Lamento la demora, tuve que reconstruir este capítulo desde cero cuando siempre me podía apoyar del resumen que tengo, pero han cambiado tantas cosas en mi proyecto que tuve que rehacer todo... En fin, crucemos los dedos para que el siguiente capítulo sea más rápido! ▲

HADOS 39

Despertó con el movimiento de Illumi en el cuarto. Eran todavía las ocho de la mañana y habían dormido sólo un par de horas. Hizo un puchero por verlo terminar de cambiarse, no iban a repetir el suceso del día anterior y arriesgar la estabilidad mental de la familia una vez más. Illumi volteó a verlo con una sonrisa pequeña y se acercó a la cama, tomando su mano.

—Necesito ver a papá antes de que todo esto se vuelva una locura —susurró tratando de no molestar demasiado a los dos chicos que dormían pacíficamente, Kalluto al otro lado de Killua, e Icabod en el sofá.

—Seguramente está dormido. No vayas, quédate conmigo otro rato más —tomó su mano para halarlo hacia él, Illumi dejó escapar una corta risita mientras se inclinaba para recostarse sobre el pecho del menor.

—Con suerte durmieron esos tres. Seguramente deben estar hablando todavía de sus tiempos en Tierra Sagrada.

—Aah… —dejó escapar un suspiro— Nunca imaginé que papá también fuera un ser humano.

—Shh ya dejen dormir —levantó la voz Kalluto aun cerrando los ojos.

—Estamos en su cuarto, no puedes quejarte —pero Icabod intervino de fondo, era evidente que los dos, con tal entrenamiento tenían el sueño ligero aunque aparentaran lo contrario

—¡¿Qué no tienes otros hermanos para molestar?! —contestó Kalluto por instinto, pensando en fastidiar un poco al chico que le había quitado las ganas de fastidiar a sus hermanos mayores.

—Hasta donde sé, soy hijo único —contestó con un tonto presuntuoso.

—¡Aah! —Kalluto en su desesperación tomó una almohada y se la colocó en la cara para amortiguar el resto de sus reproches.

—Será mejor que me vaya ahora mismo, ya me repondré más tarde —se levantó y volvió a acomodar su cabello, estaba a punto de levantarse cuando la mano del albino rozando su brazo le hizo frenar.

Esos ojos azules suplicantes le decían todo. No quería separarse de él, quería acurrucarse a su lado y acariciar sus cabellos hasta dormir arrullado con su respiración; deseaba perderse entre su aroma y sentir que el tiempo no tenía fin, pero debía conformarse con esos breves instantes en los que sus sentimientos conectaban con tanta intensidad. Se inclinó para darle un fugaz beso en los labios y salió.

Hubo un silencio por un breve instante, Killua no se movió mientras miraba a la puerta y pensaba en lo mucho que lo extrañaría si no lo veía hasta la noche.

—¿Ese… ese fue un beso? —preguntó Icabod con una clara confusión.

La risa de Kalluto fue tan fuerte que a pesar de tener aún la almohada en la cara ambos pudieron escucharlo.

—¿Entendí algo mal?, son hermanos, ¿no? —insistió Icabod, al ver que Killua no reaccionaba y Kalluto tampoco le daba respuestas.

—No —contestó con seguridad, Killua—, no somos hermanos —después de todo, eso era lo que Illumi había establecido cuando empezaron la relación.

—¿Uno de ustedes es adoptado? Tú te pareces un montón a tu papá, supongo entonces qué…

—Los dos son hijos de mis padres —explicó Kalluto dejando a un lado la almohada y sentándose para mirar a Killua, quería asegurarse de que su hermano sintiera su apoyo—, pero entre ellos no hay un lazo de hermandad.

—Ah… entiendo —la expresión de Icabod era auténtica, no parecía incómodo ni con una extraña intención de por medio—, ¿es por eso que no pueden separarse?

—Entre otras razones, pero podría resumirse así —contestó el albino, no iba a actuar avergonzado cuando deseaba marcar los límites en su adorado Illumi—, ¿te molesta? —no pensó bien en su pregunta, se cubrió la boca con la mano. No quería darle importancia a las opiniones de los demás y empezar a preguntar por esas cosas sólo abría la puerta a escuchar a todo el mundo.

—¿Por qué habría de molestarme?, ¿le molesta a tus padres?

—¿Tú qué crees?

Hubo un breve silencio. Icabod veía a los dos chicos y decidió que saldría del sillón para recostarse confiadamente entre ellos dos.

—Ninguno de ustedes fue criado en Tierra Sagrada, ¿verdad? —aprovechó el espacio que Illumi había dejado, para incredulidad de ambos hermanos.

—No —contestaron los Zoldyck al unísono.

—Yo tampoco —contestó sonriente—, pero mi padre me enseñó todo sobre su cultura, y estos meses que he estado viviendo ahí… bueno, tengo que decir dos cosas. Aunque la homosexualidad no es bien vista, es bastante practicada, especialmente con la excusa del «apadrinamiento» que muchos usan como forma de matrimonio —Killua bufó molesto al recordar que era justo lo que su padre quería hacer con Illumi—. Lo segundo es… el incesto es bastante normalizado por allá.

—¡¿Qué?! —Killua se levantó para mirar atentamente a su invitado, a ese punto no podía creer lo que acababa de escuchar. Tanto drama de su padre y su abuelo, llegó a pensar que realmente les estaba afectando, pero escuchar que era un tema normalizado en su tierra natal, no podía darle crédito.

—Lo normal es entre primos. En tanto pueda darse un embarazo sano, no hay problema. De hecho, mi madre es prima de mi padre —estaba muy tranquilo al decirlo, ni siquiera parecía consciente de lo que afirmaba—. Es una práctica muy común por una cuestión de linaje.

—Una cosa es entre primos, pero ¿entre hermanos? —preguntó Kalluto también sorprendido.

—No les diré que es común ni abiertamente reconocido, pero definitivamente es una práctica que se da también por allá. Pasa igual que con la homosexualidad, aunque no se admita abiertamente, es algo que ocurre. Yo conozco un par de hermanos que también tienen su trato especial.

—¡¿Entonces por qué tanto drama de parte de papá y el abuelo?! —se quejó Killua al fin.

—Es porque eres el heredero —contestó—. Se espera que el heredero tenga una familia con alguna chica y tenga hijos, supongo que no tendrían problema si Illumi fuera un mero amante. Seguramente tu padre tiene por ahí algún amante.

—Créeme que no es de mi incumbencia.

—¡Puedo apostar que lo tiene! —respondió Kalluto con una risa traviesa— ¡Nadie soportaría a mi madre así tan simple sin tener un amante de consolación!

—Mi padre tiene sus amantes, siempre finjo que no me doy cuenta, pero sé que es de esos que apadrinan para tener su harem.

—¿Y tú no piensas hacer lo mismo? —le preguntó Kalluto con recelo, recordando esas negociaciones entre Killua y él.

—Mmm… —torció la boca y se la pensó antes de lanzar una respuesta imprudente—, nunca me han llamado la atención los chicos…

El celular de Killua empezó a sonar, interrumpiendo la conversación. Se apresuró a responder en caso de que fuera Illumi con alguna novedad, tuvo que gatear sobre la cama para tomar el dispositivo del tocador y contestó.

—Pero podría intentarlo contigo —susurró Icabod mirando traviesamente a Kalluto.

—¡Vete al demonio! —Kalluto tomó su almohada y la azotó sobre el rostro del chico que no evadió el golpe, consciente de que se lo había buscado.

Killua a su vez les hizo una seña de que guardaran silencio, y ambos tuvieron que resistir el impulso de seguir discutiendo.

Illumi estaba afuera del salón en el que le habían indicado que estaba su padre y sus amigos. No había querido entrar porque estaba esperando al mayordomo que había enviado a espiar para saber el estado de los tres hombres ahí dentro. Una parte sensata de su mente le decía que si ingresaba así sin una evaluación previa le haría ver o escuchar algo de lo que se arrepentiría. Las costumbres de la gente de Tierra Sagrada eran algo con lo que prefería no lidiar.

—Amo Illumi —saludó el mayordomo haciendo una reverencia—, los tres hombres están de buen humor. Han estado hablando de sus vidas y no parece que estén cansados.

Asintió y lo dejó marcharse. Hubiera preferido que estuvieran haciendo cualquier otra cosa que estar de buen humor conversando y compitiendo entre ellos por demostrar quién de los tres era el asesino más eficiente. Entrar ahí sería como patear un avispero. Tomó aire y decidió ingresar de una vez, aunque lo deseara no encontraría un mejor momento para encontrarse con su padre.

Los tres hombres miraron al recién llegado, la conversación amena se detuvo. La mirada de los tres estaba sobre él como una señal de alerta. Había una mezcla de reclamo y enojo por parte de Silva, los últimos días no podía verlo de otro modo.

—Es sobre el asunto de Kalluto —dijo en voz alta, pese a que no le agradaba la atención tampoco era el tipo de persona que se dejaba intimidar tan fácil.

—¿Por qué tanta prisa? ¿Volvieron a pelear? —preguntó Silva molesto.

—Tengo urgencia porque quiero evitar que sigan con su plan riesgoso. No soy muy fanático de poner a Killua en bandeja para otros.

—Ese tema tendríamos que revisarlo con tu abuelo y ahora mismo él…

—Ya lo hablé con él, y estaba más que feliz de escuchar una alternativa segura.

Suspiró pesadamente, por supuesto que Zeno prestaría atención a cualquier otro plan que sacara a Killua de una jugada como esa. Desde el inicio había notado su inconformidad, pero la había atribuido a que había visto a sus dos nietos discutir y que estaba siendo precavido, pero a veces Zeno era más un abuelo cariñoso con Killua que con el resto de sus nietos, y eso significaba que buscaba opciones para darle un trato más humanitario.

—Me sorprende que te dejes llevar por tu celos, siempre pensé que eras del tipo maquiavélico que prefería manipular todo el escenario para que nadie lo notara.

—Aunque admito que mi deseo por no permitir que otros tengan ni una pequeña pizca de lo que considero mío me mueve, en realidad estoy interviniendo porque conozco a Killua, sé que él no se frena cuando se trata de proteger y es capaz de ignorar el riesgo con tal de completar su misión.

—Sí, lo sé. Es precisamente por eso que estoy seguro de que hace todo esto por ti.

Era una daga dolorosa la que su padre había enterrado en él. Justo después de hablar con Joab sobre su deseo original y su meta estropeada, y justo el día en que había aceptado haber fallado en su misión de ganar el amor sincero de Killua. Ya no tenía duda, su padre tendría razón al final. Una carta, por muy mágica que fuera, era sólo un efecto temporal, que si no se alimentaba de nada, se iría transformando en algo que se adaptara para su víctima.

Lo que Killua había disfrutado con tanta pasión lo seguiría disfrutando, pero ya no por el mismo motivo, sino por algo que encajara con sus principios personales.

—Descuida, padre, yo mismo colaboraré con ustedes para remover la entidad. No quiero que pienses que estoy jugando mi propio bando, yo tampoco podré estar tranquilo pensando en que esa es su motivación.

—No, Illumi. No habrá una oportunidad a futuro para que averigües si su intención era esa o no. Una vez que retiremos la entidad, apartaré a Killua de ti.

—Lo que sea —susurró con una contención casi sobrenatural por no demostrar lo mucho que le hería que su padre le recordara ese futuro fatal—. De cualquier modo quiero hablar del asunto de Kalluto —continuó, no dejaría que su padre siguiera usando sus palabras en su contra—. No quiero exponer a Killua, así que buscaré una alternativa, sólo quiero pedirte tiempo, una pausa en lo que puedo darles una respuesta. No había intervenido antes porque Kalluto mismo me pidió el favor, pero dado que ustedes piensan hacer algo aun en contra de su voluntad, prefiero dar un paso adelante.

—¿Y resolverlo jugando con las reglas de los Iluminados? Es absurdo —se quejó el padre de los chicos el cual seguía predispuesto a discutir con su hijo— ¿Estás seguro que seguir con el plan de Killua es tan riesgoso?

—Sí. No sólo por los peligros que tiene que Killua se acerque a ellos, sino porque él mismo me dijo que quiere ascender en la hermandad, si hace algo así puede poner en riesgo su reputación.

—¡Nada de tonterías! Killua no va a ser parte de nada de eso —Silva dio unos pasos para acercarse a su hijo, pero Joab se levantó y fue tras él, colocando una mano en uno de sus brazos, para frenar sus impulsos.

—¡Oye, amigo! Sé que estás de mal humor por todo lo que ha estado pasando, pero Illumi es tú hijo, no tu enemigo —le recordó y sintió que Silva relajaba sus músculos.

—De no haber sido por tú maldito deseo… todo esto ha sido tú culpa —reprochó aún furioso, pero con menos ánimos.

—No, Silva. Todo esto es tú culpa —habló con autoridad, Roboam—. Tú te metiste con Kikyo cuando sabías que no debías, la dejaste participar en la educación de los chicos. Toma tu maldita responsabilidad de una vez.

Hubo un ambiente tenso por unos segundos, ninguno hablaba, pero estaban de acuerdo en lo mismo: Roboam tenía razón. Silva había reflejado todos sus miedos, su fracaso y desesperación en su hijo mayor para aliviar sus culpas, pero ya no había forma alguna de sostener tal argumento cuando nadie lo creía.

Silva dio un profundo suspiro. De un movimiento se soltó del agarre de Joab y fue hacia Illumi, el cual no sabía qué esperar cuando sintió que su padre colocaba una mano en su hombro con una expresión en sus ojos que nunca antes había visto en él.

—Haz lo que creas mejor para Kalluto, sé justo y… —cerró los ojos pasando saliva— no me dejes hacer tonterías que puedan afectar a Killua.

Era lo más cercano a una disculpa que pudiese escuchar en toda su vida. Asintió y pensó en salir de ahí, era mejor estar lejos antes de que las aguas volvieran a enturbiarse con alguna otra discusión.

—Está bien, padre, iré a decirles a los chicos, y empezaré a trabajar en eso.

—Ve a descansar. Hoy estaré ocupado, necesito aclarar mis pensamientos —las palabras de Roboam habían sacado a la luz su vergüenza. No quería seguir fallando a sus principios, ni a todo lo que quería demostrar a sus hijos. Era el momento de ser un verdadero líder para la familia.

—De acuerdo —no quiso añadir más, estaba nervioso. No le gustaba que su padre mostrara compasión o fuera amable con él, le generaba más desconfianza. Se dio la vuelta y salió de ahí a toda prisa, pero una voz detrás le hizo frenar.

—¡Illumi! ¡Espera un momento! —era Joab que había ido detrás de él—, déjame hablarte.

—¿Qué ocurre? —lo miró con seriedad. Después de haber escuchado que Killua e Icabod tenían un plan juntos, no quería darle más oportunidades para creer que podría seguir cerca de él.

—Illumi, hablaré con tu padre sobre frenar toda esta farsa —vio la sorpresa en el rostro del morocho y no podía culparlo, él mismo se había demorado en afrontar la realidad—. No puedo apadrinarte con el riesgo que hay con los Iluminados. Creo que lo primero es enfocarnos en eliminar la entidad, sin eso, no tiene caso este juego. No quiero que Killua me odie y no quiero seguir prolongando la locura de tu padre. Hoy en la noche espero tener ya una decisión, si no es así, mañana te buscaré, ¿de acuerdo?

Definitivamente era lo mejor. Ya estaba claro que Killua no soltaría a Illumi ni traicionaría el secreto que compartían. Pelearía por su relación, sí, pero con las herramientas que conocía. Killua no se lanzaría al público a dar esa declaración atrevida que Silva tanto solicitaba para frenar sus negocios, eso iba en contra de la personalidad de su heredero, antes mejor Killua manipularía a toda la casa, a toda la familia, amigos y aliados, con tal de salirse con la suya. Ese juego podría durar meses, tiempo con el que no contaban.

—Está bien. Estaré al pendiente por si necesitas algo.

Dio unos pasos dentro de la habitación oscura. El ruido blanco de fondo con una voz quejumbrosa era todo lo que sonaba a su alrededor. Estaba a punto de arrepentirse por haber ido allí, pero se recordó que llevaba mucho tiempo ignorando los mensajes de su hermano, un poco más y atentaría contra toda la casa y la escasa paz que había logrado conseguir en esos días.

—Millu…

—¡Bastardo! ¡¿Ahora qué maldito favor quieres?!

Tomó una de las sillas acojinadas que estaban en frente a las pantallas de vigilancia y se sentó con tranquilidad, al fin conocía a su hermano, sólo debía dejarle hacerle un berrinche para que terminara por calmarse.

—No vine por ningún favor, vine para verte.

—Sí, ajá, para verme, ¿y qué más?

—Y responder tus preguntas.

Milluki miró a su hermano con sorpresa y giró su silla hacia él, arrastrándola para acercarse y verlo a través de esas luces intermitentes que reflejaban las pantallas.

—¿En verdad te dignarás? —Illumi se alzó de hombros, Milluki sabía que su héroe, su querido hermano mayor, no era una persona comunicativa, y que no delataría nada que no le conviniera o que tuviera algún compromiso que lo detuviera. Si estaba ahí era porque ya tenía una estrategia definida para él, cosa que no le molestaba, pero sí que le intrigaba.

—Tienes que hacer las preguntas, porque no tendré iniciativa y lo sabes.

—Lo sé, lo sé —había tanto que deseaba saber, pero su padre y su abuelo lo hacían a un lado en todo, nunca tomaban en serio su trabajo ni lo hacían partícipe de los asuntos de la familia, pero ya estaba llegando al punto de la locura, no era justo que todos pasasen sobre él—. Dime una cosa, ¿qué está ocurriendo con mamá? Lo que papá le está haciendo es inhumano, no puedo creer que él la ignore y la mantenga encerrada sin preocuparse más por ella. No he visto que haya hecho pagar a nadie.

—Ellos ya no están juntos —contestó frío, ni siquiera le importaba que su hermano, el más mimado y apegado a su madre, estuviera recibiendo una noticia que podría devastarle—. Mamá cometió una serie de… asuntos, faltas, cosas que papá no puede ignorar, pero como sabes, no pueden divorciarse así que simplemente la mantiene encerrada.

Azotó el escritorio con furia rompiéndolo en pedazos. La noticia le había dolido. Su madre era la más pura y noble, la mejor de todas las madres, no podía tolerar la idea de que su padre la abandonara como basura.

—¡¿Qué pudo hacer?! ¡Ella es una mujer dulce y cariñosa, es imposible que ella lastimara a nadie!

Illumi ni siquiera pestañeó, lo miró con una expresión simple, tranquila, sin dar muestras del más mínimo interés en su berrinche.

—Me alegra que tu experiencia en esta familia sea diferente a la nuestra. Si tanto te preocupa mamá, quizá deberías ir a cuidarla tú mismo, al resto de la familia no le interesa la vida de esa mujer.

—¡Para tú información, eso he estado haciendo! —apretó los puños y luego resopló con fuerza mirando a un lado— Y de ahí tengo más preguntas —miró a Illumi nuevamente con una seriedad muy marcada—. Ella dice… ella jura, que todo el problema de la familia eres tú, que tú no eres tú, y que has estado… haciendo cosas con Killua.

—¿Y tú qué crees? —conocía a su hermano, él no hacía preguntas sin haber investigado por su propia cuenta las cosas.

—Illumi, ¿qué te hizo Killua? —preguntó mirándolo a los ojos, tenían un destello de odio que no había visto antes en él—, quiero decir… tú no eras así. Hace un tiempo saliste de casa y volviste con él, y no se han despegado, duermen en el mismo cuarto y los he visto en los pasillos… eso… uno no hace eso con sus hermanos.

—Milluki, no me hizo nada, ¿por qué crees que él hizo algo?, ¿no podría ser al revés?

—¡Tú no eres así! Desde que éramos chicos yo sabía que tenías preferencia por Killua, sí, y te hice esa estúpida broma con la prostituta, pero tú… ¡Ni siquiera la usaste!, ¡eras un hermano protector y asfixiante, pero jamás un pervertido! ¡Incluso yo perdí la virginidad primero!

Debía reconocerlo, había sido tan cuidadoso con Killua que nadie era capaz de darse cuenta de sus sentimientos retorcidos. Milluki ni siquiera se había percatado que sí había tenido una interacción con la mujer que había enviado, pero si en algo tenía razón era en eso último. Él tampoco se consideraba un pervertido, no era un depredador sexual con un apetito incansable. Era más bien un romántico que le gustaba fantasear con escenarios llenos de amor y una vida en la que él pudiera ser el protector y proveedor de todo lo que su amado necesitara. Colmarlo de toda clase de lujos y facilidades hasta que sus preocupaciones dejaran de existir para vivir sólo por y para él.

—Killua no tiene la culpa de nada, es sólo un niño. Si vas a culpar a alguien, prefiero que me señales a mí.

—¿Papá sabe?, ¿el abuelo tiene idea de esto?

Asintió, pero no quería darle toda la información sobre el asunto de la entidad. Milluki estaba demasiado apegado a su madre que sabía que antes que un aliado, podría jugar el bando de Kikyo, lo que podría complicar las cosas.

—¡Con razón no quieren que mamá opine! Ellos seguramente te culpan de todo. Es lo único que detesto de mamá, que ella es incapaz de ver que tú…

—Basta, Milluki, sólo deja que estas cosas se arreglen por su cuenta. No causes problemas.

—¡No he hecho nada! —comprendía a la perfección que Illumi lanzara esa advertencia, él no descansaría hasta demostrar la inocencia de Illumi. Después de todo, era su héroe, no permitiría que nadie lo pisoteara, pero más que nada, no permitiría que Killua se apoderara de él. No más.

—Y mantente así, ¿de acuerdo? No me des más cargas —dicho eso se levantó—. Me voy a dormir, tuve una noche difícil.

Salió del cuarto. No tenía expectativas con Milluki, ese chico era indomable. Sin embargo, había algo que deseaba de él, quería que con su usual imprudencia por buscar arreglar las cosas a su estilo, le sacara información a su madre. Kikyo menospreciaba mucho a Milluki, más que a cualquier otro de sus hijos, pero ahora mismo era el único que podía seguir controlando. Ella era la que más conocía a la entidad, había vivido bajo su yugo y conocía los compromisos, la magia detrás de su presencia. Mientras que con cualquier otro de sus hijos buscaría maneras para soltar la verdad por pequeñas partes, a Milluki no le temía, le diría todo sin restricción ni preocupación, y Milluki jamás traicionaría a Illumi. Eso estaba claro. Antes correría tras Illumi para contarle todo lo que su madre había dicho de la entidad y podría ir sacando información, pero debía jugar bien sus cartas. No podía llegar pidiendo el favor a Milluki de buenas a primeras porque el chico era un mal mentiroso, y terminaría delatándose frente a su madre, era mejor forzarlo y manipularlo hasta que fuera capaz de obtener información en un arranque de desesperación por rescatar a su hermano mayor.

Regresó a su cuarto, todavía era temprano y los chicos seguían sin levantarse. Killua estaba sentado, dormitando mientras sostenía su celular, mirando algo en su pantalla. Kalluto e Icabod yacían dormidos a un lado de él, ambos estaban agotados después de sus largos días de mucho estrés. Sintió un poco de pena por Kalluto, el pobre tuvo que atravesar un interrogatorio difícil ahondando en temas que nunca había pensado externar. Podía congeniar con ese agotamiento mental de verse sometido al escrutinio de su padre y su abuelo, era el mismo acoso que sufría cada que ellos lo abordaban con preguntas sobre la entidad y sus sentimientos.

Killua levantó la vista encontrándose con esos ojos negros que tanto adoraba. Le sonrió y se levantó de la cama. Su pecho desnudo quedó expuesto, tenía un suave pantalón de tela gris clara, ligera, que enmarcaba su cadera. Su piel expuesta, delicada, marcada por sus manos; se le hizo agua la boca, su hermosa sonrisa elevaba su deseo por tomarlo. Era perfecto, adorable, lucía tan frágil en lo detallado de su figura, como una obra de arte dedicada a la divinidad.

—Ven, ven aquí —extendió su mano para que Killua la tomara.

Apenas sus yemas se tocaron, apretó con ternura sus dedos y haló de ellos para tomar su mano y besar sus dedos. Las mejillas de Killua se tornaron rosas, era inevitable para él disimular sus emociones, no para él, el dueño de sus suspiros.

—¿C-cómo te fue? —susurró el albino, en un intento por disimular su deseo por abalanzarse sobre él y exigirle sus labios. Detestaba tener que resistirse en su santuario, esa habitación en la que se volvían reales sus deseos carnales.

—Bien, papá aceptó darme tiempo. Tendré que darme prisa si no quiero que cambie de parecer —contra su naturaleza, volvió a tirar de la mano de Killua para acercarlo a él y así tomar su cintura, acercó su rostro a su oreja y murmuró—, ¿dejas que te vea así a propósito? Me estás provocando… quizá debería marcar tu cuerpo para que seas más pudoroso.

Enrojeció por completo. No lograba expresar una palabra completa y entre balbuceos forcejeaba por liberarse del abrazo de Illumi. Aunque por dentro estaba complacido, le fascinaba que Illumi tuviera ese descaro de recordarle lo muy valioso y atractivo que era. Saberse dueño de su necesidad y su amor, era un alivio para su sediento corazón.

—No estamos solos —le recordó con un falso enojo, y logró distanciarse para mirar su sonrisa traviesa—. Le pedí a los mayordomos que trajeran el desayuno aquí, seguro no tardan…

En efecto, así fue, apenas terminó de decir la frase, escuchó que llamaban a la puerta. Se dio la vuelta e intentó ir a abrir, pero Illumi le retuvo en un semi-abrazo y se inclinó sobre su cuello para dar un beso fugaz.

—Yo me encargo —susurró y le dejó ir.

Killua sentía que sus piernas flaqueaban por un segundo. Ese hombre era capaz de provocar en él toda clase de sensaciones deliciosas con sólo un gesto. Estaba a punto de olvidar todo y rogarle que le tomara ahí, cuando vio que la persona detrás de la puerta era un rostro conocido.

—¡Vieja Tsubone! —saludó sorprendido, y mostró una sonrisa forzada. Tenía mucho tiempo sin verla, desde lo ocurrido con Alluka y se preguntaba si ella tomaría a mal su regreso, siendo que ella estuvo ahí cuando pasó toda aquella trágica persecución.

—Amo Killua —se inclinó a saludarle y luego miró por un segundo a Illumi, sus miradas se cruzaron y se detuvo por un breve instante, aquello bastó para dejar ver un brillo de incertidumbre en su mirada. La mujer podía ver en Illumi algo que sin duda le resultó peculiar—. Amo Illumi, es un placer saludarlos. Traje el desayuno, me informaron que se encuentra aquí el amo Kalluto y un invitado más.

—Sí, están dormidos aún —contestó Killua.

Illumi se hizo a un lado para permitir a la mujer ingresar con un carrito que contenía una canasta con fruta, jarras con bebidas, pan rebanado y cuatro bandejas de comida cubiertas con tapas cada una. Killua le indicó que lo colocara en el balcón, preferían desayunar afuera para no molestar mucho a los chicos que seguían durmiendo.

—Tsubone, ¿y Gotoh?, ¿también regresó a casa?

—Él se encuentra entrenando a los mayordomos nuevos. Nos pidieron que volviéramos porque había más invitados de Tierra Sagrada, así que el amo Silva quiere que estemos dedicados a ellos.

—Entiendo…

—Me retiro joven amo —volvió a reverenciar, mirando nuevamente a Illumi, como si quisiera confirmar algo, aunque trataba de no ser muy obvia. La mujer era más cercana a los hijos de lo que los padres lo habían sido, ella por años se había encargado de lidiar con ellos y adelantarse a sus reacciones. Le resultaba evidente que el Illumi que estaba ahí presente no tenía relación con el que ella recordaba, no sólo por lo que había escuchado sobre la entidad, ella misma podía confirmar que ese hombre poseía una presencia, apariencia y personalidad diferentes a lo que ella conocía.

Se fueron al balcón que tenía una pequeña mesa, en donde Tsubone había dejado su desayuno, las cobijas que Illumi había dejado afuera para quemarlas ya habían sido recogidas, el clima se sentía fresco, con un cielo aún nublado, pero brillante. Ambos estaban de buen humor, estar juntos les daba tranquilidad, podían centrarse en ellos mismos y en todos los asuntos que tenían aún pendientes.

—¿Cuándo pensabas decirme lo del trato? —cuestionó Illumi, aunque no sonaba a reclamo, esta vez quería ser cuidadoso y no provocar otra gran pelea como la del día anterior.

—¡¿Eh?! Ah… quería primero tener algo qué decirte —rió nervioso—. ¿Recuerdas el día en que nos encontramos él y yo? Hablamos del tema, pero acordamos que, una vez que tomara su puesto como heredero, le daría un año para alcanzar una posición conveniente para poder apadrinarte.

—Tiene sentido. No por ser heredero puede hacer lo que quiere sin levantar sospechas.

—Precisamente…, pero con todo lo que está pasando, necesito replantear las cosas para convencer a papá de que te entregue a él y no a Joab.

—Sobre eso… —dio un sorbo a su café— Joab me dijo hace un momento que hablará con papá sobre frenar un poco las cosas. Quizá podrías aprovechar eso para ganar tiempo.

—¿Cómo lo convenciste de no separarnos? —preguntó con genuina curiosidad.

—Él mismo llegó a la conclusión de que separarnos no le era conveniente.

Killua estuvo por unos segundos sonriente, pero de inmediato llegó la respuesta como por instinto, no había duda, la única razón por la que Joab no querría separarlos temporalmente no era por mera conveniencia sin lógica. Su sonrisa se borró.

—No, no puede ser. Illumi, dime que no estás de acuerdo con eso.

Tomó su mano y la apretó con fuerza, el dolor en su pecho se sentía tan real que empezó a tener dificultad para respirar. Illumi lo observó, impresionado por su reacción, intuía lo que ocurría y a la vez, no quería ser el primero en expresarlo.

—Kil, ¿qué ocurre?

—Illumi, sé honesto conmigo. Deja los juegos, necesito escuchar que no te quitarán a Nimrod.

Ya era evidente, Killua lo sabía todo y estaban rompiendo el trato de mantener las cosas ocultas. El hecho de que su adorado albino estuviera llegando a ese punto sólo quería decir que ese tema le estaba superando. Iba más allá de su posibilidad y él no podía hacerse el tonto, incluso si no tuviera relación con el asunto de su padre, este era un tema que debían aclarar tarde o temprano.

—Kil, respira hondo —se inclinó hacia él, moviendo su silla para acercarse—. Necesitas tranquilizarte —le abrazó acariciando su espalda, quería controlar sus temores, tenía la tentación de clavar una aguja en él para hacerle entrar en razón—. Kil, no es mi intención, no quiero lastimarte, pero esto es algo que no se puede evitar.

Se tensó nuevamente, apretó la playera de Illumi, aferrándose a ella. Sabía que él le había pedido que fuera honesto, pero de pronto deseaba escuchar una dulce mentira. Un consuelo a ese futuro incierto que no quería ver.

—¿Por qué? —susurró con voz entrecortada—, él no volverá si estoy contigo. No necesitas hacer esto. ¿Por qué las cosas no pueden quedarse así?

Besó sus cabellos. Entendía su miedo, Killua no era tonto, no necesitaba expresar lo que eso representaba. Sin Nimrod de por medio, no habría más motivo alguno para que nadie en la familia tolerara esa relación. Silva y Zeno los forzarían a permanecer lejos, no verse nunca más. Quizá él podría rebelarse, estaba acostumbrado a no seguir las órdenes y ser un líder, pero Illumi era un caso aparte. Su vida, todo en él, giraba en torno a la familia, en ser un asesino; sí bien podía ser un Iluminado y tener mucho reconocimiento ahí, él no se sentía identificado como tal, ni deseaba ser visto como eso. No podía forzarlo a destruir todo lo que conocía para vivir una vida infeliz a su lado.

—Mi lindo copo de nieve, ni siquiera sabemos si es posible eliminarlo, no sabemos cuánto tiempo tomará y, aunque la entidad ya no se encuentre presente, ¿tú crees que podría olvidarme de ti? —tomó su rostro para verlo a los ojos y que sus palabras fueran escuchadas con mayor precisión—, quiero levantarme todos los días a tu lado, quiero verte y saber que estás conmigo a pesar de que puedes irte sin mayores consecuencias. Sueño con tener una vida junto a ti, pero una en la que no haya condiciones ni elaboradas excusas. Lo que siento por ti es tan profundo que no hay fuerza en la Tierra que me haga olvidarme de ti.

—¿L-lo que sientes? —sus ojos llorosos, el rubor por contener sus emociones y la felicidad de saber que había esperanza le daban un nuevo impulso para recuperar la tranquilidad, pero necesitaba escucharlo, quería que ese sentimiento tuviera al fin un nombre.

—Kil, yo te…

—¡Suéltame, maldita sea! —la voz de Kalluto interrumpió el momento y ambos se sobresaltaron al recordar que no estaban solos. Nuevamente tenían algo importante inconcluso por hablar, pero esta vez ninguno de los dos quería soltar el tema, buscarían el momento a solas así tuvieran que escapar de casa para conseguirlo.

—¡Es una broma! ¡Auch! —se quejó con dolor el Soar.

Ambos chicos irrumpieron en el balcón. Kalluto lucía realmente furioso, parecía un niño pequeño a punto de acusar con su papá por una travesura que le hicieron. Icabod venía tras él con una sonrisa que denotaba claramente su culpa, eso y que tenía una marca rojiza en su rostro, víctima de un manotazo del menor.

—¡¿Por qué me dejaste durmiendo junto a este pedazo de pervertido?!

—Kalluto, ¿no ves que estamos ocupados? —se quejó el albino, pero Illumi le soltó, acariciando sus cabellos en señal de que lo tomara con calma, ya habría tiempo de retomar las cosas.

Desayunaron juntos, entre discusiones y una charla amena hasta que los mayordomos volvieron a llamarlos. Kalluto tuvo que salir a entrenar junto a su abuelo, como ahora se había solicitado, sería guiado por él a partir de ese momento. En cambio Icabod salió a cumplir la misión por la que había sido convocado.

El piso estaba oscuro, el ambiente era gélido, húmedo, con un olor a perfume cítrico mezclado con tierra mojada. Distaba mucho de un calabozo con todos esos muebles elegantes y decoraciones antiguas, pero fungía como una celda. Después de todo, Kikyo no estaba autorizada a salir de ahí, pero todavía era esposa de un Zoldyck, así que contaba con personal y todo lo que necesitara para su bienestar.

Parecía todo un ejército listo para atacar a una sola persona, una menuda, pálida y ciega. Silva entró, seguido de Roboam y su joven hijo, Icabod, y con ellos ingresó todo un grupo de doce mayordomos, listos para asistir en sus instrucciones. Joab había ido en busca de Illumi, no deseaba formar parte de una investigación de interés familiar.

Icabod había indicado que, para que su técnica tuviera mejores resultados, era menester que el objetivo se encontrara inconsciente, y ellos sabían que llegar a eso no iba ser sencillo. Kikyo era resistente, no podían usar drogas ni venenos, nada de eso funcionaría con ella, también tenía un gran entrenamiento así que tampoco era sencillo noquearla. Si querían tener una charla larga con ella, tendrían que recurrir a los métodos ideales para profesionales. Silva mismo tendría que hacer el trabajo sucio, por protocolo nadie podía tocar a la mujer de un miembro de la hermandad.

Usó su experiencia en combate para cortar el flujo de su Nen, conocía a su esposa bastante bien como para poder controlarla y una vez que su Nen estaba bloqueado, usó una de las técnicas de los Zoldyck para noquear por un par de horas a su oponente.

Estaba pasando por un mundo de emociones, nervioso por escuchar más temas delicados, probablemente descubriría cosas para las que no estaba preparado; estaba ansioso, no quería esperar mucho tiempo para empezar a vengar a su pequeño hijo, detestaba la idea de no poder matarlos por su propia mano, pero quería confiar en que Illumi encontraría una alternativa justa y adecuada para la situación, y a su vez, estaba triste, pensaba en todos esos años que había pasado con esa mujer, todo lo que había confiado y creído, lo que había perdido y abandonado. No podía creer que estaba sometiendo a la que por tantos años había considerado su más importante aliada.

—¿Cuánto tiempo durará así?

—Un aproximado de dos horas. Tiempo suficiente para el interrogatorio.

Icabod había explicado que requería preguntas claras, que no dieran pie a las dudas o si no la información que tendrían serían determinadas por el azar. La interpretación de las palabras dependería por completo en los valores de la víctima, si uno preguntaba los nombres de los «abusadores de Kalluto», si Kikyo consideraba que el entrenamiento era abuso, terminaría dando nombres de personas que no estarían relacionadas con el asunto en cuestión. En cambio, si ella consideraba que lo que Kalluto había vivido «no era abuso sexual» entonces contestaría que tal cosa jamás había ocurrido. No podían darse el lujo de perder el tiempo con preguntas ambiguas, así que, antes de ir a buscarla, Silva había hecho la tarea de preparar preguntas estratégicas que los llevaran rápido a la dirección que buscaban.

—Comenzaré con los enlaces. Me pondré los guantes —tenía que manipular el cuerpo desnudo de Kikyo para dibujar sobre su cuerpo los sellos de Nen que le permitirían llegar al flujo de su fuerza vital y realizar las consultas, eso implicaría mucho daño en su mente, pero eso era lo de menos.

Silva ayudó a Icabod a realizar los sellos para que no infringieran las reglas de la hermandad, y cuando hubo terminado de realizar los trazos, se dispusieron a iniciar las preguntas. Icabod tomó la hoja con las preguntas y pasó saliva, su padre lo estaba vigilando y no podía cometer el más mínimo error o se vería mal, no sólo con su padre sino con Silva, con quien deseaba poder hacer buenos negocios.

—Hola Kikyo, te habla tu consciencia —habló Icabod, una vez que su técnica estaba activa, el cuerpo de la mujer se puso rígido estirando con fuerza las extremidades como si estuvieran sosteniendo su cuerpo—, voy a realizarte unas preguntas y voy a requerir que respondas a todas sin ninguna restricción, ¿cuál es tu nombre?

—Kikyo… Kikyo Zoldyck —contestó con voz plana, al principio parecía haber dudado, tal vez porque no estaba segura si se consideraba aún parte de la familia.

—¿Cuántos hijos tienes?

—Cinco.

—¿Qué día es hoy?

—Miércoles.

Icabod volteó a ver a los hombres presentes. Había empezado con las preguntas para establecer los parámetros de la evaluación, para crear los enlaces que establecerían la comunicación entre él y la mujer que yacía en la cama, inerte. Icabod tomó la hoja con las preguntas que Silva había preparado. Las usaría como guía para entender lo que debía investigar.

—¿Han abusado… —pasó saliva, la pregunta le había tomado por sorpresa— alguna vez han abusado sexualmente de Kalluto, tú hijo? —se maldijo a sí mismo, toda la mañana había molestado a Kalluto con sus insinuaciones indecorosas y ahora se sentía como un patán abusivo, no había considerado la posibilidad de herirlo con sus juegos.

—No, nunca —contestó ella. Su voz era plana y vacía, se percibía como una persona hablando dormida, la lengua torpe, lenta, con un deje de emoción apenas perceptible.

Lo sabía. Kikyo no consideraba estar exponiendo a su hijo menor a un abuso sexual. Ella había sido criada como un ser de ese mundo, sus valores y preceptos distaban mucho de una persona normal, tampoco se ajustaban a los de un asesino, ella sólo podía creer y alabar el sistema bajo el que había sido criada.

—¿Alguna vez, Kalluto, tuvo actividad sexual?

—Sí, por supuesto.

«Es más que evidente que sí fue abusado, pero esta mujer no me lo va a soltar bajo ese término, necesito averiguar cómo lo llama si quiero sacar la información que ellos quieren», y las preguntas que Silva había colocado no le servirían si no conseguía ese concepto primero.

—¿Por qué Kalluto tuvo actividad sexual?

—Porque yo lo llevé para que lo hiciera.

—¿Por qué lo llevaste? ¿Por qué deseabas que tuviera actividad sexual?

—Porque debía mostrar mi lealtad a la hermandad. Debía entregar un sacrificio para conseguir balance y seguridad.

«Lealtad, entrega y sacrificio», remarcó esas palabras en su mente. Intuía que estaba acercándose al término que debía usar para llegar al fondo.

—¿Kalluto realizaba esos actos sexuales como un sacrificio por la familia?

—No.

—¿Kalluto realizaba esos actos sexuales como una expresión de lealtad a la hermandad?

—No.

Chasqueó la lengua. No era fácil conseguir respuestas más claras, debía instarla más. Al menos podía intuir de esas respuestas que Kalluto no era consciente de la motivación por la que estaba siendo arrastrado a algo así, que todo ese sacrificio y lealtad no tenían nada que ver con él sino con su madre.

—¿Por qué decidiste sacrificar a Kalluto?

—Era el único hijo que podía entregar. Todos los demás eran inútiles para el cargo.

—¿A qué entregaste a Kalluto?, ¿por qué tenía que tomar ese cargo? —no habían sido preguntas calculadas, pero era a prueba y error, estaba tanteando la situación y con nada de contexto era lo mejor que podía hacer.

—Entregué a Kalluto al sacerdocio de la hermandad. Debía tomar el cargo como prostituta sagrada.

Volteó a ver a su padre, estaba horrorizado con lo que acababa de escuchar. Eran las palabras que necesitaba, pero eran palabras que le habían resultado repugnantes para su joven mente. Podría haber sido criado como un asesino, pero guardaba un recelo a todos esos temas de índole sexual.

Silva estaba apretando los puños, estaba empezando a enfurecer, pero debía guardar la compostura. La instrucción de Icabod era que todo ese proceso debían permanecer en silencio. Cualquier interrupción podría cortar el flujo de su Nen y perder la técnica, así que hizo lo posible por contener la respiración con tal de no perderse en su propia ira.

—¿Qué es una prostituta sagrada?

—Es un cargo honorable que se tiene en la hermandad, un sacerdote o sacerdotisa que realiza rituales de índole sexual para diferentes funciones en el templo, desde adoraciones a deidades antiguas hasta magia sexual con fines de poder y control.

«Rituales sexuales» ésa era la expresión que Kikyo usaba para definir los abusos a los que sometía a su hijo. Al fin había encontrado el camino que buscaba, miró la hoja y pensó en cómo plantearía la siguiente pregunta.

—¿Desde cuándo Kalluto realiza esos rituales sexuales?

—Desde que realizó su primer trabajo como asesino.

«Desde los cuatro años», sintió escalofríos de sólo pensarlo. Era una tradición de toda la hermandad de Asesinos iniciar a esa edad tan simbólica.

—¿Kalluto no era demasiado joven? —pensó en voz alta y se golpeó instintivamente la frente con la palma de la mano derecha, esos malos hábitos en él de decir lo que pensaba a veces podía salirle mal.

—Si tenía edad para matar, entonces también tenía edad para aprender sobre los rituales sexuales.

Apretó los labios y miró arrepentido a su papá, sabía que lo regañaría por hacer ese tipo de preguntas tontas que podían desestabilizar la conversación. Luego miró a Silva, parecía que en cualquier momento él se lanzaría sobre la mujer para asesinarla por mano propia.

—¿Kalluto realizó ese tipo de rituales como parte de un entrenamiento? —intentó retomar el hilo del interrogatorio, debía enfocarse.

—Sí.

«Debo saber cómo llama ella a las personas que lo…» la imagen mental de un niño pequeño, frágil, siento abusado era demasiado para él. Bien podía ser un asesino, pero la familia Sohar no era del tipo de asesinos que gustaban de matar a distancia o que fueran sangrientos, siempre buscaban maneras sutiles e indirectas, limpias, y enviaban a sus subordinados a los trabajos más sucios. Tenía esa filosofía muy apegada a su formación y agradecía que su padre le hubiera permitido disfrutar de juegos infantiles y actitudes propias de su edad porque eso le habían servido para encontrar un razonamiento humano detrás de la máscara de asesino.

—¿En qué consistía los entrenamientos que realizaba Kalluto para ser un prostituto sagrado?

—Aún no termina todo el ritual de iniciación. Kalluto debía complacer a los doce pilares del templo de Inanna, sólo le falta completar su papel con el sumo sacerdote —comenzó a explicar e Icabod tuvo el impulso de apretar los labios, le estaba costando mucho trabajo escuchar esa respuesta—. Los entrenamientos consistían en eso. Debía asistir a los rituales del templo con cada pilar y realizar los actos que se le solicitaran hasta dejar satisfechos a su instructor. En los primeros ejercicios debía aprender a entrar en trance para permitir al espíritu ancestral que tomara su cuerpo y luego ir a satisfacer al pilar, al principio debía hacerlo con las manos y la boca…

La respuesta continuó con lujo de detalles. Icabod retrocedió horrorizado, no esperaba desatar ese tipo de conversación, ni siquiera esperaba que ella fuera capaz de explicar el proceso. La mujer detallaba cada ritual con cada edad de Kalluto, así podía hacerse una imagen mental de la etapa en la que el niño se encontraba durante cada proceso. No podía hacer oídos sordos a la respuesta, cada detalle le serviría para entender la siguiente pregunta, en cambio cuando volteó a buscar a su padre, vio que éste se había marchado. No estaba seguro del motivo, pero podía apostar que era debido a que Silva estaba más que perturbado de exponer algo tan privado con personas ajenas a la familia. Miró a Silva y pudo comprenderlo mejor, el hombre tenía los ojos inyectados en sangre. Pasó saliva, comprendía que si hacía cualquier movimiento equivocado, el hombre sería capaz de asesinarlo sin dudarlo.

«Doce pilares y un sumo sacerdote» repasó en su mente para enfocarse en la siguiente pregunta, y una vez que Kikyo terminó su descripción, se apresuró a hacer la pregunta que tanto deseaba, la que terminaría todo esa técnica.

—¿Quiénes son esos doce pilares?

—Freye E, Laine M, Drew E, Benny J, son los que yo conozco, el resto no me es permitido conoces sus caras ni sus nombres.

Los cuatro nombres que escuchó los identificó de inmediato, todos eran clientes de su padre. Personas con cargos muy importantes, millonarios, dueños de empresas grandes y exitosas, uno de ellos incluso era un rey de un país y otro era un director de un medio de comunicación muy influyente, y que poseía un enorme prestigio a nivel mundial.

—¿Quién sabe los nombres del resto de los pilares del templo de Inanna?

—El sumo sacerdote.

—¿Quién es el sumo sacerdote del templo de Inanna?

—El gran maestro Geppetto.

Volvió a mirar a Silva, esta vez esperando ver alguna respuesta que le indicara que podía terminar las preguntas, pero Silva negó con la cabeza. El hombre tomó las hojas que contenían las preguntas y escribió algo en ellas.

«Geppetto está muerto, necesitamos saber el sucesor», leyó y pensó que entonces las cosas debían ser mucho más complicadas, si el tal había muerto, podía apostar que también el personal debía ser diferente. Usualmente era así la burocracia de esa gente.

—Si el maestro Geppetto muere, ¿quién sería su sucesor como sumo sacerdote?

—No lo sé.

—Si el sumo sacerdote del templo de Innana muere, ¿los pilares del templo también cambian o siguen siendo los mismos?

—Cambian.

—¿Alguien más, en caso de que el sumo sacerdote cambie, sabe los nombres de los pilares del templo de Inanna al servicio del maestro Geppetto?

—Desconozco esa información.

Silva colocó una mano en el hombro del chico para indicarle que podía parar. No valía la pena seguir. Eran cosas que seguramente Illumi podría obtener, pero ahora ya sabía qué cosas debía comunicarle a su hijo para que él pudiera rastrear esa información para dar con los responsables. Si de algo estaba seguro, era que Illumi era la persona más efectiva en toda la familia para resolver ese tipo de asuntos tan complejos.

—Tengo… tengo miedo —susurró mirando la puerta una vez que Kalluto salió de la habitación. Se habían quedado al fin a solas y era el momento de retomar esa conversación tan vital para ambos. Suspiró cuando sintió que unas manos le rodeaban por detrás, tomando su cintura. Recargó su cuerpo con confianza, y sintió un beso en sus cabellos.

—¿Por qué? —preguntó, no le agradaba ver tantas dudas en su adorable novio que tantas crisis sufría a causa de sus emociones—, ¿temes que yo no te necesite más?

—Nada de eso —apretó los labios, era vergonzoso decir sus temores, no era propio de él, no frente a su familia—. Es papá y el abuelo… y todos los demás. Sé que no les agrada tener que lidiar con nosotros, pero el imbécil de Nimrod los mantiene al límite.

—Kil, mírame —le soltó y le dio espacio para que el albino se girara hacia él, sus miradas se cruzaron con intensa pasión, ya era imposible para ambos disimular su atracción cuando ambos estaban de frente—. No soy tonto, sé que eso es lo que nos espera, pero yo no baso nuestra relación en lo que otros quieren, si fuera así, en primer lugar no me hubiera arriesgado a estar contigo.

—No es verdad, tú siempre has seguido las reglas —no pudo evitar reír cuando Illumi era tan serio en un tema en el que era tan contradictorio a sí mismo—. ¿Romperías todas tus reglas así tan fácil?

—Sí —tomó su mentón y le besó pausadamente—, por supuesto que sí. Lo que sea por ti.

Volvieron a besarse, Killua rodeó su cuello enredando sus dedos entre los largos cabellos que suavemente caían por sus hombros. Quería atraerlo más, que ese beso durara más tiempo. Sentía las manos de Illumi recorriendo su espalda, provocando escalofríos y un calor extendiéndose desde su corazón.

La puerta volvió a sonar, era otro mayordomo más anunciando que Joab estaba en la biblioteca. Esta vez esperaba a ambos para hablar de un tema urgente. Killua no se quejó por la interrupción, le interesaba mucho poder descargar al fin sus ideas con ese hombre. Estaba seguro de que hablarían del tema de la entidad, Illumi había insinuado que tomaría una pausa en tanto encontraran una solución para ello. No quería pelear con él, las relaciones con la hermandad de su padre debían importarle, pero si era tan persistente, no tendría opción alguna más que mostrar su postura así fuera de manera agresiva.

Bajaron a la biblioteca. Era un mero capricho de diseño contar con un espacio como aquel para una familia como los Zoldyck. Los únicos que la frecuentaban y eso con poca presencia, eran Zeno y Milluki, el primero porque de vez en cuando iba ahí a estar en paz y distraer su mente, y Milluki porque ahí almacenaba sus colecciones de historietas. Era un espacio subterráneo, la iluminación y la temperatura ahí dentro era controlada para conservar algunas piezas de arte y materiales delicados; había libreros ordenados en diferentes pasillos, el olor a madera y papel viejo se difuminaba con algún aromatizante que los mayordomos habían aplicado; al centro de la biblioteca había una sala, varios sillones largos rodeaban un par de mesas alargadas cuya altura llegaba a la rodilla apenas.

Joab estaba sentado en medio de uno de los sillones. Había elegido ese lugar por la poca atención que recibía y porque resultaba más sencillo fingir interés en una biblioteca cuando la familia Jaco tenía fama de ser acumuladores de libros, nadie le cuestionaría su deseo de estar ahí. Había solicitado a uno de sus hombres que fuera en busca de los dos chicos Zoldyck, era el momento de negociar con ellos la forma en la que se llevarían a cabo las relaciones de la hermandad antes de que Silva diera su sentencia.

Killua ingresó seguido de Illumi. Venía de buen humor, podía notarlo en su sonrisa confiada, y agradeció que fuera así, tratar con ese chico en pleno berrinche era insoportable. Les saludó e invitó a acompañarlo con una copa de vino, a donde quiera que iba, sus hombres se aseguraban de que siempre hubiera vino de su agrado, y solía compartirlo con quien fuera que le acompañara.

—No bebo, gracias —Killua no estaba a la defensiva, más bien estaba relajado después de estar en privado con Illumi y al tener esta oportunidad en manos, se sentía seguro del resultado.

—Es una pena, ¿y tú, Illumi?

—Aceptaré una copa —asintió y tomó la copa que estaba ya servida en la mesita.

—¿Por qué nos pediste venir aquí?, ¿no era más fácil en la sala principal? —preguntó Killua intrigado, prefería darle prisa al asunto y salir de ahí, quería aprovechar el día sin los asuntos de su padre.

—Necesitaba estar seguro de que nadie nos interrumpiría, este es un tema que debería quedar entre nosotros.

—Sólo si me aseguras que dejarás las tonterías y los rodeos, estoy cansado de toda esta estúpida situación —el mal humor de Killua volvía a presentarse.

«Duró tan poco…» se lamentó Joab, pero era comprensible, Killua era un adolescente, uno con mucha ira y poca paciencia.

—Bien, entonces iré al grano. ¿El mocoso hijo de Roboam?, ¿en serio? No necesito decirlo, pero no tiene nada de valioso para ofrecer.

Killua tuvo que contener sus emociones. En tan sólo un instante Joab había asumido todo por su cuenta, lo que le daba a entender que seguro sus padres a estas alturas también lo debían suponer.

—Apenas lo hemos hablado, no es nada seguro.

—¡Ah, vamos! Te mueres por conseguir a cualquier trato con el que tu padre y tu abuelo me pueda sustituir, dijiste que que no querías tonterías y rodeos —señaló, usando las mismas palabras que el chico había usado para hacerle sentir tonto.

A Killua le preocupaba que Joab supiera este asunto por el claro hecho de que ahora él podría intervenir en sus negocios, hacerle la vida imposible a Icabod hasta hacerle desistir de su plan. Le dolía la cabeza de sólo pensar en que ahora tendría que elaborar no sólo un plan para convencer a su padre, también tendría que controlar los daños que Joab dejara a su paso.

—No es de tu incumbencia.

—Sí, sí lo es. Realmente lo es. Estás jugando con mis planes. Necesito concretar este trato.

—No, no lo harás. Sabes bien que lo que quieres no es posible tenerlo.

—¿Qué es lo que quiero Killua? Ya que pareces saberlo todo, y créeme que si dices que lo que quiero es tener un mero amante estás en un error.

—¿Te refieres a resolver el asunto con mi padre?

Joab soltó una carcajada exagerada. Le quedaba claro que ese chico sabía ahora toda esa historia detrás, agradecía que fuera así, él no tendría que buscar algún modo de explicar la importancia que tenía este negocio para él, pero aún así era un hecho que visto desde los ojos de otros, resultaba vergonzoso.

—Joab —habló Illumi, no había querido interrumpir desde el momento en que notó el enojo de su amante—, Killua no es el pequeño inocente que imaginas, no es un chico al que puedes manipular como crees.

—Lo entiendo —giró su rostro hacia Illumi y su mirada se suavizó—. Es agotador tener que pasar por esto, perder a dos Zoldyck es… es…

—No estarías perdiendo nada porque ninguno de ellos te pertenece —interrumpió Killua—. Y no estarías pasando por esto si tan sólo no nos metieras en tu estúpida venganza.

Era un golpe bajo, pero tenía razón, originalmente su intención había sido tomar a Illumi para herir a Silva, y sus obsesiones lo habían llevado hasta este punto en el que no quería quitar el dedo del renglón por una cuestión de orgullo. No cuando eso significaba perder ante un chico que ni siquiera era un heredero oficial.

—¿Y tú crees que poner a Illumi en manos de ese chico va a prevenir que alguien más lo quiera? Illumi tendrá que pasar un año en casa de ellos, por protocolo estará con ellos todo el tiempo, ¿no crees que Icabod se enamore de él?

—Icabod comprende nuestra relación —se cruzó de brazos, Illumi lo miró sorprendido, no creía que Killua hubiese sido tan abierto con alguien que no tenía mucho de conocer—. A diferencia de ti, él no tiene intenciones depravadas y si Illumi pasara un año con ellos, estoy seguro que no tendría que negociar mis visitas, podré estar ahí cuando quiera y no tendría que buscar excusas.

—Killua, no quiero hacer esto de mala manera, no quiero que nuestras familias sufran una ruptura, pero te diré esto, a ambos —tomó una bocanada de aire, no quería que su enojo lo dominara en un momento tan valioso para él—. Una relación así, por muy diferentes que somos al resto de personas en el mundo, no será bien vista en la hermandad. Tendrán que mantener todo en secreto, por el bienestar de ustedes y de su familia, y aun así, dudo que una relación tan privada pueda prosperar. Así que te ofrezco esto, te esperaré, no moveré mis fichas para tomar a Illumi hasta que el asunto de la entidad esté terminado, pero si después de eso sigues sin poder convencerme a mí de que tu trato con Icabod es funcional y que su relación está en buenos términos, haré mi movimiento y no podrás evitarlo. Aun si te conviertes en heredero, no eres el líder de la familia y quien toma las decisiones será Silva hasta que te ceda el control.

—No, no van a jugar así conmigo los dos —detuvo las cosas Illumi—. No porque tenga o no una entidad voy a dejar mi relación. Joab, podré estar atado a tu familia, pero eso no me hará que desee estar contigo de otro modo. Ser entregado no implica que te corresponda, eso no está estipulado. Yo no dejaré a Killua sólo por ser libre de mi maldición.

Killua no pudo evitar ruborizarse al escucharlo. Cuando Illumi era tan serio en su relación le hacía sentir mariposas en el estómago, era demasiado difícil imaginar un futuro juntos con tantas variables en su contra, requería de escuchar constantemente ese tipo de expresiones para aliviar su necesidad.

—¡Qué va, lo superarás! —pero Joab le restó importancia con una frase tan breve y su clara expresión burlesca que tanto enfadaba al albino.

—Sí, ¿igual que tú superaste a mi padre? —Killua no pudo evitar salir a defender a su amado, había sido una respuesta claramente incisiva que tuvo su efecto de inmediato.

—Tienes una idea equivocada. No hay más que una amistad entre nosotros y estoy en paz con eso, así que sí, precisamente por experiencia propia lo digo.

—Entonces no entiendo el propósito de buscar a Illumi, si estás tan «en paz con eso», ¿por qué tienes que buscar precisamente a Illumi?, ¿por qué no puedes simplemente aceptar lo que sucede?

—Por orgullo, Kil —contestó Illumi—. Es una cuestión de su orgullo como heredero, tiene que presumir ante la hermandad que no se fue con las manos vacías.

—Orgullo —rechistó Killua con desprecio—. Eso es más patético aún.

—Di lo que quieras, yo no voy a cambiar de parecer. Tendrás que ir contra el reloj si es que quieres convencer a tu padre de dejar todo por un novato, y yo haré mi trato también a su tiempo. Qué gane el mejor.

—Suenas muy confiado con tu maldita experiencia, pero no será justo si interfieres en los negocios de Icabod.

—¿Meterme en sus negocios? No, no jugaría sucio, no por ti, sino porque Roboam es un ambicioso de mierda. Podría vender a su esposa a un traficante si eso le beneficia, y meterme en el camino de su hijo, sería meterme en sus negocios.

—Sí, sí, lo que digas —estaba más irritado, no por sus palabras sino por la manera en la que lo había dicho, y le enfadaba pensar que seguramente su padre le negaría cualquier trato con tal de satisfacer los caprichos de su amigo.

El celular de Illumi empezó a sonar y los dos herederos lo miraron como si quisieran regañarlo por quitarles la inspiración, pero él los ignoró y atendió la llamada. Era Silva con noticias nuevas sobre lo de Kalluto, quería que fuera a buscarlo para hablar de lo que había descubierto.

—Iré a ver a papá, ¿quieres venir conmigo? —le preguntó, quería que esa conversación incómoda terminara.

—Necesito decirle una cosa más a Joab, te veré en el cuarto más tarde.

Acarició sus blancos cabellos a modo de despedida y salió de ahí, sí le intrigaba lo que le diría, pero a la vez estaba cansado de escuchar una conversación que parecía no tener una conclusión positiva para él. Killua a veces podía tener esa actitud mimada típica en las personas que no conocían la realidad debido a sus privilegios.

La pesada puerta de la biblioteca se cerró con un suave golpe y Killua se enfocó en el tipo frente a él. Hubo un silencioso enfrentamiento de miradas, ambos esperando a que Illumi se distanciara un poco más para decir lo que tenían que decir.

—Quizá para ti Illumi sea sólo una venganza o una recompensa por tu orgullo herido. Quizá no te importe de verdad lo que él siente, pero para mí él lo es todo —inclinó su cabeza y pasó una mano por sus desordenados cabellos—. No te pido que dejes tu orgullo, pero yo no quiero perderlo… —volvió a mirar a Joab, pero esta vez no había enojo, no había esa altanería en su voz ni en su expresión— No quiero perder a Illumi.

Joab sintió que perdía la perspectiva por un momento. No quería dudar de sí mismo, pero ver a Killua tan expuesto le hizo ver que no estaba tratando con una competencia, sino con un chico que peleaba por el amor de su vida, por todo lo que creía correcto.

—¿Cuánto llevan juntos? —preguntó inseguro de lo que hacía.

—Unos ocho meses —contestó tímido.

—¿Es la primera vez que sales con alguien? —le vio asentir, con el rostro ardiendo de vergüenza y se sonrió al pensar en lo transparente que ese chico podía ser—. La primera vez es la peor.

—¿A qué te refieres? —esta vez estaba desconcertado, por un momento creyó que intentaba asustarlo para que desconfiara de sus propios sentimientos.

—Amas y te entregas sin conocer los límites. Aunque también haces cosas estúpidas, lastimas sin darte cuenta y no eres capaz de reconocer ni aceptar cuando las cosas tienen que terminar. Uno nunca olvida todo lo que aprende ahí.

Killua notó que no estaba diciendo aquello sólo para darle perspectiva de lo que vivía, sino que estaba recordando algo en su pasado, probablemente aquello que su abuelo le había dicho antes, sobre lo mucho que Joab amaba a Silva, y le apenó imaginar el dolor que debió sentir cuando tuvo que aceptar su rechazo definitivo.

—¿Por qué me dices esto? ¿Quieres decir que aún tengo que probar con otras personas antes de elegir a la persona definitiva?

—¿Qué hace a una persona ser la «definitiva»? No hay nada que sirva, cuando lo sabes, lo sabes y ya. Si estás seguro de que él lo es para ti, entonces haz lo que tengas que hacer. Esto es algo que sólo el tiempo dirá si vale la pena o no.

Killua estaba confundido, no comprendía de verdad lo que ese hombre quería decirle. Parecía decir que le daría tiempo para probarse a sí mismo si Illumi era el indicado, pero era tan ambiguo que no estaba seguro si eso era bueno o no.

—El problema con ustedes es que hablan de un tiempo inexacto que para mí no tiene sentido, ni siquiera existe. Mi relación está aquí ahora, y no puedo ni soñar con el futuro con todos ustedes jodiendo mi vida.

—Aprovecha el tiempo entonces, porque en unos meses, cuando Illumi ya no tenga la entidad, la realidad te golpeará y tendrás que ser firme en tus decisiones. Las relaciones son geniales mientras todo es bonito, pero cuando las cosas se ponen feas, es cuando sabes si estar ahí es lo indicado o no.

Joab no quería que Killua sufriera como él lo hizo, pero también entendía que Illumi no la tendría fácil si las cosas se volvían imposibles entre ambos, que necesitaría de algo o alguien que le diera la mano para ayudarle a escapar de su realidad. Hasta ahora ambos lo habían evadido en su nube de amor, pero despertar sería lo más apropiado. La hermandad no era la zona segura de aceptación de todo tipo de desviaciones, ni su familia estaría por siempre soportando su anormalidad, tampoco existiría lugar al que pudieran huir para vivir su supuesto amor. Sentía compasión por ambos, pero no en el sentido de querer ayudarlos a prosperar, sino a estar ahí para sostenerlos en su ruptura.

Illumi subió las escaleras en silencio, podía escuchar el eco de su madre gritando furiosa algo sobre sentirse traicionada y desafiada; algunas cosas siendo arrojadas y mucho ajetreo entre los mayordomos que subían y bajaban disculpándose mientras sostenían trozos de madera suelta de algunos muebles y vidrios. Los esquivó para subir y ver a su padre sentado en el recibidor, más adelante se veía el pasillo oscuro repleto de cosas que los mayordomos habían amontonado para recoger y reemplazar por nuevos muebles.

—¿Por qué sigues aquí? Sus gritos son una molestia —dijo Illumi y vio la sonrisa de satisfacción de su padre.

—Es el sonido de su frustración lo que estoy disfrutando —contestó poniéndose de pie, arregló sus prendas y señaló la dirección opuesta que llevaba a otro pasillo que unía otro salón en el que podían alejarse del escándalo—. Hablemos aquí —señaló cerrando las enormes puertas detrás de él.

Era una salón espacioso y apenas iluminado por lámparas en las esquinas y un candelabro llamativo que parecía más un adorno que un elemento de iluminación. Había una mesa larga como para doce personas, con viejas sillas pesadas que rechinaban al usarlas. El ambiente se sentía tétrico y solitario.

Su padre no parecía la misma persona de siempre. Lucía cansado, más allá de lo físico, se le notaba que toda esa máscara que siempre portaba como el hombre impasible, indiferente a cualquier dificultad, ahora no podía sostenerse y era evidente que él formaba parte de sus afectaciones. Illumi era su estandarte de fracaso, no podía verlo sin preguntarse por qué se había dejado llevar por sus ideas de libertad cuando tenía tantas otras opciones para enfrentar sus problemas. Había sido tan sencillo para él ir tras Kikyo, aceptar su locura y abrazar sus valores como propios, enredándose a sí mismo y a su familia con la justificación de que buscaba una apertura y protección a su hermandad. Una que al final le había dado la espalda.

—Ella no cree haber hecho algo malo —sonrió pero no se veía complacido—, ella realmente está comprometida con sus principios.

—No puedes cambiar a alguien que creció en eso. Tú y yo no podemos dejar de ser asesinos, es parte de nuestra naturaleza. Ella no puede dejar de ser un miembro de esa sociedad, aun si nos parece tonto, para ella eso es todo lo que conoce.

—¿Y qué se supone que debo pensar? ¿Está bien que haya hecho esto? El simple hecho de que lo hizo a escondidas me hace pensar en lo estúpido que es que crea que está bien, pero no para decirlo abiertamente.

—No estoy excusando su conducta —levantó la voz, su padre terminaría por dar un discurso de todos los motivos por los que no podía tolerar a su esposa—. Sólo te doy la perspectiva para que la uses a tu favor. Si conoces sus métodos, también sabrás cómo llegar a tus metas.

Silva dio un profundo suspiro las últimas horas lo había hecho más que en todo lo que iba del año. Lo que había escuchado ahí le estaba martillando la consciencia. No podía ser el frío asesino cuando se trataba de su hijo más pequeño.

—Necesito entender esto, ¿por qué Geppetto era el que manejaba nuestros acuerdos?

—Desconozco la respuesta, pero me es fácil asumir que es porque mamá fue criada en el templo que él dirige.

—Pero ella debía ser virgen, su falta a la hermandad fue romper esa virginidad, ¿no se supone que ese templo es de la depravación o algo así?

—El templo de Inanna adora a la diosa de la guerra y del amor. Ha tenido muchos nombres… pero como diosa de la fertilidad, se inculcan los hábitos sexuales y eso incluye la virginidad. La asexualidad es también una práctica sexual. Era la religión adecuada para criar a una mujer como ella, pero sus practicantes no son precisamente fieles a su diosa.

—En el interrogatorio, Kikyo dijo que sólo Geppeto conocía los nombres de los doce pilares que estaban bajo su mandato, ella sólo pudo darnos unos pocos, pero si ese hombre está muerto, tal vez su sucesor lo sepa.

—Puedo investigarlo. Si me dices que esos doce fueron, ya es más fácil para mí dar con esa información.

—Bien, entonces puedo dejar esto en tus manos.

—Claro.

—Illumi… —le detuvo cuando vio que el chico estaba dispuesto a levantarse de su lugar— los quiero muertos, sí, pero no quiero cualquier muerte, quiero que sufran, ¿crees que algo así sea posible?

—Teniendo los nombres y sus cargos, puedo responderte.

—Puedes decirme… ¿Qué es un ritual femenino?

Apretó el puño, no quería responder esa pregunta. No necesitaba darle esa información a alguien como su padre, él mismo podía imaginar todo lo que Kalluto tuvo que pasar. Estaba seguro de que su pequeño hermano experimentaba las consecuencias de todo lo que había tenido que vivir junto a su madre, pero no quería preguntarle, prefería esperar a que fuera el mismo Kalluto quién lo expresara para así ofrecer su ayuda. No podría eliminar el daño, pero al menos darle una forma de compensarlo y enseñarle a vivir con ello.

«El ritual femenino formaba parte de una serie de rituales que el aprendiz tenía que dominar. Contaba con diferentes estados de mente que servían para realizar invocaciones y bajo esos estados las tareas que se le solicitaba como parte de su papel en el templo eran completadas. Al alterar sus estados de consciencia y permitir que su cuerpo fuera tomado tanto física como mentalmente, Kalluto debía tener problemas de identidad, era comprensible que, a pesar de ya no estar cerca de Kikyo, él mismo optara por continuar con sus vestimentas femeninas, puesto que ya no podía encontrar el estilo con el que pudiera expresarse a sí mismo. Su voluntad se había ido resquebrajando, era difícil que tuviera gustos propios, además era probable que también tuviera desviaciones sexuales que afectarían su vida y sus relaciones. Lo que más dificultaba las cosas era que Kalluto podría desarrollar una adicción al sexo y un aura atractiva que funcionara de imán para personas que, sin darse cuenta, terminarían deseándole».

—¿Hombres? —preguntó preocupado, no quería que su hijo terminara enredado en situaciones delicadas especialmente con la gente de Tierra Sagrada.

—No, hombres y mujeres, cualquier persona que conviva mucho con él podría ser propensa a sentir deseo sexual.

—¿Hay forma de evitar esto?

—Hay forma de reducir los efectos, pero si comienza con la adicción al sexo, está de más decir que él no seguirá el régimen para controlarlo. Necesita mucha disciplina y fuerza de voluntad.

Silva golpeó tan fuerte la mesa que se hizo polvo en ese instante. Illumi tuvo que retroceder para no caer ya que se encontraba apoyado en la madera.

—Usa tus agujas, ¡maldita sea! Si podías mantener a Killua a raya, también podrás contener a Kalluto.

Se quedó en silencio. Sí, tenía razón en eso, usar las agujas podría ser una gran ayuda para él, pero también eran dañinas, irían corroyendo su libertad del mismo modo en que eso había resultado en una tortura para Killua. Podrían haber efectos secundarios, como el que Kalluto jamás pudiera disfrutar del sexo en su vida, era muy incierto el desarrollo de la aguja en su cerebro a lo largo de los años. Además no estaba en sus planes ocultarle algo de ésta índole a Killua, aunque también podía imaginar que él rechazaría esto como solución.

—Papá, ahora mismo debemos solucionar el asunto con los pilares. Creo que en este caso, necesitaré hablarlo con Killua.

—¿Por qué con él? ¿Es que necesitas su permiso?

Asintió con firmeza. Podía inventar cualquier excusa para convencer a su padre a pensar las cosas con más calma, pero estaba de acuerdo con su solución, no era necesario discutirlo. No obstante, también pensaba que Killua, al haber sido víctima de este tipo de decisiones, podría ser que lo tomara como una amenaza y no quería provocar un malentendido derivado del uso de sus habilidades.

—Bien, entiendo, lo de la aguja puede ser un tema complicado para él —Silva estaba ahora más receptivo a entender los deseos de sus hijos, y eso era lo mejor para todos—. En la noche los reuniré para abordar el tema, quiero descansar ahora.

Se pusieron de acuerdo sobre los temas que tocarían esa noche y se retiraron cada uno a sus asuntos.

Killua había vuelto a la habitación, estaba ansioso por regresar y encontrarse con Illumi. Esa conversación que había quedado abierta era todo lo que podía pensar. Necesitaba escucharlo y decir todo lo que tenía dentro de su corazón. Estaba firme con su decisión de expresarse, no podría descansar esa noche si las cosas no estaban resueltas. Para su mala suerte en cuanto llegó a la puerta de su habitación vio a Icabod sentado afuera, con el ánimo por los suelos.

«Maldición, también tengo que darme prisa con este asunto», tenía que aterrizar. Por más que deseaba que la relación tuviera un objetivo a seguir, no podría tener la mente clara hasta que los problemas que los rodeaban también tuvieran un plan.

—Hey, Ica… —detuvo sus palabras cuando vio que el chico tenía una expresión terrible, había visto esa mirada antes. La mirada del horror puro.

—Killua, ¿puedo quedarme en tu habitación también hoy? No estoy de ánimo para ver a mi padre —a diferencia de la mañana, no lucía como el chico pintoresco y curioso que fingía inocencia mientras decía cosas inapropiadas, su voz estaba apagada, al igual que su espíritu lo dejaban en claro.

—De todos modos, tenemos asuntos qué tratar —se alzó de hombros y abrió la puerta, aunque le intrigaba que actuara de ese modo, no quería parecer tan evidente.

—Necesito… algo.

—¿Algo? —se dio la vuelta para verlo, el chico se había tirado en el sofá, boca-arriba, con sus manos entrelazadas en su abdomen. Lucía realmente triste.

—Sí, algo… no sé qué es, pero lo necesito.

—Deja las tonterías. Debemos hablar de…

—¿Por qué tu madre es tan cruel? ¿Cuál es su maldito problema? De por sí el entrenamiento para ser un asesino de élite es demasiado estresante, especialmente cuando uno es un niño. No dormir bien, pasar días sin comer o tener que sufrir con venenos y la electricidad… los ahogamientos, sobrevivir cada día… todo lo que tenemos, ¡todo lo que tenemos son esos breves momentos en los que nos dejan ser humanos!

Lo entendía. Esos momentos en los que podía jugar con sus hermanos, hacerse bromas entre ellos, jugar videojuegos, eran los mejores recuerdos que tenía en su vida. El tiempo de descanso era lo mejor que podía ocurrirles, porque era cuando podían ser niños normales. Atrapar insectos, jugar, ver películas, subir árboles a comer dulces y esconderse de los mayordomos. Eran los momentos que más atesoraba.

—Pero tu madre… —continuó Icabod— Ella tomó esos tiempos libres para terminar de destrozar la vida de Kalluto. No le bastaba con entrenarlo como asesino, no, ella quería arruinarlo por completo.

—Ahora lo sabes… —se sentó en el suelo, al lado del sofá y se recargó en él, sin mirar a su compañero— Trata de entender que Kalluto no está feliz con divulgarlo. Tuvimos que forzarlo a hablar.

—No lo culpo, yo tampoco hubiese dicho nada.

Lo que Icabod sentía era vergüenza por no haber sido más recatado con ese chico. Sí, le parecía divertido verlo sonrojado y furioso por sus insinuaciones, pero el contexto de su vida le daba un sentido más depravado y oscuro del que no quería ser partícipe. No obstante, había sido criado como un heredero, no podía comprender ese sentimiento de culpa como una persona normal.

—¿Pudiste sacar la información?

—No lo sé. Creo que tu padre citó a Illumi para eso.

—Ah… entonces era eso. Supongo que cuando veamos a Illumi lo sabremos.

—Killua yo… ¿debería disculparme con Kalluto?

—¿Eh? ¿Por qué? Tu no hiciste el interrogatorio por tu cuenta, fuimos nosotros los que te lo pedimos.

—No es eso… Yo estuve haciéndole muchas bromas antes, bromas inapropiadas.

Killua lo entendió, en la mañana había notado ese juego que se traían entre ambos. Desde la noche notó cierta química que parecía tan natural como si fueran buenos amigos de más tiempo y no se le había ocurrido que era un exceso de confianza por parte de alguno de los dos. No creía que fuera algo para llamar la atención de nadie, además él mismo había experimentado el dolor de ser visto como un bicho raro después de todo lo de Nimrod, así que había cierta comprensión de su parte.

—Sí yo fuera Kalluto, estaría agradecido de que me trataras como alguien normal —explicó—. Si te disculpas, estarás diciendo que ya no lo ves como antes, que ahora lo ves más débil.

—¿Orgullo asesino?

—Quizá. Sólo olvídalo. Lo que hiciste hoy es la ayuda que él necesitaba para empezar a enmendar sus heridas.

Miró al techo. Estaba sorprendido de escuchar esas palabras tan profundas. Ahora podía ver lo que Illumi veía en Killua, esa maravillosa esencia reparadora que era capaz de dar alivio a quien le escuchara. Killua estaba lleno de amor, eso era algo en extremo raro en un asesino, y eso era lo que hacía que tuviera la capacidad de ser una guía para los seres de la oscuridad.

—Dame un momento para reponerme y, después hablaremos de lo que nos atañe.

—Claro, yo también dormiré otro rato.

Se levantó de su lugar y se tiró a su cama. De pronto el agotamiento era más evidente. Sus ojos empezaron a pesar, al igual que sus extremidades y poco a poco el sueño se apoderó de él.

Tras un tiempo incierto, la puerta se abrió e Illumi ingresó. Ninguno de los chicos se levantó para saludar aunque en cierto modo se percataron de su presencia. El morocho notó el cansancio y se sumó a ellos, se quitó los zapatos y se desnudó de la parte superior, para subir a la cama y acurrucarse a la espalda de Killua, rodeando su cintura y besando su cuello.

Killua instintivamente se relajó entre sus brazos, y buscó su mano para enredar sus dedos y dormir así. Estaba feliz de sentir su cuerpo, no se había percatado del frío que sentía hasta que el calor de Illumi le rodeó, seguido de una cobija cubriendo sus cuerpos. El tiempo avanzó como si nada hasta que escucharon la voz de Icabod que contestaba una llamada.

—Sí —hablaba desganado—, estoy ocupado… con Killua… No, no… ¡Ya voy, no me amenaces! Ya entendí.

Apenas notaron que se levantó del sofá, Killua se apresuró a soltar la mano de Illumi esconderse entre las cobijas. Illumi se extrañó, pero optó por hacerse a un lado y levantarse a ver a Icabod.

—Mi querido padre… —le sonrió incómodo—, dice que tiene a alguien afuera del cuarto esperando a que salga, quiere que tenga una reunión más con… no sé con quién, ni le puse atención. En fin. Volveré más tarde.

Una vez que salió del cuarto, Killua se levantó para tomar a Illumi por el brazo y forzarlo a recostarse en su pecho.

—Lo siento, no me di cuenta de que te hice a un lado.

«Es normal, su cuerpo está empezando a darme señales de que el efecto de la carta está reduciéndose», lo veía venir y le dolía, pero no quería transmitir su miedo cuando era sólo un pequeño gesto.

—Está bien, no es gran cosa.

—No, no está bien —acarició la mejilla del mayor—. Lo último que quiero es que creas que yo te rechazaré. No he peleado todo este tiempo por… porque sí —su sonrojo era aún más evidente.

Era tierno verlo esforzarse por expresar sus sentimientos. No era consciente de la adorable sonrisa que se dibujaba en su rostro y el brillo de sus ojos cuando lo hacía, era una sincera felicidad que irradiaba desde lo profundo de su corazón.

Illumi se giró sobre él para apresarlo a la cama y empezó a besar su cuello y mejillas, recorriendo con lentitud su piel, deleitándose con su respiración temblorosa.

—I-Illumi, ne-necesit… —abrió los ojos con sorpresa cuando la mano de Illumi se coló por su ropa interior— ¡Espera!

La risa juguetona de Illumi le hizo perder los estribos y lo empujó para escapar de debajo de él y le vio, con sus cabellos oscuros, desordenados, sus ojos profundos que le hacían quedar atrapado en su encanto, sus pectorales contorneados como marfil detallado. Tuvo que desviar la mirada para no terminar por lanzarse sobre él en un impulso pasional.

—Me debes una conversación.

—¿Y por qué te volteas a otro lado?

—Cúbrete —bajó la voz, no quería ser exigente, pero en verdad necesitaba un poco de contención.

—¿Tan tentador soy?

Killua se cubrió el rostro con ambas manos, en un intento por ocultar su rubor. Se dejó caer en la cama para luego dejar su vergüenza y mirar a Illumi de un modo que daba a entender que se pondría serio y que esperaba ser correspondido.

—Entiendo que quieras deshacerte de Nimrod, no estoy en contra de ello, pero ¿no puede esperar?

Era demasiado difícil para ambos ese asunto. No sólo porque mencionar a Nimrod implicaba recordar sus acciones; era esa delicada línea de tiempos que no cuadraban para ninguno de los dos. Mientras que Killua quería retrasarlo para el momento en que pudiera tomar su cargo como heredero y hacer el trato con Icabod, Illumi estaba viendo venir la desgracia lentamente. Estaba convencido de que, una vez que el efecto de la carta finalizara, Killua recuperaría esa repulsión hacia él y no podría forzarlo a estar a su lado, no habría tiempo para esperar a un plan más allá de los pocos meses que les quedaba. Debían llegar a un acuerdo sin herirse mutuamente en el proceso.

—Sé lo que pretendes, Kil, y sé que podrías negociar las cosas si nos tomamos el tiempo, pero yo tengo mis dudas.

—¿Dudas?

—¿A qué le temes? ¿Realmente quieres que la entidad se vaya para que nadie se meta con nosotros o sólo buscas una excusa para justificarte a ti mismo por estar conmigo?

La bomba fue soltada. Illumi era consciente de que estaba siendo cruel al decir aquello, pero debía encontrar el modo de conseguir su permiso para continuar con la investigación para librarse de la entidad. Al instante se arrepintió, pero las palabras ya estaban en el aire, no podía retractarse sin provocar más daño.

—Eso… —el dolor en su corazón fue terrible, podía compararlo a mil agujas atravesando su piel y tuvo que pasar saliva para contener sus lágrimas— ¿cómo puedes decir algo así?

Cerró los ojos conteniendo la respiración. Luego pasó por su mente una explicación que hizo sentido con su sentir. Illumi hasta ahora sólo había soportado sus berrinches, en cambio no había recibido cariño suficiente. No le decía nada romántico, ni tomaba la iniciativa de nada, todo era sobre Illumi cuidándolo, siendo amoroso, a duras penas participaba en el sexo y con su inexperiencia era terrible en todo.

«Él seguro está pensando que estoy con él por lástima. Tal y como papá piensa»

Sus ojos se llenaron de lágrimas y no pudo evitar sentirse patético. Se dio la vuelta para que no le viera, tratando de pensar en palabras para disculparse por su falta de atenciones y cariño.

—Kil, no, lo siento… lamento ser un imbécil —se recostó cerca de él para abrazarle e intentar consolarlo.

—Illumi… —su voz sonaba entrecortada y frágil, había que hacer un esfuerzo para ser escuchado— no es tu culpa.

—Sí lo es —hundió su rostro entre su cuello, las lágrimas de Killua le pesaban y torturaban, sentía un nudo en la garganta—. No debería decir cosas tan estúpidas.

—No seas así contigo, no te culpes de todo —tomó una mano de Illumi y la besó, quería ser honesto con su corazón, no quería resistir ese impulso de ser así con él—. Yo… no es que sea el mejor en esto, tengo que esforzarme más para que no pienses que no te quiero.

Ahora sí la culpa le hizo perder la voz. En su afán por conseguir una salida a su conflicto, había provocado algo inesperado. Illumi era consciente más que nadie que Killua era un chico inocente y que le costaba mucho abrir su corazón; tenía su propio concepto de amor y hasta se ruborizaba con la palabra «cita», y ahí lo tenía, besando su mano, culpándose a sí mismo y buscando su perdón.

«Soy de lo peor».

—No, Kil, no. Yo no pienso así —besó su cuello y se aferró aún más a él—. Yo sé que me quieres y que…

—Yo te amo —levantó su voz—. Estoy profundamente enamorado de ti y te amo como nunca imaginé que fuera posible.

«Es sólo la carta, es sólo la carta, es sólo la carta…» se repetía Illumi en su mente, pero dentro de su corazón todo se retorcía con felicidad y tristeza mezcladas en igual tamaño.

—… —de pronto no podía hablar, cerró los ojos y contuvo la respiración.

En su imaginario, cuando estaba encerrado en el mundo de Nimrod, a veces la fantasía de Killua amándolo de ese modo venía a él, solía derretirse de amor, no contenía nada de sí y dejaba fluir esa ilusión, pero ahora estaba congelado. No había querido decir ese tipo de palabras por miedo a abrir su corazón sin estar seguro de que había una correspondencia más allá de la carta. Había sido en extremo cuidadoso con su propio corazón y con los sentimientos de su amado, pero ahora la realidad, una vez más, había sobrepasado sus límites y tenía que decidir de una vez por todas lo que haría con lo que tenía en las manos.

—¿Illumi? —la voz del albino le hizo entender que este era el momento. Que si no hacía algo, esta oportunidad no se repetiría.

—Yo te amo, Kil, te amo con todo mi ser —sólo no había querido moverse, se mantuvo así, aferrado a él, respirando en el calor de las sábanas y su cuerpo.

Killua intentó girarse, estaba extasiado de felicidad. La preciosa aura rosada estaba rodeando toda la habitación como una neblina brillante, dulce como un algodón de azúcar. Lo amaba, quería verlo a los ojos, ver su rostro, sus expresiones. Tenía derecho a compartir ese instante y mantener la conexión. No obstante Illumi le retuvo, apretaba su cuerpo para que no se girara. Era difícil entender si lo hacía como un reto o se resistía de verdad a que no le viera. Lo entendió después de un par de intentos y se preocupó, Illumi no era precisamente tímido y esa manera en la que le retenía le hacía pensar que algo malo ocurría.

—¿Illumi?, ¿estás bien?

—Kil, escúchame con atención. No digas nada —tardó unos lentos segundos en hablar, estaba haciendo lo posible por procesar lo que diría—. Si un día… no, no… Sabes que los deseos parten de un sentimiento egoísta. Uno puede desear algo que quizá no suene mal, pero es debido a ese egoísmo interno que por lograr su deseo termina haciendo las cosas mal.

—¿Hablas de Alluka?

—No, bueno, uno entiende eso de los deseos después de ver a Alluka, ¿no? —era complicado comprender lo que intentaba decir con tantos rodeos, pero estaba intentando darle sentido lo más que podía— Pero el amor es diferente, el amor no es un deseo, el amor se expresa en forma de sentimientos, pero es más… es espiritual. El amor no es egoísta y yo quiero que entiendas que… si yo... si por alguna razón tú y yo llegamos a separarnos, sin importar el motivo, quiero que sepas no sería por un motivo egoísta. Yo estaría dispuesto a dejarte ir si es lo mejor para ti, porque sería mi forma de demostrarte que te amo. Y que no importa el tiempo que pase lejos de ti, ni la distancia, ni nada, nunca dejaré de amarte. No me iría de tu lado por mi propia voluntad porque mi deseo es estar a tu lado, pero mi amor por ti me obliga a hacer lo que es mejor para ti y no por eso significa que me olvide de ti. Nunca podría olvidarte y este amor ardería por ti en todo momento.

—Illumi me estás asustando —dijo con voz entrecortada—. No me hagas imaginar una vida sin ti, no quiero hacerlo. No quiero despertar un día y ver que no estás a mi lado, ¿por qué me dices esto? ¿No ves que me duele la sola idea?

Esta vez hizo el esfuerzo por liberarse y mirar a Illumi. El morocho parecía triste, pero no había lágrimas ni una expresión clara, era una tristeza que él podía ver a través de sus ojos. Podía ver ese temor por un futuro sin sus besos ni caricias, se preguntó ¿cómo era posible que un «te amo» estuviera cargado de tantas desgracias? Comprendió entonces por qué Illumi lo evitaba tanto, cómo es que era capaz de hablar de un futuro juntos cuando había tantas cosas en contra y disfrutar de su relación sin darle tantas explicaciones. Mientras no hubiera un «te amo» de por medio, podía existir una fantasía en la que un día podía decirlo sin falsas esperanzas, un sueño de un mundo en el que ambos podían expresarlo sin remordimiento ni miedo.

—Kil, yo…

No pudo continuar, sus labios fueron arrebatados en un húmedo beso. Killua estaba sobre él, deslizando sus manos sobre su cuello y mejillas.

—Maldición Illumi, no me perderás —se recargó en su pecho desnudo, tratando de retener sus lágrimas—. Dame crédito, ¿sí? Yo sé que no soy el tipo más romántico del mundo, pero realmente quiero estar contigo, ¿qué más debo hacer para que lo creas?

—Sólo crece —levantó una mano para acariciar sus cabello—. Quiero que pasen los años y ver que de verdad estarás a mi lado.

Killua soltó una risa inesperada. Le parecía gracioso que esa fuera la respuesta, en su mente ese era un «quédate» y eso era lo más fácil del mundo para él. El peso de todo lo dicho se fue liberando y sus emociones se sentían menos alteradas.

Illumi en cambio agradeció escuchar esa melodiosa risita que tanto adoraba. Sólo pensaba en cuánto la extrañaría el día en que Killua le rechazara y no volviera a disfrutar de su calor. Pensó que era mejor dejar de darle vueltas a esas ideas y centrarse en lo que tenía, al menos se iría satisfecho de haber abierto cada poro de su ser para darle todo de sí a ese dulce ángel que con un aura rosada le daba un poco de su alma.

—Bien, te lo demostraré. Tendrás que aguantarme porque me quedan muchos años para probar mi decisión.

Se levantó nuevamente para unir sus labios, esta vez Illumi tomó el control y lo atrajo a sí acariciando su nuca, presionando a su rostro para darle más profundidad y pasó la punta de su lengua entre sus labios, Killua de inmediato correspondió; sus lenguas se tocaban y se enredaban, dejando que el sabor de ambas bocas se mezclara. Sólo le soltó cuando escuchó un corto gemido escapando del menor, aprovechó para inclinarse y susurrar en su oído.

—Te amo.

Su piel se erizó, podía notarse en su cuello y brazos, era adorable el rubor que otra vez se mostraba, pero ahora ambos podían verse a los ojos. Los azules se cruzaron con los negros con fascinación.

—No me iré —contestó Killua—. Tenlo por seguro.

Eran palabras consoladoras y quería aferrarse a ellas. Decidió que por una vez se engañaría con ese sueño y se dejaría llevar.

Con un movimiento brusco recostó al albino en la cama, para colocarse sobre él. Ansiaba tomar su cuerpo, necesitaba liberar sus emociones hasta perder la respiración. Killua dejó que dejara un sutil hilo de saliva por su clavícula. Mientras le desnudaba. Ambos terminaron desnudos con una excitación inigualable, había toda clase de emociones, desde amor, tristeza y pasión que no les permitía separarse por mucho tiempo.

Frotaban sus caderas para sentir sus sexos mientras se comían a besos y sus manos se recorrían ansiosas de provocar toda clase de expresiones. Era interesante ver a Killua imitando sus gestos con un auténtico deseo por darle todo aquello que tantas veces había disfrutado y a la vez, podía ver que el chico de verdad se deleitaba tocándole.

—Harás que me venga si sigues así —le advirtió mientras Killua apretaba sus piernas alrededor de él para frotar más ansioso su cuerpo y clavaba su boca a su cuello gimiendo y succionando su piel.

—Mételo —tomó aire y suplicó, él también estaba llegando al límite y no podía detenerse—. Lo necesito.

Trató de distanciarse para cumplir su capricho, pero Killua volvió a aferrarse y gimió más fuerte. Comprendió que el chico no podía más, así que metió una mano entre sus cuerpos para masturbarle y hacerle perder el ritmo. Killua echó su cabeza hacia atrás, arqueando su espalda y se dejó tocar de ese modo. Entre jadeos terminó sobre su abdomen y pecho, la mano de Illumi se detuvo, deslizando sus dedos entre su esperma para llevarlos a su boca.

—Qué niño tan travieso, no me dejaste otra opción.

Killua estaba sin aliento, a duras penas podía reaccionar, pero no por ello se detuvo. Separó sus piernas, recostado boca-arriba, en señal de que debía continuar. Aún no tenía suficiente, necesitaba más de él. Illumi estaba fascinado, miraba lascivamente ese cuerpo caliente, cubierto de fluidos y expuesto para él. Dispuesto a atender su apetito.

Se inclinó a un lado de la cama, en donde estaba el lubricante, quería darle tiempo a su lindo novio de tomar un respiro y regresó observando atento a cada uno de sus gestos. Empezó a esparcir el líquido y deslizar sus dedos para empezar a prepararlo.

El albino empezó a respirar despacio, quería recuperar el aliento y relajarse mientras Illumi movía sus dedos dentro de su cuerpo. Podía ver en sus ojos lo muy concentrado que estaba por hacer las cosas con cuidado y se sonrió «Illumi siempre me está protegiendo» y no podía evitar amar también ese detalle. No importaba cuán caliente estuviera, ponía en primer lugar su satisfacción y seguridad antes que nada.

Illumi tomó una de sus piernas para colocarla sobre su hombro y se colocó sobre él para empezar a penetrarle. Le resultaba tan erótico verle entrar en su cuerpo, le encantaba mirar con atención como sus cuerpos terminaban unidos hasta que sentía ese delicioso vaivén en el que podía usar sus caderas para darle placer al morocho.

—Despacio, mi amor, quiero que lo disfrutes con calma —le contuvo tomando su cintura y bajando el ritmo.

Entraba y salía lentamente de su cuerpo, y sus respiraciones comenzaban a relajarse. Killua cerró los ojos, enfocado en esa sensación de su próstata siendo estimulada desde su interior. Se mordió el labio insatisfecho, quería que el contacto fuera más intenso. Bajó sus piernas para rodear de nueva cuenta las caderas de su hermano y buscar mayor contacto.

—Más —suplicó tratando de que sus caderas fueran más explícitas de lo que su boca podía.

Illumi volvió a tomar sus piernas para colocarlas hacia arriba, a sus costados, y empujarse a su interior, unieron sus bocas en un torpe beso y se dejaron llevar por el ritmo cada vez más violento y rápido. Killua tomaba su espalda, anhelando más contacto entre ambos, incapaz ya de moverse ante un Illumi que estaba cada vez más alterado. Respiraba agitado en su oído y le podía escuchar gemir su nombre. Poco a poco fueron perdiendo todo su pudor y se contrajeron en un orgasmo intenso que les hizo permanecer quietos por unos minutos, incapaces de pronunciar palabras.

Illumi fue el primero en recuperarse. Asumía que Killua debía estar agotado, en especial con sus piernas en esa posición, pero apenas intentó levantarse, el chico lo retuvo aún con su respiración un poco agitada.

—Espera, espera —pidió—, aún no…

—Entiendo, respira hondo —dejó que las piernas del chico fueran deslizándose lentamente y que fuera él quien le diera permiso para poder liberarse. Estaba satisfecho de verdad, no sólo en lo sexual, sino en lo emocional—. ¿Te sientes mejor?

Killua asintió, abrazándole travieso para que sus cuerpos quedaran ambos embarrados con su esperma.

—Ahora tendrás que acompañarme a limpiarme —anunció con una sonrisa juguetona. Estaba claro que eso significaba que continuarían en la bañera.

Encontraba encantador verle más expresivo, y quería que fuera así siempre. Guardaría muchos recuerdos bellos para momentos de angustia y soledad. Quizá no habían terminado de hablar del tema de la entidad, ese era un tema que sería siempre difícil para ambos, y no podrían llegar a un acuerdo sin atravesar más lágrimas y temores, pero al menos, cada que lo hicieran podrían también encontrar un poco de paz al ver que su cercanía crecía cada día. Cada discusión les enseñaba más a valorarse y a buscar herramientas que les ayudaran a tener mejor comunicación y acuerdos. Al final no habría situación que no pudiera arreglarse con un poco de amor.▲

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Si las cosas marchan bien... nos vemos en diciembre!

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