Capítulo 10
Nadie va a humillarte
Para cuando llegaron a la capilla del castillo de alguna manera sus hermanos ya se habían enterado de lo que pretendía hacer y estaban todos allí.
Instintivamente, ya que aún tenía aferrada la mano de Elain, la colocó tras él al verles allí reunidos.
-¿Vas a bautizarte?- Pregunto Bjorn con seriedad.
-Si tengo que mojarme para casarme lo haré.- Soltó a Elain y llevó su mano hasta su hacha dejando en claro que no pensaba permitir que nadie se interpusiera a su voluntad.
-Ivar.- La voz de Helga cortó la tensión del ambiente y todos se la quedaron mirando con ojos de cervatillo sorprendido. –No vas a casarte con ella en camisón, una boda, aunque sea una ceremonia en la que no creas es un momento especial.- Le recriminó la mujer con las manos en jarras bastante dispuesta a asestarle una colleja.
-Yo…-
-Tú nada, date ese baño y yo mientras tanto la ayudaré a prepararse como es debido.- Negó molesta con la cabeza, como si no creyese que pudiera ser tan descuidado. –Ven conmigo princesa.-
-Claro,- Ivar la vio sonreírle con evidente diversión mientras Helga la alejaba de él, lo que a pesar de su molestia le hizo sonreír también.
Encontrándose a solas con sus hermanos volvió a enfrentarlos, -¿cuál es el maldito problema?-
-Ninguno, pero pensábamos que eras fiel a nuestros Dioses.- Dijo Sigurd mirándole con desprecio, algo a lo que Ivar estaba acostumbrado y que sin embargo odiaba intensamente.
-Lo soy, ¿o es que creéis que padre empezó a rezarle a ese tal Jesucristo cada noche después de que le bañaran en aquel río franco? Se bautizó y pudo entrar en París después de fingir su muerte, esto es lo mismo.-
-Solo que tú entrarás en una mujer en lugar de en una ciudad.- Continuó hostigándole Sigurd, -aunque,- cometió el error de reírse, nunca debió hacerlo, no con Ivar a punto de casarse. -O esa agua que van a echarte encima hace realmente eso que llaman un milagro contigo, o tu princesa se sentirá muy decepcionada por tu causa, ¿no crees?-
-¿Qué quieres decir?- Gruñó Ivar, su hacha aún en su mano.
-La verdad hermano, que no eres un hombre, que no puedes satisfacer a una mujer y menos a la tuya.- Su hacha volando hacia la cabeza de su hermano fue más rápida que su pensamiento consciente de desear hacerle daño.
Sigurd y él siempre se habían odiado, habían tenido una rivalidad que iba más allá de la simple palabra, muchas veces Ivar había deseado verle muerto y se había controlado así mismo justo en el último momento, o alguien había impedido la desgracia interponiéndose entre ambos.
Pero en aquel instante, en esa capilla, lo que ocurrió fue tan inevitable como el Ragnarok.
Pues antes de darse cuenta de lo que había hecho, Sigurd ya yacía de espaldas en el frío suelo de piedra, manchando con su sangre el supuesto santo lugar.
-Ivar,- rugió Ubbe, -¿qué has hecho?-
Pudo fingir que lo lamentaba, pudo disculparse, pero prefirió dejar claro de una vez por todas quién era él, Ivar El Deshuesado, un hombre despiadado con sus enemigos, y Sigurd pese a ser su hermano, siempre había ido en su contra cada día de su vida que él recordara.
-Matarle,- se acercó a Ubbe para encararle, desarmado y colérico. –Matarle por insultarme por última vez en su miserable vida, ¿quieres venganza por él Ubbe? ¿Realmente te importaba tanto? Adelante.- Dejó caer su muleta mostrándose vulnerable, -mátame, venga su muerte si tanto te duele.-
-Eres mi hermano,- replicó Ubbe mientras Hvitsek miraba el cuerpo de Sigurd incapaz de creerlo, ¿Ivar era un ser descontrolado y peligroso e iban a permitir que se desposase con la princesa cristiana? La preocupación por lo que pudiera ocurrirle a Elain cuando Ivar fuera incapaz de yacer con ella le inundó el corazón de manera terrible.
-Pues entonces,- con esfuerzo cogió su muleta del suelo evitando caerse por muy poco, y después arrancó el hacha de la cabeza de Sigurd de un fuerte tirón, lo que provocó un sonido obsceno al brotar la sangre de pronto de la herida. –Sigamos con eso del bautismo.-
-Padre nunca creyó, pero no tenía un motivo para hacerlo.- Fue todo lo que dijo Bjorn, sin molestarse en intervenir en lo que había sucedido.
-Elain no quiere convertirme.- Bjorn hizo un gesto displicente con la cabeza que era un claro reflejo de los modos y maneras del propio Ragnar.
-Tal vez por eso tenga éxito.- Se encogió de hombros y se apoyó contra una pared, esperando a que todo sucediera. –Llevaos el cuerpo,- les aconsejó a sus hermanos menores, -que la muchacha no lo vea.-
El cura aterrado hizo lo que se le pidió, aunque rezongando, diciendo que si verdaderamente no creía aquello no serviría, Ivar solo necesitó llevar su mano hacia el mango del hacha que aún estaba manchada con la sangre de su hermano para que él hombre procediera con el rito.
Mientras tanto en los aposentos de Elain
Helga la ayudó a ponerse un vestido blanco que resplandecía como la luna llena sobre el mar. El vestido de su madre el día de su boda.
-¿Estás bien?-
-Sí, es solo que… Ojalá este vestido me traiga más felicidad con mi marido del que le trajo a mi madre con Aethelwulf.-
-La felicidad no la da el vestido, la dan los Dioses, y el hombre al que tomas por esposo.- Explicó la mujer nórdica con dulzura.
-Gracias Helga, de verdad, tenerte aquí, que te hayas molestado en hacer esto por mí…- A su pesar se puso a llorar, -es importante, no lo olvidaré.- Le aseguró mientras la abrazaba.
-Oh querida niña, ssshhh.- Helga la apretó contra su cuerpo y pensó en su hija, en que los Dioses le habían concedido aquel momento con esa joven para que en su vida no echase de menos lo que no pudo tener con su propia pequeña.
Y de alguna manera la unión entre ambas mujeres terminó de consolidarse en ese instante, no serían jamás meras amigas, serían familia de corazón.
Una vez ambas se recompusieron de la emoción sentida, Helga le hizo un peinado típico de su tierra, con trenzas a los costados de la cabeza y dejando el resto del pelo suelto.
-Bien, creo que estás preparada, aunque me parece un poco precipitado todo.- Pues Helga hubiese deseado haber podido prepararle a la princesa un baño con hierbas para purificarla como era debido antes del matrimonio.
-Hemos esperado dos años Helga, creo que ha sido tiempo suficiente.- Apretó las manos de la mujer entre las suyas con gratitud por su preocupación para con ella, -¿me acompañarás?-
-Por supuesto mi niña.- En silencio ambas mujeres recorrieron los fríos pasillos del castillo, mirándose de vez en cuando con complicidad.
Sin embargo a pesar de su felicidad al llegar a la capilla Elain lo percibió, la tensión en los hombres presentes, la sangre cubriendo el suelo, sangre que también manchaba el filo del hacha de Ivar, y entonces reparó en que faltaba uno de los hermanos.
Sigurd.
Elain miró a Ivar y alzó una ceja de manera interrogante, por toda respuesta él sacó pecho y tendió una mano hacia ella, para que fuera su esposa. La ambiciosa reina de un rey sin piedad.
Helga se cuidó mucho de no mencionar la sangre en el suelo de mármol, aunque no fue capaz de apartar su vista de ella, una vez entregó a la princesa a Ivar le dio un apretón en el hombro y se aferró a Floki, inquieta por lo que aún pudiera llegar a suceder en ese lugar antes de que los futuros esposos lograsen salir para comenzar su nueva vida.
-Ivar,- acarició su rostro con suavidad, dándole igual que todos les estuvieran observando, pues ninguno podía usar ese instante de felicidad contra ella.
-Nadie va a humillarte por casarte conmigo.- Fue su respuesta, y ella no necesitó más detalles sobre lo que había sucedido con Sigurd.
-De todas maneras nadie podría.- Le aseguró con una sonrisa.
Floki los miró de orgullo, pues aunque lamentara la muerte de Sigurd, Ivar era su protegido, Aslaug le había puesto a su cuidado y él había cumplido con el cometido, extrañado por el mismo pero aun así feliz de haber sido escogido.
Y era cierto, haber visto como se bautizaba le había inquietado, tal vez por los recuerdos que ese rito ajeno le traía, como el bautismo de Rollo primero, y años más tarde el del propio Ragnar.
Helga apretó su brazo claramente angustiada al desconocer lo que había sucedido con Sigurd, para Floki había sido inevitable, como lo había sido la muerte de Athelstan a sus manos.
Era gracioso ver como la hija del hombre que había odiado se unía con el hijo del hombre que había amado, sin embargo así eran los Dioses, caprichosos como chiquillos a veces, y otras sabios como ancianos.
Si aquel matrimonio era un capricho o un designio él lo ignoraba, pues ya había sido antes engañado por los Dioses a los que adoraba, sin embargo, si tuviera que jugarse la vida por una opción o la otra, lo consideraría un designio, uno para cuyas consecuencias tal vez ninguno de ellos estuviese preparado.
-Princesa, ¿está…- El cura la miró aterrado, -¿está segura?-
-Me gustaría saber si me haría la misma pregunta si estuviera llorando ante usted porque me fueran a casar con un noble ingles que me doblase la edad.- Respondió con frío desprecio. –Dígame padre, ¿lo haría?-
-Pero es que él, es un pagano mi señora.- Replicó el hombre escandalizado.
-Estoy bautizado.- Se burló Ivar.
-Pagano.- Se reveló el hombre.
-¿Quiere convertirse en mártir Padre?- Preguntó Elain de pronto.
-¿Qué?-
-Lo digo porque por su comportamiento diría que siente una intensa necesidad por reunirse con el creador.- Elain casi pareció amable, casi, salvo por la fría distancia de su tono al hablar.
-Iréis al infierno, los dos.- Ivar sacó su hacha, y con un rápido movimiento cortó la oreja del insolente cura por amenazar con un sufrimiento eterno entre llamas a la mujer a la que amaba.
-Si no permito que nadie la humille, ¿crees que permitiré que tú la amedrantes hombre de Dios?-
-Ivar, aún tiene que casarnos.- Le recordó Elain con ternura deteniendo su ira. No había horror en ella por lo que le había visto hacer al mirarle, en realidad parecía encontrar lo sucedido gracioso por como trataba de reprimir una sonrisa. –Además de que si bien es cierto que necesito un momento a solas con él después de que nos casemos, no solo debe vivir por eso.- Ivar se dio cuenta entonces por un gesto que ella hizo de que llevaba el pergamino que le había dejado Ecbert enrollado en el cinturón de su vestido, -es importante que le dejas salir de este castillo, pues así la noticia de nuestra boda hará salir a Aethelwulf de su escondite y accederá a reunirse con nosotros más rápidamente.-
-¿De verdad tiene que vivir?- Preguntó mirando al insignificante hombrecillo con repugnancia.
-Será más conveniente para nosotros que lo haga me temo.- Dijo arrugando su nariz al sonreír, cosa que desarmó por completo a Ivar.
-Está bien.- Volvió a colocar su hacha en la funda de su cadera y esperó a que el hombre dejara de lamentarse por su oreja perdida para que comenzara con la ceremonia
Mientras tanto todo lo que Ivar veía era a ella. Su pelo recogido en trenzas a los costados de su cabeza gracias a la amable Helga, sus ojos limpios fijos en los suyos, sus manos entre las de él mientras el día avanzaba, aunque no lo pareciera, ya que lo lluvia continuaba cayendo inmisericorde sobre Wessex.
Las palabras del cura le eran indiferentes, Ivar se limitó a decir que sí cuando Elain le apretó las manos, una suave señal entre ellos que nadie más pudo percibir.
Cuando la ceremonia finalizó Ivar se sorprendió por su brevedad, y después de firmar algo en un papel, que según le explicó Elain era su nombre escrito según el alfabeto de Anglia, acercó a su mujer hacia si hasta que sus pechos se rozaron y entonces la besó con ferocidad, porque ella era exactamente así, una llama ardiente que bien podía calentar el hogar o destruir reinos.
Fuera de la capilla
-¿Es buena idea dejarla sola con ese cura?- Preguntó Floki mirando con desconfianza hacia las puertas cerradas.
-¿Es buena idea que se haya casado con un hombre que acaba de matar a su propio hermano?- Contraataco Hvitsek con mordacidad cruzado de brazos.
-Yo no quería hacerlo, no hoy al menos, pero Sigurd me empujó justo al borde en el peor momento. ¿O es que debía permitir que me insultase y en extensión también a mi mujer en nuestra propia boda?- Hvitserk calló y estudió el rostro de Ivar, quien se mostraba completamente seguro de sí mismo y sin el más mínimo atisbo de remordimiento ante la vida que había arrebatado.
-Ha sido una estupidez.- Dijo Bjorn abriendo al fin la boca. –Ahora somos uno menos para liderar el Gran Ejército, nuestros guerreros y escuderas podrían tomarse eso como un mal augurio y abandonarnos.- Hizo una pausa y miró a Ivar con severidad, -si eso sucede no podremos quedarnos para luchar por conquistar nada, ¿o es que acaso crees que el Gran Ejercito te seguiría solo a ti?-
-¿Crees tú que no lo harían hermano?- Preguntó Ivar con una sonrisa arrogante en su rostro.
-Eres un tullido Ivar.-
-Sí Bjorn, soy un maldito tullido, pero también el más inteligente de los aquí presentes, si quieres que te lo demuestre intenta llevarte a parte del Gran Ejército si es que quieren seguirte, y entonces veremos que sucede cuando nos enfrentemos.- Le retó Ivar encarándose a él, la sonrisa cortante, y la certeza de la victoria quemando en el hielo de sus ojos azules.
-Hoy no Ivar.- Dijo Bjorn pronunciando despacio cada palabra, -hoy no.-
Ubbe y Hvitserk pudieron volver a respirar, había sido suficiente con perder un hermano aquel día, una guerra fratricida era lo último que deseaban, además, ¿por quién deberían tomar partido? Sería duro decidirlo, pero quizá algún día tendrían que hacerlo, más temprano que tarde.
En la capilla mientras tanto
-No,- negó el cura incrédulo. –Esto no puede ser verdad.-
-Lo es,- Elain le arrebató el pergamino al hombre con la rapidez mortal del águila al lanzarse sobre el conejo. –Y ahora, o me toma juramento y lo firma dejando constancia de que es oficial o saldrá de aquí vivo, pero sin manos, incapaz de valerse por sí mismo ni para miccionar si quiera hasta el final de sus días.-
-Tú no eres una mujer, eres una bruja, una hija del demonio.-
-Soy una mujer, una, dueña de su propio destino, y le aconsejo que tome una decisión rápida sobre lo que es mejor para usted, o lo haré yo.- Una sonrisa afectada, perfecta corrección, pura falsedad.
-Arderás en el infierno.-
-Puede, o tal vez termine reinando en él ya que soy la hija del demonio.- Se encogió de hombros indiferente mientras se giraba hacia las puertas de la capilla. -¿Procedemos? ¿O mi esposo habrá de separar sus manos del resto de su cuerpo?-
-Qué Dios me perdone.-
-Tal vez esté haciendo ahora la obra de Dios, piénselo, sus caminos son inescrutables a fin de cuentas.- El cura se estremeció, como si ella le hubiese asestado un latigazo en plena espalda.
-Arrodíllese y deje que le tome juramento.-
-No.- Se negó Elain.
-¿Cómo que no?-
-No puedo arrodillarme, tengo una herida que me lo impide, no obstante.- Se santiguó, -no creo que a Dios le importe que no me incliné ante él mientras mi alma si lo haga ante su bondad.-
-Sacrílega.- Refunfuñó el cura dando vueltas como un perro acorralado. –Está bien, Elain princesa de Wessex, estás ante los ojos de Dios para jurar que…-
Minutos más tarde en la capilla
Cuando Elain abrió las puertas de la capilla Ivar escrutó su rostro para asegurarse de su bienestar, y lo que encontró en sus ojos fue plena satisfacción, cosa que le sorprendió pero que le agradó, pues significaba que ese despreciable hombre no la había contrariado.
-¿Has terminado con ese cura tuyo?- El brazo que no sostenía la muleta la rodeó y ella se apretó contra Ivar.
-Absolutamente.-
-Bien, no quiero tener que compartirte con nadie más por el día de hoy.- Dijo él suspirando aliviado contra su boca, disfrutando del hecho de que fuese ella quien cerrase la distancia entre ambos.
Y Ivar Sin Huesos, el sanguinario, el despiadado, el violento, simplemente se rindió ante los labios de una cristiana, su lengua bailó despacio con la de ella, sintiéndose un hombre inmensamente feliz por el hecho de ser su esposo.
Al separarse de ella besó la punta de su nariz, y Elain se echó a reír ante la inesperada ternura del gesto.
-¿Cuál es la tradición ahora?- Preguntó Helga con curiosidad sacándoles de su pequeño mundo particular, y fue entonces cuando Ivar advirtió que en la capilla ya no se encontraban ni Floki ni el maldito cura.
-Supongo que un banquete.- Respondió Elain sonrojada sin aparentemente reparar en la falta de los dos hombres, pero Ivar sabía que ella solo estaba omitiendo hacer referencia a ellos, igual a lo que había hecho con Sigurd.
-El banquete puede esperar a después.- El sonrojo en su rostro creció ante su comentario.
-Espero hermano,- dijo Bjorn despacio, -que si el pronóstico de Sigurd finalmente resulta ser cierto, no lo pagues con tu hermosa mujer, sería un desperdicio que le abrieses la cabeza como a él.-
Dicho esto, se marchó para disfrutar del banquete.
Ubbe por su parte se inclinó ligeramente ante Elain como muestra de respeto, al igual que Hvitserk antes de marcharse, aunque este último miró hacia atrás cruzando los ojos con los de ella con evidente inquietud antes de seguir a sus hermanos mayores.
Helga tras las palabras de Bjorn pareció reacia a dejarlos a solas.
-Helga, estaremos bien.- Declaró Elain calmando el desasosiego de la mujer, -diría que lo sucedido hoy con Sigurd venía de lejos, las disputas familiares siempre lo hacen.- Dijo eso último mirando a Ivar con comprensión, y no fingía, ella realmente lo hacía, le entendía.
-Antes que herirla me atravesaría el corazón con un puñal.- Le aseguró a Helga mientras acariciaba el rostro de Elain, y esta dejaba un suave beso en su palma.
Confianza, entre ellos siempre la había habido, quizá porque siempre habían sabido que no podrían engañarse.
-Os deseo tanta felicidad como para que la pena nunca os pese, pero tampoco tanta como para que los Dioses os envidien.-
-Gracias Helga.- La mujer del norte dejó un tierno beso sobre las frentes de cada uno de ellos antes de dejarles solos. –Os llevaré algo de comida y bebida al dormitorio, ya que no habéis desayunado y no tenéis pensado asistir al banquete, os hará falta.- Les guiñó un ojo con picardía antes de marcharse con raudos pasos a cumplir su cometido autoimpuesto.
-Me encantaría poseerte justo ahí.- Susurró Ivar en su oído mirando hacia el altar con ojos avariciosos.
-No creo que a la herida de mi costado le venga bien ahora, pero más adelante…- La vio morderse el labio en una mezcla entre timidez y deseo que lo volvió loco.
-Vamos a tus aposentos,- acercó su frente a la de ella, su respiración acelerada. –Aún si yo no puedo disfrutarte como un hombre completo, por Freya que tú quedarás satisfecha con mis manos,- mordió el lóbulo de la oreja de Elain con picardía, -y con mi lengua.-
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Bien halladas seáis almas Corsarias, espero que el capítulo os haya gustado y que los Dioses estén de vuestro lado.
