.

Angela me lanza una mirada de disculpa.

—No te preocupes, ve. Puedo encontrar el invernadero sola.

—Seguro que no te perderás —me asegura con una sonrisa antes de marcharse con Alice.

Sigo caminando hacia donde me indicó Angela. No hay manera de perderse, ya que el invernadero es visible a la distancia. ¿Cómo no lo había notado antes cuando estaba en la tumbona?

Cuando llego, me aseguro de que no haya nadie alrededor antes de abrir la puerta y entrar. El lugar es aún más impresionante de lo que imaginaba: flores de todos los colores llenan el espacio, y una luz tenue se filtra a través de los cristales, creando un ambiente casi mágico.

De repente, oigo el sonido de pasos. Me quedo inmóvil por un momento hasta que puedo ver a Edward salir por el otro pasillo . De todos los lugares donde podría haberlo encontrado, no esperaba verlo por aquí.

¡Mierda! Mi corazón se acelera. Podría salir corriendo, pero decido quedarme. Necesito dejarme de tonterías y enfrentarlo. Además, necesitaba hablar con él para saber que que esperar acerca de Tanya. Tomo aire profundamente para tranquilizarme y darme un poco de valor. Doy un paso adelante.

—¿Necesitas algo, Isabella? —pregunta con voz tranquila, mientras me observa.

Camino lentamente, sin dejar de admirar las flores, intentando ganar algo de tiempo antes de responder.

—Vine a hablar contigo... He venido en paz —digo con una sonrisa tensa, acercándome un poco más.

Edward parece meditarlo por algunos segundos, pero después asiente, y aunque no dice nada, noto que su expresión se suaviza ligeramente.

—¿Sobre qué quieres hablar? —pregunta, deteniéndose a unos metros de mí.

—Sobre la situación con... ya sabes, la rubia —respondo, notando que su expresión se endurece.

—No deberías preocuparte por ella —dice.

—Lo sé. Y aunque no estoy muy de acuerdo con todo esto. Estoy aquí por algo, ¿no?

—¿Qué pasa?

—Bueno, hace rato me emboscó y me dijo algunas cosas bastante... desagradables por así decirlo.

Su ceño se frunce al escucharme.

—¿Qué te dijo?— cuestiona.

—Básicamente dijo que soy una distracción temporal para ti y que cuando te aburras, volverás con ella. No es que me importe, claro, pero al menos me gustaría saber a lo que me enfrento y no ir a ciegas con ella aquí. Se supone aue estas pagandome por eso, ¿ no es así?

Edward pasa una mano por su cabello, frustrado.

—Es un verdadero dolor de cabeza —murmura.

Me río, y él me mira.

—Lo es —coincido.

Una sonrisa amplia se extiende por su rostro y por un momento, me doy cuenta de lo genuina que es. Me molesta un poco lo mucho que me gusta verlo sonreír de esa manera.

—Ella y Alice se marchan mañana, así que no habra problemas para los siguantes días.

¿Sigueintes días? ¡Ja! Me iré tan pronto acabe esta semana. No digo nada acerca de mis planes, pues pienso largarme sin dar ninguna explicación.

—Angela me dijo que este lugar era especial. No esperaba encontrarte aquí —comento, intentando cambiar el tema de la conversación.

—Vengo aquí para relajarme —admite—. Es un buen lugar para pensar.

—Lo imagino —respondo, mientras continúo observando las flores.

El silencio se instala entre nosotros, pero puedo notar que no es tan incómodo como antes. Finalmente, decido que es hora de irme.

—Será mejor que me vaya —digo—. Volveré otro día, si no te molesta.

Comienzo a caminar hacia la salida, pero de repente, tropiezo con mis propios pies. Edward es rápido y me sujeta del brazo antes de que caiga al suelo.

—¿Estás bien? —pregunta, mirándome desde arriba.

Levanto la vista para agradecerle, pero en lugar de mirarlo a los ojos, mis ojos se detienen por un segundo en sus labios. Al parecer, él también lo nota. Mi respiración se atora en mi garganta y un segundo después, siento sus labios sobre los míos en un beso suave.

~~~~~~~~~~~~~~

Hola, de nuevo yo molestando con un capitulo nuevo.

¿Me cuentan que les pareció?

Nos vesos pronto.