En un principio, Hermione no recordaba dónde estaba: porque al abrir sus ojos se encontró con la visión de una ventana y unos muebles que no pertenecían a su habitación. También vió a través de la ventana que aún llovía copiosamente...

En esa casa solo había silencio. Lo que le hizo creer por un instante que se encontraba completamente sola. Pero luego supo que no era así, en cuanto escuchó a Remus estornudar.

Él andaba por allí, en algún lugar de la casa...

Miró el reloj despertador y al ver la hora, abrió enormemente los ojos. Tomó el reloj con ambas manos, sin poder creerse que había dormido hasta casi las tres de la tarde.

—¿Por qué dormí tanto?... —dijo sorprendida, luego volvió a dejarlo sobre la mesita de noche y decidió levantarse.

Se puso las pantuflas que Remus le había prestado, y que por supuesto, a ella le quedaban enormes; al igual que el jersey verde que ahora le abrigaba.

Después de bajar las escaleras, se dirigió al lugar de donde provenían unos tintineos; y como no podía ser de otra manera, era él quien hacía esos ruiditos:

No se sorprendió de encontrarlo sentado a la mesa de la cocina, con sus lúgubres ojos fijos en un punto lejano, mientras mecánicamente revolvía el café con la cucharilla.

Hasta ese momento, Remus había dado el aspecto de ser una persona que vive la vida en modo automático; pero en cuanto percibió que Hermione estaba parada allí, abandonó lo que estaba haciendo, y dejó escapar su sonrisilla picaresca...

—¡Leona! ¡Despertaste!... Te confieso que empezaba a preocuparme. Me preguntaba si debía despertarte o no... Finalmente decidí que no; porque soy una rata bastante egoísta, y tengo la firme intención de mantenerte cautiva en mi casa por un... tiempo indefinido.

Mientras él bebía su café, ella habló:

—En realidad yo... No suelo dormir tanto —dijo, excusándose —Ya sé que dije que me iría en la mañana, y todavía sigo aquí...

—Está bien, no tienes que disculparte. No hiciste nada malo —respondió Remus, restándole importancia —De hecho... Entiendo que soy yo quien debe disculparse; por lo de ayer. Me comporté como un...

—Intruso — dijo Hermione con la velocidad de un latigazo —Fuiste un intruso en cosas que son muy mías.

—Sí. Cierto. Estoy de acuerdo —aceptó Remus —Yo iba a decir que fui un bárbaro y un muy mal anfitrión (ya que... eres mi invitada) pero creo que tu visión es más acertada que la mía... Sí, soy tu intruso. "Ese traje sí me queda; así que me lo pondré sin quejarme"

Hermione se sonrojó al entender que él muy desgraciado hablaba en doble sentido, y se apresuró en retirar sus propias palabras, antes de que él las utilizara para continuar degenerando la situación:

—¿Sabes algo? Creo que yo reaccioné de manera exagerada. Ahora entiendo que no fue tu intención incordiarme. Que eso solo fue una pequeña torpeza tuya, y que, yo me lo tomé muy mal. No supe calmarme. Pero deberíamos dejar pasar esto, ¿No crees? "Lo que es del agua pues... que el agua se lo lleve"

Remus sonrió de lado al notar que ella había detectado sus intenciones y que además, lo evadía, pero no lo rechazaba... Y eso le gustó. Al licántropo le encantaba el hecho de que Hermione no lo rechazara de una buena vez y para siempre (lo cual significaba que aún existía esperanza entre los dos)

—Gracias por ser tan comprensiva conmigo. Pero la verdad es que, nada justifica lo que hice anoche.

—En realidad sí: —se apresuró a justificarlo Hermione, para frenar sus avances—Tú eres un licántropo.

—Sí, lo soy. ¿Y qué con eso? —cuestionó él, mientras gesticulaba con sus manos de manera afeminada —¿Acaso esa es razón válida para comportarme contigo como un bestia?

—Sí, ¡No! —dijo atormentada por culpa de él.

Hermione no podía escucharlo, pero internamente Remus estaba carcajeandose. Él le había puesto la trampa y ella solita había ido a meterse allí.

—Está bien, tranquila. Tienes razones para verme de ese modo. No te culpo, y tampoco me ofende que me lo digas.

—¡Es que! Yo no te he calificado de bestia, ¡lo has hecho tú! —se quejó ella, y después de suspirar continuó —Y no he terminado de decirte lo que iba a decir.

—Oh, perdón. —dijo Remus —¿Te interrumpí? Lo siento, no me había percatado de ello... Me callaré ya...

—Lo que iba a decir

—Ya no hablo.

—Lo que quise decir hace un momento —remarcó Hermione —es que...

—¿Te gustaría beber algo en particular?

—¿Qué? ¡No! ¡Remus, cállate ya! ¡Déjame hablar!

Entonces Remus no soportó más y soltó la carcajada que había estado ocultando internamente.

—¡Estoy intentando!

—Justificarme, para evadirme. Lo sé —completó él, poniéndose un poco serio —Lo que hice anoche estuvo mal, y punto. No me justifiques... Y por favor, tampoco huyas.

Ella se cruzó de brazos, y enfurruñada reclamó:

—Entonces, si sabías hacia dónde me dirigía, ¿por qué me seguiste el juego?

—Porque... Quería provocarte. Quería que reaccionaras, que me pusieras en mi sitio. Sé que ante tus ojos voy a quedar como un completo enfermo por decir esto pero... Yo prefiero que me claves tus garras, Leona; prefiero que me pelees, porque puedo lidiar con eso. Pero no puedo soportar que salgas huyendo de mí con la promesa de que jamás volverás a acercarte...

—Y cumpliré lo que dije anoche —aseguró Hermione, exclamandolo como si al vecindario le impotara, (en el fondo, ella solo buscaba autoconvencerse) —En cuanto cruce por esa puerta, ¡me iré, y jamás regresaré! Te lo juro, Remus, jamás regresaré a esta casa. Y en nuestro lugar de trabajo, voy a tratarte como lo que eres para mí...

—¿Un idiota?

—Como mi jefe. Mi jefe de piso; solo eso eres para mí —reafirmó Hermione.

—Tu jefe... Solo eso... —dijo desanimado y con los hombros caídos, pero segundos después se recompuso y volvió a la carga —Está bien... Estoy de acuerdo con tu elección,ya que... Desde hace tiempo estoy necesitando una linda secretaria...

—Degenerado —lo regañó ella —Eso no pasará... Ni en sueños...

—Oh, si tan solo pudieras recordarlo, corazón mío... —suspiró Remus, mientras se ponía de pie y se dirigía a la encimera.

Hermione lo observó caminar y curiosa preguntó:

—¿Recordar qué?

Remus le daba la espalda porque se había puesto en la tarea de preparar algo de comer para ella. Y Hermione esperaba una respuesta, al ver que él no decía nada, ella insistió:

—Remus, ¿qué es lo que no recuerdo?

Él suspiró y habló de una manera extraña para ella, porque Remus consideró que esa respuesta era la conveniente para la situación comprometida en la que se encontraban:

—No recuerdas que en los sueños hicimos lo que nuestra realidad nos obliga a deshacer.

La cocina se inundó de un silencio profundo...

Las palabras que Remus había dicho, Hermione no podía asimilarlas desde el intelecto. Su mente le decía que esas palabras carecían de sentido, pero su alma comprendía y añoraba. Hermione sintió en su boca el sabor de la nostalgia, e intuitivamente buscó en su memoria lo que ya no existía. Se exigió para encontrar lo que buscaba, pero en vano era esa búsqueda.

—Remus...

—Si es nostalgia lo que sientes, pues ya somos dos —confesó él.

Hermione levantó la cabeza y lo miró con asombro. No le sorprendía el hecho de que él pudiera cocinar sin dificultades a pesar de su ceguera. Le sorprendía que él supiera exactamente lo que ella sentía.

—¿Cómo sabes que siento nostalgia? ¿Cómo puedes ser tan preciso?

—Porque... Tú y yo, extrañamos lo mismo, hemos perdido algo que era solo nuestro... Por eso es que lo sé...

—Por favor, ya no me hables en clave, solo dime ¿Qué es lo que ya no recuerdo?... Por favor dime... Sé que era valioso para mí.

Al escuchar esas palabras, Remus sonrió y sus ojos recuperaron un poco de brillo.

—No puedo —respondió él —No puedo ayudarte.

—¿Por qué no?

—Porque yo no soy quien almacena esos recuerdos; por lo tanto, no puedo dartelos, y porque además, fue tu elección el renunciar a ellos. Así lo decidiste tú...

—¿Por qué? ¿Por qué renuncié a lo que tiene un gran valor para mí?

—Por favor, corazón, no preguntes —le rogó Remus, abandonando lo que estaba haciendo y volteando hacia ella.

—¿Por qué, por qué hice algo así? —preguntó perdiendo la calma.

Remus se apresuró en ir hacia ella, en tomarla en sus brazos y tratar de calmarla. Ya que, Remus sabía que había algo dando vueltas por su casa, y ese algo tenía el poder de conceder las imágenes que ella tanto estaba deseando recordar...

—Mione, no preguntes más... Mejor déjalo así... Olvida lo que dije, olvidemos esta conversación sin sentido.

—No... —dijo ella, encaprichada por recuperar lo suyo —lo quiero de vuelta.

—Calla Mione, no lo pidas, porque te cumplirán el deseo —dijo inquieto y asustado de que esa cosa invisible y revoltosa pudiera escucharla y otorgarle lo que ella pedía casi a gritos.

—Quiero lo que es mío, Remus, lo quiero de vuelta. Quiero me devuelvan todos mis recuerdos.

Remus la besó en los labios para callarla y entre besos él le rogaba:

—Calla mi amor, calla...

—No... ¡Yo quiero que me devuelvan lo que es mío!... —insistió ella escapando de los labios que querían callarla —quiero recuperar lo que es mío...

Finalmente él se salió con la suya, porque Hermione se quedó inmóvil al sentir los labios de Remus en la piel de su cuello...

Ya no quiso evadirlo más, ni negarse a sí misma la posibilidad de disfrutar lo que Remus le provocaba. Todas sus promesas de alejarse de él para siempre se hicieron trizas. Y lo único que tenía fortaleza en ese momento, era el deseo de fundirse con él:

Fue ella quien reanudó aquel beso que había iniciado como un torpe intento por tranquilizarla.

Y cuando él sintió las manos de Hermione recorriendo sus brazos hasta llegar a sus hombros, inevitablemente gimió con voz grave... La nombró, y se apresuró en meter sus manos por debajo del jersey; lo único que la vestía...

Remus comenzaba a perder la cabeza por causa de sentir bajo sus manos la silueta de Hermione, la suavidad de esa piel, y el como ella aceptaba sus caricias.

Ambos empezado a devorarse y a "recordar" lo que había quedado marcado en sus almas...

Era seguro que se hubiesen amado en esa cocina de no ser por una irrupción que los dos percibieron de la misma manera. Fue un evento extraño y a la vez conocido por ambos; ya que los dos habían recibido antes esa visita durante la madrugada:

Esta vez, "la cazadora" se infiltró en la casa de Remus provocando un espantoso estruendo en la planta alta y acto seguido rasgó el aire haciendo crujir unas puertas de madera.

Remus y Hermione se detuvieron. Ella se encontraba agitada y él con el corazón acelerado.

—¿Qué fue eso? —preguntó ella.

—No lo sé... —respondió tan agitado como lo estaba Hermione —pero eso vino de mi estudio... Esa revoltosa está tocando mis cosas.

—¿Quién es ella? —preguntó Hermione, nerviosa al imaginar que alguien más estaba con ellos.

—No es quién; sino qué. Porque eso que me visita no es humano... —le explicó Remus, muy seguro de lo que intuía.

—— o ——

Remus fue quien ingresó primero al estudio, empuñando su varita de una manera que a Hermione le parecía muy cómica: no podía evitar sonreír al verlo sostener la varita como si fuese una espada...

—No me importa lo que seas —le advirtió Remus a su visitante —te enfrentaré, ¡Así que sal, cobarde; muestra la cara! ¿Quién te ha autorizado a maltratar mis cosas? ¡Muéstrate de una vez!

Y mientras Remus desafiaba a la pequeña pesadilla que tensaba el aire, Hermione observó ese lugar de trabajo. A ella le parecía estar en la habitación de un artista, más precisamente el de un pintor. Pero antes de que la Leona pudiese observar los pergaminos en los que Remus había estado trabajando, la pesadilla le susurró:

«El cuadro de la Djinn»

Y Hermione repitió en voz alta lo que le habían dictado:

—El cuadro de la Djinn.

Y así como la "cazadora" había irrumpido con violencia; del mismo modo abrupto, la pequeña pesadilla se marchó tras haber dejado con éxito una de las tantas respuestas que recibirían...

De repente, la calma del lugar era aplastante...

Remus bajó "la espada" y volteó hacia Hermione para preguntar estupefacto:

—¿Cómo sabes de ese cuadro?

—Porque... —dijo indecisa, mientras recorría con la mirada el mueble que se encontraba tirado en el suelo. Y tras ese mueble en el que Remus guardaba sus instrumentos de trabajo, había estado oculto dicho cuadro —porque lo estoy viendo ahora mismo.

Hermione fue acercándose al cuadro, evitando pisar aquellas cosas que habían quedado desparramadas sobre el suelo. Se acercó sintiendo que aquel retrato la llamaba.

El cuadro mostraba a una mujer joven, muy atractiva. Ella bailaba parada sobre el agua, y no llevaba ropa encima; solo unas gemas cubrían ciertas zonas de su cuerpo y su larga melena revoltosa estaba domada por perlas tornasoladas. Su manera de bailar y ese revelador atuendo eran similares al de una odalisca. Y cuando la bailarina giró, y fijó su mirada en el espectador, Hermione pudo ver el fuego y la intensidad que proyectaban esos ojos...

—Tenía quince años cuando lo pinté... —confesó Remus —Después de casarme con Nymphadora, lo oculté; por miedo a que ella lo destrozara... Esa Djinn... Esa genio, me visitaba en mis sueños cuando yo era un adolescente... Y cada vez que despertaba, la dibujaba, imaginando que un día ella cobraría vida para mí... Creo que, así como tú tienes el complejo de Don Quijote; yo tengo el complejo de Don Pigmalión...

—Una genio —repitió Hermione, sintiendo que la palabra Genio/Djinn le hacía eco en el alma.

—Sí, ya sabes... es... Aquella criatura mítica capaz de concederte tus deseos... Y también... Capaz de ejecutar una terrible venganza si la hieres.

Ella no podía dejar de mirar el cuadro. Sabía que allí estaba lo que buscaba...

—Eres un dibujante muy talentoso, Remus... Y también muy detallista —lo elogió.

Hermione se enterneció al verlo sonrojarse y bajar la cabeza; le pareció por un momento, estar viendo al Remus joven que había retratado a la Genio...

—— o ——

Nota de Autora: les pido perdón por haber tardado más de un año en actualizar. He tenido que sacrificar algunas cosas por falta de tiempo y dinero. Últimamente me llegaron muchos mensajes de ustedes, quienes aman leer y releer esta historia. Traté de responder todos los mensajes, realmente espero haber respondido todos.

Gracias por el apoyo, y por sus palabras.

No quiero prometer nada, pero voy a hacer todo por actualizar en estos días. Mi intención era presentar varios capítulos un mismo día, pero no lo estaría logrando.

Espero les haya gustado este capítulo. Aquí han empezado a aparecer algunas respuestas y en los próximos iré soltando de a poco más detalles y pistas. Que al final tendrán más sentido. En este capítulo Hermione prácticamente ha gritado que desea recuperar todos sus recuerdos, y la "cazadora" le entregará todos ellos con el correr de los días.

Haré lo que más pueda por actualizar pronto. Yo sé que desaparezco mucho tiempo, pero en verdad quiero terminar mis historias. Puedo demorar, pero no abandonar. Abandonar no es algo que me caracterice.

Un beso enorme, y gracias por alentarme.

Bueno, ahora tengo que sentarme a estudiar porque quiero aprobar mis exámenes. Y tengo mucho para estudiar

Besos! Los aprecio mucho.