-Esta es una adaptación de la serie "House of the Dragon" y del libro "Fuego & Sangre" de George R.R. Martin, más específicamente el arco conocido como "La Danza de Dragones". Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, mas los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidades, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Kingdom of One" de Maren Morris para Sakura, "Falling Inside The Black" de Skillet para Sasuke, "Mad Woman" de Taylor Swift para Hanan, "Incomplete" de Backstreet Boys para Baru, "Broken" de Seether & Amy Lee para Sasuke & Sakura, y "Our Farewell" de Within Temptation para el contexto del capitulo.
1-Diálogos en cursiva para "Alto Valyrio".
2-Breves textos en cursiva para pensamientos.
3-Texto con dialogo en cursiva par flashbacks
Era tarde por la noche, el sol ya se había ocultado, era la hora del lobo y como de costumbre la reina Sakura cruzó los pasillos de la Fortaleza Roja hacia los aposentos de su madre acompañada únicamente por sir Arsen Konohagakure, que la reverenció y le abrió la puerta en tanto ella cruzaba el umbral cargando en brazos a su hija Sarada y sosteniendo la mano de Daisuke que caminaba a su lado, siempre llevaba a sus hijos a visitar a su abuela antes de dormir. La reina portaba un sencillo camisón blanco de escote corazón, con mangas acampanadas y falda de velo, oculto en su mayoría por una elegante bata de terciopelo esmeralda oscuro de profundo escote en V, anudada a su cintura por un fajín y de mangas acampanadas por encima de las muñecas, con su largo cabello rosado suelto y cayendo sobre su hombro izquierdo, sonriendo a sir Arsen tan pronto como la puerta se cerró; las antorchas al interior de los aposentos de su madre crepitaban, igual que las velas y la chimenea, mas la imagen que la reina encontró al ingresar la hizo congelarse. Sentada forzosamente sobre uno de los divanes, la reina viuda Hanan—que tuvo deseos de gritar para hacer que su hija huyera, de tener oportunidad—se hallaba atada, custodiada por un hombre de aspecto siniestro y andrajoso, y cuando la reina pensó en retroceder o gritar, fue detenida por otro hombre que la sorprendió por la espalda, amenazándola con una filosa daga y que presionó contra su yugular, el hombre tras ella era medianamente alto y desgarbado, con barba…lo recordaba, era un cazarratas que trabajaba en la Fortaleza, y comprenderlo le heló la sangre, le hizo entender que otra visión iba a cumplirse y ello le dio mayores razones para asirse a sus hijos.
—Sakura— jadeó Hanan, aterrada de lo que pudiera pasarle a su hija y nietos.
—Tranquila, hermosa, no queremos un alboroto— sosegó el cazarratas, presionando la daga contra su yugular.
—¿Quién es ella?— interrogó el hombre que lo acompañaba, sediento de sangre.
—La reina— contestó Ginkaku con morbosidad, desnudando a la dama con la mirada.
—¿Quiénes son?— preguntó Sakura con nerviosismo y casi un hilo de voz.
—Cobradores de deudas— respondió Kinkaku sencillamente. —Un hijo por un hijo— proclamó haciendo que a la reina se le helase la sangre.
Tantas semanas de inacción no eran en vano, el príncipe Itachi había contratado secretamente a los individuos capaces de entrar en la Fortaleza Roja, Ginkaku que conocía mejor que nadie el lugar—permitiéndoles a ambos moverse por túneles y pasadizos secretos—y Kinkaku que era un ex Capa Dorada, ambos sicarios más que eficientes si de cobrar la muerte del príncipe Yuudai a manos del príncipe Sasuke se trataba. Nada más escuchar aquella amenaza, Sakura tembló de horror e inconscientemente atrajo más hacía sí a sus hijos, en especial a Sarada que cargaba en brazos y que se abrazó a ella, igual que Daisuke quien envolvió sus brazos alrededor de su falda, ambos niños siendo extremadamente parecidos—eran gemelos—y resultando difíciles de identificar para los sicarios, que buscaron sus miradas intentando ver cuál era el niño que tenían ordenado asesinar. Igual que su madre, con quien encontró su mirada, Sakura tuvo deseos de gritar, intentó removerse en vano contra el cazarratas a su espalda, pero este solo la sujetó del brazo con mayor firmeza y presionó la daga contra la piel de su cuello, haciéndole sentir que está cortaba superficialmente su piel, mas a ella no pudo importarle menos su vida…pero, sus dos inocentes pequeños, Daisuke y Sarada solo tenían cinco años, ¿Por qué debían pagar por una guerra de la cual no eran responsables?, ¡Ella jamás había atentado contra Izumi!, ¿Por qué su hermana exigía la vida de uno de sus hijos si ella nunca le había hecho nada? El cazarratas detrás de ella pareció excitarse ante los finos hilos de sangre que brotaron de la herida en su cuello, haciendo que Sakura sintiera asco.
—No…Por favor, solo son niños— rogó Sakura con la voz quebrada. —Les daré lo que quieran, serán más ricos de lo que puedan imaginar— prometió, envolviendo con mayor firmeza su agarre alrededor de Sarada y aferrándose a la mano de Daisuke.
—¿Confiar en una Haruno? Ni de broma— desdeño Kinkaku para preocupación de ella.
—Mátenme a mí— sugirió la reina de inmediato. —Si ha de derramarse sangre, que sea la mía— no dejaría que lastimaran a sus hijos, jamás.
—Tú no eres un hijo; ordenes son ordenes— desestimó el mercenario sin contemplación. —¿Cuál es el niño?— cuestionó en voz alta, observando a ambos infantes.
—Ambos se ven iguales— obvió Ginkaku, pasando su mirada por ambos infantes. —¿Cuál es el niño? Dinos, hermosa— interrogó a la reina, acercando su rostro al suyo.
—No hablaré— protestó Sakura, negándose a dejar que tocaran a sus hijos.
—Vamos, hermosa, o tendremos que desahogarnos con una de ustedes— amenazó el cazarratas, más que interesado en divertirse con ella.
La mirada del malhechor se posó de una u otra forma sobre sus hijos al decir eso último, y Sakura tuvo deseos de gritar desesperadamente, prefería que la violaran a ella antes de que tocaran a uno de sus niños y no necesitaba ser adivina para saber qué ocurría lo mismo con su madre Hanan y que en vano intentó liberarse de las cuerdas que la mantenían retenida en el diván a unos metros de ella, ¿Qué posibilidad había de salir? No podía gritar, solo haría que los bandidos atacaran tanto a Daisuke como a Sarada, sir Arsen no entraría a tiempo, e incluso puede que mataran a su madre en venganza, ¿Qué podía hacer? Sakura intentó pensar y solo se le ocurrió una cosa. Era su única opción, por lo que Sakura volvió la mirada hacia el cazarratas por el rabillo del ojo, como si le pidiera permiso, haciendo amague de bajar al suelo a Sarada que seguía abrazándose a ella, pretendiendo que ella era el heredero y no Daisuke abrazado a su falda, tener el permiso del cazarratas le dio varios instantes de gracia, dejando con seguridad a Sarada en el suelo, mas no soltando su mano y aferrándose con mayor fuerza a la de Daisuke, intercambiando una escasa mirada con ambos antes de soltar sus pequeñas manos y, tan velozmente como le fue posible, la reina se volvió hacía el cazarratas, empujándolo con toda la fuerza que poseía, logrando tomarlo por sorpresa. Sarada era una niña de cinco años, pero era astuta, y tan pronto vio actuar a su madre, se sujetó la falda del camisón y corrió velozmente hacia las enormes puertas, halando de una de estas y corriendo fuera de la habitación sin mirar atrás, pensando desesperadamente en su tío Sasuke, sabiendo que él estaba patrullando y necesitando encontrarlo.
—¡Sarada, corre!— gritó Sakura, pero para frustración suya el mercenario sujeto a Daisuke antes de que pudiera escapar.
—Es fue muy estúpido— juzgó Kinkaku, sujetando de los hombros al pequeño niño. —Pero ahora al menos sabemos quién es el niño— el intento de fuga tenía su lado bueno.
—Termina con el trabajo, yo voy a divertirme un poco— delegó Ginkaku cerrando fuertemente la puerta, y regresando junto a la reina a quien sujetó firmemente del brazo, obligándola a caminar hacia el escritorio.
—¿Estás loco? Dicen que es una bruja— advirtió el mercenario, sin soltar al niño.
—No tengo problema con eso, y nunca he estado con una reina— desestimó el cazarratas, forzándola a inclinarse sobre la mesa.
—¡No, piedad!— sollozo Hanan, no pudiendo gritar o sabía que matarían a su hija.
Quizás resistirse no tenía sentido, era débil comparada con aquel hombre, pero Sakura luchó y se negó a caminar, solo deseando mantenerse cerca de su hijo, gritando y resistiéndose contra el agarre del cazarratas, pero este de igual forma la obligó a inclinarse contra la mesa al otro extremo de la sala, empujándola sobre la superficie y contra la que se estrelló su pecho, y aunque ella intentó levantar la cabeza, no lo consiguió, el agarre del hombre fue firme sobre su nuca y espalda, manteniéndola así, mientras escuchaba el llanto de Daisuke a su espalda, rompiéndole el corazón en mil pedazos. Ginkaku le subió rápidamente la falda del camisón y la bata, desabrochándose los pantalones y embistiendo con brusquedad contra el interior de la reina, que continuó resistiéndose, intentando levantar la cabeza o brazos para arañarlo al menos, pero no conseguía moverse y fue todavía peor cuando el cazarratas se retiró y volvió a embestir contra su interior de inmediato, sin descanso, ignorando sus gritos; esto fue bueno, pues le impidió escuchar como los sollozos del príncipe Daisuke se acallaban y como en su lugar eran reemplazados por el sonido de la carne siendo cortada. La sensación era asquerosa, todavía peor que todo lo que había experimentado con Baru en el pasado, todo lo que ella deseaba era golpear y apuñalar al hombre que la estaba violando, usando para su disfrute, pero era demasiado débil para hacer algo, aumentando su desesperanza e impotencia, no pudiendo hacer nada para proteger a su niño, sus visiones la habían alertado de aquello desde hace semanas, meses, años—desde antes que Daisuke naciera—, pero ella nunca había podido entenderlo…hasta ahora.
La reina viuda Hanan contempló toda la grotesca escena, sollozando de dolor, indignación y el más profundo pesar al ver como arrebatan la vida a su inocente nieto, no sabiendo hacía donde mirar, pues si desviaba la mirada podía ver claramente como aquel asqueroso cazarratas violaba a su adorada hija delante suyo, ¿En qué monstruo se había convertido Izumi para orquestar tan abominable venganza? Hanan no culpó a Sakura de estar demasiado consumida por el dolor y asco que le estaba causando su agresor como para darse cuenta de que estaba matando a su hijo. Los únicos sonidos que llenaban la habitación, además de los gritos de la reina que intentaba luchar contra su captor, eran los gruñidos del cazarratas mientras la violaba y el eco de la carne separándose…La violación fue peor que cualquiera que Baru le hubiera perpetrado antes, Sakura se sintió eterna hasta que el asqueroso individuo se derramó en su interior, aumentando el asco y nauseas que la reina sentía, pero ella ni siquiera pudo liberarse a tiempo para golpear al hombre a su espalda; al mismo tiempo, Kinkaku terminó su labor, limpio su daga tomó lo que había venido a buscar, indicándole a su compañero que se marchasen, ambos internándose en un pasadizo secreto en la pared y desvaneciéndose tan velozmente como habían llegado, un instante antes de que sir Arsen ingresara en la habitación. Libre, Sakura se desplomó de rodillas, pero consiguió voltear hacia donde había estado su hijo, gateando por el suelo, rompiendo en sollozos al ver que el mercenario le había arrancado la cabeza, dejando atrás un charco de sangre y su pequeño cuerpo, cuerpo al que Sakura se abrazó, llorando desconsoladamente mientras sir Arsen liberaba a su madre.
Se había cumplido la venganza; un hijo por un hijo.
Suspirando pesadamente, Sasuke cruzó los pasillos de la Fortaleza Roja, agotado luego de un largo día de patrullaje y que acababa de terminar, había dado vueltas alrededor de la ciudad a lomos de Vaghar más veces de las que podía contar, lentas afortunadamente o se habría mareado, casi sonriendo ladinamente al recordar la voz del viejo dragón en su cabeza, añorando quemar cosas o destruir a otros, no ser un mero adorno en el cielo para que los mortales se sintieran seguros, pero era lo que ambos eran y Sasuke abrazaba la responsabilidad con gusto, era la única forma de garantizar la seguridad de sus hijos y de su familia. Sasuke pensó en que a esa hora Sakura debía estar visitando a su madre la reina viuda, con seguridad habría regresado a sus aposentos dentro de unos minutos, por lo que él pensó en dirigirse hacia sus aposentos y esperarla allí, había prometido a Daisuke que jugarían juntos esa noche y extrañaba muchísimo a Sarada…pasar una noche juntos no sería un problema, ¿verdad? Nadie tenía porqué saberlo, solo sería una noche. Sabiendo que su tío no estaba en sus aposentos, Sarada corrió lo más rápido posible hacia las escaleras que daban con la planta baja, agradeciendo que sir Arsen no le siguiera y maldiciendo sus piernas cortas pues le impedían ser tan rápida como quisiera, incluso si de bajar los eternos escalones se trataba—siempre los bajaba en compañía de una doncella o de la mano de su madre—, mas todo valió la pena cuando de entre la oscuridad de los corredores vio emerger la inconfundible y grácil figura de su tío, que pareció congelarse nada más verla, dándole a ella tiempo de correr a su lado desesperadamente.
—¡Tío!— gritó Sarada abrazándose a él desesperadamente al tenerlo delante.
—Sarada, ¿Qué estás haciendo aquí sola?— inquirió Sasuke con extrañeza y preocupación, arrodillándose a su altura.
—Unos hombres malos tienen a mamá, la abuela y Daisuke. Mamá peleó con ellos y me dijo que corriera— contestó la princesa, apenas y recobrando el aliento. —Tengo mucho miedo…— admitió con la voz quebrada, temiendo por su madre y su hermano.
—Vamos a ayudarlos— sosegó el príncipe tuerto, irguiéndose de inmediato. —Quédate detrás de mí, ¿sí?— instruyó, desenfundando a Sueña Fuego y tomándola de la mano.
Sonaba como una maldita pesadilla, debía ser una pesadilla, ¿Verdad? Sasuke intentó convencerse de esto, sujetando firmemente la mano de su hija y subiendo los mismos escalones que ella acababa de bajar, y que ahora ambos subieron con un andar todavía más veloz—la princesa pareció colgarse de su tío, fuerte, alto y rápido para sortear los escalones—, caminando al mismo ritmo, su tío sosteniendo su espada en todo momento, conociendo bien el camino a los aposentos de su madre y cruzando el umbral sin detenerse, maldiciendo que las puertas estuvieran abiertas, haciendo que se le helase la sangre y tratando de convencerse de que aún no era tarde…Sir Arsen acababa de liberar de las cuerdas a la reina viuda Hanan, que corrió velozmente junto a su hija, la reina Sakura, que sollozaba desconsoladamente junto al cadáver decapitado de su hijo, mientras un charco de su inocente sangre se acumulaba alrededor de su cadáver y la falda de su doliente madre; la imagen fue dantesca, descorazonadora e hizo que Sasuke se congelase al ingresar, igual que la princesita aferrada a él y cuyos ojos se llenaron de lágrimas, diciéndose que no debería haberse separado de su hermano, que debería haberlo tomado de la mano, pero igual que en su sueño, no había podido salvarlo y ahora era una realidad. Sin saber cómo, Sasuke torpemente regresó a Sueña Fuego a su cinturón, sin apartar en ningún momento la mirada del cadáver de su hijo—diciéndose mentalmente una y otra vez que aquello era su culpa—, al que se acercó lentamente, apenas prestando atención a su madre que sollozaba junto a Sakura, Sarada parecía congelada a su lado, aun abrazándose a su cintura.
—Mami— sollozó la princesa, corriendo a abrazar a su madre y sujetándose de ella.
—Sakura— nombró el príncipe tuerto con casi un hilo de voz, arrodillándose junto a ella y haciendo que alzara la mirada hacía él al escuchar su voz.
—Tú...— la voz de la reina sonó como un gruñido tan pronto sus ojos se posaron en él. —¡Todo esto es tu culpa!, ¡Tu provocaste esto!— acusó de inmediato, furiosa como nunca.
Las palabras sonaron descorazonadoras, eran la verdad y Sasuke lo sabía, haciéndolo congelarse y temblar desde su interior, su mirada bajó al suelo tanto de culpa como para asirse a la realidad, para convencerse de que en verdad su hijo estaba muerto, el charco de sangre a sus pies lo convenció de ello parcialmente, era todo lo que quedaba de la vida de su sobrino…no, su hijo, su pequeño niño, Daisuke había sido su hijo, se lo habían arrebatado igual que a Sakura, y lo único que Sasuke supo es que no podía apartar la mirada de aquel charco de sangre, mas era necesario que lo hiciera. No podía pensar en su dolor, como hacía su madre Hanan que apenas y pudo situar una de sus manos sobre el hombro de Sakura, quien meció a Sarada en sus brazos, correspondiendo a su necesidad de afecto, él necesitaba estar ahí para Sakura, ella era a quien más habían herido con este acto, fuera responsabilidad de quien fuera, pero cuando Sasuke intentó situar una de sus manos sobre el hombro de su hermana, Sakura lo empujó fuertemente, alejándolo a la par que casi haciéndolo perder el equilibrio, viéndolo con más ira de la que Sasuke hubiera visto en sus ojos. Un hijo por un hijo, Sakura recordó las palabras que el asesino de su hijo había dicho, puede que ella fuera inocente de traición, puede que Daisuke lo hubiera sido, también Sarada…pero no Sasuke, él había comenzado la guerra, había matado a Yuudai y ahora Izumi había reclamado venganza ordenando que se tomara la vida de su único hijo, su niño adorado; Sasuke no había sido el homicida, él no había matado a su hijo, pero había sido el responsable de ello, si él no hubiera matado a Yuudai, nada de aquello estaría ocurriendo, ¡Su niño seguiría vivo!, ¡Su niño había sido inocente!
—¡Mi hijo está muerto por tu culpa!— condenó Sakura nuevamente, en caso de que él no lo tuviera claro. —¡Lárgate!, ¡No soporto verte!— exigió, viendo la sangre en sus manos y la responsabilidad por este crimen que no se resarciría nunca.
Era la verdad, Sasuke lo sabía, pero se quedó congelado ante la ira que llenaba las palabras de Sakura y ante la mirada de desprecio en sus ojos, había un dolor como nunca antes la había visto expresar y mucha ira, no, incluso parecía odio y eso le quitó el aliento, desviando la mirada hacia el cadáver de su hijo y solo entonces comprendiendo realmente el peso de lo ocurrido, porque como Sakura afirmaba todo era su culpa, era una venganza; ojo por ojo, hijo por hijo. El dolor de todos los presentes era demasiado grande, los sirvientes no tardaron en amontonarse fuera de la habitación, jadeando de horror y pesar ante la masacre sucedida, y ello coincidió con que la reina viuda consiguiera superar su impresión inicial, atrayendo a su hija en un cálido abrazo al que la doliente reina no pudo ni trato de resistirse, sollozando con la voz quebrada, clamando el nombre de su hijo y sintiendo como si le hubieran arrancado una parte de sí misma, un dolor que ninguna madre debería experimentar jamás. No teniendo otra opción, Sasuke se levantó, dirigiendo una última mirada a su hija Sarada que sollozó mientras abrazaba a su madre, en tanto Sakura intentaba en vano de abrazar el cadáver de su hijo, gritando de agonía, deseaba tanto poder consolarla, deseaba tanto poder cazar al responsable de todo y matarlo personalmente de forma lenta y dolorosa…Sakura siempre había tenido un carácter apacible, él jamás había podido imaginar que sería capaz de proferir gritos tan desgarradores y que llenaron los pasillos, sollozos retorcidos que parecían hechos para expresar el inmenso dolor que sentía, ecos de una noche oscura que Sasuke sabía lo perseguiría por el resto de su vida, porque era su culpa…
Como príncipe, Sasuke había crecido sabiendo que había ojos y oídos en todas partes en la Fortaleza Roja, al menos eso era lo que se contaba, el enorme castillo era en sí mismo inexpugnable en el sentido de que era demasiado amplio, Daisuke "El Cruel" había sido muy astuto al ordenar su construcción, haciendo que los diseñadores construyeran una serie de pasadizos secretos que parecía no tener fin y, al final, para ocultar sus secretos, los había hecho asesinar a todos para que nunca pudieran divulgar aquella información…mas, alguien había conseguido descubrir ese misterio. Sasuke no dejaba de rebobinar la puerta secreta abierta en los aposentos de su madre, alguien había ingresado en la Fortaleza Roja desde ahí, alguien que conocía el lugar mejor que nadie, haciendo que el príncipe tuerto sintiera que un cuchillo podía salir de la nada y atacarlo en cualquier momento; le fue fácil evadir a los sirvientes, estos estaban desconsolados, pero al transitar por el pasillo, dos figuras de armadura plateada emergieron, eran Guardias Reales. Nada más ver que su guardia consagrado, sir Sai Shimura, aparecía de los oscuros pasillos, igual que sir Sakon Otogakure, Sasuke sintió su sangre hervir; no podía culpar a sir Arsen, él había cuidado la puerta como siempre, él había estado ahí, ¿Pero y esos imbéciles?, ¿Qué habían estado haciendo?, ¿Cómo habían podido permitir que mataran al príncipe heredero? Sasuke pensó en gritarles, vociferarles y exigirles que rindieran cuenta de su conducta, incluso pensó en convocar a sir Kakashi pese a saber que este se hallaba durmiendo, ¡Todos eran culpables para él!, ¿Dónde habían estado todos mientras su reina y sus hijos estaban solos contra los monstruos de la noche?
—Incompetentes— gruñó Sasuke al ver a ambos hombres. —¿Dónde estaban mientras atacaban a esta familia?, ¿Por qué no estaban protegiendo a la reina y al príncipe?— cuestionó, sujetando del cuello a sir Sakon. —¡Deberían haber salvaguardado a esta familia!— condenó soltando al Otogakure al sentir que a este se le dificultaba respirar.
—Alteza…— murmuró Sai, no teniendo idea de que había ocurrido al igual que Sakon.
—El asesino aún debe estar en la Fortaleza, búsquenlo inmediatamente, no puede escapar— ordenó el príncipe tuerto, únicamente. —¡Ahora, idiotas!— apremió al ver a ambos individuos aún de pie frente a él.
Apenas y entendiendo que sucedía, ambos hombres tomaron rumbos separados, uno de ellos se dirigió evidentemente a la escena del crimen para informarse de lo acontecido, y el otro se movió velozmente por el pasillo en busca del jefe de personal, necesitando ayuda para hacer que todo el ajetreo al interior de la Fortaleza Roja se paralizara y así encontrar al responsable de lo ocurrido, mas ni aun así Sasuke estuvo satisfecho, negando para sí furioso y desconsolado, teniendo deseos de llorar, pero no pudiendo hacerlo, ¿Qué sacaría de ello? Se dijo que sería debilidad y lo último que necesitaba la memoria de su hijo era más debilidad. Su hijo…¿Cómo habían podido descubrir que Daisuke era suyo? Porque quién había ordenado la venganza, evidentemente lo había sabido, ¿Cómo? Sakura y él habían sido en extremo cuidadosos en público, ¿Quién…? Itachi evidentemente, fue la primera idea de Sasuke, quien ingresó en sus aposentos, recorriendo todo con ojos juiciosos, buscando alguna señal de que los mercenarios lo habían buscado a él primero y las había; había trampas para ratas en sus aposentos, trampas que no habían estado ahí al momento de partir, las vio en el suelo, pero también vio que las monedas que había colocado sobre el mapa de Poniente ya no estaban, él se acercó a la mesa baja para corroborarlo, suspirando de pesar al notar que habían dejado una moneda atrás, él la encontró bajo la mesa y se prometió llevarla consigo hasta matar a Itachi Uchiha y a la zorra que tenía por esposa, Sasuke quemaría toda la ciudad y destrozaría a los asesinos de su hijo, todos los pensamientos lo abandonaron hasta que solo quedó uno, afilado, oscuro y decidido como el acero Valyrio:
El enemigo moriría gritando, era una promesa.
Toda la actividad al interior de la Fortaleza Roja se había paralizado, apenas había transcurrido una hora desde el asesinato del pequeño príncipe Daisuke, pero ahora solo cundía el silencio, cada sirviente había sido puesto bajo arresto, todos estaban bajo observación y hasta el último de los Guardias Reales protegía tanto al rey, como a la reina, a su hija la princesa y a los presentes en la sala del Consejo Real, donde todos se hallaban reunidos aguardando a que el rey apareciera, habiendo sido él quien había convocado a aquella reunión, la única que se hallaba ausente era la reina Sakura, pero ella no tenía un lugar a la mesa. La reina Hanan se hallaba sentada a la mesa, junto a su padre el lord Mano, con la mirada fija en la nada, aún muy afectada por lo que había visto; su dulce, feliz y adorable nieto que había sido asesinado frente a ella, y su adorada e inocente hija que había sido violada ante sus ojos, sin que pudiera hacer nada y de lo que acababa de informar al Consejo, siendo la única testigo de todo; la reina viuda portaba un sencillo camisón de seda verde azulado de escote en V con cuello alto en la parte posterior, oculto en su mayoría por una bata de terciopelo negro de escote en V, con mangas acampanadas y ceñida por un fajín, con su largo cabello rosado recogido en una trenza que caía sobre su hombro izquierdo. Hanan siempre había sabido que algo así podría ocurrir, pero la forma tan desproporcionada…verdaderamente había sido una venganza, cargada de malicia y sangre fría, el acto más oscuro de todos, y la guerra ahora era un hecho indisoluble para todos, la sangre de un niño inocente derramada por una zorra resentida y vengativa había establecido los ideales de ambos bandos.
—Han cerrado las puertas, la búsqueda continua, el villano será encontrado— informó Kizashi, dirigiéndose a todos los presentes reunidos alrededor de la mesa. —No permitamos que este suceso nos altere— instó sin hablarle a nadie en particular. —Este acto…el niño…— no pudo terminar de hablar a causa de su propia emocionalidad.
—El niño está muerto, su sufrimiento terminó— completó Hanan por su padre. —Pero lo que le hicieron a mi hija…— rompió en sollozos al recordar cómo habían violado a su hija y asesinado a su nieto frente a ella, sin que pudiera hacer nada para evitarlo.
—Van a pagar por esto— aseguró Sasuke en lo que pareció un gruñido, furioso y jurando reclamar la cabeza de Itachi y dársela a Sakura para ganar su perdón.
—¿Quién pagará?— inquirió la reina viuda con ira, queriendo al verdadero culpable.
—La mano que cometió tal atrocidad o causó que se hiciera— obvió el lord Mano, pues solo había alguien a quien culpar; la pretendiente, Izumi.
—¿Hablan del asesinato de mi hijo sin mi?— acusó Baru, ingresando en la sala y anunciándose así. —¿Dónde estaban los miembros de este Consejo mientras un asesino amenazaba a su rey?— cuestionó, observando con despreció a todos los presentes.
—Majestad, ¿También fue amenazado?— preguntó lord Genma con preocupación.
—¡Pude serlo!— protestó el rey, barriendo con las bandejas y jarras de vino sobre la pequeña mesa contigua. —¡Mi hijo es mi legado!, ¡Mi hijo es el heredero al Trono de Hierro!— gritó, sin reparar en que hablaba en presente y no en pasado. —¡¿Dónde estaban todos?!, ¡¿Cómo pudo pasar esto?!, ¡Confiaba en ustedes!— acusó, furioso y profundamente herido.
—Este no es momento de acusaciones sin razón, Majestad, pronto sabremos quién hizo esto— sosegó Kizashi con firmeza, dirigiendo una mirada de calma a su nieto.
—¿Quién hizo esto?, ¿Acaso alguien duda quien fue?— exclamó incrédulo. —¿Quién lo habría hecho excepto la "Reina Perra de Bastardos"?, ¿La engreída "Puta de Dragonstone"?— señaló con obviedad. —Ella está allá, al otro lado de la bahía, en su isla, riéndose de mí. ¡Esa puta se está riendo de mí!— arrojó la copa de vino en su mano contra la pared contigua, no pudiendo beber vino siquiera debido a su furia.
Decirse furioso sería un eufemismo para Baru, la verdad es que todo lo que deseaba era encerrarse en sus aposentos a llorar, pero ya lo había hecho por toda aquella hora desde que había recibido la noticia, había usado su espada Fuegoscuro para destruir la maqueta de la Antigua Valyria que su padre había construido con tanto trabajo, la había destruido pieza por pieza en medio del dolor por el asesinato de su hijo, ¡Todo era culpa de su padre! Si él no hubiera sido tan necio de privilegiar a Izumi sobre todos, no estarían en ese problema. Sasuke se mantuvo en silencio, era bueno en ello, y sentía que, si hablaba, por los dioses de Valyria…cometería el impertinente crimen de salir de ahí, buscar a Vaghar y partir a Dragonstone sin pensar para matar personalmente a Izumi o a Itachi, a ambos mejor, ¿Cómo habían osado lastimar a Sakura? Ella que era el alma más virtuosa y noble, la única persona de corazón puro en el mundo, a Sasuke le hervía la sangre pensar que uno de los asesinos de su hijo la había…Sasuke cerró su ojo disimulando la enorme ira y frustración que sentía, apretando una de sus manos sobre la mesa, desentendiéndose del escándalo que su hermano mayor estaba haciendo. Los asesinos habían usado los mismos pasadizos secretos por los que Sakura y él se habían comunicado desde hacía tantos años, habían pasado por delante de su hermano el rey, ebrio con sus amigos como siempre, habían aprovechado que él se hallaba fuera de la Fortaleza Roja y patrullando la ciudad, ¡Baru ni siquiera podía proteger sus propias habitaciones! Mucho menos a su familia y más que nunca Sasuke sintió que su pasada lealtad se había desmaterializado por completo junto a la vida de su hijo.
—Con el permiso de su Majestad, mis Lores— lord Tokuma anunció su presencia en la sala. —La guardia ha capturado a alguien, un hombre conocido; un ex Capa Dorada, famoso por su brutalidad. Fue expulsado tras golpear a una prostituta hasta matarla— anunció, haciendo que todos lo observaran. —Lo atrapamos escapando por la Puerta de los Dioses, con la cabeza del príncipe en un costal— aquello sonaba demencial.
—Lo mataré yo mismo— decidió Baru, pretendiendo abandonar la sala de inmediato.
—Será mejor obtener cualquier información de ese canalla— protestó Kizashi, ante lo que Sasuke se levantó de su asiento y bloqueó el paso al rey. —Confió en la destreza de su oficio, lord Tokuma— confió al Hyuga, que asintió en silencio antes de retirarse.
—Siempre estudiando, siempre el protocolo. ¡Conocemos al enemigo!— señaló el rey, agotado de tener que mantener las apariencias.
—Un rey puede tener más de un enemigo, Majestad, y conviene asegurarnos de que su hermana es responsable, o si hay alguien más de quien debamos cuidarnos— intentó sosegar lord Iruka, hablando por todos.
—Lord Iruka tiene razón; hemos de determinar qué ocurrió y si es que aún corremos peligro— respaldó el lord Mano con expresión pensativa. —Pero, por otro lado, eso es irrelevante— meditó en voz alta, pensando pragmáticamente.
—Hemos de culpar a Izumi, debemos decir al reino que ella hizo esto— comprendió lord Genma, verbalizando lo que todos intuían.
—No, al reino no hay que decirle nada— objetó Baru, en el acto. —Fuimos atacados en nuestras paredes, en nuestros lechos. No seré visto como débil— ya habían tenido suficientes problemas como para empeorarlos.
—Ya se te ve débil, Baru— aclaró el lord Mano, haciendo que su nieto entornara los ojos, apoyando ambos brazos sobre la mesa y ocupando su lugar. —Una coronación "apresurada", un dragón escapando del Foso...las personas ven un presagio, murmuran en las calles y dicen que Izumi debería ser reina— nombró, siendo una situación que debían remediar de ser posible.
—Es un monstruo, asesina de infantes, así ha de ser vista— condenó el Maestre Jugo.
—Y lo será— asintió el Haruno con firmeza. —Pero, yo haría más que eso; un cortejo fúnebre, dejemos que vean al niño, dejemos que la plebe vea la obra de la pretendiente al trono— propuso, siendo lo apropiado para el príncipe heredero y para favorecer su causa. —¿Mi rey?— consultó, necesitando su aprobación.
—No, no permitiré que el pequeño cuerpo de mi hijo sea arrastrado por la calle como un perro muerto— se opuso el rey, quebrándosele la voz de solo pensarlo.
—¡No arrastrado, honrado!, ¡Escoltado al Foso de Dragones para ser incinerado por el propio Vaghar!— enfatizó Kizashi, alzando la voz para puntualizarlo todo.
Sasuke cerró su ojo un momento y agradeció en silencio que su abuelo le diera el mejor regalo posible en su condición de doliente, lo único que le permitiría vivir su duelo como padre; Vaghar—el dragón más grande, el único dragón sobreviviente de la Conquista de Baru I—, su dragón, sería quien incineraría el cuerpo de su hijo, era lo único que podía hacer por el hijo que la vida y el maldito de Itachi Uchiha le habían quitado….No, más que eso, Sasuke se prometió salir de ahí tan pronto como la reunión terminase y dirigirse a los calabozos para apoyar a lord Tokuma en su interrogatorio, quería que el asesino de su hijo sufriera lo más posible, quería estar presente cuando lo torturaran. El rey Baru finalmente se acercó a su asiento a la mesa, parecía desmoralizado, destrozado mientras se dejaba caer pesadamente sobre su asiento, abrumado por su dolor, con lágrimas en los ojos y bajando la mirada para ocultar que estaba al borde del llanto; Baru se sentía muerto en vida, Daisuke había sido su adoración, había intentado ser un buen padre para él, todo lo que su padre no había sido con él, lo había amado y mimado, lo había consentido, había visto el futuro con seguridad imaginando que moriría siendo anciano y que Daisuke lo sucedería….Nada de ello había ocurrido, le habían quitado a Daisuke y también lo habían matado a él. Los miembros del Consejo Real se observaron entre sí, la decisión se aprobó por silenciosa unanimidad, pero la última palabra correspondía al rey, por lo que la reina Hanan se levantó de su asiento tras observar largamente a su hijo, sabiendo cuánto la necesitaba él, siendo aún un niño pese a parecer un adulto, en contraste con Sasuke quien permanecía estoico.
—Que nadie crea que esto no me afecta, Daisuke era mi bisnieto, lo amaba, y no dejaré que haya muerto en vano— admitió Kizashi, hablando como abuelo y no como lord Mano. —¿Aquellos que respaldan a Izumi seguirán apoyándola cuando escuchen de su depravación o preferirán renunciar a ella?— cuestionó en voz alta, señalando la gran oportunidad ante ellos. —Daisuke hará más para nosotros ahora que mil caballeros en combate— y debían aprovecharlo. —Tendrá su guerra, Majestad, pero si espera un poco más de tiempo, podrá duplicar su fuerza— sosegó a su nieto y rey.
—¿Madre?— preguntó Baru con voz temblorosa, no sabiendo bien qué hacer.
—Lord Mano nos pone en una senda difícil, hijo, pero tal vez sea la correcta— consideró Hanan, acercándose para envolver a su hijo en un cálido abrazo.
—Sea— consintió el rey finalmente, debiendo seguir las reglas pese a su disgusto.
—Que las Hermanas Silenciosas preparen al príncipe para su viaje final— proclamó el Haruno en voz alta, para que pudiera comenzar el periodo de luto, —y desfilando detrás irán su madre la reina y con ella la reina viuda— agregó, sorprendiendo a su hija.
—No deseo hacer un espectáculo— discutió la reina viuda, pensando en Sakura y en lo devastada que ya estaba como para someterse a semejante pantomima.
—El reino debe ver el dolor de la corona, un dolor que nadie expresara mejor que sus almas más gentiles— señaló el lord Mano sosteniendo la mirada a su hija, que asintió a regañadientes. —Creo que todos estamos de acuerdo que el rey no debe participar— el rey estaba tan o más devastado que su esposa por lo ocurrido.
Objetivamente, Kizashi no creía que Baru pudiera comportarse en público para ganarse los corazones de la gente, sin embargo y desde la coronación, estaba claro que el pueblo adoraba a Sakura, no la conocían lo suficiente y sin embargo ella les transmitía tanta emoción, ternura y bondad que todos sentían que la conocían…era un juego sucio, mas Kizashi esperaba que el ver a su nieta tan devastada por la muerte de su hijo, hiciera que el pueblo se acercará todavía más, que permanecieran leales al ver a su reina tan amada siendo atacada por Izumi, aquella que se ufanaba de ser la legítima heredera al trono, ¿Y perseguía su legitimidad asesinando a niños inocentes? Su visión era bastante demente. Estuvieran de acuerdo o en desacuerdo con la estrategia del lord Mano, todos los consejeros presentes se mantuvieron en silencio, todos ellos eran hombres capaces de vender su alma para permanecer en sus puestos y para mantener a la dinastía a salvo, y esto último no sucedería si Izumi llegaba al trono, ahora más que nunca era acertado llamarla "Pretendiente" al trono y no princesa, ni reina, no merecía nada de eso tras tan desalmado acto, ella no había tenido piedad con un inocente, lo había puesto bajo su espada de forma fría y despiadada, y así deberían contestar ellos a partir de ahora. La reunión del Consejo finalizó con aquella decisión y paulatinamente todos se retiraron, el primero en hacerlo fue el príncipe Sasuke quien se marchó cuando antes, y los últimos en retirarse fueron la reina viuda Hanan y su hijo el rey Baru, la madre acompañando a su hijo de regreso a sus aposentos, ordenando a los sirvientes que le preparasen leche de amapola. Todos necesitaban dormir, pronto ya no podrían hacerlo otra vez…
Las horas pasaron hasta que la noche finalmente dio paso a la mañana, parecía que el sol se había demorado en exceso en salir y, cuando lo hizo, el cielo era de un azul frío e implacable, pero ya había luz suficiente como para que la reina viuda decidiera acudir a los aposentos de su hija, la reina; esa noche, los Maestres la habían obligado a beber leche de amapola, estaba tan inconsolable en su dolor que habían tenido que dormirla, y luego de tantas horas la reina viuda esperaba que Sakura estuviera despierta, necesitaba informarla de lo que ocurriría al día siguiente. La reina viuda vestía el luto otra vez, pero ahora por la muerte de su nieto, portando un sencillo vestido de seda negra de cuello alto y cerrado, con un corpiño superior de escote recto con ónix bordadas en el patrón de la casa Haruno en el centro del pecho, con mangas ceñidas a las muñecas, falda de velo y encima una falda superior abierta en A bajo el vientre, con su largo cabello rosado recogido pulcramente tras su nuca y resaltando una corona de oro y ónix. Sir Arsen reverenció a la reina viuda y abrió las puertas de los aposentos de la reina, el hombre se veía fatigado por no dormir en toda la noche, mas permanecía leal a proteger a su reina y ello hizo sonreír ligeramente conmovida a la reina viuda que ingresó con las puertas cerrándose a su espalda, cruzando la sala de recepción hacía la habitación privada…Sakura estaba despierta, vestía la misma ropa que la noche anterior, aún manchada de sangre, con el cabello despeinado y las marcas de las lágrimas en sus mejillas, abrazando el jubón que había terminado el día anterior para su Daisuke, aferrándose a lo que quedara de su hijo, su olor o su calor, y sujetándose de uno de los postes de la cama.
—Sakura— nombró la reina viuda, sin obtener reacción alguna de parte de su hija.
Balanceándose ligeramente de adelante hacía atrás, Sakura continuó abrazando con el mayor afecto posible el jubón que había bordado para Daisuke, se lo iba a entregar ese mismo día, lo había bordado cada vez que él iba a sus lecciones, tomaba una siesta o no estaba ahí para verlo, ella había querido sorprenderlo, había bordado en la tela a los tres dragones de la conquista; Balerion, Meraxes y Vaghar tal y como a él le gustaba…¿Y para qué? Ahora ese jubón era todo lo que tenía de su niño, Daisuke jamás lo usaría, nunca vería la alegría en su rostro al verlo. Sakura se sentía mortificada, no porque se arrepintiera de la acusación que había lanzado a Sasuke la noche anterior, no se arrepentía, él era el responsable de la muerte de Daisuke…pero, Sakura lo quería a su lado en ese momento, era una contradicción, porque no podía ser egoísta, Daisuke también era el hijo de Sasuke, él tenía derecho de llorarlo, más derecho que Baru quien no la había buscado tras lo ocurrido, demasiado inmerso en su propio dolor seguramente, ¿Es qué nadie pensaba en ella?, ¿En Sarada a quien le habían quitado a su hermano? Los recuerdos de lo ocurrido la noche anterior volvieron a pasar frente a sus ojos; toda su racionalización de lo que parecían años felices junto a sus dos hijos fue reemplazada por la imagen repetitiva del cadáver de Daisuke en un espeso charco de su propia sangre, ni siquiera podía recordar a aquel cazarratas violándola, eso había dejado de ser importante, todo en lo que podía pensar era en el cuerpo decapitado de su adorado niño, había despertado llorando y recordándolo cuando la leche de amapola había dejado de hacer efecto, le habían ofrecido más, pero ella la había rechazado.
—Se celebrará un funeral por Daisuke— anunció Hanan, viendo la espalda de su hija. —Se nos pide viajar en un carruaje detrás de su cuerpo— notó como su hija se tensó al oírla.
—No quiero hacerlo— contestó Sakura con la voz quebrada, regresando a la realidad.
—Yo tampoco, pero cuando algo así pasa; un golpe al rey es un golpe al reino— explicó la reina viuda lo mejor posible. —Cuando el pueblo comparte el duelo, se acerca a nosotros…— aunque no podía pensar lógicamente después de lo ocurrido.
—¡No los quiero cerca!— protestó la reina volteando a ver a su madre, no pudiendo ni queriendo hacer nada más que llorar a su niño. —No los conozco— eran sus súbditos, pero no sabía nada de ellos, ¿Cómo debía actuar?
—A veces debemos fingir— instó la Haruno únicamente, sabiendo que era demasiado.
—¿Por qué?— cuestionó la Uchiha con la voz quebrada, no pudiendo hacerlo.
—En nuestro deber como representantes del trono— dejó en claro Hanan lo más serenamente que le fue posible. —Si demostramos al pueblo que los necesitamos, ellos nos ayudaran, así podremos defendernos y podremos proteger a Sarada, a nosotros mismos— explicó, intentando convencerla lo mejor posible.
Los pensamientos de Sakura de inmediato se dirigieron a su pequeña Sarada, su única hija ahora, su niña…¿Cómo podía verla a la cara? Si, había logrado salvarla al menos a ella la noche anterior, esos bandidos no la habían tocado siquiera, pero le había fallado al no poder proteger a Daisuke, y más que nunca Sakura se convenció que era un fracaso, era un fracaso como reina al permitir que pasara algo así, era un fracaso como mujer por no poder defenderse y era un fracaso como madre por no haber podido salvar a su hijo. Dando la espalda a su madre y no pudiendo escuchar más sobre las justificaciones que su abuelo Kizashi había inventado para convencer a todos de que el funeral público era necesario, pudiendo ella ver más allá, Sakura mentalmente se dijo que informaría a Ino, Hinata y Tenten que ellas debían hacerse cargo de Sarada a partir de ese momento, ella no podía, se sentía como una nulidad, una inútil, hasta su madre la reina viuda sería una persona más apta para cuidar y educar a Sarada, pero no Sasuke ni tampoco Baru. La reina viuda Hanan se llevó una mano al centro del pecho, angustiada, observando en silencio la espalda de su hija, dando un par de pasos más cerca de ella, sabiendo cuán incómodo era para su hija el contacto físico o las muestras de afecto, pero Hanan se negaba a dejar a su adorada niña a solas, ella haría cualquier cosa por su hija, mas sabía que todos esos deberes eran demasiado para ella con su corazón frágil; no era una mentira que necesitaban al pueblo y su apoyo para ganar la guerra, pero todos estaban exigiendo demasiado a Sakura, ella tenía derecho de llorar y respirar, no de hacer su dolor público como elemento de propaganda, mas era un mal necesario en ese momento.
—Hice esto para Daisuke, iba a dárselo hoy...— comentó Sakura, abrazando el jubón contra su pecho. —¿Cómo sucedió esto?— se preguntó con la voz quebrada. —Los dioses nos castigan, ¡Me castigan a mí!— sollozó, sentándose sobre el borde de la cama.
—¡No!— negó Hanan, arrodillándose frente a ella. —Sakura, tu eres inocente; todo es culpa de esa golfa, únicamente de ella y el sanguinario de Itachi— aseguró sosteniendo sus manos entre las suyas y viéndola a los ojos. —Tienes que ser fuerte, tienes que reponerte de esto— animó, necesitando que su hija fuera capaz de soportar aquel dolor.
—No puedo...— suspiró ella con la voz quebrada, queriendo morir y reunirse con su hijo. —No pude hacer nada— añadió con la voz quebrada, pensando en Daisuke.
—Eres más fuerte de lo que piensas, más que cualquiera— protestó la reina viuda.
—Debí haberlo protegido— discutió la reina, no pudiendo perdonarse a sí misma.
Con el corazón oprimido, recordando todo al igual que su hija y siendo ambas las únicas testigos de lo ocurrido, Hanan sintió que no podía respirar mientras veía a su hija, no pudiendo aguantar más y atrayendo a Sakura hacía si en el cálido abrazo, uno desesperado y al que asombrosamente Sakura no se negó sino que se entregó, enterrando su rostro contra el hombro de su madre y sollozando como también hizo la reina viuda pese a intentar contenerse, acariciando el sedoso cabello de su hija y reina mientras sus sollozos lentamente se convertían en jadeos, pareciendo como si Sakura reprimiera los gritos que deseaba seguir liberando desde la noche anterior, Hanan no necesitaba de un hombro para llorar ni de un hombre que calentase su cama, aquello había pasado hacía mucho tiempo y la desesperación era un lujo que no podía permitirse—pese a quererlo—, porque necesitaba ser fuerte por sus hijos, en especial en ese momento, arrullando a Sakura para tranquilizarla en su dolor, recordándose también que no debía aferrarse Sakura, porque era ella quien debía consolarla. Sakura no podía decirle la verdad a su madre, no podía decirle que ahora más que nunca se veía como una vil pecadora, una reina impía que se había ido a la cama con su propio hermano, el responsable de la muerte de su hijo, el llamado "Príncipe Tuerto"…había obrado mal, Sakura lo sabía, había dejado que la lujuria la cegara, y aunque supiera que Daisuke y Sarada habían sido concebidos por el amor, ese amor de nada le servía ahora, todo lo que sentía era un inmenso vacío en el centro de su pecho, todo lo que deseaba era correr hacia la ventana, abrir el seguro y saltar al vacío.
No podía vivir sin su adorado niño.
El nuevo día llegó para Sasuke también, pero él no había dormido, se había pasado la noche entera en los calabozos atestiguando el interrogatorio por parte de lord Tokuma Hyuga al sicario conocido como Kinkaku, no habían conseguido dar con su cómplice hasta ahora, pero ya lo harían, habían conseguido recuperar…la cabeza de Daisuke, su hijo estaba siendo preparado por las Hermanas Silenciosas, tendría un funeral digno de un príncipe Uchiha, por lo que si bien Sasuke no asumió el papel de torturador, asistió gustoso al sufrimiento que le brindaba a aquel hombre, pleno de que este rozase la muerte a causa del dolor. El príncipe Sasuke vestía de luto como todos en la corte, un austero jubón de cuero negro, de cuello alto y cerrado por seis botones plateados hasta la altura del vientre, con hombreras, mangas ceñidas a las muñecas y faldón abierto en A bajo el vientre, cerrado a su cuerpo por un fajín de la misma tela y con detalles de escamas de dragón en el centro del pecho y las mangas, pantalones negros y botas de cuero, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre y su ojo de amatista cubierto por un parche, observando y atestiguando todo muy atentamente. La mirada del príncipe Sasuke se paseó por el cuerpo del ex Capa Dorada, viendo la piel desollada, cada hueso roto, ensangrentado, magullado…no era suficiente, nada era suficiente para él, nada traería a su hijo de regreso ni haría que Sakura lo perdonara, mas por ahora le bastaba a él haber conseguido que el malhechor soltase la lengua y hablara; los ojos de Kinkaku se enfocaron nuevamente en esa oscura figura que observaba su tortura desde la esquina de la mazmorra, de brazos cruzados y con una indiferencia apabullante, verdaderamente siniestra.
—¿Quién te contrato?— interrogó lord Tokuma, siendo quien dirigía la tortura.
—Fui contratado por el príncipe Itachi, él nos pagó la mitad primero, la otra mitad cuando termináramos el trabajo— contestó Kinkaku, agotado y con voz temblorosa.
—¿A quién más?— inquirió el Hyuga, jugando con uno de sus instrumentos de tortura.
—A un cazarratas empleado por el castillo. No sé su nombre, pero se hace llamar Ginkaku— informó el ex Capa Dorada por fin.
—¿Y dónde está ahora?— preguntó el príncipe Sasuke desde su lugar en las sombras.
—No lo sé, nos separamos en los túneles. Debió escapar, Ginkaku conoce los pasadizos secretos como la palma de su mano— contestó el hombre, claramente deseando salvar su vida al dar esa información. —Es él quien nos hizo entrar por un pasadizo olvidado. Dijo que nadie más en la Fortaleza Roja sabía de su existencia— esperaba que sus palabras despertaran la piedad en el corazón del príncipe.
La mirada de Kinkaku nuevamente se desvió hacia la hasta entonces silenciosa figura oculta por las sombras en la esquina de la celda, cuya voz era fría y peligrosa como una daga de acero Valyrio, ese hombre inquietaba más al ex Capa Dorada que su torturador y su colección de instrumentos hechos para infringir dolor, porque ese hombre era quien ordenaba todo y parecía sentir verdadero placer por observar cómo lo hacían sufrir y rogar misericordia. Kinkaku no había preguntado, pero sabía quién era ese hombre, su apariencia intimidante, sus rasgos característicos de los Uchiha y su faltante ojo izquierdo lo delataban y el ex Capa Dorada comprendió lo tontos que habían sido al pensar que podían enfrentarse a él, la única esperanza que quedaba a Kinkaku era que, contestando al interrogatorio, le perdonaran la vida, porque si de milagro lograba salir de ahí, Itachi Uchiha terminaría con él de inmediato, puede que anteriormente hubiera sido el Comandante de los Capas Doradas, pero era igualmente conocido por su brutalidad y desproporcionado castigo con quienes le fallaban, sin excepción. Hasta ese momento, Sasuke había dejado el papel de torturador a lord Tokuma, el patizambo no era alguien digno de su respeto o devoción, era solo un esbirro leal a su madre o a sus propios interés, Sasuke jamás había sentido que pudiera confiar en él y ello no fue diferente en esa oportunidad, pero no estaban en una situación ideal y todo servicio por parte de los nobles leales a la corona era bien recibido, más tratándose del Maestro de los Susurros, aquel encargado de transmitir la información más valiosa, la que solo las artes más sórdidas, los castigos, la extorsión, el homicidio y torturas podían brindar.
—Reúnan a todos los cazarratas y tráiganlos aquí, haremos que identifique a su cómplice— ordenó Sasuke volviendo la mirada hacia fuera de la celda y uno de los guardias lo reverenció antes de retirarse para obedecer. —¿Cuáles fueron las instrucciones del príncipe Itachi?— inquirió, acercándose para que el sicario pudiera verlo a la cara y tener claro a quien enfrentaba.
—Tráiganme la cabeza de Sasuke Uchiha— contestó Kinkaku claramente asustado, apartando la mirada.
—Pues me estás viendo— obvió el príncipe tuerto, inclinando ligeramente su rostro sobre el del vil malhechor. —¿Por qué mataste a un niño inocente en vez de a mí?— cuestionó, deseando matarlo en ese preciso instante.
—El príncipe dijo que, si no lo encontrábamos, debíamos derramar sangre Haruno, y cualquiera servía— respondió el ex Capa Dorada, citando las palabras exactas.
—En verdad que son repugnantes, no merecen vivir— desdeñó el Uchiha, despreciando todavía más a su tío y a Izumi de ser posible.
—¿Va a matarme?— preguntó Kinkaku, no perdiendo la esperanza de sobrevivir.
—No, yo no, pero no puedo decir lo mismo del rey— aclaró Sasuke con falso tono amable. —¿Hermano?— consultó, volviendo la mirada hacia el pasillo exterior de la celda.
Siempre atento a lo que lo rodeaba pese a su amplio punto ciego, Sasuke advirtió cómo los guardias reverenciaban a su hermano en el pasillo exterior y él lo anunció en el momento exacto en que este hizo ingreso, Sasuke no tenía nada más que pedir del prisionero, Kinkaku le había dado todo el conocimiento relevante que poseía y él no iba a dejarlo vivir…sin embargo, la sentencia de muerte no recaía en sus manos pese a desearlo. Ceñido al mismo luto que todos, el rey Baru portaba un elegante jubón de seda negra, de cuello alto y cerrando con bordados dorados en el contorno y en una línea vertical hasta la altura del vientre, con finos bordados en los lados y en el dobladillo interior del faldón para replicar la cabeza de su dragón Sunfire, el bordado había sido hecho por Sakura como en el caso de todos sus jubones, de mangas ceñidas a las muñecas y largo faldón hasta las rodillas que se abría en A bajo el vientre, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero, pantalones negros y botas de cuero, con un toisón dorado alrededor de su cuello y la corona de rubíes y acero Valyrio sobre su corto cabello castaño. Los ojos del rey se concentraron en el asesino de su hijo con abrumadora indiferencia, no había una gota de piedad en su mirada y no se despegó de este más que para tomar un arma de las muchas presentes en la celda bajo la atenta mirada de su hermano, de lord Tokuma y de los guardias que lo acompañaban, procediendo a golpear con un mazo al ex Capa Dorada, valiéndose de que este se hallaba encadenado y no podía escapar, sin embargo, pasaron largos minutos antes de que el rey volviera a golpear a su víctima, lento y deliberado, saboreando el momento como un alivio de su dolor por la muerte de su hijo.
El rey volvió a golpear a su víctima, que se retorció y gritó, pero esta vez no se detuvo, sino que pareció desahogar su dolor mediante cada veloz y contundente golpe, no importándole que la sangre del homicida de infantes le manchase la ropa o el rostro, estando ahí para vivir su duelo como padre y a su manera, lo que solo pareció aumentar su determinación si de terminar con la vida del ex Capa Dorada se trataba. Una idea acudió a la mente de Baru, la muerte de su hijo se había producido debido a un Capa Dorada, la guardia de la ciudad creada y mejorada por Itachi Uchiha en vida de su padre el rey Tajima; él la reemplazaría, a todos y cada uno de ellos, crearía una nueva guardia de la ciudad y la pondría bajo las órdenes de su hermano Sasuke, que observó todo lealmente a su espalda, su sabueso, su sirviente y vasallo. El príncipe tuerto se mantuvo igualmente inalterable que antes, de brazos cruzados, observando la ira ciega y dolor que se había adueñado de su hermano mayor, parecía un monstruo poseído, sonriendo solo para romper en llanto, pero Sasuke no pudo sentir lástima, ¿Por qué habría de sentirla?, ¿De quién? De Kinkaku no, el miserable había asesinado a su Daisuke y él disfruto de verlo morir lentamente, sufriendo a cada momento, y mucho menos iba a sentir lástima de Baru, porque, aunque él estuviera viviendo el duelo de un padre, no lo era realmente, Daisuke había sido su hijo, no suyo, pero nuevamente Sasuke maldijo no poder afirmarlo, apretando fuertemente las manos hasta sentir que se hería las palmas. Al final del día, el cadáver de Kinkaku fue llevado al Foso de Dragones por orden del rey y entregado a Shrykos y Morghul—los dragones de sus hijos—para que se alimentaran…
Temprano al día siguiente, según se había acordado, comenzó el funeral del príncipe Daisuke luego de que su muerte fuera informada a la plebe que se sintió muy conmovida y aguardó a lo largo de las calles de Desembarco del Rey para seguir la procesión que abandonó la Fortaleza Roja, todos jadeando de angustia y dolor al ver el cadáver del pequeño príncipe sobre su propio carruaje, vestido con un hermoso jubón que su madre había bordado para él, con su cabeza unida a su cuello visiblemente, claramente las Hermanas Silenciosas habían hecho lo mejor posible. Los ojos de todos los presentes se concentraron en las dos mujeres en la carroza detrás del ataúd del fallecido príncipe, pero más que nada en su progenitora, la bella reina; portaba un elegante vestido de seda negra, de escote redondo—con un falso escote inferior en V con bordados plateados, como los holanes en sus muñecas—, mangas ceñidas a las muñecas y falda con bordados plateados bajo una falda superior abierta en A, encima luciendo una chaqueta superior color negro con opacos bordados negros como Balerion el Terror Negro, de escote recto y cerrado por seis botones de plata, con mangas abiertas como lienzos desde los hombros y falda abierta en A bajo el vientre, con su largo cabello rosado elegantemente peinado por trenzas para caer sobre su hombro izquierdo, y adornado por una diadema de plata y ónix, a juego con un par de pendientes en forma de lagrima como el dije de la cadena de plata alrededor de su cuello. La procesión fúnebre avanzó por las calles de la ciudad a un ritmo dolorosamente lento, permitiendo a la gente común agolparse cerca del carro del príncipe asesinado, y de aquel en que viajaban su madre y abuela.
—¡Observen la obra de Izumi Uchiha, pretendiente al trono!, ¡Matarreyes!, ¡Observen la obra de Izumi "La Cruel"!— gritó el heraldo al frente de la procesión.
El heraldo de la corte caminaba delante del féretro acompañado por un músico de la corte y que golpeaba su tambor para llevar el ritmo de la marcha que la plebe siguió, gritando sus condolencias hacía su muy amada reina, invocando la misericordia de la Madre para con la familia Uchiha, todos acongojados ante el semblante de absoluta melancolía en el rostro de la reina, cubierto por un velo negro sostenido por la diadema en su cabello y que no conseguía ocultar su tristeza. La reina viuda Hanan portaba un elegante vestido de seda negro de escote redondo—formando un ligero pliegue en los hombros—cerrado por seis botones cobrizos como los bordados de la tela y que replicaban el emblema de la casa Uchiha, con mangas ceñidas a las muñecas y encima unas mangas superiores que se abrían desde los hombros, falda lisa y con una falda superior abierta en A bajo el vientre, con su largo cabello rosado recogido tras su nuca para resaltar la corona de oro y ónix sobre su cabeza sosteniendo un largo velo negro sobre su rostro y pendientes de oro en forma de lagrima que le rozaban los hombros. Recorriendo a la multitud con su mirada, la reina viuda volvió el rostro hacia su hija que parecía incapaz de concentrarse en nada, claramente Sakura no quería estar ahí, Hanan no necesitaba leer su mente para saber que ella solo pensaba en huir, pero ninguna podía; Sakura estaba allí, sentada a su lado, en silencio e inmóvil, pero su mente estaba en otro lugar o en ningún lugar y ella alargó una de sus manos para situarla sobre su rodilla y entrelazarla difusamente con una de sus manos, Sakura recibió el gesto agradecida, intentando aferrarse a su madre para mantenerse a flote y sentir que no estaba sola.
—Que tragedia.
—Estamos con usted, Majestad.
—Lo sentimos mucho.
Las personas rodearon el carruaje a su paso, todos con los ojos brillantes de lágrimas, muchos desplomándose en el camino y sollozando como Sakura deseaba poder hacer, mas sintiendo que sus lágrimas se habían secado, empatizando con los gritos y alaridos de las mujeres que veía a su paso, ¿Ellas no habían perdido hijos también? La plebe perdía más hijos que la realeza, Sakura empatizo con las mujeres embarazadas, con las madres jóvenes y las que se veían mayores, diciéndose que su dolor no era tan excepcional en comparación con el de ellas. Era incomodo que tantas personas la vieran, por lo que Sakura evitó encontrar su mirada con los ojos de la multitud, enfocando en su lugar su mirada en el cadáver de su niño y que parecía estar durmiendo, había esperado ver una expresión de dolor o algo similar en su rostro y, sin embargo, todo cuanto veía era paz, ¿Qué habría pensado Daisuke mientras moría? En su mente, Hanan culpaba de todo a su fallecido esposo Tajima, él se había casado con ella por la falta de un heredero varón, ella le había dado tres y una hermosa hija, le había dado su cuerpo, su juventud y su devoción, le había dado tanto de sí misma que lo que era hoy era una sombra de la mujer que había sido, él había obtenido todo lo que había querido y al final siempre había preferido a Izumi para que heredase el trono, ¿Por qué se había casado con ella entonces?, ¿Qué sentido todo tenía su sacrificio, su sufrimiento y el deber al que se había sometido? Lo que estaban viviendo era culpa de Izumi, de Itachi y en especial de Tajima, no habría sido posible la guerra de no ser por sus errores, Daisuke no estaría muerto y Sakura no estaría destrozada…Hanan odio a su esposo como nunca creía que podría odiar a alguien.
—¡Observen la obra de Izumi Uchiha, pretendiente al trono!, ¡Matarreyes!, ¡Profanadora de inocentes!, ¡Observen la obra de Izumi "La Cruel"!
En su mente, Sakura podía imaginar la cabeza de su niño siendo separada de su cuerpo, una visión horriblemente macabra y que no pudo soportar, sintiendo que su corazón se agitaba dentro de su pecho, incapaz de sentir tranquilidad y cumplir con su deber de reina en silencio si observaba el cuerpo de su pequeño niño, así que apartó la mirada incómoda con toda la situación, no sabiendo qué hacer ni a donde mirar, cuestionándose si había dioses realmente que le pudieran infringir semejante dolor cuando ella no había herido a nadie con sus acciones. El camino por las calles pareció eterno, mas Sakura intentó concentrarse en lo que fuera para no recordar lo devastadora que había sido la muerte de su hijo, observando con sus ojos los pétalos de flores que la gente lanzaba a su paso, aunque intentaran consolar su propio dolor, todos llorando o con lágrimas en los ojos desde donde estaban, en las calles o desde las ventanas o balcones de sus hogares, ¿Era ella digna de esa devoción, de ese amor? Sakura bajó la mirada para observar como los pétalos se acumulaban al interior del carruaje en que viajaba con su madre, ambas tomadas de la mano, no teniendo una respuesta. Repentinamente, el carruaje de Daisuke se detuvo y el suyo también unos instantes después, se había atascado en el lodo y humedad de las calles más ruinosas, lo que permitió a la plebe acercarse eufóricos al carruaje en que viajaban la reina y la reina viuda, buscando acercárseles lo más posible y tocarlas, pero Sakura se puso más y más nerviosa, tratando de levantarse de su asiento mientras veía a los guardias mover el carruaje para destrabarlo del lodo, temiendo que dañaran el cuerpo de su niño, sintiéndose sofocada y no pudiendo respirar.
—Tengo que salir de aquí— jadeó Sakura, intentando levantarse de su asiento.
—Sakura— llamó Hanan, observando a la multitud por sobre su hombro. —Sakura, tranquila— insistió, acunando el rostro de su hija con una de sus manos. —Mírame, concéntrate en mi— instó, buscando su mirada.
—No puedo soportarlo….— negó la reina, a punto de romper en llanto.
—Hija, debes ser fuerte— porfió la reina viuda, no siendo momento de mostrar debilidad.
—No puedo, es demasiado— volvió a negar la Uchiha, inspirando aire profundamente y no consiguiendo calmarse.
—¡Una maldición sobre Izumi, "La Monstruosa"!
Aquellas palabras vinieron de un hombre cualquiera entre la multitud, un anciano de aspecto respetable a la par que de fanático, eso fue lo menos importante, mas el tono y las palabras resultaron siniestras, casi proféticos haciendo que la reina viuda temblara al observar al hombre mientras intentaba consolar a su hija y ello coincidió afortunadamente en que el carruaje por fin se destrabo y pudieron continuar con su camino, no fue la maldición verbal a Izumi lo que la hizo estremecer, sino comprender más que nunca quizás la importancia de las visiones de su hija a su lado. En ese momento, una nueva visión cruzó su rango de visión sin que pudiera evitarlo, se trataba de un ganso pasando frente a un espejo y viéndose como si fuera dos individuos separados, gritando ante su reflejo y reaccionando agresivamente antes de estrellarse contra su reflejo y morir por el choque contra el espejo y también lo hizo su reflejo...Sakura gruñó y negó para sí y que su madre interpretó como reticencia bajo su tacto amoroso, mas no era, era una negativa de Sakura hacía su don, hacía las visiones, porque ya no deseaba tenerlas más, frustrada por no poder interpretarlas y solo deseando en acompañar a su hijo en sus últimos momentos, hacía la pira funeraria. Todo se sentía mal, ella estaba más que harta, retorciéndose en brazos de su madre, pero no negándose a su afecto, sino que, tratando de escapar de su propio cuerpo, ¿Y gritar?, ¿Eso haría que las personas se alejaran de ella?, ¿Eso alejaría las visiones que tanto la torturaban? No, ninguna opción parecía plausible, haciendo que todo resultase demasiado para la reina, que jadeo intentando respirar, mas sintiendo que esto no le brindaba sosiego sino más inquietud.
Deseaba poder dejar de soñar.
Foso de Dragones/Desembarco del Rey
El resto de la procesión continuó ininterrumpidamente, Sakura no pudo bajar del carruaje y salir huyendo como deseaba y se contuvo de armar un escándalo, situando sus manos sobre sus rodillas y arañándose la piel a través de la falda del vestido cada vez que su madre le soltaba la mano o así fue hasta que el carruaje se detuvo, primero lo hizo el carruaje de Daisuke y cuyo pequeño cuerpo y féretro fue bajado lentamente del carruaje por la comitiva de Guardias Reales, siendo cargado por los hombros de los leales hombres y que dirigieron el cadáver del infante hacía la pira funeraria ya preparada en tanto la reina y la reina viuda descendían del carruaje. La ceremonia de cremación, tan característica de la casa Uchiha, no tendría lugar dentro del Foso de Dragones ya que Vaghar no podía entrar por lo inmenso que era, sino que lo haría fuera, casi en el umbral, permitiendo a la multitud aglomerarse nuevamente a una prudente distancia, observando a las dos nobles mujeres que acercaron su andar a la pira funeraria, vacilantes, sujetándose del brazo de la otra, pero la reina continuó siendo el centro de atención, mas todo lo que Sakura deseaba era que aquello terminara a la par que no deseando que ocurriera, no queriendo que esa fuera la última vez de que viera a su hijo, no, ella no estaba lista para decirle adiós. Asombrosamente, contra las órdenes de los cuidadores de Dragones, una enorme figura se asomó en el umbral del Foso de Dragones, se trataba de Dreamfire quien pareció responder al dolor de su jinete y ronroneo tristemente antes de rugir, sonaba herida y ello pareció haber que la multitud se conmoviera todavía más mientras la dragona y su jinete compartían una intensa mirada, no necesitando decir nada.
Todo en lo que Sakura podía pensar era en el pasado, en su adorado niño cuya mortaja no dejó de observar, recordando los largos meses que había llevado a su niño en su vientre, lo doloroso que había sido el parto y sin embargo cuanto había valido la pena al ver la inocente carita de su hijo, a quien había adorado desde el primer momento en que lo había visto…Cuando todo parecía estar mal en el mundo, cuando ella se sentía oprimida y angustiada a más no poder, sus dos hijos habían sido su única vía de escape, su único sosiego, lo único a lo que se había aferrado sin importar lo que pasara, y ahora no tenía nada de eso. Todos los presentes soltaron un jadeo de sorpresa ante la enorme figura que cruzó el suelo, haciendo que todos alzaran la mirada antes de que el imponente Vaghar descendiera del cielo y aterrizara, obligando a muchos a retroceder y hacerle espacio, mas en contraste con otras oportunidades, el viejo dragón no rugió sino que ronroneo con lo que parecía tristeza, apoyando sus enormes alas en el suelo y observando el cadáver del pequeño niño mientras se inclinaba a su altura, parecía estar recordándolo y la expresión de habitual indiferencia en el rostro del príncipe Sasuke sobre el lomo de su dragón parecía de melancolía, una muy profunda. Tal y como ya se había anunciado, el rey Baru no estaba ahí junto a sir Kakashi como Comandante de la Guardia Real, pero sí lo estaban el resto de la Guardia Real alrededor del cadáver del pequeño príncipe, también lo estaban los miembros del Consejo Privado y varios cortesanos importantes, entre ellos las doncellas de la reina y la reina viuda, pero Sasuke poca atención les dirigió, su ojo solo se centró en el cadáver de su hijo…tan pequeño sobre la pira funeraria.
Los ojos de Sakura se enfocaron brevemente en los estandartes verdes y dorados de la casa Uchiha—el dragón de tres cabezas—colgados por toda la entrada del Foso de Dragones, pero no halló consuelo en ello y en su lugar su mirada se concentró en el imponente Vaghar, y no había amor o ternura en su mirada para su jinete sino ira, oculta por su tristeza y que pareció traspasar al príncipe Sasuke, quien, bajó la mirada mientras permanecía sobre el lomo de Vaghar, sintiéndose avergonzado a la par que igualmente herido que ella, mas no pudiendo exteriorizar su dolor, ¿Cómo hacerlo si él era el responsable de la muerte de su hijo? Asombrosamente, otra figura emergió del Foso de Dragones, era un dragón joven y que se veía diminuto apoyado contra la pata de Dreamfire y contra la que se froto, se trataba de Shrykos el dragón del fallecido príncipe Daisuke y que pareció ronronear con tristeza, lamentándose de que el pequeño niño nunca pudiera montarlo y pareciendo demostrar a todos los presentes que los dragones eran más que armas dentro de la dinastía Uchiha, verdaderamente parecían seres sintientes y que estaban viviendo el duelo igual que cualquiera de los miembros de la Casa Real. Haciendo a un lado el reciente conflicto que los tenía enfrentados, Sasuke y Sakura regresaron su mirada a la pira funeraria en que yacía su hijo, ambos sabiendo que esa sería la última vez que verían a su niño, su tierno rostro y el príncipe tuerto espero por lo que parecieron largos momentos antes de decidirse a actuar, estaba ahí por una razón y esta razón no podía demorar más tiempo o todos comenzarían a murmurar y lo último que el bando Verde necesitaba en ese momento eran más problemas.
—Dracarys— pronunció Sasuke finalmente, siendo el momento.
Nadie más pareció notar que la voz del príncipe tuerto sonó quebrada, por primera vez en su vida su inalterabilidad flaqueaba, pero solo Vaghar pudo ser testigo de ello y ronroneó con tristeza ante la orden de su jinete, sintiendo su dolor como propio y dudando un momento antes de actuar, observando a la doliente reina y luego a Dreamfire que parecía sentir el mismo dolor, y solo entonces el viejo dragón abrió sus enormes fauces y sopló suficiente fuego para que este envolviera el cuerpo del fallecido príncipe, detonando los sollozos de todos los presentes ante tan devastadora escena y ante lo que Dreamfire bramó con tristeza. La sola imagen del cuerpo de su niño siendo envuelto por el fuego y con ello la pira funeraria bajo él, hizo que Sakura se desplomara de rodillas, sintiendo inmediatamente a su madre arrodillarse a su lado y envolverla en un abrazo que solo conmovió más a los presentes y que sollozaron abiertamente, angustiados y compadeciéndose profundamente, pero Sakura no prestó atención a nada de ello, todo lo que quería era gritar, sollozar de dolor y rasguñarse la piel, su dolor era demasiado grande, demasiado para soportarlo; ella lo había traído al mundo, ella debería irse con él, con su niño. El Septón Ebisu presente realizó los últimos ritos y los cuidadores de dragones cantaron un himno fúnebre valyrio, pero ni Sasuke ni Sakura pensaron en ello; solo pudieron concentrarse en que nunca recibirían o darían otro un beso de buenas noches de su pequeño hijo, nunca recibirían o darían otro abrazo a su niño y, a su manera, ambos sintieron que aquello era demasiado doloroso, sintiendo como una parte de ambos se rompía y desgarraba, aunque ninguno de los presentes pudiera verlo…
PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "Caballeros del Zodiaco", luego "Avatar: Guerra de Bandos", y por último "Cenicienta de Tordesillas" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su constante apoyo, consejo y asesoría en cada nuevo proyecto), a Karen Yareli (dedicándole esta historia por ser la primera persona en aprobar la historia), a Isabel Vazquez (agradeciendo su apoyo y hermosas palabras, dedicándole esta historia como agradecimiento), así como a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos, bendiciones y hasta la próxima.
Personajes; Bando Verde:
-Sakura Uchiha como Helaena Targaryen (20 años) -Sasuke Uchiha como Aemon Targaryen (19 años)
-Baru Uchiha como Aegon II Targaryen (22 años) -Kagen Uchiha como Daeron Targaryen (16 años)
-Daisuke Uchiha como Jaehaerys Targaryen -Sarada Uchiha como Jaehaera Targaryen (5 años)
-Hanan Haruno como Alicent Hightower (43 años) -Kizashi Haruno como Otto Hightower -Ino Yamanaka como Fernande Tyrell (20 años)
-Hinata Uzumaki como Alyssa Lannister (personaje original) -Tenten Namiashi como Daena Westerling (personaje original)
Personajes; Bando Negro:
-Izumi Uchiha como Rhaenyra Targaryen (34 años) -Itachi Uchiha como Daemon Targaryen (50 años)
-Yuudai Senju como Lucerys Velaryon -Junichi Senju como Jacaerys Velaryon (15 años)
-Kinkaku como Sangre o Blood (ex Capa Dorada) -Ginkaku como Queso o Cheese (cazarratas)
Guardias Reales:
-Kakashi Hatake como Ser Criston Cole (44 años) -Arsen Konohagakure como Willis Fell (guardia de la princesa Sakura)
-Sakon Otogakure como Arryk Cargyll (guardia del príncipe Baru) -Sai Shimura como Rickard Thorne (guardia del príncipe Sasuke)
-Ukon Otogakure como Erryk Cargyll (guardia de la princesa Izumi) -Kotetsu Hagane como Steffon Darklyn (guardia del bando negro)
Trama & Adaptación: A lo largo de este fic en particular he tenido que escribir o retratar escenas muy crudas, ha sido un antes y un después en mi labor de escritora, pero esto lo supera con creces y es una adaptación del material original mostrado tanto en el libro "Fuego & Sangre" como en la serie "House of The Dragon", principalmente este último caso en que admiró el trabajo de Phia Saban como Helaena, pero las emociones mostradas no se sintieron tan intensamente como al leer la escena en el libro por lo que acabe reformulándola por completa y representando a Sakura verdaderamente como a un dragón a quien empujan hasta que comienza a pelear con sus cadenas y esta herida será una de la cual nunca se recuperara pese a lo mucho que ama a Sasuke, porque de una u otra forma todo sucede por él. Les dije en el capitulo anterior que la escena entre Sasuke y Daisuke era importante, pues en este capitulo hay un paralelismo en que se encuentra con su hija Sarada, en contextos muy diferentes y es su único medio de protección, pero perder a su hijo quiebra su lealtad, ya no puede seguir sirviendo a su hermano el rey, Daisuke lo mantenía leal y ahora todas las energías de Sasuke se concentraran en proteger a Sakura, a Sarada, tomar venganza y terminar con la guerra, aunque él mismo sepa que todo ocurre por su causa. En el caso de la serie "House of The Dragon", se representó la procesión fúnebre del príncipe asesinado, pero no su ritual funerario, lo que yo trate de representar, mostrando lo doloroso que es tanto para Sakura como para Sasuke perder a su hijo, y el dolor apenas esta empezando, mas en medio de todo la guerra continua.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
