Esto no puede estar pasando... ¿por qué?
Pensaba mientras observaba la imponente luna, sentada en aquel acantilado. Tomó la espada, observándola al mismo tiempo en que fruncía el entrecejo.
- Por tu culpa mi vida va a arruinarse... ¡y todo por tu estúpida venganza! - lanzó el arma lo más lejos posible. - No hace falta que se esconda, señor Jaken, no olvide que puedo percibir su presencia.
- Lo siento pero no quería interrumpir tu queja. - se sentó a su lado.
- ¿Por qué tiene esa cara? Parece sorprendido.
- Si tengo que ser sincero, me esperaba esta reacción de señor Sesshomaru, pero no de ti.
- ¿No de mi? ¿Y eso por qué?
- Por la forma en la que tus ojos brillan cuando estas con él. - ella abrió ampliamente su mirada. - Tal parece que te gustara.
- ¡Está diciendo tonterías! - desvió sus ojos, completamente ruborizada. - El señor Sesshomaru está enamorado de mi hermana.
Jamás podría haber un lugar en su corazón para mi, además... sería como traicionar a Kikyo.
- Ustedes no tienen la culpa de su destino, eso lo puedo entender, pero lamento decirte que no tendrás elección, o...
- ¿O qué? ¿Moriré a manos del alma rencorosa que manipula mi espada?
El pequeño demonio emitió un suspiro.
- Si sabes que Tsuki tiene voluntad propia, ¿verdad?
- ¿He?
- ¡¿Cómo es posible que no te hayas dado cuenta, niña?!
- No lo estoy comprendiendo.
Ay esto va a ser más difícil de lo que me esperaba.
Pensó, golpeando su rostro con su mano.
- El alma del joven Gekko se despertó en el momento en el que te acercaste a Tenseiga y fue por eso que tomó el control de su arma.
- Pero, ¿por qué Tsuki dejaría que su alma me poseyera?
- Porque él es su creador, siempre responderá a su voluntad, en cambio con Tenseiga... el amo Sesshomaru es más poderoso que Jinsei, y es por ello que él puede manejarla sin problemas.
- Entonces es porque soy débil. - sonrió, mientras él asentía.
- Es muy importante que entrenes para no caer en sus manos, de lo contrario, serás un blanco fácil para los Yashin.
Un pequeño silencio se instaló entre los dos, sin embargo, la angustiada voz de ella terminó por romperlo.
- ¿Por qué? - murmuró, mientras una lágrima recorría su mejilla. - ¿Por qué nos obligan a esto?
- Bueno... creo comprender el motivo. - hizo una pausa. - Sus padres buscan que las almas de los jóvenes que estaban dispuestos a dejar todo por el otro, recuerden los motivos por los que se enamoraron a través de ustedes.
- Eso suena muy tonto. - colocó su mentón sobre su mano. - Nosotros no estamos enamorados, además es muy peligroso... Jinsei y Gekko no olvidarán todo sólo porque nosotros nos casemos... eso puede funcionar para Inuyasha y Kagome.
De repente y sin responder, Jaken se puso de pie y comenzó a alejarse.
- ¿Señor Jaken? - lo miró confundida. - ¿A dónde va?
Olfateó el aire, comprendiendo todo.
¿Se fue porque el señor Sesshomaru se está acercando?
- ¿Y que? no me interesa de todos modos.
Volvió a posar sus ojos castaños en la luna, tratando de ignorar la presencia del peliplata, quién se encontraba a unos metros de distancia.
- ¿Por qué estabas llorando?
¿He?
Se sorprendió, sin embargo, trató de parecer calmada.
- ¿Cómo supo...?
- El aroma de tus lágrimas me trajo hasta aquí.
- Bueno... no, no pasa nada.
Los orbes dorados se posaron sobre la espada, la cuál aún se encontraba a unos metros de distancia. Ella trató de mantener su mirada al frente, sin embargo, el paso de aquellos ojos de oro, que ahora la estaban observando, fue más del que pudo soportar.
Se quedaron en silencio, observándose mutuamente hasta que el peliplata rompió la tensión.
- Si te sirve de consuelo, yo tampoco deseo esto. - volteó y comenzó a caminar. - Tú eliges si seguirás o no con el entrenamiento.
Señor Sesshomaru.
Su mirada castaña se mantuvo en yokai, quién se alejaba lentamente en la dirección contraria.
Boda
Dos días después.
Su cabello estaba recogido en una cola alta y el wataboshi se encargaba de mantenerlo cubierto. Estaba vestida con aquella bata blanca, a la espera de su hermana Kaede quién la ayudaría a colocarse su shiromuku, el mismo que cubriría la totalidad de su cuerpo. Miró a un costado, posando sus ojos sobre su irouchikake, aquel kimono rojo y negro que luciría al finalizar la unión.
Suspiró. Los nervios estaban haciendo estragos en su pecho y la soledad la invadía poco a poco. Se suponía que debía ser el día más importante para ella, sin embargo, demasiadas preguntas surcaban su mente en ese momento.
¿Su familia estaría presente? ¿Zero trataría de interrumpir la boda? ¿Cómo actuaría si algo malo sucedía?
Antes de que sucumbiera ante aquellos pensamientos, su hermana, en compañía de Sango, ingresaron.
- Oh, hermana.- cubrió su boca, al mismo tiempo en que sus ojos se llenaban de lágrimas. - Te ves hermosa.
- La belleza es natural en usted, señorita Kikyo. - sonrió la castaña.
- Muchas gracias. - sonrió con modestia. - Es un gran alivio para mi que ustedes vengan a ayudarme.
Su pecho volvió a apretarse al recordar que dos personas debían estar también en aquel lugar, sin embargo, no perdía las esperanzas de verlas en la ceremonia, al igual que a su madre, aunque fuera desde lejos.
Mientras tanto, en el templo, Naraku se encontraba ultimando los detalles de su vestimenta, la cuál consistía en un hakama negro y kimono gris.
- ¿Nervioso? - sonrió ante el comentario de Miroku.
- ¿Nervios?
- Comprendo, eso jamás te pasa a ti.
- Oye Naraku. -Shippo se trepó al hombro del castaño. - Mas te vale que trates bien a Kikyo o te las verás conmigo, ¿he?
- De acuerdo, Shippo, lo tendré en cuenta.
- Pues yo no me estaría preocupando por eso. - Inuyasha ingresó al lugar. - Todo ha estado demasiado tranquilo desde el ataque de Kirinmaru.
Naraku frunció el entrecejo.
- Ya veo, entonces por eso Kikyo quiso reunirse contigo ayer, ¿no es así?
El monje y el zorrito intercambiaron unas miradas de confusión.
- No se que clase de relación habrás tenido con los Yashin, Naraku, pero si eres parte de ellos...
- Puedes estar tranquilo, Inuyasha, yo no soy parte de su clan.
- Feh, pues eso espero. - colocó sus mangas en su haori. - Kikyo sólo me pidió que esté preparado, por si algo sucede.
- Esperen un momento. - Miroku intervino. - Naraku, ¿tú y ellos...?
- Es una larga historia... una de la que hablaremos en otro momento.
Antes de que alguien más pudiese pronunciar otra palabra, Inuyasha salió despedido en dirección a la salida.
- ¿Qué le ocurrió? - preguntó el niño.
- Tendrás que acostumbrarte, Shippo. - respondió el moreno. - Inuyasha actuará de esa manera cada vez que Kagome se esté acercando.
