Una joven que vestía un kimono rosado y de larga cabellera negra iba caminando a rastras por la fría y blanca nieve. Jadeando en cada intento por avanzar.

- Ahh... Ah... Aguanta... Aguanta un poco más...

Le repetía a la persona que llevaba sobre su hombro. El peso de esta era cada vez más notorio a medida que su cansado cuerpo iba cediendo.

"¿Cómo? ¿Por qué sucedió esto?"

Lo último que supo de su familia fue cuando se despidió de ellos. Su hermano mayor solía salir a vender carbón, pero ese día se encontraba enfermo.

"No te preocupes, lo haré yo. Ya estoy algo grande para depender siempre de ustedes."

Dijo la chica restando importancia a la situación. Los vecinos del pueblo se sorprendieron de verla a ella, pero por suerte consiguió vender todo.

"Con esto mamá no tendrá que preocuparse por el dinero un tiempo."

Pensó para sus adentros alegremente antes de regresar. Pero fue detenida por un hombre a quien conocía bien.

"¡Nezuko! Es peligroso ir por la montaña de noche. Quédate hasta el amanecer."

Lo medito un momento, a diferencia de su hermano ella no contaba con un olfato desarrollado, así que le sería difícil regresar. No quería preocupar a su familia, pero lo mejor era quedarse esa noche.

"Es peligroso salir de noche, porque los demonios están al asecho."

"¿Los demonios?"

Preguntó extrañada de sus palabras.

"Los demonios son bestias que se alimentan de la carne de los humanos. Y solo salen de noche."

Los últimos pensamientos que tuvo esa noche antes de dormir era que aquel hombre estaba muy solo, que tal vez le haría falta compañía y podría llevar a sus hermanos menores un día de estos.

Las ilusiones de una pacífica vida se rompieron al llegar a las inmediaciones de su humilde casa el día siguiente. Un rastro de sangre se mostraba en el suelo.

"¿Qué pasó aquí? Eh... Ahh... ¡H-hermanos!"

Corrió hasta la casa al notar unas figuras en el suelo, sus hermanos menores, y al mirar dentro la imagen no fue mejor. Su madre mutulada y sangre por doquier. Pero aun había alguien respirando débilmente.

"¡Tanjiro! ¡Resiste, hermano!"

Lo subió sobre su hombro y comenzó a llevarlo al pueblo. Aun estaba con vida, había esperanza.

"Aguanta solo un poco... Piernas, resistan..."

Se repetía con cada paso, estaba a unos veinte minutos del pueblo, aunque eso a paso normal.

- Gru... Grughaa... ¡Graaaah!

De repente, su hermano comenzó a rugir y tambalearse sobre su hombro, hasta que ambos cayeron por un pequeño risco.

Trató de morderla. Se defendió con un palo evitando sus dientes.

- ¿Qué te sucede? ¿Qué pasó? Lo siento. Deben haber sufrido mucho.

Le dijo entre lágrimas, le dolía ver así a su hermano, no tenía idea de que le pasaba.

Un hombre de largos cabellos saltó por encima de ellos meciendo su espada en dirección a su hermano, lo tumbo para evitar que lo lastimara.

- ¡E-espere! ¡Es mi hermano! ¡Solo está herido y...!

En solo un parpadeo, Tanjiro fue arrebatado de sus manos y ahora lo tenía ese hombre. Era alto, su cabello era del color de un melocotón y con una cicatriz en el rostro.

- Esta cosa, ¿es tu hermano? Ahora es un demonio come humanos. Yo me dedico a cazarlos. Por supuesto, voy a decapitar a tu hermano.

- ¡N-no! ¡Espera! ¡Voy a encontrar una cura! ¡Evitare que coma humanos! ¡Toda mi familia murio, por eso me haré cargo de todo! Pero por favor...

- No hay ninguna cura. Además... ¡No tienes autoridad sobre la vida y la muerte de otra persona! ¡Deja de ser tan lamentable, sino tu familia no estaría muerta! ¡Para los débiles no hay derecho u opciones! ¡Tal vez el señor de los demonios sepa como curarlo! ¡Pero no te lo diría! ¡Ya que solo la fuerza permite hacer cosas!

Explotó delante suyo, luego levantó su katana en dirección a la chica.

- ¿¡Crees que puedes tomar decisiones!? ¡Fallas en proteger a tu hermano! ¡En lugar de balancear tu hacha me diste la espalda!

"¿El hacha? ¡Claro, siempre la tenemos que llevar al vender carbón!"

Pensó la joven, pensando en que podría hacer.

"Vamos, no desesperes, no llores, no grites. Es doloroso, lo sé. Si hubiera llegado solo media día antes, solo tal vez... Pero el tiempo no puede volver atrás. Deja que la ira inunde tu cuerpo. Di que es imperdonable."

Lentamente apuñaló el hombro del demonio con su espada, provocando un alarido de dolor.

- ¡P-para! ¡No le hagas daño!

La chica le lanzó una piedra que evitó con facilidad, luego corrió contra el pasando entre los árboles.

"Eso es. Usa tu hacha... Pero, por supuesto tu no podrías conmigo."

La golpeó en la nuca para noquearla, había conseguido la reacción que quería. Pero algo andaba mal.

"¡El hacha! ¡No está!"

Con sus sentidos tan refinados no fue dificultad detectar el hacha y evadirla, iba directo a su cabeza, ahora se encontraba sorprendido.

Pero mayor fue su sorpresa cuando el demonio se soltó de su agarre y corrió con la chica.

- ¡No! ¡La va a devorar por mi descuido!

Aunque, ante su atónita mirada, no lo hizo. Se mantuvo quieto frente a ella, protegiendola.

"¿La... Protegió? Hace tiempo, un hombre dijo que su esposa demonio no comía humanos. Poco después fue devorado. Pero, este chico debe estar pasando por una gran hambre, y aun así no la ataca."

El chico se lanzó contra el, el hombre le esquivo sin problemas para luego darle un fuerte golpe en la cabeza dejándolo inconsciente.

Perdió la noción del tiempo. Abrió los ojos con el suave sentir de la ropa de su hermano. Tenía un bambú en su boca.

- Ve a la montaña brumosa, y busca a un hombre llamado Sakonji Urokodaki. Dile que Sabito te envía.

Y antes de desaparecer le dejó una última advertencia.

- No expongas a tu hermano al Sol.

Y así, en completo silencio y sin entender que sucedía, la joven regresó a enterrar a sus familiares, para luego partir en busca de Sakonji Urokodaki.

- Tanjiro, mira. Compré una caja para que puedas cubrirte del Sol. Si caminamos solo de noche tardaremos mucho.

Había comprado una cesta, paja y bambú a un hombre, y con eso confecciono una caja para su hermano.

El chico demonio trató de entrar al cesto, pero su tamaño era demasiado grande.

- Cielos. Eres muy alto, hermano. Tal vez... ¿Podrías encogerte un poco?

Y para su asombrada mirada, eso hizo. Pudo modificar su tamaño y ser tan pequeño como un niño de tres años.

Luego partió su camino y pidió indicaciones. Le tomaría un gran tiempo llegar a la montaña brumosa, y encima el camino era peligroso, podría perderse.

- Ten cuidado de no perderte, he oído de gente que ya no regresa.

Le advirtió una amable mujer. Nezuko negó con la cabeza indicando que no le pasaría nada a ella, y siguió la dirección indicada.

La noche cayó sobre ellos mientras subían una colina, en la cima encontraron una cabaña.

- Hay algo raro aquí. Eso es... ¿Manchas de sangre?

Se aproximaron con cuidado. Hasta que vieron que al interior de la casa, había una figura humanoide.

La chica abrió la puerta por completo, encontrándose con un ser con protuberancias por su cuerpo, de unos aparentes veinte años y de piel verdosa.

- ¿Ustedes son humanos? Hay algo raro en ustedes.

Les dijo esa cosa antes de abalanzarse sobre Nezuko. La chica se protegió con su hacha, cortando parte de su mandíbula antes de darle un corte en las costillas alejandolo de ella.

"Ah... Ah... Evité que me matara, pero sigue de pie..."

- ¿Un hacha? Nada mal, pero mira.

Sus heridas se cerraron y su sangrado se detuvo. Se recuperó de todo el daño.

"¡I-imposible! ¿¡Los demonios pueden hacer eso!?"

- Pero como veras, no me supone ningún riesgo. Ya que soy capaz de regenerarme.

En ese instante volvió a lanzarse sobre ella, esta vez era más fuerte que antes.

"¡Diablos! ¡Es muy fuerte!"

Forceo de vuelta tratando de alejar su boca de ella, la saliva comenzaba a escurrir hasta sus afilados dientes, para luego caer sobre el rostro de la joven.

Con asco por la cercanía, la joven le pateo fuertemente, pero no consiguió ni moverlo un poco.

- ¡Ngh! ¡Déjate devorar!

Poco a poco iba ganando terreno, no faltaría mucho para que pudiera morderla.

Una fuerte patada le arrancó la cabeza antes de que pudiera lastimarla, había sido Tanjiro.

"¡Lo mató! Aunque era un demonio así que no importa, ¿verdad?"

Pero el cuerpo no se detuvo, trató de arañarla, pero una nueva patada lo evitó.

"¿Se puede mover incluso sin cabeza?"

Cuestionó mientras se ponía de pie. Esto era nuevo para ella.

- ¡Maldición, uno de ustedes es un demonio! ¡Esa es la cosa extraña que sentía cuando los vi! De todos modos...

"¿¡Habló incluso sin su cuerpo!?"

La cabeza se arrojó contra ella, quien se cubrió con el mango del hacha.

- ¿¡Por qué un demonio y una humana viajan juntos!?

Un par de brazos le crecieron intentando alcanzar a la chica. Ella reaccionó haciendo su cabeza hacia atrás.

Lo lanzó contra un árbol con tanta fuerza que terminó clavando la cabeza entre el tronco y el hacha, evitando que se pueda mover.

- ¡Tanjiro!

Corrió hacia su hermano quien tenía problemas para luchar contra el cuerpo.

- ¡Deja a mi hermano!

Con la propia cesta le golpeó en un costado, haciéndolo caer por el risco.

- ¡Maldición! ¿¡Cómo pudieron ganarme!?

La chica se acercó dudosa a la parlanchina cabeza y desenfundo un pequeño cuchillo.

"Sí lo dejo con vida puede curarse, y tal vez mate a otras personas... Por eso..."

Levantó su arma en alto y pese a dudar, decidió hacerlo, empujó con fuerza para perforar su cabeza, cuando una mano se posó sobre su hombro.

Un escalofrío la recorrió hasta que escucho aquella voz.

- Con algo como eso no lo matarás.

Se trataba de un hombre con una máscara tengu de color rojo, se oía tan calmado y tranquilo.

- ¿Entonces como lo hago?

- ¿Eres incapaz de darte cuenta tu misma? ¿O no quieres?

Nezuko miró a su alrededor, hasta toparse con una piedra de un tamaño considerable, la tomó con sus manos y la alzó contra el demonio.

"Maestro Urokodaki, le envié a una joven chica, su familia fue masacrada por los demonios. Pero su hermano se ha convertido en uno. Lo que me inquieta es que el chico no come humanos, creo que hay algo distinto en ellos dos. Me preguntaba si podría entrenarla, y tal vez heredarle el legado. Ahora me doy cuenta de lo egoísta de mi petición, le ofrezco una disculpa, pero por favor considerelo.

- Sabito"

El hombre miraba fijamente a la chica la cual se mantenía dudando.

"Ella no lo conseguirá, Sabito. Incluso frente a un demonio, ella está dudando."

Nezuko tenía miedo, ¿habría vuelta atrás para ella una vez mate a un ser vivo? Pero era un demonio asesino, ¿estaba mal acabar con el?

"Lo cierto es que... no tengo miedo por el demonio, sino por mi... Soy egoísta..."

Sin dudar más, comenzó a aplastar la cabeza del monstruo con certeros golpes de la piedra, hasta volverlo todo una masa rojiza.

Jadeo por el cansancio antes de caer de espaldas.

"Ese hombre les está dando sepultura a esas personas."

El Sol comenzó a salir, miró en todas direcciones hasta que vio a Tanjiro escondido en su cesta.

"Parece que en verdad no te gusta el Sol..."

Pensó con una sonrisa melancólica. Ahora no podrían pasar las tardes jugando. Tenía que ser cuidadosa de no exponerlo tal cual le dijo Sabito.

"Supongo que en verdad todo ha cambiado, ¿eh? Esta será mi vida ahora, creo..."

Se dijo recordando los buenos momentos con su familia. Todo eso se había ido, ahora debía mantenerse fiel a su palabra de encontrar la cura.

- Yo soy Sakonji Urokodaki. Tu debes ser de quien hablaba Sabito.

- Ah, soy Kamado Nezuko. Y mi hermano es Tan...

- Lo sé. ¿Qué harás cuando tu hermano decida darse un banquete de humanos?

- ¿Eh?

Una ligera bofetada del hombre la hizo reaccionar.

- Dudas demasiado. Si tu hermano toma una vida inocente hay dos cosas que debes hacer. Primero, cortar su cuello, luego cortar tu vientre. ¿Podrías hacerlo?

- Sí... ¡Sí!

Repondio con determinación, en realidad le aterraba la idea.

- Bien, entonces sígueme. Te haré una prueba para ver si vale la pena entrenarte.

De inmediato el hombre comenzó a correr, Nezuko fue por la cesta y lo siguió.

"¿Cómo es tan rápido? ¡Y silencioso! ¿Pero cuántos años tiene este hombre? Se ve como un ancianito."

Pensaba viendo la ventaja que le sacaba, el parecía capaz de correr por días y ella ya estaba cansada.

Al poco tiempo llegaron a una pequeña cabaña en la orilla de una montaña.

- ¿Entonces ya me va a entrenar?

Preguntó la joven con algo de entusiasmo, mismo que fue destruido al oír la respuesta del hombre:

- No. La prueba apenas comienza. Sígueme.

A paso lento pero seguro llegaron a la cima de la montaña nuevamente. Ya había pasado tanto tiempo que nuevamente estaba anocheciendo, y el vacío estómago de la chica comenzaba a hacer de las suyas.

Estaba hambrienta, pero antes debía superar la prueba.

- Baja hasta donde está mi cabaña, quiero que lo hagas antes del amanecer.

Y desapareció. Se quedó inmóvil procesando lo que le acababa de decir.

- ¿¡Y ahora qué hago!?

Se preguntó la joven llevándose las manos a la cabeza.

"No se como bajar, y la niebla es cada vez más densa. Ya se, iré con cuidado, sí, con mucho cuidado..."

Comenzó a bajar lentamente, tratando de ver cada detalle en el suelo a través de la fina capa de niebla bajo sus pies. Hasta que sintió algo tensarse.

- ¿Uh? ¿Qué fue eso?

Un par de piedras la golpearon en el costado, dejándola sin aire.

"¿Era una cuerda? ¿Trampas? ¿El señor Urokodaki puso trampas en la bajada?"

Evadió un tronco, pero resbaló y rodó raspandose las rodillas.

"¡Ay, duele, duele!"

Se tocó su pequeña herida, estaba sangrando un poco.

"¡No! ¡No debo dudar! ¡Sino mi hermano nunca volverá a ser humano! ¡El ha sido muy bueno con nosotros desde que papá murió! ¡Lo mínimo que puedo hacer es devolverle el favor!"

Decidida a bajar comenzó a correr, el oxígeno en la montaña era menor a la parte baja, y a eso había que sumarle la niebla. Debía de respirar adecuadamente para poder mantenerse consciente.

"¡Respira! ¡Inhala y exhala! ¡Con concentración y con cuidado!"

Lentamente le pareció que recobraba la energía en su cuerpo, ahora saltaba las trampas y esquivaba las que activaba accidentalmente.

Pero este estado de ímpetu no duro mucho.

- ¡Ugh...! ¡Ay, ay, ay! ¡Cuidado, cuidado!

Resbaló otra vez, quedando justo a la altura de una cascada.

- ¿Te encuentras bien?

Le preguntó un niño, sus ojos eran azules y llevaba un haori rojo. Este le ofreció su mano para levantarse.

- ¿Qué haces aquí, niño? ¿Eres alumno del señor Urokodaki?

- ¡Sí! Pero no le digas que me viste, confía en mí.

Le sonrió. Un cálido sentimiento de confianza creció en la chica.

- Veo que intentas bajar la colina antes de que amanezca, yo hice lo mismo hace mucho tiempo.

- Vaya. Yo no puedo conseguirlo, debes de ser muy fuerte.

- Uhm... No tanto, pero se algunas cosas. Por ejemplo, mira.

El chico comenzó a respirar tranquilamente, era un ritmo tranquilo y apasible.

"¿Qué está haciendo? Oh, ya veo. Está respirando de una manera similar a como lo hace el señor Urokodaki. ¿Esa es la clave de su fuerza?"

- Si respiras como yo, seguro que tus sentidos aumentarán y podrás bajar sin dificultad. Inténtalo.

- Inhala y exhala... Fuu...

Nezuko lo intentó, al principio costó, pero viendo una y otra vez como lo hacía el niño, pudo replicarlo lo suficiente para notar un mínimo cambio.

Ahora todo le parecía más claro, como si su vista hubiera mejorado.

- ¡Creo que ahora puedo hacerlo! ¡Muchas gracias...! Esto...

- ¡Me llamo Giyuu! ¡Un placer!

- ¡Mi nombre es Nezuko, un placer! Bueno, el señor Urokodaki no me entrenará si llego tarde. ¡Nos vemos!

Se despidieron con la mano en alto y la chica siguió su camino. Hasta que consiguió llegar a la cabaña.

- No vendrá. Una pena, tenía un buen presentimiento con... Un momento...

En ese momento se abrió la puerta, una agitada pero entusiasmada Nezuko había llegado con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¡Lo hice! ¿Cierto? ¡Quiero que me entrene! ¡Se lo pido por favor, señor Urokodaki!

Y de esa manera comenzaron los entrenamientos de Nezuko con Urokodaki para volverse una poderosa cazadora de demonios.

El tiempo pasó de una manera bastante rápida. Nezuko no se dio cuenta del momento en que ya habían pasado seis meses.

"Los cazadores de demonios, son alrededor de unos cientos. Luchan contra los demonios en incansables luchas que pueden llegar hasta el amanecer incluso con mortales heridas, ya que en nosotros las heridas tardan en cerrar y los miembros no crecen de vuelta.

No son reconocidos por el gobierno, pero continúan con su labor. Sus miembros más poderosos son los Nueve Pilares."

En la mente de Nezuko se repetían las palabras de su maestro Urokodaki. Ahora mismo la joven estaba practicando con su espada una y otra vez. No era muy hábil, pero haría su mejor esfuerzo.

"Los demonios matan humanos y consumen su carne, así se fortalecen y sanan sus heridas más fácil. No se cansan, no duermen y no morirán a menos que los decapites con una espada nichirin o los expongas al Sol."

- ¡Yiaah!

Dio un espadazo contra un tronco, provocando un corte hasta la mitad. Aun le faltaba fuerza. Necesitaba conseguirla.

"Yo soy un cultivador. Entreno y cultivo cazadores; para volverte uno deberás pasar la Selección Final en el monte Fujikasaneyama."

- ¡Primera Postura...! ¡Corte de la Superficie del Agua!

Trató de hacer una de las Posturas que Urokodaki le enseñó, pero el flujo de agua se frenó antes de cortar el tronco, aun así este cayó debido al peso.

- Llevó medio año practicando las Diez Postura de la Respiración del Agua, pero no consigo hacerlas bien.

Se replicó la joven mientras retomaba el aliento.

"No importa. ¡No debo deprimirme! ¡Solo seguir intentandolo!"

Se dijo al tiempo que se ponía en pie y retomaba su posición de guardia.

"Incluso mi combate cuerpo a cuerpo mejoro un poco después de que el señor Urokodaki me arrojara al aire una y otra vez. Pero incluso si me muevo junto a la espada... No soy capaz de cortar nada."

La chica continuó entrenando y mejorando lentamente. Hasta que un día simplemente:

- No tengo más que enseñarte. Mejora por ti misma.

Dijo Urokodaki. Luego la guió hasta un claro en la montaña, una enorme roca circular se mostraba en el medio. Debía pesar al menos dos toneladas y medir dos metros de alto.

- Si consigues cortar esta roca por la mitad, te dejaré ir a la Selección Final.

Y luego se fue. Dejando con más dudas que respuestas a la joven. Quien dudosa de su capacidad miró la roca con detenimiento.

- ¡Es imposible!

Grito en pánico antes de bajar la montaña. Luego se regresó con la idea de que si renunciaba Urokodaki la castigaría de mala manera.

- Mejor me regreso a entrenar.

Lo primero que hizo fue ver la enorme roca frente a ella.

"Tal vez si tuviera la fuerza para empujarla... ¡Pueda tener la fuerza de romperla!"

Puso sus manos en ella, y comenzó a empujar. Lo hizo una y otra vez durante horas, empujando hasta que se cansó, cayó y se golpeó. Luego se puso de pie y lo intentó nuevamente tras descansar un poco.

"Mejor me vuelvo más fuerte de manera normal."

Y tras esto, comenzó a entrenar por su cuenta durante otro medio año, aprendiendo de los apuntes que tomó, replicando cada Postura nuevamente, y haciendo ejercicios físicos.

Luego volvió a la roca. La volvió a admirar con detenimiento, y el sudor comenzó a recorrer su cuerpo.

"¿Es posible siquiera? Pero sino lo hago... ¿Tanjiro se quedará así por siempre? ¿Y si muere? Debo ser una cazadora, ¿cierto?"

- ¡Ay! ¡Es muy difícil! ¡No sirvió de nada entrenar!

- No digas esas cosas.

Levantó la mirada para ver quien le había hablado, encontrándose nuevamente con el niño de hace más de un año. Giyuu. Pero esta vez llevaba una máscara en su rostro.

- Si quieres intentar algo, si algo se pone difícil, solo ve de frente y afrontalo.

El chico saltó desde lo alto y con una espada de madera se lanzó contra la chica. Ambos chocaron espadas, pero Nezuko fue la que perdió.

"No lo vi llegar."

- Lento, débil y rígido. Tu estilo aun no está pulido, Nezuko.

- ¿¡Qué crees que haces, Giyuu!? ¿Lanzandote así a la gente?

- ¿Qué crees que haces tu? Quedándote sentada sin hacer nada, ¿no quieres curar a tu hermano? Si el está dormido, lo que te has encomendado los mantiene unidos hasta que despierte.

"Es cierto, Tanjiro lleva durmiendo desde que llegué aquí, ¿será por qué no come humanos? Pero no puedo dejar que lo haga. Lo había olvidado, creí que se había generado una distancia entre nosotros ahora que es un demonio. Pero Giyuu tiene razón, mi objetivo nos mantiene unidos."

Ambos chicos se pusieron en posición.

- Eto... Pero tienes una espada de madera...

Dijo la chica con nerviosismo.

- Me alegra que te preocupes por mi. Pero yo estaré bien.

En un instante Giyuu estaba frente a ella, chocaron espadas nuevamente.

- Porque yo si puedo cortar esa roca en dos.

Nuevamente Nezuko fue superada y mandada a volar.

- Lo que sucede es que no has fundido en tu cuerpo nada de lo que el señor Urokodaki te enseñó. Sabes sobre la "Respiración de Concentración", y sobre la "Respiración del Agua", pero ninguna está en ti. Solo sabes usar la Respiración del Agua cuando es necesario, pero no la mantienes siempre, y nunca estas concentrada.

Ese día Nezuko perdió. Pero Giyuu empezó a darle clases. La Respiración de Concentración Total llenaría de oxígeno su cuerpo, cada fibra muscular, cada arteria, todo. Dando paso a un estado en que la temperatura de su cuerpo aumentaría ligeramente y sus capacidades físicas incrementarian.

- Es todo lo que puedo decirte, ya que yo tampoco la domino del todo.

Lucharon una y otra vez durante días, semanas y meses. Pero en ningún momento Nezuko fue capaz de obtener información del chico acerca de quien era.

- Hay más niños allá atrás. Todos nosotros amamos al señor Urokodaki.

Era lo único que le decía en ocasiones. Pero un día, fue Nezuko la que subió a retar a Giyuu.

- Luces más fuerte y determinada. Ya no te ves rígida.

- Esta vez... ¡Yo ganaré!

Se lanzaron el uno contra el otro, pero por primera vez, Nezuko fue más rápida. Cortó por la mitad la máscara de Giyuu, y este la recibió con una mirada que reflejaba tristeza, melancolía, pero también felicidad.

Luego de eso, simplemente desapareció.

- ¿Eh? ¿A dónde se fue?

Al mirar al frente lo vio. Lo había conseguido.

- Cuando corté su máscara... También corte la roca.

De inmediato la joven fue a avisar a su maestro. Este subió la montaña con asombro, esperando ver si sus palabras eran verdad o no.

- La razón por la que no quería que fueras a la Selección Final es porque no quería ver a otro niño morir a causa de esto. Pero lo has hecho bien, Nezuko.

Contempló el resultado de sus entrenamientos unos segundos más, antes de volver a hablar.

- Debes volver con vida, Nezuko.

La abrazó, la chica se aferró al cuerpo del hombre con firmeza mientras evitaba el llanto.

Luego de estar lista, Urokodaki cortó un poco el cabello de la chica, le dio una nueva espada y un haori rosa similar al kimono que usaba.

- Mira, toma este uniforme de cazadora. Le pertenecía a una alumna mía.

El uniforme era negro y lindo, así que la chica se lo puso alegremente. Era de su medida.

"¿Uh? ¿Qué es esto?"

Se preguntó al notar una etiqueta en la ropa, al mirarla se dio cuenta de que decía: "Makomo".

"Así que ese es el nombre de su alumna."

Terminó de vestirse, primero las vendas del pecho, la camisa fajada, el pantalón junto al cinturón y el saco abotonado. Aparte de las botas. Por encima se puso el haori rosado.

- ¿Y cómo me veo?

Preguntó mientras daba una vuelta. Urokodaki le puso la mano sobre la cabeza deteniendola de dar giros.

- Te ves muy bien, hija. Ahora ve y supera la Selección Final. Antes de irte, toma esto.

Le dio una máscara de zorro.

Salieron de la casa y se despidieron. Mientras se iba, la chica recordó algo y se dio la vuelta.

- ¡Señor Urokodaki! ¡Cuídese, y a Giyuu también!

La mención de ese nombre dejó helado al hombre.

- Kamado Nezuko, ¿cómo conoces a ese chico?

Le tomó algo de tiempo llegar al monte Fujikasaneyama, pero lo hizo. Subió hasta la cima, donde se encontró con un recinto rodeado de árboles de glicinas.

"Wow, glicinas... Mamá decía que no florecian en esta época."

Al subir, se dio con la sorpresa de que había mucha gente. Entre ellos había un joven de cabello rubio y mirada perdida, a su lado un chico de cabellera larga y negra se mostraba molesto.

Del otro lado, un chico con máscara de jabali hacia un escándalo, irritando a un joven con una cicatriz en su rostro y con los laterales de su cabeza rapados.

También habían dos chicas que estaba juntas, una de coletas y otra con el cabello atado a un lado. Ambas iban vestidas con un kimono, una de azul y la otra de rosa.

- Esto es malo. Voy a morir aquí.

- No lo harás, tierra. El abuelo no desperdicio su tiempo entrenandote por nada.

- ¿Dónde están los monstruos? ¡Quiero cazarlos ya! ¡Jiajajaja!

- Tch. Yo solo quiero la espada ya.

- Hermana, ¿segura de que fue buena idea irnos sin avisar a Kanae? Seguro se preocupara. Además no soy tan fuerte como tu...

La última chica arrojó tranquilamente una moneda antes de responder.

- Todo irá bien, Aoi. No hay de que preocuparnos.

En ese momento, dos niñas, una de cabello negro y otra de cabello blanco se presentaron frente a todos los aspirantes ahí reunidos.

- Buenos días a todos. Gracias por asistir a la Selección Final. En esta montaña hay un montón de demonios cautivos.

- Debido a que las flores de glicinas les impiden escapar. Fueron capturados por cazadores poderosos.

- Sin embargo, a partir de aquí ya no hay flores. Tendrán que sobrevivir por siete días luchando contra los demonios.

- Aquellos que pasen y sobrevivan se volverán cazadores. Ahora damos por iniciada la Selección Final.

Todos los cazadores, incluida Nezuko, fueron directo al descenso al infierno. Un lugar infestado de bestias ansiosas por carne humana.

- Respiración del Agua: Tercera Postura - Danza de las Corrientes

La joven se deslizó con elegancia entre cuatro demonios que iban contra ella, cortando sus cuerpos al instante.

- Sus cuerpos se desintegran apenas les corto el cuello. ¿Así es siempre?

Siguió su camino sin prestarles más atención. En otro lugar de la montaña, un chico jabali corría ansioso contra un grupo de demonios.

- ¡Jijyajajaja! ¡Eso! ¡Eso es! ¡Cuarto Colmillo - Picada en Trozos!

Salto al aire y pasando por encima de ellos les rebano el cuello. Decepcionado de su debilidad continuo en busca de algún poderoso rival.

- ¡Aaaay! ¡Voy a morir!

- ¡Idiota, baja del árbol!

El chico rubio se aferraba al tronco, mientras el pelinegro diviso la presencia de tres enemigos.

- Respiración del Rayo: Tercera Postura - Enjambre Relámpago de Mosquitos

A una increíble velocidad corto sus cuellos sin darles mucha oportunidad de reaccionar.

- Sino bajas ahora te bajare a golpes. Tonto.

Comenzaron a forcejear entre ellos.

A una distancia considerable, las dos chicas caminaban con tranquilidad.

- Sigo pensando que es mala idea. Kanao, ¿qué haremos si nos encontramos con un demonio poderoso? ¡He oído que aquí hay mutantes y cosas así!

La otra chica simplemente le dedico una mirada y una sonrisa tranquila, calmando sus miedos.

Pero cuatro presencias las rodearon.

- ¡Aah! ¡Te lo dije!

La chica del kimono rosa se puso en posición.

"He visto esto muchas veces, podré replicarlo sin problema."

- Respiración de la Flor: Segunda Postura - Sombra Honorable de la Ciruela

Corto el cuello de dos demonios al momento que estos saltaron contra ella ansiosos por su carne.

- Respiración del Agua: Cuarta Postura - Golpe de Marea

La otra chica por su parte pasó entre sus enemigos cortandolos, aunque se le veía algo de acercarse demasiado. Por lo que al final terminó por caer al tropezarse con una piedra.

- Aoi, ¿estás bien?

Preguntó casi roboticamente. Su compañera asintió mientras se trataba de poner de pie.

- ¡Corran! ¡Corran de aquí! ¡Nadie me dijo que habría un mutante!

Un chico corría de un gigantesco demonio que aterrorizo al par de chicas. Dejándolas atonitas.

- ¿Uh? ¿Qué fue eso? Zenitsu, baja de ahí. Hay un demonio fuerte cerca. Hay que ir a ver.

- ¡Aniki, no! ¡Aquí estoy mejor! ¡, Kaigaku!

- ¡Imbecil!

nzó a arrastrarlo en la dirección de aquella presencia.

- Por fin un demonio fuerte. Yo, Genya, cortaré su cuello.

Dijo el chico de los laterales rapados.

- ¡Jyajaja! ¡Un enemigo poderoso! ¡El Rey de la Montaña, Hashibira Inosuke va por ti!

El tipo de la máscara corría de frente al demonio. Mientras a lo lejos, Nezuko también había localizado al enemigo.

"¡Puede haber gente en peligro!"

Y comenzó a correr también. Muy pronto todos se encontrarían de frente.